Policías relatan cómo alteraron escena tras masacre en Nuevo Laredo
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Secretaría de Seguridad de Tamaulipas

Policías relatan cómo alteraron escena tras masacre en Nuevo Laredo; contradice versión de testigos

Agentes llevan dos años como testigos protegidos pese a que en sus declaraciones trataron de mantener la versión oficial de un enfrentamiento. Dos de los siete oficiales acusados de la matanza tenían antecedentes por tortura.
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“Nuestro jefe de grupo nos dio la instrucción de colocar casquillos percutidos al exterior del inmueble y también de dispararle a la camioneta que ya estaba colocada ahí, de manera que pudiésemos justificar los motivos por los que entramos al domicilio (…) En la camioneta estaba el cuerpo de quien respondía al apodo de ‘El Negro’, pero no tengo conocimiento de cómo murió, además escuché que nuestro jefe de grupo dio la instrucción de que le fuera colocado el chaleco con el que finalmente apareció, pero tampoco sé quién lo haya hecho”.

Esta es parte de la declaración prestada en noviembre de 2019 por Juan Carlos Vicenzio Zuvirie, agente del extinto Centro de Análisis, Inteligencia y Estudios de Tamaulipas (CAIET), y testigo protegido dentro de la carpeta 406/2019 que investiga la masacre de Valles de Anáhuac, en Nuevo Laredo.

Vicencio Zuvirie y otros seis compañeros están acusados de homicidio calificado, abuso de autoridad y falsedad en informes dados a una autoridad y allanamiento de morada por los hechos del 5 de septiembre de 2019 en los que 8 personas fueron asesinadas. Animal Político reveló que el gobernador Javier García Cabeza de Vaca fue quien tres semanas antes había instruido a la realización del operativo, según documentos aportados a la causa. 

El oficial y otros dos policías (Zayra Concepción Guevara Garza y Azariel Urbina Arguelles) son testigos protegidos, por lo que han eludido la prisión hasta el momento. Los elementos José Rafael González Villapando (que estaba al mando en el operativo) y Ricardo Guadalupe Mendoza Aguirre están en la cárcel, mientras que Edith Esteban Cruz y Francisco Hernández Carbajal se encuentran en busca y captura y se ofrece una recompensa de 250 mil pesos. 

Animal Político tuvo acceso a las declaraciones de los tres agentes, incluidas dentro de la carpeta de investigación 406/2019, en manos de la Fiscalía General del Estado (FGE) de Tamaulipas. En ellas, mantienen la versión difundida en un inicio por la Secretaría de Seguridad Pública y aseguran que las muertes se produjeron por un enfrentamiento y que no hubo ejecuciones extrajudiciales. “Lo que se comunicó a la ciudadanía por parte del gobierno del Estado el día de los hechos no se aparta del todo de la realidad”, dijo Vizencio Zuvirie. 

Este segundo relato, sin embargo, incluye ya varios elementos que difieren de la explicación oficial. Los policías admiten que practicaron detenciones en tres casas y no solo en la que se produjo la masacre; reconocen que alteraron la escena por orden de un superior y aseguran no tener idea de cómo falleció una de las víctimas, que apareció muerto en mitad del cordón policial, en lo alto de una camioneta que había sido trasladada allí por los agentes. Esta segunda versión, sin embargo, difiere también de las declaraciones de 14 testigos presenciales que también están incluidas en la causa. 

El operativo según los policías-testigos 

Sobre las 5 de la mañana, un equipo del CAIET escoltado por al menos una veintena de soldados, se dirige a una vivienda en la colonia Buenos Aires de Nuevo Laredo. Según los policías, el destacamento está integrado por los siete agentes imputados por la FGE y buscan armas de gran calibre que, supuestamente, estarían en poder del Cártel del Noreste. Al irrumpior en este primer domicilio, encuentran a una persona llamada Enrique Pérez Chávez, a quien apodan el Negro y a quien consideran integrante del crimen organizado y quien estaría custodiando un vehículo con blindaje artesanal. 

Este les habría asegurado que las armas se encontraban en una segunda vivienda, esta vez en la colonia Buenavista, a la que se dirigen. Allí, siempre según la versión de los agentes, capturan a Luis Fernando Hernández Viezca, quien les dirige a un tercer domicilio: la casa en la que tuvo lugar la masacre en Valles de Anáhuac.

Los tres policías coinciden en testificar que, al llegar a esta tercera vivienda, son objeto de un ataque por parte de civiles armados y que, en mitad del tiroteo, Hernández Viezca es capaz de escapar de la custodia y adentrarse en el domicilio, desde el que también comienza a disparar. Finalmente, las siete personas que se encontraban al interior del domicilio (cuatro hombres y tres mujeres) resultan muertas. Además, el cuerpo de Pérez Chávez aparece, con un chaleco antibalas que algún policía le coloca, sobre el vehículo con blindaje artesanal que había sido movido desde la colonia Buenos Aires, ubicada a unos 8 kilómetros de distancia. Según reveló Animal Político, la carpeta de investigación incluye declaraciones que apuntan al capitán José Jorge Ontiveros Molina, actual secretario de Seguridad Pública del gobierno de Tamaulipas, como el oficial que solicitó la grúa para mover este vehículo. 

“Nosotros no ejecutamos a nadie, no los torturamos, mucho menos los sujetamos y no los vestimos, las mujeres que encontramos en el último domicilio ya se encontraban ahí y el equipo táctico con el que fueron abatidas era de su propiedad”, declaró Azariel Urbina Arguelles, quien aseguró que los relatos ofrecidos por los testigos son “falsos”.  

Tras ese supuesto enfrentamiento, el jefe del operativo, González Villapando, instruye a sus subordinados para que siembren casquillos percutidos en el exterior y disparen contra el blindado para simular un tiroteo que, según esta versión, se había producido minutos antes. ¿La razón? Justificar una irrupción en una vivienda sin orden judicial alegando que habían sido atacados. Uno de los detalles que más dudas generan sobre esta versión es la aparición del cadáver de Pérez Chávez en mitad de una zona acordonada por el Ejército y sin que los policías que están ahí puedan precisar quién lo ha matado. 

Para convertirse en testigos, los agentes prometieron dar detalles sobre las decisiones adoptadas por su superior González Villapando, sobre las circunstancias de la muerte de las ocho personas, acerca del traslado de la camioneta blindada y en relación a la participación de integrantes del Ejército en el operativo, algo que todavía no se ha producido. 

Las contradicciones 

Los relatos aportados por los policías-testigos chocan con las versiones de 14 personas que se encontraban en las viviendas que fueron allanadas durante el operativo o en sus inmediaciones. Según estos testimonios, en el primer apartamento no se encontraba solo Enrique Pérez Chávez, sino que también rentaban cuartos Wilbert Irraestro Pérez, José Daniel Saucedo Martínez, Juana Yatzel Graciano Magaña, Jennifer Hazel Romero López y Cinoy Esmeralda Briseño Chapa.

Todos ellos habrían sido llevados primero al domicilio de Luis Fernando Hernández Viesca y posteriormente de Severiano Treviño Hernández, donde acabaron presuntamente con sus vidas. Kassandra Treviño, hija de la última víctima, relató en entrevista con Animal Político cómo los agentes del CAIET irrumpieron en su domicilio y le obligaron a abandonarlo, tras comenzar a golpear a su padre. Sería la última vez que lo vio con vida. “No pueden ir los oficiales matando inocentes porque sí. Que paguen lo que hicieron”, declaró cuando se cumplía un año de la masacre.

Qué ocurrió en esa vivienda lo tendrá que determinar un juez, aunque elementos que aparecen en la carpeta de investigación ponen en cuestión la versión oficial. Por un lado, el supuesto tiroteo. Los peritajes que se incluyen en el expediente descartan que la fachada de la casa donde se registró la matanza recibiese impactos de bala. Es decir, que no hay rastro del supuesto tiroteo pero sí disparos al interior de las habitaciones, donde aparecieron los cuerpos sin vida de las víctimas.

Por otro lado, seis de las ocho víctimas presentaban marcas en las muñecas como muestra de haber estado atados previamente. Aunque los agentes convertidos en testigos lo niegan en sus declaraciones, las necropsias revelan las marcas de cinchos en las muñecas.

Entrenamiento con Marina y EU y denuncias por tortura

Este no es el único caso en el que el grupo de operaciones especiales de la policía estatal de Tamaulipas tiene señalamientos por graves violaciones a los derechos humanos.

Sus integrantes han sido acusados de desapariciones en Ciudad Mier o de la masacre de 19 personas (17 de ellos migrantes) en Camargo. Los documentos incluidos al interior de la carpeta de investigación permiten conocer un poco mejor el perfil de sus agentes. Todos relatan haber sido entrenados en un curso previo de la secretaría de Marina, tras el cual recibían su certificado de aptitud.

El papel de este cuerpo está siendo también investigado, ya que actualmente 30 elementos, supuestos integrantes de la Unidad de Operaciones Especiales están en prisión acusados de la desaparición de cuatro personas. Entre enero y junio de 2018 hay al menos 47 denuncias por desaparición y, de ellas, 12 personas habrían sido ejecutadas extrajudicialmente.

Otro de los vínculos fuertes de estos agentes es con Estados Unidos. De hecho, uno de los tres policías reconvertido en testigo señala que tomó un curso impartido por el FBI. Esta no es una novedad, ya que según publicó Vice News, varios de los oficiales del Grupo de Operaciones Especiales (GOPES, sucesor del CAIET) acusados de la masacre de Camargo, Tamaulipas, en febrero de 2021, recibieron también instrucción al norte del Río Bravo. Esto no fue impedimento para que el máximo responsable del cuerpo, Félix Arturo Rodríguez Rodríguez, fuera reconocido por la DEA y el HSI en un acto en el consulado de Matamoros.  

Al interior de la carpeta también se incluye un dato relevante: dos de los siete policías imputados por los homicidios tenían denuncias previas por tortura: en concreto, el jefe del operativo tenía abierta una investigación en 2019 y Vicenzo Zuvirie otras dos, también ese mismo año.

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Coronavirus: ¿qué son los autoanticuerpos y qué tienen que ver con la COVID-19 grave?

Hay una creciente evidencia de que muchas reacciones extremas al coronavirus podrían estar relacionadas con la presencia de anticuerpos "rebeldes" que atacan tejidos y órganos sanos.
27 de septiembre, 2021
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Desde que comenzó la pandemia de COVID-19, los científicos han estado tratando de entender qué hace que unos y otros reaccionemos de manera tan diferente a la enfermedad.

¿Por qué algunas personas se enferman mucho más que otras? ¿Y por qué afecta a diferentes órganos del cuerpo, potencialmente durante períodos prolongados, cuando es COVID-19 prolongado?

Ahora existe una creciente evidencia de que algunos de estos procesos podrían estar relacionados con la producción de unos anticuerpos “rebeldes” conocidos como autoanticuerpos.

Los anticuerpos normalmente luchan contra las infecciones, pero los autoanticuerpos se dirigen por error a las células, tejidos u órganos del propio cuerpo.

Pero, ¿cuál es su rol en la COVID y cómo podrían impulsar la gravedad de la enfermedad?

Cuando el cuerpo se ataca a sí mismo

Incluso las personas sanas producen autoanticuerpos, pero generalmente no en cantidades lo suficientemente grandes como para causar un daño significativo al sistema inmunológico.

Sin embargo, en pacientes con COVID-19 se ha descubierto que no solo dañan el sistema inmunológico, sino también el tejido sano del cerebro, los vasos sanguíneos, las plaquetas, el hígado y el tracto gastrointestinal, según investigadores de la Universidad de Yale, en Connecticut (Estados Unidos).

Anticuerpos atacando el virus SARS-Covid-2

Getty Images
Se descubrió que los autoanticuerpos atacan múltiples vías del sistema inmunológico, según investigadores de Yale.

En las infecciones por COVID-19, los autoanticuerpos pueden apuntar a “docenas de vías inmunes”, le dijo a la BBC Aaron Ring, profesor adjunto de inmunobiología en la Facultad de Medicina de Yale.

En un estudio reciente publicado en la revista Nature, su equipo examinó la sangre de 194 pacientes que contrajeron el virus con diversos grados de gravedad, y encontró “aumentos marcados” en la actividad de los autoanticuerpos, en comparación con los individuos no infectados.

Cuantos más autoanticuerpos se detecten, más grave será la enfermedad experimentada por los pacientes.

Es un arma de doble filo. Los anticuerpos son cruciales para defendernos de las infecciones, pero algunos pacientes con COVID-19 también desarrollan anticuerpos que dañan sus propias células y tejidos”, dijo el científico.

Bloqueo de la respuesta inmune ante la COVID-19

El estudio del doctor Ring se basó en trabajos anteriores dirigidos por el doctor Jean-Laurent Casanova en la Universidad Rockefeller de Nueva York (Estados Unidos).

El laboratorio de Casanova lleva más de 20 años estudiando variaciones genéticas que afectan la capacidad de una persona para combatir infecciones.

Su investigación destaca el papel de los autoanticuerpos que atacan algunas de las proteínas encargadas de combatir las infecciones virales y bloquear la replicación del virus (los llamados interferones tipo 1).

En octubre de 2020, el equipo del doctor Casanova informó en la revista Science que había encontrado esos autoanticuerpos en aproximadamente el 10% de casi 1.000 pacientes con COVID-19 grave.

Un detalle crucial: cerca del 95% de ellos eran hombres, lo cual podría explicar por qué son ellos los que desarrollan mayoritariamente la COVID-19 grave.

Pacientes que sufren de covid-19 grave recibiendo oxígeno en una unidad de cuidados intensivos (UCI) de un hospital en Nueva Delhi, India, mayo de 2021.

Getty Images
El doctor Casanova ha encontrado evidencia que podría ayudar a explicar por qué el covid parece ser más grave entre los pacientes varones mayores.

El mes pasado informaron en la revista Science Immunology los hallazgos de un estudio más amplio, con análisis de 3.600 pacientes ingresados en el hospital con COVID-19 grave.

Encontraron autoanticuerpos contra los interferones tipo 1 en la sangre del 18% de las personas que habían muerto a causa de la enfermedad.

Más del 20% de los pacientes mayores de 80 años con COVID grave tenían esos autoanticuerpos, en comparación con el 9.6% entre los menores de 40 años.

El doctor Casanova dijo que los hallazgos proporcionaron “pruebas convincentes” de que la “interrupción” causada por los anticuerpos rebeldes “es a menudo la causa del covid-19 potencialmente mortal”.

Autoanticuerpos, enfermedad autoinmune y COVID prolongado

Otros estudios están encontrando vínculos entre los autoanticuerpos y las condiciones médicas relacionadas con la COVID-19 que continúan incluso después de que el virus ha sido eliminado del organismo.

En un estudio publicado este mes en Nature Communications, investigadores de la Universidad de Stanford, en California (Estados Unidos), encontraron que al menos una de cada cinco personas ingresadas en el hospital con COVID-19 desarrolló autoanticuerpos en la primera semana de ingreso.

En el caso de unos 50 pacientes, dispusieron de muestras de sangre extraídas en diferentes días, incluido el día en que ingresaron por primera vez.

“En una semana después de registrarse en el hospital, aproximadamente el 20% de estos pacientes había desarrollado nuevos anticuerpos contra sus propios tejidos que no estaban allí el día en que fueron admitidos”, dijo el investigador principal PJ Utz, profesor de inmunología y reumatología en Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford.

Un trabajador médico administra una dosis de la vacuna contra el covid en Nantes, Francia, el 14 de septiembre de 2021.

Reuters
Los expertos dicen que los hallazgos refuerzan la causa de aumentar la inmunidad a través de la vacunación.

El profesor Utz dijo que esto también podría explicar por qué algunos síntomas persisten meses incluso después de que la enfermedad haya desaparecido, en la condición conocida como COVID de larga duración.

“Si te enfermas lo suficiente por la COVID-19 como para terminar en el hospital, es posible que no estés fuera de peligro incluso después de recuperarte”.

En Reino Unido, investigadores del Imperial College de Londres encontraron autoanticuerpos en pacientes con COVID-19 de larga duración, que estaban ausentes en personas que se recuperaron rápidamente del virus o que no dieron positivo.

El profesor Danny Altmann, que dirige el grupo de investigación, le dijo a la BBC que el equipo está trabajando para averiguar si se puede diagnosticar COVID de larga duración identificando autoanticuerpos creadosrecientemente.

La investigación aún se encuentra en una etapa inicial, pero podría dar como resultado una prueba lo suficientemente simple como para ser utilizada en la consulta médica.

“Esperamos no solo avanzar hacia un diagnóstico, sino también en conocimientos terapéuticos: que esto ilumine mecanismos y tratamientos específicos”, dijo Altmann.

Para los expertos, estos hallazgos también justifican la vacunación.

En una infección viral mal controlada, el virus permanece durante mucho tiempo, mientras que una respuesta inmune que se intensifica continúa rompiendo las partículas virales en pedazos, lo cual confunde al sistema inmunológico, dijo el profesor Utz.

Sin embargo, las vacunas contienen solo una proteína de pico o instrucciones genéticas para producirla, por lo que el sistema inmunológico no está expuesto a la misma actividad frenética que podría conducir a la producción de autoanticuerpos.

Eso no es todo

Un médico atiende a un paciente infectado por covid-19 en la unidad de cuidados intensivos del hospital Lyon-Sud en Pierre-Benite, el 8 de septiembre de 2021

Getty Images
Los expertos advierten que la respuesta inmune al covid es compleja y los autoanticuerpos son solo una parte de la historia.

Pero aunque los avances en este campo son emocionantes, los científicos advierten que la respuesta inmune a la COVID es compleja y los autoanticuerpos no lo son todo.

Otro mecanismo que se está investigando es la respuesta inmune hiperactiva que ocurre en algunos casos.

La producción de proteínas llamadas citocinas (también denominadas citoquinas) puede alcanzar niveles peligrosos y causar daño a las propias células del cuerpo, las llamadas tormentas de citocinas.

Todavía no comprendemos exactamente qué sucede en nuestras células cuando el virus ingresa a nuestros cuerpos; es el resultado de esa batalla lo que determina la gravedad y, en última instancia, la mortalidad de la enfermedad.


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