Testigos reconocen brutalidad policíaca contra mujer asesinada en Tulum
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Facebook: Victoria Esperanza Salazar

‘La tenían esposada, ya sometida’, testigos narran cómo fue la brutalidad policiaca contra Victoria en Tulum

La CNDH pide una reparación del daño e incluso una disculpa pública, por la brutalidad policiaca de cuatro elementos de la policía de Tulum.
Facebook: Victoria Esperanza Salazar
25 de agosto, 2021
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“Ya sometida y esposada, con las manos hacia atrás, la mujer policía la tenía con su rodilla colocada en el cuello y los otros tres policías no hacían nada, solo observaron sin auxiliarla”.

Ese es uno de los testimonios que recabó la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) sobre el caso de la mujer salvadoreña Victoria Esperanza Salazar Arriaza, de 36 años, quien murió a manos de la policía el pasado 27 de marzo de 2021, en Tulum, Quintana Roo.

Entérate: Refugiada por motivos de género y con dos hijas menores: así era Victoria, la mujer asesinada por policías en Tulum

La Comisión incluyó las voces de diferentes testigos de los hechos al emitir una recomendación (con fecha del 24 de agosto) al ayuntamiento de Tulum, Quintana Roo, para que haya una reparación del daño e incluso una disculpa pública, por la brutalidad policiaca de cuatro elementos de la Dirección General de Seguridad Pública y Tránsito de Tulum,  en contra de Victoria.

De acuerdo con un testigo, del que no se da su nombre, cerca de las 18:00 horas de ese 27 de marzo vio a Victoria corriendo en el estacionamiento de una tienda de conveniencia. Al ver una patrulla, “se subió a un coche que se encontraba abierto y estacionado en el exterior de ese negocio, por lo que los policías municipales, los cuales eran 3 hombres y 1 mujer, la sacaron del automóvil para detenerla”.

Después, otro testigo narró el momento en que ya cuatro policías tenían “sometida y esposada” a Victoria, y que una de las agentes puso su rodilla sobre su cuello, uso excesivo de la fuerza que a la postre provocaría su deceso.

Aunque no se detalla su identidad, se infiere que la CNDH incluso obtuvo el testimonio de policías. Uno de ellos contó que:

“Siendo aproximadamente las 19:20 horas… escuchamos vía radio que unos compañeros solicitaban un auxilio para el traslado de una femenina detenida, y requerían una patrulla con batea…. De inmediato nos trasladamos al lugar, tardamos aproximadamente 10 minutos en Ilegar. Yo me quedé a bordo de la camioneta…   ella (una agente) estaba agachada, tenía sus rodillas y sus manos sobre la espalda de la mujer, la cual supuse que era la detenida”. 

Entérate: Vinculan a proceso a policías de Tulum por el feminicidio de Victoria; permanecerán en prisión

Otros dos policías, continuó, “estaban parados junto de la patrulla… y no hacían nada, solo estaban parados, esperé un momento y me quedé en la patrulla”.

Luego “vi que mis compañeros comenzaron a cargar a la detenida, pude ver entonces que se trataba de una mujer… tenía las manos hacia atrás, estaba esposada, entonces me bajé de la patrulla para abrir la tapa de la batea”.

Otro testigo coincidió en señalar que aquella tarde “me encontraba en la base de seguridad pública de la Ciudad de Tulum, cuando solicitó apoyo de una compañera policía para la detención de una femenina, que estaba escandalizando en la avenida selva con calle Faisán, de la colonia Tumben Kah”.

Ya en el sitio, refirió que pudo ver “claramente”, por las condiciones de la detenida, cómo se hacía un uso excesivo de la fuerza”, y otros elementos “no hacían nada para ayudar a la detenida o impedir que la siguieran lastimando”. 

En su recomendación, la CNDH señaló que cuenta con elementos suficientes para determinar que hubo violaciones a los derechos humanos a la seguridad jurídica, a Ia integridad y seguridad personal, al trato digno y a Ia vida en agravio de Victoria, atribuibles a servidoras y servidores públicos de la Dirección General de Seguridad Pública y Tránsito de Tulum, Quintana Roo.

En un caso, apuntaron, con agravantes como las de que se hayan violentado los derechos de una persona en condiciones de vulnerabilidad, por el género, la condición migratoria de refugiada y Ia calidad de víctima de delito.

La agente que puso su rodilla sobre el cuello de Victoria, refirió la CNDH, “es responsable por la violación al derecho a la seguridad jurídica, a la integridad personal, al trato digno y a la vida de V, por el uso excesivo de la fuerza durante su detención”.

Los otros tres agentes, “son responsables de haber omitido brindar auxilio a V”, ya que es su responsabilidad garantizar los derechos a la seguridad e integridad personal, y Ia vida de las personas.

Mientras uno de los policías sujetaba los pies de la víctima, otra agente realizaba Ia maniobra que causó la muerte de Victoria, “por lo que, AR2, AR3 y AR4 (policías) dejaron de actuar con la debida diligencia y consecuentemente, por omisión, incumplieron con su deber de velar por la vida de V”. 

De acuerdo con la CNDH, existen evidencias suficientes para  concluir que los cuatro agentes involucrados  “incurrieron en acciones y omisiones susceptibles de ser investigadas por la Coordinación de Asuntos Internos del Municipio Tulum, Quintana Roo, o la autoridad con facultades para ello”.

El pasado 3 de abril se informó que cuatro policías implicados en el asesinato de Victoria  fueron vinculados a proceso por el delito de feminicidio. En la audiencia, el juez fijó como medida cautelar la prisión preventiva oficiosa por el término de que dure el proceso y otorgó 4 meses de investigación complementaria a los fiscales.

Salazar Arriaza tenía nacionalidad salvadoreña, era madre de dos hijas menores de edad y vivía en México como refugiada. Agencias internacionales como ONU Mujeres condenaron su asesinato y exigieron a las autoridades “llevar a cabo una investigación pronta e imparcial y en línea con los estándares de derechos humanos en la materia, como el Protocolo de Minnesota para la investigación de muertes potencialmente ilícitas”.

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El estudiante de medicina que se encontró el cadáver de su amigo en una clase de anatomía

La periodista y novelista nigeriana Adaobi Tricia Nwaubani escribe en este reporte especial para la BBC sobre la inquietante realidad detrás de algunos de los cuerpos "no reclamados" enviados a las escuelas de medicina del país.
4 de agosto, 2021
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La periodista y novelista nigeriana Adaobi Tricia Nwaubani escribe en este reporte especial para la BBC sobre la inquietante realidad detrás de algunos de los cuerpos “no reclamados” enviados a las escuelas de medicina de su país.

El estudiante de medicina Enya Egbe salió corriendo de su clase de anatomía llorando después de ver el cadáver con el que debía trabajar ese día.

No fue la reacción aprensiva de un joven ingenuo.

El estudiante de 26 años aún recuerda vívidamente la tarde de aquel jueves hace siete años en la Universidad de Calabar, en Nigeria, cuando estaba con sus compañeros de estudios alrededor de tres mesas de disección, con un cadáver en cada una.

Minutos después, gritó y corrió.

El cuerpo que su grupo estaba a punto de diseccionar era el de Divine, su amigo durante más de siete años.

“Solíamos ir a bailar juntos”, me dijo. “Había dos agujeros de bala en el lado derecho de su pecho”.

Oyifo Ana fue uno de los muchos estudiantes que salieron corriendo detrás de Egbe y lo encontraron llorando afuera.

“La mayoría de los cadáveres que usamos en la escuela tenían balas. Me sentí muy mal cuando me di cuenta de que algunas de las personas pueden no ser verdaderos criminales”, dice Ana.

Explicó que una mañana temprano había visto una camioneta de la policía cargada con cuerpos ensangrentados en su escuela de medicina, que tenía un depósito de cadáveres adjunto.

Egbe envió un mensaje a la familia de Divine, que resultó que había estado yendo a diferentes comisarías de policía en busca de su pariente después de que el joven y tres amigos fueran arrestados por agentes de seguridad cuando regresaban de una noche de fiesta.

La familia finalmente logró recuperar su cuerpo.

El impactante descubrimiento de Egbe puso de relieve tanto la falta de cadáveres disponibles en Nigeria para los estudiantes de medicina como lo que les puede pasar a las víctimas de la violencia policial.

Trauma

Entre los siglos XVI y XIX, por diferentes leyes en Reino Unido, se entregaban los cuerpos de los criminales ejecutados a las escuelas de medicina, un castigo que también promovió la causa de la ciencia.

En Nigeria, una ley actual entrega “cuerpos no reclamados” en depósitos de cadáveres del gobierno a las escuelas de medicina.

El estado también puede apropiarse de los cuerpos de los criminales ejecutados, aunque la última ejecución tuvo lugar en 2007.

Enya Egbe

Enya Egbe
Enya Egbe quedó impactado al descubrir en su clase el cadáver de su amigo

Más del 90% de los cadáveres utilizados en las escuelas de medicina de Nigeria son “criminales asesinados por disparos”, según una investigación de 2011 publicada en la revista médica Clinical Anatomy.

En realidad, esto significa que eran sospechosos matados a tiros por las fuerzas de seguridad.

Sus edades estimadas se encuentran entre los 20 y los 40 años, el 95% son hombres y tres de cada cuatro pertenecen a la clase socioeconómica más baja. No hay donaciones de cuerpos.

“Nada ha cambiado diez años después”, dice Emeka Anyanwu, profesor de anatomía en la Universidad de Nigeria y coautor del estudio.

‘Servicio de ambulancia’

El año pasado, el gobierno de Nigeria estableció paneles de investigación judiciales en diferentes estados para investigar las denuncias de brutalidad policial.

Esto fue en respuesta a las protestas provocadas por el video viral de otro joven presuntamente que murió por disparos del Escuadrón Especial Antirrobo (Sars) de la policía en el estado sureño de Delta.

Muchos de los que testificaron ante los paneles han hablado de familiares arrestados por agentes de seguridad y que desaparecieron.

En la mayoría de los casos, la policía se ha defendido diciendo que los desaparecidos eran ladrones armados que murieron en un tiroteo.

Sin embargo, el portavoz de la policía Frank Mba me dijo que no tenía conocimiento de ningún caso en el que la policía hubiera enviado cadáveres a laboratorios de anatomía o depósitos.

Nigeria

Getty Images
Las fuerzas de seguridad de Nigeria son acusadas de frecuentes abusos.

En un testimonio escrito presentado al panel judicial en el estado de Enugu, el comerciante Cheta Nnamani, de 36 años, dijo que había ayudado a los agentes de seguridad a deshacerse de los cuerpos de las personas a las que habían torturado o ejecutado durante los cuatro meses que estuvo bajo la custodia de Sars en 2009.

Dijo que una noche le pidieron que cargara tres cadáveres en una camioneta, una tarea conocida en el lenguaje de la detención como ‘servicio de ambulancia’.

Luego condujo al cercano Hospital Universitario de la Universidad de Nigeria (UNTH), donde Nnamani descargó los cuerpos. Fueron llevados por un asistente de la morgue.

Nnamani me dijo que luego lo amenazaron con la misma suerte.

En el depósito

En la ciudad sudoriental de Owerri, el depósito de cadáveres del Hospital Aladinma, de propiedad privada, dejó de aceptar cadáveres de presuntos delincuentes porque la policía rara vez proporcionaba identificación o notificaba a los familiares de los fallecidos.

Esto solía dejar al depósito de cadáveres atascado con los costos de mantenimiento de los cuerpos no reclamados hasta que cada pocos años el gobierno finalmente concedía permiso para entierros masivos.

“A veces, la policía intenta obligarnos a aceptar cadáveres, pero insistimos en que los lleven a un hospital del gobierno”, dice Ugonna Amamasi, administradora del depósito de cadáveres.

“Los depósitos de cadáveres privados no están autorizados a donar cuerpos a las escuelas de medicina, pero los depósitos de cadáveres del gobierno sí pueden”, agregó.

Familiares olvidados

Un abogado de alto nivel, Fred Onuobia, asegura que los familiares tienen derecho a recoger los cuerpos de los criminales ejecutados legalmente.

“Si nadie se presenta después de cierto tiempo, los cuerpos se envían a hospitales universitarios”, dice el defensor.

Pero la situación es peor con las ejecuciones extrajudiciales, ya que los familiares nunca se enteran de las muertes o no pueden localizar los cuerpos, afirma.

carro policia

AFP

Después de todo, fue solo por casualidad que la familia del amigo de Egbe, Divine, pudo darle un entierro adecuado.

La asociación de anatomistas de Nigeria ahora está presionando por un cambio en la ley que garantice que las morgues obtengan registros históricos completos de los cuerpos donados a las escuelas, y también el consentimiento de la familia.

También establecerá formas de alentar a las personas a donar sus cuerpos a la ciencia médica.

“Habrá mucha educación y mucha promoción para que la gente pueda ver que si donan su cuerpo, será por el bien de la sociedad”, cuenta el director de la asociación, Olugbenga Ayannuga.

En cuanto a Egbe, estaba tan traumatizado al ver el cuerpo de su amigo que abandonó sus estudios durante semanas.

Dice que imaginaba a Divine de pie junto a la puerta cada vez que intentaba entrar a la sala de anatomía.


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