México: la sombra de la minería acecha el futuro de los bosques
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Nadir Quiroz/CCMSS

México: la sombra de la minería acecha el futuro de los bosques comunitarios

De los 13,422 ejidos y comunidades agrarias con más de 200 hectáreas de bosque y selva que hay en el país, 39% tiene una parte de su territorio concesionado para la minería.
Nadir Quiroz/CCMSS
Por Andrea Vega / Mongabay
21 de noviembre, 2021
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En el norte de México, un grupo de mil 723 ejidatarios protege el bosque que se extiende en sus tierras de uso común. Lo libran de incendios, sequías y plagas. También viven de él, pero sin sobreexplotarlo: mantienen una empresa forestal comunitaria, con un manejo sustentable, que les ha permitido colocarse entre los principales productores madereros en el país. El ejido El Largo y Anexos aporta el 17 % de la madera de pino y encino que se comercializa en el estado de Chihuahua. Sin embargo, todos estos logros están amenazados por la minería.

Entre 2009 y 2011, el Estado mexicano otorgó 16 títulos mineros que se encuentran total o parcialmente en el subsuelo del Ejido El Largo y Anexos, ubicado en el municipio de Madera. En total, esas concesiones abarcan 8 mil 143 hectáreas, es decir, el 3 % del territorio de la comunidad. Además, en los alrededores del ejido, en un radio de 10 kilómetros, se han otorgado 51 títulos que, en conjunto, abarcan 51 mil 161 hectáreas.

Y aunque las concesiones no especifican el tipo de minerales que se pretende explotar, sus titulares —tanto empresas, como personas físicas— podrían empezar trabajos de exploración en cualquier momento y, con ello, poner en riesgo el futuro del bosque, el ejido y su exitosa empresa forestal comunitaria.

El artículo sexto de la Ley Minera establece que ésta es una actividad de utilidad pública y preferente sobre cualquier otro uso del territorio, incluido el forestal.

El artículo 19 de esa misma ley, aprobada en 1992 (en el contexto del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos), otorga a los titulares de las concesiones el derecho de expropiar, ocupar temporalmente o recurrir a la servidumbre de los terrenos (que obliga a los dueños a permitir el uso de su tierra) más allá de los derechos de propiedad previos.

También les brinda derechos preferentes sobre las concesiones de agua que existan en la zona y los bienes comunes, entre ellos los bosques.

¿Aquí hay una concesión minera?

El ejido El Largo y Anexos se formó en mayo de mil 955, cuando una resolución del entonces presidente Luis Echeverría dio la dotación de tierras, que antes eran de la empresa Bosques de Chihuahua, a poco más de mil 700 ejidatarios: primero les dieron 9 mil 500 hectáreas, las cuales aumentaron hasta las 263 mil 558, gracias a dos ampliaciones. Hoy es el ejido con la mayor extensión territorial.

Cuando les dieron las tierras, los ejidatarios tomaron el control del bosque y se volvieron proveedores de la empresa Bosques de Chihuahua, pero la compañía consideró que así no le era rentable el negocio y dejó de trabajar en la zona. La gente de la comunidad se hizo cargo de la extracción de madera, su procesamiento y transformación en los aserraderos.

A diferencia de la empresa, que hacía una sobreexplotación, los ejidatarios decidieron trabajar el bosque de manera responsable. “Son gente nacida aquí, así que quieren conservar el lugar donde viven, no solo para ellos, sino para sus hijos y los hijos de sus hijos”, cuenta Roque Estrada, secretario del Consejo de Administración de la empresa comunitaria El Largo y Anexos.

El ejido tiene un programa de manejo forestal que se renueva cada diez años y que está autorizado por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat); en él se determina los volúmenes de madera que se pueden extraer y de qué zonas, para no dañar el bosque.

“Se le da tiempo suficiente al bosque para que se recupere, para que tenga los crecimientos debidos (…) Hay árboles padres que conservamos para que de sus semillas salgan nuevos pinitos, de mejor calidad. A esa forma de trabajar es lo que llamamos bosque para siempre”, explica Estrada.

Por su forma de trabajo, en 2001, El Largo y Anexos obtuvo la certificación internacional Forest Stewardship Council (FSC), la cual avala que el manejo forestal permite la conservación de la diversidad biológica y se beneficia a población, asegurando, al mismo tiempo, la viabilidad económica. Para mantener la certificación, el ejido debe pasar por diversas auditorías todos los años.

Estrada explica que se han instalado dos viveros forestales, con capacidad para producir 800 mil plantas, las cuales se utilizan para reforestar las áreas donde se hace manejo o que han sido afectadas por siniestros, como incendios o sequías extremas. “En 2018, por ejemplo, tuvimos un incendio grande, perdimos 500 hectáreas. La mayor parte del combate al incendio lo hizo el ejido, las dependencias de gobierno ayudaron quizá en un 15 % de las labores, el resto fue trabajo de los ejidatarios y los comuneros”.

Al conservar el bosque, en el que habitan diversas especies de fauna como el venado cola blanca (Odocoileus virginianus), el oso negro (Ursus americanus), puma (Puma concolor), coyote (Canis latrans), entre otras, el ejido asegura la supervivencia de estos animales, pero también la provisión de agua para alrededor de ocho pueblos y 15 rancherías de la región.

Además, los ejidatarios se benefician al tener una empresa comunitaria rentable de la que todos ganan. El manejo forestal comunitario que realiza el Ejido El Largo y Anexos podría empezar a tambalearse en caso de que alguno de los 16 titulares de las concesiones mineras que existen en su territorio quisiera comenzar los trabajos de exploración.

Cinco mil comunidades forestales en riesgo

En México, el otorgamiento de los títulos de concesión es tan poco equitativo entre las partes que los ejidatarios ni siquiera saben que su territorio ha sido concesionado a una empresa. El Estado mexicano da estas concesiones sin avisar, mucho menos consultar, a quienes viven y trabajan arriba del subsuelo concesionado para la minería en el país.

Roque Estrada, por ejemplo, se sorprende al saber que en los terrenos del Ejido El Largo y Anexos hay 16 concesiones mineras.

“A las mineras les han dado concesiones hasta en territorios conservados, donde se tiene un buen manejo forestal, donde se están generando empleos, haciendo conservación con buenas prácticas y el gobierno no tiene sensibilidad al respecto”, resalta Leticia Merino, coordinadora del Observatorio Académico de Sociedad, Medio Ambiente e Instituciones de la UNAM.

“Como el sistema de concesiones mexicano no exige acuerdo con los dueños de la tierra para dar una concesión, es como si en realidad no tuvieran la posesión de ese territorio. Y los esfuerzos, por ejemplo, de buen manejo forestal no cuentan”, explica Merino, quien también forma parte del Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible (CCMSS).

En mayo de 2021, esta organización publicó la investigación Bosques comunitarios y minería en México en la que destaca que, de los 13 422 ejidos y comunidades agrarias con más de 200 hectáreas de bosque o selva que hay en el país, 5222 (39 %) tienen una parte de su territorio concesionado para la minería.

Además, ofrece otro dato que permite dimensionar el riesgo en que se encuentran las comunidades forestales: en esos 5 mil 222 ejidos y núcleos agrarios hay 12 mil 616 concesiones mineras, lo que representa 48.2 % de todas las otorgadas en el país (26 mil 142 en total).

Esas concesiones mineras, incluso, se han entregado en 90 comunidades que han obtenido la certificación FSC, como es el caso del Ejido El Largo y Anexos.

Es cierto que un título de concesión no se traduce de inmediato en una mina, pero es el primer paso. Este es un instrumento con vigencia por 50 años y que, de acuerdo con la ley actual, puede renovarse por otro medio siglo.

La empresa o persona que tiene un título de concesión minera puede realizar trabajos de exploración, con solo presentar un informe preventivo a la Semarnat. Si en esa fase determina que el proyecto minero es rentable, se procede a la explotación.

El título de concesión abre la puerta al resto de las etapas de los proyectos mineros, “y es una amenaza en primera instancia para las comunidades, ejidos, terrenos forestales, propiedad social. Tan solo del 2015 al 2020 se identificaron 396 permisos de cambio de uso de suelo forestal para minería”, explica Sol Pérez, investigadora que participó en el estudio del CCMSS y que hoy forma parte del programa de Tierra y Territorio de la organización no gubernamental Fundar – Centro de Análisis e Investigación.

Lee el reportaje completo en Mongabay

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La princesa Mako de Japón renuncia a la realeza para casarse con su novio plebeyo de la universidad

Tras años en el ojo del huracán por su relación, la princesa y su novio desde la universidad, Kei Komuro, contrajeron matrimonio este martes en una discreta ceremonia.
26 de octubre, 2021
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Este martes la princesa Mako de Japón se casó finalmente con Kei Komuro, su novio desde la universidad, renunciando así a su estatus real.

Según la ley japonesa, los miembros femeninos de la familia imperial pierden su posición si se casan con un “plebeyo”, aunque esa regla no aplica a los miembros masculinos.

Mako obvió los tradicionales ritos de una boda real y rechazó el pago que se le ofrece a las mujeres de la realeza cuando se retiran de la familia.

Ella es la primera miembro femenina de la familia real en rehusar ambas costumbres.

Se prevé que la pareja se irá a vivir a Estados Unidos, donde Komuro trabaja como abogado.

Esa salida ha suscitado comparaciones inevitables con la pareja real británica formada por Meghan Markle y el príncipe Harry, por lo que los recién casados han sido apodados los “Harry y Meghan de Japón”.

Igual de Markle, Komuro ha sido objeto de un intenso escrutinio desde que su relación con Mako se hizo pública. La crítica más reciente que recibió fue por lucir una cola de caballo cuando regresó a Japón.

Algunos tabloides y usuarios en las redes sociales opinaron que su peinado —considerado poco convencional en Japón— era impropio de alguien dispuesto a casarse con una princesa.

“Kei es irremplazable”

En una rueda de prensa que la pareja dado el mismo día de la boda, Mako pidió escusas por cualquier molestia que su matrimonio pudo haber causado al pueblo.

“Siento mucho la inconveniencia causada y estoy agradecida a aquellos que han continuado apoyándome”, declaró, según un informe del medio público NHK.

“Para mí, Kei es irremplazable. El matrimonio fue una opción necesaria para nosotros”.

Komuro añadió que ama a Mako y quiere pasar el resto de su vida con ella.

“Amo a Mako. Sólo contamos con una vida y quiero que la pasemos con la persona que amamos”, dijo Komuro, según lo reporta la agencia AFP.

“Me siento muy triste de que Mako haya estado en una mala situación, mental y físicamente, debido a las acusaciones falsas”.

La princesa Mako (der.) abraza a su hermana, la princesa Kako, en la hacienda Akasaka, 26 de octubre, 2021

Getty Images
La princesa Kako, hermana menor de Mako, felicitó a la pareja.

La princesa Mako abandonó su residencia en Tokio a eso de las 10:00 de la mañana hora local de este martes para casarte, haciendo la venia varias veces a sus padres, al príncipe heredero Fumihito y a la princesa heredera Kiko. También abrazó a su hermana menor antes de partir.

La pareja ha recibido una extensa cobertura mediática a lo largo de los años y su relación ha sido objeto de polémica, lo que le ha causado a la princesa desorden de estrés postraumático, reportó con anterioridad la agencia oficial de asuntos reales, IHA.

Este mismo martes varias personas protestaron contra la boda, portando pancartas apuntando a asuntos financieros de la familia de Komuro, particularmente de la madre del novio.

Una protesta contra la boda de la princesa Mako y Kei Komuro in Tokio, el 26 de octubre, 2021.

Getty Images
Algunos japoneses conservadores que no creen que Komuro sea una pareja digna de la sobrina de un emperador.

La ahora exprincesa se comprometió con Komuro en 2017 y los dos planearon casarse el año siguiente.

Pero la boda se pospuso tras unas denuncias sobre los problemas financieros de la madre de Komuro.

El palacio negó que la postergación estuviera vinculada a eso, aunque el príncipe heredero Fumihito afirmó que era importante que los asuntos de dinero se aclararan antes de que la pareja se casara.

Según el corresponsal de la BBC en Tokio, Rupert Wingfield-Hayes, la verdadera razón de la animosidad contra Komuro parece venir de un sector conservador de la sociedad que no cree que sea una pareja digna de la sobrina de un emperador.

Komuro —que recibió una oferta de trabajo de un destacado bufete de abogados— es de origen humilde y los tabloides locales han pasado años buscando chismes sobre su familia, incluyendo las acusaciones contra su madre.


Análisis: Hideharu Tamura, BBC News, Tokio

La reacción de algunos medios y parte del público a la relación entre la princesa Mako y Kei Komuro ha dejado patente la presión que enfrentan las mujeres de la familia imperial.

La IHA ha informado de que la princesa Mako sufrió de desorden de estrés postraumático por la fuerte crítica desde los medios y las redes desde el anuncio de su compromiso hace cuatro años.

Ella no es la primera mujer de la familia real japonesa en ser afectada de esta manera.

Su abuela, la emperatriz emérita Michiko, perdió la voz temporalmente hace casi 20 años cuando desde los medios se la tachó de no apta para ser la esposa de un emperador.

Su tía política, la emperatriz Masako, sufrió depresión después de ser culpada por no haber tenido un hijo varón.

Las mujeres de la realeza están forzadas a cumplir con ciertas expectativas: deben apoyar a sus esposos, dar a luz a un heredero y ser guardianas de las tradiciones japonesas. Si se quedan cortas, se las critica salvajemente.

Lo mismo sucedió con la princesa Mako, quien dijo que renunciaría a su estatus real. Pero ni siquiera eso ha sido suficiente para frenar los ataques contra ella, su esposo y su matrimonio.

Si quieres leer esta historia en japonés, la encuentrasaquí.


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