Pandemia y sargazo afectan al turismo en la Riviera Maya
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Comité Técnico Asesor Sargazo

Pandemia y sargazo: la ‘tormenta perfecta’ que afecta al turismo en la Riviera Maya

Autoridades de Quintana Roo destacan la rápida recuperación del turismo, a pesar de la pandemia. Pero empresarios, ambientalistas, y ciudadanos, demandan ahora que se pongan más atención a enfrentar otro problema que en 2021 ha vuelto con fuerza: el sargazo.
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19 de julio, 2021
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José Gómez es presidente de la cooperativa pesquera Xaman Ha. Tiene su base en la playa conocida como ‘el recodo’, a unos pocos minutos caminando de la Quinta Avenida de Playa del Carmen; una calle repleta de comercios, restaurantes, hoteles, y discotecas, en uno de los lugares más visitados por los millones de personas que visitan cada año el Caribe mexicano. 

Pero en la playa de la ‘Quinta’ hay pocos turistas ahora, lamenta José. El sargazo, una alga de color marrón que comenzó a proliferar en buena parte del Caribe en 2015 y que después ha ido teniendo recales masivos en periodos cícilicos de tres años -el último fuerte ocurrió entre 2018 y 2019-, ha vuelto a brotar con fuerza y rapidez en este 2021, enturbiando las aguas paradisíacas de Playa del Carmen, Tulum, una parte de la isla de Cozumel, Puerto Morelos y Akumal, entre otro puntos del litoral caribeño. 

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“El problema del sargazo llegó lentamente y las autoridades no se lo tomaron en serio hasta que colapsó la ciudad por primera vez en 2018”, explica José, que recuerda que en el verano de 2019 la situación también fue compleja en Playa del Carmen, tal y como documentó Animal Político en un reportaje para el que se hicieron varios recorridos por playas del estado de Quintana Roo, incluyendo esta misma zona del ‘recodo’. 

Pero lo peor, subraya, es que pareciera que se ha aprendido muy poco de las lecciones del pasado. De hecho, si se comparan las fotografías de playas de color café publicadas en ese reportaje de 2019, con las recabadas en este 2021, no hay gran diferencia. 

 “Lamentablemente, esta misma zona de Playa del Carmen ha vuelto a colapsar”, apunta José, que cuando dice ‘colapsar’, se refiere a que la cantidad de sargazo que escupe el mar hacia la orilla es tan grande, y lo hace de manera tan rápida, que los trabajos titánicos de limpieza no dan abasto. 

Imagen de turistas en la zona de Playa Mamitas, en la localidad de Playa del Carmen. Crédito: oceanógrafo Alejandro Bravo

Todo esto afecta a los pescadores, plantea el presidente de la cooperativa, cuyas embarcaciones se averían constantemente por las algas atoradas en las transmisiones. Y afecta, claro, al turismo que viene en busca de sol y Caribe, y se encuentra con montañas literal de sargazo, y un nauseabundo olor a azufre. 

“Toda la actividad de la ciudad depende del turista. De eso vivimos los prestadores de servicios, los restaurantes, los hoteles, y muchos negocios”, plantea José, que también es secretario de la Cooperativa Turística Mar Caribe.

“El problema -subraya- es que con tanto sargazo el visitante no puede meterse a la playa porque el agua está oscura. Es lodo descompuesto que huele mal y que puede lastimar la piel. Y es ahí cuando todos nos vemos lastimados. Todos. Porque la gente ya no acude a la playa. Y si lo hace, se va para otros lugares en busca de aguas limpias”.

Por eso, José hace hincapié en que necesitan que “las autoridades le echen más ganas” y “se tomen el problema del sargazo mucho más en serio”. Porque el trabajo de las más de 400 mil personas que viven del turismo en el estado depende de ello. 

‘Viene una ola grande de sargazo’

Marisol Vanegas es la secretaria de Turismo de Quintana Roo. Su tarea no es fácil en estos días: promocionar el turismo en mitad de una ‘tormenta perfecta’: la pandemia y el sargazo.  

Para capear el temporal, Vanegas explica que la política del gobierno quintanarroense se basa en la aplicación de cuatro puntos enfocados en generar “confianza y certeza” en el turista, mediante la aplicación de estrictos protocolos de sanidad; la coordinación constante con los sectores hoteleros, restauranteros y empresarial; y la transparencia, que básicamente se resume “a decir lo que pasa cuando pasa, y cuando no, también”.

Y a juzgar por las estadísticas, parece que hay buenos resultados. 

Por ejemplo, el día de la entrevista con este medio, el pasado 9 de julio, la Secretaría de Turismo contabilizaba 320 mil turistas en Quintana Roo, “una cifra muy similar” a la de los tiempos ‘prepandémicos’, en 2019. 

Para el cierre de este 2021 la dependencia proyecta recibir a 14 millones de turistas, cifra también muy cercana a los 15 millones y medio que se recibían antes de la Covid. 

Los sábados, el día de mayor tráfico aéreo, están llegando entre 560 y 570 vuelos al aeropuerto de Cancún, muy cerca del récord histórico en la entidad, que son 595 en un día.

Y al mes de junio, la ocupación hotelera estaba en un 63% en Cancún y Puerto Morelos, un 43% al alza en comparación con el 2020 de pandemia; un 71.9% en Isla Mujeres, un 23% más; y en la Riviera Maya a un 63.7%, hasta un 47% al alza. 

“No hemos visto afectado ni el interés de los turistas, ni las reservaciones de viajes”, afirma Marisol Vanegas, aunque admite a continuación que, en efecto, están enfrentando grandes desafíos. 

“El reto del sargazo es impresionante”, concede. “Viene muy fuerte, sí. Vienen cantidades de sargazo importantes”. 

Fotografía aérea tomada de la costa de Tulum el pasado 6 de julio, en la que se aprecia una enorme mancha de sargazo avanzando hacia la costa. Crédito: Doctor Lorenzo Álvarez Folio.

Las cifras en este punto no son definitivas, puesto que apenas acaba de arrancar el segundo semestre de 2021. Pero un dato contextualiza la magnitud del problema este año: según un reporte publicado por el medio Luces del Siglo, entre marzo y el 6 de julio pasado, es decir, en apenas cuatro meses de este año, la Secretaría de Marina informó que lleva recolectadas 21 mil 186 toneladas, tres mil más que las 17 mil 865 que recolectó en todo 2020. 

Y otro dato: de acuerdo con la Red de Monitoreo Sargazo de Quintana Roo, una organización civil dirigida por el hidrobiólogo Esteban Amaro, tan solo en 90 kilómetros de costa de Playa del Carmen calculan que está llegando a diario 10 toneladas por kilómetro de playa. Es decir, que al día recalan hasta 900 toneladas en un solo punto de todo el litoral que abarca entre 700 y 800 kilómetros de costa. 

Para hacer frente a esta situación, se está atacando el problema por dos frentes: uno, es la recolección en playa, donde en la parte pública los responsables son los municipios y a nivel federal la Secretaría de Marina, que cuenta con más de 300 elementos para esta tarea; mientras que en la parte privada, los responsables son los hoteleros que tienen la concesión. 

En mar adentro, en aguas poco profundas frente a la costa, se están utilizando barreras de contención y barcos recolectores -sargaceras-. Mientras que en aguas profundas, también es la Marina la encargada de recolectar las algas con buques como el ‘Natans’ y otras embarcaciones pequeñas.

“La Marina está actuando muy bien, muy rápido. Y los empresarios ni se diga. Aunque estamos en una situación en la que hay días que sí nos rebasa el sargazo, porque es muy fuerte”, señala Vanegas, que al mismo tiempo enfatiza que “no todos los días, ni en todas las playas” hay recale de sargazo. 

Por ello, para que los visitantes puedan informarse de cuáles son los puntos menos afectados, la funcionaria estatal informa que a diario publican un post en las redes sociales de la Secretaría de Turismo donde, con el hashtag #NiTodosLosDíasNiEnTodasLasPlayas, muestran fotografías de cámaras web y reportes de las playas que están “totalmente limpias”.

“Es un mal que llegó para quedarse”

Alejandro Bravo es oceanógrafo y miembro del Comité Técnico Asesor del Sargazo. Desde 2015, cuando se produjo el primer arribo de magnitud considerable a las costas del Caribe, fue de los primeros en advertir de la gravedad del problema y en proponer proyectos piloto para contenerlo. 

Siete años después, la situación no ha mejorado, advierte. Al contrario, está aumentando debido a que la contaminación de los mares y el calentamiento global no ha disminuido, apunta el oceanógrafo que añade rotundo: “Es un mal que llegó para quedarse”. 

El problema, plantea, es que todas las acciones emprendidas desde los tres niveles de gobierno no están dando resultados. O al menos, no a la velocidad ni con la eficiencia que demanda la situación. 

“Por ejemplo, la Marina tiene 9 kilómetros de barreras anti-sargazo, pero tenemos 800 kilómetros de costa. Y son pocas las embarcaciones que tienen para la magnitud real del problema”, señala.

Rosa Elisa Rodríguez, maestra en Ciencias e integrante de la organización civil ‘Voces Unidas de Puerto Morelos’, coincide: “Los recursos del Gobierno destinados a este problema son muy escasos. Y aunque sí hay 350 elementos de Marina dedicados al sargazo y tienen un buque para el océano y barcazas para la costa, esto sigue siendo muy poco”. 

El hidrobiólogo Esteban Amaro, a través de la Red de Monitoreo Sargazo de Quintana Roo, tiene acceso a diario a más de 500 fotografías y videos que mandan turistas, asociaciones de hoteleros, y pescadores, de cómo avanza el sargazo por las costas caribeñas. Y además, tiene acceso a imágenes satelitales de la Agencia Espacial Europea y de la NASA, lo que le permite “tener un panorama muy amplio y certero de cómo viene el sargazo”. 

Es por ello que tampoco se muestra optimista: “No hay quien pueda controlar estas cantidades de sargazo. Ni la Marina, ni nadie. Eso supera cualquier esfuerzo que se haga, cualquier presupuesto”, dice rotundo. 

Imagen de una playa en Tulum tomada este mes de julio. Crédito: Comité Técnico Asesor Sargazo

¿Qué hacer entonces? Amaro admite que no tiene una solución definitiva. Pero algo sí tiene claro: se tiene que enfrentar el problema a otra escala. 

“El impacto que se tiene con las sargaceras, las barreras, y la limpieza en las playas, es insuficiente. Habría que escalar el proceso a un nivel industrializado, con una flota de barcos sargaceros mucho más grande. Tendría que ser casi una estrategia militar. Porque lo que estamos haciendo es darle aspirinas a un problema enorme”.

Estamos en un momento, agrega Alejandro Bravo, “en el que ya se debe experimentar con otras técnicas de recolección en mar abierto, para ser más eficientes”. Su propuesta, detalla, consistiría en barreras flotantes que “direccionen” grandes cantidades de sargazo para acumularlo en “sitios específicos donde puedas concentrar tu esfuerzo de extracción”. Y luego, sacar las algas por dos o tres puntos de extracción específicos, para así evitar en lo posible una contaminación masiva de las playas. 

“Se necesita concentrar el sargazo en grandes volúmenes para que los barcos de la Marina sean más eficientes en alta mar. De lo contrario, el sargazo está muy disperso y es muy costoso tener un buque persiguiéndolo”, resume.

Ante la gravedad de la situación, Rosa Elisa Rodríguez pone sobre la mesa otra alternativa: “Tal vez habría que decidir qué playas vamos a salvar, en términos de turismo y términos de importancia medioambiental. Es decir, tomar la decisión de a dónde y a qué actividades se dirigen los pocos recursos que se están destinando”. 

Lee más: Sargazo, inundaciones, sequías: no es el apocalipsis, es el calentamiento global

Más prevención y menos reacción

Lenin Amaro es el presidente del Consejo Coordinador Empresarial de la Riviera Maya. En entrevista, explica que los últimos cuatro años han sido especialmente duros para los empresarios quintanarroenses por los factores ya señalados del sargazo y la pandemia, más uno extra: la inseguridad. 

Aunque Quintana Roo ha experimentado un ligero descenso de homicidios en los primeros cinco meses de 2021 (240 frente a los 279 de 2020), lugares como Tulum, unos de los principales destinos turísticos del Caribe mexicano, no han escapado a los embates de la delincuencia en México. 

Y eso también se nota en las estadísticas oficiales: en tan solo cinco meses, entre enero y mayo de 2021, que es la cifra más actualizada del Sistema Nacional de Seguridad Pública, esta pequeña localidad de apenas 46 mil habitantes lleva registrados 31 asesinatos. Esto es más del doble de los diez que contó en todo 2019, y también está por encima de los 24 de todo 2020. 

En términos proporcionales, la tasa de homicidios en esta localidad es de 67 por cada 100 mil habitantes. Muy por arriba de la media nacional, que es de 27.8. Mientras que las denuncias por narcomenudeo también se dispararon: de no tener ni una en 2019, Tulum pasó a 55 en cinco meses de este año. 

Pero, más allá de la violencia, Lenin Amaro dice que tras la pesadilla de la pandemia, lo que más les está afectando es el sargazo, el cual ya en 2019 los obligó “a bajar entre un 25 y un 30% nuestras tarifas” hoteleras. 

“Este año ya entró la Marina de lleno, pero nos encontramos que, nuevamente, entran tarde al ataque del sargazo. No entendemos por qué, si el sargazo empieza a llegar desde marzo, se entró con todo hasta junio”, plantea el líder empresarial, que lamenta que no haya una política más preventiva. 

“En todos estos años, la intervención de los tres niveles de gobierno ha sido reactiva, cuando debería ser preventiva”, hace hincapié. 

“Es decir, si sabemos que en marzo de 2022 es cuando puede empezar el recale de sargazo, en octubre de este 2021 ya deberíamos estar analizando cuántas sargaceras hay, cuántos metros de barrera, cuánto personal va a manejar cada municipio, cuánto recurso se va a dar al saneamiento, etcétera”. 

“Pero, hasta ahora -añade-, solo se han tomado decisiones unilaterales que han sido un fracaso y que nos han pegado mucho económicamente. Sobre todo, a los micro y pequeños empresarios, que son los que también han sufrido más por la Covid 19”. 

“No hay plan, cada año se empieza de cero”

Fabiola Sánchez Gónzález, integrante del colectivo ciudadano Voces Unidas de Puerto Morelos, coincide en señalar que, a pesar de que se están destinando recursos al problema, sigue sin haber resultados claros. 

“Después de seis o siete años, no vemos un plan de las autoridades de los tres niveles de gobierno. Lo que vemos es que cada año es como si se empezara de cero porque se repite una y otra vez la problemática”, lamenta la activista. 

Fotografía tomada el 7 de julio en la localidad de Puerto Morelos, Quintana Roo. Crédito: oceanógrafo Alejandro Bravo.

Por ello, Voces Unidas, junto a otras 30 organizaciones civiles, además de académicos, ambientalistas, empresarios, y ciudadanos, lanzaron una petición en la plataforma Change.org bajo el título: “S.O.S. ¡Nos hundimos en sargazo!”. 

La petición está dirigida al Gobierno Federal, y también al estatal y a los municipales, y consta de nueve puntos. Entre estos, se exige al Gobierno Federal que destine “recursos económicos suficientes” a cada municipio para la instalación de barreras de contención, la compra de maquinaria marina y terrestre, y la contratación de personal para dar atención a las playas. 

Además, piden “incentivos fiscales a los hoteles que limpian el sargazo de sus playas y a las empresas que industrialicen el sargazo”; que se financien y promuevan proyectos de investigación sobre el sargazo y sus impactos; y que se elabore una Norma Oficial Mexicana para hacer un Manejo Integral del Sargazo “con una visión de economía circular”. 

“Los ciudadanos ya estamos desesperados”, asegura Fabiola Sánchez. “Por eso estamos exigiendo y casi suplicando que las autoridades federales volteen a vernos, porque esto no es es solo un tema de que ya no se ven bonitas las playas. Es un tema ambiental y un tema también de que nos estamos acabando la gallina de los huevos de oro por el sargazo”, concluye.

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'Los mexicanos sueñan con ser como Finlandia, pero sin pagar impuestos como los finlandeses'

Un estudio que indaga en la percepción de los mexicanos sobre la desigualdad, muestra una paradoja entre sus aspiraciones y lo que están dispuestos a contribuir personalmente para transformar la sociedad, dicen los autores.
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24 de mayo, 2021
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Los mexicanos aspiran a vivir en un país con menos desigualdad social, dicen los investigadores, pero no conectan esa aspiración con el sistema impositivo.

Habla como mexicana porque ha vivido más de una década en ese país, pero no lo es.

Nació en Dinamarca, creció en distintos países europeos e hizo su doctorado en la Universidad de Cambridge, Reino Unido. Alice Krozer conoce de la intersección entre América Latina y Europa y se ha especializado en estudios sobre desigualdad, elites y percepciones sociales.

Precisamente de esos temas trata la investigación hecha junto a Raymundo Campos-Vazquez, Aurora Ramírez-Álvarez, Rodolfo de la Torre y Roberto-Velez-Grajales. El foco estuvo puesto en las percepciones de los mexicanos.

“La gente quiere menos desigualdad, pero no quiere pagar más impuestos”, dice la investigadora del Colegio de México. “Es una especie de paradoja entre lo que te gustaría y lo que estás dispuesto a sacrificar“.

Es cierto que en México existe una imagen negativa de los impuestos porque muchas personas creen que al final de cuentas los beneficios no llegan a los sectores más vulnerables, apunta.

Pero cuando se les preguntó sobre un escenario hipotético en relación a cuánto estarían dispuestos a contribuir para acabar con la pobreza y la desigualdad -sin mencionar el tema impositivo- la respuesta no fue muy generosa, especialmente en los sectores más ricos de la población.


Ustedes hicieron un estudio de cómo los mexicanos perciben la desigualdad y la movilidad social en su país. ¿Cuáles fueron las principales conclusiones de la investigación?

Una de las conclusiones es que la gente sí sabe que hay mucha desigualdad en México. Esa percepción es bastante cercana a las mediciones. Y lo mismo sobre la pobreza.

Pero la gente tiene una idea muy diferente sobre lo que es la riqueza y lo que es la movilidad social. En la riqueza sobreestiman cuánta gente rica realmente existe.

Alice Krozer

Alice Krozer
Alice Krozer sostiene que los mexicanos creen que hay mucha más movilidad social de la que existe.

En cuanto a la movilidad social, la gente cree que es mucho mayor. Piensan que un 30% de los que nacen pobres van a llegar a ser ricos. Y eso no es así. De 100 personas que nacen en la pobreza, solo dos personas logran llegar al sector de ingresos más altos. Es una discrepancia enorme entre la percepción y la realidad.

La otra conclusión importante es que la gente no asocia el sistema de impuestos con la redistribución. La gente quiere menos desigualdad, pero no quiere pagar más impuestos. No hacen una conexión entre las dos cosas. No piensan que los impuestos pueden ser una medida redistributiva.

El estudio indica que los mexicanos estarían dispuestos a contribuir con un 10% de sus ingresos para disminuir la desigualdad y la pobreza. ¿Cómo varía según el estrato social al que le hicieron la pregunta?

Hay una pregunta que dice: si te diera un ingreso de mil pesos y te dijera que con una vara mágica voy a hacer desaparecer la pobreza y la desigualdad, ¿cuánto estarías dispuesto a dar de esos mil pesos?

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De 100 mexicanos que viven en la pobreza, solo dos llegan a los sectores más altos de ingresos, explica Krozer.

En México los más pobres dijeron que estarían dispuestos a contribuir con un 15%, mientras que las personas con más riqueza dijeron que darían un 7,5% en promedio. Eso nos quiere decir que a los que tienen ingresos más altos les preocupa menos el problema.

¿Por qué les preocupa menos el problema?

Puede ser por razones personales en el sentido que no están conscientes del sufrimiento que provoca la desigualdad, aunque también puede tener que ver con ideales éticos. Pero esa pregunta específica no fue parte del estudio.

Cuando preguntaron sobre la disposición a contribuir en este escenario hipotético, no preguntaron por cuánto estaban dispuestos a pagar en impuestos…

No, fueron preguntas separadas.

Cuando preguntaron específicamente por pagar más impuestos para disminuir la desigualdad y la pobreza… ¿detectaron que algunos no quieren pagar más impuestos porque no creen que son eficientes, es decir, porque los recursos no llegan realmente a los más vulnerables?

Las personas con altos ingresos solían decir, yo pago muchos impuestos, no voy a pagar más. Les preguntamos cuánto cree usted que paga ahora de impuestos a la renta.

Y todos, sin importar el nivel socioeconómico, respondieron 40%. Eso es muy por arriba de lo que se paga hoy en México.

¿Y cuánto se paga de impuestos a la renta en México?

Depende, pero en promedio un 22%. Pero todos piensan que pagan 40%. Después les preguntamos cuánto desearían pagar. Y todos contestaron alrededor del 22%, que es lo que se paga en la realidad. Esa es la ironía.

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La gente de todos los grupos socioeconómicos cree que paga un 40% de impuesto a la renta y eso no es así, dice la investigadora.

Después les preguntamos cuál sería su tasa de impuesto ideal para las personas ricas, para las que tienen un ingreso medio y para las personas pobres. La mayoría dijo que su tasa ideal para los pobres sería como un 14%, para los sectores medios un 22%.

Pero para los ricos, las personas con menos ingresos dijeron que deberían pagar más, mientras que las personas más ricas dijeron que ellos deberían pagar menos.

¿Cuánto pagan los más ricos?

Nominalmente deberían de pagar cerca de un 35%, pero en la realidad solo pagan 18%

¿Por qué?

Hay varios factores que incluyen evasión, elusión, exenciones…

¿Cómo se define una persona rica en México?

No existe una categoría de rico como tal. Comúnmente en los estudios económicos se usa, por ejemplo, la medición del 1%. En México el 1% con mayores ingresos gana cerca de 150.000 pesos mensuales.

¿Y en el otro extremo?

En México cerca de la mitad de la población vive en la pobreza. Y si a eso le sumamos la población con vulnerabilidades, llegamos a un 80%. Es decir, hay muy poco margen para tener un ingreso medio.

Mexicana tejiendo

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Cerca de la mitad de los mexicanos vive en la pobreza.

Y en ese nivel de pobrez, aún no está incluido el efecto de la pandemia.

En general, ¿podemos decir que los mexicanos quisieran tener menos desigualdad, pero no están dispuestos a pagar más impuestos?

Sí. Lo que muestra el estudio es que la gente no hace la conexión entre desigualdad y el pago de impuestos. En México hay una imagen muy negativa de los impuestos.

Pero eso tendrá algún sustento real, dados los niveles de corrupción que históricamente han existido en el país…

Esa mala imagen no es casual. Por muchas décadas ha sido muy mal visto el pago de impuestos. Eso tiene que ver con cuestiones ideológicas y con cuestiones prácticas.

Auto rojo

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Según Krozer México es uno de los países más desiguales del mundo.

La gente se pregunta qué tanto ayuda el pago de impuestos a los más pobres, o qué tanto ayudan los impuestos si no hay un buen sistema gratuito de salud pública o educacional.

En el estudio usted dice que el pago de impuestos es la mejor herramienta para disminuir la desigualdad. Pero si la gente desconfía y no ve los beneficios sociales de pagar impuestos, quizás se justifica esa idea negativa. ¿Cuál es su opinión?

Seguramente una parte importante de los impuestos va a lugares donde no deberían ir, llámese ineficiencia, corrupción, o lo que sea. Pero yo creo que no por eso hay que tener una idea negativa de los impuestos.

También está la visión de que el Estado no debería intervenir en los temas de redistribución. Hay una visión conservadora de tener un Estado pequeño.

En países escandinavos, por ejemplo, se paga tres o cuatro veces más de lo que se paga en impuestos acá. Ellos también se quejan de los impuestos, pero a un nivel muy distinto. Dicen no quiero pagar 48% de mis ingresos, prefiero pagar 40% o 45%.

Pero en México y en Latinoamérica en general no están tan claros los beneficios del sistema tributario

Es que entre las personas con más riqueza, hay muchos que no están de acuerdo con que la salud y la educación deberían ser para todos. Más allá de que no se vean los beneficios, hay una idea sobre el rol del Estado.

Ustedes midieron la desigualdad usando el Índice de Gini y descubrieron que a los mexicanos les gustaría tener una desigualdad como la de Finlandia…

Les mostramos escenarios sobre desigualdad y les preguntamos cuál sería la situación ideal. México tiene un Gini de 0,5. Ellos contestaron que sería ideal un Gini de 0,3 o de 0,20, como el de Finlandia. Obviamente no les preguntamos sobre el Gini, pero les mostramos unas gráficas para que eligieran el sistema ideal.

Finlandeses

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En las encuestas los mexicanos expresaron su deseo de tener un nivel desigualdad que es equivalente al que existe en Finlandia.

Cerca de la mitad de los encuestados dijo que le gustaría tener una desigualdad equivalente a la de Finlandia, es decir, un 0,2. Eso nos dice que la gente no quiere vivir en un país tan desigual. La gente sí quiere una sociedad más igualitaria. Y los países escandinavos suelen ser como una utopía.

Obviamente las cosas no funcionan perfectas en esos países. Yo he crecido en Dinamarca y sé que tampoco las cosas son ideales ahí. Aunque lo que quieren los mexicanos, a lo que aspiran, es a tener una sociedad más justa, con mayores oportunidades.

Pero sin pagar más impuestos…

Es que los mexicanos sueñan con ser como Finlandia, pero sin pagar impuestos como los finlandeses.

La idea de querer ser como un país escandinavo, en cuanto a tener menos desigualdad, termina ahí.

Ser un país escandinavo implica pagar cerca de la mitad de tus ingresos en impuestos en los tramos más altos.

La tasa mínima del impuesto a la renta, por ejemplo en Dinamarca, empieza en un 36%. Y eso es equivalente a la tasa máxima en México.

Después de esta investigación, ¿qué sensación le queda más allá de lo académico?

Me quedaron muchas más preguntas. Entonces conseguimos más financiamiento y ahora estamos a punto de salir al terreno para seguir investigando estos temas.

Helsinki, Finlandia

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“Ser un país escandinavo implica pagar cerca de la mitad de tus ingresos en impuestos en los tramos más altos”, dice Krozer.

Y me quedé pensando cómo se puede convencer a la gente de que es buena idea pagar más impuestos, o al menos tener un sistema impositivo más progresivo para disminuir la desigualdad.

Urge hacer algo sobre este tema. Con la pandemia, ahora más que nunca se necesitan más ingresos. Y como México es uno de los países con mayor desigualdad en el mundo y con menor movilidad social, es importante hacer algo.


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