Hombre agrede a mujer en la CDMX y ella termina detenida también
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Hombre agrede a mujer en la CDMX y ella termina detenida también

Los policías los presentaron por lesiones al Juzgado Cívico, como si el asunto fuera una riña callejera, en vez de ante el ministerio público por discriminación y ataque físico.
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18 de septiembre, 2021
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Carolina Hidalgo denuncia que el 8 de septiembre pasado fue agredida verbal y físicamente por un hombre de 1.90 metros en una farmacia de la alcaldía Cuauhtémoc, en la Ciudad de México. Nadie intercedió para defenderla, asegura, y cuando quiso denunciar al presunto agresor, acabó detenida junto con él e ingresada a lo que se conoce popularmente como el torito. 

La presunta agresión a Carolina Hidalgo acabó tipificada por las autoridades como lesiones, como si se hubiera tratado de una pelea callejera, “como si hubieran encontrado a dos borrachos afuera de una cantina”, sostiene. 

Ella, veterinaria de profesión y mujer lesbiana, está segura, lo mismo que su abogada, que fue víctima de un acto doble de discriminación. Su agresor empezó a insultarla, explica, sobre todo por su aspecto físico, que no encaja en el estándar aceptado por la sociedad para una mujer. 

Carolina lleva el pelo muy corto y no usa maquillaje. Él, denuncia, la llamó lencha, feminazi, vieja loca. Después, asegura, la empujó y le lanzó golpes. Las autoridades trataron el hecho como lesiones justo por eso,dice, por su aspecto físico. 

“Los policías que llegan al lugar deciden presentarlos por lesiones al Juzgado Cívico CUH-02 de la alcaldía Cuauhtémoc en vez de en el ministerio público por discriminación, ataque físico, y amenazas de un hombre de 1.90 metros a una mujer, pese a que Carolina lo que solicita es eso: que se levante una denuncia, pero los policías parece que no tienen idea de cuáles son los delitos involucrados en la agresión ni cómo identificarlos”, señala Fabiola Higareda, abogada de Carolina y especialista en género. 

Hay una falta de capacitación a los policías, agrega la abogada, “a quienes les dan unas horas de taller nada más, pero con eso no se cambian años de una ideología que está presenta en el grueso de la población y que es evidente cuando nadie de los que presencian la agresión ayuda a Caro”. 

Lee: Ser LGBTTTI en prisión: un infierno hecho de prejuicios, discriminación y tortura

Esto pese a que existe el Protocolo de Actuación Policial de la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México para Preservar los Derechos Humanos de las Personas que Pertenezcan a la Población Lésbico, Gay, Bisexual, Transgénero, Transexual, Travesti e Intersexual (LGBTTTI).

En este se asienta que la Subsecretaría de Desarrollo Institucional, a través de la Universidad de la Policía de la Ciudad de México, será la instancia encargada de fomentar la capacitación y actualización de los cursos dirigidos a la policía de la Ciudad de México, necesarios para la implementación del Protocolo. 

Y que los cursos de capacitación y actualización contendrán, al menos, las siguientes materias: no discriminación e igualdad de la población LGBTTTI; principios de atención a integrantes de la población LGBTTTI víctimas del delito; empatía contra la discriminación y la policía como protector de los derechos humanos de la población LGBTTTI. 

El protocolo también establece que la actuación de la policía cuando se trate de personas de este grupo tendrá un enfoque  diferencial y especializado, con la aplicación de los más altos estándares en materia de derechos humanos. 

“Las autoridades policiacas no tratarán como sospechosa o responsable de la comisión de una falta o delito a las personas LGBTTTI por la sola razón de su orientación sexual, identidad o expresión de género y características sexuales”, dice el documento. 

Pero nada de eso se aplicó en el caso, denuncian la abogada y Carolina. “A mí me empezaron a tratar como si yo fuera quien hubiera cometido un delito, no me dejaban salir del juzgado cívico ni a fumarme un cigarro, mientras mi agresor sí podía estar afuera y yo tenía hasta una policía escolta que me custodió todo el tiempo”. 

Animal Político solicitó a la Secretaria de Seguridad Pública de la Ciudad de México saber qué había sucedido en este caso y cómo se capacita a la policía capitalina para que sepa cómo proceder y garantizar los derechos de la población LGBTI, pero hasta el cierre de esta edición no hubo respuesta. 

Este portal también solicitó una postura a la Consejería Jurídica de la Ciudad de México sobre la actuación del personal del juzgado cívico y qué capacitación reciben, a lo que a través de una tarjeta informativa respondieron que el 8 de septiembre de 2021, dos ciudadanos fueron presentados por personal de la Secretaria de Seguridad Ciudadana ante la Persona Juzgadora, en atención a lo dispuesto por el artículo 26, de la vigente Ley de Cultura Cívica, que en su fracción VI, señala como infracción el lesionar a una persona siempre y cuando las lesiones que se causen de acuerdo con el dictamen médico tarden en sanar menos de quince días. 

Entérate: COVID-19 y discriminación laboral

“Se precisa que dicha infracción es de clase D, cuya sanción corresponde de 20 a 36 horas de arresto, o de 10 a 18 horas de trabajo en favor de la comunidad. Sobre el particular, comunico a usted que de la lectura del expediente que obra en los archivos internos del Juzgado Cívico en cita, se desprende que ambas partes involucradas en los hechos aceptaron la comisión de la infracción, es decir, que efectuaron acciones a fin de lesionar a la parte contraria, por lo que aceptaron la sanción derivada, y de igual manera manifestaron la negativa de una conciliación”, dice la tarjeta.

La persona juzgadora y el secretario de juzgado, agrega el texto respuesta, “actuaron conforme a sus atribuciones, referidas en el artículo 67 de la Ley de Justicia Cívica de la Ciudad de México, y llevaron a cabo el debido proceso”. 

Por otro lado, se informa que la Dirección Ejecutiva de Justicia Cívica cuenta con un programa de capacitación constante, que incluye: elementos fundamentales de los derechos humano, violencia de género y género y lucha por la igualdad, entre otros. 

Sobre la respuesta de la Consejería de que Carolina aceptó haber cometido una infracción, su abogada señala que: “la única opción que se le dio fue la de aceptar que hubo lesiones por ambas partes para que tuvieran un arresto, los dos, incluido el agresor, de 36 horas. La asesoría que le dieron estuvo mal en todo el proceso, para empezar no debieron ir al Cívico, no saben identificar cuando hay violencia hacia la población LGBTTI”. 

Agresión de cero a 100

Los hechos ocurrieron el 8 de septiembre, alrededor de las 8 de la mañana, cuando Carolina entró a la farmacia del barrio donde tiene su consultorio veterinario. Solo iba por un papel de baño. La empleaba la estaba atendiendo, cuenta, cuando un hombre entró de forma abrupta pidiendo un cubrebocas. 

“Su actitud fue de atiéndame de inmediato, la señorita lo hace, le da el cubrebocas y todavía pide un suero, ahí es cuando yo le pido a la persona detrás del mostrador que por favor me termine de atender porque es mi turno, eso exacerbó al hombre de cero a 100, empezó a decirme que soy una lencha que quiere que todo el mundo le atienda siempre, una pinche vieja, una machorra, lesbiana, feminazi. Él parecía que me ubicaba de la veterinaria, al parecer es vecino del barrio, yo no lo había visto antes”, relata Carolina. 

La veterinaria dice que lo ignoró y le pidió a la vendedora que hablara con el gerente para pedir un sistema de turnos y evitar esos problemas. 

“Entonces él me dice que me calle, que me va a partir mi madre, que sabe donde vivo, me avienta y alega que es más cliente que yo. Pido que me cobren, manden factura y que me auxilie seguridad porque ya se volvió algo físico. El de seguridad se acerca, pero se queda a unos 2 metros y medio y no interviene. En ese momento me doy cuenta que estoy sola y decido que voy a proceder legalmente. Busco mi celular para tener pruebas, comienzo a grabar y le pido sus datos y que repita todo lo que me dijo”. 

Tal como consta también en la denuncia de los hechos que Carolina pudo hacer hasta el día después, ella intenta tomar las placas del auto del hombre, y él le dice “acércate a las placas y te rajo”. 

La grabación de Carolina, a la que Animal Político tuvo acceso, se interrumpe abruptamente, “fue porque mi teléfono salió volando cuando él me lanzó un golpe frontal”.

Lee más: El orgullo LGBT+ se vive todos los días

Carolina relata que ante el ataque, ella se defendió. “Le solté una patada y traté de detenerlo porque él se quería dar a la fuga, entonces me da una patada en la rodilla izquierda. Yo grité pidiendo ayuda, pero a pesar de estar rodeada de gente, nadie intervino. Solo un hombre le dijo que ya me dejara, porque él seguía jaloneándose, empujándome y rasguñándome, mientras trataba de llegar a su coche”. 

Cuando la policía se presentó, relata Carolina, “él dice que yo lo ataqué, que es un adulto mayor, que tiene sida, que sufre de una depresión profunda, que está medicado y que yo soy una vieja loca”.

Los policías, cuenta la veterinaria, le preguntaron a ella qué quería hacer. “Se me hizo raro que lo preguntaran, como si no hubiera un procedimiento. Les dije que quería levantar una denuncia, porque eso no se podía quedar así. Yo pensé que nos llevarían al ministerio público, pero en lugar de eso nos llevaron al juzgado cívico CUH-02”.

Carolina asegura que la persona que la recibió ahí no se identificó nunca, “me dicen que la evidencia que yo tengo (el video) no sirve de nada, nos pide la versión a cada uno y después de eso nos dice que el asunto solo se va a resolver de tres maneras: con servicio comunitario, multas o perdón”. 

Como Carolina decide seguir adelante con el proceso, llegan unas abogadas que se presentan como de la Secretaría de la Mujer. “Solo una me da su nombre de pila, Amalia. Sí se portan empáticas, pero cuando les dicen que el hombre es de la tercera edad, no lo verifican y me dicen que él es un adulto mayor y que no hay mucho que hacer, cuando yo escuché después en el hospital donde nos valoraron por los golpes que él admite tener 55 años, eso no es ser adulto mayor”. 

Entre las otras irregularidades que Carolina relata están que justo para llevarla a valoración al hospital por la lesión en su rodilla a causa de la patada que le dio el hombre, la querían trasladar en la misma patrulla que al presunto agresor, que al menos un policía la amedrentó previo al traslado, que no le dieron ni dejaron leer el resultado de la valoración del ortopedista; de la que salió con la pierna enyesada y la indicación de que debía estar inmovilizada diez días. 

Al regresar al juzgado, “nos presentan con el juez cívico y me dice que las lesiones no rebasan los quince días y que no estoy ahí para mostrar pruebas o para hacer alegatos de ningún tipo, únicamente para recibir una sanción y que no incluye servicio comunitario, solo 36 horas de arresto, pago de daños o el perdón”. 

La veterinaria cuenta que ya había decidido otorgar el perdón, ante el consejo de su abogada de hacerlo y después poner una denuncia. Ante esa decisión, los desalojan de la sala mientras preparan los documentos para cerrar el caso, pero entonces, asegura Carolina, el presunto agresor y sus acompañantes empezaron a fotografiarla a ella y a su familia, que ya se había presentado para apoyarla, afuera del juzgado. 

“Le digo a la policía que me escolta que si eso no es ilegal y me dice que no, que yo también puedo tomarle fotos si quiero, decidimos entonces también tomarles fotografías, pero el hombre empezó a agredir verbalmente a mi hermano, después agrede a mi esposa, y a un matrimonio amigo de una mujer y una persona con presentación no binaria”. 

Ante esto, Carolina decide no otorgar el perdón. “Nos llama otra jueza con la que no había yo tratado antes, la licencia Marisol Hernández, y enojada enojada dice que se le ha informado que ya no hay acuerdo, y en un modo violento y alzando la voz me dice: fíjate cómo estás, ¿te quieres ir así en esas condiciones (bajo arresto 36 horas)? Le contesté que si la única manera de que mi agresor tuviera alguna consecuencia era quedándome yo también detenida, entonces eso iba a hacer”. 

Es ahí, dice la veterinaria, cuando la jueza reduce la agresión, diciendo “que parecemos niños chiquitos y que seguramente tenemos pleito desde mucho antes”. 

A Carolina la trasladan en la misma unidad que a su presunto agresor, con un policía al volante, dice, que maneja sin la precaución de llevar a una persona lesionada, a quien además no se le había suministrado medicamento para el dolor por la lesión en la pierna. 

Carolina también enumera entre las irregularidades que vivió: el trato grosero de las autoridades, quienes incluso escucharon varias veces al hombre mientras hablaba por teléfono usar términos despectivos hacia ella y sus acompañantes por su aspecto y su orientación sexual, lo mismo que lanzar improperios y amenazas contra la veterinaria y nunca le pusieron un alto. 

También denuncia que a ella no se le permitió salir del juzgado cívico ni para fumar un cigarro, hasta que aceptó otorgar el perdón, y que estuvo custodiada todo el tiempo por una policía, mientras el presunto agresor se podía mover con libertad. 

En lo que se conoce como el torito, Carolina refiere que fue donde por fin recibió un trato más digno, “me trataron con respeto y amabilidad, pasé ahí la noche y al día siguiente me dejaron salir, porque amigos y conocidos se movieron y lograron la orden de liberación con la ayuda de la dirección del Centro de Atención a Víctimas del Delito”. 

Por las agresiones que sufrió, Carolina levantó ya, con orientación y apoyo de su abogada, una denuncia, de la que Animal Político tiene copia, ante la Fiscalía de Investigación de delitos cometidos en agravio de grupos de atención prioritarios, entre ellos la población LGBTTI, por discriminación, que provoque o incite al odio o a la violencia, y amenazas. 

Esta fiscalía enviará el desglose de los hechos, explica la abogada, a la Fiscalía de servidores públicos a la que le corresponde investigar si hubo negligencia u omisión por parte de las autoridades. 

Carolina está a la espera de lo que resulte, en tanto ya tramitó también una orden de protección y una de restricción para que el presunto agresor no pueda acercársele, dadas las amenazas que le profirió, aunque ni ella ni su abogada saben si de esta ya tiene conocimiento el hombre. 

“Lo que espero no es que detengan al agresor o que rueden cabezas, pero quiero que se revise el proceso para saber si el sistema falló para que no les pase lo mismo a otras personas”, cierra Carolina. 

 

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Qué es 'woke' y por qué este término ha generado una batalla cultural y política en EU

Ser o estar "woke" es considerado una insignia de honor para una gran parte de la población y un insulto para la otra parte. Te contamos por qué ha ahondado la polarización entre demócratas y republicanos en la antesala de los comicios de medio periodo en noviembre en EU.
5 de noviembre, 2022
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“Desperté”. Ese es el significado literal de la palabra “woke”, el pasado de “wake”, que significa despertar.

Pero el término es mucho más complejo y ser o estar woke en slang o jerga estadounidense puede hacer ver con qué posturas políticas estás más alineado.

El uso de woke surgió dentro de la comunidad negra de Estados Unidos y originalmente quería decir estar alerta a la injusticia racial.

“La persona que mucha gente considera que lo acuñó fue William Melvin Kelley”, le dijo a la BBC Elijah Watson, editor de noticias y cultura del sitio web de música estadounidense Okayplayer y autor de una serie de artículos llamados “El origen de woke”.

“En 1962 publicó un ensayo en el New York Times titulado If You’re Woke, You Dig It (‘Si estás despierto, lo entiendes’)”, relató.

El término resurgió en la última década con el movimiento Black Lives Matter, que nació en rechazo a la brutalidad policial hacia personas afrodescendientes.

Pero esta vez su uso se difundió más allá de la comunidad negra y empezó a ser utilizado para significar algo más amplio.

En 2017, el diccionario Oxford agregó esta nueva acepción de “woke”, definiéndolo como: “Estar consciente de temas sociales y políticos, en especial el racismo“.

Suena como algo positivo, ¿verdad?

Pues depende de a quién se le pregunte. Porque, así como hay gente que se autodefine con mucho orgullo como una persona “woke”, que está alerta a la discriminación y la injusticia, hay muchos otros que utilizan el adjetivo como un insulto.

El propio diccionario Oxford hace la distinción. Debajo de la definición, agrega lo siguiente:

“Esta palabra a menudo se usa con desaprobación por parte de personas que piensan que otras personas se molestan con demasiada facilidad por estos temas, o hablan demasiado sobre ellos de una manera que no cambia nada”.

O como apunta el diccionario Merriam-Webster, se usa con desaprobación para referirse a alguien políticamente liberal (como en asuntos de justicia racial y social) especialmente de una manera que se considera irrazonable o extrema.

"Se despierto, vota", dice este cartel.

Getty Images

Es decir, que mientras que para algunos ser “woke” es tener conciencia social y racial, y cuestionar los paradigmas y las normas opresoras impuestas históricamente por la sociedad, para otros describe a hipócritas que se creen moralmente superiores y quieren imponer sus ideas progresistas sobre el resto.

Los críticos de la cultura “woke” cuestionan, sobre todo, los métodos coercitivos que utilizan algunos “policías de la palabra” -así los definen- contra quienes dicen cosas o cometen actos que ellos perciben como misóginos, homofóbicos o racistas.

En particular ha generado mucho malestar el uso de un método conocido como la “cancelación“: un boicot social y profesional, que suele realizarse a través de las redes sociales, contra individuos que actuaron o dijeron algo que para ellos es intolerable.

Para las personas “woke”, se trata de una forma de protesta no violenta que permite empoderar a grupos históricamente marginalizados de la sociedad y corregir comportamientos, sobre todo de los sectores más privilegiados, que hasta ahora eran parte del stato quo y persistían sin castigo ni cambio.

Pero para los críticos es corrección política llevada al extremo, que atenta contra la libertad de expresión y “los valores tradicionales estadounidenses”.

Batalla política

Lo que empezó como un choque cultural se fue transformando en un enfrentamiento político.

El término “woke” se convirtió en sinónimo de políticas de izquierda o liberales que abogan por cosas como la equidad racial y social, el feminismo, el movimiento LGBT, el uso de pronombres de género neutro, el multiculturalismo, el uso de vacunas, el activismo ecológico y el derecho a abortar.

Políticas con las que se asocia el Partido Demócrata del presidente Joe Biden, así como también al ala más liberal que incluye políticos como Bernie Sanders o la congresista Alexandria Ocasio-Cortez.

En contraposición, el ala más extrema del Partido Republicano, liderada por el expresidente Donald Trump, considera que estas políticas representan no solo una amenaza a los “valores de familia” sino incluso a la misma democracia, a la que se quiere “reemplazar con una tiranía woke”.

Donald Trump y Joe Biden durante un debate antes de las elecciones de 2020

Reuters
El expresidente republicano Donald Trump encabeza las críticas a la “cultura woke”, con la que se asocia al actual mandatario, Joe Biden.

En 2020, Trump centró uno de los ejes de su campaña de reelección en combatir a estos llamados “woke lefties” (izquierdistas despiertos) quienes -aseguró- practican un “fascismo de extrema izquierda”.

El entonces mandatario señaló que con su “cultura de la cancelación” estaban “expulsando a la gente de sus trabajos, avergonzando a los disidentes y exigiendo la sumisión total de cualquiera que no esté de acuerdo”.

Es la definición misma de totalitarismo“, acusó el líder republicano.

Para los demócratas el autoritario es Trump, cosa que -según ellos- quedó demostrado cuando se rehusó a dejar el poder tras su derrota electoral y sus simpatizantes irrumpieron en el Capitolio.

Lejos de saldar el debate, los primeros dos años de gobierno de Biden han ahondado la polarización entre estos dos sectores.

Según el Pew Research Center, “los demócratas y los republicanos están más alejados ideológicamente hoy que en cualquier otro momento de los últimos 50 años”.

Y una encuesta realizada en septiembre por el canal CBS mostró que casi la mitad de los miembros de ambos partidos ven al otro no como un opositor político sino como un “enemigo”.

Las “midterms”

Las diferencias ideológicas se han vuelto a poner de manifiesto en la antesala de los próximos comicios legislativos del 8 de noviembre, conocidos como las “midterms” o elecciones de mitad de período.

Durante la campaña electoral, muchos partidarios de Trump han vuelto a advertir sobre los supuestos peligros que conlleva el llamado “wokeismo” demócrata.

“Puedes perder tu trabajo. Puedes ser rechazado en la plaza del pueblo de América en las redes sociales. Te pueden perseguir por la calle. Te pueden tirar cosas. Puedes ser agredido físicamente (como le ocurrió al escritor) Salman Rushdie. Te pueden apuñalar en la maldita garganta si no le caes bien”, alertó recientemente en Fox News la comentarista política conservadora Tammy Bruce.

Donald Trump en la última Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) en febrero de 2022, con un cartel atrás que dice: "Despierto, no woke".

Getty Images
Trump en la última Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), en la que se denunció la “cultura woke”.

Muchos demócratas desmerecen este tipo de afirmaciones, señalando que es retórica alarmista que busca ganar votos.

“Cada elección, inventan un nuevo cuco en lugar de tratar de resolver problemas y mejorar la vida de las personas”, criticó en declaraciones a CBS News el demócrata Charlie Crist, quien se postula para la gobernación de Florida en noviembre.

El rival de Crist es el actual gobernador Ron DeSantis, favorito para ganar y un posible candidato presidencial en 2024. Es uno de los republicanos que más hace hincapié en los supuestos peligros del “woke culture” de sus rivales.

En sus discursos suele repetir que “woke es la nueva religión de la izquierda“.

Dado este contexto, algunos demócratas, en especial los más moderados, han advertido que el llamado “wokeismo” está perjudicando a su partido, dándoles a los republicanos armas para atacarlos.

“El wokeness es un problema y todos lo saben”, le dijo al sitio Vox el famoso consultor político demócrata James Carville, quien lideró la exitosa campaña presidencial de Bill Clinton en los años 90.

Según Carville, el problema son algunas de las propuestas más extremas que alienan a los sectores conservadores de la sociedad y son usados por los trumpistas para asustar al electorado.

Como ejemplo citó la iniciativa para “desfinanciar a la policía” y utilizar esos fondos para programas de ayuda comunitaria, una idea que surgió tras el asesinato de George Floyd en 2020 y que busca poner fin al problema del llamado “racismo sistémico en las fuerzas de seguridad”.

Aunque muchos demócratas -incluido el presidente Biden- se expresaron en contra de esta idea, algunos la apoyaron, llevando a varios candidatos republicanos a asociar a todo el partido con la propuesta, que es impopular entre gran parte de la población.

Obama y AOC

La “cultura woke” también ha generado críticas internas dentro del liderazgo del Partido Demócrata.

Uno de los detractores más famosos -y más vocales- es el expresidente Barack Obama (2009-2017).

Barack Obama

EPA-EFE
El expresidente Barack Obama advirtió que juzgar a otros por sus errores no es constructivo.

En 2019, en la antesala de la carrera para definir quién sería el candidato o la candidata demócrata en los comicios presidenciales del año siguiente, Obama criticó que el foco -en especial entre los más jóvenes- se estuviera poniendo en cuán “woke” era esa persona.

Sus palabras llegaron luego de que un número de posibles candidatos demócratas se vieran forzados a pedir disculpas públicas por cosas que habían dicho en el pasado.

“Tengo la sensación de que ciertos jóvenes en las redes sociales creen que la forma de generar el cambio es juzgar lo más posible a otras personas”, afirmó durante un encuentro anual de la Fundación Obama.

“Si tuiteo o publico un hashtag sobre cómo no hiciste algo bien o usaste el verbo incorrecto, entonces puedo sentarme y sentirme bastante bien conmigo mismo porque ‘¿viste lo woke que fui? ¡Te pesqué!‘”.

“Basta”, dijo. “Si todo lo que haces es tirar piedras, probablemente no llegues muy lejos”.

“El mundo es desordenado”, aleccionó. “Hay ambigüedades. Las personas que hacen cosas realmente buenas tienen defectos“.

Sin embargo, la legisladora más joven del Partido Demócrata (y de toda la Cámara de Representantes), la carismática Alexandria Ocasio-Cortez, salió a la defensa del “wokeismo”.

AOC -como es conocida- señaló que si al partido le va mal en las próximas elecciones es porque el Congreso no ha logrado aprobar legislación sobre el derecho a votar, una de las causas insignia de los activistas “woke”.

Alexandria Ocasio-Cortez

EPA
Los demócratas más jóvenes -como la legisladora Alexandria Ocasio-Cortez (AOC)- son los que más fomentan la “cultura woke”.

“‘Woke’ es un término que los expertos ahora usan como un eufemismo despectivo de los derechos civiles y la justicia“, publicó en su cuenta de Twitter en noviembre de 2021.

“Inventar un problema ‘woke’ tiene como resultado poner los derechos civiles y de voto en un segundo plano”, advirtió.

“En un año en el que las legislaturas estatales están planeando mayorías republicanas y supresión de votantes, eso es peligroso”.

“Capitalismo woke”

Los debates sobre el “wokeismo” no solo dominan la agenda política y cultural estadounidense. También han permeado el mundo empresarial.

Algunas compañías se han encontrado en el ojo de la tormenta por adoptar cambios que son interpretados -para bien o para mal- como “woke”.

Un caso conocido es el de Gillette, que generó controversia en 2019 con una publicidad llamada “Lo mejor que pueden ser los hombres”, en el que se criticaba comportamientos masculinos “tóxicos” como el bullying, el acoso sexual y el sexismo.

Aunque fue aplaudido por muchos, también se convirtió en su momento en uno de los videos con mayor número de pulgares para abajo en You Tube, y provocó un boicot contra la fabricante de rasuradoras.

El golpe económico que sufrió Procter & Gamble, dueña de la compañía, llevó a la creación de un meme que se ha popularizado entre la derecha: Get woke, go broke (“Hazte woke, quiebra”).

En los últimos tiempos, la empresa que más ha recibido elogios y críticas por ser considerada “woke” es Disney.

Imagen de una persona vestida del ratón Mickey con un letrero a favor de Ron DeSantis

Getty Images
Disney podría perder los derechos de autor sobre su personaje Mickey Mouse por haber adoptado políticas que según los republicanos son “woke”.

En abril pasado, el gobernador DeSantis firmó una ley para retirarle a la Walt Disney Company su estatus legal especial que le permite autogobernarse en el estado de Florida.

Y legisladores republicanos advirtieron que no aprobarán la extensión del derecho de autor de Disney sobre su principal personaje Mickey Mouse, que vence en 2024.

Fue en represalia a la oposición de los ejecutivos de la empresa a una ley que prohíbe enseñar sobre sexualidad, orientación sexual y diversidad de género en las escuelas primarias de Florida, bautizada por sus detractores como la ley “No digas gay”.

Disney publicó un comunicado en contra de la norma, presionado por sus empleados que realizaron protestas y un paro ante el silencio inicial de la empresa.

“Nuestros empleados ven el poder de esta gran compañía como una oportunidad para hacer el bien. Yo estoy de acuerdo”, dijo entonces el CEO de Disney, Bob Chapek.

La compañía también fue acusada por algunos sectores conservadores de “hacer activismo woke” por elegir a una actriz negra para protagonizar la nueva versión, con actores de carne y hueso, del clásico “La sirenita”, en el que el personaje animado de Ariel (basado en el cuento de hadas de Hans Christian Andersen) aparece como una sirena de piel blanca y ojos azules (en ambas versiones es pelirroja).

Por el contrario, la elección de una actriz de piel oscura fue aplaudida por muchas voces que no solo se sintieron representadas sino que además consideran que, dado que las sirenas son personajes mitológicos, pueden ser de cualquier color de piel.

DeSantis y otros republicanos también han criticado a las empresas que priorizan las inversiones que tienen impacto medioambiental, social y de gobernanza (conocidas como ESG), catalogándolas como “capitalismo woke“.

En julio pasado, el gobernador dijo que las inversiones ESG -que suelen priorizar temas como el cambio climático o la diversidad- “amenazan la vitalidad de la economía estadounidense y la libertad económica de los estadounidenses al apuntar a individuos e industrias desfavorecidas para promover una agenda ideológica woke“.

Según el sitio Market Watch, si los republicanos toman el control del Congreso durante las midterms “es probable que apunten contra el capitalismo woke”.

“Los inversores deben esperar un rechazo significativo de los republicanos contra las políticas ESG, tanto las ordenadas por los reguladores gubernamentales como las autoimpuestas por el sector privado”, advirtió el analista Brian Gardner de la consultora financiera Stifel.


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