Así operan los vuelos de EU para expulsar centroamericanos por Chiapas
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“Queríamos pedir asilo pero no nos dejaron hablar”: Así operan los vuelos de EU para expulsar centroamericanos por Chiapas

La deportación en cadena entre EU y México lleva a Guatemala a 3 mil 500 centroamericanos en el último mes. En Frontera Talismán, Chiapas, los expulsados son abandonados sin apoyo de ninguna institución.
Cuartoscuro
8 de septiembre, 2021
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“Nosotros cruzamos y luego nos entregamos con nuestros niños. Ellos nos agarraron y no nos preguntaron absolutamente nada. Queríamos pedir asilo pero no nos dejaron hablar”. Dary Honelia de León es guatemalteca, ronda los 30 años y carga con un bebé en sus brazos. Son las 20:00 horas, nos encontramos entre las fronteras de Talismán (Chiapas, México) y El Carmen (departamento de San Marcos, Guatemala). La mujer acaba de ser expulsada en avión desde Estados Unidos y, posteriormente, trasladada hasta la frontera con Guatemala en un autobús del Instituto Nacional de Migración (INM).

Ahora no sabe cómo regresar a su casa en el departamento del Petén, a más de 700 kilómetros. “¿Se puede imaginar cómo me siento? Tenemos una deuda de 50 mil quetzales (casi 130 mil pesos) y ahora tenemos que transportarnos con nuestros propios medios, con nuestros niños”.

Lee: Cambian vuelos de retorno de migrantes desde frontera de México hacia Honduras y Guatemala

De León llora de rabia e impotencia y mira a su alrededor con extrañeza, como si se sintiera extranjera en su propio país. A su lado hay un hombre menudo, delgado y arrugado que se aferra a otro bebé mientras solloza. No tiene fuerzas para emitir una sola palabra. A su alrededor llegan cambistas o personas que insisten en acompañarlos para buscar una habitación de hotel en la que pasar la noche. El hombre los ignora y solo sigue a su grupo, llorando, abrazado al niño. 

La historia de Dery Honelia De León y el resto de sus acompañantes inicia el lunes 29 de agosto. Aquel día, un grupo de unas 10 personas, entre las que había 5 niños, trataron de cruzar el Río Bravo a la altura de Piedras Negras, Coahuila. Nada más poner un pie en suelo estadounidense llegó la Border Patrol y todos se entregaron. La idea era pedir asilo, pero no les dieron la oportunidad.

“No nos dejaron hablar, no nos preguntaron nada”, explica. Tras el arresto, pasaron dos días encerrados hasta que les informaron que serían expulsados. Nadie les dijo a dónde. Simplemente los trasladaron a McAllen, Texas, los montaron en un avión repleto de guatemaltecos y hondureños y los enviaron a Tapachula. Allí aterrizó el vuelo N529AU, operado por SwiftAir, y a pie de pista los esperaban los oficiales del INM que los trasladaron a la frontera, ubicada a 35 kilómetros del aeropuerto. Una vez en la aduana, los bajaron de los autobuses y les dijeron que siguieran caminando.

Solos, sin dinero, sin apoyo de ningún tipo, los expulsados llegan a la tierra de nadie entre ambos pasos y deben ingeniárselas para encontrar el camino de vuelta a sus municipios de origen. La mujer dice que regresa a su casa pero solo para descansar unos días. El contrato con el pollero (que es como se conoce a los guías que ayudan a cruzar a Estados Unidos) incluye hasta tres intentos. Ella asegura que no va a rendirse. Que volverá a intentarlo. No tiene nada que perder. 

Lee:  INM y Guardia Nacional intentan bloquear migrantes en Chiapas: ¿cómo surge esta nueva caravana?

El INM negó los vuelos

Cada día desde principios de agosto, esta escena se repite en las fronteras de Talismán, en Chiapas, y de El Ceibo, en Tabasco. Todas las tardes, decenas de centroamericanos son expulsados desde EU en aviones como el que transportó a Dery Honelia de León. Ahí, agentes del INM los reciben, los montan en autobuses y los llevan hasta Guatemala.

Estas son deportaciones basadas en el Título 42, la orden implementada por el expresidente Donald Trump y que permite dar la vuelta a todos los mexicanos y centroamericanos que sean detenidos en la frontera sin dar opción a pedir asilo o entrar en el sistema migratorio.

Su sucesor en la Casa Blanca, Joe Biden, dio una vuelta de tuerca más: en lugar de devolver a los migrantes a la frontera norte de México, a Matamoros, Tamaulipas; Ciudad Juárez, Chihuahua; o Tijuana, Baja California, los lleva en avión hasta el sur de México. Ahí, son funcionarios del gobierno mexicano los que se encargan de completar la devolución. No les ofrecen la posibilidad de tener protección ni tampoco los registran como deportados. Oficialmente no existen. 

Animal Político quiso conocer la base legal para estas expulsiones y preguntó al INM, pero al cierre de la edición no había recibido respuesta. Tanto EU como Guatemala han reconocido la existencia de estas prácticas. México, sin embargo, fue capaz de negarlo a pesar de que cada día se documenta fotográficamente la llegada de los aviones y autobuses.

El comisionado del INM, Francisco Garduño, llegó a asegurar que los vuelos no existían. La decisión de México de no dar explicaciones llega hasta el punto que es Guatemala la que está informando tanto del contexto de la frontera como de las negociaciones desarrolladas entre ambos países para que las expulsiones se adapten a sus infraestructuras.

No hay cifras oficiales sobre cuántas personas han sido devueltas mediante este mecanismo. Guatemala comenzó a contabilizar las expulsiones a partir del 22 de agosto, aunque únicamente los que llegan desde El Ceibo, Tabasco.

Según el Instituto de Migración del país centroamericano, desde ese día hasta el 6 de septiembre fueron retornados 4 mil 243 personas en 125 autobuses del INM. De ellos, más de mil eran niños, niñas y adolescentes, aunque la gran mayoría llegaron acompañados de un familiar. Aunque la mayoría son centroamericanos, se registró la expulsión de venezolanos, cubanos e incluso un senegalés.

Para contextualizar bien la dimensión de estas cifras, basta con compararlas con las deportaciones regulares que México realiza en un mes. En julio, por ejemplo, deportó a 6 mil 294 centroamericanos. Es decir, que si se mantiene la tendencia de El Ceibo, llegaremos al punto en el que el gobierno de López Obrador expulsará de forma irregular a más centroamericanos en un punto fronterizo que todas las deportaciones juntas. 

En esta cifra no se contabilizan solo las personas que llegan desde EU, sino que también hay migrantes a los que México trasladó en avión desde ciudades fronterizas del norte para ser expulsados en el sur e incluso personas arrestadas por el INM en el sur que luego fueron obligadas a desplazarse a Guatemala. Fuentes oficiales que hablaron bajo condición de anonimato explicaron que la cifra de expulsados desde EU podrían rondar los 3 mil 500 (unos 2 mil en El Ceibo y otros 1 mil 500 en Talismán). Las expulsiones, unidas a los trámites eternos y a los operativos lanzados por el INM son algunas de las razones que explican las recientes caravanas que, hasta ahora sin éxito, trataron de abandonar Tapachula en la última semana. 

Lee: Detención y deportación de migrantes es para cuidarlos, justifica AMLO

“Quiero trabajar”

Para Cindy Ramos, de 23 años, el viaje también terminó de forma abrupta al atravesar Río Bravo. Con su hijo de 4 años de la mano, cuenta que viajó desde Nuevo Alemán, una comunidad del municipio de San Pablo, en el departamento de San Marcos, para buscar oportunidades económicas. Aunque tiene tres hijos, dos de ellos quedaron con su papá y ella viajó con el más pequeño. “Quiero trabajar”, explicó, escueta, mientras esperaba a un familiar que le recogiera. 

En los últimos meses se ha extendido la idea de que los menores de edad, especialmente aquellos que no llegan a los cinco años, facilita que las autoridades mexicanas permitan a los migrantes quedarse en EU. La Ley del Migrante en México, que en teoría prohíbe encerrar a niños, niñas y adolescentes en centros de detención, y una supuesta actitud más humanitaria del nuevo gobierno estadounidense alentó esta idea. Casos como el de Ramos lo desmienten. El miércoles, ella y su hijo de 4 años regresaban a Guatemala tras poner apenas un pie al norte del Río Bravo.

En su caso el regreso es sencillo. Podía tomar un autobús o esperar a que un familiar la reciba. Sin embargo, Animal Político documentó que en ese mismo vuelo venían personas procedentes de lugares más lejanos, como Ciudad de Guatemala (ubicada a casi 300 kilómetros, lo que supone un viaje de casi 6 horas) o de Honduras, cuyo paso fronterizo más cercano es el de Corinto, situado a 600 kilómetros. 

Este sistema comenzó de forma desordenada a principios de agosto. En realidad, EU y México aplicaron la política de hechos consumados. Comenzaron a devolver a los centroamericanos en horarios en los que la frontera estaba cerrada, por lo que estos quedaban abandonados en Guatemala sin que ninguna autoridad se hiciese cargo.

Posteriormente, el gobierno guatemalteco y algunas ONG enviaron apoyo a El Ceibo, ya que toda la carga de las deportaciones la soportaba la Casa del Migrante, con capacidad únicamente para 50 personas y que fue completamente rebasada. En Talismán, por el contrario, nunca llegó ninguna institución para ofrecer ayuda. El albergue más cercano es la Casa del Migrante de Tecún Umán, situada a 40 kilómetros. De hecho, Guatemala lleva semanas solicitando al gobierno mexicano que en lugar de expulsar a los centroamericanos por los pasos más remotos, los concentre en este último municipio, donde se está construyendo un centro de recepción.

Entérate: Detenciones, enfrentamientos y redadas: la caza de migrantes que ocurre en Chiapas

La idea es que hondureños y salvadoreños lleguen a El Ceibo, donde serían devueltos a sus países, mientras que los guatemaltecos regresarían a través de Tecún Umán o, directamente, en avión a la capital.

Aunque el miércoles se anunció que había un acuerdo y que se iba a establecer un protocolo para regular estas expulsiones, el canciller guatemalteco, Pedro Brolo, tuvo que reconocer que las nuevas rutas se demorarían un mes. Es decir, que México seguirá recibiendo aviones con expulsados desde EU y entregándolos a Guatemala sin ningún control. De nada sirvieron las quejas de las agencias de la ONU como Acnur y OIM, que denunciaron que estos vuelos eran una “vulneración” del derecho internacional. 

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Por qué las noches se están calentando más rápido que los días

Los científicos están entendiendo cómo la variación de las temperaturas nocturnas y diurnas puede afectar no sólo al ambiente, sino también nuestro entendimiento sobre el clima.
31 de julio, 2021
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Las temperaturas nocturnas están aumentando de forma más acelerada que las diurnas, con impactos significativos en el clima y el medio ambiente.

Es un patrón que científicos y expertos del clima han observado en los últimos años en todo el planeta, con una posible relación con eventos climáticos extremos, como la ola de calor que está afectando al noroeste de Estados Unidos y parte de Canadá.

Esto ocurre porque el incremento de las temperaturas mínimas, normalmente las que ocurren durante las horas en las que no hay sol, se están acelerando en comparación con las temperaturas máximas, usualmente diurnas.

Es decir, noches más cálidas. Lo que contrasta con la idea de que las noches son generalmente más frescas.

Es lo que algunos científicos llaman “asimetría de calentamiento”, y pasa porque el efecto del incremento de las temperaturas no es uniforme en todo el planeta todo el tiempo.

Con temperaturas máximas récord, el foco de atención se ha centrado este año en el domo de calor en Norteamérica, un evento del tipo “solo uno en 1.000 años” y “virtualmente imposible” si no fuese por el efecto de la acción humana sobre el ambiente, según dijo la red World Weather Attribution.

Pero no todo se trata de medir cuánto suben las temperaturas máximas. Los científicos le están poniendo un ojo a las variaciones en las temperaturas mínimas, un detalle que sería crucial para entender el cambio climático.

Un hombre se refresca en Vancouver durante la ola de calor en Canadá

Reuters
En Norteamérica, la gente aprovechaba cualquier opción con tal de refrescarse de las extremadamente altas temperaturas

Máximas y mínimas

El pasado junio ha sido, desde que se llevan registros, el junio más caluroso en EE.UU. y Canadá, con cientos de muertos y afectados por el calor extremo.

El calor se intensificó entre finales de junio y principios de julio en forma de domo de calor, el cual elevó las temperaturas en ambos países como nunca antes.

En Columbia Británica, Canadá, se registró una máxima histórica de 49,6ºC, más de cuatro puntos por encima del récord nacional de 45ºC.

En Portland, Oregón, un estado conocido por su clima lluvioso, también se registraron máximos históricos durante tres días seguidos: 46,1ºC, 44,4ºC y 42ºC respectivamente. Los incendios forestales en este estado han quemado casi 150 mil hectáreas, provocando miles de evacuaciones.

Pero aunque las temperaturas máximas sorprendieron (y preocuparon) a los expertos, en el rango de las temperaturas mínimas también hubo cambios.

Según los datos de la Oficina Nacional de Administración Oceanográfica y Atmosférica, solo en la última semana de junio se rompieron los récords de temperatura máxima unas 1.328 veces en todo EE.UU.

Esta cifra obedece a las medidas diarias que registra cada una de las estaciones de medición desplegadas a lo largo y ancho de ese país.

Pero en contraste, en lo que respecta a las temperaturas mínimas, se rompieron los récords máximos unas 1.602 veces.

Gráfico de cambios en temperaturas máximas

BBC
Gráfico de cambios en temperaturas mínimas

BBC

“Hay una tendencia global a que las temperaturas nocturnas aumenten a un ritmo más rápido que las diurnas”, dicen científicos del Instituto de Sustentabilidad y Ambiente de la Universidad de Exeter en Inglaterra.

Era lo mismo que había advertido el Informe Especial de Ciencia del Clima en 2018 al asegurar que las temperaturas mínimas promedio estaban aumentando “a un ritmo ligeramente más alto que las temperaturas máximas promedio”, un patrón que estaba siendo observado en distintos puntos del planeta.

De hecho, las temperaturas mínimas inusualmente más cálidas se están volviendo cada vez más comunes en EE.UU., según más datos de la NOAA.

¿Por qué aumentan las temperaturas por las noches?

Daniel Cox, del Instituto de Sustentabilidad y Ambiente, explica por qué las temperaturas nocturnas cambian a un ritmo distinto que las diurnas.

Él y un equipo de científicos estudiaron las temperaturas máximas y mínimas por día y hora entre 1983 y 2017 a partir de los datos otorgados por la NOAA.

“La exploración de la variación en las temperaturas se ha centrado principalmente en las medias diarias, mensuales o anuales. Sorprendentemente se le ha prestado poca atención a la variación en las tasas a lo largo del ciclo diario”, reza el estudio, publicado en la revista Global Change Biology.

Después de analizar los datos, los científicos encontraron que 54% de la superficie terrestre había experimentado una asimetría de calentamiento mayor a 0,25ºC entre el día y la noche.

“Los aumentos de CO2 en la atmósfera y otros gases de efecto invernadero están aumentando las temperaturas máximas y mínimas con mayor tendencia por las noches. Pero las direcciones en las que se producen estos cambios varía dependiendo del lugar y el momento del día”.

Gráfico emisión de CO2 en toneladas

BBC

No solo eso. También hallaron que un mayor aumento en las temperaturas nocturnas estaba relacionado con la humedad y la generación de nubes.

“Encontramos que en aquellas regiones donde había un incremento de nubes, la temperatura nocturna aumentaba más rápido que la diurna. Mientras que un aumento de las temperaturas diurna estaba relacionado con regiones más secas”, explica Cox.

Esto ocurre porque las nubes actúan como “una manta”, empujando el calor hacia abajo y atrapándolo en la superficie terrestre. A más calor en la superficie, más vapor de agua en el aire, que a su vez atrapa más calor.

En zonas sin nubes, en cambio, el clima se vuelve más seco y caliente durante los días, pero la temperatura disminuye por las noches al “liberarse” el calor.

¿Se relaciona esto con eventos climáticos extremos como las olas de calor?

Para Cox, olas de calor tan extremas como las vistas en Norteamérica son eventos muy específicos que hay que estudiar con mayor detalle, mientras que él y su equipo analizaron los datos correspondientes a 35 años.

Sin embargo, Cox dice que su estudio es una primera aproximación y que quedan muchas preguntas por responder para entender cómo incluso los pequeños cambios que ocurren en el planeta tienen grandes implicaciones.

“A medida que aumenten los niveles de gases de efecto invernadero en la atmósfera, los eventos extremos serán cada vez más comunes. Pero las temperaturas no aumentan de forma lineal”.

Que las temperaturas sean más altas por las noches puede tener implicaciones directas sobre el medio ambiente como, por ejemplo, la fotosíntesis y la respiración de las plantas, según Cox.

Pero también tendrá efectos negativos entre las personas. Mayores temperaturas nocturnas significa que la tierra no tiene suficiente tiempo para enfriarse. Esto significa también que nuestros cuerpos no pueden refrescarse, especialmente durante picos de calor extremo.

Si el cuerpo no se aclimata a la temperatura, pueden producirse mareos, náuseas, desmayos y sudoración. Y en casos extremos puede producirse un golpe de calor, lo que requiere ayuda médica.

Gráfico variación temperaturas anuales

BBC

Entender el cambio climático

El planeta se ha calentado aproximadamente unos 1,2ºC desde que comenzó la era industrial. Y 2020 ha sido el segundo año más caluroso de la historia desde que se tienen registros, superado solo por 2016.

De continuar con las proyecciones de calentamiento, tal como aumentan las temperaturas, el planeta podría superar el umbral de 1,5ºCentre 2030 y 2052, según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés).

Los científicos han estado tratando de predecir cómo el cambio climático puede afectar al planeta.

Inundaciones en Europa, 2021

EPA
La ciencia no ha podido predecir las inundaciones en Alemania y Bélgica

Pero eventos tan extremos como el domo de calor y las inesperadas inundaciones en Alemania y Bélgica están haciendo pensar a los expertos que las proyecciones se están quedando cortas y que las consecuencias del cambio climático estén haciéndose sentir antes de lo esperado.

Sin embargo, Cox cree que hay un lado positivo en todo esto y que analizar las variaciones de temperaturas por horas puede ser de utilidad.

“Al considerar el cambio climático de forma temporal durante el ciclo diario, podemos evaluar con mayor precisión el cambio climático y la amenaza que representa”, asegura.


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