México, entre los 10 países que menos vacunaron a niños en 2020
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México, entre los 10 países que más retrocedieron en aplicación de vacunas a niños en 2020

La ONU advirtió del riesgo de una "catástrofe absoluta" si no se soluciona el peligroso atraso en la vacunación de niños a raíz de la pandemia de COVID en todo el mundo.
Cuartoscuro
15 de julio, 2021
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México forma parte de los 10 países con las mayores deficiencias en vacunación infantil en 2020: 454 mil niños no fueron inmunizados con la primera dosis contra la difteria, tétanos y tos ferina, de acuerdo con un informe conjunto de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Unicef.

Según el informe, en todo el mundo 23 millones de niños se quedaron sin vacunas básicas a través de los servicios de inmunización de rutina en 2020. Es la cifra más alta desde 2009 y significa un aumento de 3.7 millones de niños con respecto a 2019.

Mientras que 3 millones más de niños omitieron su primera dosis contra el sarampión.

Lee: Autoridades reportan 11 niños con varicela en un centro migratorio de Tijuana

La pandemia obligó a desviar recursos y personal hacia la lucha contra el COVID, y muchos servicios médicos tuvieron que cerrar o reducir sus horarios, bajo este contexto, México está en el quinto lugar de países con el mayor aumento de niños que no recibieron una primera dosis de vacunación, pasando de 348 mil en 2019 a 454 mil el año pasado.

La ONU advirtió este jueves del riesgo de una “catástrofe absoluta” si no se soluciona el peligroso atraso en la vacunación de niños a raíz de la pandemia de COVID-19 y las restricciones sanitarias se levantan con demasiada rapidez.

“En 2021, tenemos el potencial para que se produzca una catástrofe absoluta”, señaló la doctora Kate O’Brien, directora del departamento de vacunación de la OMS en Ginebra.

La situación de niños no protegidos y un levantamiento demasiado rápido de las restricciones sanitarias contra el COVID -que cuidaban en parte contra algunas enfermedades infantiles- ya hacen sentir sus efectos, por ejemplo con brotes de sarampión en Pakistán, subrayó la responsable de la OMS.

Estos dos factores combinados son “la catástrofe absoluta contra la cual hacemos sonar la alarma ahora porque necesitamos actuar de inmediato para proteger a esos niños”, insistió.

Señal de alarma

Tanto para la Unifec como para la OMS, lo más grave aún es que 17 millones de niños -que viven en su mayoría en zonas de conflicto, lugares aislado o barrios muy desfavorecidos privados de infraestructuras de salud- no han tenido sin duda ninguna dosis el año pasado.

Estas cifras “son una señal de alarma clara, la pandemia de COVID-19 y las perturbaciones que ha provocado nos han hecho perder un terreno precioso que no podemos permitirnos ceder y las consecuencias van a pagarse en muertos y en pérdida de calidad de vida de los más vulnerables”, indicó la directora de Unicef, Henrietta Fore.

La tasa de vacunación de la difteria, tétanos y tos convulsa estuvo estancada en 86% durante varios años antes de la pandemia y en 2020 cayó a 83%.

En el caso del sarampión, una enfermedad muy contagiosa que necesita un porcentaje de cobertura de vacunación del 95% para estar controlado, solo el 71% de los niños recibió la segunda dosis.

En el continente americano, se observa una “tendencia preocupante a largo plazo” a pesar de que el declive vinculado con la pandemia fue modesto (2 puntos porcentuales menos que en 2019).

“La desinformación sobre las vacunas, la inestabilidad y otros factores forman una panorama preocupante” en la región donde “la tasa de vacunación continúa cayendo”, afirman la OMS yUnicef.

Solo el 82% de los niños están totalmente inmunizados con la vacuna contra la difteria, el tétanos y la tos ferina, comparado con el 91% en 2016.

En Asia, la tasa de cobertura cayó de 91% a 85% en 2020 en India, que contaba con el número de niños vacunados a medias o no vacunados el año pasado: 3,5 millones. Pakistán, Indonesia y Filipinas también vieron aumentar el número de niños sin proteger.

A nivel mundial, solo el 13% de las niñas se vacunaron contra el virus del papiloma humano (VPH), en comparación con el 15% en 2019.

“Estas son cifras alarmantes, lo que sugiere que la pandemia está deshaciendo años de progreso en la inmunización de rutina y exponiendo a millones de niños a enfermedades mortales y prevenibles”, alertó.

La ONU subraya que es importante que la distribución de las vacunas anticovid no se haga en detrimento de los programas de vacunación infantiles.

Con información de AFP

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Coronavirus: qué es el cerebro pandémico y cómo nos afecta en el día a día

La exposición al estrés crónico que ha traído la pandemia está teniendo más consecuencias de las que imaginamos. Te contamos algunas y cómo contrarrestarlas.
26 de julio, 2021
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Me siento a escribir este texto. Arranco. Voy bien, llevo 100 palabras. Bueno, pienso que esta última línea quizás no se entiende. La borro. Lo borro todo. ¿Cómo retomo? Página en blanco. Mente en blanco. Pasan los minutos. Reviso el teléfono. ¡Es imposible concentrarse!

Es muy probable que en el último año y medio hayas sentido algo parecido ante cualquier actividad.

Si es así, no te preocupes. Muchos lo comparten. Tenemos cerebro pandémico.

No se trata de un término clínico, pero es así cómo algunos científicos denominan a la serie de dolencias que está sufriendo nuestro cerebro a raíz de la pandemia.

El estrés crónico y los largos ratos de confinamiento no solo han afectado nuestra capacidad de memoria y concentración.

Hay expertos que creen que también es posible que hayan reducido en tamaño algunas zonas de nuestro cerebro.

Pero, ¿nos quedaremos así para siempre?

Estrés prolongado

Los especialistas coinciden en que el principal responsable de los cambios en nuestra cabeza es la larga exposición al estrés durante tanto tiempo, el estrés crónico.

“Hay niveles de estrés ‘buenos’. Si necesitas culminar una tarea en un tiempo ajustado, una vez lo haces el estrés se va. Se acaba todo”, ejemplifica Michael Yassa, neurólogo del Centro de Neurobiología del Aprendizaje y la Memoria en California.

Mujer mirando a través de la ventana durante el confinamiento.

Getty Images
El aislamiento social provoca una exposición al estrés prolongado, impactando el volumen de varias zonas de nuestro cerebro involucradas en nuestras actividades diarias.

“Pero cuando el fin no está la vista y el estrés continúa por una sesión prolongada, entonces se vuelve problemático”, le explica Yassa a BBC Mundo.

Es lo que nos está sucediendo con la pandemia. Vivimos un estado dilatado de espera, de confinamientos y relajaciones, restricciones y medidas sin saber cuándo recuperaremos lo que ahora llamamos normalidad.

El estrés prolongado libera cortisol, y si tienes problemas continuos con esta hormona, puede llegar a afectar el volumen de algunas zonas del cerebro.

La neuropsicóloga Barbara Sahakian, de la Universidad de Cambridge en Reino Unido, ha estado analizando los efectos del distanciamiento social y la ansiedad por la pandemia en nuestra masa cerebral.

“A través de escáneres a personas socialmente aisladas hemos detectado cambios en el volumen de las regiones temporales, frontales, occipitales y subcorticales, así también como en el hipocampo y la amígdala”, le dice Sahakian a BBC Mundo.

“Ya en el pasado, altos y prolongados niveles de cortisol han sido asociados con disrupciones del humor y la reducción del hipocampo. Esto se observa sobre todo en pacientes con depresión”, añade.

En 2018, por ejemplo, un estudio publicado en la revista Neurology de la Academia Estadounidense de Neurología demostró que un alto nivel de cortisol en pacientes se asoció con una peor memoria y percepción visual, así como con volúmenes más bajos de materia gris total, occipital y lobar frontal.

Y esos cambios de volumen como los detectados por Sahakian pueden incidir directamente en las actividades que realizamos a diario.

“Ese conjunto de dolencias que afectan a la salud mental y nos generan depresión y ansiedad, es lo que coloquialmente estamos llamando cerebro pandémico”, apunta Yassa.

¿Cómo nos afecta el cerebro pandémico en el día a día?

La doctora Sahakian pone un ejemplo muy común.

“Aparcas tu auto en un estacionamiento público de múltiples niveles de un centro comercial. Regresas después de varias horas. Por un momento te pierdes y no recuerdas dónde dejaste tu auto. Pues bien, el hipocampo es la zona del cerebro responsable de aplicar esa memoria, precisamente una de las zonas más afectadas por los efectos de la pandemia”.

Aparcamiento en Santa Mónica, Los Ángeles, Estados Unidos.

Getty Images
Los efectos del llamado cerebro pandémico pueden notarse si tenemos dificultades para reencontrar nuestra plaza de aparcamiento.

El hipocampo también está involucrado en los procesos de aprendizaje. Además, es una zona que normalmente se deteriora con la edad.

“Es por ello que los ancianos pueden ser más vulnerables, aunque también hemos detectado que los niños pueden experimentar retrasos en su desarrollo social y del lenguaje”, argumenta Sahakian.

Pero los efectos del llamado cerebro pandémico van mucho más allá de una afectación leve de la memoria o un retroceso de la capacidad de aprendizaje.

Son muchos los receptores que son sensibles al cortisol, así que varias redes neuronales quedan afectadas, notándose en nuestros posibles cambios de humor frecuentes, sentimientos de miedo o la incapacidad para concentrarnos, realizar varias tareas a la vez o tomar decisiones sin titubear.

Esto se debe a su impacto en el sistema límbico y la amígdala, esta última encargada de hacernos sentir emociones.

“Muchos pacientes describen un sentimiento de “neblina mental” y se quejan de que ya no toman decisiones de la misma forma que lo hacían antes”, explica Yassa.

Por supuesto, esta carga psicológica también viene acompañada de irremediables consecuencias fisiológicas.

“La depresión y la ansiedad nos afectan el sueño, cambian el apetito y producen fatiga”, añade el neurólogo.

Escáner de cerebro.

Getty Images
Sahakian y su equipo han estado investigando las variaciones en nuestro cerebro que provoca la pandemia.

No afecta a todos por igual

Como en todo, el cerebro pandémico lastra más a unos que otros. En esto entra en juego la resiliencia individual y el nivel de estrés al que estemos sometido.

No sufren lo mismo quienes han padecido el aislamiento social que aquellos que perdieron un familiar o conocido, se quedaron desempleados o estuvieron infectados.

En estos casos, además del estrés crónico, también puede aparecer el estrés postraumático, incrementando la inestabilidad de la salud mental, la depresión, el dolor y la ansiedad.

Algunos hemos mostrado más resiliencia y creamos estrategias durante los confinamientos para mantenernos sanos, como seguir una rutina de ejercicio físico, pero para los más afectados este tipo de actividades puede ser más difícil de seguir”, diferencia Sahakian.

“La autogestión del estrés es algo personal que no todos logramos de la misma manera. Todos hemos tenido estrés en nuestra vida. Si logramos superarlo, este estrés hasta puede ser bueno en cierto punto” añade.

¿Es posible recuperarse?

El doctor Yassa quiere pensar que sí es posible superar los cambios sufridos, pero reconoce que no será de la noche a la mañana y que tomará tiempo.

“La gente se sobrepone a desastres naturales o la pérdida de seres queridos, así que de esto también deberíamos superarlo. Pero primero debe desaparecer la causa”, aclara.

“Según se vayan recuperando las libertades y la gente retome el contacto social, todos mejoraremos”, amplía Sahakian.

Persona llorando en una tumba en Indonesia en plena ola de coronavirus.

Getty Images
Las personas que han sufrido un ser querido pueden tardar más en recuperarse de los efectos psicológicos de la pandemia.

Mientras esperamos por la vuelta a la normalidad, los expertos igualmente aconsejan aplicar técnicas para traer de vuelta nuestras funciones cognitivas.

“Debemos retarnos con juegos de memoria para recuperarla, así también como ponernos a aprender cosas nuevas”, recomienda la doctora.

Yassa opina que debemos enfocarnos en crear una especie de armonía de ritmos.

“Levantarnos a la misma hora, comer regularmente y hacer ejercicio físico da mejores oportunidades al cerebro para recuperarse“.

Pero si bien estas actividades pueden ser suficientes para muchos, Sahakian reconoce que algunos podemos necesitar la ayuda de profesionales.


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