FGR quiere dar carpetazo a asesinato de estudiantes del Tec: familiares
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Cuartoscuro

'FGR quiere que el caso quede en el olvido', denuncian familias de los estudiantes del TEC asesinados por militares en 2010

Familiares denuncian que la FGR dará carpetazo en los próximos días a una de las varias acusaciones abiertas en contra de los soldados que participaron en el homicidio de los jóvenes universitarios.
Cuartoscuro
16 de julio, 2021
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Dos años después de que el gobierno de López Obrador ofreciera una disculpa pública a los familiares de los dos alumnos de excelencia del Tecnológico de Monterrey, Jorge Antonio Mercado Alonso y Javier Francisco Arrendo, asesinados el 19 de marzo de 2010 a manos de militares, este 15 de julio las familias dieron a conocer que la Fiscalía General de la República (FGR) se desistirá de una de las acusaciones que le imputan a los soldados. 

Por el asesinato de los estudiantes se abrió una carpeta de investigación por el delito de homicidio en contra de los soldados implicados, que fue judicializada y sigue vigente, aunque todavía sin una sentencia firme a 11 años del asesinato. Y otra carpeta por el delito de portación y acopio de armas de fuego. Esta es la acusación de la que se va a desistir la FGR por falta de pruebas. 

Rosa Elvia Mercado, madre de Jorge Mercado y activista, explicó en entrevista con Animal Político que se enteró del desistimiento de la FGR por una llamada telefónica el sábado pasado. En esa llamada, la mujer cuenta que la Fiscalía le pidió a ella, como víctima, que aportara evidencias en contra de los soldados en un plazo de 10 días hábiles. De lo contrario, cerrarían la acusación. 

“Yo les dije: ‘pero, oigan, si nosotros no somos licenciados, ni mucho menos investigadores’. Nosotros no podemos hacer su trabajo”, plantea Rosa Elvia, que asegura que la respuesta que le dieron fue que en ese caso buscara un asesor jurídico en la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV). 

“Apenas hasta hoy (jueves) se nombró al asesor. Pero, ¿qué podemos esperar? ¿Qué mañana se estudie en un solo día todo el expediente para ver qué se puede hacer con la investigación? Eso es imposible”, señala la activista, que a continuación denuncia tajante: “Todo está preparado con alevosía y ventaja para dejarnos sin tiempo ni margen de maniobra, y se cierre la carpeta”. 

Aunque por ahora la otra carpeta, la del homicidio, sigue vigente, Rosa Elvia dice que los familiares de los jóvenes asesinados temen que este primer desistimiento de la FGR pueda ser un primer paso para darle “carpetazo” a todo el caso, tras más de una década de impunidad. 

“Creemos que lo que están buscando es que el caso se quede en el olvido, o que nosotros nos muramos y ya se acabe este asunto. Parece que es a eso a lo que le están apostando”, asegura. 

En la noche del 19 de marzo de 2010, Jorge y Javier fueron asesinados en las inmediaciones del Tec de Monterrey por elementos del Ejército, quienes enfrentaban a supuestos criminales y abatieron a los dos jóvenes argumentando que eran sicarios. Incluso, modificaron la escena del crimen y colocaron armas en los cuerpos de las víctimas para comprobar su supuesto vínculo delictivo.

“Quieren proteger a los militares”

Por el homicidio de los estudiantes y por el montaje de los militares, que trataron hacerlos pasar pos sicarios, la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, ofreció una disculpa pública en marzo de 2019 y se comprometió a una reparación integral a los familiares. 

“A nombre del Estado mexicano, les ofrezco una disculpa pública por la violación de sus derechos humanos y del uso excesivo de la fuerza, razón por la cual elementos del Ejército mexicano privaron de la vida a Jorge Antonio Mercado Alonso y Javier Francisco Arredondo. Les ofrezco una disculpa por el daño a la imagen y el honor de Jorge y Javier, derivadas de las falsas acusaciones de las autoridades y por la alteración de la escena de los hechos”, expresó Sánchez Cordero a los padres de los estudiantes asesinados. 

“El Estado reconoce que

“Quieren que el caso quede en el olvido”, denuncian familias de los estudiantes del TEC asesinados por militares en 2010

eran estudiantes del Tec de Monterrey, no sicarios”, agregó en ese entonces la secretaria, que también destacó la “lucha” de los padres y familiares contra “el dolor, sufrimiento, impunidad y el trato indigno que le dieron a sus hijos”.

Leer: Dos estudiantes muertos, la guerra contra el narco y un Estado fallido en 108 minutos

Dos años después de esas palabras de la funcionaria federal, Rosa Elvia dice sentirse decepcionada porque, tras la disculpa del Estado, los familiares de los jóvenes esperaban que por fin se hiciera justicia. 

“Cuando se produjo la disculpa, nosotros ya pensábamos que todo se iba a arreglar por fin, que se iba a llegar a la justicia completa. Porque así nos lo prometieron: que se iba a por la justicia integral, completa. Y que la disculpa solo era el primer paso. Pero, desgraciadamente, se hizo y luego se paró todo”.

“No sabemos el por qué -añade la madre de Jorge Mercado-, pero con todo esto nos están dando a entender que quieren proteger a los militares y que no están pensando en nosotros, las víctimas, ni en todo el sufrimiento que tenemos”. 

Javier y Francisco eran estudiantes de posgrado que llegaron de Saltillo a Monterrey para continuar con sus estudios gracias a una beca de excelencia. 

En el caso de Javier, llegó al TEC de Monterrey en 2007 con puntaje de excelencia y estudiaba un doctorado en Ciencias de la Ingeniería, mientras que Jorge Antonio llegó en 2008 gracias a un programa de becas de excelencia a la división de ingenierías, donde estudiaba una maestría en Sistemas de Manufactura. 

El sábado 20 de marzo de 2010, los padres de los jóvenes viajaron a Monterrey y les informaron que los cuerpos de los jóvenes estaban en el Servicio Médico Forense. 

“Nuestras vidas cambiaron. Tuvimos que enfrentar la pérdida y las preguntas que aún hacían más grande nuestro dolor sobre si nuestros hijos eran sicarios. Nos hemos tenido que acostumbrar a estar sin Jorge, hemos tenido que aprender a vivir sin él”, comentó Rosa. 

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Día de Muertos: Pomuch, el pueblo de México donde sacan los cadáveres para limpiar sus huesos

La tradición de un pequeño pueblo en Campeche de limpiar los restos de sus familiares antes de cada 1 de noviembre atrae la atención desde hace décadas incluso de turistas.
1 de noviembre, 2021
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Atención: este artículo contiene imágenes que pueden herir la sensibilidad de algunos lectores.

Al entrar por primera vez en el cementerio de Pomuch es probable sentirse incómodo e incluso asustado al creerse observado por la atenta mirada de decenas de cráneos.

Aunque, durante esos primeros minutos de la visita, la persona que pasea por los estrechos y laberínticos callejones de este camposanto puede estar más preocupada incluso por no tocar y mucho menos tirar al suelo involuntariamente alguna de las cajas que contienen -y muestran- los huesos de los cadáveres.

Porque sí, en este poblado del estado de Campeche, en el sureste mexicano, los restos óseos de los fallecidos descansan todo el año en cajas entreabiertas que reposan en sus nichos del cementerio.

Sin embargo, es en esta época del año, justo antes del Día de Muertos, cuando sus vecinos protagonizan otra curiosa tradición que atrae a cientos de turistas: la limpieza de los huesos de sus familiares.

Este ritual, que en maya se conoce como Choo Ba’ak, se celebra en el pueblo desde hace al menos 150 años, según Hernesto Pool, promotor local de esta tradición.

“Nos basamos en la cosmología maya, que aseguraban que los muertos tenían más allá de una vida. Con esta tradición de tenerle culto a los muertos, entendemos que existe vida después de la muerte, que existe el paso del inframundo y luego regresa de nuevo”, le explica a BBC Mundo.

Cráneo en cementerio de Pomuch

Marcos González

El proceso de limpieza

Pomuch pertenece al municipio de Hecelchakán, un caluroso y tranquilo lugar en la península de Yucatán.

Map

El ambiente relajado que se percibe en su cementerio ayuda a que, pasados unos minutos, vaya desapareciendo ese impacto inicial durante una primera visita al lugar.

Desde mediados de octubre, parientes de los fallecidos acuden para hacer la limpieza de huesos de sus difuntos y tenerlos listos para el 31 de octubre y 1 de noviembre, días en los que se cree que regresan los niños y los adultos respectivamente.

Cementerio de Pomuch.

Marcos González

Las familias conversan tranquilamente entre sí mientras lo realizan. La mayoría trae flores y velas para adornar el nicho y también bellos paños bordados o pintados con flores y el nombre del difunto, sobre el que reposarán los huesos limpios y que permitirá retirar el usado el año anterior.

“Con la limpieza es como si se les bañara y con el nuevo paño es como cambiarles la ropa, porque están a punto de venir de visita y tienen que estar preparados. Las veladoras se ponen para que vean el camino y puedan regresar con nosotros”, cuenta Ricardo Yam, quien trabaja pintando los nichos y que se encarga cada año de limpiar los huesos de uno de sus gemelos, fallecido al nacer hace 28 años y por el que se sigue emocionando cuando lo recuerda.

Ricardo Yam

Marcos González
Ricardo Yam trabaja como pintor en el cementerio de Pomuch.

A algunos vecinos, sin embargo, les resulta duro ocuparse personalmente de limpiar los huesos de sus familiares, por lo que piden ayuda a personas como Venancio Tuz, sepulturero del cementerio.

Con asombrosa rapidez y tranquilidad, don Venancio limpia de manera mecánica el conjunto de huesos de quien se lo pide en menos de 15 minutos.

Uno a uno, va retirando el polvo de cada hueso con ayuda de una brocha y los vuelve a depositar en su caja sobre el paño nuevo.

Limpieza de huesos

Marcos González

“El orden para limpiarlos es como si ellos estuvieran parados (de pie), de abajo para arriba. Por eso a los lados de la caja van las costillas, luego los huesos de pierna y brazos, y lo último es el cráneo que va arriba en el centro. El cabello, como ve, nunca se pierde”, relata a BBC Mundo, sin dejar ni un minuto su trabajo.

El sepulturero cuenta que al menos deben pasar tres años desde la muerte de la persona para poder realizar la primera limpieza de huesos, una vez que el cuerpo se ha descompuesto.

Don Venancio

Marcos González
Don Venancio lleva 20 años limpiando huesos de cadáveres del cementerio.

Entiende que su trabajo no sea apto para todos. Cuenta que realizarlo “costaba al principio”, pero que ya está más acostumbrado tras 20 años dedicándose a ello. Durante estas semanas puede llegar a limpiar hasta 15 cuerpos al día. A cambio, pide 30 pesos (US$1,5).

Frente a él, dos jóvenes extranjeras observan el ritual en silencio mientras graban con su teléfono. Hay más localidades en la zona con tradiciones similares, pero es Pomuch la que atrae más atencion de turistas, especialmente desde que su práctica fue nombrada Patrimonio Cultural Intangible del estado de Campeche en 2017.

Cráneo en cementerio de Pomuch

Marcos González

El futuro de la tradición

Uno de los cuerpos limpiados por don Venancio es el del hermano de Carmen Naal. Ella dice que normalmente se suele encargar su marido, pero que este año decidió pedir ayuda al sepulturero ante el poco tiempo que quedaba para el 1 de noviembre.

“Además, esta vez están más sucios de lo habitual porque el año pasado no pudimos hacerlo por la pandemia y porque falleció mi mamá. Así que este año no podíamos faltar”, comparte con una sonrisa.

Carmen Naal

Marcos González
Carmen Naal acudió al cementerio para preparar a todos sus familiares tras no poder hacerlo en 2020 por la pandemia.

Esta vecina de Pomuch habla con pasión de esta tradición de la que siente gran orgullo. Para ella, la limpieza de huesos es un momento “muy íntimo y cercano, sientes como que estás abrazando con amor de nuevo a tu familia”.

La visita a este cementerio está marcada también por los alegres y llamativos colores que decoran los nichos, muchos de los cuales son pintados de nuevo antes del Día de Muertos.

“Se pintan y limpian como si fuera una casa en miniatura. Es como si los muertos se cambiaron de casa y hay que visitarles”, compara Naal.

Cementerio de Pomuch.

Marcos González
Cementerio de Pomuch.

Marcos González

Ella se muestra esperanzada de que la tradición no desaparezca con las nuevas generaciones y asegura que a sus hijos les ha inculcado que quiere que sigan la tradición con ella una vez que muera, pero lo cierto es que apenas se ven jóvenes en el cementerio.

Una de ellas es María José, una adolescente que acompaña a su mamá y que asegura que continuará la tradición cuando ella no esté.

Ligia y M. José

Marcos González
Ligia se esfuerza en que su hija María José continúe con la tradición de la limpieza de huesos.

Su madre, Ligia Pool, asiste a una de las limpiezas que probablemente sea más impactante: la de un bebé.

De su hija, fallecida recién nacida hace tres décadas, se conservan pocos restos pero se adivina su edad por el tamaño de los mismos y unas pequeñas botitas de tela que luce en la limpieza.

“Platicamos con ellos, es como si los tuviéramos con nosotros. Murió su cuerpo, pero la persona sigue con nosotros y estos días son para festejarlos a ellos. Por eso los padres inculcamos esta tradición a los hijos, yo le digo a la niña: ‘esta es tu hermana, aquí está con 30 años, como si fuera ayer…'”, dice conteniendo el llanto.

Cuando se le pregunta a Hernesto Pool si comprende que muchas personas no entiendan su tradición, responde sin dudar. “Esto no es algo macabro, no es algo de miedo. En Pomuch no se adora a la muerte, se le respeta y se da el valor que merece, que es el paso de la vida”.

Cráneo en cementerio de Pomuch

Marcos González

Sea como fuere, quienes ocupan este cementerio continuarán tras el Día de Muertos asomando parte de sus cráneos desde sus cajas como símbolo de que “están en vigilancia, pendientes de nosotros con su mirada al frente y viendo hacia nuestro mundo”, según el promotor local.

Es en esa posición que esperarán por 12 meses a ser meticulosamente limpiados por sus seres queridos. “Y es que yo creo que los muertos de Pomuch no mueren hasta que nosotros los olvidamos. Por eso la importancia de esta tradición”, concluye Pool.

Cementerio de Pomuch.

Marcos González

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