Crece letalidad con AMLO: Ejército mata a más de 500 en enfrentamientos
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Crece letalidad con AMLO: Ejército mata en enfrentamientos a más de 500 civiles y lesiona a 89

La brecha entre civiles muertos respecto a los que son detenidos o lesionados ha crecido en comparación con sexenios pasados.
Cuartoscuro
29 de noviembre, 2021
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En la primera mitad del sexenio del presidente Andrés Manuel López Obrador el Ejército Mexicano se enfrentó en más de 640 ocasiones con civiles armados en el país. El saldo oficial de estos choques fue de 515 presuntos agresores abatidos, por apenas 89 lesionados y 381 detenidos. Del lado de los militares 21 perdieron la vida.

Al igual que sucedía en los gobiernos de Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón, los soldados siguen matando a más personas de las que lesionan o detienen. Pero la letalidad de las fuerzas armadas ha aumentado: hoy es mayor la brecha entre civiles muertos respecto a los detenidos, entre civiles muertos respecto a los heridos, así como entre civiles y militares abatidos.

De acuerdo con el Monitor de Uso de la Fuerza Letal construido por expertos y organizaciones de cinco países distintos, estos saldos superan los estándares establecidos y generan alertas sobre un posible abuso de la fuerza de los militares en México.

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Datos oficiales de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) revisados por Animal Político muestran que de enero de 2019 a agosto de 2021 se registraron 641 agresiones armadas en contra de elementos del Ejército: 242 en 2019, 260 en 2020 y 139 en lo que va de 2021.

En promedio, se trata de un nuevo enfrentamiento entre soldados y civiles armados cada 36 horas. Es una frecuencia ligeramente menor a la reportada en el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, donde el promedio fue de un nuevo choque cada 30 horas, y también está por debajo de lo reportado con Felipe Calderón donde había al menos un nuevo enfrentamiento cada 24 horas.

El saldo de los enfrentamientos entre soldados y civiles ocurridos en lo que va dele gobierno de López Obrador es de 21 muertos y 179 heridos del lado del Ejército, contra 515 muertos y 89 heridos del lado de los civiles presuntamente armados. Esto sumado a 381 agresores detenidos.

Lo anterior significa que, en promedio, por cada civil herido hay seis que pierden la vida a manos del Ejército. Esto es lo que los expertos denominan “índice de letalidad” y es mayor que en el sexenio pasado, donde el registro era de cinco civiles muertos por cada uno que resultaba herido. El gobierno de Calderón sigue siendo el de la letalidad más alta con 7 muertos por cada lesionado.

Además, la cifra de civiles muertos en enfrentamientos durante el actual sexenio supera en más del 26 por ciento a la de los civiles detenidos. La brecha es aun mayor que con Peña Nieto donde los muertos superaban por 10.9 por ciento a los detenidos, o con Calderón donde la diferencia era de 18.21 por ciento.

Si se comparan los muertos de cada lado tras los enfrentamientos (lo que expertos denominan índice de proporcionalidad) se advierte que con Obrador por cada militar que pierde la vida son abatidos entre 24 y 25 presuntos agresores. Se trata de un incremento significativo respecto a los promedios de sexenios anteriores según los propios datos de la Defensa: con Peña Nieto el promedio era de 12 civiles abatidos por cada militar caído, y con Calderón 19 presuntos agresores muertos por cada civil que perdió la vida

Es decir, actualmente el Ejército mexicano abate a más civiles por cada soldado que pierde la vida.

En el gobierno de López Obrador cada enfrentamiento del Ejército deja un promedio de 0.8 civiles muertos, un nivel mayor que con Peña Nieto que fue de 0.7, pero aun inferior al promedio con Calderón que es de 1.2.

Persiste posible abuso de la fuerza

El 20 de septiembre de 2020 el presidente López Obrador presumió en una conferencia matutina que la letalidad de las fuerzas armadas en su sexenio había bajado. Y para ello mostró una gráfica en donde se aprecia que en el gobierno de Calderón había cifras mas altas de personas muertas y heridas.

En cambio, sostuvo que durante su administración era mayor la cifra detenidos y lesionados que la de civiles abatidos. “Antes los remataban (a los civiles), pero no es lo mismo ahora”, dijo.

Lo que los datos muestran, como ya se detalló, es que si bien ha bajado el número de enfrentamientos las proporciones entre muertos y detenidos o heridos siguen e incluso se han ampliado. En 2020 (año que Obrador usó de ejemplo en la conferencia) ni aun sumando los civiles heridos (44) con los detenidos (170), se alcanza la cifra de civiles muertos (233).

De acuerdo con el Monitor de Uso de la Fuerza Letal, la relación entre civiles que pierden la vida frente a civiles que resultan lesionados al enfrentarse con agentes de seguridad, es uno de los parámetros más importantes pues permiten medir la moderación y proporcionalidad con la que actúan los agentes del orden. A ello se le conoce como índice de letalidad.

Un índice de letalidad aceptable, advierte el monitor, debe ser siempre menor a uno. Dicho de otra forma: la cifra de muertos no debería rebasar a la de las personas que resultan heridas. Sin embargo, con López Obrador el índice es de 5.7, casi seis veces mayor que el aceptable.

Otro parámetro que mide el monitor es el de la relación de agentes de seguridad abatidos frente a los civiles que mueren. Se trata de una comparación que también ayuda a observar la proporcionalidad con la que se está usando la fuerza. Dada la pericia y entrenamiento que tienen las autoridades es lógico que registren menos bajas en comparación con sus contrincantes, pero a un nivel aceptable. El estándar contempla un máximo de 10 civiles muertos por cada agente caído.

En el sexenio actual el Ejército sobrepasa, y por mucho, estos promedios llegando a 25 civiles muertos por cada militar caído.

De acuerdo con la abogada y antropóloga Catalina Pérez Correa, investigadora de la División de Estudios Jurídicos del CIDE, el sobrepasar este tipo de indicadores como ocurre con el Ejército representan “alertas” que debe tomarse en cuenta para estudiar si se está presentando un abuso de la fuera letal.

Lo que ocurre en el sexenio de López Obrador, subrayan los expertos, es la reiteración de un patrón de posible abuso de la fuerza que ha venido ocurriendo desde que en 2007 se decidió movilizar al Ejército mexicano a las calles para apoyar a las policías en las tareas de seguridad y combate al crimen. 

Lee más: ‘Cuando los militares se meten la democracia peligra’: Human Rights tras respaldo del Ejército a AMLO

El balance global de 2007 a la fecha, reportado por la Sedena, arroja un registro histórico de 5 mil 134 enfrentamientos, que han dejado como saldo la muerte de 5 mil 125 civiles, cifra casi siete veces mayor que la de civiles heridos que es de 755, y también más alta que la de los detenidos que son 4 mil 242. Del lado del Ejército, los fallecidos en estos choques suman 294.

“Lo esperable es que el Ejército hiera a más personas de las que mata, porque el Ejército no está en una guerra, sino que está llevando a cabo operaciones policiacas. Pero no es así, lo que encontramos es que en los últimos diez años el Ejército ha matado a más personas de las que ha herido… y si el número de militares muertos representa apenas una fracción del número de supuestos agresores muertos, entonces el Ejército está haciendo un uso desproporcionado de la fuerza letal” señalaron los expertos del Programa de Políticas de Drogas en este artículo.

Los últimos casos

Entre el 1 de enero y el 3 de agosto de 2021 los enfrentamientos del Ejército con civiles armados dejaron un saldo de 139 civiles muertos. De mantenerse la misma tendencia en los últimos cinco meses, el año podría cerrar con una cifra que oscile entre lso 230 y 240 civiles muertos, promedio similar al de los últimos dos años.

Apenas en septiembre pasado se reportaron dos de los casos más letales en lo que va del año. Uno de ellos ocurrió en una zona serrada de Coahuila donde elementos del Ejército 

acompañados de policías estatales se enfrentaron con presuntos delincuentes en una zona serrana del estado de Coahuila. El saldo oficial del incidente fue de nueve civiles muertos, sin que se reportaran lesionados ni detenidos. 

En tanto, en Nuevo Laredo, Tamaulipas, una serie de enfrentamientos entre efectivos de las fuerzas armadas con civiles que presuntamente pertenecían a un grupo del crimen organizado dejaron un total de 13 personas muertas.

Un mes más tarde se reportó un nuevo incidente, esta vez en la comunidad de Caleras en el municipio de Apaseo El Grande, Guanajuato, donde elementos de la Sedena se enfrascaron en una balacera con los ocupantes de un vehículo que presuntamente no obedeció la orden de detenerse. Tras la persecución y los disparos el saldo fue de 3 muertos, todos del lado de los civiles.

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Las secuelas de COVID pueden causar muerte prematura incluso después de haber tenido la enfermedad

El conocimiento que se tiene de las secuelas de otras pandemias permite prever que COVID puede causar enfermedad cardiovascular que se manifiesta años después de la infección.
20 de octubre, 2022
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En el hemisferio norte nos acercamos a los meses de invierno y sufrir catarros y enfermedades respiratorias será algo habitual. De hecho, los datos en Oceanía indican que la ola de gripe puede ser especialmente agresiva en 2022-2023.

A ello hay que sumarle que lo más probable es que venga unida a otra ola de COVID-19 con las variantes actuales más eficientes. Por eso la OMS pidió que se tomen medidas en Europa y se refuerce la atención primaria. Lo vamos a necesitar.

Más allá de los habituales síntomas respiratorios (que pueden ir desde un catarro hasta una neumonía mortal), conviene prestar atención a otro hecho preocupante: el SARS-CoV-2 y otros virus respiratorios puede desencadenar síntomas cardiovasculares.

De hecho, el conocimiento que tenemos de las secuelas de otras pandemias indica que estos síntomas pueden afectar a la esperanza de vida provocando muertes prematuras desde meses a años después.

Tras la gripe de 1918, la literatura científica de la época describió casos extraños de niebla mental y fatiga crónica, dos de los síntomas asociados hoy en día con la covid-19. Pero además de los síntomas habituales de la gripe, la de 1918 dejó una secuela muy preocupante y con efectos retardados: una ola de infartos que sacudió el mundo entre 1940 y 1959.

Esa ola era extraña, aparentemente inexplicable, pero hoy en día ya sabemos que estaba asociada a la previa pandemia de gripe. El virus había dejado una bomba de efecto retardado en algunos supervivientes.

Enfermeras con mascarillas durante la pandemia de la gripe en 1918

Getty Images
Una ola de infartos entre 1940 y 1959 se puede rastrear a las secuelas de la pandemia de la gripe en 1918.

Esta ola de enfermedades cardiovasculares afectó especialmente a hombres, igual que la propia pandemia de gripe y ahora la de covid-19. Como posible explicación se ha propuesto que la respuesta inmunitaria inusual en hombres entre 20 y 40 años en 1918 podría haber condicionado a los supervivientes a sufrir una mayor mortalidad a edad adulta.

Pero es más, la exposición prenatal al virus de la gripe de 1918 se ha asociado a una mayor posibilidad de sufrir enfermedad cardiovascular a partir de los 60 años.

Estudios posteriores han demostrado que la infección por el virus de la gripe aumenta el desarrollo de las placas ateroscleróticas y, por tanto, la posibilidad de sufrir infartos. El daño en el endotelio vascular acelera la formación de placas y, por tanto, el riesgo de sufrir infartos.

Infección con SARS-CoV-2 y enfermedad cardiovascular

Pasados los primeros meses de pandemia ya se comenzaron a recoger datos que indicaban un aumento de daño cardiovascular tras la infección con SARS-CoV-2. Las complicaciones más frecuentes eran fallo cardiaco, daño en el miocardio, arritmias y síndrome coronario agudo.

Ilustración de los efectos del coronavirus sobre el corazón

Getty Images
La inflamación vascular por infección de covid se acelera en pacientes predispuestos a esa condición.

Para explicar estos síntomas se barajan dos posibilidades y ambas se basan en evidencias consistentes:

  1. Una respuesta inmunitaria desequilibrada frente a la infección vírica causa un proceso inflamatorio que provoca daños vasculares. La inflamación, cuyo máximo exponente es la tormenta de citoquinas, provocaría vasculitis, o inflamación vascular. Así, en personas que ya presentan inicio de enfermedad cardiovascular, esta inflamación aceleraría el proceso.
  2. El SARS-CoV-2 se introduce en las células utilizando la proteína ACE2, muy presente en las células endoteliales que revisten los vasos sanguíneos. Esta proteína es esencial para el funcionamiento del sistema cardiovascular, regulando la presión sanguínea, el control de electrolitos, la reparación de los vasos y la inflamación.

Aumento de abortos en mujeres que sufren COVID-19

Una mujer en una cama de hospital reacciona con tristeza a la evaluación de un médico que mira una ecografía

Getty Images
Además de causar abortos espontáneos, la infección de covid puede causar daños a los órganos del feto.

Como el SARS-Cov-2 afecta al endotelio, es muy posible que provoque daños irreparables en tejidos altamente vascularizados, entre ellos la placenta.

Esto explica el aumento de abortos producidos en mujeres que han sufrido covid-19. De hecho, los perfiles de daño vascular en mujeres embarazadas con covid-19 son similares a los encontrados en casos de preeclampsia, un desequilibrio de la presión arterial que causa daño vascular y abortos.

Además, otros estudios han demostrado que en embarazos tempranos el virus puede causar daños en los órganos del feto asociados con un proceso inflamatorio generalizado.

¿Vacunas y miocarditis? No hay evidencias

Una mujer con una camiseta que lee: "No vacuna tóxica" durante una protesta en Barcelona, España

Getty Images
Aunque hay movimientos en muchos países contra las vacunas de covid, no hay evidencia de que generen daño cardiovascular.

El efecto de la proteína S sobre el endotelio se ha relacionado con un posible daño vascular causado por las vacunas basadas en mRNA. En estas vacunas, el mRNA que contienen genera esta proteína en los tejidos para que el sistema inmunitario la reconozca y se active contra ella. Pero este daño no ha podido ser demostrado.

Aunque se intenta alarmar sobre las miocarditis asociadas con las vacunas, los datos científicos no avalan ese miedo. Una reciente publicación en JAMA ha demostrado que de unos 192,5 millones de vacunados en EE.UU, tan solo 8,4 personas por millón presentaron síntomas de miocarditis, de ellas tan solo 92 personas necesitaron tratamientos más específicos que los antiinflamatorios habituales y ninguna de ellas murió.

No hay motivo para tanto alarmismo. Los síntomas de miocarditis informados unos días posteriores a la vacunación son leves y probablemente indican una respuesta inflamatoria algo más agresiva en estas personas, pero no un daño directo de la proteína S.

De hecho los niveles de proteína S en la sangre tras la vacunación son muy bajos y su efecto sobre el endotelio es transitorio desapareciendo en pocos días.

Prevención del daño vascular, una razón más para vacunarse

Una mujer recibe una vacuna

Getty Images
La vacuna sigue siendo una prevención efectiva contra futuros problemas.

Con todos los datos acumulados hasta el momento y los precedentes de anteriores pandemias, podemos concluir que la covid-19, al igual que otras infecciones respiratorias agudas, puede empeorar enfermedades cardiovasculares y reducir la esperanza de vida bien por acelerar el daño vascular o bien por generar nuevos daños. Estos daños pueden acabar provocando muerte incluso meses o años después de la infección.

Afortunadamente, la vacunación ha demostrado ser efectiva contra estos efectos al igual que contra la covid-19. El fundamento es simple: si el virus no puede llegar a la sangre, no puede afectar al sistema cardiovascular.

Una razón más para no dejar que el coronavirus nos infecte sin estar preparados. La vacunación salva vidas, incluso años después.

*Guillermo López Lluch es catedrático e investigador del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo e investigador en metabolismo, envejecimiento y sistemas inmunológicos y antioxidantes de la Universidad Pablo de Olavide, en Sevilla. Su artículo fue publicado en The Conversation cuya versión original puedes leer aquí.


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