Biocombustible en México: luchar contra la burocracia y el crimen
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Biocombustible en México: la ardua lucha contra la burocracia, los impuestos y el crimen organizado

Los biocombustibles hechos con aceites vegetales prensados, especialmente los elaborados con aceite de cocina usado, podrían ayudar a que el sector del transporte público mexicano cambie a una era de energía más limpia y respetuosa con el clima, según informan investigadores y empresarios de la industria.
Cuartoscuro
Por Sandra Weiss / Mongabay Latinoamérica
21 de agosto, 2021
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México-. Dos veces por semana, Moisés Flores envía sus camionetas a recorrer grandes restaurantes y cadenas de comida rápida para recoger lo que, de otra manera, terminaría en la basura: aceite de freír usado. Puebla, su ciudad natal en el centro de México, es un foco gastronómico, que cuenta con muchos restaurantes, hoteles y escuelas de cocina que utilizan mucho aceite que puede convertirse en biodiésel para el sector del transporte.

México consume 1280 millones de litros de aceite de cocina por año. La mitad se utiliza en las industrias alimenticia y gastronómica, y el resto se usa en las casas. Hace una década, el aceite residual terminaba en la basura o se echaba a la pileta, lo que generaba un problema para las plantas de tratamiento de aguas residuales, que acababan con cañerías y sistemas tapados.

Luego, surgió el reciclaje y, en la actualidad, el aceite de cocina usado es una material por el que se les paga a los restaurantes, lo que resulta un cambio de paradigma organizado por emprendedores ecológicos, que son los pioneros en el movimiento del biodiésel en México. Moisés Flores es uno de ellos.

Moises Flores with a test tube sample of his biodiesel
Moisés Flores, emprendedor del biodiésel e ingeniero, con una muestra de su biodiésel, hecho con aceite de cocina usado, en la oficina de su fábrica, Amro, en Puebla, México. Imagen: Sandra Weiss.

Reciclar aceite de cocina en beneficio del clima

“Estoy resolviendo dos problemas ambientales —declara Flores—. Estoy sacando residuos de circulación y convirtiéndolos en combustible limpio y respetuoso con el clima”. El hombre de 32 años habla desde su fábrica en el oeste de Puebla y recuerda cómo se le ocurrió la idea hace una década. México entonces comenzaba a tomar más en serio las acciones sobre el clima y a establecer sus primeras reformas en energía, después de haber sido el país anfitrión de la cumbre mundial del clima COP16, celebrada en Cancún en el 2010. Ese compromiso aumentó aún más tan solo cinco años después, cuando México definió su compromiso voluntario de reducción de carbono en los términos del Acuerdo de París.

“Se abrió una ventana para el biodiésel”, recuerda Carlos Campos, presidente del Consejo Nacional del Biodiésel, que reúne a más de dos docenas de emprendedores además de otros grupos de accionistas.

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Pero agrega que “el cambio ha sido frustrantemente lento”. Eso se debe, en gran parte, a que “México —según Campos— nunca ha legislado una cuota mínima de mezcla de biodiésel, como lo han hecho Europa o muchos estados de Estados Unidos”.

Explica que la Unión Europea reguló y dio un fuerte apoyo a la creación de una mezcla de biodiésel, lo que facilitó un mercado nuevo, aunque en lugar de utilizar aceite usado de vegetales prensados, respaldó el éster metílico de semillas de canola, que es más compatible con motores sensibles, en especial, los de los automóviles con motor diésel.

El Gobierno mexicano jamás instituyó cuotas, normas ni mezclas. Sin regulaciones que los apoyen, los emprendedores tuvieron que hacer todo prácticamente solos, y nunca hubo un auge de biodiésel en México como el que hubo en la UE.

No obstante, los empresarios con mentalidad ecológica, como Campos y Flores, se volcaron con entusiasmo al nuevo sector: crearon una red de recolección del aceite de cocina residual, desarrollaron la tecnología para procesarlo y establecieron un mercado para el biodiésel ecológico.

Amro employees
Con frecuencia, los empleados de Amro recolectan el aceite de cocina usado de restaurantes locales y lo llevan a la fábrica de Amro, donde es convertido en biodiésel. Imagen: Sandra Weiss.

El padre de Flores se ocupaba de la chatarra, por lo que la idea de reciclaje estaba en los genes de su hijo. Los estudios de Ingeniería del joven en la Universidad estatal de Puebla (cuna de la industria automotriz en México) lo pusieron en contacto con los motores. Aprendió que el aceite prensado (obtenido mediante el prensado de frutos o semillas) era un combustible mucho más eficiente de producir que, por ejemplo, el éster metílico de semillas de canola o que el etanol, utilizado a veces como aditivo en los motores de gasolina.

Y, a diferencia del automóvil eléctrico, que sigue en desarrollo, el aceite de cocina reutilizado no requería de la construcción de un motor nuevo con baterías pesadas ni de la extracción de metales raros.

Los aceites de vegetales prensados son ideales para usar en el motor Elsbett, inventado a finales de los setenta, pero también pueden utilizarse como una mezcla en motores diésel comunes más antiguos. La mayoría de las flotas de autobuses y de transporte de carga de Puebla funciona con diésel, así que es un mercado disponible. Los académicos también creían que el biodiésel podía ser un combustible alternativo y respetuoso con el clima para los países emergentes, como México. Eso convenció a Flores.

Un buen combustible de transición para países en desarrollo

“Los países emergentes no podrán introducir los eléctricos de la noche a la mañana —sostiene la científica Georgina Coral Sandoval—. Nuestra flota de vehículos necesita 30 años para ser renovada”. Sandoval lidera el clúster de biodiésel de segunda generación en el Centro de Investigación y Asistencia en Tecnología y Diseño del Estado de Jalisco (CIATEJ), en Guadalajara. “Por lo tanto, necesitamos tecnologías de transición que nos permitan reducir emisiones también en motores convencionales”, dice.

Por esa y otras razones, las condiciones están dadas en México para el uso de biodiésel fabricado a partir de aceite vegetal prensado. El clima (en gran parte templado, pero no muy húmedo) también ayuda. El frío espesa el biodiésel y, en temperaturas cercanas a los cero grados, el aceite de cocina se coagula y obstruye los filtros de los vehículos, y estos ya no funcionan. Demasiada humedad causa problemas de hongos y moho, y arruina rápido el combustible.

Carlos Campos and Georgina Coral Sandoval
Carlos Campos, presidente del Consejo Nacional del Biodiésel, y la investigadora Georgina Coral Sandoval del Centro de Investigación y Asistencia en Tecnología y Diseño del Estado de Jalisco (CIATEJ), en Guadalajara, México. Imagen: Sandra Weiss.

Realizando investigaciones en el depósito de su padre y en el laboratorio de la universidad, Flores consiguió los filtros adecuados y utilizó con éxito un proceso conocido como la cavitación magnética para limpiar el aceite de residuos de una manera que, además, ahorra energía. Introdujo el control de calidad, ya que el aceite impuro con muy poca lubricidad puede dejar inutilizable un motor diésel. Eso es lo que sucedió en los primeros tiempos del biodiésel en México, lo que alejó a los clientes.

Flores probó su prototipo de combustible en su propio vehículo diésel. “Ando 100 % a biodiésel”, señala con orgullo. Explica que, si bien el combustible requiere de un mantenimiento más frecuente del motor, hasta el momento no ha experimentado problemas.

magnetic cavitation cylinders
Moisés Flores, comerciante de biodiésel e ingeniero, frente a sus cilindros de cavitación magnética, en Puebla, México. Imagen: Sandra Weiss.

Muchos clientes y un revés impositivo

Flores se contactó con potenciales consumidores (principalmente, empresarios de autobuses y camiones) y con posibles proveedores de aceite residual (en su mayoría, cadenas de comida rápida). Y el negocio empezó a tener éxito, fundamentalmente, según explica flores, por motivos económicos: su biodiésel es 10 % más económico que el diésel convencional en la gasolinera y tiene casi el mismo alcance.

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En la actualidad, Flores paga un poco menos de 7 pesos (35 centavos de dólar) por un litro de aceite de cocina usado, mientras que un litro de biodiésel se vende por 12 pesos (60 centavos). En teoría, eso es un margen de ganancia sólido, pero el Estado se queda con 4 pesos (20 centavos) en concepto de impuestos, por lo que el empresario conserva solo 1 peso (5 centavos) de ganancia. Esto se debe a una reforma impositiva del 2013, que no le dio ninguna ventaja al biodiésel sustentable, sino que lo gravó a la misma tasa que los combustibles fósiles convencionales.

“Eso fue un gran contratiempo. Ese impuesto nos destruyó económicamente a muchos de nosotros”, sostiene Campos. Entonces, desde un punto de vista financiero, los empresarios sobreviven al operar en una zona legal gris y clasifican el biodiésel de aceite vegetal como un “aditivo para combustible”, y así su venta queda exenta del impuesto al aceite mineral. Pero esto tiene sus problemas: las empresas que operan en la zona gris no utilizan cartelería promocional ni tienen presencia en internet para publicitar el uso de biodiésel de aceite residual. Amro, la empresa de Flores, publicita de manera oficial su producto como un “aditivo para combustible”, principalmente, en redes sociales.

Existe otra razón prudente para ser tan cauteloso: una organización criminal violenta del sector de la gasolina en México no solo accede de manera ilegal a las tuberías y secuestra camiones cisterna, sino que también asalta a los productores o los chantajea para eliminar la competencia.

Empleados vertiendo aceite de cocina usado y filtrado en tanques más grandes. Imagen: Sandra Weiss.

Demoras en la regulación estatal

El problema principal, sin embargo, continúa siendo el Gobierno mexicano, que aún no ha establecido un conjunto de regulaciones coherentes para una transición de los combustibles fósiles.

Existen raíces históricas de este problema: en 1938 el entonces presidente Lázaro Cárdenas nacionalizó la industria petrolera que, en aquel momento, estaba en manos de empresas estadounidenses. Se fundó la empresa estatal Pemex, y esta se convirtió en un factor impulsor en la modernización e industrialización del país, en especial después del descubrimiento del petróleo costa afuera en el golfo de México. Pemex también se convirtió en un proveedor importante de moneda extranjera y de ingresos presupuestarios. Sin embargo, en la década del noventa, Pemex perdió su competitividad debido a la corrupción, politización y a una burocracia excesiva.

La reforma energética del 2013 aflojó el monopolio estatal del combustible y permitió más competencia en el sector de la energía, bajo la supervisión de una autoridad regulatoria autónoma. Al principio, las energías renovables, apoyadas por el sector privado, experimentaron un auge. Pero eso cambió de repente en el 2018 cuando Andrés Manuel López Obrador subió al poder. Sus críticos sostienen que él quiere llevar a Pemex de regreso a los días del monopolio estatal del petróleo y que su política energética depende en gran medida de los combustibles fósiles.

“Desde entonces, el biodiésel se ha convertido en un tema tabú”, afirma Campos. Si bien algunos funcionarios están interesados en tecnologías amigables con el medioambiente, otros quieren más impuestos en las arcas del Estado, o tan solo temen cometer errores y prefieren no hacer nada, según explica. “Entonces, estamos atrapados”, concluye Campos.

Empleados filtran aceite de cocina usado recién recolectado. Imagen: Sandra Weiss.
Bidones de aceite de cocina apilados en la fábrica Amro. El cierre de restaurantes durante la pandemia provocó una escasez de aceite de cocina residual, lo que frenó la producción del biodiésel. Imagen: Sandra Weiss.

Distintas ONG medioambientales, como Salva la Selva, han señalado múltiples contradicciones en las políticas gubernamentales sobre el sector del biodiésel. Criticaron un programa destinado al fracaso, perteneciente al ministerio de Agricultura mexicano, que alentaba a los campesinos a plantar jatrofas (ricas en aceite) en el estado de Chiapas. El Gobierno estableció allí una fábrica de biodiésel en el 2012 y convenció a los granjeros de cultivar 14 000 ha (aproximadamente 34 600 acres) de jatrofas.

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“Tal como ocurrió en Tanzania y en India, el experimento terminó en un desastre” debido a la falta de estudios previos sobre el cultivo y la rentabilidad de esas plantas silvestres, según escribe Salva la Selva en un informe. “Las semillas germinaron mal, las plagas atacaron las plantaciones, y solo el 10 % de las plantas sobrevivió”, afirma el documento. Al año siguiente, los granjeros disgustados cultivaron plantas alimenticias, y la fábrica de biodiésel se pudre en la selva tropical.

La competencia por la tierra con los cultivos de plantas alimenticias sigue siendo un obstáculo grande para el biodiésel en México. “Necesitamos más investigación para encontrar otras y mejores materias primas ”, admite Sandoval, quien está experimentando con levadura y con organismos unicelulares. Algunos colegas de ella están trabajando con algas. Pero la celulosa o los desperdicios de las fábricas de tequila o de las curtidurías también podrían funcionar. “Sin materia prima suficiente, es imposible construir una industria del biodiésel”.

¿Una solución amigable con el clima para ciudades contaminadas?

Los productores de biodiésel tienen otra esperanza y es que su producto pueda ofrecer algo de alivio a un problema urbano catastrófico: las ciudades de México están ahogadas por los gases de escape. En Ciudad de México, la contaminación del aire es peligrosa y riesgosa para la salud, aunque la ciudad capital ha extendido las bicisendas o ciclovías y, desde hace décadas, es obligatorio que todos los vehículos descansen una vez por semana.

A pesar de estas medidas, la flota vehicular de la ciudad está aumentando. Hay cinco millones de automóviles registrados en el área metropolitana de veinte millones de habitantes. Según Sandoval, el 80 % de los contaminantes del transporte provienen de motores diésel.

Claudia Sheinbaum, jefa de gobierno de Ciudad de México, quien representó al país en un panel de expertos del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU, quiere disminuir de manera drástica esas emisiones. Anunció un plan para reducir las emisiones del transporte en un 30 % para el final de su mandato en el 2024. Otras ciudades, incluidas Guadalajara y Puebla, tienen planes similares.

“Estaría satisfecho si los 5000 autobuses diésel que brindan el servicio municipal en Ciudad de México funcionaran con un porcentaje de biodiésel”, afirma Campos. Un pase al biodiésel en las ciudades ofrecería un sustento fundamental a la industria de energía alternativa, que continúa luchando.

La COVID-19 tuvo un impacto en el negocio, ya que algunos restaurantes cerraron o están operando al mínimo, lo que reduce la provisión de aceite de cocina residual. Amro vendía hasta 200 000 litros por semana antes de la pandemia. Eso se redujo a 50 000 litros debido al colapso de la provisión de aceite de freír residual.

Sin embargo, aún no está claro hasta qué punto puede mejorar el aire de la ciudad con el biodiésel. Hartmut Schneider, especialista en motores y profesor en la Universidad de las Américas en Puebla (UDLAP), señala que, si bien la mezcla de biodiésel disminuye las emisiones de carbono, no reduce otros contaminantes tóxicos producidos durante la combustión del motor diésel, tales como el monóxido de carbono, los óxidos de nitrógeno que producen esmog, e hidrocarbonos cancerígenos.

Moises Flores and Hartmut Schneider
El líder de la empresa Amro, Moisés Flores, y el ingeniero/profesor Hartmut Schneider debaten sobre el proceso de cavitación magnética para purificar el aceite de cocina usado y convertirlo en biodiésel de calidad. Imagen: Sandra Weiss.

¿Podrían las mezclas nuevas ofrecer una solución?

El reciclaje de desperdicios y la creación de una economía circular, así como el sentido común de transformar el desperdicio en materia prima renovable, continúan siendo argumentos sólidos a favor del biodiésel.

Pero, en México, no solo hay menos aceite de cocina en el mercado en la actualidad (probablemente, un problema temporal), sino que existe una feroz batalla emergente por el que está disponible. El biodiésel tiene una competencia fuerte: los productores nacionales de alimentos para animales.

El aceite de cocina usado tiene un alto contenido calórico, por lo que es popular para engordar animales. Debido a que las empresas de alimentos para animales tienen un margen mayor de ganancia, pueden pagar más por la materia prima que lo que pueden pagar los fabricantes de biodiésel.

Otra política está agravando la escasez de materia prima. “En consecuencia, algunos productores de biodiésel importaban aceite de cocina viejo desde Estados Unidos, Canadá o Asia —explica Campos—. Pero, durante el nuevo Gobierno , las licencias de importación no fueron renovadas. Solo un puñado de empresas tienen permitido importar combustible a México”.

Sandoval propone una mezcla de aceites como solución. “Los productores brasileños han tenido buenas experiencias con una mezcla de 60 % aceite vegetal, 5 % aceite de cocina viejo y 35 % grasa animal… Esta mezcla nos permitiría expandir en gran medida la provisión de biodiésel”.

Por supuesto que primero debería expandirse la capacidad de producción. Según Campos, en la actualidad, la capacidad a nivel nacional está en dos millones de litros de biodiésel por mes. Si el Gobierno estableciera una cuota del 5 % para el biodiésel, se necesitarían dos millones de litros por día.

Un empleado vacía un contenedor de aceite de cocina usado sobre una tela de filtrado; es la parte mecánica del proceso de purificación. Imagen: Sandra Weiss.

“El biodiésel solo es exitoso en países donde el Estado envía señales claras, como en Colombia o en la UE”, explica Campos, y agrega que hay cierta urgencia en el tema. “Si no conseguimos un avance para el 2024, estamos acabados” como industria. Esto se debe a que ya existen nuevas tecnologías en el mercado, como el aceite vegetal hidrogenado (HVO, por sus siglas en inglés), inventado por Neste, una empresa finlandesa.

Esta tecnología inyecta hidrógeno en aceites vegetales, por lo que puede procesar un aceite muy contaminado o de baja calidad. “México no tiene esta tecnología —advierte Campos—. Es muy costosa y demanda mucha energía, además de requerir refinerías operadas por especialistas”. Si el HVO cobra fuerza a nivel internacional antes de que México pueda fortalecer su industria local del biodiésel, los empresarios mexicanos, como Campos y Flores, podrían terminar quebrando y se perdería una importante oportunidad en materia de sustentabilidad.

Nota publicada originalmente en Mongabay Latinoamérica

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Cómo persuadir a quienes dudan de las vacunas contra COVID

Catalogar a quienes dudan de si vacunarse o no de ignorantes o egoísta es demasiado simplista y no ayuda a que cambien su posición. Te explicamos a qué debes estar atento si quieres establecer un diálogo con alguien que no está convencido.
29 de julio, 2021
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Las redes sociales están plagadas de publicaciones que desacreditan a quienes dudan sobre si ponerse o no la vacuna contra la covid-19, pero estas reacciones a un tema por demás complejo están haciendo más daño que bien.

No debería haber ninguna duda al respecto: las vacunas contra la covid-19 están salvando vidas.

Tomemos como ejemplo algunas estadísticas recientes de Reino Unido.

En un estudio que siguió a más de 200.000 personas, casi todos los participantes habían desarrollado anticuerpos contra el virus dentro de las dos semanas posteriores a su segunda dosis.

Y a pesar de las preocupaciones iniciales de que las vacunas actuales puedan ser menos efectivas contra la variante delta, análisis sugieren que tanto la AstraZeneca como la Pfizer-BioNTech reducen las tasas de hospitalización en un 92-96%.

Como han repetido muchos profesionales de la salud, los riesgos de efectos secundarios graves de una vacuna son mínimos en comparación con el riesgo de la enfermedad en sí.

Aún así, un número considerable de personas sigue mostrándose reacia a aplicarse la vacuna. Según un informe reciente del Fondo Monetario Internacional, esta cifra oscila entre el 10% y el 20% de las personas en Reino Unido, a alrededor del 50% en Japón y el 60% en Francia.

El resultado se está convirtiendo en una especie de guerra cultural en las redes sociales, y muchos comentaristas afirman que los que dudan de la vacuna son simplemente ignorantes o egoístas.

Pero los psicólogos que se especializan en la toma de decisiones médicas argumentan que estas elecciones son con frecuencia el resultado de muchos factores complicados que deben abordarse con sensibilidad, si queremos tener alguna esperanza de alcanzar inmunidad a nivel de la población.

Cuestión de indecisión

Primero, hagamos algunas distinciones.

Protesta antivacunas en Madrid, España.

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Protesta antivacunas en Madrid, España.

Si bien es tentador suponer que cualquiera que rechace una vacuna tiene las mismas creencias, los temores de la mayoría de las personas que dudan de las vacunas no deben confundirse con las extrañas teorías de los antivacunas acérrimos.

“Son muy vocales y tienen una fuerte presencia fuera y dentro de internet”, dice Mohammad Razai, del Instituto de Investigación de Salud de la Población St George’s, de la Universidad de Londres, quien ha escrito sobre los diversos factores psicológicos y sociales que pueden influir en la toma de decisión de las personas sobre las vacunas.

“Pero son una minoría muy pequeña”.

La gran mayoría de quienes dudan de las vacunas no tienen una agenda política y no están comprometidas con una causa anticientífica: simplemente están indecisas.

La buena noticia es que muchas personas que inicialmente dudaban están cambiando de opinión.

“Pero incluso un retraso se considera una amenaza para la salud, porque las infecciones virales se propagan muy rápidamente”, dice Razai.

Esto habría sido problemático si todavía estuviéramos lidiando con las variantes más antiguas del virus, pero la mayor transmisibilidad de la nueva variante delta ha aumentado la urgencia de llegar a la mayor cantidad de personas lo más rápido posible.

Las 5 C

Afortunadamente, los científicos comenzaron a estudiar la vacilación respecto a las vacunas mucho antes de que se identificara por primera vez el SARS-Cov-2 en Wuhan en diciembre de 2019, y han explorado varios modelos que intentan capturar las diferencias en el comportamiento de la gente respecto a la salud.

Vacunas

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Uno de los más prometedores es el conocido como modelo de las 5C, que considera los siguientes factores psicológicos:

Confianza: la confianza de la persona en la eficacia y seguridad de las vacunas, los servicios de salud que las ofrecen y los responsables políticos que deciden su implementación.

Complacencia: si la persona considera que la enfermedad en sí misma es un riesgo grave para su salud.

Cálculo: la participación del individuo en una búsqueda extensa de información para sopesar los costos y los beneficios.

Conveniencia: qué tan fácil es para la persona en cuestión acceder a la vacuna.

Responsabilidad colectiva (que en inglés sería collective responsability, por eso es parte de las 5 C): la voluntad de proteger a los demás de la infección mediante la propia vacunación.

En 2018, Cornelia Betsch de la Universidad de Erfurt, en Alemania, y sus colegas pidieron a los participantes que calificaran una serie de declaraciones que medían cada una de las 5 C, y luego compararon los resultados con su aceptación de los procedimientos relevantes, como la vacuna contra la influenza o el VPH (virus del papiloma humano).

Efectivamente, descubrieron que las 5 C podían explicar la gran variedad en las decisiones de la gente y superaron constantemente a muchos otros predictores potenciales, como los cuestionarios que se centraban más exclusivamente en temas de confianza sin considerar los otros factores.

En una investigación aún no publicada, Betsch utilizó el modelo para predecir la aceptación de las vacunas contra la covid-19, y sus resultados hasta ahora sugieren que el modelo de las 5 C puede explicar en una gran medida la variación en las decisiones de las personas.

Habrá otros factores contribuyentes, por supuesto. Un estudio reciente de la Universidad de Oxford sugiere que el miedo a las agujas es una barrera importante para alrededor del 10% de la población.

Pero el enfoque de las 5 C ciertamente parece captar las razones más comunes de las dudas sobre las vacunas.

Sesgo de confirmación

Jessica Saleska, de la Universidad de California, Los Ángeles, señala que los seres humanos tenemos dos tendencias aparentemente contradictorias: un “sesgo de negatividad” y un “sesgo de optimismo” que pueden inclinar la balanza en las valoraciones de la gente sobre los riesgos y beneficios.

El sesgo de negatividad se refiere a la forma en que uno evalúa los eventos que escapan a su control. “Cuando te presentan información negativa, eso tiende a quedarse en su mente”, dice Saleska.

El sesgo de optimismo, por el contrario, se refiere a tus creencias sobre ti mismo, como por ejemplo creer que estás más en forma y más saludable que la persona promedio.

Vacuna contra la covid-19

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Las principales barreras siguen siendo las preocupaciones de los pacientes sobre los efectos secundarios y los temores de que las vacunas no se hayan probado adecuadamente.

Estos sesgos pueden funcionar de forma independiente, lo que significa que puedes concentrarte en los peligrosos efectos secundarios de las vacunas y, al mismo tiempo, creer que es menos probable que padezcas la enfermedad, una combinación que reduciría la confianza y aumentaría la complacencia.

Luego está el famoso sesgo de confirmación, que también puede distorsionar las percepciones de la gente sobre los riesgos del virus a través de la disponibilidad de información errónea de fuentes dudosas que exageran los riesgos de las vacunas.

Esta confianza en recursos engañosos significa que las personas que obtienen un puntaje alto en la medida de “cálculo” de la escala de las 5 C (las personas que buscan datos activamente) suelen ser más reacias a las vacunas que las personas que obtienen un puntaje más bajo.

“Si ya crees que la vacunación podría ser peligrosa, entonces buscas (en internet) escribiendo ‘¿es peligrosa esta vacuna?’. Por eso todo lo que vas a encontrar es información que confirma tu opinión anterior”, dice Betsch.

Contexto

Recuerda que estas tendencias psicológicas son extremadamente comunes. Incluso si has aceptado la vacuna, probablemente hayan influido en tu propia toma de decisiones en muchas áreas de la vida.

Ignorarlas, y asumir que quienes tienen dudas sobre la vacuna son de alguna manera deliberadamente ignorantes, es en sí una postura tonta.

Tampoco debemos olvidar los muchos factores sociales que pueden influir en la decisión de la gente: el factor “limitaciones / conveniencia” de las 5 C.

En pocas palabras, la percepción de que una vacuna es de difícil acceso solo desanimará a las personas que ya son reacias.

Cuando hablamos, Betsch sugirió que esto podría haber frenado la aceptación de la vacuna en Alemania, que tiene un sistema muy complicado para identificar quién es elegible en qué momento para recibir la vacuna.

Vacuna

Getty Images
Para algunos, el miedo a las agujas en un factor que pesa a la hora de tomar una decisión.

La gente respondería mucho más rápido, dice, si recibieran notificaciones automáticas.

Razai está de acuerdo en que debemos considerar la cuestión de la conveniencia, particularmente para aquellos en las comunidades más pobres que pueden tener dificultadas por los gastos y el tiempo que lleva el viaje a un centro de vacunación.

“Viajar hacia y desde allí puede ser un gran problema para la mayoría de las personas que reciben un salario mínimo o prestaciones por desempleo”, señala.

Es por eso que a menudo es mejor que las vacunas se administren en los centros comunitarios locales.

“Creo que ha habido evidencia anecdótica de que ha tenido más éxito en lugares de culto, mezquitas, e iglesias”.

Finalmente, debemos ser conscientes del contexto en que la gente toma decisiones, dice, como el racismo estructural que podría haber llevado a ciertos grupos étnicos a tener una menor confianza general en las autoridades médicas.

Es fácil descartar las decisiones de otra persona si no comprendes los desafíos que enfrentan en su vida cotidiana.

Desconfianza

No existe una solución fácil, pero las autoridades sanitarias pueden seguir proporcionando información precisa y fácil de digerir para abordar las principales preocupaciones.

Según un informe reciente del Instituto de Innovación en Salud Global (IGHI, por sus siglas en inglés) del Imperial College de Londres, las principales barreras siguen siendo las preocupaciones de los pacientes sobre los efectos secundarios y los temores de que las vacunas no se hayan probado adecuadamente.

Gráfico

Getty Images

Al considerar estos diferentes factores y las formas en que pueden estar influyendo en el comportamiento de las personas, también es útil examinar los diversos sesgos cognitivos que se sabe que influyen en nuestras percepciones.

Considera las dos primeras C: la confianza en la vacuna, la complacencia sobre los peligros de la enfermedad en sí.

Para la primera, los gráficos que muestran los riesgos relativos de las vacunas, en comparación con la enfermedad real, pueden proporcionar algo de contexto.

Para este última, Razai sugiere que necesitamos más educación sobre la historia del desarrollo de las vacunas.

El uso de ARNm en vacunas se ha estudiado durante décadas, por ejemplo, con largos ensayos que prueban su seguridad.

Esto significó que la técnica podría adaptarse rápidamente para la pandemia.

“Ninguna de las tecnologías que se han utilizado sería de ninguna manera dañina, porque hemos utilizado estas tecnologías en otras áreas de la atención médica y la investigación”, explica Razai.

Diálogo abierto

Sarah Jones, investigadora de doctorado que codirigió el informe IGHI, sugiere que será necesario un enfoque específico.

“Yo instaría a los gobiernos a que dejen de pensar que pueden llegar a la gran cantidad de nichos que existen con un mensaje de vacuna para el mercado masivo y que trabajen de manera más creativa con muchos socios de comunicación eficaces”, dice.

Eso podría implicar colaboraciones más estrechas con los modelos influyentes dentro de cada comunidad, dice, quienes pueden proporcionar “información consistente y precisa” sobre los riesgos y beneficios de las vacunas.

Conversación.

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Es importante establecer un diálogo para intercambiar opiniones.

Independientemente de cómo elijan divulgar la información, los servicios de salud deben dejar en claro que están participando en un diálogo abierto, dice Razai, en lugar de simplemente descartarlos.

“Tenemos que escuchar las preocupaciones de la gente, reconocerlas y darles información para que puedan tomar una decisión informada”.

Saleska está de acuerdo en que es esencial entablar una conversación bidireccional, y eso es algo que todos podríamos aprender al discutir estos temas con nuestros amigos y familiares.

“Ser respetuoso y reconocer sus preocupaciones. Creo que en realidad esto podría ser más importante que simplemente hablar de los hechos o las estadísticas”, indica.

“Muchas veces, se trata más de la conexión personal que de la información real que proporcionas”.

* Este artículo fue publicado en BBC Future. Haz clic aquí para leer la versión original en inglés.

* David Robson es autor de The Intelligence Trap: Why Smart People Do Dumb Things (La trampa de la inteligencia: por qué la gente inteligente hace cosas tontas”). Su próximo libro The Expectation Effect: Transform Your Health, Fitness, Productivity, Happiness and Ageing será publicado en 2022.


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