Arte feminista para expresar causa y sanar las heridas
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Foto: Cortesía de Dulce Perezchica

Arte feminista para expresar causa y sanar las heridas

Vistamos una mercadita feminista, monumentos intervenidos y expresiones callejeras en diversas ciudades de México para conocer las voces de las artistas que a través de sus manifestaciones expresan causas políticas y sociales, al tiempo que tejen redes de sororidad.
Foto: Cortesía de Dulce Perezchica
Por Celia Guerrero, Cristina Salmerón y Eugenia Coppel
6 de octubre, 2021
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De forma individual o conformando colectivas, de manera independiente o con fondos públicos las mujeres han logrado abrirse espacios en diversas disciplinas artísticas. De la mano de movimientos feministas en México ilustradoras, muralistas, performanceras, grafiteras, artesanas, documentalistas y tatuadoras han irrumpido en las calles, en los museos, en galerías y en las universidades para expresar sus causas políticas y sociales.

En este especial, visitamos una mercadita feminista en Nezahualcóyotl, Estado de México; recorrimos espacios coloreados por mujeres en Guadalajara; supimos las razones de las acciones callejeras e intervenciones a monumentos en la Ciudad de México. Ellas, las artistas, nos cuentan cómo expresan las violencias estructurales que viven las mujeres en este país, pero también cómo a través de estas acciones tejen redes de forma literal o metafórica, se ayudan, se acompañan y se curan.

Arte en CDMX: un abrazo para las mujeres, una confrontación al patriarcado

El Ángel de la Independencia, uno de los símbolos más importantes de la Ciudad de México, fue bardeado en agosto de 2019 después de las pintas que quedaron en la base del monumento tras las manifestaciones feministas. Esos grafitis que representaron la rabia de las mujeres que demandan justicia por la violencia fueron invisibilizados con tablones.

Irasema Fernández, escritora, artista visual y activista feminista decidió ir días después junto con algunas compañeras a tapizar esos tablones con carteles. “La policía abusa, viola y mata”, se lee alrededor del dibujo de una placa de la policía capitalina. “Dejemos de llamarle ‘vida privada’ y ‘secretos de familia’ a las historias de abuso sexual”, se lee en otro al lado. Un tercero, cambió los versos de un rezo: “Padre nuestro que estás en el cielo. Padre de la violación, Padre del racismo, Padre de la misoginia, Padre de la pederastia… Haz estéril tu patriarcado. Amén”. Estas piezas son parte de la serie Narrativas móviles, creada por Irasema.

Se trata de un proyecto que mezcla la escritura y la acción callejera. «Surge al dejar mi espacio seguro y llevar esos mensajes confrontativos afuera”, dice en entrevista desde Alemania, donde ahora mismo desarrolla otras piezas de su obra.

Aunque el arte feminista lleva décadas existiendo en México, fue hace un par de años que hubo un boom, sobre todo en el terreno de la gráfica hecha por mujeres. Desde ilustradoras hasta muralistas, performanceras o tatuadoras, tanto en el plano físico como en el virtual, las mujeres sintieron la necesidad de crear redes de apoyo, de manifestarse fuera de espacios individuales para expresar sus causas políticas y sociales.

Una de las pioneras del movimiento en México es Mónica Mayer, quien lleva casi 50 años en el arte feminista. Ella es autora de una de las obras más representativas llamada El tendedero, la cual es estéticamente llamativa, pero es además colaborativa, reflexiva y catártica y ha sido retomada para denunciar violencias hacia las mujeres.

Para El tendedero, Mayer invitó a 800 mujeres a que completaran la frase: “Como mujer lo que más me disgusta de la ciudad es…” en pedazos de papel rosa. Cada respuesta fue montada sobre una estructura que aludía a este objeto sexualizado como femenino y doméstico, pero que pretende entablar un diálogo sobre la violencia que viven las mujeres en el espacio público de la Ciudad de México.

Dicha pieza fue presentada por primera vez en una exposición colectiva en el Museo de Arte Moderno y una segunda versión se hizo en Los Ángeles, California, en 1979 dentro del proyecto visual Making it Safe de Suzanne Lacy.

Del legado de Mónica Mayer, quien sigue activa en el arte, se desprende también el proyecto Mutua, una comunidad experimental que desarrolla proyectos artísticos y pedagógicos. Uno de ellos lleva el nombre Limpiando el techo de cristal.

Con un espíritu similar, pero desde el museo más nuevo que tiene la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), nació Brillantinas MUAC. Es una colectiva con la idea de mantener un programa artístico con perspectiva de género en un entorno digital, pero con la intención de brincar a lo físico cuando sea posible.

Natalia Millán, artista y gestora cultural en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), habla en entrevista sobre este proyecto gestado desde hace algunos años, pero parido por necesidad en abril de 2020. “La línea es de arte con perspectiva de género, pues integramos feminismos y hacemos coaliciones con movimientos queer. Nació como un llamado de unión a los movimientos feministas y mujeres en general que se vieron vulnerables ante el encierro”.

En Brillantinas MUAC hacen trabajo de investigación, dan talleres, fungen de laboratorio, crean acciones positivas para el arte con perspectiva de género. Son parte de las redes sociales, un espacio donde hay esa libertad y ese poder de no necesitar una gestión, una curaduría o un proceso burocrático para que exista la obra o para que pueda ser mostrada

El nombre de Brillantinas alude a la vez que, en una protesta feminista en agosto de 2019, al puro estilo de un acto perfomático, mujeres le arrojaron diamantina rosa a Jesús Orta, entonces titular de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México. “Es una idea poética de la voz colectiva, de que si se unieran a todas las chicas que han estado peleando y se transita a un objeto, serían unos cuantos kilos de glitter; donde cada cosa que una hace aporta a ese conjunto que tiene peso y brilla”, explica Natalia Millán.

La importancia del arte que invita a la conversación 

“¿Tienen las mujeres que estar desnudas para entrar en el Met Museum? Menos del 5% de los artistas en las secciones de Arte Moderno son mujeres, pero un 85% de los desnudos son femeninos”, dicta un famoso cartel de la colectiva Guerrilla Girls, un grupo de artistas estadounidenses anónimas creado en 1984. Desde entonces, con su arte y protesta, abrieron las puertas a campañas que buscaban la “conciencia del mundo del arte”, frase con la que se autodenominaron.

Tanto en México como en distintas partes del mundo, la gráfica ha sido muy importante en los movimientos sociales. La ilustración y el dibujo son un vaso comunicante que puede representar no sólo ideas, sino sentimientos. “Eso ha sido muy importante en los feminismos y ahora en las redes sociales como Instagram, que ha empoderado a chicas que están mostrando su obra ahí”, reconoce Millán.

“Hace un par de años, comenzaron a tejerse redes en los círculos literarios y artísticos para tratar problemas de género específicamente. Empezamos a nombrar violencias que sabíamos que estaban, pero no las habíamos reconocido puntual ni masivamente en la experiencia de les otres. Este primer encuentro (en 2019, año del #MeToo mexicano) me hizo ver la importancia y grandeza del problema, a la par, la importancia de crear lazos y comunidad”, asegura Irasema Fernández.

Una de sus líneas de acción ha sido la de confrontar. El trabajo de Irasema Fernández está inspirado en parte por el de Sonia Madrigal, quien ha trabajado en la zona de Nezahualcóyotl, al oriente del Estado de México. Su obra sale del museo y “explora distintas narrativas visuales para reflexionar, de manera personal y colectiva, en torno al cuerpo, la violencia y el territorio”, explica en su biografía.

Si bien ha expuesto en espacios cerrados, el mayor interés de Irasema ha sido la calle, pues es ahí donde se sale del “privilegio de la esfera cultural”, como ella lo nombra. “Trabajar con Sonia Madrigal pintando una barda en Santa Clara Coatitla, Edomex, fue un impacto inmediato con la gente de la calle; veían cómo estábamos interviniendo el espacio público, lo discutían, lo celebraban o incluso lo censuraban, pero para mí fue algo revelador que hubiera diálogo con el arte”.

Aunque no todos los casos de censura resultan tan alentadores. “Me invitaron a hacer un mural en Wadley, San Luis Potosí, y dibujé, como usualmente dibujo, a una mujer desnuda. El problema es que no me di cuenta de que al lado había una iglesia”, recuerda Carolina Castro, gestora cultural y artista autodidacta, de 27 años. Su mural fue censurado con un bikini rosa cuando ella ya estaba en la Ciudad de México. “Me molestó mucho el hecho de pensar que la misma sociedad que acepta que se promueva un periódico donde aparece una mujer desnuda y al lado un cuerpo destripado, se indigne al ver una caricatura. El mural era de una mujer desnuda recostada en cactus, era un motivo de dolor y por eso me molestó que le pintaran un bikini, como de comodidad”.

La fotos del antes y el después del mural las subió a Facebook el 31 de agosto y a la fecha se han compartido más de 4,500 veces. Para Carolina, aunque esta experiencia fue un trago amargo, no piensa que esto la derrote. “Por la violencia que hemos sufrido, es admirable que las mujeres salgan a la calle, más aún que intenten hacer arte afuera y yo pretendo visibilizar eso. Quiero que el arte vuelva un espacio seguro a esas calles, porque si habemos más mujeres afuera, va a ser menos peligrosa para nosotras”.

El alcance del arte público, explica Fernández, tiene un impacto social real porque toca a una sociedad que está vibrando con esos mensajes: “Me encanta que la gente quite, borre o destruya las expresiones de arte, porque eso significa que son mensajes que importan. Si está el enojo es porque hay un diálogo y eso me motiva a poner más, veo dónde está la ruta de que el mensaje está llegando a su interlocutor”.

Tanto a Irasema como a Carolina les agrada el arte que no sólo es contemplativo, sino el que invita a una conversación. De este segundo hay mucho en las calles, sobre todo de mujeres que están confrontando la violencia de género y que resulta un abrazo para las que caminan solas. “Es una forma de acompañar anónimamente a alguien que puede sentirse frágil”, concluye Irasema.

(Por Cristina Salmerón)

Lazos de sanación colectiva y murales nocturnos que transforman espacios en Guadalajara

Las redes de artistas feministas se siguen tejiendo en Guadalajara. A veces de manera literal, como es el caso de la Colectiva Hilos, cuyas integrantes formaron parte del Encuentro Transversal para la Equidad de Género. Ahí realizaron una intervención durante todas las charlas y presentaciones: un tejido participativo de gran formato como acción simbólica.

Un mes más tarde, en diciembre de 2019, la Colectiva Hilos lanzó una convocatoria para participar en el tejido de la pieza Sangre de mi sangre. Las personas interesadas podían obtener una porción de rafia o yute bangladesh de color rojo para comenzar sus tejidos individuales, los cuales se unirían más adelante en una gran mancha roja que cubriría los espacios públicos, en protesta por el alza de la violencia feminicida y las desapariciones forzadas en Jalisco.

Además, la colectiva invitó a tejer a familiares de víctimas de desaparición. “Nos interesaba que fuera una especie de cobijo, de tejernos con ellos y ellas y decirle a la comunidad que esto es una corresponsabilidad de todos, que estamos haciendo una red social en contra de estas situaciones que vive el país”, cuenta en entrevista la artista Claudia Rodríguez, una de las fundadoras del proyecto.

Su interés por el arte social la había llevado a trabajar anteriormente con comunidades desfavorecidas de Jalisco. Entre 2012 y 2015, Rodríguez convocó a la población que sufre de manera directa las consecuencias de la contaminación del Río Santiago a tejer con rafia de color blanco. Gracias a ese proyecto, la artista recibió una donación de hilos de varios colores, lo que significó el punto de partida para la creación de la colectiva.

“Convoqué a varias mujeres artistas para pensar juntas con este material, quería darle un destino social, ecológico”, dice Claudia Rodríguez. En un principio formaron parte del grupo María Álvarez del Castillo, Sofía Crimen, Laura Garza, Florencia Guillén, Mónica Leyva, Maj Lindström y Mariana Jiménez. Algunas de ellas ya no están activas por motivos personales pero se han unido nuevas integrantes con diversos perfiles.

Buena parte de la pieza Sangre de mis sangre se ha tejido en los espacios públicos, primero de Guadalajara y después de otras ciudades mexicanas. La colectiva comenzó a tejer con la técnica de crochet con los dedos en el Parque Rojo, ubicado en la avenida Vallarta, la cual se cierra todos los domingos al tránsito vehicular para dejar pasear a ciclistas, peatones y otras movilidades no motorizadas.

Lo que se teje en esos espacios es “un lazo muy fuerte”, menciona Rodríguez, quien celebra la empatía generada al compartir esta actividad con otras personas, a veces desconocidas, pero siempre afectadas de formas distintas por las violencias. “El proceso de sanación colectiva es importante, porque ante lo que vivimos nos quedamos con una impotencia tremenda. Enfrente de nosotros se matan mujeres, se llevan chicos… no podemos normalizar lo que sucede. El hecho de estar tejiendo juntas no lo resuelve, pero para mí es muy importante que les comuniquemos a estas familias que no están solas, que estamos con ellas”.

Uno de los momentos más importantes para la Colectiva Hilos ocurrió el 7 de marzo de 2020, un día antes de que más de 35,000  mujeres salieran a las calles de Guadalajara para exigir igualdad de derechos y un alto a las violencias de género. Ese día se unieron los tejidos rojos realizados por más de 100 personas y los colocaron en un primer momento en la Plaza de la República.

Después, las artistas, los tejedores y simpatizantes del proyecto caminaron con la pieza en una procesión silenciosa hacia el monumento de los Niños Héroes, un sitio que ya entonces había sido rebautizado por los activistas jaliscienses como la Glorieta de las y los Desaparecidos. “Fue una especie de ritual de sanación”, recuerda Rodríguez.

Aunque la pandemia ha interrumpido la constancia de tejer en el espacio público, la Colectiva Hilos se mantiene activa y Sangre de mi sangre sigue en expansión. En marzo de 2021, la pieza fue colocada a los pies de La Minerva, uno de los monumentos más emblemáticos de Guadalajara. En agosto del mismo año viajó a Querétaro, donde aumentó su tamaño.

Tomar la ciudad de noche 

Desde el 8 de marzo de 2021, las obras de 12 mujeres muralistas colorean el trayecto de los autos que utilizan el paso a desnivel de la avenida Vallarta en el cruce con México de la ciudad de Guadalajara. Las mujeres son las protagonistas de esos muros: se dan la mano, sostienen una flama o se funden en un abrazo colectivo.

Las artistas originarias de distintas ciudades mexicanas salieron a pintar juntas durante cuatro noches, para aprovechar que no había tráfico a esas horas. Lo hicieron convocadas por la muralista e ilustradora Dulce Perezchica, quien en los últimos años ha impulsado a las mujeres interesadas en el arte de salir a pintar las calles.

Por eso organizó este encuentro al que nombró Festival Llamarada, “como un impacto de fuego muy grande y repentino que deja huella, donde cada artista se vuelve una llama de esta llamarada más grande”, explica en entrevista. Además de a las obras visuales que ahora son parte de Guadalajara, la huella queda en una red de mujeres del gremio que se fortalece.

“Fue una actividad muy inspiradora”, narra Perezchica. “Había artistas con mucha experiencia y otras que estaban en su primer festival, pero se creó un espacio donde todas éramos iguales y aprendimos unas de otras. El hecho de pintar cuatro noches de 11:00 de la noche a 4:00 de la mañana fue un cansancio brutal, pero deja un lazo muy bonito, inquebrantable. Nos queda ese recuerdo y las ganas de seguir generando proyectos”.

Las artistas que fueron parte de la primera edición del festival son Alina KiliwaMayra CaneladulcenoprontoAndreaMxAle PoiréMaldita CarmenSam SantanaMoon VentureRaquel PalominoArtSharoDani Mayorga y Janin Garcín.

Perezchica, de 30 años, también es autora del documental independiente sobre mujeres en el arte urbano Hablando de ella, que podrá verse en YouTubeLa idea de hacerlo surgió durante la pandemia y a raíz de sus conversaciones con colegas sobre sus experiencias en el muralismo.

“Para empezar es una disciplina muy demandante físicamente: sí es artística pero por las magnitudes es diferente”, afirma. “Y luego hay coincidencias obvias: al ser mujeres en el espacio público, todas hemos experimentado acoso callejero, desde chiflidos hasta alguien que llega, se queda, te dice cosas y no te deja trabajar. Eso no le pasa a los colegas varones”.

Al respecto habla en entrevista Ale Poiré, una de las artistas del Festival Llamarada y quien por las mismas fechas impartió un taller de mural. “Es una forma de buscar que haya más chicas haciendo esto, porque creo que sí hay muchas interesadas, pero a muchas les da miedo”, asegura. “Miedo de estar en la calle, que me parece muy válido, o el miedo a mostrar lo que haces, que por supuesto es algo lógico si hablamos de una deuda histórica en cuanto a nuestras oportunidades en cualquier ámbito”.

Poiré es diseñadora de formación y empezó a trabajar con murales y comunidades hace siete años, pero desde hace tres se dedica a ello de tiempo completo. En sus obras es común encontrar mujeres que representan la diversidad y que se abrazan o se toman de las manos. Sus últimos trabajos, cuenta, la han hecho descubrir que uno de los temas que más le interesa explorar en este momento es la ternura, una emoción que contempla como “la gran rebelión contra el sistema”.

La artista considera muy valioso poder resignificar los espacios públicos con sus murales. Además, el hecho de compartir su visión a gran escala, “es una gran oportunidad de tocar el mundo de las personas de una forma profunda. Y el sentirte visible creo que es algo muy poderoso”.

(Por Eugenia Coppel)

La calle es nuestra: así es la ‘mercadita feminista’

En mantas o mesas plegables, con mecates amarrados de árbol a árbol y sobre el área de juegos infantiles de un camellón de la avenida Vicente Villada, alrededor de 70 mujeres improvisan unos 30 puestos ambulantes para exhibir sus productos en el municipio de Nezahualcóyotl, Estado de México.

“Aquí tenemos de todo, menos miedo”, anuncia una hoja colocada al lado de varios conjuntos de lencería. El cartel evoca la manera en la que suelen anunciarse los productos en los mercados y tianguis mexicanos.

Es la tarde del último domingo de julio de 2021 y en la esquina próxima, sobre la calle de Cielito Lindo, hay otro tianguis que puede confundirse como la continuación de los puestos sobre el camellón. Pero quienes improvisan la vendimia ahí son parte de la mercadita feminista convocada por distintas colectivas mexiquenses.

En la mercadita feminista todas las participantes son mujeres y se aceptan los trueques y donaciones. Hay artesanías y bordados hechos por ellas, pero también ropa de segunda mano o nueva y alimentos.

“No seré una mujer libre mientras sigan habiendo mujeres sometidas —Audre Lorde”, dice la cartulina de un puesto de ropa. “La de al lado no es competencia, es compañera”, señala una ilustración de un abrazo entre tres mujeres pegada a un carrito de repostería. “Feminismo antiespecista. Los animales no son comida. Protesta contra la violencia económica”, indican los letreros en el puesto vegano.

A través de una bocina las organizadoras recuerdan a las asistentes que ese lugar, un tramo de camellón conocido como Parque La llanta, se trata de un espacio apropiado y rehabilitado por vecinos de la zona para uso recreativo de la comunidad. También informan de una colecta en apoyo a la familia de Alejandra Calvo Almonte, víctima de feminicidio en Ixtapaluca.

Quienes convocaron a la “mercadita feminista” son integrantes de Nos Queremos Vivas, Colectiva Moradas, Rudas Chimalhuacán y Libertad Morada. Al inicio de 2021 se propusieron realizarla por lo menos una al mes, en los distintos municipios del oriente del Estado de México donde accionan. Hasta el momento han convocado un par en Nezahualcóyotl, una en Chimalhuacán y una en Ixtapaluca.

Contra la violencia económica hacia las mujeres

En enero de 2021, las colectivas realizaron una primera actividad de venta y trueque en Nezahualcóyotl, a un lado de la escultura conocida como El Coyote o Coyote Rojo, y fueron desalojadas por policías estatales y municipales. Desde entonces enfatizan en que las mercaditas feministas no se tratan de simples tianguis, sino de protestas contra la violencia económica. Y solicitaron la observación de organismos de derechos humanos para las siguientes jornadas.

La Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, incluida la del Estado de México, considera la acción u omisión de quien agrede y afecta la supervivencia económica mediante la limitación o control del ingreso económico o al tener un salario menor por realizar el mismo trabajo.

Este tipo de violencia en contra de las mujeres es la que busca señalar y contrarrestar la mercadita feminista. Las activistas dicen que se trata de una forma novedosa, simbólica y pacífica de protestar.  “No es un tianguis, es una protesta. Estamos en nuestro derecho de hacerla y tomar el espacio público”, enfatiza Estrella López, integrante de Colectiva Moradas.

El contexto en el que se popularizan iniciativas de mercaditas feministas no es casualidad. En febrero de 2021 la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) pronosticó una contracción económica por la pandemia de COVID-19 que significaría un retroceso de más de 10 años en las condiciones laborales de las mujeres en la región.  Y ellas con su mercadita, con sus acciones, y con su arte hecho a mano, aportan otra forma de comerciar y de tejer lazos que pretende dejar en los habitantes de la zona una reflexión.

(Por Celia Guerrero).

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Cuatro inventores que se arrepintieron de sus creaciones: las armas más letales de la historia

El creador de la bomba atómica, del agente naranja, del fusil AK-47 y de la dinamita tienen algo en común: todos se arrepintieron, de una u otra manera, de lo que sus hallazgos terminaron por provocar.
14 de noviembre, 2021
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Inventar algo único y que cambie el curso de la historia de la humanidad debe ser de los sentimientos más satisfactorios que pueden existir.

Es cosa de imaginarse la complacencia de quienes estuvieron detrás de creaciones tan brillantes como la rueda, el hormigón, la máquina a vapor o internet.

Sin embargo, no todas las invenciones tienen fines exclusivamente beneficiosos para el mundo; hay algunas que, a decir verdad, han dejado un saldo trágico y macabro.

Y algunos de los genios detrás de esos temibles hallazgos han terminado atormentados por su conciencia.

Aquí te contamos las historias de cuatro de ellos que, muchas veces sin medir el poder destructivo de sus creaciones, terminaron engendrando algunas de las armas más letales de la historia.

1. Robert Oppenheimer, el “padre de la bomba atómica”:

No hubo otro científico más vinculado a la creación y al uso de las bombas atómicas durante la Segunda Guerra Mundial que Robert Oppenheimer.

El físico teórico estadounidense fue el director del Proyecto Manhattan, que consiguió desarrollar la primera bomba atómica de la historia.

Robert Oppenheimer

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Robert Oppenheimer fue el director científico del Proyecto Manhattan.

Esta fue detonada en el desierto de Nuevo México —en una operación llamada “Trinity”— el 16 de julio de 1945, menos de un mes antes de que se lanzaran las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki, en Japón, donde se estima que murieron entre 150.000 y 250.000 personas.

Oppenheimer, una figura compleja y carismática, se había dedicado a estudiar los procesos energéticos de las partículas subatómicas, incluidos los electrones, los positrones y los rayos cósmicos.

Pero el conflicto bélico que se vivía por esos años en el mundo hizo que su vida profesional tomara otro rumbo.

Así, luego de que Albert Einstein le enviara una carta al entonces presidente de Estados Unidos, Franklin Roosevelt, advirtiéndole del peligro que amenazaba a toda la humanidad si los nazis se convertían en los primeros en fabricar una bomba atómica, la idea de crear un arma nuclear a nivel gubernamental en Estados Unidos se volvió prioridad.

Y quien lideró ese proceso fue, justamente, Oppenheimer. Rápidamente comenzó a buscar un proceso para la separación del uranio-235 del uranio natural y a determinar la masa crítica necesaria para fabricar dicha bomba.

Albert Einstein y Robert Oppenheimer.

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Albert Einstein y Robert Oppenheimer.

Entre otras cosas, se le instruyó establecer y administrar un laboratorio para llevar a cabo esta tarea. Y, en 1943, eligió la meseta de Los Alamos, en Nuevo México.

“Oppenheimer ocupó un puesto de inmensa responsabilidad y fue llevado al límite”, explica a BBC Mundo el historiador especialista en armas nucleares, Alex Wellerstein.

“Estuvo involucrado en decisiones clave sobre el diseño de las bombas atómicas, y estuvo personalmente involucrado en las decisiones sobre cómo se usarían estas bombas; instó a que se usaran en contra de ciudades y estaba en el comité que tomó decisiones sobre dónde se lanzarían las bombas exactamente”, agrega.

Pero más tarde, Oppenheimer expresaría en repetidas ocasiones su pesar por el fallecimiento de las miles de víctimas en Hiroshima y Nagasaki.

Incluso, dos meses después de la explosión de las bombas, renunció a su cargo. Desde 1947 hasta 1952 fue asesor de la Comisión de Energía Atómica de Estados Unidos desde donde abogó por el control internacional del poder nuclear para evitar la proliferación de armamento nuclear y frenar la carrera armamentísta entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

Vista aérea de Hiroshima poco después de que explotara la bomba atómica.

Getty Images
Vista aérea de Hiroshima, en Japón, poco después de que explotara la bomba atómica.

Además, se opuso fuertemente al desarrollo de la bomba de hidrógeno.

Pero sus esfuerzos no tuvieron éxito. Debido a sus polémicas declaraciones públicas —que le sumaron varios enemigos— se le retiraron sus credenciales de seguridad y se le acabó despojando de su influencia política.

“A fines de la década de 1950 y principios de 1960, Oppenheimer estaba bastante amargado y lamentaba muchas cosas. El área de su arrepentimiento siempre se centró en estos fracasos de la posguerra. Lamentó no haber tenido éxito con sus ambiciones de control de armas y haber sido incapaz de frenar el aumento de grandes arsenales de varios megatones”, dice Wellerstein.

Luego de la explosión de las bombas, Oppenheimer declararía que le vinieron a la mente las palabras del texto sagrado hinduista Bhagavad Gita: “Ahora me he convertido en la muerte, el destructor de mundos”.

Oppenheimer junto a Leslie Groves

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Oppenheimer junto a Leslie Groves, alto mando a cargo del Proyecto Manhattan para el desarrollo de la bomba atómica.

Muchos historiadores han interpretado estas palabras como un sentimiento de culpa respecto de su letal creación. Para otros, como Wellerstein, tiene más que ver con el asombro ante algo “más allá de este mundo”, como son las armas nucleares.

Con todo, a Oppenheimer siempre se le recordará (y conocerá) como el “padre de la bomba atómica”.

2. Arthur Galston y el agente naranja:

El fisiólogo y biólogo vegetal estadounidense, Arthur Galston, nunca pensó que estaba creando algo que podría ser utilizado como arma: el agente naranja.

Arthur Galston

Cortesía de la Universidad de Yale
Arthur Galston nunca pensó que estaba creando algo que podría ser utilizado como arma: el agente naranja.

Su área de estudio se centraba en las hormonas vegetales y en los efectos de la luz en el desarrollo de las plantas.

En eso estaba cuando experimentó con un regulador del crecimiento de plantas, llamado ácido triyodobenzoico (TIBA). El científico descubrió que este componente podía estimular la floración de la soja y hacerla crecer más rápidamente.

Sin embargo, también advirtió que, si se aplica en exceso, el compuesto haría que la planta perdiera sus hojas.

Pero los hallazgos de Galston no quedaron reducidos solo al mundo vegetal.

En el contexto de la Guerra de Vietman —ocurrida entre los años 1955 y 1975— otros científicos los utilizaron para crear el agente naranja, un poderoso herbicida que tenía como objetivo eliminar selvas y cosechas que podían ser aprovechadas por la guerrilla del Vietcong.

Avión lanza agente naranja en Vietnam

Getty Images
Las tropas estadounidenses liberaron aproximadamente 20 millones de galones de agente naranja para destruir cultivos en Vietnam.

Así, desde 1962 a 1970 las tropas estadounidenses liberaron aproximadamente 20 millones de galones del herbicida para destruir cultivos y exponer las posiciones y rutas de movimiento de sus enemigos.

Ante esto, Galston se vio profundamente afectado y alertó a las autoridades y al mundo en repetidas ocasiones del enorme daño ambiental que estaba causando el agente naranja. Luego, acusó que el herbicida también presentaba un riesgo para los humanos.

El componente más peligroso del Agente Naranja es la dioxina, un contaminante que puede permanecer en el medio ambiente por décadas y que, entre otras cosas, puede causar cáncer, malformaciones en el desarrollo fetal, problemas de infertilidad y atacar los sistemas nervioso e inmune.

Las advertencias de Galston y otros científicos llevaron a que el gobierno de Estados Unidos ordenara un estudio toxicológico. A la luz de los resultados, el presidente de ese momento, Richard Nixon, ordenó la detención de la fumigación del agente naranja.

Niños con malformaciones por el agente naranja

Getty Images
El agente naranja provocó serios daños a la salud de los afectados y problemas en el desarrollo fetal, como malformaciones, de muchos niños.

Más tarde, el biólogo vegetal diría: “Solía ​​pensar que uno podría evitar involucrarse en las consecuencias antisociales de la ciencia simplemente no trabajando en ningún proyecto que pudiera tener fines malignos o destructivos. He aprendido que las cosas no son tan simples y que casi cualquier hallazgo científico puede pervertirse o deformarse bajo las presiones sociales”.

También aseguró que el agente naranja fue “un mal uso de la ciencia”.

“La ciencia está destinada a mejorar la suerte de la humanidad, no a disminuirla, y su uso como arma militar me pareció desaconsejable”, agregó.

3. Mijaíl Kalashnikov, creador del fusil AK-47:

Fue el diseñador de una de las armas más reconocidas del planeta: el fusil semiautomático AK-47.

Míjail Kalashnikov

Getty Images
Poco antes de su muerte, Míjail Kalashnikov confesó que tenía un “dolor espiritual insoportable”.

En 1947, el ruso Míjail Kalashnikov creó este fusil sencillo, resistente y confiable que se convirtió en el arma de rigor de los ejércitos soviético y ruso, así como de decenas de otros países.

El AK-47 también fue un símbolo de revolución alrededor del mundo; estuvo en acción en los campos de batalla de Angola, Vietnam, Argelia y Afganistán. También fue compañero de ejércitos rebeldes en América Latina, como de las FARC y ELN en Colombia.

Grupos palestinos lo utilizaron con frecuencia y hay una célebre foto de Osama bin Laden ostentando el rifle con su característico cargador curvo.

La relativa simplicidad del diseño hizo que su manufactura fuera barata y su mantenimiento en el campo de batalla sencillo. Se convirtió en el fusil de asalto de mayor uso en el mundo y, según los cálculos, acumula más muertes que las bombas atómicas.

Bin Laden sosteniendo el rifle

Getty Images
Esta foto de Osama bin Laden ostentando el rifle con su característico cargador curvo dio vueltas al mundo.

Aunque a lo largo de su vida Míjail Kalashnikov expresó pocos remordimientos por su mortífero invento — “duermo profundamente”, dijo una vez— , poco antes de su muerte confesó que tenía un “dolor espiritual insoportable”.

En una carta al jefe de la iglesia ortodoxa rusa a la cual asistía (que fue filtrada por medios rusos un mes después de su muerte), dijo que se sentía responsable de los millones de muertes causadas por su revolucionario fusil.

“Mi dolor espiritual es insoportable. Sigo haciéndome la misma pregunta insoluble. Si mi rifle privó a la gente de la vida, ¿puede ser que yo… un cristiano y un creyente ortodoxo, tuve la culpa de sus muertes?”, se preguntó.

“Cuanto más vivo —escribió—, más se me clava esta pregunta en la cabeza y más me pregunto por qué el Señor permitió al hombre los deseos diabólicos de la envidia, la codicia y la agresión”.

4. Alfred Nobel y la dinamita:

En diciembre de 1896, dos jóvenes ingenieros suecos se llevaron la sorpresa de su vida al abrir el testamento de su admirado Alfred Nobel, quien los dejó a cargo de emplear la mayor parte de su fortuna con el fin de crear una entidad para celebrar el avance de la humanidad.

Alfred Nobel

Getty Images
Alfred Nobel creó la dinamita.

Siguiendo las instrucciones del maestro, Ragnar Sohlman y Rudolf Lilljequist dieron vida a la Fundación Nobel, que estableció premios anuales por los méritos alcanzados en física, química, medicina y fisiología, literatura y paz mundial; a los que en 1969 se les sumó la economía.

Este último deseo de Nobel no es al azar y tiene una contundente razón detrás. Se dice que, en el ocaso de sus días, le atormentaba la idea de la muerte y destrucción que la aplicación de sus inventos había generado.

Y es por eso que decidió legar gran parte de su fortuna a la creación de la fundación.

Décadas antes, el químico, ingeniero, escritor e inventor sueco había creado la dinamita.

dinamita nobel

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Nacido en el lecho de una familia de ingenieros, Nobel trabajó con su padre en la fabricación de explosivos. Pero en 1864 vivió una trágica experiencia que marcó su vida, cuando su hermano menor y otras cuatro personas murieron en una explosión de nitroglicerina.

Dos años después, en 1866, Nobel desarrolló un método que permitía manipular con seguridad el inestable explosivo líquido. Para reducir su volatilidad, mezcló nitroglicerina con un material poroso absorbente, creando así la dinamita.

Esta invención le dio una fama y una riqueza inmensa a su inventor, y dio inicio a una nueva era en la construcción… pero también en la destrucción. Pues no pasó mucho tiempo para que comenzara a utilizarse con fines bélicos.

El testamento de Alfred Nobel.

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El testamento de Alfred Nobel.

Así, se aplicó como relleno explosivo en los proyectiles de artillería y cargas de demolición militares, causando cientos de miles de muertes.

Nobel falleció el 10 de diciembre de 1896 en su casa de San Remo, Italia, habiendo firmado su testamento final que sentó las bases para lo que se convertiría en el premio internacional más prestigioso en pro del avance del hombre.


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