Familias buscan a nacidos en cautiverio durante guerra sucia en México
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‘Ojalá ande por ahí’: Familias buscan a nacidos en cautiverio durante guerra sucia en México

Con la Unidad Especializada en Búsqueda durante la Guerra Sucia, México busca por primera vez a personas dadas en adopción tras la desaparición forzada de sus madres.
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Por AFP
24 de octubre, 2021
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Roberto tiene esperanzas renovadas de encontrar a un sobrino que presume nació durante el cautiverio de su hermana, víctima de la represión contra opositores políticos mexicanos entre los años 1960 y 1980.Este caso evoca el de miles de niños robados durante las dictaduras de Argentina y Chile en las décadas de 1970 y 1980, si bien las cifras de México distan mucho de las de esas tragedias.

Maestro jubilado, Roberto Martínez finca sus ilusiones en una comisión gubernamental creada para buscar a por lo menos 14 personas que habrían nacido cuando sus madres estaban embarazadas y fueron desaparecidas.

Los presuntos autores fueron grupos policiales y militares ya disueltos, a los que se atribuyen graves violaciones de derechos humanos.

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Lourdes Martínez, hermana de Roberto, fue capturada en junio de 1974 en Culiacán, Sonora, cuando tenía 23 años.

Militaba en la guerrilla Liga Comunista 23 de Septiembre, que se disolvió en 1983 tras desafiar durante una década al Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernó a México entre 1929 y 2000.

“Es una ilusión grande la que tengo. Ojalá que haya nacido y ande por ahí mi sobrino o sobrina”, dijo Roberto, de 65 años, a la AFP desde Culiacán.

Es la primera vez que en México un gobierno busca a personas que habrían sido dadas en adopción tras la desaparición forzada de sus madres.

La Unidad Especializada en Búsqueda durante la llamada Guerra Sucia fue conformada en 2019, pero su trabajo apenas comienza.

Crueldad

Durante la represión, unos 500 opositores políticos y estudiantes fueron desaparecidos, según la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

Para presionar al Estado a encontrarlos, algunos familiares se han sumado a la lucha de organizaciones que buscan a decenas de miles de personas desaparecidas en México desde 2006, cuando fue desplegada una polémica ofensiva antidrogas y la violencia del crimen organizado se disparó.

“Espero con el alma que las autoridades me ayuden a encontrar a mi sobrino o sobrina y a su madre”, suplica Martínez.

“Quisiera contarles a todos los que posiblemente nacieron en las mismas circunstancias lo mucho que sus madres dieron por este país”, añade.

La comisión intenta localizarlos revisando archivos oficiales y testimonios.

“Administrar partos clandestinos, posiblemente para apropiarse de los niños, debe ser una de las cosas más crueles”, afirma Javier Yankelevich, director de dicha unidad, adscrita a la Comisión Nacional de Búsqueda.

Yankelevich llama a quienes “puedan tener dudas sobre su identidad” a “explorar la posibilidad de que la historia que les contaron no sea la suya y se acerquen a las instituciones” para aclararla.

Camilo Vicente, autor del libro “Tiempo Suspendido. Una historia de la desaparición forzada en México, 1940-1980”, refiere indicios de que en México hubo adopciones irregulares en esos años, aunque no de la magnitud de las de Argentina y Chile.

La organización Abuelas de Plaza de Mayo estima que 500 bebés fueron robados durante la dictadura argentina (1976-1893), mientras en Chile la cifra es de 8.000, según la Corte de Apelaciones. “Así sean uno o dos los casos, es obligación del Estado buscarlos” y “decir cuántos niños habrían muerto en operativos militares o sufrido tortura, otra de las historias ocultas de esa largamente negada contrainsurgencia en México”, señala Vicente.

Lee más: ‘Cuando me lo entreguen y lo sepulte terminará mi duelo’: el duro proceso de identificación de desaparecidos

De novela

Uno de esos episodios es el de Roberto Antonio Gallangos y su esposa Carmen Vargas, miembros de la Liga Comunista. Fueron detenidos en operativos distintos en 1975 y luego desaparecidos.

Entonces, sus hijos Lucio Antonio, de cuatro años, y Aleida, de dos, estaban separados uno del otro con amigos de la pareja.

El niño fue raptado por agentes durante una operación en la que resultó herido; Aleida fue entregada a una familia por el hombre que la cuidaba y que murió sin revelar detalles de la historia.

Lucio Antonio fue dejado en un orfanato y en 1976 una familia lo adoptó bautizándolo como Juan Carlos Hernández.

Tras una denuncia periodística y por iniciativa de su padre adoptivo, Aleida descubrió su verdadera identidad en 2001.

En 2004, después de sortear obstáculos de autoridades que se negaban a abrir archivos oficiales, localizó a su hermano en Washington, donde ambos viven ahora.

“La gente decía que parecía que estaba perdiendo la razón”, cuenta Aleida a la AFP desde esa ciudad. Ambos esperan que la Corte Interamericana de Derechos Humanos obligue a México a ubicar a sus padres, incorpore la Guerra Sucia a la historia oficial y los indemnice.

“Soy dos veces víctima, soy familiar de desaparecido y un desaparecido”, denuncia Juan Carlos, a quien descubrir su verdadera identidad le ha traído “paz”.

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Quiénes eran las Panteras Negras, el grupo radical de los años 60 en EU que aún tiene integrantes en prisión

La Corte Suprema de Nueva Jersey anunció esta semana que otorgaba la libertad condicional a Sundiata Acoli, el exintegrante de las Panteras Negras de mayor edad que aún queda en la cárcel. El grupo de izquierda reivindicaba los derechos de la minoría afroestadounidense en los 60.
15 de mayo, 2022
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Por casi medio siglo, ha vivido detrás de la rejas en una prisión de Nueva Jersey. Ahora, a sus 85 años, volverá a respirar la libertad.

La Corte Suprema de ese estado anunció esta semana que decidió liberar a Sundiata Acoli, el exintegrante de mayor edad de las Panteras Negras que aún queda en la cárcel. Se trata del controvertido grupo de izquierda que reivindicaba los derechos de la minoría afroestadounidense a finales de 1960.

Acoli era elegible para libertad condicional desde hace 29 años, pero cada vez que sus abogados la solicitaron, se le negó.

Fue considerado sistemáticamente una “amenaza pública”, pese a que su salud, los años y diversos reportes médicos y psiquiátricos sugerían lo contrario.

Lo habían condenado a cadena perpetua en 1974, luego de un extraño incidente un año antes en el que un policía terminó muerto.

Acoli viajaba con Assata y Malik Shakur, otros dos integrantes de las Panteras Negras, cuando dos oficiales pararon el carro para una inspección rutinaria en la autopista de peaje de Nueva Jersey: llevaban una luz rota.

Lo que siguió después nunca ha quedado claro: hubo un tiroteo, Malik y un policía murieron, Acoli y otro agente resultaron heridos.

Acoli y Assata huyeron, pero fueron detenidos pocos días después y condenados a pasar el resto de su vida tras las rejas.

En una de las fugas más memorables de las cárceles de Estados Unidos, Assata logró escapar y se refugió años después en Cuba, donde se cree que todavía vive (sigue aún en la lista de los más buscados del FBI).

Acoli ha pasado su vida en la cárcel, pero no es el único.

Al menos 12 miembros del movimiento siguen todavía presos, con condenas que se acercan o superan los 50 años de cárcel.

Sus sentencias son todavía el testimonio de una época controvertida de luchas por los derechos civiles en EU y una muestra de la brechas raciales y sociales de la sociedad en que se generó.

Pero, ¿qué fue este grupo y por qué sigue generando polémica más de medio siglo después?

El partido

Boinas negras y chaquetas de cuero negro, puños cerrados y pistolas en mano… las Panteras Negras crearon su propia moda que era, a la vez, su símbolo.

Propugnaban la autodefensa armada, especialmente contra la policía, y se definían como un “partido socialista” en una época en la que el comunismo era visto como el mayor enemigo de EU.

El partido fue creado en 1966 por Huey Newton y Bobby Seale, quienes se habían hecho conocidos unos años antes por protestar en un acto en California que obvió el legado negro en la colonización del oeste americano.

Huey Newton y Bobby Seale

Getty Images
El partido fue creado en 1966 por Huey Newton y Bobby Seale.

Desde entonces, se habían envuelto en el activismo político pero hubo dos hechos que los llevaron a dar un paso más allá.

En febrero de 1965, fue asesinado el líder de los derechos civiles Malcom X y, un año después, la policía de San Francisco mató a tiros a un adolescente negro desarmado: Matthew Johnson.

Fue entonces cuando decidieron crear el Partido Pantera Negra para la Autodefensa, cuyas principales metas en un inicio eran monitorear las actividades policiales contra las comunidades negras en Oakland y otras ciudades.

Su activismo y carisma muy pronto multiplicaron la popularidad del grupo: del monitoreo pasaron a crear programas sociales, incluyendo desayunos gratuitos para niños o personas con anemia, a la vez que se involucraron en actividades políticas.

En un par de años, las filiales del grupo se habían multiplicado en más de 30 estados.

En su libro Black Against Empire: The History and Politics of the Black Panther Party, Joshua Bloom y Waldo E. Martin estiman que para 1969 ya tenía más de 5 mil miembros y sus ideas eran populares tanto en comunidades pequeñas como en grandes ciudades, desde Los Ángeles y Chicago hasta Nueva York o Filadelfia.

A diferencia de otros grupos por los derechos civiles de los afroaestadounidenses, las Panteras Negras portaban armas y defendían el derecho a la autodefensa con ellas.

Bloom y Martin señalan en su libro que era una respuesta activa ante la violencia policial que vivía la población negra y que buscaba “empoderar a la comunidad negra frente a un sistema racista”.

Sin embargo, su desafío a las autoridades y su uso de armas fue visto como desafiante y en ocasiones se les describía como pandillas o grupos violentos, algo que sus líderes negaban.

El peligro marxista

Las Black Panthers eran parte de un grupo todavía mayor, el llamado Black Power, que defendía el orgullo negro y la unidad por los derechos de las minorías raciales.

Sin embargo, Newton y Seale no se conformaron con la ideología de esa organización y se basaron en el marxismo.

Creían fervientemente en la “lucha de clases” y pensaban que la organización representaba “la batalla de la vanguardia proletaria contra el capitalismo”.

Fueron estas ideas en las que basaron su plataforma política, a la que llamaron Programa de Diez Puntos, en el que pedían, entre otras cosas, el fin inmediato de la brutalidad policial, empleos para los afroestadounidenses y mayor acceso a tierra, vivienda y justicia para todos.

Su cercanía al marxismo, el enfoque nacionalista negro y una serie de actos violentos que cometieron entonces los pusieron en la mira de las autoridades, en especial del Buró Federal de Investigaciones (FBI) de Edgar Hoover.

El FBI, de hecho, creó un programa secreto de contrainteligencia, COINTELPRO, solo para seguir de cerca a los miembros de las Panteras Negras.

panteras negras

Getty Images

Fue solo el comienzo.

Para 1969, el FBI los declaró una “organización comunista” y “enemiga del gobierno”, y Hoover llegó incluso a considerarlas “una de las mayores amenazas para la seguridad interna de la nación”.

Las rivalidades con la policía

El libro de Joshua Bloom y Waldo E. Martin cuenta cómo la creciente persecución de las autoridades llevó a una rápida radicalización del grupo.

Los enfrentamientos con la policía se hicieron frecuentes y varios agentes murieron en tiroteos que implicaban a las Panteras Negras. El grupo, sin embargo, siempre aseguró que solo usaban las armas como método de autodefensa y que solo respondían a la policía si esta los agredía.

La organización también se volvió un foco de la violencia policial.

En uno de los casos más sonados, en 1969, la policía de Chicago disparó más de 100 tiros a dos miembros del partido que dormían en su apartamento.

panteras negras

Getty Images

Las autoridades aseguraron que había ocurrido un feroz intercambio de disparos, pero luego se demostró que solo una bala provino del arma de uno de miembros del grupo.

En el libro The Black Panther Party , el historiador Charles E. Jones asegura que fue tanta la persecución a la que se vieron sometidos los miembros del grupo que una especie de paranoia colectiva comenzó también a manifestarse entre sus miembros… y a dividirlos.

Esto llevó no solo a numerosas discusiones y temores, sino que hubo también denuncias de que algunas “panteras negras” asesinaron o golpearon a otros del mismo grupo que creían que eran informantes de la policía.

Ciertas partes del movimiento fueron también asociadas con actividades delictivas y una ruptura interna entre sus principales líderes y organizadores pronto los debilitó como fuerza política.

Para mediados de los 70, las Panteras Negras siguieron perdiendo seguidores y popularidad, aunque hicieron esfuerzos por sobrevivir a la debacle, incluyendo crear una rama armada, el Ejército Negro de Liberación.

En las décadas siguientes, el nombre del grupo pasó a quedar como un asunto para investigaciones académicas y libros de historia, mientras algunos de sus principales activistas morían, escapaban a otros países o consumían sus vidas en la cárcel.


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