Gobierno de AMLO bajó 4% la inversión en investigación científica
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Con AMLO bajó 4% la inversión en investigación científica; regresó a niveles de 2011

Esta reducción ha provocado la cancelación de proyectos por la falta de recursos líquidos para su financiamiento, dicen investigadores.
Cuartoscuro
30 de septiembre, 2021
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El gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador ha continuado con el recorte al Gasto en Investigación Científica y Desarrollo Experimental (GIDE), que si bien había comenzado en 2017, en 2020 bajó hasta los 69 mil millones de pesos, monto comparable al presupuesto de 2011. 

Se trata del rubro presupuestal exclusivamente destinado a la generación de conocimiento nuevo en ciencia básica, investigación aplicada y desarrollo experimental y que sirve como parámetro para comparar la inversión en ciencia que hacen los países. 

Si bien este rubro había sostenido un incremento desde 2012, con un máximo de inversión en 2016 con 79 mil 754 millones de pesos; el año siguiente tuvo 78 mil millones de pesos, y en 2017 bajó a 72 mil 14 millones de pesos, es decir, un recorte de 7%. 

Sin embargo, en 2019, el primer año de gobierno de López Obrador, la baja continuó, con un recorte de 4%,  por lo que el presupuesto destinado a la investigación científica quedó en 69 mil 410 millones de pesos. El año siguiente tuvo 69 mil 444 y en 2021 se ubicó en 70 mil 906, según datos estadísticos del Tercer Informe de Gobierno. 

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La disminución, explica la investigadora del Instituto de Biotecnología de la UNAM, Brenda Valderrama, tiene que ver con la desaparición de los fideicomisos que financiaban proyectos de investigación y la eliminación de los estímulos a la investigación por parte del sector privado, además de cambios en los criterios para calcular el GIDE. 

Esto ha impactado en “el desplome de proyectos” por la falta de recursos líquidos para su financiamiento, asegura Valderrama, y, peor aún, todavía no se ven todos los  efectos que está trayendo la desaparición de los fideicomisos del Conacyt a raíz del decreto de austeridad emitido por el presidente López Obrador en 2020. 

El GIDE, era una inversión “tractora”, es decir, a través de otras fuentes de financiamiento como lo eran los fideicomisos y fondos sectoriales, los programas de estímulos a la innovación, todos desaparecidos en la actual administración. Por ello, ya no está incentivando la generación de nuevos proyectos ni de financiamientos adicionales. “Ya no se considera una inversión ‘tractora’ en ciencia, sino simplemente se convirtió en un gasto más para Conacyt”, afirma Valderrama. 

Sin embargo, éste solo es un rubro más en el que la ciencia ha tenido recortes durante la actual administración, como lo ha reportado Animal Político. El número de becas de posgrado, por ejemplo, disminuyeron a partir de este sexenio. 

De 3 mil 313 becarios de maestría y doctorado en instituciones de otros países registrados en 2018, disminuyeron a 2 mil 722 en 2019 y el siguiente año hubo 2 mil 724. 

También disminuyó el número de proyectos de investigación apoyados en 56% para 2021, el personal dedicado a la ciencia, las becas al extranjero y hasta los acuerdos de cooperación internacional.

En 2019, el gobierno federal apoyó mil 734 proyectos de investigación a través del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), pero el año siguiente sólo 758 tuvieron financiamiento público (56% menos); y hasta junio de 2021 apenas suman 108 proyectos.

Entre 2019 y 2021, México ha perdido 5 mil 383 personas haciendo trabajo científico y tecnológico, pues mientras en 2018, el último año de gobierno de Enrique Peña Nieto hubo 38 mil 635 integrantes de personal científico, en 2021 hay 33 mil 343.

Y prácticamente se han dejado de hacer convenios de cooperación internacional, pues de  63 convenios firmados en 2018, para el primer año del actual gobierno bajó a 3. En 2020 hubo 4 y en lo que va de 2021, sólo ha habido 1.

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Rusia-Ucrania: ¿cómo sabremos si ha empezado una guerra?

Expertos aseguran que debido a las herramientas que tiene el Kremlin a su disposición, la línea entre guerra y paz puede no ser tan clara.
27 de enero, 2022
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Todo el mundo está tratando de adivinar las intenciones del presidente de Rusia, Vladimir Putin, en Ucrania.

Estados Unidos está retirando personal de su embajada mientras crecen los temores a un posible conflicto. Pero cabe preguntarse si quizá ya empezó.

El riesgo de una guerra total entre Rusia y EE.UU. domina los titulares.

Todas las preguntas obvias se están haciendo. ¿Atacará Rusia? ¿Está el presidente Vladimir Putin convencido de la guerra sin importar lo que pase? ¿O puede la diplomacia asegurar la paz?

No podemos leer la mente del presidente Putin.

Así que he aquí otra pregunta: ¿cómo sabremos, si es que sucede, cuándo comienzan las hostilidades?

Tanques rodando, cohetes volando

La respuesta parece obvia

Formaciones de tanques rusos claramente concentradas que cruzan las fronteras de Ucrania, o un bombardeo masivo con cohetes o ataques aéreos contra posiciones ucranianas marcarían una escalada drástica para la crisis y un cambio hacia una nueva fase del conflicto.

Oficial ucraniano protege una aldea cerca a Donetsk

EPA

Las primeras alarmas llegarán de las fuerzas militares ucranianas mismas, pero aeronaves y satélites occidentales recolectores de inteligencia podrían advertir sobre las preparaciones de una potencial ofensiva.

Probablemente habrá señales de un ataque inminente, dice Michael Kofman, un experto en las fuerzas militares rusas del Centro para Análisis Navales de EE.UU.

Entre ellas está la “formación de tropas”, dice, ya que mucho de lo que se ha desplegado es equipamiento pesado en vez de los soldados en sí. Otras señales serían “la dispersión de fuerzas, la llegada de elementos logísticos y de apoyo, y un cambio en la aviación de ala fija y rotatoria”.

Pero la pregunta también se puede responder de otra manera y para esto necesitamos dar un paso atrás y ver la campaña rusa contra Ucrania en conjunto.

Necesitamos ver todas las herramientas que tiene disponible Moscú y evaluar cómo se están usando. Bajo esta luz, cuando preguntes “¿cómo sabremos si el conflicto ha iniciado?” la pregunta podría ser que a lo mejor ya inició.

Las hostilidades han estado teniendo lugar desde hace unos años.

Presión militar

Empecemos desde donde estamos.

Rusia ya ocupa Crimea, una parte de Ucrania, y provee asistencia táctica a rebeldes anti-Kiev en la región del Donbás.

De hecho, fue la intervención de unidades blindadas y mecanizadas rusas contra fuerzas ucranianas en 2014 la que evitó la derrota de los rebeldes prorrusos.

Las luchas esporádicas han continuado desde entonces. Todos los lados supuestamente apoyan un esfuerzo de paz allá, pero se ha hecho poco progreso.

Amenaza de uso de la fuerza

Más allá de esta presión también está la amenaza de emplear una fuerza militar sobrecogedora.

La acumulación de formaciones de combate rusas alrededor de las fronteras con Ucrania es extraordinaria. Esto incluye un despliegue significativo de fuerzas a Bielorrusia, el cual también comparte fronteras con Ucrania, lo cual puede proveer un punto de entrada más cercano para un asalto hacia la capital, Kiev.

Dónde están posicionadas las tropas rusas

Los portavoces rusos se refieren a esta acumulación como un ejercicio que no supone ningún tipo de amenaza. Pero debido a la escala, la naturaleza de unidades desplegadas y la llegada gradual de suministros y otros “habilitadores” se sugiere que esto es mucho más que maniobras de rutina.

Avance de tropas hacia Ucrania.

BBC

Los analistas han estado siguiendo la acumulación usando fotos satelitales civiles. Numerosos videos de teléfonos inteligentes han aparecido en línea mostrando trenes con equipamiento que se dirigen hacia Ucrania o Bielorrusia. Y evaluaciones de publicaciones en redes sociales, correlacionadas con las unidades que se ven en movimiento, dan un impresionante entendimiento de lo que está sucediendo.

Independientemente de lo que diga Moscú, Ucrania y sus amigos occidentales tienen todas las razones para estar preocupados.

Compartiendo la historia de Moscú

Otra herramienta que tiene disponible Moscú es un intento por controlar y dirigir la narrativa.

Por un lado, Rusia dice que no está preparándose para la guerra, aunque parezca mucho que así es. Pero, igual de importante, tiene una historia para contar, una narrativa, según la cual la propia Rusia está siendo amenazada y Ucrania está lejos de ser la víctima.

Vladimir Putin

EPA
El analista Jonathan Marcus se pregunta hasta dónde estará dispuesto a llegar Putin.

Esa es la base de documentos que se entregaron a EE.UU. buscando frenar y de alguna manera revertir la expansión de la OTAN y crear una nueva esfera de influencia para Moscú.

Mientras que algunos aspectos de las propuestas rusas, como mantener charlas sobre sistemas estratégicos y armamentísticos, son vistos en general como una buena idea, es poco probable que la expansión de la OTAN vaya a cambiar, y Rusia seguramente lo sabe.

Pero la narrativa también tiene otro propósito. Es la historia que Rusia cuenta para intentar dar forma a la manera en la que toda la crisis de Ucrania se discute, no solamente por los gobiernos occidentales o sus propios ciudadanos, sino por ti y por mi, los que leemos y escribimos este análisis.

Según todos los análisis justos e independientes, Rusia se está preparando para la guerra contra Ucrania, independientemente de lo que digan sus portavoces oficiales.

Subversión

Hay otras posibilidades disponibles para Rusia también. Ciberataques y subversión, por ejemplo.

Ucrania ciertamente ha sido objeto de la primera. Hace un poco más de una semana un número de sitios gubernamentales fueron afectados a pesar de que no había claridad de la procedencia de los ataques.

Más recientemente, el gobierno británico afirmó tener evidencia de que Moscú ha seleccionado individuos para formar un nuevo gobierno en Kiev. Más allá de las sospechas, no ha habido pruebas públicas convincentes que confirmen la influencia de Moscú en tales actividades.

Michael Kofman dice que el elemento cibernético podría jugar un papel importante de cualquier ataque ruso, porque puede diezmar infraestructura crítica e interrumpir las capacidades ucranianas para coordinar un esfuerzo militar.

Líneas borrosas entre la paz y la guerra

Cuando Rusia se anexó Crimea, oímos hablar mucho sobre “guerra híbrida o de zona gris” y sobre la supuesta negación de la operación, en la que participaron hombres uniformados, pero sin insignias militares.

Pero no había duda sobre quiénes eran esos soldados. Y Crimea fue capturada con fuerza militar clásica, más que por una decepción esotérica.

Escena callejera en Kiev

Getty Images
La vida en Kiev continúa

Lo que está ocurriendo actualmente es el fundamento de la “guerra de zona gris”: el desvanecimiento de las líneas entre la guerra y la paz.

No es así como solemos ver las cosas en Occidente.

Pero las fuerzas militares rusas han articulado una doctrina sofisticada que ve la guerra y la paz como una continuidad en la que se usan distintas herramientas en distintas etapas, a veces en secuencia, a veces en conjunto, aunque con el mismo objetivo estratégico.

Y es por eso por lo que en realidad el conflicto ya se ha desencadenado. La única pregunta es hasta dónde está dispuesto a llegar el presidente Putin dentro de esa continuidad de la “zona gris”.


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