Sin agua, padres alistan regreso a clases en la montaña de Veracruz
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Alistan regreso a clases en la montaña de Veracruz; papás acarrean agua para los baños

Maestros y padres alistan el regreso a clases, pero se enfrentan a falta de agua, fallas en la electricidad y miedo a los contagios de COVID.
Especial
Por Dalila Sarabia y Manu Ureste
19 de agosto, 2021
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En el municipio de Paso del Macho, en la zona montañosa de Veracruz, hay muchas dudas sobre el regreso a las clases presenciales. Por un lado, por los contagios de covid que se han multiplicado en la región, y por el otro, el hecho de que las escuelas no tienen las condiciones mínimas en materia de infraestructura y servicios.

Es el caso de la telesecundaria Quetzalcóatl ubicada en la comunidad de San José Balsa Camarón (La Colmena) y que no cuenta con agua potable. Para ir al sanitario los alumnos deben llevar su cubeta de agua.

Desde hace 10 años, autoridades del plantel que atiende en promedio a 90 jóvenes de entre 13 y 15 años, han solicitado apoyo a las autoridades de la SEP y del gobierno de Veracruz, sin embargo, ninguna de sus solicitudes ha sido atendida.

Lee: ‘Estamos a ciegas’: maestros crean sus protocolos sanitarios para el regreso a clases

“No puedo decir que estamos preparados (para volver) y estamos viendo la manera de que los papás vayan en las tardes a ayudarnos a llenar algunos botes y que los chicos lleven sus propias cubetas… son las alternativas que tenemos puesto que no hay respuesta de las autoridades de los diversos oficios que se han girado”, lamentó la profesora Guadalupe García.

“Otra de las cosas es que la luz no está en buenas condiciones y sí nos preocupa porque ahorita que vamos a trabajar durante el verano las temperaturas alcanzan los 37 grados, entonces sí es una condición bastante difícil para iniciar el ciclo escolar”.

Al paso de los años han sido los propios alumnos, padres de familia y docentes quienes han tratado mejorar -en la medida de sus posibilidades- la telesecundaria. La maestra, con once años de experiencia, explicó que han organizado rifas para tener material y arreglarla, además de algunas donaciones que han recibido como varillas y cemento. Son los padres de familia quienes hacen los trabajos.

A pesar de que esta situación se ha repetido año con año, en plena pandemia de COVID-19 se acentúa porque dadas las condiciones del plantel no hay garantía para, al menos, cumplir con las reglas mínimas para hacer frente al virus: lavado permanente de manos, sana distancia y espacios ventilados.

“Por medio de la presente se le pide de su intervención para obtener el apoyo de mantenimiento y mejoramiento de infraestructura escolar, puesto que no se tienen los requerimientos necesarios como: sanitarios, estanque de agua potable, mobiliario, protecciones, impermeabilizante, domo, cableado de luz y pintura.

“Desde hace más de seis ciclos escolares se han realizado las gestiones para recibir apoyo, sin embargo, no se han tenido respuestas favorables y los padres han mantenido en manera de lo posible la escuela, como bien saben es prioridad garantizar una estancia adecuada para un retorno seguro a la escuela”, se lee en el oficio que el director de la telesecundaria Quetzalcóatl envió al director general de espacios educativos de Veracruz, Ricardo García Jiménez y que tiene acuse de recibido el 3 de junio de 2021.

Un oficio similar -y de los cuales tiene copia Animal Político- se presentó esa misma fecha en la Coordinación de atención ciudadana del gobierno de Veracruz. A la fecha, ninguno ha sido atendido.

“Hemos ido a la ciudad de Xalapa, que es donde se encuentra el secretariado de educación, pero no nos han atendido, somos una escuela que no ha tenido recursos aunque se han estado gestionando año con año”, reprocha la docente.

“A otra telesecundaria que está en el centro de la capital ya le dieron todos los insumos. En menos de un año le colocaron 14 salones, canchas, sala de cómputo, les pusieron techado… también es una telesecundaria y su ventaja es que están en la capital, nuestra desventaja es que nosotros no estamos ahí”.

Incluso, los daños reportados en el sismo de 2017 nunca fueron atendidos a pesar de que se enviaron documentos con fotografías de lo que se necesitaba reparar.

El temor de los padres 

Al inicio del ciclo escolar pasado los padres de familia sí querían que sus hijos volvieran a la escuela presencial, pero ahora ya no porque a lo largo de los meses han visto cómo más y más gente de su comunidad se ha contagiado e incluso ha perdido la vida.

“Como ven que ahorita los contagiados son en su mayoría personas jóvenes y niños, adolescentes, ellos tienen demasiado miedo, sobre todo porque en el municipio subieron demasiado los índices y bueno, pues ellos están temerosos, como con miedo porque no saben”, agrega Guadalupe.

Leer más | Participación de padres, detección de COVID y apoyo emocional: la nueva guía para el regreso a clases

“Están preocupados de esa situación porque ellos se dan cuenta de que no existen las condiciones”.

De momento ella y sus compañeros buscan alternativas en las que puedan seguir dando clases, quizá en un modelo híbrido, en tanto tienen información más clara de la SEP porque no se tiene ninguna certeza de cómo será el regreso a las aulas.

Además, esperan la posición oficial del gobierno de Veracruz pues las autoridades informaron que si el 29 de agosto observan que contagios en el estado siguen al alza no se permitirá el regreso presencial a las escuelas.

Buscan opciones

En comparación con otras ciudades y municipios del país, en el municipio de Paso del Macho, Veracruz, la conexión a internet es deficiente, por lo que desde el inicio de la pandemia los maestros de la telesecundaria Quetzalcóatl tuvieron que buscar alternativas a fin de que sus alumnos no se atrasaran ni abandonaran sus estudios. En esta zona es prácticamente imposible hacer una videollamada o utilizar plataformas como Zoom o Classroom.

Con el apoyo de fotocopias y con visitas, casa por casa, los maestros de esta escuela lograron mantener la matrícula, aunque desde principios de 2021 algunos estudiantes dejaron de participar.

Según cuenta Guadalupe, los padres de los jóvenes referían que dado el momento económico por el que atravesaban les servían más trabajando que estudiando.

Al término del ciclo escolar pasado en su mayoría los estudiantes volvieron, así que para el próximo -que debe empezar el próximo 30 de agosto- se deben encontrar opciones para que ninguno de ellos deserte, por lo que, ante la falta de información de la SEP, los maestros han delineado una propuesta de trabajo que garantice un regreso a clases sin ningún riesgo.

“No existe un plan que nosotros digamos ‘wow, esta es una muy buena opción’, entonces lo que nosotros hacemos es hacer reuniones y ahí decir propuestas que nos puedan servir para cuidar al alumnado, cuidarnos nosotros, y llevar a cabo el trabajo si es que la SEP indica que hay que volver de manera presencial porque hasta ahorita no hay algo oficial que nos explique”, detalló la maestra.

“Al final al maestro es el último eslabón y pues ellos dicen ‘¡soluciónenlo!’”.

Además de la falta de agua en el plantel, una preocupación que tienen es lograr la sana distancia para que el aire corra en las aulas, así que han propuesto que los grupos sean de seis u ocho alumnos. Que un día vayan presencial y se lleven a casa actividades que realizar y que deben entregar dos días después que es cuando volverían a la escuela. En los otros días irían otros grupos reducidos de estudiantes.

Ni plan, ni organización

Alicia, de 30 años, es maestra en un kínder de un municipio de la zona centro de Veracruz. Como la totalidad de los maestros y maestras, cuenta que tuvo que reinventarse con el estallido de la pandemia en México. Las clases a distancia no están siendo nada sencillas. Especialmente en un municipio donde, según datos del Coneval, 7 de cada 10 habitantes viven en condiciones de pobreza y el acceso a internet y a la televisión es muy limitado y costoso para economías que dependen en buena medida del trabajo en el campo.

Contener la deserción escolar ha sido una labor titánica, sobre todo al principio de la crisis, plantea Alicia. Aunque con el paso de la pandemia, y ante la perspectiva de que la crisis sanitaria llegó para quedarse durante un buen tiempo, a docentes y padres no les ha quedado más remedio que abrazar el sistema de educación a distancia.

“Cuando se empezó a ver que los plazos de la pandemia se iban alargando, los mismos padres dijeron: ‘pues hay que echarle ganas a las clases a distancia, porque si no vamos a seguir desperdiciando ciclos’”.

Aunque las clases por televisión no prosperaron entre sus alumnos –“los padres me decían que no le sirve a los niños, que se distraen mucho y que no entienden las tareas”, Alicia elaboró su propio sistema para dar clases: recopila el material didáctico en hojas sobre los temas que va a abordar en la semana, una madre se encarga de hacer las copias durante el fin de semana, otra las reparte entre el resto de padres del kínder, y los viernes da una clase virtual para analizar los resultados de las tareas, atender las dudas, y reforzar los contenidos.

“Solo puedo darles clase los viernes porque la mayoría de las familias no tiene servicio de internet en sus casas -expone Alicia-. Todo es por recarga de teléfono y sería muy costoso para ellos estar poniéndole saldo todos los días para las clases”.

Ahora, con el anuncio de la vuelta de las clases presenciales, la incertidumbre del panorama escolar no se ha disipado. Al contrario, subraya la maestra, a pocos días del regreso a las aulas dice que aún no tiene claridad de qué responderle a los padres y madres que acuden con ella a preguntarle cómo se llevará a cabo el proceso de vuelta.

“Las autoridades educativas de Veracruz aún no nos han mandado ningún documento en donde se diga que nos tenemos que presentar en el kínder, ni ningún protocolo que tengamos que seguir. Hasta ahora, no hay organización, ni ningún plan”.

“Lo único que nos dijeron -agrega- es que la decisión de volver se dejó en manos de las supervisoras de zona, y las supervisoras lo dejaron en manos de los directores de los planteles, y así se van pasando la bolita unos a otros. Y todo para que, al final, seguramente se deje en manos de los padres de familia, que serán los que decidan si mandan o no a sus hijos a las escuelas”.

“Sin agua en las aulas no se puede regresar”

Por ahora, a falta de que les den instrucciones más precisas, Alicia dice que ella y las otras dos maestras del kínder harán precisamente eso: reunir a los padres, exponerles la situación, y que ellos sean quienes tengan la última palabra.

“Creemos que es lo más conveniente -recalca Alicia-. Que los padres decidan si regresamos, porque ellos también tienen que hacerse corresponsables. Es decir, tienen que estar al pendiente de si un niño muestra síntomas, pues no mandarlo a la escuela, por ejemplo. Además, tendrían que aportar dinero para comprar suministros, gel antibacterial, desinfectantes para limpiar el kínder, etcétera”.

Otro punto que preocupa es el tema del agua en la escuela. “Hay días que cae, otros que no, y otros que un hilito”, explica Alicia, que añade que esta situación fue la que impidió que regresaran a las clases presenciales antes de que terminara el anterior ciclo escolar. “Los mismos padres de familia dijeron que sin agua en las aulas no se podía regresar”.

Por el momento, Alicia dice que las familias con las que ha hablado se han mostrado más favorables por seguir alargando una temporada más las clases virtuales, aunque hay padres y madres que necesitan que sus niños vuelvan al colegio porque se les dificulta mucho tenerlos en casa mientras ambos salen a trabajar.

“Los padres nos dicen que, como son niños muy chiquitos de preescolar, es muy difícil controlar que no se quiten el cubrebocas, o que no se anden tocando la cara y la boca. Entonces por eso se la piensan mucho. Muchos prefieren que el niño siga con las clases a distancia y no arriesgarlo a que se enferme en la escuela y pueda contagiar al resto de la familia”.

Además, Alicia plantea que no solo está el tema del miedo a los contagios en la escuela. Otro tema importante en este asunto es que muchos de los menores llegan al kínder de comunidades vecinas, mientras que las maestras, como la propia Alicia, tienen que subirse a diario a un autobús lleno de personas, sin buena ventilación, y por supuesto sin sana distancia, para llegar al kínder, y luego emprender la vuelta a casa, donde la espera su familia.

“Yo también tengo dos niñas, y claro que también siento miedo”, subraya Alicia, que, como madre, asegura que ya tiene decidido que no enviará a sus hijas a la escuela por el momento.

“Si finalmente los docentes tenemos que regresar a las clases presenciales, no tendré de otra más que ir a mi trabajo y arriesgar, aunque no quiera. Pero en el caso de mis hijas, no. A ellas no las voy a exponer. Se quedarán en casa un poco más”, concluye Alicia.

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Iquitos, ciudad escondida en la selva que se convirtió en 'isla bonita' de la población LGTB de Perú

En un país que no reconoce la unión entre personas del mismo sexo ni el cambio de identidad, el colectivo LGTB ha encontrado un colorido refugio en la selva amazónica.
29 de junio, 2022
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Ser una persona LGTB no es fácil en Perú.

Según muestran varios informes internacionales y el testimonio de personas homosexuales, la situación de este colectivo puede mejorar mucho.

Las leyes peruanas impiden el matrimonio y cualquier unión civil entre personas del mismo sexo y no se permite el cambio de identidad legal a las personas trans.

Un estudio de la ONG Promsex realizado en 2016 encontró que ocho de cada 10 estudiantes LGTB dijo sufrir acoso verbal por su condición sexual en la escuela, mientras uno de cada cinco refirió agresiones.

Y Perú ocupaba el puesto 71 en el índice global de igualdad que publica Equaldex, una red estadounidense que comparte datos de asociaciones LGTB en todo el mundo. Solo Bolivia y Paraguay mostraron una opinión pública más hostil a los no heterosexuales en Sudamérica.

Pero hay un lugar en el que las cosas son un tanto diferentes, según cuentan sus propios habitantes.

Es Iquitos, una ciudad de cerca de 150.000 habitantes, capital del Departamento de Loreto, en mitad de la Amazonía peruana y a la que solo se puede llegar en avión desde Lima.

“Aquí uno puede ser quién realmente es”, cuenta en conversación con BBC Mundo Carlos Vela, homosexual residente en Iquitos.

“En general, la aceptación es muy buena. Muchos visitantes europeos dicen cuando vienen que hay tanta tolerancia como en Europa”, corrobora Silvia Barbarán, activista que lleva años trabajando con personas LGTB en la ciudad.

Qué hace diferente a Iquitos

No es casualidad que la marcha del Orgullo Gay de Iquitos haya ganado fama como una de las más concurridas y coloridas de Perú.

“Aquí celebramos el Orgullo con mucho calor”, comenta Carlos. El calor húmedo de la Amazonía anima a los participantes a mostrar un desparpajo difícil de imaginar en otros lugares de Perú en los que el clima social no es tan abierto.

Valery La Mas es una mujer transexual que se mudó a Iquitos hace cinco años desde Leticia, la ciudad colombiana en la que nació. “En Colombia estamos mejor que en Perú, pero en Iquitos se ha avanzado mucho en los últimos años”.

“Aquí las mujeres trans tenemos alternativas a trabajar en la prostitución”, indica.

En esta ciudad rodeada de vegetación y flanqueada por dos afluentes del Amazonas, no es difícil encontrar negocios de peluquería y estética regidos por personas LGTB y la hostelería local emplea a mujeres trans en sus cocinas.

Map

Es un ambiente muy distinto al que reflejan los informes de Promsex o el que retrató la película “Retablo” en 2017.

En ella, el cineasta Álvaro Delgado Aparicio contaba a través de la historia de un artesano la crueldad que a veces pueden alcanzar los comportamientos homofóbicos en las pequeñas comunidades montañosas de los Andes.

El ambiente cálido y exuberante de la selva contrasta con el frío y la austeridad del paisaje andino, una diferencia que a menudo se refleja también en el carácter de la gente.

La riqueza de la selva amazónica y la sensualidad de sus culturas ancestrales, así como los contactos frecuentes con poblaciones de Brasil, han sido algunos de los factores a los que se ha aludido para explicar la mayor tolerancia de Iquitos.

“Siempre fue más fácil ser LGTB en la selva, quizá porque allí hay una cultura prehispánica que tolera mejor la idea de los tres géneros”, comenta Jorge Chávez, del Movimiento Homosexual de Lima.

No en vano, Iquitos y otros lugares de la selva se convirtieron en el refugio de las personas LGTB que en la década de 1980 huyeron de las campañas de “limpieza social” lanzadas contra ellas por los grupos armados de extrema izquierda MRTA y Sendero Luminoso, que dejaron decenas de muertos en matanzas aún recordadas como la de Tarapoto en mayo de 1989.

Campesinos con sus mulas, en la época de Sendero Luminoso.

MARIE HIPPENMEYER
La violencia de Sendero Luminoso y el MRTA contra los no heterosexuales desplazó a muchos de sus hogares.

Norma Muller, antropóloga de la Pontífica Universidad Católica del Perú, apunta que “la población de la selva es más abierta al amor y a la diversidad sexual, porque no lo asocian con el pecado, como ocurre en la tradición cristiana”.

Quizá el menor peso de la religión en estos territorios sea una de las razones por las que este lugar se convirtió en refugio para los perseguidos por la homofobia y hoy sea en palabras de Valery La Mas, la “isla bonita para los LGTB peruanos”.

Pero a sus 64 años, Silvia Barbarán recuerda que las cosas no siempre fueron fáciles. “Incluso en los medios locales era frecuente escuchar alusiones despectivas a los no heterosexuales”.

“Todo empezó a cambiar a partir de 2002, cuando comenzó a desarrollarse un movimiento con muchas asociaciones y un gran trabajo de educación y concienciación”.

Barbarán cuenta como la unión hizo la fuerza. “Una de las claves fue que todas las asociaciones íbamos juntas a protestar cada vez que se producía un episodio de discriminación. Cuando a una mujer trans le negaban la atención en el centro médico, salíamos todas las asociaciones con protestas en las calles y denuncias en los medios”.

“Así se fue ganando espacio, y ahora gais y trans tienen mucha visibilidad”.

Indígenas junto a una choza en la selva amazónica.

Getty Images
La diferente actitud ante la vida de los pueblos de la selva ha sido citada como una de las razones de la mayor tolerancia en Iquitos.

La bandera del VIH

Silvia Barbarán es una de las heterosexuales que se ha convertido en uña y carne con las personas LGTB.

En 2001 contrajo el virus del VIH y decidió lanzarse a concienciar a sus vecinos de los riesgos de una enfermedad que todavía hoy muestra una alta prevalencia en la región de Loreto.

Así montó Lazos de Vida, la asociación en la que atiende a niños portadores del virus, lo que la puso en contacto con muchos activistas LGTB comprometidos en la misma causa.

“El movimiento gay fue muy activo en educar a la población en que había que protegerse del virus. Eso ayudó mucho, porque la gente empezó a ver que no eran personas dedicadas solo a la fiesta, sino vecinos implicados en su comunidad”.

Su labor presionó además al gobierno en Lima para extender los tratamientos antirretrovirales contra el VIH, que entonces eran muy difíciles de encontrar en Iquitos.

Años de activismo y movilización desembocaron en la aprobación en 2010 de una ordenanza regional que reconocía una protección especial y una participación reforzada del colectivo LGTB. Más tarde se acompañó de una estrategia para la prevención del acoso escolar por motivos de género en las escuelas.

Barbarán concluye satisfecha que “hoy hay un movimiento LGTB muy fuerte”.

Un movimiento que en los años de la pandemia, cuando Perú era uno de los países que más sufría el golpe de la covid, recurrió a la imaginación para celebrar la fiesta del Orgullo sin violar las restricciones de las reuniones públicas y organizó una marcha que, en lugar de discurrir en carrozas por el centro de la ciudad, lo hizo en pequeñas embarcaciones por el río Itaya, uno de los que rodean Iquitos.

En 2022, tras una larga espera, el Orgullo volvió a tierra firme. “Vienen muchas familias, como antes de la pandemia”, celebra Barbarán.

Retos pendientes

Pero incluso desde dentro de la comunidad LGTB iquiteña hay voces que advierten de que no se deben lanzar las campanas al vuelo.

El panorama general en el país no invita al optimismo.

Pedro Castillo y Keiko Fujimori, en un debate electoral.

Getty Images
Pedro Castillo y Keiko Fujimori coinciden en su rechazo a las uniones no heterosexuales.

Tras una larga batalla judicial, el Tribunal Constitucional volvió a rechazar recientemente el recurso presentado por Susel Paredes, una congresista que reclama que se reconozca su matrimonio con otra mujer celebrado en Estados Unidos.

Y el Congreso aprobó en mayo un proyecto de ley que según sus detractores impedirá el enfoque de género y la educación sobre la igualdad y la diversidad sexual en las escuelas peruanas.

El rechazo a la unión entre personas del mismo sexo es uno de los aspectos en los que coinciden el presidente Pedro Castillo y la que fue su rival en las últimas elecciones, Keiko Fujimori, una coincidencia en la que muchos aprecian el peso que tienen en Perú visiones conservadoras de la sociedad y la familia defendidas por las iglesias católica y evangélicas.

BBC Mundo trató de recabar la visión del Gobierno, pero el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables no respondió inmediatamente a una dolicitud de comentarios.

En la región de Loreto la prevención del VIH sigue siendo asignatura pendiente.

Es la segunda región con más casos del país solo superada por Lima Metropolitana.

Carol Carobi, funcionaria del Gobierno Regional y una de las pocas mujeres trans que ocupa un cargo público en el país, destaca que “los trans todavía estamos peor que los gais y seguimos conviviendo con el estigma también en muchos lugares de Iquitos”.

“Hemos empezado a ganar espacios, pero aún estamos en un proceso”.

Silvia Barbarán señala cuáles deben ser los próximos desafíos: “En los últimos años en Iquitos hemos avanzado muchísimo, pero el reto es ahora ocupar otros espacios en la sociedad, también los cargos políticos. Y para eso hay que estudiar”.


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