FGR acumula más de 1600 casos de desaparición, pero no resuelve ni uno
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FGR acumula más de 1600 casos de desaparición forzada, pero no resuelve ni uno

Una auditoria identificó múltiples carencias en la implementación y coordinación del sistema nacional de búsqueda, desde retrasos en la expedición de normas hasta mecanismos que no existen.
Cuartoscuro
1 de noviembre, 2021
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La Fiscalía General de la República (FGR) acumuló en 2020 más de 1 mil 600 averiguaciones previas y carpetas de investigación abiertas por la posible desaparición forzada de personas a manos de diversas autoridades en todo el país, de las cuales más de 200 fueron nuevos casos correspondientes a ese año. Sin embargo, no logró integrar y resolver ni uno solo de esos casos.

Esta situación sumada a problemas de coordinación e implementación en el sistema nacional de búsqueda de personas, a la falta de una normativa completa, y a la inexistencia de mecanismos como el banco nacional forense, ha contribuido a que la enorme mayoría de las personas reportadas como desaparecidas sigan sin ser encontradas, o sin que se sepa si siguen con vida.

Así lo advierte el informe de resultados de una auditoría de desempeño realizado por la Auditoría Superior de la Federación (ASF) como parte del proceso de fiscalización de la cuenta pública 2020.

En dicho análisis los auditores concluyen que a tres años de que se emitió la Ley General en Materia de Desaparición Forzada de Personas no se ha podido consolidar en México un sistema que trabaje de forma coordinada para la búsqueda y localización de personas. Por el contrario, sobran las “oportunidades de mejora” y faltan los resultados tangibles.

“La Comisión Nacional de Búsqueda de personas y la FGR requieren fortalecer los procesos que realizan para la coordinación, la prevención, la búsqueda de personas desaparecidas y la investigación y persecución de los delitos de desaparición forzada de personas y de desaparición cometida por particulares, a fin de incrementar la eficacia en la localización de las personas en calidad de desaparecidas o no localizadas, y esclarecer los hechos que dieron origen a su desaparición”, indica el informe.

En el caso específico de la FGR la escasez de resultados es alarmante. El área especializada de este tema, la Fiscalía Especializada en Investigación de los Delitos de Desaparición Forzada (FEIDDF) de la FGR, acumula indagatorias que en algunos casos llevan años sin resultados.

Los datos arrojan que en 2020 la FGR acumuló un total 1 mil 615 indagatorias en curso por desaparición forzada de personas, de las cuales 747 son averiguaciones previas por casos correspondientes a 2015 o antes, y 868 son carpetas de investigación por hechos ocurridos de 2016 en adelante.

Sin embargo, al cierre del año pasado más del 98.5 por ciento de dichas indagatorias continuaban en integración sin ningún tipo de resultado. Solo 21 indagatorias fueron cerradas por la Fiscalía, pero ninguna de ellas con una consignación del caso ante un juez para proceder en contra de probables responsables. En cambio, los casos fueron archivados.

Mas allá de la falta de resolución de las indagatorias los auditores advirtieron muchos problemas. Por ejemplo, más del 70 por ciento de las indagatorias tienen entre tres y seis años en integración sin que realmente exista algún tipo de avance significativo que permita vislumbrar una pronta resolución.

La ASF identificó que en 7 de cada 10 indagatorias la Fiscalía no incluyó el denominado “cuestionario arte mortem”, que además de ser una obligación como parte del protocolo de búsqueda es una herramienta fundamental para la posible identificación de una persona no localizada.

Peor aun es que debido a que la FGR no ha puesto en marcha el denominado Banco Nacional de Datos Forenses (herramienta indispensable para la identificación genética de personas desaparecidos) ninguna de las carpetas de investigación en curso, ni las anteriores ni las nuevas, cuenta con información proveniente de dicho banco de información, ni de ningún otro registro.

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En síntesis, se trata de indagatorias que al igual que ocurre con la mayoría de los casos en la Fiscalía no se han conseguido resolver, pese a que la investigación de las desapariciones forzadas ha quedado definida desde hace mas de tres años como un tema de política criminal prioritario. En ese contexto, los auditores consideran urgente revisar las capacidades de las áreas responsables de indagar estos casos.

“Se recomienda que la Fiscalía General de la República realice un diagnóstico de la capacidad operativa de que dispone la Fiscalía Especializada en Investigación de los Delitos de Desaparición Forzada (FEIDDF), a efecto de que cuente con los policías de investigación y los peritos especializados que requiera para su efectiva operación… a fin de que la investigación realizada sea pronta y efectiva para la localización de las víctimas”, indica el informe de resultados.

En el caso específico del personal, los auditores encontraron que si bien hay fiscales que han recibido una capacitación especial para el análisis de casos de desaparición forzada, no ha ocurrido lo mismo ni con peritos ni con policías de investigación, deficiencia que puede afectar el éxito de las indagatorias.

Un sistema permanentemente incompleto

De acuerdo con el análisis de la ASF, ninguno de los ocho distintos mecanismos de coordinación que la ley contempla para que la comisión de búsqueda y la fiscalía puedan trabajar de manera conjunta en el esclarecimiento de los casos funciona al cien por ciento. Esto pese a que ya han pasado mas de tres años desde que fueron contemplados.

Existen dos de mecanismos: los convenios de coordinación, colaboración y concertación de la Comisión Nacional de Búsqueda y el reglamento interno de la Fiscalía especializada que ya fueron expedidos, pero que según los auditores solo cumplen parcialmente con los objetivos establecidos en la legislación principal.

Los otros seis mecanismos, en cambio, siguen sin concretarse. Se trata de la emisión y aplicación del Protocolo Homologado de Búsqueda, la emisión del Reglamento de la Ley General en Materia de Desaparición Forzada de Personas, la emisión del reglamento interno de la Comisión Nacional de Búsqueda, los convenios de colaboración de la Fiscalía, los lineamientos tecnológicos para el Banco Nacional Forense, y los lineamientos para el Registro Nacional de Personas Fallecidas, No Identificadas y No Reclamadas.

En el caso específico del reglamento del reglamento de la Ley General los auditores indicaron que había un plazo de 180 días para que fuera expedido el cual no se respetó. El argumento de las autoridades, según el propio informe, es que se han hecho modificaciones legales que han retrasado la elaboración de la norma secundaria y que se han estado realizando mesas de trabajo para tratar de concretarlo.

El informe de resultados también advierte la necesidad de que la comisión nacional elabore su propio diagnóstico respecto a su capacidad operativa para el desarrollo de sus atribuciones y defina criterios claros para la integración de los grupos de búsqueda de las personas que están en calidad de no localizadas.

Y en ese contexto identifica que, si bien se han hecho esfuerzos, particularmente de la comisión para tratar de implementar acciones que lleven a la localización de las personas con 312 acciones de búsqueda entre 2019 y 2020, hace falta un mayor apoyo y estrategia.

“Existieron áreas de oportunidad para verificar el impacto de dichas acciones, ya que la búsqueda se realizó mediante personal de la Comisión, distintas autoridades y familiares, aunado a que el número de acciones de búsquedas realizadas por Entidad Federativa no coincidió con los estados con mayor número de registros o mayor número de personas localizadas, por lo que la Comisión requirió fortalecer el proceso de búsqueda mediante la elaboración de diagnósticos que tomen en cuenta las características y patrones de desaparición; así como diseñar e implementar indicadores que permitan evaluar la eficacia de las acciones de búsqueda”, señaló la ASF.

Lee más: Familiares de yaquis desaparecidos dudan de identidad de restos hallados; exigen evidencia científica

¿Aliados?

En marzo de 2021 el Senado de la República aprobó una iniciativa promovida por el propio fiscal General Alejandro Gertz Manero, la cual abrogó la ley orgánica de la FGR existente hasta ese momento y la sustituyó por una nueva. La nueva normativa excluye a la Fiscalía de las obligaciones con las que contaba al formar parte del Sistema Nacional de búsqueda de Personas.

Estas modificaciones recibieron críticas importantes de múltiples colectivos de víctimas e incluso de la Comisión Nacional de Búsqueda cuya titular, Karla Quintana, advirtió que se trataba de un retroceso que debilitaba la investigación de estos casos. La propia Secretaría de Gobernación también expresó su inconformidad respecto a esta decisión.

La Fiscalía, por su parte, advertía que debería privilegiarse su constitución como un organismo autónomo cuya actuación debe estar funcionalmente separada de las estructuras gubernamentales.

“Se trata de un claro retroceso en la administración de justicia, la negación de los derechos de la verdad, justicia y reparación, así como un rechazo a la colaboración institucional, y un correcto entendimiento de lo que significa la autonomía de la Fiscalía General de la República en un estado de Derecho”, expresó la Comisión de Búsqueda.

La confusión y poco entendimiento ha sido tal que, incluso, el presidente Andrés Manuel López Obrador llegó a afirmar erróneamente que la Comisión estaba de acuerdo con las modificaciones impulsadas por la Fiscalía. Mientras tanto, como los auditores advierten, la impunidad prevalece.

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La historia detrás de la icónica imagen del hombre cayendo de una de las Torres Gemelas

El fotógrafo Richard Drew, de Associated Press, corrió al World Trade Center la mañana del 11 de septiembre de 2001 y registró la imagen histórica de un hombre saltando hacia su muerte. La identidad del hombre sigue siendo un misterio.
11 de septiembre, 2021
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Por motivos editoriales y por la sensibilidad de la imagen, BBC no muestra la fotografía del hombre que salta al vacío.


Muerte o muerte. En la mañana del 11 de septiembre de 2001, decenas de personas se enfentaron a esta falsa alternativa. Con fuego y humo dentro de los edificios del World Trade Center de Nueva York, las víctimas en los pisos superiores comenzaron a saltar, perdiendo la vida al caer hasta desde 417 metros de altura.

La escena de personas que saltan de los edificios atacados por dos aviones es uno de los aspectos más oscuros y sensibles de la tragedia, de la que se cumplen 20 años este sábado.

La imagen de una de estas personas, un hombre que cae casi en picado, boca abajo y su cuerpo paralelo a las líneas de las Torres Gemelas, se volvió icónica.

El día después de la tragedia, varios periódicos publicaron la foto tomada por Richard Drew, fotógrafo de Associated Press. Han pasado los años y la imagen es para muchos demasiado dolorosa de contemplar. Otros vieron en ella la terrible estética de ese salto a la muerte.

Esta es la historia de la icónica foto de “The Falling Man” (“El Hombre Que Cae”).

“Era un día cualquiera en Nueva York”, comienza Richard Drew, ahora de 74 años.

Fotógrafo desde los 19 años, el experimentado Drew, entonces de 54 años, acababa de cubrir el torneo de tenis del US Open en Queens, Nueva York. Ese martes 11 de septiembre cubriría la Semana de la Moda de Nueva York, más específicamente, el primer desfile de maternidad con modelos embarazadas reales. Drew vio el desfile en Bryant Park, justo en el centro de Manhattan, junto a un camarógrafo de la cadena de televisión CNN.

Humo saliendo de una de las torres

Getty Images

Mientras hablaban, el camarógrafo de CNN dijo: “Hubo una explosión en el World Trade Center. Un avión chocó contra el World Trade Center”.

Al instante sonó el teléfono celular de Drew. Era su editor, quien le ordenó que corriera a la escena. Drew agarró su cámara y corrió a Times Square. Desde allí, tomó el metro hacia las Torres Gemelas.

Cuando salió de las escaleras del metro, vio una imagen inolvidable: las dos torres en llamas. Comenzó a fotografiar a personas conmocionadas por el caos que las rodeaba, el FBI ya en las calles aislando el área.

“Entonces me di cuenta de que el humo soplaba de oeste a este y di la vuelta para evitarlo. Me quedé junto a las ambulancias, entre un socorrista y un policía”, dice a BBC Brasil.


El socorrista fue el primero en darse cuenta. Señalando hacia arriba, gritó: “¡Dios mío, la gente se está tirando del edificio!”, recuerda Drew.

El fotógrafo apuntó con su cámara. “Tomé tantas fotos como pude de personas que se caían del edificio”, dice.

“No sé si saltaron por elección o si se vieron obligados a saltar por el fuego o el humo. No sé por qué hicieron lo que hicieron. Sólo sé que tuve que grabarlo”, cuenta.

Humo saliendo de las Torres Gemelas tras los ataques del 11 de septiembre

Getty Images

El Servicio Forense de la Ciudad de Nueva York declaró más tarde que las personas que saltaban de los edificios no podían ser llamadas “suicidas” porque eran expulsadas del edificio por el humo, el fuego o las explosiones.

La causa de muerte de todos los que perdieron la vida en la caída de las Torres Gemelas, atacadas ese día por al Qaeda, fue catalogada como “asesinato” en los certificados de defunción.

En un informe de 2002, el diario USA Today calculó a través de fotos, videos y entrevistas que 200 personas murieron de esta manera en la tragedia del 11 de septiembre. A partir de las fotos, The New York Times estimó que fueron 50 personas.

Según los relatos de los sobrevivientes, el hecho de que la gente saltara desde el edificio de al lado pudo haber salvado la vida de cientos de personas que, al verlos, se apresuraron a evacuar su lugar de trabajo.

“No fui frío”

Mientras fotografiaba, Drew experimentó algo siniestro: escuchó el ruido de cuerpos golpeando el suelo. “Algunos dicen que fui frío. No es eso. Soy un periodista capacitado. Te sumerges en el momento y simplemente fotografías lo que está sucediendo, en piloto automático”, dice.

Gente alrededor de las Torre Gemelas luego del ataque

Getty Images

“Cuando alguien comenzaba a caer, apuntaba con mi visor. Como trabajaba con una cámara digital, cuando mantenía mi dedo en el botón de la cámara, tomaba varias fotografías. Y, así seguía a la gente que se estaba cayendo del edificio “. A las 9:41, registró para siempre los últimos momentos del “hombre que cae”.

Cuando Drew regresó a la sala de redacción y fue a revisar sus fotos, supo instantáneamente que esta era la más fuerte de todas. “Estaba vertical, con la cabeza gacha, entre las dos torres. Había una simetría allí. Pero solo estuvo así por un momento. Si hubiera sido otro momento, hubiera salido en otra posición”, dice.

Foto “silenciosa”

“A mucha gente no le gusta ver esta foto. Creo que la gente se identifica con ella y tiene miedo de tener que enfrentarse a la misma decisión que ese hombre algún día”, dice Drew.

Para él, la imagen es representativa de lo que sucedió ese día: “Es una de las pocas que muestra a alguien muriendo en el ataque más grave que hemos sufrido en Estados Unidos”, dice. A pesar de ser una foto sobre la muerte, reconoce Drew, es una foto “silenciosa”. “No es como otras fotos violentas de muertes que ocurren en guerras”.

Torres Gemelas

Getty
Hace 20 años, el ataque en Nueva York se cobró la vida de casi 3.000 personas.

Esa noche, Drew regresó a casa con un colega. Se sentaron y hablaron de todo menos de lo que habían visto ese día. Su esposa, dice Drew, se levantó al amanecer con ganas de pasar la aspiradora por toda la casa. “El estrés postraumático viene después”, reconoce. “Hablar de lo que sucedió ayuda. Ese fue un momento en mi historia, al igual que fue un momento en la Historia”.

Otro momento en la Historia y su historia: cuando tenía 21 años y vivía en Los Ángeles, en 1968, Drew fue uno de los cuatro fotógrafos presentes en otro momento histórico: la muerte del senador Bobby Kennedy, hermano del expresidente John F. Kennedy.

“Estaba en el escenario detrás de él para fotografiarlo cuando hablaba. Me dio sed y fui a buscar agua”, dice Drew. “Salió y lo seguí. Cuando lo atacaron, me subí a una mesa junto a él y lo fotografié en el suelo”.

“Solo estaba haciendo mi trabajo, al igual que solo estaba haciendo mi trabajo años después, el 11 de septiembre”, señala.

¿Quién era el hombre que cae?

Drew dice que ha reflexionado sobre quién era el hombre al que registró saltando desde una de las Torres Gemelas, pero nunca de manera “muy profunda”.

“Fue una de las casi 3.000 personas que murieron ese día. No sé su nombre, ni la decisión que tuvo que tomar. Sé que se lanzó de un edificio y yo estaba allí para capturar ese momento”, cuenta.

Pero el misterio que rodea su identidad ha preocupado a otros.

Uno de ellos, el periodista estadounidense Tom Junod. Dos años después del 11 de septiembre, Junod escribió un artículo de portada para la revista “Esquire” en el que acuñó el nombre deEl hombre que cae” para el protagonista de la foto y trató de identificarlo.

Junod dio con dos nombres. Uno, Norberto Hernández, chef del restaurante Windows on the World, que estaba ubicado en el piso 106 de la Torre Norte. Pero la familia de Hernández dijo que no podía ser él por la ropa que llevaba.

El segundo hombre era Jonathan Briley, un ingeniero de sonido de 43 años que también trabajaba en el restaurante. Los hermanos de Briley dijeron que pensaban que, por la ropa y el cuerpo del hombre, podría ser el de la foto.

Es posible que sea él, pero no hay forma de estar seguro.

En 2006, el director estadounidense Henry Singer realizó un documental basado en los informes de Junod y utilizando otras imágenes capturadas ese día.

Avión en Kabul

La elección entre la muerte y la muerte parece haber sido también lo que sucedió hace tres semanas en Afganistán, cuando, desesperados por abandonar el país, unos hombres se colgaron del fuselaje de un avión estadounidense.

Las dos imágenes son como dos finales terribles de esta historia que se unieron 20 años después.

Casi un mes después de los ataques a las Torres Gemelas, el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, anunció la guerra contra Afganistán. Estados Unidos sacaría del poder a los talibanes, que daban cobijo a al Qaeda, los perpetradores de los ataques, en el territorio que controlaban.

Afganos esperando para salir del aeropuerto de Kabul el 16 de agosto de 2021.

AFP
Cientos de afganos corrieron al aeropuerto de Kabul y se aferraron a un avión con la esperanza de salir del país.

Después de 20 años, cuando el presidente Joe Biden llevó a Estados Unidos a poner fin a la guerra al retirar a las tropas estadounidenses de Afganistán, los talibanes regresaron al poder.

Fue la desesperación de permanecer en un país nuevamente controlado por los talibanes lo que hizo que los afganos se aferraran a las alas y al fuselaje de un avión.

El avión despega y los cuerpos caen en picado hacia la nada, tal como lo hicieron el 11 de septiembre. Un joven futbolista de 19 años, Zaki Anwari, murió tratando de escapar de esta manera.

El fotógrafo de “El hombre que cae” se negó a comentar sobre Afganistán o la política actual. Hoy, Drew fotografía la emoción de los “corredores” de la Bolsa de Valores de Nueva York, justo al lado de donde alguna vez estuvieron las Torres Gemelas y donde ahora hay un monumento a las víctimas del 11 de septiembre.


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