Vicente Suástegui: dos detenidos por su desaparición, pero ninguna pista
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A dos meses de la desaparición del activista Vicente Suástegui, hay dos detenidos pero ninguna pista

Un expolicía y un comandante de la UPOEG están entre los sospechosos por la desaparición de Vicente Suástegui, según denuncian la familia y organizaciones sociales.
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Dos meses después de su secuestro a manos de hombres armados, no hay rastro de Vicente Suastegui, de 37 años. El activista medioambiental, integrante del Consejo de Ejidos y Comunidades Opositores a la Presa La Parota (Cecop), fue capturado por hombres armados en la colonia Renacimiento de Acapulco, Guerrero, el 5 de agosto y desde entonces no hay noticias. Actualmente hay dos sospechosos vinculados a proceso y otras cuatro órdenes de aprehensión pendientes de ser ejecutadas. Además, se han desarrollado diversas jornadas de búsqueda, sin éxito. “Ya están identificadas las personas. Se ha ubicado donde están estas personas. Lamentablemente la inacción en cuanto a órdenes de aprehensión forma parte de la complicidad de las instituciones”, dijo Abel Barrera, director del Centro de Derechos Humanos Tlachinollan. 

Hasta el momento hay dos detenidos que ya han sido vinculados a proceso, según explicó el abogado Rogelio Telis García. Se trata de Juan Carlos “N”, alias El Brillo, y Felipe “N”, alias La Yegua. También hay órdenes de aprehensión contra un expolicía ministerial, Baltasar Cardona Clavel, y un comandante de la UPOEG (Unión de Pueblos y Organizaciones Estatales de Guerrero), Pedro Santos Pinos, así como contra Jorge Eduardo García Ramírez, alias El Junior y José Luis Carrera Vázquez, alias El Galleta. 

“No entendemos por qué se han ejecutado las órdenes”, se queja Telis García.

Animal Político consultó con la Fiscalía General del Estado (FGE) de Guerrero pero al cierre de la edición no había recibido respuesta. 

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La historia de esta desaparición es la síntesis de muchos de los conflictos enquistados en Guerrero. Vicente Suástegui fue integrante del Cecop y uno de los principales opositores a la presa La Parota desde principios de este siglo. Su hermano Marco Antonio era vocero de la misma organización y entre 2014 y 2015 estuvo en prisión acusado de un robo que él siempre negó haber perpetrado. De hecho, las organizaciones sociales que acompañan a los comunitarios siempre consideraron que se trataba de un castigo por su activismo social. 

Tras años de activismo, Vicente Suástegui se trasladó al Acapulco rural para vivir con su familia alejado de las tensiones de los últimos años. Atrás quedaba, por ejemplo, su detención, junto a su hermano, tras los enfrentamientos entre policías comunitarios, civiles armados y policías estatales ocurridos el 7 de enero de 2018 en La Concepción. Ahora su vida iba a dedicarse al taxi. Sin embargo, no logró la tranquilidad que buscaba con su desplazamiento interno. 

Desde que abandonó su comunidad en 2019 hasta su desaparición en el mes de agosto, Suástegui fue hostigado por miembros de la UPOEG, que le acusaban de no dejar ser revisado en los controles. Además, la policía estatal y la Marina le realizaron cateos tras acusarlo de vender droga, algo que nunca llegó ante un juez.

El 5 de agosto Suástegui estaba manejando su taxi cuando fue capturado por hombres armados. Según la versión que aparece en la carpeta de investigación, hay testimonios de un forcejeo y de que sonó un disparo. 

Organizaciones apoyan a la familia 

“Esto no es un hecho aislado, es debido a las actividades que realiza en las últimas dos décadas, defendiendo bienes naturales”, dijo su hermano Marco Antonio en conferencia de prensa. Junto a él se encontraban organizaciones de Derechos Humanos como Tlachinollan, Fundar o la Red TDT Todos los Derechos para Todos.

La hipótesis que barajan los investigadores es que integrantes de la delincuencia lo capturaron para entregarlo al comandante de la UPOEG cuya captura se ha solicitado. 

“Días antes del 5 de agosto, una persona llamada Jorge Eduardo Gracia Ramirez, el Junior, manda citar a Valenzuela, El Balda y el Yegua, tienen que levantar a tres personas, entre las que está Vicente, a las que acusan de venta de drogas o ir de chapulines”, dijo el abogado Telis García. Según esta misma declaración, la víctima habría sido entregada a Santos Pinos, conocido como Comandante Pino, que habría acabado con la vida de Suástegui y lo habría enterrado a 300 metros de Metlapil, en una zona conocida como El deshuesadero. Aunque esto último el testigo dijo no tener constancia directa. 

A pesar de que las órdenes de aprehensión están firmadas todavía no se han producido las cuatro capturas pendientes. “Más de 80 personas están reportadas como desaparecidas ante la FGE recientemente”, dijo Barrera, quien denunció que “no hay investigaciones que pudieran contener la avalancha delincuencial”. “Hay actores armados que están interviniendo y no hay acción que los ponga en orden”, dijo. 

“Vicente es un defensor de derechos humanos, de campesinos, tiene que aparecer con vida”, dijo Marco Antonio, su hermano, quien consideró que los últimos 60 días han sido “de mucho sufrimiento”. “Estamos viviendo el infierno mismo”, afirmó. 

Guerrero tiene registradas 3 mil 613 personas desaparecidas según el registro de la Comisión Nacional de Búsqueda. Recientemente se cumplieron siete años de la desaparición de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa. Este mes también se cumplen dos años de la desaparición y posterior asesinato de Arnulfo Cerón Soriano. 

La familia de Suástegui teme que la falta de acción de las autoridades lleve al caso a convertirse en un nuevo ejemplo de impunidad.

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"Pasé 20 años en prisión. Hoy alimento a miles de personas en Estados Unidos"

El californiano Manny Flores estuvo involucrado en la violencia de pandillas y cumplió 20 años de condena por atentado de homicidio. Hoy dirige uno de los bancos de alimentos más importantes de California.
15 de octubre, 2021
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Manny Flores sabe que lo vienen a matar.

Es el líder de una de las facciones carceleras más poderosas de California, pero alguien más quiere su puesto.

En sus planes no está quedarse quieto mientras conspiran contra él. Así que se adelanta, agarra a su verdugo y lo apuñala 18 veces.

Flores cumple una condena de 20 años en prisión, pero está convencido que tras apuñalar a su enemigo le darán cadena perpetua.

“Pensé que más nunca vería a mis padres”, dice.

“Gracias a Dios”, añade este californiano de padres latinos, el apuñalado sobrevivió y jamás lo acusó formalmente.

Fue como si el destino le diera otra oportunidad. Así que Flores cerró su primera vida: la pandillera, criminal y peligrosa.

Hoy es otro hombre.

Veintisiete años después de entrar en una de las cárceles más peligrosas de California por su actividades como pandillero, Flores devuelve a su comunidad como bien todo el mal del pasado.

Actualmente es el director del North Valley Caring Services (NVCS), una organización sin ánimo de lucro que alimenta, apoya, educa y protege a miles de familias desamparadas en la zona del Valle de San Fernando en el condado de Los Ángeles.

Vista aérea de parte del Valle de San Fernando.

Getty Images
La zona del Valle de San Fernando en Los Ángeles es sede de corporaciones gigantes como Walt Disney, CBS o Warner Bros.

Porque detrás de la fachada de Silicon Valley, el glamour de Hollywood, las playas de surf, el sol y la riqueza, Flores asegura que el riesgo de mendicidad está fuera de control en este estado del país más poderoso del mundo.

“No sé si alguna vez pueda reparar a mi comunidad todo el daño que hice, pero hasta donde yo pueda, quiero trabajar duro, ser honesto y dedicar mi vida al bien”, afirma.

La labor de Flores es ejemplo de superación y conversión para toda su comunidad.

Un camino nada fácil que, hoy con 50 años, comparte con BBC Mundo.

Auxilio para los desamparados

El Valle de San Fernando se encuentra en el norte del condado de Los Ángeles.

Esta zona, sede de corporaciones gigantes como Walt Disney y Warner Bros, también acusa la grave crisis de mendicidad que azota a todo Los Ángeles y al estado de California.

“La realidad es que el costo de la vida está fuera de control. Eso está empujando a mucha gente a la mendicidad”, comenta Flores.

Manny Flores junto a algunas de las personas sin techo que ayuda.

Manny Flores
Flores asiste a unas 4.500 familias en el Valle de San Fernando en Los Ángeles. La mayoría son personas sin techo, víctimas de la grave crisis de mendicidad que afecta a la ciudad y al estado de California.

Según el último reporte anual de Los Angeles Homeless Services Authority, de 2019 a 2020 el número de “sin techo” en el condado de Los Ángeles ascendió a 66.433 personas, uno de los peores registros del país.

La mayoría que necesita ayuda son familias de ingreso medio. Ellos son quienes peor lo están pasando ahorita, los más frágiles”.

Entre esas decenas de miles se encuentran muchos de los que Flores se ha propuesto devolverles cada día como bien el mal que dice haberles hecho en el pasado.

“Alimentamos cada semana a un total de 4.500 familias. Desde nuestra agencia atendemos unas 1.500. Luego, a través de iglesias y centros de distribución, completamos la cifra”.

“Yo le hice mucho daño a mi ciudad, Los Ángeles. Es mi deber servir y usar todo lo malo que viví para bien”.

Camino torcido

El Flores de antes de prisión dista mucho de la persona con la que hablo por teléfono.

Se le nota conmovido cada vez que menciona lo mal que lo está pasando su comunidad.

Pero hace más de dos décadas sus motivaciones eran muy diferentes.

“No sé cómo me torcí. Era hijo único y mi casa jamás fue problemática o abusiva”.

Manny Flores adolescente.

Manny Flores
Siendo apenas un adolescente, Flores comenzó a involucrarse en el crimen y la violencia de pandillas en Los Ángeles.

“Crecí en una familia donde me inculcaron principios de valor, amor, respeto hacia el prójimo, las propiedades y el sistema”.

Como muchos angelinos, los padres de Flores son latinos. Su mamá vino de Cuba y su papá de México.

En los años 80, en plena adolescencia, Flores empieza a “ensuciarse” con las pandillas que rondaban su vecindario.

Dice que las malas influencias lo cambiaron, que adoptó un estilo de vida diferente.

En aquellos años, el día a día de Flores era vender drogas, robar, extorsionar, portar armas, dispararlas contra las bandas rivales.

Y no fue un pandillero cualquiera.

Cuerpo tapado víctima de un tiroteo en el sur de Los Ángeles.

Getty Images
Manny Fores estuvo involucrado en la intensa violencia pandillera que sacudió Los Ángeles entre los 80 y los 90.

“Yo era un personaje de alto grado. Contaban conmigo para la logística de la pandilla. Movía dinero, manipulaba a la gente y reclutaba jóvenes”.

A los 22 años, Flores ya había estado envuelto en múltiples apuñalamientos y tiroteos.

Con 23 años, sin embargo, se propuso llevar un estilo de vida más pacífico. Se casó. Tenía dos hijos.

Pero todo volvió a torcerse.

“Intentaron asesinarme y fui a cobrármelas. Busqué a quienes me dispararon, disparé contra ellos y le di a una persona”.

Fue el último periplo criminal de Flores en la calle. La policía lo agarró y la justicia le impuso 20 años de cárcel por intento de homicidio.

La vida en prisión

A Flores lo enviaron a una de las prisiones más violentas del estado.

Como en la vida pandillera, en las prisiones californianas manda la ley del más fuerte. Un juego de poder en el que este joven de 23 años no quiso quedarse atrás.

“Me asocié en prisión con la mafia mexicana, pero había otras facciones, como los afroamericanos, los estadounidenses blancos, los skinhead o los de la Nación Aria”.

Vista aérea de la prisión de San Quentin en California.

Getty Images
Manny Flores asegura que en las prisiones de California varias facciones compiten por el poder y control.

Dentro de la mafia mexicana, Flores vuelve a erigirse como líder.

Estaba a cargo de unos 200 hombres dentro del centro penitenciario. Decide las políticas de prisión, con quién se pelean, qué drogas entran. Lo supervisa todo.

“Alguien quería mi posición y lo mandaron a apuñalarme. Me avisaron que pasaría, pero no podía dejar que pasara. Tuve que enseñar que era un hombre y que mis problemas los arreglo yo solo”.

Entonces Flores fue y le clavó 18 veces el puñal a quien lo quería atacar.

“Pensé que me darían cadena perpetua, pero el tipo sobrevivió y nunca me acusó. Es muy raro que eso pase“.

La conversión

En medio de la condena, las autoridades mandaron a Flores a una celda aislada, para donde van los más peligrosos.

“Me controlaban las 24 horas del día. No veía el sol, no tenía visitas, ni contactos ni acceso al teléfono. La gente allí se vuelve loca”.

Pero la soledad, el aislamiento y “un encuentro con Dios” cambiaronn a Flores. Tenía tiempo para pensar.

Manny Flores junto a su madre y su padre.

Manny Flores
Flores aprovechó el aislamiento en prisión para reflexionar sobre por qué y cómo se alejó de las enseñanzas de su familia.

Comprende que sus errores y crímenes del pasado responden a una baja autoestima, a una necesidad de ser aceptado a través de imponer miedo y respeto.

“Fue la primera vez que fui honesto conmigo mismo. Muchas de las cosas que hice fueron por puro miedo y no porque fuese el más bravo. Es curioso, porque le ha sucedido igual a otros en la misma situación”.

Flores aprovechó el aislamiento para estudiar, formarse, y prepararse para una nueva vida fuera de prisión.

Manny Flores junto a su madre.

Manny Flores
Tras salir de prisión, Flores demostró a sus padres que podía cambiar y aplicar todas las buenas enseñanzas que le inculcaron de niño.

Reinserción complicada

Cuando Flores sale de la cárcel en 2014, empieza a tocar puertas.

Una de las primeras fue las de la iglesia que le ayudó en su conversión dentro de la cárcel.

“No me aceptaron. Tenían miedo por mi pasado. Pensaron que quizás mi conversión no era real y que podría hacerles daño. Me dieron a entender que buscara otra iglesia”.

Flores vivió en primera persona las dificultades por las que puede pasar un exconvicto para reinsertarse en la sociedad.

“Cuando estaba en prisión, todos me pedían que cambiara. Pero cuando cambié y salí, uno se da cuenta de muchas cosas. La gente, tu familia, tu comunidad, tu iglesia, quieren que cambies, pero cuando tienen que darte una oportunidad las cosas son muy diferentes”.

Manny Flores rezando en Navidad.

Manny Flores
Manny Flores no lo tuvo fácil para reinsertarse en la sociedad y muchas puertas que parecían abiertas se le cerraron.

“Es difícil encontrar oportunidades para personas como yo. Con antecedentes es muy difícil tener un trabajo significativo“.

Fue entonces cuando la pequeña organización North Valley Caring Services (NVCS) apareció en su camino.

La directora en ese tiempo tenía un amigo en común con Flores. Le concedieron una entrevista y luego le ofrecieron un trabajo.

Cinco años más tarde, a Flores lo nombraron director tras implementar un programa de comida que de a poco comenzó a impactar la vida de muchos.

“Estoy muy agradecido. Yo no tenía ninguna experiencia, solo mi educación en prisión y lo que aprendí en la calle”.

Manny Flores junto al alcalde de Los Ángeles, Eric Garcetti.

Manny Flores
La tarea de Manny Flores al frente de NVCS ha trascendido por toda la ciudad. En esta foto posa junto al alcalde de Los Ángeles, Eric Garceti.

Mucho más que un banco de alimentos

Repartir comida es solo uno de los programas que actualmente maneja el NVCS bajo la dirección de Flores.

Proporcionan aparcamientos para las familias que viven en sus carros, ofrecen seguridad, alimentos, ducha.

También asisten a los que viven en estaciones de trenes.

El centro, además, educa a niños y les enseña a usar computadores y navegar en internet.

“Muchas familias que llegan al país no saben cómo usar las computadoras y no pueden ayudar a sus hijos con las tareas. Así que establecimos un salón donde ofrecemos ayuda“.

Manny Flores en una de las jornadas de distribución de alimentos.

Manny Flores

El NVCS también enseña habilidades de emprendimiento para individuos. Fomenta la creación de microempresas e inculca conceptos de negocios.

Luego les busca un sitio donde puedan vender sus artículos y quedarse con el 100% de las ganancias.

“Varias personas han conseguido buenos contratos y ahora se encuentran en otro nivel económico. Por medio de nuestros programas, hemos conseguido impactar a un 20% de las personas del área de San Fernando“.

“Nuestro objetivo es crear un sistema colectivo y cooperativo donde logremos que la comunidad entienda la fuerza que tiene cuando trabajamos juntos”, dice Flores.

Satisfacción personal y familiar

Flores se ha vuelto a casar. Su actual esposa es la primera mujer con la que dice que fue completamente honesto.

“Le expliqué mis circunstancias y me presenté cómo soy. Me aceptó con todo”.

Flores le agradece a Dios y a la vida el haber tenido la oportunidad de enmendar su camino.

Le emociona que su papá y su mamá hayan podido ver el cambio en su vida y todo lo que hace por su comunidad.

Manny Flores junto a su padre.

Manny Flores
Manny Flores se siente agradecido a Dios y a la vida por permitir que su padre viera cómo cambió y aplicó sus enseñanzas.

“Mi papá falleció hace un mes, pero tuve el privilegio de que me viera reflejando todas las enseñanzas que él me inculcó. No sé si lo que hago podrá reparar el daño que hice, pero trabajaré muy duro para intentarlo”.

A Flores le gustaría ver más modelos de organizaciones como NVCS, que con un presupuesto limitado está haciendo un gran cambio en el barrio.

“Ya nos han invitado a abrir más agencias en dos ciudades cercanas. Estamos muy cerca de lograrlo“, cuenta ilusionado.


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