Aumenta una riesgosa forma de turismo médico: terapia con células madre
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Bryan Jones/Flickr, bajo licencia Creative Commons 2.0

Crece riesgosa forma de turismo médico: terapia con células madre

La falta de regulación propicia el accionar de clínicas para tratamientos dudosos con células madre en el mundo.
Bryan Jones/Flickr, bajo licencia Creative Commons 2.0
Por Daniela López
18 de septiembre, 2021
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El funcionamiento de clínicas privadas que realizan tratamientos regenerativos con células madre para enfermedades incurables se está expandiendo por el mundo, aprovechando los vacíos legales y la falta de regulación sobre esta novedosa terapia, lo que está perjudicando a los pacientes y poniendo en riesgo el futuro de esta investigación científica.

Las células madre constituyen la materia prima del organismo, de las cuales se generan todas las demás células como las sanguíneas, cerebrales u óseas. Son las únicas que tienen la capacidad natural de generar nuevos tipos de célula por lo que bajo condiciones adecuadas de laboratorio pueden cultivarse y dar lugar a células específicas que reemplacen tejidos dañados o lesionados.

Aunque la investigación científica aún está en sus inicios, se presume que las células madre pueden ayudar a pacientes que padecen enfermedades como cáncer, trastornos hepáticos, ciertas enfermedades neurológicas y del sistema inmunológico.

Una revisión de la literatura científica sobre esta materia, publicada en la revista International Health, encontró que hasta 2020, 21 países de los 5 continentes ofrecían y comercializaban terapias de forma virtual a través de más de 400 sitios que anuncian diferentes tipos de tratamientos, conocido como “turismo de células madre”.

Por lo general, las clínicas carecen de información básica sobre el tratamiento y los riesgos asociados, lo que expone a los pacientes a recibir terapias no comprobadas además del riesgo de contraer enfermedades relacionadas con los viajes, alerta el estudio.

Los principales países líderes del turismo con células madre son Estados Unidos, China, India, Tailandia y México.

María de Jesús Medina Arellano, investigadora del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, quien no participó de la revisión, dijo que estos países constituyen el hub de lo alternativo en tratamientos con células madre, en gestación subrogada y en experimentos no aprobados, que tiene que ver “con una regulación laxa y una carente supervisión de los tratamientos e intervenciones que ofrece la medicina privada”.

Medina Arellano, quien ha investigado el funcionamiento del turismo de células madre en México, precisó a SciDev.Net vía Zoom que el funcionamiento de estas clínicas pone en peligro la buena ciencia que se desarrolla en el país.

Según ella, el turismo médico en México se fomenta desde las instituciones de gobierno y es parte de su economía. Cree que la reforma de la Ley de salud en diciembre del 2014 “propicia la venta de terapias con células o intervenciones”.

La Ley mexicana, aunque prohibe el comercio de órganos, tejidos y células, añade que “no se considerará comercio la recuperación de los costos derivados de la obtención o extracción, análisis, conservación, preparación, distribución, transportación y suministro de órganos, tejidos y células, incluyendo la sangre y sus componentes”. Allí es donde Medina Arellano encuentra la trampa.

En primera persona

En México, un caso de turismo con células madre es el de Sven Eversberg, ciudadano alemán que en octubre de 2020 llegó a la ciudad de Puerto Vallarta en la costa pacífico, para realizarse una intervención ante una lesión en la medula espinal.

El contacto con la clínica lo mantuvo todo el tiempo a través de Whatsapp y llamadas telefónicas, cuenta. Y recuerda que al médico a cargo de su tratamiento lo conoció cuando arribó a la clínica.

Después de tres tratamientos, con dos semanas de descanso y la aplicación de 550 millones de células madre, Eversberg señala que no obtuvo ningún resultado. “Incluso tengo efectos adversos como infección urinaria, dolor de espalda y acné”, dijo a SciDev.Net. vía correo electrónico.

La inversión estimada de su tratamiento es de US$ 28.000, sin contar los costos de viaje. Hasta hoy no ha recibido ninguna respuesta efectiva por parte de la clínica que le permita comprender qué falló en su intervención.

“Con un niño de cuatro años y con mi discapacidad tengo suficiente estrés, así que lo dejo”, enfatizó.

Diversos autores citados en la revisión advierten que proteger a los pacientes de terapias costosas, no probadas, ineficaces y potencialmente dañinas requiere supervisión legal, ética y de salud pública y señalan que muchas clínicas de células madre “a menudo operan a través de lagunas regulatorias o en violación de los estándares regulatorios existentes”.

También abogan por la urgente creación de “un acuerdo universal entre organismos nacionales e internacionales” que regule la comercialización de prácticas y productos médicos relacionados con estos tratamientos.

Si bien la Sociedad Internacional para la Investigación de Células Madre (ISSCR por sus siglas en inglés) ha desarrollado pautas que buscan promover el rigor, la supervisión y la transparencia en todas las áreas de práctica, las desavenencias legales entre países y el hecho de que muchas clínicas estén en países de ingresos bajos y medios donde es fácil burlar la ley, dificulta su aplicación.

En su más reciente actualización de directrices, advierte que las prácticas no reguladas ni probadas “socavan la credibilidad y la validez de la investigación legítima con células madre y amenazan con comprometer el desarrollo futuro del campo”.

Para Gustavo Sevlever, director del Departamento de Docencia e Investigación del Instituto Neurológico FLENI en Argentina, el turismo médico de células madre es muy peligroso porque su objetivo son pacientes desesperados para los cuales la medicina convencional ya no tiene respuestas.

“Pone a los pacientes frente a decisiones muy humanas y profundas, y muy difíciles de acompañar porque el sistema médico no les da ninguna solución, esto también hay que entender. El paciente no es un delincuente, el paciente es una víctima de esto”, afirmó a SciDev.Net vía Zoom Sevlever, quien no participó en la revisión.

Para él, existe una responsabilidad compartida entre quienes desarrollan investigación y tecnología en el tema y los medios que dan a conocer las noticias. Recuerda que fue la mala comunicación de la ciencia la que proporcionó un panorama ideal para que algunas personas lucren y delincan con tratamientos de células madre.

“Reflexionar sobre lo que decimos los investigadores sobre nuestros hallazgos, sobre cómo difunden los medios estos hallazgos y qué sensación se genera en la sociedad, me parece que es algo importante que tenemos que hacer”, concluye.

> Enlace al estudio completo en International Health

This article was originally published on SciDev.Net. Read the original article.

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Cómo viven las mujeres en Irán, el país donde por ley valen la mitad que los hombres

Contar con el permiso de un hombre para renovar el pasaporte y poder viajar, o hasta “matrimonios” temporales de hasta 2 minutos son algunas de las leyes más extremas a las que se enfrentan las mujeres en Irán. Las nuevas generaciones son mucho más conscientes de esta violencia estatal.
29 de octubre, 2022
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La indignación de miles de mujeres, especialmente jóvenes, por la muerte de Mahsa Amini el pasado 16 de septiembre ya había explotado en las calles de Teherán -se quitaban el velo, lo ondeaban y se cortaban el pelo en protesta por los abusos de la policía de la moral y las políticas patriarcales de la República Islámica- cuando el esposo de Mina* fue trasladado al hospital con un ataque al corazón.

Lograron salvarle la vida, pero desde entonces está en coma.

Los médicos aseguran que es imposible predecir si algún día recuperará la conciencia, lo que representa un gran dolor para Mina, que además de tener que enfrentarse a la situación de ver a su marido en dicha situación, le abre un gran número de incertidumbres en su vida.

Una de ellas es si podrá continuar con sus viajes, necesarios para su trabajo. Su pasaporte está próximo a caducar lo que indica que en pocos meses no solo tendrá que sacar uno nuevo sino que tendrá que renovar también el permiso que según la ley le tiene que dar su marido para salir de Irán.

Este “visto bueno” lo saca cada vez que vence su pasaporte, algo que había sido un procedimiento rutinario durante los años que llevan de casados.

“Obviamente es horrible pensar que tu marido te tiene que dar permiso para sacar pasaporte o salir del país, pero terminas por asumir que es la ley“, explica Mina que puntualiza que el nuevo escenario al que se enfrenta es aún más “humillante”.

Si su marido no está en capacidad de dar esta autorización, lo tiene que hacer su suegro o en su defecto los hermanos de su esposo. En su caso no tiene ni lo uno ni lo otro; la única opción posible que ella baraja ahora es el esposo de la hermana mayor de su pareja con quienes tiene una relación infernal; no se hablan. Sus cuñadas nunca vieron con buenos ojos que ella fuera una mujer independiente que viajara continuamente.

Mahsa Amini

Familia de Mahsa Amini
Mahsa Amini murió tres días después de colapsar en un centro de detención de la “policía de la moral” de Irán.

“Él tendrá que acompañarme y firmar como si fuera mi protector. Ni siquiera mi hijo puede hacerlo”, explica Mina cuya vida, igual a la de millones de mujeres en Irán, está determinada por una ley ante la cual valen la mitad. Esta figura queda en evidencia en los tribunales donde según la Sharia, o Ley Islámica, el testimonio de la mujer vale en muchas ocasiones la mitad.

Herencias a la mitad

Algo similare ocurre con las herencias. En el caso de que el marido de Mina muera, ella solo heredará una octava parte de lo que posea su marido. Un escenario que le recuerda la muerte de su padre dos décadas atrás cuando, por ley, ella heredó la mitad de lo de que recibieron sus hermanos varones.

Algunas de estas leyes están ligadas a la victoria de la Revolución Islámica en 1979 cuando las mujeres perdieron muchos de los derechos que habían ganado en décadas anteriores; entonces tenían una importante participación en la sociedad, incluido a nivel gubernamental y judicial.

Muchos aspectos de la vida de la mujer cambiaron, incluido la obligación para cubrirse el cuerpo según las llamadas reglas islámicas. El velo pero también la gabardina que cubre gran parte del cuerpo pasaron a convertirse en accesorios obligatoriospara cada mujer a partir de los 9 años.

Desde ese momento el pelo, brazos y piernas se esconden para siempre, al menos en la vida pública. De no cumplirlo pueden ser castigadas incluso con detenciones como sucedió con Mahsa Amini quien, como ha ocurrido con miles de iraníes en las últimas décadas, fue detenida por la llamada policía de la moral, o Gasht-e Ershad, por no ir vestida según los cánones islámicos.

¿Qué significa eso? Que el velo está muy caído; que la gabardina está muy abierta, muy corta o muy ceñida al cuerpo; que lleva un pantalón muy apretado o muy corto… En fin, tantas interpretaciones como policías hay en la calle.

Una protesta por la muerte de Mahsa Amini

Getty Images
Amini, quien también se ha convertido en un símbolo de movilizaciones fuera de Irán, murió el 16 de septiembre.

Estas patrullas de la policía de la moral han atormentado la vida de las mujeres de grandes ciudades por décadas. A esto se suma la presión del Estado y sus cuerpos de seguridad que se han encargado de eliminar cualquier campaña por los derechos de la mujer y los niños.

La mayoría de las activistas que han intentado a lo largo de estas décadas luchar por los derechos de la mujer como Narges Mohamadi, Nasrin Soutudeh, Shadi Sadr, Jila Baniyaghoob están en prisión o han pasado por ella. La mayoría están hoy silenciadas y muchísimas otras, en el exilio.

Grandes pequeñas victorias

Pero a pesar de esta presión las mujeres han ido ganando “grandes pequeñas” victorias en las últimas cuatro décadas.

Algunas restricciones impuestas durante los primeros años de la República Islámica han desaparecido. El maquillaje, el esmalte de uñas, los velos y gabardinas de colores volvieron a ser parte de la vida de las mujeres… Incluso muchas iraníes, especialmente en las grandes ciudades, se dejan caer por completo el velo en la calle. El resultado: su cabellera al aire.

Esta tendencia ha pasado a ser aún más frecuente desde la muerte de Mahsa Amini en custodia policial; las calles de Teherán están llenas de mujeres que se han quitado el velo como señal de protesta.

Hoy muchos se preguntan si las autoridades, después de este periodo de gracia, podrán hacer que la regla vuelva a cumplirse al pie de la letra.

“Yo quiero que nos aprendamos a respetar; para mi está bien que una mujer vaya cubierta pero al mismo tiempo busco que se acepte que yo no quiero estarlo“, explicaba Sara, economista de 23 años que sale a la calle descubierta. Es su manera de hacer un homenaje a Mahsa Amini, dice.

Mujeres caminan en Teherán

Getty Images
Las mujeres en Irán deben seguir, por ley, un código estricto de vestimenta.

Las mujeres suman otras pequeñas victorias como poder pasar la nacionalidad a sus hijos -lo que era imposible hasta hace un par de años-, poder heredar terrenos; montar en bicicleta o conducir motos -siempre con el temor de ser capturadas, o entrar algunas veces a un estadio de fútbol. Aunque esto último todavía es extremadamente limitado.

Para entender estas victorias también hay que entender la complejidad de sociedad iraní que si bien es tradicional y religiosa, también es bastante contemporánea en muchos aspectos de su cotidianidad.

Esta situación tomó gran protagonismo después de la guerra con Irak en los 80 cuando decenas de miles mujeres urbanas y rurales quedaron viudas o con maridos parapléjicos y tuvieron que asumir un papel protagónico en sus familias.

El rol activo de la mujer

Son las mujeres las que a pesar de la presión del patriarcado familiar y estatal han liderado los cambios en el país.

Desde la victoria de la Revolución Islámica muchas más mujeres fueron a la universidad, especialmente aquellas provenientes de sectores religiosos cuyos padres no aceptaban que se educaran bajo el modelo educativo laico que imperaba hasta entonces.

Actualmente representan al menos el 50% de los estudiantes universitarios y se destacan por su altísimo nivel. Pueden estudiar básicamente lo que quieran, aunque por años el sistema ha buscado alternativas para restringir acceso a ramas relacionadas con la física e ingeniería.

Aún bajo este escenario su representación en puestos públicos y gubernamentales de responsabilidad es mínima y mucho más en gobiernos radicales como el actual.

Según Naciones Unidas las mujeres solo representan el 14% de la fuerza laboral en Irán. Para llegar a un cargo público alto hay que ser – o al menos aparentar serlo- religioso y vestirse de una manera ortodoxa. En el campo privado, la situación es diferente con decenas de mujeres directoras, empresarias, gestoras…

Incoherencias

Volviendo al caso de Mina, una mujer necesita el permiso del marido para hacer muchas actividades, incluido viajar o aceptar una propuesta laboral.

También necesita el permiso del padre o el abuelo para casarse, que según la ley puede hacer a partir de los 13 años -hasta hace dos décadas podían casarse desde los 9 años-. Esta práctica está mucho más relacionada con áreas rurales y no es bien vista en sectores educados y urbanos donde la edad para contraer matrimonio cada vez es mayor.

El gobierno iraní ha calificado las protestas de "disturbios" fomentados por enemigos extranjeros

EPA
El gobierno iraní ha calificado las protestas de “disturbios” fomentados por enemigos extranjeros.

Pero si Mina todavía fuera soltera, como lo fue hasta que tuvo 33 años, no le exigiría el permiso de su padre para abandonar el país tal como lo confirman al menos cinco mujeres solteras que nunca han tenido problemas para moverse por el mundo.

“Todo en Irán es incoherente, es difícil de entender”, explica Nilufar* una publicista soltera mayor de 40 años. “La mayoría de hoteles aceptan mujeres solteras -agrega-, pero hay otros que no las reciben”.

Nilufar cuenta que la situación es similar si quieren alquilar un apartamento; todo depende de la voluntad del dueño. Pero al mismo tiempo es común que las estudiantes vivan en dormitorios universitarios. Muchas jóvenes estudian en ciudades diferentes pues el mismo sistema académico naciones les asigna el acceso a las universidades según su puntaje en el examen nacional.

Lo paradójico en este punto es que muchas de las jóvenes que se tienen que desplazar son originarias de ciudades más pequeñas y tradicionales. Ninguna de ellas tiene problemas para viajar sola alrededor del país ya sea en autobús o tren, o conduciendo sus propios autos. En este caso las restricciones para las mujeres, cuando las hay, llegan del lado familiar que como consecuencia de la tradición se oponen a que sus mujeres vivan por fuera de casa, viajen solas y convivan en ambientes mixto.

Matrimonio temporal

“Lo que sí no aceptan es que una iraní soltera comparta habitación con un hombre que no sea su marido”, cuenta Nilufar que recuerda que una de las prácticas más abusivas contra la mujer es el llamado sigheh, o matrimonio temporal, que es permitido por la ley.

Ebrahim Raisi

Getty Images
El presidente Ebrahim Raisi ha reforzado el conservadurismo desde el gobierno.

Es decir la prostitución está prohibida pero no esta práctica del sigheh donde un hombre puede despojar a una mujer por el tiempo que considere necesario. Puede ir desde 2 minutos hasta lo que quiera. En el caso del hombre, puede estar casado -hasta cuatro veces permite la ley; aunque es una figura muy poco practicada en la sociedad- pero la mujer tiene que ser soltera.

Lo interesante, dice Nilufar, es que las nuevas generaciones son mucho más conscientes de esta discriminación a la que están sometidas las mujeres, y también están más alertas a la doble moral que tiene el Estado a la hora de legislar sobre temas femeninos.

Estas generaciones han crecido en casas en las que han sido testigo de esta violencia estatal a través de las experiencias de sus madres, tías, abuelas y de allí surge ese impulso de querer acabar con estas reglas que buscan marcarles cada aspecto de su vida.

“Yo lucho por mi futuro. Nadie más va hacerlo por mí”, explica Maryam, una estudiante de 19 años días atrás.

La campaña del #MeToo en Irán en 2019 fue un ejemplo de esta violencia. Muchas mujeres denunciaron públicamente a sus abusadores. La mayoría fueran atacadas por hacerlo y que hayan sido objetos de campañas para desacreditarlas.

Las pocas que decidieron llevar el caso a la justicia se han chocado con un muro discriminatorio donde han estado sometidas a fuertes y dolorosos cuestionamientos siempre rodeados por el manto de la duda. Es muy frecuente que las denuncias de abuso terminen por devolverse en contra de la mujer.

El divorcio es otro ejemplo. Las mujeres siempre tienen que justificar ante una corte las razones por las cuales lo piden; muchas veces no son escuchadas si sus esposos se oponen. Y el proceso legal hasta alcanzar la separación puede tomar años.

Una protesta en Madrid a favor de las mujeres de Irán

Getty Images
Las protestas por lo que ocurre en Irán han llegado a varias capitales del mundo.

En el caso de los hombres pueden pedir una separación sin ninguna clase de justificación y en muy corto tiempo. También es cierto que cada vez son más las mujeres que antes de casarse exigen ante la ley poder pedir el divorcio cuando ellas lo justifiquen.

En los últimos años las leyes también se han volcado para evitar que las mujerespuedan abortar o incluso planificar, una práctica que estuvo aceptada por algunos años en la década de 1990. Cada vez es más difícil tener acceso a una operación o incluso a las píldoras anticonceptivas, una medida que termina por afectar especialmente a las mujeres de menos recursos.

“La realidad en Irán respecto a las mujeres es mucho más compleja de lo que dice la ley porque todo depende de las familias, su nivel socioeconómico y lo tradicional que sean. Una joven con dinero y educada puede encontrar fácilmente la manera de escaparse de estas reglas y leyes”, explica Mina.

“Lo interesante es que el internet ha abierto los ojos a estas nuevas generaciones cada vez más conscientes de sus derechos y por eso están peleando”, concluye.

*En BBC Mundo hemos cambiado los nombres de las entrevistadas para proteger su identidad.


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