'Regálame una sonrisita' … vivir violencia sexual dentro de penales de CDMX
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“Regálame una sonrisita”… vivir violencia sexual dentro de los penales de CDMX

A Ana un radiólogo la violó y luego la amenazó con no denunciar lo que había sucedido, ya que le dijo, con una orden suya podrían matarla.
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Por Dalila Sarabia
25 de julio, 2021
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Ana -a quien así llamaremos- está privada de su libertad en el Centro Femenil de Reinserción Social de Santa Martha Acatitla, en el oriente de la CDMX. Cuando la detuvieron sufrió violencia física, por lo que tiene varias lesiones y el diagnóstico de esguince cervical grado 2 y lumbalgia en tratamiento.

El miércoles 16 de mayo de 2018 -para darle seguimiento médico- fue referida al servicio de radiología del Hospital General Torre Médica Tepepan, al sur de la ciudad. En este lugar la Secretaría de Salud local (Sedesa) ofrece atención médica a toda la población privada de su libertad en la CDMX por lo que permanentemente recibe traslados.

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Hacia las 08:15 horas Ana ya se encontraba en el área de confinamiento en Tepepan a la espera de ser atendida. Aproximadamente a las 09:00 horas fue llevada al área de rayos X para proceder a su estudio, sin embargo, en ese momento tembló y tuvo que suspenderse su cita. Minutos después, personal de custodia y seguridad la llevaron de nueva cuenta a las afueras del consultorio para retomar el procedimiento. Cuando escuchó su nombre ingresó sola al cubículo de rayos X.

Una vez ahí, el radiólogo le pidió que se dirigiera a un cuarto contiguo para que se despojara de su ropa, dejándose solamente sus pantaletas, y que se pusiera una bata que ahí estaba dispuesta para ella. Apenas salió fue agredida sexualmente.

El radiólogo -que se ubicó detrás de ella- la rodeó con un brazo y colocó la cara de Ana en el tablero de control de la máquina de rayos X. Mientras era sujetada de la nuca, la mujer escuchó el resorte del pantalón del radiólogo y sintió cómo le bajaba las pantaletas. La penetró mientras le decía que no gritara porque “en ese lugar habían ocurrido muchos accidentes y podía matarla”.

Al eyacular, el radiólogo dejó semen en las piernas y en las pantaletas de Ana por lo que le aventó unos pañuelos desechables para que se limpiara. Mientras lo hacía, el hombre la amenazó con no denunciar lo que había sucedido pues él tenía muchos contactos y con una orden suya podrían matarla. Además, que si decía algo nadie le creería porque solo es “una interna”.

Ana volvió al cuartito contiguo, donde estaba su ropa, y se vistió rápidamente. Al salir fue arrinconada una vez más por el hombre quien le acercó un cuaderno y una pluma y le pidió que anotara que había tenido una buena atención, pusiera su nombre, firma y huella digital.

Cuando salió del consultorio el radiólogo le dijo: “Regálame una sonrisita bonita”, y se acercó para pasar su lengua por sus labios.

Elementos de custodia y seguridad llevaron a Ana al área de confinamiento en donde se durmió hasta que fue trasladada de nueva cuenta a Santa Martha Acatitla.

Este relato es parte del expediente CDHDF/II/121/IZTP/18/P4042 que la Comisión de Derechos Humanos de la ciudad (CDHCM) abrió para investigar la omisión de garantizar una vida libre de violencia a mujeres privadas de libertad por parte de la Subsecretaría del Sistema Penitenciario y de la Secretaría de Salud capitalina, lo que dio paso a que se emitiera la Recomendación 01/2021.

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Abren expedientes

En la CDMX hay dos centros penitenciarios para mujeres: Santa Martha Acatitla y Tepepan, en donde mil 590 mujeres -hasta el 28 de mayo de 2021- estaban privadas de su libertad.

De estos dos centros penitenciarios, la Comisión de Derechos Humanos de la ciudad (CDHCM) ha recibido 341 quejas en las que se menciona a la Secretaría de Salud local como responsable de posibles violaciones a derechos humanos.

“De estos 341 expedientes de queja solamente 2 son los que se han abierto por posibles violaciones al derecho de las mujeres a una vida libre de violencia -expedientes que se concluyen con esta recomendación- y 2 por posibles violaciones al derecho a la integridad personal, uno de los cuales también se concluye”, se lee en la Recomendación 01/2021.

“En ese mismo lapso de tiempo se han abierto 31 expedientes de queja por posibles violaciones al derecho a una vida libre de violencia en sus diferentes manifestaciones en los que se menciona a las autoridades de la Subsecretaría del Sistema Penitenciario como presuntamente responsables. La mayor parte de estos expedientes se concluyeron por solución de la problemática originaria o por desistimiento de la parte quejosa”.

La CDHCM encabezada por Nashieli Ramírez subraya que si bien no cuentan con elementos para señalar que los hechos y violaciones a derechos humanos documentados en la Recomendación 01/2021 son una situación recurrente que se repita de manera constante, la gravedad de estos hace necesario señalar la responsabilidad institucional para que éstos no se repitan.

Golpes y acoso

Cuando Ana volvió a Santa Martha Acatitla contó lo sucedido a su hermana a quien identificaremos como Gabriela y quién también está privada de su libertad. De inmediato comunicó a las autoridades del centro penitenciario y a su abogado particular lo que había sucedido. A las 16:57 horas del mismo miércoles 16 de mayo de 2018 Ana fue valorada médicamente.

Más tarde su abogado, en compañía de un agente del ministerio público, se apersonó en Santa Martha para que se recabara la denuncia y se abriera la carpeta de investigación correspondiente. Al día siguiente Ana fue referida a la Clínica Condesa para la aplicación del kit profiláctico postviolación.

“En los días posteriores a los hechos, la víctima directa 1 (Ana) comenzó a aislarse de sus compañeras pues su situación se conoció en el centro de reclusión y comenzó a recibir burlas, amenazas y agresiones verbales de parte de otras personas privadas de su libertad y de personal de seguridad y custodia quienes se referían a la víctima directa 1 como ‘la violada’”, relata la CDHCM.

Sobre los hechos, la directora de Santa Martha manifestó que nunca se había suscitado algo similar y que le era difícil creerlo porque el doctor señalado tenía muchos años trabajando y nadie se había quejado de él. De hecho, cuestionó a los familiares de Ana -quienes acudieron en búsqueda de apoyo- sobre por qué no había denunciado los hechos desde Tepepan.

Además, el 20 de junio de 2018, cuando personal de la Comisión de Derechos Humanos acudiría a Santa Martha para entrevistar a las hermanas, como parte de la investigación, Ana fue agredida por otra mujer -también privada de su libertad- quien le propinó un golpe con el puño en el pómulo izquierdo y le dio patadas en una de sus piernas.

De acuerdo con los testimonios recabados por la CDHCM los insultos y los golpes a las hermanas, pero específicamente a Ana, no cesaron y en ningún momento personal de seguridad y custodia intervino, aunque se percataron de lo sucedido.

Para agosto de 2019, un año después de los hechos, las agresiones continuaban.

“Mientras caminaban por el kilómetro, la víctima directa 1 y víctima directa 3 (Ana y Gabriela) fueron agredidas por alrededor de 8 personas privadas de su libertad. A la víctima 1 le jalaron el cabello y le propinaron golpes diciéndole que eran un mensaje ‘del señor César’. Después comenzó a recibir mensajes y ofrecimiento de dinero, tanto de mujeres privadas de su libertad como de personal de seguridad y custodia para que ‘negociara’ retirar la denuncia en contra del radiólogo. Inclusive, el 29 de octubre de 2019 la víctima 1 informó que un día antes una compañera se acercó para decirle que debía negociar, que recibiría 30 mil pesos como regalo y que, si no lo hacía, de cualquier manera, los abogados de ‘César’ lo sacarían en algunos meses”, se lee en el documento.

Al menos hasta el 21 de agosto de 2020 -dos años después de haber sido agredida sexualmente- Ana siguió recibiendo golpes e insultos por parte de internas y personal de seguridad y custodia.

El 6 de noviembre de 2020 se dictó sentencia condenatoria al servidor público en funciones de radiólogo en la Torre Médica de Tepepan quien la violó.

Había antecedentes

Debido a su condición de salud, Guadalupe -a quien así identificaremos y quien está privada de su libertad en Santa Martha Acatitla- fue referida a la Torre Médica de Tepepan para que le realizaran una tomografía abdominal. Su cita fue el 13 de noviembre de 2017.

Cuando el radiólogo la hizo pasar le pidió que se desvistiera, quedando Guadalupe en pantaletas.

“El radiólogo le dijo a la víctima directa 2 (Guadalupe) que para realizar el estudio debía estar totalmente desnuda. Cuando (Guadalupe) solicitó una bata, le dijo que no había, que sólo había una sábana sobre la plancha del aparato, al mismo tiempo que le expresó ‘que no se preocupara, que él veía a la paciente, no a la mujer”, se lee en la Recomendación 01/2021 la cual incluye este caso correspondiente al expediente CDHDF/11/121/XOCH/PB207.

Guadalupe siguió las instrucciones del doctor y se acostó sobre la plancha, cerró los ojos y se dio vuelta cuando así se lo pidió el radiólogo. En un momento sintió cómo la tocaba y movía su cadera para acomodarla. Al terminar se vistió y se retiró.

Dos semanas después, el 29 de noviembre de 2017 Guadalupe fue referida al Hospital Rubén Leñero, también de la Secretaría de Salud capitalina, para que le hicieran de nueva cuenta la tomografía, pues en su cita en Tepepan no se la habían realizado.

En esta ocasión entró al espacio de rayos X en compañía de una custodia.

“Le dieron la indicación de que entrara al vestidor, que se quitara cadenas y aretes, se desnudara dejándose las pantaletas y que utilizara una bata. Luego pasó con la custodia al cuarto donde estaba la máquina y se acostó en la plancha, recibiendo indicaciones de cómo acomodarse, tocando el médico únicamente su cabeza, momento en el que la víctima directa 2 (Guadalupe) se percató que para el estudio no era necesario que estuviera totalmente desnuda y menos voltearse como se lo había solicitado en radiólogo en Tepepan”.

Por estos hechos Guadalupe levantó una denuncia ante la fiscalía general de Justicia de la CDMX.

Reparación

Según determinó la CDHCM, tanto la Secretaría de Salud y la Subsecretaría del Sistema Penitenciario deberán impulsar la inscripción de Ana, Gabriela y Guadalupe al Registro de Víctimas de la ciudad y la aprobación de planes de reparación integral por parte de la Comisión Ejecutiva de Atención de Víctimas de la CDMX.

Además, contarán con un plazo de 180 días naturales -después de que acepten la recomendación- para disculparse con las víctimas como parte de la redignificación de las víctimas en su comunidad.

Por su parte, la Secretaría de Salud deberá, también, diseñar material informativo dirigido a las mujeres privadas de su libertad con el objetivo de apoyarlas en la identificación de situaciones que pudieran ser de riesgo durante el desarrollo de servicios médicos.

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'Cuando Putin amenazó con armas nucleares, mis padres me dijeron que me fuera': ucranianos huyen por México a EU

BBC Mundo fue a la frontera entre Tijuana y San Ysidro, la más transitada del mundo. Allí conversó con ucranianos que llegaron a México con la intención de pasar a Estados Unidos aprovechando un "permiso temporal humanitario" de entrada.
1 de abril, 2022
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“Cuando Putin amenazó con usar armas nucleares, mis padres me dijeron: ‘¡Huye lo más lejos que puedas!”.

A Nataliya*, de 30 años, lo más alejado posible de su ciudad en Ucrania, Mykoláiv, le pareció entonces México.

Tenía amigos en el país y no exige visa de entrada a los ucranianos, solo una autorización que se puede solicitar online y que permite permanecer hasta 180 días en el territorio sin realizar actividades remuneradas.

Así que pensó que era la mejor opción para vivir segura, lejos de los ataques rusos, y seguir trabajando en lo suyo, como informática, de forma remota.

El 6 de marzo salió de Mykoláiv, a 65 kilómetros del mar Muerto, una urbe en la que los soldados ucranianos se mantienen firmes y están forzando a las tropas rusas a desplazarse hacia el este.

Hizo una parada inicial en la capital Kiev, siguió a Jmelnitski, en la región occidental, y de allí a Chernivtsí, en el sureste.

Cruzó la frontera hacia Rumanía y el 10 de marzo, en Bucarest, tomó un vuelo a Ciudad de México.

Tras dos semanas de vivir en Monterrey, la ciudad industrial del norte mexicano, supo que Estados Unidos no estaba expulsando a los ucranianos que ingresaban por tierra sin visa y que les estaba permitiendo permanecer hasta un año en el país.

“No es un estatus migratorio”, aclara Andrey Plaksin, un abogado estadounidense de origen ruso especializado en inmigración, visas y centrado en casos de familias. “Es un permiso temporal humanitario“.

Efectivamente, en un memorándum de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EE.UU. (CBP, por sus siglas en inglés) fechado el 11 de marzo se habla de “excepción para ciudadanos ucranianos del Título 42”.

Es así como se conoce a una política instaurada por la Administración de Donald Trump (2017-2021) y mantenida por la de Joe Biden y que permite expulsar rápidamente a migrantes por la pandemia de covid-19 sin que puedan solicitar asilo.

“El Departamento de Seguridad Nacional reconoce que la injustificada guerra de agresión de Rusia en Ucrania ha creado una crisis humanitaria”, se lee en el documento.

Ante ello, “la CBP está autorizada, en conformidad con la orden del Título 42, caso por caso y en función de la totalidad de las circunstancias, incluidas las consideradas de interés humanitario, a exceptuar del Título 42 a los ciudadanos ucranianos en los puertos de entrada fronterizos terrestres”.

La excepción no se aplica a los centroamericanos, venezolanos, haitianos y migrantes de otras nacionalidades que tratan de acceder a diario al país por la frontera sur, lo que organizaciones que trabajan con migrantes están denunciando como doble estándar.

El jueves pasado el presidente Biden anunció que Estados Unidos acogerá a 100.000 refugiados ucranianos.

Y la Casa Blanca aclaró que serán recibidos a través de “una gama completa de vías legales”, incluido el programa de admisión de refugiados, que puede conllevar el otorgamiento de una residencia permanente, y que otros recibirán el “permiso humanitario”.

Hasta 800 al día

A uno de esos pasos fronterizos que menciona el memorándum acudió Natalyia el pasado viernes, a la garita de San Ysidro.

Situado entre Tijuana, en el estado mexicano de Baja California, y el condado de San Diego, en EE.UU., es el cruce fronterizo más transitado del mundo. Lo atraviesan al año unos 6 millones a pie y 13 millones con vehículo.

Coches en el cruce fronterizo de San Ysidro el 25 de marzo de 2022.

BBC Mundo
La garita de San Ysidro es el paso fronterizo más transitado del mundo.

La encontramos allí, del lado mexicano, poco antes de las 10 de la mañana, con una maleta y su gato metido en una caja rosada. Una vez en EE.UU., su plan era dirigirse a Sacramento, en California, donde dijo tiene familia.

Con ella, junto a la puerta giratoria custodiada por agentes de la CBP, al costado de una cola que crecía por momentos, había una treintena de ucranianos.

Eran madres con niños, parejas, padres solos, familias enteras que huyeron tras la invasión o a quienes lo que el presidente Vladimir Putin llama “operación militar especial” los agarró en el extranjero y decidieron no regresar hasta que acabe.

“Es así todos los días”, le contó a BBC Mundo el abogado Alex Tovarian, de origen ruso y que ejerce en San Francisco. “Un grupo grande acaba de pasar, de familias con hasta cinco niños”.

Él y otros voluntarios que hablan ruso o ucraniano les asisten, explicándoles en qué consiste la medida que adoptó EE.UU. y qué documentación deben presentar cuando los retienen para interrogarles durante hasta dos horas.

Otros les ofrecen mandarinas, agua y barritas de cereal.

Son hasta 800 al día, apuntó Tovarian.

Fila en la garita de San Ysidro el 25 de marzo de 2022.

BBC Mundo
Los ucranianos esperan a un costado de la fila para cruzar el paso fronterizo de San Ysidro.

De octubre de 2021 a febrero, la CBP interceptó a poco más de 1.300 ucranianos a lo largo de la frontera entre México y EE.UU., de acuerdo a los datos públicos de la agencia. Pero la información no está actualizada en su página web con los números de este mes.

BBC Mundo solicitó a la CBP la cifra de los ucranianos a los que se les garantizó el “permiso temporal humanitario de ingreso” —un sello que dice parole en su pasaporte—, pero al momento de publicar esta nota sigue sin respuesta.

Sello del "permiso temporal humanitario" de estancia en EE.UU. para ciudadanos Ucranianos.

BBC Mundo
El sello que garantiza a los ucranianos permanecer durante un año en Estados Unidos.

“Suelen llegar por su cuenta, en vuelos a Cancún o Ciudad de México”, le confirmó a BBC Mundo el cónsul honorario de Ucrania en Baja California, Pedro Ramírez Campuzano.

“No suelen acudir a nosotros, no se registran en el Consulado y no tenemos cómo saber cuántos están llegando”.

“No quería que mi hija oyera las bombas”

Del radar del Consulado escaparon, por ejemplo, una mujer de 31 años, delgada y rubia, que nos encontramos en el cruce de San Ysidro y no dejaba de acariciar la cabeza de su hija de 9.

Hablaba algo de inglés y, mientras apretaba a la menor contra ella y sin despegarse del abogado Plaksin, contó escuetamente su odisea.

“Somos de Donetsk”.

La ciudad pertenece a la región del Donbás y fue, como la vecina Lugansk, tomada por separatistas prorrusos en 2014 y el pasado 22 de febrero Putin reconoció a ambos como estados independientes de Ucrania.

“Salimos cuando se anunció la invasión y cruzamos cinco países antes de llegar aquí”.

Así lo hizo también la familia formada por Federik, un joven rubio que en Ucrania tenía una empresa que minaba bitcoins, su esposa, la pelirroja Viktoriia, y la hija de 4 años de ambos, Monika.

“Encendí el celular y me entraron de golpe decenas de mensajes de amigos diciéndome que había empezado la guerra. Empacamos nuestras cosas en 20 minutos y nos fuimos“, recordó Federik. “No quería que mi hija oyera las bombas”.

Federik, Viktoriia y su hija Monika en el cruce fronterizo de San Ysidro el 25 de marzo de 2022.

BBC Mundo
Federik, Viktoriia y su hija Monika viajaron durante seis días en coche de su ciudad en Ucrania hasta Estambul.

Se metieron cinco personas en un auto y condujeron durante seis días desde Vyshneve, a dos kilómetros al sur de Kiev, hasta Estambul, donde vive la hermana mayor de Viktoriia. “Tratamos de hacer una media de 500 km al día”.

Desde la capital de Turquía volaron a Cancún, en el Caribe mexicano, y luego a Tijuana.

“Llegamos anoche, en el vuelo de las 11 de la noche. Dormimos, desayunamos y nos vinimos a hacer fila”.

Se sienten privilegiados. “Son muchos los que se quedaron en Ucrania. Algunos de nuestros amigos, luchando. Hay mucha destrucción, ciudades enteras”.

Viktoriia, quien apenas habla inglés, asentía, mientras Monika se agarraba a sus piernas.

“¿Y a su hija le hablan de la invasión?”, les preguntamos.

“Sí, le contamos la verdad”.

“¿Y ella qué dice?”.

Pregunta sobre su guardería: “¿Van a destruirla?”. Dice que echa de menos a los abuelos y cuando vemos imágenes de la guerra en la televisión quiere saber si es en nuestra ciudad. Le decimos que sí”.

Estamos en ‘shock’

Contando eso estaba Federik cuando se unieron a la espera dos mujeres con tres menores, de 9, 11 y 12 años, uno de ellos con parálisis cerebral, postrado en un coche para niños.

Cargaban bolsas, algo de comida, uno de los niños lleva un oso de peluche bajo el brazo.

Oso de peluche en el paso fronterizo de San Ysidro el 25 de marzo de 2022.

BBC Mundo
Las familias cargan con bolsas con comida, maletas, juguetes de niños.

Ukraine“, nos dijo una de las dos mujeres, que prefirió reservarse el nombre, nada más nos dirigimos a ella.

Con la ayuda de una voluntaria que se ofreció a hacer de traductora, supimos que salieron de Odesa, la tercera ciudad de Ucrania y el puerto marítimo más importante del país, al segundo día de la invasión, el 25 de febrero.

Se dirigieron a Moldavia y de allí a Rumanía. Viajaron en autobuses y trenes, con los niños, el coche, las bolsas.

Tras su paso por México, el objetivo es llegar a Nueva York, donde una de ellas tiene familia.

“¿Creen que los rusos atacarán Odesa?”, les preguntamos.

“Sí”, respondieron sin dudar, aunque estos días su ciudad trata de recuperar la cotidianeidad, en parte como desafío a las tropas rusas, en parte por necesidad.

Dijeron estar “en shock, sin poder creer lo que está pasando. “No entendemos nada. Ambos países somos hermanos, una familia“.

“Somos dos países iguales”, concordó Federik, atento a la conversación. “Escuchamos la misma música, vemos los mismos programas en la tele, compartimos problemas, la corrupción. Nos entendemos”.

3 días en un búnker, 16 personas en total

Recién casados en el cruce fronterizo de Tijuana-San Ysidro, entre México y Estados Unidos, el 25 de marzo de 2022.

BBC Mundo
Los recién casados Artem y Kate, de 23 años, estaban de luna de miel en Madrid cuando supieron que Rusia invadió su país.

Artem y Kate, de 23 años, hacían fila con las mascarillas puestas. Desarrollador inmobiliario él, cuidadora de niños ella, también son de Odesa.

Pero a ellos la invasión los agarró fuera del país: en Madrid, de luna de miel. Y optaron por no volver.

También a Alex, un hombre de mediana edad con los ojos claros y el pelo muy corto. Él estaba trabajando en Pensilvania, EE.UU.

Su esposa y sus dos hijos, de 9 y 15 años —que ahora hacían cola junto él—, estaban en ese entonces en Glevakha, a 15 kilómetros de la base aérea de Vasilkov que Rusia atacó con misiles.

Y se decidió a sacarlos de allí.

“Salieron el 26 de febrero y pasaron una semana en distintos lugares de Ucrania. Permanecieron tres días en un búnker, un garaje, 16 personas en total“.

Luego cruzaron la frontera hacia Rumanía. Allí les esperaba Alex.

Ya reunida, la familia viajó a Polonia.

Alquilaron un apartamento en Gdansk por unos días que pagaron “a un precio como de Nueva York”, y cuando supo de la excepción al Título 42, vio que la solución pasaba por viajar a México.

“Yo tengo pasaporte estadounidense, pero ellos no. Como no estamos casados, hasta ahora no podía traerlos, pero con el permiso humanitario se nos abrió una oportunidad”.

Viacheslav en el cruce fronterizo de San Ysidro el 25 de marzo de 2022.

BBC Mundo
Viacheslav viaja solo. Su mujer y su hija de 2 años se quedaron en Haití, con la familia materna.

A eso aspira también Viacheslav.

Casado con una haitiana a la que conoció en su ciudad Kropyvnitskyy, a donde ella había llegado a estudiar medicina, la guerra los agarró de viaje.

Tras dos años de pandemia sin poder salir del país, habían ido a visitar a la familia de su esposa a Haití y a presentarle a la hija que tuvieron en Ucrania. De allí, fueron a las islas Turcas y Caicos, y fue donde los agarró la invasión.

Decididos a no regresar a su país, él tomó rumbo a México, para aprovechar la coyuntura y probar a establecerse en EE.UU.

Su esposa y la niña se quedaron en Haití, ya que México exige visa de entrada a los haitianos.

Fue la última historia que escuchamos del lado mexicano de la frontera.

Nos avisaron que pronto iban a dejar pasar a otro grupo de ucranianos, así que nosotras también nos dispusimos a hacer fila.

Tres banderas

Era larga pero iba rápido. En menos de media hora cruzamos la puerta giratoria, mostramos la visa y el pasaporte a los agentes migratorios y nos vimos fuera del edificio del CBP, observando la bandera de EE.UU., la de California y la de McDonald’s ondear una al lado de la otra.

La bandera estadounidense ondea junto a la de California y la de McDonald's junto al cruce fronterizo de San Ysidro el 25 de marzo de 2022.

BBC Mundo
La bandera estadounidense ondea junto a la de California y la de McDonald’s.

Al poco rato cruzó Alex, con dos maletas, pero sin familia.

Su esposa y sus dos hijos tardarían dos horas en salir por la puerta, con sendos sellos que les permiten quedarse hasta un año en territorio estadounidense.

Junto a ellos salieron también la madre e hija de Donetsk, acompañadas siempre del abogado, y las dos mujeres con tres niños originarios de Odesa.

Natalie Moores, una abogada estadounidense de origen ucraniano esperaba allí para echarles una mano y ponerlos en contacto con la Jewish Family Service de San Diego, una de las organizaciones que asisten con el alojamiento y el transporte.

“Empecé a hacerlo el 7 de marzo, de forma voluntaria, y desde entonces vengo todos los días, como si fuera un trabajo”, le contó a BBC Mundo.

“Veía imágenes de la guerra en la televisión y pensé que, como hablo ucraniano, ruso e inglés, les podía ayudar. Ahora a veces les acompaño en el cruce, otras les espero de este lado”.

Viacheslav también logró cruzar. Lo encontramos sentado, con frío, comiéndose un sándwich.

“Quiero quedarme y tratar de traerlas. Buscar trabajo”. Lo intentará en Miami, donde vive una tía de su mujer.

Posó para la foto bajo la bandera estadounidense, sosteniendo su pasaporte ucraniano.

Nos preguntó si los tranvías iban hacia San Diego y se marchó.


*Texto y fotos: Leyre Ventas. Con el reporteo de Liliet Heredero.

*Nombre ficticio.


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