Caso Reynosa: “Están fabricando a un culpable”: padres de Ramiro Licea
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Caso Reynosa: "Están fabricando a un culpable”, denuncian padres de Ramiro Licea, uno de los detenidos

Mario Alberto insistió: tenía que ser un error. Ese Ramiro ‘L’, alias el Wero, era su hijo Ramiro Licea Muñoz. Pero no era un secuestrador. Al contrario, era una víctima de secuestro.
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2 de julio, 2021
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La noche del pasado 24 de abril, Ramiro Licea Muñoz, un joven de 20 años de Reynosa, estaba en casa de unos conocidos disfrutando de una carne asada cuando cuatro sujetos armados aparecieron de la nada y empezaron a repartir golpes mientras despojaban a los invitados de sus pertenencias.

“Uno me amagó con su arma y me golpeó hasta tirarme de la silla”, testificaría ante las autoridades uno de los presentes en la fiesta, que por motivos de seguridad se omite su nombre.

Una vez cometido el robo -los despojaron de celulares, dinero en efectivo, y algunas joyas-, los tipos armados preguntaron por las llaves de los vehículos que estaban estacionados frente al domicilio, entre los que se encontraba un Dogde tipo Charger del año 2012, color negro con azul.

Era el carro de un amigo, pero Ramiro lo manejaba esa noche. Así que él tenía las llaves en la bolsa de su pantalón cuando uno de los agresores se las encontró y lo jaló del brazo para sacarlo a la fuerza del domicilio de la fiesta, ubicado en la colonia Rodríguez de Reynosa.

-El coche es mío, llévenme a mí- asegura que gritó uno de los testigos-.

Como respuesta, solo obtuvo más golpes.

Horas después, ya en la madrugada, uno de los testigos sacó valor para ir hasta el domicilio de Ramiro Licea, en la colonia Benito Juárez.

Los padres del joven, Mario Alberto y Herlinda, abrieron la puerta alarmados.

“Unos tipos se robaron mi carro -les dijo- y se llevaron a Ramiro”.

Las extorsiones

La escena anterior forma parte de la denuncia que uno de los testigos del suceso levantó ante la Fiscalía General de Tamaulipas por el robo del Dodge Charger, y en la que también se reporta el secuestro de Ramiro y de otra persona.

Dicha denuncia, a la que este medio tuvo acceso, se interpuso el 28 de abril, casi dos meses antes de la masacre del 19 de junio, cuando integrantes del crimen organizado asesinaron al azar a 15 civiles en Reynosa. Y dos meses antes de que el 24 de junio los Grupos de Operaciones Especiales (GOPES) detuvieran a cuatro personas como los presuntos secuestradores de 18 personas que estaban retenidas en una casa de seguridad en un paraje del municipio de Río Bravo, en la frontera norte con Estados Unidos.

Sin embargo, aunque se produjeron en tiempos diferentes, el secuestro de Ramiro Licea y estos sucesos están relacionados, como se expondrá a continuación.

Mario Alberto Licea, padre de Ramiro, cuenta en entrevista que poco después del secuestro también acudió ante las autoridades ministeriales para denunciar la desaparición de su hijo.

Pero asegura que una llamada telefónica lo hizo desistir.

“Me dijeron que sabían dónde vivíamos y que mejor no le moviera al asunto”, dice el hombre, carpintero de profesión. A continuación, explica que aunque no pusieron formalmente la denuncia, sí imprimieron fichas con el letrero de ‘Se Busca’ con los datos y la fotografía de Ramiro, en la que se aprecia a un joven de tez aperlada, ojos café claros y ligeramente rasgados, y tatuajes en en el brazo derecho y el hombro izquierdo.

También difundieron imágenes en redes sociales y en grupos de whatsapp, en las que Ramiro aparece con una gorra de una cadena de cines, uno de los empleos que tuvo, como empleado en un restaurante especializado en alitas.

“Planeaba juntar algo de dinero para retomar sus estudios en Ingeniería Ambiental”.

Lee: Caso Reynosa: denuncian hostigamiento a familiares que señalaron que Fiscalía presentó a desaparecidos como culpables

Los letreros y la difusión en redes no sirvieron. Los días y las semanas fueron pasando, y no había ninguna pista de Ramiro. Mala señal. Especialmente en un país, y en un estado, que cuenta a los desaparecidos y las fosas clandestinas por miles.

Pero un día hubo otra llamada telefónica.

“Nos pidieron 100 mil pesos de extorsión para que los que lo tenían secuestrado lo soltaran”, dice Mario Alberto, que asegura que tuvieron que “desbaratar” su casa para empezar a juntar algo del dinero que les exigían a cambio de su hijo.

“Mi esposa se deshizo de todos los muebles, y también vendimos la televisión y el carro. Pero ni así nos llegaba. Tuvimos que pedir ayuda a los amigos de mi hijo. Batallamos mucho para reunir ese dinero”.

Por si fuera poco, les pidieron otros 10 mil pesos extra, “que porque ya habían dado la orden de soltarlo y solo faltaba ese dinero”.

Mario Alberto fue a una tienda departamental y depositó 5 mil pesos. Y su esposa depositó el resto en otra tienda.

Todo estaba listo. Entre el miedo y la esperanza, el padre fue al lugar acordado en Reynosa y esperó durante tres horas y media a que apareciera su hijo.

Pero Ramiro nunca llegó.

“Nada más nos robaron el dinero. Nunca nos entregaron a nuestro hijo”.

De secuestrado a secuestrador

En los días siguientes, Mario Alberto admite que perdieron la esperanza. Casi ya daban por muerto a su hijo. Hasta que recibieron otra llamada al mediodía del jueves 24 del pasado mes de junio, esta vez de un amigo de la familia.

“Esta persona me habla y me dice: ‘oye, pusieron a tu hijo en el Código Rojo -una publicación digital de nota policiaca-. Apareció con otras 18 personas que estaban en una casa de seguridad’”.

“Me dio una gran alegría escuchar eso -dice Mario-. Porque, la mera verdad, ya pensaba que me lo habían matado”.

El carpintero se dirigió de inmediato a las instalaciones de la policía ministerial para abrazar y traer de vuelta a su hijo a casa. Pero, al llegar, no daba crédito de lo que le dijeron los uniformados.

“Después de dos meses de secuestrado, llego y me dicen que no, que mi hijo no está en calidad de secuestrado, de víctima, sino que lo tienen detenido en calidad de secuestrador. No me lo podía creer. Casi me da algo”.

Entonces, Mario Alberto vio los medios y se enteró de la gravedad del asunto. Ese jueves 24 de junio, la Fiscalía de Tamaulipas anunció ante los medios de comunicación que elementos del Grupo de Operaciones Especiales (GOPES), de la Secetaría de Seguriad Pública, detuvo a cuatro sujetos, entre los cuales, señaló la Fiscalía, podrían encontrarse dos participantes en la masacre ocurrida en Reynosa el 19 de junio, en la que fueron asesinados 15 civiles a manos del crimen organizado.

Lee: Víctimas de secuestro están entre los acusados de ataques en Reynosa, denuncian familiares

La Fiscalía tamaulipeca señaló que entre los detenidos estaba Ramiro ‘L’, alias el Wero.

Mario Alberto insistió: tenía que ser un error. Ese Ramiro ‘L’, alias el Wero, era su hijo Ramiro Licea Muñoz. Pero no era un secuestrador. Al contrario, era una víctima de secuestro. Y tenían como prueba la denuncia interpuesta por uno de los amigos de su hijo el pasado 28 de abril, en la que se reportaba su desaparición. Mario dice que también presentó copias de los letreros de búsqueda y copia de los mensajes en redes sociales que difundieron con fecha de 28 de abril, a los que Animal Político también tuvo acceso.

Además, una vez que pudo platicar con él, Mario cuenta que su hijo le aseguró que, al momento de la detención, elementos de los GOPES lo golpearon durante horas para que se incriminara. Y la madre del joven, Herlinda, dice entrevista que durante una visita al penal constató que Ramiro “estaba muy golpeado”.

“Traía el ojo morado, la frente pelada y un cachete muy inflamado”, dice la mujer, que ese miércoles acudió a las instalaciones de la Comisión de Derechos Humanos a levantar una queja.

Juez vincula a proceso a cuatro detenidos

Pero nada de todo lo anterior fue suficiente. La Fiscalía estatal alegó que hay criminales que denuncian su propia desaparición para hacerse pasar por víctimas, y acusó a Ramiro de secuestro y narcomenudeo.

“Están fabricando a un culpable -responde rotundo Mario Alberto-. Mi hijo es una víctima de secuestro, no es un secuestrador, ni un criminal. Me lo golpearon, le pusieron un arma en la mano para que quedaran sus huellas, y le hicieron abrir la puerta de un carro, que agarrara el volante. Y como se resistió a hacerlo, lo golpearon para que se incriminara”.

Ayer jueves, un juez de control vinculó a proceso a los cuatro detenidos por los GOPES el jueves 24 de junio, entre los que se encuentra Ramiro, y Alfonso Margarito Aguilar González, de 27 años, cuya familia también denunció que estaba desaparecido desde el 24 de mayo.

En el caso de Ramiro y Alfonso Margarito, la organización civil Comité de los Derechos Humanos de Nuevo Laredo explicó a este medio que “el juez de control no hizo válidas las declaraciones ni los documentos de familiares que probarían que ambos estuvieron privados de su libertad junto a las personas rescatadas”.

La vinculación a proceso se produce en el fuero común a partir de la acusación de la Fiscalía Estatal. Pero, en paralelo, la Fiscalía General de la República (FGR), que también participa en la investigación del caso, podría ahora acusar a los cuatro detenidos en una carpeta aparte por otros delitos, como delincuencia organizada y homicidio, por la masacre del pasado 19 de junio en Reynosa.

Un día antes de conocer la vinculación a proceso, Mario Alberto todavía se mostraba optimista.

“Mi hijo es inocente”, recalcó. “Así que espero que salga libre de esta pesadilla. Y si no, voy a hacer todo lo que esté en mis manos. Da igual a dónde tenga que ir para sacarlo de la cárcel”, concluyó.

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Afganistán: cómo surgió el Talibán y otras 5 preguntas clave sobre el grupo islamista

Expertos han advertido que tras la retirada de la OTAN y de EE.UU. Afganistán podría estar en camino a una caótica guerra civil.
16 de agosto, 2021
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Los talibanes fueron derrocados del poder en 2001, tras una incursión militar liderada por Estados Unidos, pero poco a poco el grupo islamista fue ganando fuerza a lo largo y ancho de Afganistán, hasta retomar efectivamente el control del país a mediados de agosto de 2021.

Mientras EE.UU. se prepara para completar la retirada de sus tropas antes del 11 de septiembre, tras dos décadas de guerra, los talibanes invaden puestos militares afganos, pueblos y aldeas, y ciudades clave, incluida Kabul.

Los talibanes habían entrado en conversaciones directas con EE.UU. en 2018, y el año pasado ambas partes llegaron a un acuerdo de paz en Doha que comprometía a Estados Unidos a retirarse y a los talibanes a no atacar a las fuerzas estadounidenses.

También acordaron no permitir que alQaeda ni otros militantes operaran en las zonas que controlaban, además de continuar con las conversaciones de paz internas. Pero los talibanes siguieron atacando a las fuerzas de seguridad afganas y a la población civil.

Finalmente, el domingo 15 de agosto, el Talibán declaró la victoria después de que el presidente afgano, Ashraf Ghani abandonara el país y su gobierno colapsara.

EE.UU. y otros países con presencia en Afganistán están corriendo a contrarreloj para evacuar a sus ciudadanos mientras cientos de afganos tratan desesperadamente de abandonar el país. El regreso al poder de los militantes islamistas marca el final de casi 20 años de la presencia de la coalición liderada por EE.UU. en Afganistán.

BBC Mundo hace un repaso de cómo surgió este grupo islámico, la vida bajo su mandato, así como su relación con Pakistán y el grupo al Qaeda.

1. ¿Cómo surgió el Talibán?

Los talibanes, o “estudiantes” en lengua pastún, surgieron a principios de la década de 1990 en el norte de Pakistán tras la retirada de Afganistán de las tropas de la Unión Soviética.

Se cree que el movimiento, predominantemente pastún, apareció por primera vez en seminarios religiosos, en su mayoría pagados con dinero de Arabia Saudita, en los que se predicaba una forma de línea dura del islam sunita.

Los combatientes de la milicia talibán suben a bordo de su camioneta Toyota con lanzacohetes antitanque RPG-7 y rifles de asalto.

TERENCE WHITE/AFP via Getty Images
El uso de jeeps rápidos de los talibanes fue un factor importante en su sorpresiva captura de la capital afgana.

La promesas hechas por los talibanes, en las áreas pastún que se encuentran entre Pakistán y Afganistán, fueron restaurar la paz y la seguridad y hacer cumplir su propia versión austera de la sharia, o ley islámica, una vez en el poder.

Desde el suroeste de Afganistán, los talibanes ampliaron rápidamente su influencia.

En septiembre de 1995 capturaron la provincia de Herat, fronteriza con Irán, y exactamente un año después capturaron la capital afgana, Kabul, derrocando al régimen del presidente Burhanuddin Rabbani, uno de los padres fundadores de los muyahidines afganos que resistieron la ocupación soviética.

En 1998, los talibanes controlaban casi el 90% de Afganistán.

2. ¿Cómo era la vida bajo los talibanes?

Cansados ​​de los excesos de los muyahidines y de las luchas internas después de la expulsión de los soviéticos, la población afgana en general recibió con buenos ojos a los talibanes, cuando estos aparecieron por primera vez.

Su popularidad inicial se debió en gran parte a su éxito erradicando la corrupción, frenando la anarquía y trabajando para que las carreteras y las áreas bajo su control fueran seguras, impulsando así el comercio.

No obstante, los talibanes también introdujeron y apoyaron castigos acordes a su estricta interpretación de la ley islámica: ejecutando públicamente a asesinos y adúlteros que habían sido condenados y amputando a los que habían sido declarados culpables de robo.

Asimismo, los hombres debían dejarse crecer la barba y las mujeres tenían que llevar un burka que les cubría todo.

Mujeres afganas desplazadas, 19 de octubre de 2016.

Getty Images
Los talibanes prohíben la música, el maquillaje y desaprueban que las niñas de 10 años o más vayan a la escuela.

Los talibanes también prohibieron la televisión, la música, el cine, el maquillaje y desautorizaron que las niñas de 10 años o más fueran a la escuela.

Algunos afganos seguían haciendo estas cosas en secreto, arriesgándose a recibir castigos extremos.

Los talibanes fueron acusados ​​de diversos abusos culturales y de violaciones a los derechos humanos.

Un ejemplo notorio fue en 2001, cuando los talibanes siguieron adelante con la destrucción de las famosas estatuas del Buda de Bamiyán en el centro de Afganistán, a pesar de la condena e indignación que esto causó en todo el mundo.

3. ¿Cuál es su relación con Pakistán?

Pakistán ha negado repetidamente las acusaciones de que ayudó a darle forma a los talibanes, pero son pocas las dudas de que muchos afganos que inicialmente se unieron al movimiento fueron educados en madrasas (escuelas religiosas) en Pakistán.

Pakistán también fue uno de los únicos tres países, junto a Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos (EAU), que reconocieron a los talibanes cuando tomaron el poder.

Igualmente, fue la última nación en romper relaciones diplomáticas con el grupo.

Talibanes

Getty Images
Los talibanes fueron acusados ​​de diversos abusos culturales y de violaciones a los derechos humanos.

Por un momento, los talibanes amenazaron con desestabilizar a Pakistán desde las áreas que controlaban en el noroeste.

Uno de los ataques de los talibanes paquistaníes más notorios y condenados internacionalmente tuvo lugar en octubre de 2012, cuando la colegiala Malala Yousafzai(quien luego obtendría el Nobel de la Paz)recibió un disparo cuando se dirigía a su casa en la ciudad de Mingora.

Sin embargo, una gran ofensiva militar que tuvo lugar dos años más tarde, tras la masacre de la escuela de Peshawar, redujo en gran medida la influencia del grupo en Pakistán.

Al menos tres figuras clave de los talibanes paquistaníes murieron en ataques con aviones no tripulados estadounidenses en 2013, incluido el líder del grupo, Hakimullah Mehsud.

4. ¿Aliados de al Qaeda?

Los talibanes se convirtieron en uno de los focos de atención en todo el mundo tras los ataques al World Trade Center de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001.

Fueron acusados ​​de servirles de santuario a los principales sospechosos de los ataques: Osama bin Laden y su movimiento al Qaeda.

El 7 de octubre de 2001, una coalición militar liderada por Estados Unidos lanzó ataques en Afganistán y, para la primera semana de diciembre, el régimen talibán ya se había derrumbado.

Mapa del control taliban

BBC

El entonces líder del grupo, Mullah Mohammad Omar, y otras figuras importantes, incluido Bin Laden, eludieron la captura a pesar de haber sido una de las persecuciones más grandes del mundo.

Según informes, muchos altos dirigentes talibanes se refugiaron en la ciudad paquistaní de Quetta, desde donde guiaron al grupo. Pero Islamabad negó la existencia de lo que se bautizó como el “Quetta Shura” en Pakistán, un grupo de veteranos del régimen talibán.

Sin embargo, durante conversaciones de paz con EE.UU., los talibanes aseguraron que no albergarían de nuevo a al Qaeda, organización que se encuentra muy disminuida.

5. ¿Quién lidera el grupo?

Mawlawi Hibatullah Akhundzada fue nombrado comandante supremo de los talibanes el 25 de mayo de 2016, después de que Mullah Akhtar Mansour muriera en un ataque con aviones no tripulados estadounidenses.

En la década de 1980, participó en la resistencia islamista contra la campaña militar soviética en Afganistán, pero su reputación es más la de un líder religioso que la de un comandante militar.

Akhundzada trabajó como jefe de los Tribunales de la Sharia en los años 1990.

Se cree que tiene unos 60 años y ha vivido la mayor parte de su vida dentro de Afganistán. Sin embargo, según expertos, mantiene estrechos vínculos con la llamada Quetta Shura, los líderes talibanes afganos que dicen tener su base en la ciudad paquistaní de Quetta.

Como comandante supremo del grupo, Akhundzada está a cargo de los asuntos políticos, militares y religiosos.

6. ¿Cuál es la situación actual?

Pese a las graves preocupaciones de los funcionarios afganos sobre la vulnerabilidad del gobierno sin apoyo internacional contra los talibanes, el presidente de EE.UU., Joe Biden, anunció en abril de 2021 que todas las tropas estadounidenses habrían abandonado el país para el 11 de septiembre, dos décadas después de los ataques al World Trade Center.

Habiendo sobrevivido a una superpotencia durante dos décadas de guerra, los talibanes comenzaron a apoderarse de vastas extensiones de territorio, amenazando con derrocar una vez más a un gobierno en Kabul.

Lo lograron a mediados de agosto de 2021, cuando declararon la victoria y el presidente afgano Ashraf Ghani abandonó el país.

Se cree que el grupo ahora es más fuerte en número que en cualquier otro momento desde que fueron derrocados en 2001, con hasta 85.000 combatientes a tiempo completo, según estimaciones recientes de la OTAN.

El avance fue más rápido de lo que muchos temían.

El general Austin Miller, comandante de la misión liderada por Estados Unidos en Afganistán, advirtió en junio que el país podría estar dirigiéndose hacia una caótica guerra civil, a la que llamó una “preocupación por el mundo”.

Según informes, una evaluación de la inteligencia estadounidense realizada el mismo mes había concluido que el gobierno afgano podría caer dentro de los seis meses posteriores a la salida del ejército estadounidense.

Finalmente, ocurrió mucho antes.


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