Con Peña y Calderón se firmaron 31 contratos ligados a Pegasus
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Gobiernos de Peña y Calderón firmaron 31 contratos con empresas ligadas a Pegasus por 1,970 mdp: SSPC

Algunas de las dependencias que firmaron contratos con empresas ligadas al software fueron la Secretaría de Gobernación y la extinta Policía Federal.
Cuartoscuro
28 de julio, 2021
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La Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) identificó 31 contratos con compañías vinculadas a actividades del grupo NSO Group, empresa israelí responsable del desarrollo del software de espionaje Pegasus, informó Rosa Icela Rodríguez, titular de la secretaría.

La funcionaria recordó que Pegasus operó de 2011 a 2018 en México, durante la administración de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto y fue vendido a la entonces Procuraduría General de la República (PGR) a través de Tech Bull, quien posee el contrato de la adquisición.

La semana pasada, la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) informó que la contratación de malware de espionaje se realizó a través de empresas fachadas, para lo cual las dependencias federales y gobiernos estatales de las dos administraciones involucradas pagaron 5 mil 914 millones de pesos.

Lee también: Gobierno de Peña, Calderón, dependencias y estados pagaron 5 mil 914 mdp por Pegasus

Tras estos hallazgos, el presidente Andrés Manuel López Obrador solicitó a la SSPC hacer una búsqueda en sus archivos digitales e impresos sobre estos contratos, y la misma instrucción se dio a los órganos desconcentrados.

Así fue como se llegó a la localización de 31 contratos con empresas vinculadas a NSO Group, informó Rosa Icela,  a través de los cuales se suman alrededor de 1,970 millones de pesos, lo cual representa un poco más de 61 millones de dólares para la adquisición de software, hardware, bases de datos, plataforma, licencias y mantenimiento de estos equipos, entre otros.

La mayoría de los contratos, 16 exactamente, yacían en el archivo de la extinta Policía Federal, hechos con empresas distintas, KBH y Comercializadora de Soluciones Integrales Mecale S.A. de C.V.

Más al respecto: Solicitudes, denuncias y contratos: INAI publica datos sobre Pegasus y espionaje

Otros dos contratos fueron firmados por la Secretaría de Gobernación, de la cual dependía la Policía Federal, suscritos con las empresas Proyecto Semilla y Artículos Textiles, Equipo y Accesorios MV S.A. de C.V..

Por otro lado, en Prevención y Readaptación Social, órgano desconcentrado que tiene bajo su cargo los penales, recaló Rosa Icela, se encontraron siete contratos con cuatro empresas: Comercializadora Antzua S.A. de C.V., Artículos Textiles, BSD, BSD London. 

En el Servicio de Protección Federal se hallaron dos más con una sola empresa, Artículos Textiles. Y el Centro Nacional de Inteligencia, antes CISEN, reportó cuatro contratos, de los que se tiene el registro de pagos efectuados a la empresa Proyectos y Diseños VME.

Rosa Icela Rodríguez recordó que los 31 contratos involucran al Gobierno de Calderón, bajo cuya protección operaba el ex Secretario de Seguridad Genaro García Luna, actualmente preso en un penal de Nueva York, por prácticas de espionaje.

La anterior información, presentada materialmente durante la conferencia matutina presidencial dentro de una caja, fue entregada a la Fiscalía General de la República (FGR), informó la secretaria de Seguridad. 

No te vayas sin contexto: Familiares y colaboradores cercanos de AMLO, entre los espiados con Pegasus

“Con el propósito de que se realicen las investigaciones correspondientes y se dé con los responsables de esta ilegal práctica que violó la intimidad de periodista, de políticos, de luchadores sociales, empresarios, defensoras de derechos, servidores públicos, legisladores”.

Andrés Manuel López Obrador informó que los contratos serían publicados este miércoles de manera digital.

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Qué es la 'coronafobia', el miedo 'desadaptativo' que no nos protege del COVID

Los individuos con este miedo extremo tienden a experimentar un conjunto de síntomas fisiológicos desagradables desencadenados por pensamientos o información relacionada con esta enfermedad.
10 de enero, 2022
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Para el año 2030, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que los problemas de salud mental serán la principal causa de discapacidad en el mundo.

Según un informe del Ministerio de Sanidad español, el trastorno de ansiedad es el más frecuente: afecta al 6,7 % de población (8,8 % en mujeres, 4,5 % en hombres). Esta cifra alcanza el 10,4 % si se incluyen signos o síntomas de ansiedad.

Dentro de este espectro de problemas mentales, uno de los diagnósticos más frecuentes es el trastorno de ansiedad fóbica o fobia específica.

La última edición de Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM V) define estos trastornos como la aparición de miedo o ansiedad intensa, inmediata (casi siempre) y desproporcionada ante objetos o situaciones específicas que, de forma general, no serían consideradas peligrosas y que, además, el paciente intenta evitar o resistir activamente.

El miedo “desadaptativo”, el que no nos protege

Las fobias tienen como punto de partida la emoción básica de miedo.

Normalmente, esta tiene una función eminentemente adaptativa para la supervivencia. Permite detectar amenazas inminentes reales y generar una respuesta apropiada frente a las mismas.

Sin embargo, cuando dicho miedo interfiere de forma negativa en el funcionamiento cotidiano de la persona en alguno de los ámbitos de su vida por ser persistente, desproporcionado, irracional e infundado, pierde su carácter adaptativo.

De hecho, la quinta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM V), de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, contempla el siguiente criterio diagnóstico para la fobia: el miedo, la ansiedad o la evitación causa malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.

Y esta es precisamente la característica fundamental que convierte a la fobia en un problema de salud mental.

La pandemia, un caldo de cultivo para las fobias

La pandemia de covid-19 ha erosionado la salud mental de una gran parte de la sociedad.

Del mismo modo, en personas vulnerables o con predisposición ha supuesto un aumento alarmante de los trastornos mentales. Los más prevalentes son la depresión y la ansiedad.

De forma más concreta, cualquier situación alarmante o catastrófica (como una pandemia) supone el caldo de cultivo perfecto para la aparición de trastornos relacionados con el miedo excesivo.

niños en la escuela

Malte Mueller/Getty Images
Las medidas de contención y el aislamiento social han perjudicado la salud mental de muchas personas.

Así, diversos estudios que han evaluado brotes previos de enfermedades infecciosas como la gripe española de 1918 o el brote de ébola en África Occidental en 2014 han asociado estos a respuestas cognitivas, afectivas o conductuales desproporcionadas frente a cualquier aspecto asociado a las mismas.

Son destacables aspectos como el riesgo de infección a través del contacto físico o los espacios cerrados, la muerte o infección de seres queridos, las medidas de contención, el aislamiento social y la soledad, la pérdida masiva de empleo o la inestabilidad financiera, entre otros.

En este contexto, sabemos que no todo el mundo tiene la misma posibilidad de desarrollar una fobiaante un determinado evento desencadenante. Dependerá de la presencia de factores genéticos y ambientales, además de otros factores específicos de cada tipo de fobia.

Por ejemplo, en el caso de las fobias asociadas a las pandemias (como la de covid-19), se ha visto que las variables de diferencia individual como la falta de tolerancia a la incertidumbre, la vulnerabilidad percibida a la enfermedad o la propensión a la ansiedad parecen desempeñar un papel fundamental.

Fobias asociadas al confinamiento

La medida del confinamiento impuesta en prácticamente todos los países al inicio de la pandemia llevaron a un aislamiento.

Esto se ha traducido en una reducción drástica del contacto físico y social y una afectación de la salud mental. En este proceso también participaron las restricciones en el ocio y tiempo libre.

Las consecuencias de ello han sido diversas en relación a la salud mental de las personas.

Por un lado, asociado directamente al aislamiento social destaca la agorafobia, un trastorno de ansiedad fóbica en el que la persona experimenta un miedo intenso ante lugares o situaciones de los cuales sería difícil huir o pedir ayuda en caso de urgencia.

Por otro lado, el aislamiento también puede llevar asociada una afectación negativa de las habilidades sociales, con una mayor propensión a la fobia social.

ilustración: confinamiento

Malte Mueller/Getty Images
El confinamiento puede dejar una huella psicológica.

El grupo poblacional que más se ha visto afectado son los adolescentes. En este caso, el miedo se da ante situaciones sociales en las que el individuo está expuesto al posible examen por parte de otras personas.

“Coronafobia” y otras fobias asociadas al contagio

A un lado, una de las fobias que la actual pandemia ha generado de forma específica es la conocida como ‘coronafobia’, una ansiedad excesiva a contraer el covid-19.

Así, los individuos con este miedo extremo tienden a experimentar un conjunto de síntomas fisiológicos desagradables desencadenados por pensamientos o información relacionada con esta enfermedad.

Esta fobia es realmente incapacitante en la medida en que está fuertemente relacionada con el deterioro funcional y la angustia psicológica y, por tanto, tiene importantes implicaciones para el bienestar mental.

Asimismo, relacionado con el miedo excesivo al contagio, es destacable el trastorno obsesivo compulsivo (TOC), otra alteración relacionada con la ansiedad cuyos síntomas pueden verse exacerbados en el contexto del covid-19.

El DSM V define el TOC como la presencia de obsesiones, compulsiones o ambas.

ilustración: mujer con mascarilla

Malte Mueller/Getty Images
El miedo al contagio es más dañino para algunas personas que el contagio en sí mismo.

En primer lugar, las obsesiones son pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes y persistentes no deseadas. Por ejemplo, en el contexto de la pandemia, la idea de contagiarse o de contagiar a los seres queridos.

En segundo lugar, las compulsiones pueden aparecer para hacer frente al malestar generado por las obsesiones en forma de comportamientos repetitivos que la persona aplica de manera rígida.

Por ejemplo, lavarse las manos con frecuencia se ha planteado como una medida de prevención más frente a la infección.

Sin embargo, esta conducta suele ser una compulsión frecuente del TOC asociado a la contaminación.

Así, esta acción que es adecuada y saludable (no solo en época de pandemia si no de forma general) puede convertirse en la base del aumento de la prevalencia del TOC asociado al covid-19 en este caso.

Evaluación de la coronafobia

La coronafobia es un problema relativamente nuevo dado que se trata de una fobia específicamente asociada al covid-19.

No obstante, existen estudios sobre fobias relacionadas con otras enfermedades infecciosas como se ha comentado anteriormente.

ilustración: terapia covid

Malte Mueller/Getty Images
Los psiquiatras están desarrollando herramientas para evaluar la coronafobia.

Debido a ello, y siguiendo las recomendaciones de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA), se están desarrollando herramientas con propiedades psicométricas válidas para un correcto diagnóstico de este trastorno en auge.

Un ejemplo de este tipo de instrumentos de evaluación es la Escala de Fobia COVID-19.

Esta ha demostrado validez convergente y discriminante así como consistencia interna. Además, ha sido validada en poblaciones de diferentes partes del mundo como Estados Unidos, Corea e Irán.

Dada la situación tan alarmante asociada a la pandemia que se mantiene a largo plazo de manera más o menos latente, este tipo de instrumentos son fundamentales.

No solo son importantes para diagnosticar nuevos casos específicos de coronafobia, sino también por la posible exacerbación de la sintomatología de pacientes en tratamiento.

O, incluso, por las recaídas que puedan presentar antiguos pacientes que ya habían sido dados de alta.


*Aránzazu Duque Moreno es doctora en Neurociencias, directora del Grado en Psicología y Secretaria de la Cátedra de Humanización de la Asistencia Sanitaria y miembro del grupo de investigación Psicología y Calidad de Vida en la Universidad Internacional de Valencia (España).

*Basilio Blanco Núñez es personal docente investigador de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Internacional de Valencia (España).

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation y se publica en BBC Mundo bajo licencia Creative Commons. Puedes leer la versión original aquí.


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