Cienfuegos, el atentado contra Evo: las revelaciones del libro de AMLO
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Cienfuegos, el atentado contra Evo Morales: las revelaciones del libro de AMLO

A mitad del camino, el libro más reciente del presidente Andrés Manuel López Obrador, contiene información inédita en asuntos de seguridad nacional, política exterior y recaudación fiscal.
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5 de septiembre, 2021
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El más reciente libro del presidente Andrés Manuel López Obrador, A mitad del camino, que edita Planeta, no es sólo un retrato de la idea de país del mandatario y una autoevaluación de su gobierno, sino que también contiene información inédita en asuntos de seguridad nacional, política exterior y recaudación fiscal.

Por ejemplo, el presidente reveló el facsímil de una carta que le envió el exsecretario de la Defensa Nacional en el sexenio peñista, Salvador Cienfuegos, poco tiempo después de su detención en Estados Unidos por supuestos cargos de narcotráfico y lavado de dinero. En el manuscrito, el general le dijo a López Obrador que su detención había sido humillante y que no tenía dinero suficiente para pagar su defensa en el país norteamericano.

El libro también incluye un informe inédito de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) sobre la misión de rescate de Evo Morales tras el golpe de Estado en Bolivia, para la que México envió una aeronave oficial. El documento revela que, cuando el avión despegó del aeropuerto de Cochabamba, con el mandatario y su comitiva a bordo, soldados bolivianos le lanzaron un cohete en un intento por derribarlo.

López Obrador también revela que su administración logró un acuerdo con las empresas que administran reclusorios para que, al término de los contratos vigentes (de 22 años), las prisiones pasen a ser propiedad del gobierno.

En A mitad del camino también se incluye un reporte del Servicio de Administración Tributaria (SAT) que revela una lista de los 58 grandes contribuyentes más beneficiados con condonaciones durante los sexenios de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

El listado de beneficiarios incluye los nombres de empresas cuyos dueños ahora son asesores del presidente López Obrador, como Grupo Salinas −de Ricardo Salinas Pliego−, al que se le condonaron 7 mil 775 millones de pesos, principalmente en el peñismo; Deacero −de Sergio Gutiérrez−, que tuvo condonaciones por 1 mil 993 millones de pesos, todas con Peña Nieto; y Grupo Financiero Banorte −de Carlos Hank González−, al que se le condonaron 1 mil 436 millones de pesos en el peñismo.

El atentado contra Evo

Durante la misión de rescate del expresidente Evo Morales tras el golpe de Estado en Bolivia en noviembre de 2019, militares de ese país lanzaron desde tierra un cohete a la aeronave del gobierno mexicano donde viajaba el depuesto mandatario con la intención de derribarlo.

El ataque fue efectuado con un lanzacohetes RPG-7, de fabricación rusa, que está diseñado para destruir tanques y que también es capaz de derribar aeronaves (ha sido utilizado por organizaciones terroristas para echar abajo helicópteros de Estados Unidos y de la OTAN). En México, el Cártel de Jalisco derribó con uno de esos misiles un helicóptero de la Fuerza Aérea en 2015.

La tripulación mexicana, encabezada por militares, logró eludir el proyectil lanzado por soldados bolivianos cuando iniciaba su despegue la aeronave oficial, un jet Gulfstream G550, del aeropuerto de Chimoré, en Cochabamba.

La revelación forma parte de un informe inédito elaborado por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), encargada de ejecutar el plan de rescate de Morales, y que fue incluido en el más reciente libro del presidente Andrés Manuel López Obrador, A mitad del camino, que edita Planeta.

“Evo decía que le habíamos salvado la vida; yo pensaba que esa expresión era solo un gesto de agradecimiento por nuestra solidaridad, pero cuando el secretario de la Defensa me entregó el informe sobre los pormenores del operativo, caí en la cuenta del gran riesgo que se había corrido”, escribe López Obrador.

El reporte de la Sedena fue hecho a partir de las declaraciones de los militares directamente involucrados en la “Misión Bolivia”: la tripulación a bordo del Gulfstream G550 que viajó desde la Ciudad de México al país sudamericano la madrugada del 11 de noviembre de 2019, luego del golpe de Estado encabezado por grupos conservadores de ese país en contubernio con el Ejército.

La tripulación se integró por el general piloto aviador Miguel Eduardo Hernández Velázquez, el teniente coronel piloto aviador Felipe Jarquín Hernández, y el capitán segundo Julio César Sánchez Ruperto. Sus funciones serían, respectivamente, las de piloto, copiloto y mecánico de a bordo. Los acompañó Froylán Gámez Gamboa, de la Dirección de Asuntos Especiales de la Subsecretaría para América Latina y el Caribe de la SRE, como representante diplomático de México.

La aeronave aterrizó casi siete horas después en el aeropuerto de Lima, a la espera de autorización para ingresar al espacio aéreo de Bolivia y poder aterrizar en el aeropuerto de Chimoré, en Cochabamba.

Tras horas de negociación entre el representante de la Cancillería y las nuevas autoridades bolivianas, se logró el permiso para volar a Bolivia, donde aterrizaron a las 19:00 horas (tiempo de México) del 11 de noviembre.

Según el relato de los tripulantes, al aterrizar en el aeropuerto de Chimoré, a ambos lados de la calle de rodaje, “se advertía una abundante presencia de personal militar y civiles armados que observaban la aeronave”.

Luego de estacionar en la plataforma de servicio y apagar los motores, el general Hernández -quien pilotaba la aeronave- pidió a la tripulación permanecer a bordo y descendió desarmado, a fin de no provocar “malas interpretaciones”.

Al avión mexicano abordó Evo Morales 45 minutos después, acompañados del vicepresidente Álvaro García Linera y la entonces ministra de Salud, Gabriela Montaño.

“En ese momento, los mexicanos sintieron alivio, ya estaba hecha la mitad del trabajo; lo que ignoraban era que esa había sido la mitad fácil, ahora faltaba completar la parte más difícil y complicada de la misión: llevar a México al señor Evo Morales y sus acompañantes garantizando su seguridad”, indica el informe castrense citado por López Obrador en su libro.

De parte de Perú, la tripulación recibió autorización para volar al aeropuerto de Lima, pero, cuando la aeronave estaba a pocos instantes de iniciar el despegue, desde la torre de control del aeropuerto de Chimoré se les comunicó que no tenían permiso, por lo que se les ordenó volver a la plataforma de servicio, donde advirtieron “una mayor actividad de personal armado y vehículos artillados a ambos lados de la pista”.

El piloto mexicano, el general Hernández, descendió de la aeronave e intentó hacer una llamada, cuando fue rodeado por tres hombres armados que portaban el uniforme del Ejército boliviano. A partir de entonces se la situación se volvió tensa.

“Ordenándole uno de ellos (al general piloto) levantar los brazos, diciéndole que bajarían a Evo Morales de su avión. En ese momento, otro de los individuos se le aproximó por detrás y lo golpeó en la espalda baja con la culata de un arma larga tipo Garand, por lo que el piloto giró hacia la izquierda para enfrentarlo, momento en el cual otro de los individuos, también uniformado, le golpeó en el abdomen con el rompeflamas de un fusil automático ligero, cargando su arma y apuntándole al pecho sin ninguna razón aparente que motivara la acción”, dice el informe.

El general mexicano razonó con el soldado que le apuntaba diciéndole que “los valientes no asesinan”, luego de lo cual éste bajó su arma.

Llegaron más sujetos armados, algunos uniformados y otros vistiendo de civil, que rodearon la aeronave. Muy cerca, a 150 metros, se apostó un hombre con un lanzacohetes RPG, apuntándole al avión.

El general Hernández instruyó a su tripulación que cerraran las persianas de las ventanillas de la cabina de pasajeros y mantuvieran la puerta sellada.

El líder del grupo boliviano volvió a insistir “en sus intenciones de ingresar a la aeronave para extraer a las tres personas de nacionalidad boliviana que se encontraban a bordo”. El general piloto se interpuso en la escalera de acceso y le replicó que no podía darle acceso porque, según el derecho internacional, la aeronave, al ser ostensiblemente propiedad de la Fuerza Aérea Mexicana, debe ser considerada de su jurisdicción.

Tras varias negociaciones, el general Hernández logró que lo pusieran en contacto vía telefónica con un mando que se identificó como el general Terceros Lara, comandante de la Fuerza Aérea Bolivariana, a quien el piloto mexicano le explicó que la razón de su estancia en su país era efectuar una misión humanitaria en cumplimiento de una orden.

El general boliviano accedió a su petición con actitud molesta; le dijo que tenía 30 minutos para abandonar el espacio aéreo de su país, luego de lo cual, advirtió, “él no respondería por la seguridad de los ocupantes ni por la integridad de la aeronave”.

A instancias del general Terceros Lara, se le ordenó a los soldados bolivianos permitir el despegue, y, particularmente, se le pidió al militar que sostenía el lanzacohetes RPG que dejara de apuntarle a la aeronave mexicana. El hombre obedeció, momentáneamente.

Cuando el jet apenas despegaba, con Evo Morales y su comitiva a bordo, le lanzó un misil, que el piloto logró esquivar. El informe de la Sedena detalla la escena:

“Habiendo iniciado el rodaje a las 20:55 horas (tiempo local de México), despegaron a las 21:01; durante el ascenso inicial, el piloto alcanzó a observar, desde el lado izquierdo de la cabina de mando, y cuando casi alcanzaban 1,500 pies sobre el terreno, una estela luminosa similar a la característica de un cohete en la posición de las siete (atrás y a la izquierda de la trayectoria del avión) por debajo del horizonte, estimando el piloto que, en caso de tratarse de un proyectil, el punto desde donde fue lanzado podría estar ubicado en las inmediaciones del aeropuerto de Cochabamba, por lo que efectuó un viraje ceñido hacia el lado contrario de la trayectoria del proyectil (lado derecho), incrementando el régimen de ascenso para evitar el impacto, observando que la traza, muy por debajo de la aeronave, efectuaba una parábola hacia el terreno sin haber alcanzado la altura que en ese momento ya tenían, aproximadamente, de 3,000 pies sobre el terreno, concluyendo su apreciación que el posible cohete podría haber provenido del lanzador RPG que observó en el aeropuerto; respecto a esta situación, decidió abstenerse de comunicar a la tripulación para evitar incrementar la tensión existente y poder mantenerse concentrado en el ya de por sí complicado vuelo”.

Luego de haber dejado a salvo a Morales y su comitiva en México, tras 24 horas sin dormir, la tripulación de militares fue condecorada por el presidente López Obrador.

 

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'Ni vivir así… ni morir así': la controvertida práctica de la eutanasia psiquiátrica y los países donde se lleva a cabo

España acaba de sumarse a la lista de países donde es legal la eutanasia de personas con trastornos mentales y la iniciativa ha provocado un feroz debate en la comunidad médica.
10 de diciembre, 2021
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En enero de 2018 Aurelia Brouwers, una joven neerlandesa de 29 años, escribió en Facebook “Me estoy preparando para mi viaje. Gracias por todo. A partir de ahora no estaré disponible”.

Cuatro horas después, Brouwers se recostó en su cama y, rodeada de amigos, bebió un compuesto tóxico, recetado por su médico, para morir.

La muerte de Aurelia, en la ciudad de Deventer, Países Bajos, ocurrió un mes después de que el Estado le otorgara el derecho a morir bajo la ley de eutanasia y suicidio asistido, que permite la terminación de la vida cuando hay “sufrimiento insoportable e intratable”.

Pero Aurelia no sufría una enfermedad terminal.

A la joven neerlandesa se le permitió poner fin a su vida debido al “sufrimiento psicológico insoportable” de sus trastornos mentales, incluidos, ansiedad, depresión y psicosis.

La eutanasia está permitida en siete países y el procedimiento se practica principalmente en personas con enfermedades terminales como cáncer, donde el paciente tiene meses o semanas de vida.

Pero en cuatro de éstos países -Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo y recientemente España- se permite el procedimiento para personas con enfermedades mentales, como depresión, ansiedad o trastornos de la personalidad.

(Canadá votó en marzo para permitir la eutanasia para enfermedades mentales a partir de marzo de 2023).

Igual que ocurrió en 2018 con la muerte de Aurelia, el asunto de la “eutanasia psiquiátrica” ha provocado un feroz debate en la comunidad médica de España y Canadá.

Y ha enfrentado a quienes afirman que una enfermedad mental puede causar tanto sufrimiento e incapacidad como una enfermedad física, y quienes apuntan que hay tratamientos para curar estos trastornos y no se debe ayudar a morir a estas personas.

“Yo creo que se tienen que hacer los esfuerzos públicos para que las personas no deseen morir, pero que algunas personas quieran morirse es algo hasta cierto punto inevitable”, le dice a BBC Mundo David Rodríguez-Arias, profesor de bioética de la Universidad de Granada e investigador principal del proyecto INEDyTO sobre bioética y final de la vida.

“Hay circunstancias que son tan dramáticas y tan duras y tan irreversibles e irremediables que es inevitable que siga habiendo algunas personas que pidan ese tipo de ayuda“.

“Es una constatación triste, pero inevitable”, agrega.

inyección

Getty Images
Holanda fue el primer país del mundo en legalizar la eutanasia en 2002.

Para muchos psiquiatras, sin embargo, la eutanasia es “fundamentalmente incompatible” con el papel de un médico para sanar al enfermo.

“Abrir la puerta a la eutanasia facilita la devaluación del valor de la vida, a la cual si que tenemos derecho como seres humanos”, le dice a BBC Mundo el doctor Manuel Bousoño García, profesor de psiquiatría de la Universidad de Oviedo.

“Debe lucharse por preservarla libre de sufrimiento y no por eliminarla”.

El reto de los criterios

En los cuatro países donde se permite la eutanasia psiquiátrica, las personas que solicitan el procedimiento deben cumplir con una serie de condiciones.

El problema es la dificultad para interpretar muchos de los criterios que se establecen en la ley de eutanasia.

Y distinguir a los pacientes elegibles para el procedimiento es un enorme reto para los profesionales de salud mental.

Por ejemplo, ¿tiene un paciente con un trastorno mental la capacidad para tomar la decisión de poner fin a su vida?

El psiquiatra Manuel Bousoño cree que una de las características de las enfermedades psiquiátricas es la disminución de esta capacidad y, por lo tanto, se debe proteger a estos pacientes.

“Muchas enfermedades psiquiátricas presentan una tendencia al suicidio que podría inclinarles a buscar una salida en la eutanasia, aunque su enfermedad fuese tratable o incluso curable con los medios adecuados”, afirma Bousoño.

“Y hay que proteger a las personas con enfermedad mental del riesgo a que les somete su enfermedad”, agrega.

Pero David Rodríguez-Arias cree que asumir que una persona con un trastorno mental es necesariamente incapaz de tomar decisiones con respecto a su salud es “un prejuicio común”.

“No se puede directamente asumir que una persona con un trastorno de salud mental tenga incapacidad para tomar decisiones”, explica.

“Ante una persona con una depresión se debe demostrar -no presumir- que es incapaz de tomar la decisión acerca de su propia muerte”.

protesta en España

Getty Images

Otro de los grandes retos que enfrentan los psiquiatras es cómo distinguir que una enfermedad mental es incurable, por un lado, y por el otro, crónica e imposibilitante, que son también condiciones que establecen las leyes de eutanasia.

El psiquiatra Manuel Bousoño asegura que “en muy pocas ocasiones podría decirse que (una enfermedad mental) es intratable”.

“Afortunadamente hay tratamientos que son muy eficaces para disminuir el nivel de sufrimiento”.

Y agrega que “a lo largo de más de 40 años de ejercicio profesional no he encontrado ningún caso con sufrimiento intratable“.

Pero el profesor Rodríguez-Arias cree que la cuestión de si las enfermedades mentales pueden curarse o no es un asunto bastante difícil de resolver.

“Los estándares de tratamiento y los propios diagnósticos en el ámbito de salud mental están muy cuestionados”.

“Incluso los propios especialistas dentro de la salud mental no comparten entre sí los criterios de diagnóstico ni de tratamiento”, señala el experto en bioética.

Y con respecto a las otras condiciones que contempla la ley, la de que una enfermedad mental sea crónica e imposibilitante, es quizás más fácil de demostrar con personas que llevan años o gran parte de su vida con una enfermedad que les da un sufrimiento intolerable y sin encontrar un tratamiento adecuado para aliviar ese sufrimiento.

“Entonces yo creo que los enfermos en salud mental, incluidos los que tienen depresión, pueden ser candidatos, en teoría, a este tipo de ayuda a morir, siempre y cuando efectivamente sean competentes para tomar esa decisión y siempre y cuando convenzan a los médicos que su padecimiento es crónico e imposibilitante“, le dice a BBC Mundo el profesor David Rodríguez-Arias.

Suicidio: ¿evitarlo o facilitarlo?

Quienes apoyan la eutanasia apuntan a la autonomía y la autodeterminación para poner fin al sufrimiento intolerable de una enfermedad.

Quienes se oponen aseguran que la sociedad debe esforzarse más para ayudar a los enfermos mentales y que el papel de los psiquiatras es evitar los suicidios y no ofrecerlos como tratamiento.

“La posibilidad de acceder al suicidio asistido (Eutanasia), va en contra de lo que la psiquiatría promueve como ciencia, que es la curación o alivio de las enfermedades mentales y de sus consecuencias”, le dice a BBC Mundo el doctor Manuel Bousoño.

“La lucha por mejorar debe ser hacia una mejor y más completa asistencia, aunque eso suponga unos costes mayores que una eutanasia que solo sirva para eliminar a los miembros más débiles de una sociedad”, agrega.

protesta en España

Getty Images

Pero ¿qué ocurre cuando el sufrimiento de un paciente es verdaderamente irremediable?

“Creo que la tarea de los psiquiatras es saber cuándo tenemos que prevenir suicidios y cuando tenemos que apoyarlos“, le dice a BBC Mundo la doctora Asunción Álvarez del Río profesora e investigadora del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“El problema es que por definición, muchos psiquiatras consideran que si alguien quiere suicidarse o quitarse la vida eso es una expresión de perturbación, un síntoma de la enfermedad, y eso está equivocado”.

“En muchos casos puede ser la expresión de una depresión profunda o de algo que se puede tratar. Pero no siempre”.

La experta cree que hay un problema con la formación psiquiátrica que establece que si alguien considera terminar su vida es porque está perturbado.

“Eso es un error”, dice. “Hay gente que tiene muy claro que quiere terminar con su vida porque su vida no se va a mejorar y quieren usar su libertar para dejar de vivir“, agrega la también autora de “La Eutanasia” (1998) y “Práctica y ética de la eutanasia” (2005).

Lo que es un hecho es que muchos pacientes psiquiátricos, incluso en los países más desarrollados, no encuentran un tratamiento adecuado para su enfermedad (o no lo buscan) y terminan suicidándose.

En países como Bélgica o Países Bajos, ha habido testimonios de padres cuyos hijos se suicidan de forma violenta después de que se les negó la eutanasia. ¿Qué se les dice a esos padres? ¿Habría sido mejor facilitar su muerte?

“Que un hijo quiera solicitar una eutanasia tiene que ser durísimo, pero también es muy duro que se suicide”, afirma el profesor de bioética David Rodríguez-Arias.

“La ley permitirá sólo aquellas muertes que estén muy bien argumentadas, justificadas y revisadas por varias personas especializadas”.

“Yo creo que la ley no permitiría que las personas jóvenes acaben suicidándose cuando todavía tienen alternativas de conseguir una vida con calidad”, agrega el experto.

En efecto, los médicos tienen el enorme desafío de saber cuándo respetar la libertad de una persona de poner fin a su vida, asegurándose de que tiene la capacidad de tomar la decisión y de que no hay forma de mejorar su sufrimiento y condición.

“Es una responsabilidad entre el médico responsable de ese paciente y ese médico tiene que consultar con otros médicos que también tendrán que valorar al paciente”, explica la doctora Asunción Álvarez del Río.

“Ha habido casos interesantes en donde pacientes psiquiátricos hablan del alivio que sienten cuando se les autoriza la eutanasia y como eso les ha permitido seguir viviendo, porque saben que cuando decidan morir, ya cuentan con esa ayuda”.

“Y también es un hecho que a los pacientes que les niegan la eutanasia encuentran otra forma más violenta de suicidarse”, agrega la experta.

Un equipo de eutanasia para médicos en Bélgica.

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Un equipo de eutanasia para médicos en Bélgica.

Abrir el debate

El número de personas a quienes se les permite morir por sufrimiento psiquiátrico es pequeño: representa entre el 1% y el 3% del total de casos de eutanasia y suicidio asistido en los países donde los procedimientos son legales.

Por ejemplo en Países Bajos, de los 6.938 procedimientos de eutanasia que se llevaron a cabo en 2020, 60 pacientes se sometieron a la muerte asistida por trastornos mentales.

Aún así, todavía hay muchos temores alrededor del mundo para abrir el debate de la legalización de la eutanasia y el suicidio asistido.

Por ejemplo, en Reino Unido, donde la eutanasia es ilegal, un sondeo llevado a cabo por YouGov en agosto encontró que 75% de los británicos apoyan la muerte médicamente asistida para enfermos terminales y, sin embargo, los legisladores continúan rechazando las propuestas para cambiar la ley.

Como señala el profesor de bioética, David Rodríguez-Arias, todavía sigue habiendo muchos tabúes en las sociedades para hablar de la muerte.

“Siempre está la idea de que renunciar a la vida es una especie de fracaso y quizás también genera la sensación de culpa por parte de las demás personas, de la sociedad y de las políticas públicas”, señala.

“Entonces esa sensación de fracaso y de culpa pueden explicar en parte este tabú y este silenciamiento de la muerte”.

“Pero esta tendencia contrasta con toda una tradición cultural, filosófica, literaria… desde Séneca, pasando por Hume y otros filósofos que hablan del suicidio como una forma honrosa de vivir y de culminar una vida con sentido”.

“Y las sociedades están cada vez más comprendiendo que las biotecnologías aplicadas al mantenimiento de la vida a veces solo consiguen prolongar la vida sin al mismo tiempo conservar su calidad”, agrega el experto.

Y la doctora Álvarez del Río también cree que debe abrirse el debate y aceptar las posiciones contradictorias.

“Es un tema en el que siempre van a aparecer posiciones difíciles de conciliar. Pero no se trata de que la gente esté de acuerdo, sino se trata de respetar las diferentes posiciones. Eso es lo que hay que considerar”, señala.

Pero el doctor Manuel Bousoño cree que España “estaba mejor sin esta ley”.

“Mi opinión es que con la legislación sobre la eutanasia, se abre una puerta difícil de cerrar, que va a producir más sufrimiento que el que pretende corregir”.

“Hubiese sido mucho mejor una Ley de Cuidados Paliativos, que en nuestro país aun están insuficientemente dotados”, indica el experto.


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