Inició como protesta, ahora ambulantes toman pasillos del Metro en CDMX
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Dalila Sarabia

Inició como protesta, pero ahora vendedores ambulantes toman pasillos del Metro en CDMX

A 10 meses de la manifestación inicial, en pasillos y andenes del Metro ya no hay decenas de mujeres que protestan por la violencia económica de género, sino que son cientos de vendedores ambulantes que poco a poco se han ido apropiando de espacios.
Dalila Sarabia
Por Dalila Sarabia
14 de agosto, 2021
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Son las 18:30 horas del viernes 6 de agosto, cientos de personas han concluido su jornada laboral y se dirigen de vuelta a sus hogares. La mejor manera de hacerlo es usando el Metro —la columna vertebral del sistema de movilidad de la Ciudad de México— y donde ya no les resulta nuevo tener que esperar un poco más a que los trenes pasen (pues desde el incendio del 9 de enero pasado el sistema funciona en modo contingencia), así como tampoco es extraño tener que empujar un poco para poder abordar el convoy, lo que sí es nuevo es la presencia y grito de los cientos de ambulantes que se han instalado en pasillos y estaciones en donde igual venden chicharrones o congeladas, que dulces, accesorios para celulares, plantas y hasta brasieres y bóxer.

En septiembre de 2020 algunas decenas de mujeres ingresaron al Metro de la ciudad y en el piso colocaron algunas mantas en donde se sentaron para ofrecer en trueque su mercancía. La mayoría eran aretes o pulseras que ellas mismas hacían, incluso, ahí mismo. Se trataba de una protesta pacífica en contra de la violencia económica que viven las mujeres, una acción con la que buscaban hacerse visibles y alzar la voz. 

Su entrada y permanencia en las instalaciones del Metro no fue impedida por las autoridades del Sistema de Transporte Colectivo (STC), a cargo en ese momento de la exdirectora Florencia Serranía. La instrucción fue no confrontar.

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 A 10 meses de distancia, la instrucción sigue siendo la misma “no confrontar”, sin embargo, en pasillos y andenes del Metro ya no hay decenas de mujeres que protestan por la violencia económica de género, sino que son cientos de vendedores ambulantes que poco a poco se han ido apropiando de espacios convirtiéndose en un riesgo de protección civil y seguridad para los usuarios que a diario hacen uso de este medio de transporte.

 “Desgraciadamente -en apreciación que tenemos en el Metro-, se fueron oportunistamente incorporando otros grupos de ambulantaje externo, sí, fundamentalmente mujeres que comenzaron a tratar de hacerse pasar con estos grupos de mujeres de protesta auténtica y se fueron desdoblando y se fueron confundiendo con este movimiento que es legítimo en su origen. Se ha vuelto una cuestión muy complicada para el Metro y para la Ciudad, sin embargo, no queremos tener una confrontación con nadie, entonces lo que hemos estado haciendo es dialogar con ellas porque no es posible que permanezcan en estos lugares”, dijo Guillermo Calderón, director del Metro capitalino.

En entrevista con Animal Político, el funcionario informó que tienen detectados alrededor de mil puestos instalados en, al menos, 12 estaciones del STC. Particularmente en correspondencias donde hay un mayor flujo de personas, por ejemplo, Tacubaya, Centro Médico, Bellas Artes, Mixcoac y Pino Suárez, por mencionar algunas.

 “No nada más es una cuestión de seguridad, sino de libre tránsito (…)  donde están colocadas —porque se han venido desbordando de dos o tres lugares, ahora ocupan más de una docena de lugares— es una cuestión que el Metro había llevado años liberar todos los pasillos”, recalcó.

El funcionario lamentó también que si bien es cierto la instrucción es no confrontarse con ningún vendedor, los grupos que se aprovecharon de la protesta feminista lleven a menores de edad para protegerse ante cualquier enfrentamiento.

“Algunos otros grupos incorporan niños, también tendenciosamente para hablar con toda claridad, y esos niños andan deambulando peligrosamente por las estaciones y los andenes”, reprobó Calderón.

Ante la situación que vive el Metro, el funcionario aseguró que ya no se está permitiendo la instalación de más puestos y en tanto se llegan a soluciones viables se está impidiendo que se desdoblen.

De aquí no nos sacan

Apenas se puede caminar en el pasillo que conecta la estación Centro Médico de la línea 9 con la línea 3. La correspondencia está llena de puestos en los que no falta variedad: ropa, inciensos, accesorios para celular… plantas.

En uno de estos puestos está una mujer sentada en un banco de plástico y a sus espaldas hay una manta morada con la leyenda “El Estado opresor es macho” seguida por otra lona —también morada— en la que se lee “Respeta nuestra integridad. No fotos”.

La mujer, que tiene el cubrebocas en el cuello, grita y ofrece sus productos: audífonos y cargadores, pero también lámparas y hasta tripies para las videollamadas.

Después de dar informes sobre los distintos auriculares que tiene en existencia, y tras unos segundos de plática, la mujer de no más de 40 años asegura que no ha encontrado trabajo y que por eso protesta en el Metro vendiendo su mercancía. 

¿Y no le da miedo que los policías vengan y los saquen?, se le preguntó.

“De aquí no nos sacan, somos muchos”, se limitó a contestar.

En esta correspondencia se observó que quienes venden ropa ocupan un local de pizzas que el Metro clausuró por no respetar la normatividad en materia de protección civil, pero que a ellos les ha funcionado para exhibir las prendas que venden, pues con ganchos las han colgado ahí y en las paredes.

La misma situación se presenta en los pasillos de acceso a los andenes de la estación Tacubaya de la línea 7 en donde las paredes se han convertido en aparadores con ganchos o hasta maniquís se muestran las prendas puestas a la venta.

En Tacubaya también se observó que, por ejemplo, espacios que habían sido liberados por el Metro donde había locales comerciales irregulares, ahora están ocupados por puestos de golosinas y botanas.

“Es una cuestión que nosotros no podemos vivir con ella, vamos a seguir dialogando en mesas con los auténticos grupos para encontrar una salida”, subrayó Calderón.

Buscan opciones en el Metro

Guillermo Calderón, director del Metro, dijo que desde su llegada al cargo -el pasado 28 de junio- se ha trabajado para encontrar opciones y liberar los pasillos de la presencia de estos vendedores.

Para ello, en coordinación con la Secretaría de Gobierno, así como la de Mujeres, ambas de la Ciudad de México, se busca ofrecer opciones a las mujeres que protestan por la violencia, aquellas que primero se instalaron en el Metro con el objetivo de hacer trueque, no así con la totalidad de quienes se aprovecharon de este movimiento para establecerse en las instalaciones.

Al momento, autoridades y grupos de feministas ya han tenido dos reuniones a fin de encontrar una salida conciliada con ellas.

“Vamos a encontrar una salida con los auténticos grupos de mujeres para que tengan reivindicación a estas demandas de igualdad de género que son correctas: Secretaría de Gobierno, Secretaría de Mujeres y otras dependencias coadyuvarán a encontrar una salida para estos auténticos grupos, lo que no podemos es volver a la situación anterior de tener ambulantaje en los pasillos y en las estaciones”, sentenció el director del Metro.

Cuestionado sobre cuáles serían las opciones que las distintas dependencias ofrecerían a estos grupos para que desalojen las instalaciones del Metro, Calderón pidió esperar porque se está trabajando con ellas y sus demandas propias.

Otro de los pendientes —que se están atendiendo y que ha causado molestia entre los usuarios— es la reposición de las máquinas recargadoras en distintas estaciones y que han sido dañadas en distintas protestas.

De acuerdo con información proporcionada por el STC, de las 312 máquinas que se colocaron en toda la red del Metro, 47 están inoperantes.

“Es muy oneroso para el Metro, son equipos en su mayoría de importación, de componentes de tiempo tardado en su reposición, entonces nos cuesta tiempo, dinero e incomodan a los usuarios de regresar a los esquemas de hacer la fila para recargar la tarjeta. Nosotros hacemos reclamaciones a los seguros, los seguros nos repone esos bienes pero los procesos son muy tardados”, explicó.

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'El día que le dije a mi novio que era una persona no binaria'

Katje van Loon tuvo la idea de celebrar un Día Internacional de las Personas No Binarias, a mitad de camino entre el Día Internacional de la Mujer y el Día Internacional del Hombre.
14 de julio, 2022
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Hace 10 años, Katje van Loon escribió una publicación en su blog en la que pedía la creación del Día Internacional de las Personas No Binarias el 14 de julio, exactamente a medio camino entre el Día Internacional de la Mujer y el Día Internacional del Hombre. Katje le ha contado a la corresponsal de género e identidad de la BBC, Megha Mohan, por qué es importante que el día se haya convertido en una realidad.

Hay un meme que aparece de vez en cuando sobre un pájaro al que han llamado pingüino toda su vida. Un día, el pájaro se encuentra con un médico que le dice: “No eres un pingüino, eres lo que se llama un cisne“. El cisne se siente aliviado. De repente, toda su vida cobra sentido.

Yo tuve mi momento cisne en 2011, cuando tenía unos 20 años.

Mi abuela acababa de morir y yo estaba en su apartamento organizando sus cosas. Tratando de distraerme, entré en internet y, pasando de un página a otra, me encontré con la entrada en Wikipedia sobre identidades de género.

Fue aquí donde leí por primera vez la definición de “no binario”. En esos párrafos, aprendí sobre personas que no siguen las normas binarias de género, personas que sienten que existen en un espacio intermedio fuera de las definiciones de hombre y mujer.

“Esto soy yo”, pensé. “Soy una persona no binaria. Esto es lo que he sido toda mi vida. Y nunca he tenido las palabras para describirlo”. Empecé a llorar. Sabía que tenía que contárselo a mi novio.

La chica más fuerte

El teatro era mi asignatura favorita en la escuela secundaria. Me gustaba todo, incluso acarrear las cosas pesadas que habíamos utilizado al final de la clase. Me señalaban como la “chica más fuerte de la clase de teatro” cuando me tocaba guardar las piezas pesadas del set junto con los chicos.

Así que allí estaba yo, moviendo atrezzo con los chicos, identificada como diferente a las otras chicas. Pero, extrañamente, esta era de las pocas veces en las que ser diferente era un motivo de orgullo para mí en lugar de una vergüenza.

De alguna manera, yo era como mi madre. La gente decía que mi madre era una mujer “guapa”, y mucho más tarde me di cuenta de que en realidad lo decían como un insulto para referirse a su aparente falta de feminidad.

Era una mujer soltera, abogada y educadora. Ella no era como las otras madres de la escuela. Se sentía tan cómoda arreglando cosas por la casa como cuando enseñaba a sus alumnos o me cuidaba a mí.

Yo era como ella al adoptar roles de género no tradicionales. Pero a diferencia de ella, yo existía en otro lugar. No era solo que no me sintiera “femenina”, o que fuera más alta y más grande y menos femenina. Era algo más que eso: la etiqueta de “mujer” simplemente no me encajaba.

Al crecer en los barrios periféricos de Vancouver, en Canadá, y luego en Hawái, me perdí en libros de fantasía, en mundos ficticios creados por escritores como Ursula K. Le Guin, habitados por personajes sin identidad de género fija.

A los 12 años comencé a escribir, creando mis propios planetas ficticios. Más de una década después pude publicar una versión muy revisada y pulida de estos mundos, la primera de una serie de novelas de ciencia ficción.

En estos imperios creativos, jugué con los roles de género; los personajes oscilaban entre tener características sexuales masculinas o femeninas. Escribir me dio la libertad para imaginar una realidad menos rígida.

Como milenial, crecí en internet. En los chats encontré comunidades de personas que hablaban sobre sexualidad y me declaré bisexual a los 14 años. Primero en internet y luego en el mundo real, las comunidades LGBT me dieron la bienvenida cuando me abrí sobre mi sexualidad, y entonces experimenté un sentimiento de pertenencia.

Expulsada de la comunidad LGTB

Más tarde, cuando tenía 20 años, me enamoré de mi novio, Nathan. Pero esto tuvo un precio. Creo que no hay forma más rápida de ser expulsada de una comunidad LGBT que la de ser una mujer bisexual que sale con un hombre.

La gente te ve como “heterosexual”, alguien que no entiende la lucha, y de repente las conversaciones y los eventos ya no te incluyen. Lo llaman el “bi-borrado”, y es un fenómeno muy real. Dejan de invitarte a cosas. Se crean grupos privados sin ti.

En mi experiencia, las personas todavía entienden la sexualidad de la forma en la que no entienden la identidad de género.

Cuando encontré la página de Wikipedia que explicaba mi identidad no binaria, Nathan fue la primera persona a la que quise contárselo, pero me daba mucho miedo.

Cuando lo vi más tarde ese día, lo dije rápidamente: “Soy una persona no binaria”.

Pausa.

“Entonces, ¿qué es lo que cambia?”, preguntó.

Otra pausa.

Puede que use pronombres diferentes“, respondí. “O que me llame de otra forma a veces”.

Me preguntó si yo era transgénero. ¿Estaba pensando en cambiar físicamente de alguna forma?

Dije que no, que no lo era.

“Está bien, intentaré recordar tus pronombres”, dijo, “pero no soy muy bueno recordando cosas”.

Ambos nos reímos, relajados, y la tensión se disipó. Le expliqué cómo, al crecer, me había sentido mal representada como esta “otra” persona, y que ahora tenía un nombre para describir lo que era, por lo que inmediatamente encajé un poco mejor en mi propia piel.

Nos comprometimos poco después y nos casamos en 2015.

La boda de Katje y Nathan.

Zemekiss Photography

Durante varios años, usé diferentes pronombres en lugar de “ella”. Me gustó especialmente “zie”, que sonaba suave y divertido. Eran términos neutros en cuanto al género que la gente usaba en internet y que no determinaban el sexo de la persona.

Durante un tiempo estuve a favor del pronombre “they” utilizado en singular (en inglés significa tanto “ellos” como “ellas”). Pero a medida que vi su uso florecer y despegar, comenzó a desagradarme, y ahora no lo soporto.

Como escritora, me tomo el lenguaje muy en serio, y he leído varios textos en los que las personas usan el pronombre “they” que me confundieron realmente sobre si se referían a un individuo o a un grupo. Algunos escritores argumentan que Shakespeare solía usar “they”, a lo que respondo: “Muy pocas personas escriben tan bien como Shakespeare”.

Con el tiempo, mi amor de la infancia por la escritura de fantasía se convirtió en una carrera, así como en una salida para mi mundo imaginario fuera de las normas de género.

En mi libro “Stranger Skies” (Cielos más extraños), escribo sobre una diosa que cae de los cielos a un planeta que no obedece las leyes de la física o la biología. Descubre que en ese mundo, el género está programado, se es hombre o mujer, pero el sexo es mutable. Las personas pueden cambiar su cuerpo físico a través de una pequeña ceremonia semirreligiosa. Esto permite que las parejas homosexuales puedan tener hijos biológicos sin intervención médica. Me divierto mucho explorando estos conceptos en mi escritura.

Un año después de identificarme como persona no binaria, escribí una publicación de 153 palabras en mi blog sobre por qué debería haber un Día Internacional de las Personas No Binarias. Dije que debería ser en julio, a medio camino entre el Día Internacional de la Mujer en marzo y el Día Internacional del Hombre en noviembre. Hubo algunos comentarios en el blog entonces, pero apenas se extendió por internet.

Katje haciendo pompas de jabón

Kam Abbott
Katje pasa ahora menos tiempo en internet.

Lo olvidé hasta varios años después, cuando vi que el Día Internacional de las Personas No Binarias se celebraría oficialmente el 14 de julio, el mismo día que sugerí en mi publicación. Lo iban a celebrar la organización Campaña por los Derechos Humanos, Stonewall, el sitio web del Parlamento de Reino Unido e incluso la web dictionary.com.

La gente citaba las razones que yo había dado para elegir la fecha, pero solo la página de Wikipedia sobre el género no binario mencionó mi blog como inspiración. Esto me molestó. Un pequeño reconocimiento hubiera estado bien.

Cambios

Ahora, las cosas han cambiado en mi vida. Estoy más cómoda conmigo misma. Me importa menos cuando la gente se refiere a mí como mujer o usa el pronombre “ella”.

Solía ​​​​estar muy a favor de tener un tercer marcador de género en las identificaciones, como pasaportes o permisos de conducir, como tienen en Argentina, Australia e India y han propuesto en Sudáfrica. Pero ahora no estoy tan segura. ¿Quiero que los datos de las minorías de género se recopilen en algún lugar al que los gobiernos puedan acceder fácilmente? Definitivamente no. No tengo fe en las burocracias. Puedo entender por qué puede ser importante para algunas personas en ciertos países, pero no lo es para mí.

También paso mucho menos tiempo en internet. No me siento cómoda ni en las páginas conservadoras ni en las liberales. Se fagocitan a sí mismas, a la espera de que la gente diga lo que ellos consideran que no está bien.

Solíamos llamarlo “la cultura de la denuncia“, pero ahora le han crecido más cabezas, es una bestia. Y no ayuda a nadie, y mucho menos a las personas vulnerables que quieren pertenecer a algo pero que saben que pueden ser apartadas en cualquier momento por decir algo incorrecto.

Katje en la convención Dragon Con, disfrazada de la teniente Starbuck, de la serie Battlestar Galactica.

Katje van Loon
Katje en la convención Dragon Con, disfrazada de la teniente Starbuck, de la serie Battlestar Galactica.

Puedo imaginar lo que puedes estar pensando ahora. Si no quiero ningún nuevo tipo de documento de identidad, y no necesito que respetes mis pronombres preferidos (todavía zie), ¿qué sentido tiene ser no binario? ¿Es importante tener un Día Internacional de las Personas No Binarias?

Sí, lo es.

Podemos sentirnos invisibles en un mundo que aún no ha entendido del todo lo que somos. Así que es bonito tener un día que reconozca nuestra existencia. ¿Tiene que ser un día en el que estemos en las calles marchando? No. Pero sería lindo recibir algunas flores.

Creo que ser llamada persona no binaria es importante a nivel interno. Para mí es importante tener esas palabras para describirme, y saber quién soy me permite estar más cómoda conmigo misma. Quiero que la gente sea feliz como es.

Y si tener un día te ayuda a ser feliz contigo mismo, genial. Ese es el mejor resultado que podría haber esperado de esa publicación de blog que escribí hace 10 años.


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https://www.youtube.com/watch?v=XrmzMT7z3V0

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