Diputada de Morena pide comparecer a Colmenares por 'remodelaciones'
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Cuartoscuro

Diputada de Morena pide comparecencia del auditor Colmenares para que explique 'remodelaciones' millonarias

La diputada Inés Parra solicitó la comparecencia de David Colmenares y pidió los expedientes técnicos de la remodelación de la oficina que costó 2.6 mdp de recursos públicos.
Cuartoscuro
28 de octubre, 2021
Comparte

La diputada de Morena Inés Parra Juárez solicitó al presidente de la Comisión de Vigilancia, el priista Pablo Angulo Briceño, que cite a comparecer al auditor David Colmenares para que explique sobre los gastos millonarios para remodelar sus oficinas en dos edificios de la Auditoría Superior de la Federación, y en las que instaló regaderas, clósets y vestidores con cargo al erario público.

Este miércoles, la diputada envió el oficio CVASF/001/IPJ, en el que solicitó también los expedientes técnicos de la remodelación en la oficina del piso 12 del edificio del Ajusco que costó 2.6 millones de recursos públicos y de la oficina alterna en el inmueble de Morelos, en la colonia Juárez, por el que erogó 2.9 millones.

“Sirva este escrito para que cite a comparecer ante la Comisión de Vigilancia de la Auditoría Superior de la Federación al auditor superior, David Rogelio Colmenares Páramo con motivo de la aclaración del contrato ASF-UGA-DAJ-05812020, expuesto en notas de investigación de Animal Político, publicadas el 18 y 20 de octubre de 2021, sobre las obras de remodelación ‘Ejecución de trabajos de obra para optimización y rehabilitación de espacios en el edificio Morelos, así como todas las aclaraciones relativas al piso 12 del edificio sede de la ASF”, se lee en el oficio firmado por Parra.

Te puede interesar: Se va a seguir protegiendo a la corrupción: AMLO critica decisión de la Corte sobre prisión preventiva
La diputada Parra también envió otro oficio directamente al auditor Colmenares para decirle que “es imperativo ético y moral de su parte dar una explicación personal a la Comisión de Vigilancia de la Cámara de Diputados”.

Pablo Angulo, presidente de la Comisión de Vigilancia de la ASF, canceló una entrevista prevista con este medio el miércoles 18 de agosto y no había hecho declaración pública al respecto, pese a que el auditor Colmenares reconoció ante diputados que dormía en su oficina, lo cual podría significa una falta a la ley.

Este martes, después de encabezar la primera reunión de la Comisión de Vigilancia, Animal Político le preguntó por qué no había llamado a comparecer al auditor y respondió que el tema “ha quedado solventado”.

¿Cómo lo solventaron, diputado? –se le preguntó.

Lo solventaron a través de documentación. Ha quedado claro.

¿Usted ya revisó la documentación?

La Unidad de Evaluación y Control (UEC) nos van a hacer llegar parte. Y ha quedado claro.

¿Entonces significa que van a investigar o quedó solventado?

Está solventada y ha quedado claro que no hay las observaciones.

En esta misma reunión en la que aprobaron el presupuesto de la Auditoría Superior de la Federación para 2022, también estuvo la directora de Administración de la ASF, Marlen Morales, quien fue cuestionada al respecto a las remodelaciones por la diputada Parra.

Morales respondió que la información publicada “es falsa. La información ya fue entregada a la UEC. Le podría dar datos duros como que la oficina del auditor es el 2.3 del piso, como que el titular tiene una oficina 60 metros menos que la de cualquier titular, pero toda la información ya fue revisada por la UEC”. Al solicitarle ampliar la información después de su participación en la reunión, la funcionaria se negó a conceder la entrevista.

En tanto, el auditor ni la institución han emitido postura oficial respecto a las investigaciones, pese a que la Auditoría se encarga de revisar el gasto en el resto de dependencias y organismos de la administración pública federal. De hecho, este jueves entregará el segundo informe de Cuenta Pública de 2020, por lo que el auditor acudirá en persona al recinto legislativo.

El lunes 18 de agosto, Animal Político publicó que en diciembre de 2019, la Auditoría realizó una una “optimización de espacios” que implicó retirar el baño para personas con discapacidad, muros, cancelería, pisos de mármol, recubrimientos de madera, accesorios eléctricos, de voz, datos y aire acondicionado, que apenas tenían dos años de uso.

Esto porque el edificio, ubicado en el 167 de la Carretera Picacho-Ajusco, en la colonia Ampliación Fuentes del Pedregal, había sido inaugurado en 2017 con todo lo necesario para albergar a 2 mil 500 empleados, y cuyo costo ascendió a casi mil millones de pesos.

Sin embargo, las nuevas adecuaciones ocurrieron en 165 metros cuadrados de su oficina (equivalente a cuatro casas de interés social de hasta 48 metros cuadrados) con acabados como zoclo de mármol, recubrimientos de encino y piso de cerámica.

También gastó 2 millones 992 mil pesos para hacer remodelaciones en su sede de Avenida Morelos –a una cuadra de Reforma– que se encuentra en desuso desde 2017 para empleados, pero que el auditor federal, David Colmenares, utiliza como oficina alterna.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Rusia y Ucrania: las razones de Estados Unidos y la OTAN para no enviar tropas a Kiev

En el pasado, las tropas de Estados Unidos y de la OTAN intervinieron en conflictos en países que no pertenecían a la alianza como Bosnia o Afganistán.
26 de febrero, 2022
Comparte

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha gastado un enorme capital diplomático en contrarrestar el ataque ruso a Ucrania.

Su gobierno transmitió implacablemente advertencias sobre una posible invasión inminente por parte de Moscú, que finalmente se materializó, y declaró que estaba en juego nada menos que el orden internacional.

Pero Biden también ha dejado en claro que los estadounidenses no están dispuestos a combatir, aunque los rusos claramente lo están.

Además, descartó enviar fuerzas a Ucrania para rescatar a ciudadanos estadounidenses, si llegara el caso. De hecho, sacó del país tropas que estaban sirviendo como asesores y monitores militares.

¿Por qué ha trazado el mandatario esta línea roja en la crisis de política exterior más importante de lo que lleva de presidencia?

No están en juego sus intereses de seguridad nacional

En primer lugar,hay que recordar que Ucrania no está en el vecindario de EE.UU. ni se encuentra en su frontera. Tampoco alberga una base militar estadounidense. No tiene reservas estratégicas de petróleo y no es un socio comercial importante.

Pero esa falta de interés nacional no ha impedido en el pasado que gobiernos estadounidenses hayan gastado sangre y recursos de su país para defender a otros.

En 1995, Bill Clinton intervino militarmente en la guerra que siguió al colapso de Yugoslavia. Y en 2011, Barack Obama hizo lo mismo en la guerra civil de Libia, alegando tanto motivos humanitarios como de derechos humanos.

Tropa de Estados Unidos en Bosnia en 1995.

Getty Images
Estados Unidos envío tropas que formaron parte del contingente de la OTAN en 1995.

En 1990, George HW Bush justificó su coalición internacional para expulsar a Irak de Kuwait defendiendo el Estado de derecho frente a la ley de la selva.

Los principales funcionarios de seguridad nacional de Biden han usado un lenguaje similar al describir la amenaza de Rusia a los principios internacionales de paz y seguridad.

Pero, hasta ahora, han hablado de una guerra económica a través de sanciones paralizantes como respuesta, no de operaciones militares.

Biden no es partidario del intervencionismo militar

Esta postura tiene algo que ver con los instintos no intervencionistas del presidente Biden.

Por supuesto, estos se fueron desarrollando con el paso del tiempo. En el pasado, por ejemplo, el actual mandatario apoyó la acción militar estadounidense en la década de 1990 para hacer frente a los conflictos étnicos en los Balcanes.

También votó a favor de la invasión estadounidense de Irak en 2003. Pero, desde entonces, se ha vuelto más cauteloso a la hora de usar el poder militar estadounidense.

Así, se opuso a la intervención de Obama en Libia, al igual que a su decisión de incrementar las tropas en Afganistán. De igual modo, sigue defendiendo enérgicamente su orden de retirar las fuerzas estadounidenses de Afganistán el año pasado a pesar del caos que la acompañó y la catástrofe humanitaria que dejó a su paso.

Por su parte, el jefe diplomático de su gobierno, Antony Blinken —quien ha ayudado a concebir la política exterior de Biden— ha definido una seguridad nacional estadounidense más enfocada a combatir el cambio climático, luchar contra las enfermedades globales y competir con China que en términos de intervencionismo militar.

Los estadounidenses tampoco quieren una guerra

Una encuesta reciente de la agencia AP y el Centro NORC para la investigación de Asuntos Públicos de la Universidad de Chicago concluyó que 72% de los consultados en EE.UU. dijo que su país debería desempeñar un papel menor en el conflicto entre Rusia y Ucrania, o ninguno en absoluto.

Carteles con el precio de la gasolina en una estación de servicio en Estados Unidos.

Getty Images
Los estadounidenses están más preocupados por la economía que por la geopolítica.

Los ciudadanos centran sus intereses en cuestiones económicas, especialmente en el aumento de la inflación, algo que Biden debe tener en cuenta a medida que se avecinan las elecciones de mitad de período.

En Washington, la crisis en Ucrania está en el centro de las preocupaciones de legisladores tanto republicanos como demócratas, que exigen sanciones más duras contra Rusia.

Pero incluso voces de línea dura como el senador republicano Ted Cruz no quieren que Biden envíe tropas estadounidenses a Ucrania y “comience una guerra con Putin”.

El senador republicano Marco Rubio, otro halcón de la política exterior, ha dicho que la guerra entre las dos potencias nucleares más grandes del mundo no sería buena para nadie.

El peligro de una confrontación de superpotencias

Buena parte de esta postura se explica en el hecho de que Putin cuenta con una gran reserva de ojivas nucleares.

Biden no quiere provocar una “guerra mundial” al arriesgarse a un enfrentamiento directo entre tropas estadounidenses y rusas en Ucrania y ha sido claro al respecto.

Balance fuerzas militares entre Rusia y Ucrania.

BBC
Desfile militar en Rusia.

Getty Images
Además de armas nucleares, Rusia cuenta con un potente arsenal convencional.

“No es como si estuviéramos lidiando con una organización terrorista”, dijo el mandatario estadounidense a la cadena NBC a principios de este mes. “Estamos lidiando con uno de los ejércitos más grandes del mundo. Esta es una situación muy difícil y las cosas podrían descontrolarse rápidamente”, apuntó.

EE.UU. no está obligado a actuar

EE.UU. tampoco está obligado por ningún tratado internacional a asumir este riesgo.

Una situación distinta ocurriría si Ucrania fuera parte de la OTAN, pues en esa organización se asume que un ataque contra cualquiera de sus miembros es un ataque contra todos. Ese es el compromiso fundamental del Artículo 5, que obliga a todos los miembros a defenderse unos a otros.

Pero Ucrania no es miembro de la OTAN, un factor citado por Blinken para explicar por qué los estadounidenses no lucharán por los valores que defienden con tanta energía.

Aquí hay cierta ironía, dado que el conflicto surge de las demandas de Putin de garantías de que nunca se permitirá que Ucrania se una a la alianza militar y de la negativa de la OTAN a dárselas.

Tampoco la OTAN está obligada a hacerlo

Paradójicamente, el compromiso de defensa mutua establecido en el Tratado de la OTAN es el principal incentivo que tiene Ucrania para solicitar la admisión en esa alianza y, al mismo tiempo, uno de los motivos por los cuales algunos de sus estados miembros no quieren admitir a Kiev.

Gráfico

BBC

Desde inicios de la década de 1990, el tema de la ampliación de la OTAN para incluir a países que pertenecieron a la antigua órbita soviética fue motivo de debate entre expertos en política exterior, entre los cuales hay quienes creen que esto podría generar una reacción negativa por parte de Rusia, que podía sentirse amenazada por la inclusión en la alianza de países con los que comparte fronteras.

Pese a esas objeciones, la alianza se amplió y desde 1997 ha incluido entre sus miembros a 14 países que proceden del antiguo bloque comunista. Ha habido, sin embargo, dos notables excepciones: Georgia y Ucrania.

En 2008, la OTAN hizo una declaración en la que señaló que estos dos países podrían ser finalmente admitidos, pero esto no ha ocurrido.

De hecho, muchos analistas apuntan que no es casual que, justo meses después de esa cumbre de la OTAN, se produjo la guerra en Georgia mediante la cual separatistas prorrusos tomaron el control de los territorios de Abjasia y de Osetia del Sur.

Soldados de Ucrania en Donetsk.

Getty Images
En 2014, las fuerzas armadas de Ucrania perdieron el control de Donetsk y Luhansk ante grupos prorrusos.

Una situación similar se repitió en 2014, cuando pocos meses después de las revueltas populares que llevaron a la caída del gobierno del presidente prorruso de Ucrania Víktor Yanukóvich, se registraron las rebeliones en Donetsk y Luhansk, en las cuales grupos prorrusos asumieron el control de esos territorios de Ucrania.

Al igual que el gobierno de Biden, la OTAN ha criticado con dureza la invasión rusa a Ucrania. Su secretario general, Jens Stoltenberg, dijo que se trata de “un acto brutal de guerra”. Pero, de ahí a intervenir militarmente en defensa de Kiev, hay un abismo que la alianza no parece estar dispuesta a cruzar por el momento.

¿Puede cambiar esto?

El presidente Biden ha estado enviando tropas a Europa y redistribuyendo las que ya están allí, para reforzar a los aliados de la OTAN que limitan con Ucrania y Rusia.

Esto ha sido anunciado por su gobierno como un esfuerzo para tranquilizar a las exrepúblicas soviéticas, nerviosas por el objetivo más amplio de Putin de presionar a la OTAN para que haga retroceder las fuerzas de su flanco oriental.

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg.

Getty Images
El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, ha criticado duramente la invasión rusa.

Este esfuerzo ha implicado también a la alianza, que durante los meses previos de tensión entre Rusia y Ucrania ha movilizado miles de efectivos y de recursos militares hacia el este de Europa, pero no con la finalidad de proteger a Ucrania sino para reforzar la protección de sus miembros en esa región como Polonia, Estonia, Letonia, Lituania y Rumania.

Pero la invasión de Ucrania esta semana avivó las preocupaciones sobre la perspectiva de un conflicto más amplio, ya fuera por un derrame accidental de las hostilidades o por un ataque deliberado de Rusia más allá de Ucrania.

Esto último implicaría una gran escalada de la tensión, pues abriría la puerta a invocar el compromiso de defensa mutua del Artículo 5 de la OTAN. No obstante, cualquiera de esos dos escenarios podría atraer a las fuerzas estadounidenses a una batalla.

“Si [Putin] entra en los países de la OTAN, nos implicaremos“, advirtió Biden.

* Con información del análisis de Barbara Plett Usher, corresponsal de la BBC en el Departamento de Estado de EE.UU.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=YLsqpAxo9IU

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.