El reto de conservar uno de los últimos refugios del jaguar en Jalisco
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Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas

El reto de conservar uno de los últimos refugios del jaguar en la costa de Jalisco

La Reserva de la Biosfera Chamela-Cuixmala alberga uno de los bosques tropicales secos más estudiados del país; ahí se encuentra una de las estaciones de biología de la UNAM.
Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas
Por Agustín del Castillo / Mongabay Latam
13 de noviembre, 2021
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Chamela-Cuixmala es un rincón de la costa occidental de México, donde prospera uno de los bosques tropicales secos mejor estudiados del país y uno de los últimos refugios para especies en riesgo como el jaguar.

La historia de su conservación comienza a finales de la década de los setenta, cuando un multimillonario franco-británico, Sir James Goldsmith, comenzó a comprar tierras en la zona, hasta que reunió alrededor de 9700 hectáreas de selva y humedales, para destinarlas a la conservación.

En 1988, el empresario creó la Fundación Ecológica de Cuixmala, la cual se asoció con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) —que, desde 1971, tiene en el lugar la Estación de Biología Chamela— para impulsar la investigación científica en la zona.

Esta asociación impulsó la creación de la Reserva de la Biosfera Chamela-Cuixmala alberga uno de los bosques tropicales secos más estudiados del país; ahí se encuentra una de las estaciones de biología de la UNAM. decretada así en 1993 por el gobierno federal y cuya extensión es de 13 142 hectáreas.

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Con ese decreto se unieron esfuerzos privados y públicos para conservar una región que alberga, además del jaguar (Panthera onca), a otras especies amenazadas como el puma (Puma concolor), los pericos guayaberos (Amazona finschii), las guacamayas verdes (Ara militaris), los cocodrilos de río (Crocodylus acutus) y cuatro variedades de tortuga marina.

En México, además de las 182 áreas naturales protegidas que hay en el país, existen otras 366 que son conocidas como Áreas Destinadas Voluntariamente a la Conservación, las cuales son extensiones de terrenos comunitarios o privados cuyos dueños han decidido implementar acciones de protección y conservación del ecosistema y sus especies.

En ese universo, la Reserva de la Biosfera Chamela-Cuixmala es la única en donde poco más del 70 por ciento de su territorio es privado (pertenece a un solo dueño) y en el que una fundación, además de financiar buena parte del trabajo científico, tiene una participación preponderante en las decisiones que se toman sobre la reserva.

Chamela-Jalisco
Los cocodrilos de río son una de las especies que se busca proteger en la reserva. Foto: Fundación Ecológica de Cuixmala / Álvaro Miranda.

Álvaro Miranda, coordinador científico de la Fundación Ecológica de Cuximala, defiende el modelo privado que ha permitido la conservación de estas selvas. Sin un impulso de protección desde el sector privado, enfatiza, habría sido difícil contener la devastación ambiental imperante en los alrededores.

En 2006, la UNESCO incluyó al área en la lista de Reservas Mundiales de la Biosfera del programa El Hombre y la Biosfera (MAB). Además, permitió sumó a las islas de la bahía de Chamela al esquema de protección bajo la modalidad de “santuario”, decreto que data del año 2002.

Reserva de la Biosfera Chamela
La Reserva de la Biosfera Chamela-Cuixmala, con 13,142 hectáreas, fue decretada en 1993. Foto: Instituto de Biología de la UNAM.

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Medio siglo de investigación

La Estación de Biología de Chamela de la UNAM está de aniversario. Este año alcanzó medio siglo de vida. La institución nació de una donación de 1600 hectáreas y duplicó su superficie con nuevas donaciones en 1993. Con el tiempo se fortaleció como un espacio para tesistas e investigadores que generaron un importante acervo de trabajos sobre botánica, zoología y ecología del bosque tropical seco.

Esos trabajos han permitido conocer que en la reserva es posible encontrar 72 especies de mamíferos silvestres, 270 de aves20 de anfibios, 46 de reptiles e innumerables especies de otros grupos de vertebrados e invertebrados.

Además, se ha documentado que el bosque tropical caducifolio es un ecosistema en donde los procesos evolutivos al límite —debido sobre todo a la escasez de agua— han generado las condiciones necesarias para la presencia de especies endémicas: un tercio de los mamíferos, 12 por ciento de las aves, la mitad de los reptiles y anfibios que ahí se encuentran son exclusivos de México.

“Es una región única, con cuatro meses de lluvia al año y ocho meses en que la vegetación parece muerta, porque los árboles tiran las hojas. La gente la ve como terreno con árboles muertos, pero están muy vivos”, explica la bióloga Alicia Castillo, del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad de la UNAM campus Morelia, quien realiza su trabajo científico en la estación biológica.

Álvaro Miranda, de la Fundación Ecológica de Cuximala, menciona que en la reserva se han identificado 1200 especies de flora, incluidas varias endémicas, entre ellas árboles ( Sciadodendron excelsumJalropha chamelensisCelanodendron mexicanum), cactus (Penicereus cuixmalensis Opuntia excelsa) y el Agave colimana.

Uno de los proyectos emblemáticos de la reserva es el monitoreo de jaguar y puma. Su importancia ha trascendido con mucho las 13 142 hectáreas del área protegida, para irradiar toda la región occidental del país. El seguimiento hoy también se realiza en las sierras costeras de Jalisco y Nayarit.

Chamela-Jalisco
La franja costera de la reserva tiene playa y esteros. Foto: Agustín del Castillo.

Rodrigo Núñez Pérez, responsable del programa de monitoreo en la reserva, explica que aunque la extensión de la reserva es muy pequeña, el lugar funciona como una zona de refugio para los jaguares y pumas. Además, permite la repoblación fuera del área protegida.

“Los grandes felinos, al salir de la reserva, afrontan circunstancias complicadas: los matan por considerarlos una amenaza para el ganado. En ese sentido, hemos avanzado en la comunicación con las comunidades aledañas, para que se sensibilicen de la importancia de conservar a estos depredadores”, explica Núñez.

La bióloga Castillo menciona que si se habla de conservación de grandes felinos, la reserva “es una islita demasiado pequeña: 13 142 hectáreas son nada para especies como jaguares o pumas”. Y es por ello que los investigadores consideran que es necesario y urgente crear corredores biológicos que permitan unir a Chamela-Cuixmala con otras áreas que aún están conservadas. “Necesitaríamos, por lo menos, unas 100 mil hectáreas para mantener la variabilidad genética que les permita (a especies como el jaguar) adaptarse a los cambios y evitar la extinción”, destaca Núñez.

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Los riesgos de ser una isla

Como área natural protegida, Chamela tiene una historia peculiar, resalta la bióloga Alicia Castillo. “Las reservas de la biosfera fueron diseñadas para mantener vínculos con poblaciones locales, y aquí no vive nadie. Casi 10 mil hectáreas son privadas y ha sido casi nula la interacción con las comunidades. Predominó la investigación biológica más que la socioecológica, pero estamos claros que es algo que se debe cambiar”.

Por eso, insiste, se debe apostar a alcanzar una legitimidad del área natural protegida frente a las poblaciones vecinas como Chamela, Francisco Villa, Emiliano Zapata, Juan Gil Preciado, Punta Pérula, en donde viven menos de tres mil habitantes. El objetivo, señala, es que esas comunidades se integren a un modelo regional de gestión del territorio.

El coordinador de la Fundación Ecológica de Cuximala señala que se ha tratado de generar, en forma gradual, vínculos con las comunidades con proyectos que las ayuden a mejorar sus prácticas agrícolas y ganaderas y disminuir su huella ecológica.

Chamela-Ejidos
En los alrededores de la reserva se encuentran varios ejidos. Foto: Agustín del Castillo.

Sin embargo, en varias de las comunidades, los campesinos miran con recelo la reserva al considerarla una especie de latifundio disfrazado y un privilegio de sus dueños.

Emma Michel, regidora del municipio de La Huerta y habitante del poblado Emiliano Zapata, al sur de la reserva, ofrece un panorama que muestra los escasos vínculos que hay entre las comunidades y el área natural protegida: “Durante algún tiempo llevaban a niños de las escuelas a conocer el trabajo en la UNAM,  pero hace años que dejaron de hacerlo. La gente de los pueblos conoce poco qué es lo que conservan y para qué sirve en sus vidas. Y eso hace que lo vean poco importante, desgraciadamente”.

Miranda reconoce que no se ha logrado tener una divulgación eficaz sobre la importancia de la reserva y las especies que la habitan.

Chamela
Los pumas son otros de los grandes felinos que habitan en la reserva. Foto: Fundación Ecológica de Cuixmala / Álvaro Miranda.

Francisco de Asís Silva Bátiz, investigador del Centro de Zonas Costeras de la Universidad de Guadalajara, comenta: “No quieren ser una isla, pero les falta acercarse a comunidades aledañas, y esa carencia se agrava con la falta de políticas estatales y federales”. Sin olvidar que las preocupaciones cotidianas de los habitantes de la costa, no han sabido ser asumidas en el proyecto.

“Si no convencen al campesino, al ganadero, al pescador, de que conservar ayuda a que mejore su ingreso; a que se haga aliado, porque su vida va a cambiar con proyectos mejores, va a ser difícil remontar la desconfianza”, insiste Silva.

Miranda señala que la estrategia de conservación de la reserva se ha cumplido, sin embargo, también reconoce que se trata de un “espacio reducido”. Además, destaca el papel que ha tenido la reserva en la formación de “muchísimos ecólogos que ahora se vinculan a la protección y la investigación”.

Chamela-Jalisco
Uno de los caminos que se encuentran en la reserva. Foto: Marco Vargas.

Uno de esos biólogos es Marciano Valtierra Azotla, actual director de La Primavera, bosque que se encuentra en las afueras de la ciudad de Guadalajara. Durante nueve años fue coordinador de campo de la fundación.

Valtierra señala que desde la muerte de James Goldsmith, en 1997, la Fundación Ecológica de Cuixmala “ha perdido soporte financiero, lo que se reflejó en el debilitamiento de algunos proyectos… Me parece que la estación de biología y la reserva han generado mucha información, pero pocos programas y acciones de manejo concretas”.

El biólogo reconoce que es necesario dar alternativas a las comunidades vecinas, para que puedan tener ingresos económicos y se sumen a la conservación de la selva, “porque la región es una veta de explotación de fauna, como el perico guayabero (Amazona finschi, en peligro de extinción). Sus nidos son muy saqueados, porque hay un mercado; también hay mucha tala de maderas valiosas en la zona circundante a la reserva”.

Lee el artículo original publicado por Mongabay Latam aquí. 

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El poco conocido virus que aumentó en niños durante la pandemia de COVID

Un virus estacional que normalmente afecta a los bebés antes de los 2 años ahora está aumentando de manera drástica, con un comportamiento inusual.
15 de septiembre, 2021
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A principios de 2021, el personal del Hospital Infantil Maimónides en Brooklyn, Nueva York, comenzaba a sentir una cautelosa sensación de alivio.

Los casos de Covid-19 en la ciudad estaban cayendo.

Como efecto secundario del distanciamiento social, el uso de mascarillas y el lavado de manos, también habían visto muchas menos otras infecciones virales, como la gripe.

Pero luego, en marzo, comenzó a llegar un número creciente de niños y bebés con tos, algunos de ellos con dificultades parar respirar.

Eran pacientes contagiados del virus respiratorio sincitial (VRS, también conocido como RSV, por sus siglas en inglés), una infección común durante el invierno que puede causar problemas pulmonares.

En esta época del año, los casos de VRS deberían estar disminuyendo. En cambio, el número de contagios se estaba elevando.

Durante los meses siguientes, el aumento repentino e inesperado de VRS en esta época del año comenzó a notarse en lugares tan lejanos como el sur de EE.UU., Suiza, Japón o Reino Unido.

El extraño comportamiento del virus parece ser una consecuencia indirecta de la pandemia de covid-19, dicen los médicos.

Aumento repentino

En 2020, los confinamientos y las medidas de higiene suprimieron la propagación del coronavirus, pero también de otros virus como el VRS.

Como resultado de estas medidas, los niños no tuvieron la oportunidad de desarrollar inmunidad contra virus como el VRS.

Una vez que se relajaron las medidas, el VRS encontró una gran cantidad de bebés y niños susceptibles a la infección, lo que provocó drásticos aumentos de contagios en momentos inusuales.

Lo que comúnmente era un virus bastante predecible, ahora tenía la capacidad de tomar por sorpresa a hospitales y familias en cualquier época del año.

VRS

Getty
El VRS por lo general causa una enfermedad leve, pero puede generar complicaciones.

Estos brotes inesperados llevaron a las salas de algunos hospitales al límite, pusieron a las familias en alerta y mostraron cuán profundamente el covid-19, y las medidas para evitar su propagación, habían trastocado el mundo.

Para los trabajadores de la salud, la experiencia fue dramática.

“Nuestra unidad de cuidados intensivos volvió a verse desbordada, esta vez no con casos de covid, sino con otro virus”, recuerda Rabia Agha, directora de la División de Enfermedades Infecciosas Pediátricas del Hospital Infantil Maimónides.

En el punto máximo del brote, a principios de abril, la mayoría de los niños ingresados en la UCI eran pacientes de VRS.

En otras partes del mundo, el virus se extendió en poblaciones de niños pequeños que durante meses habían estado protegidos de enfermedades infecciosas, pero ahora estaban repentinamente expuestos a ellas.

“Nos tomó por sorpresa. Sabíamos que era algo a lo que había que estar atentos, pero no pensamos que serían tantos“, dice Christoph Berger, jefe del Departamento de Enfermedades Infecciosas y Epidemiología Hospitalaria del Hospital Infantil Universitario de Zúrich, Suiza.

En ese centro, los casos de VRS por lo general alcanzan su punto máximo en enero, y rondan el cero en los meses de verano, de junio a agosto.

Este año no hubo casos en invierno. En cambio, comenzaron a aumentar abruptamente en junio, luego se dispararon a 183 infecciones en julio, más que en temporadas de invierno anteriores.

Un menor en una camilla de hospital.

Getty Images

“Estábamos llenos, todas las camas estaban ocupadas, y eso es un desafío”, recuerda Berger sobre el punto álgido del brote en julio.

Su hospital tuvo que trasladar bebés y niños con VRS a otros hospitales que aún tenían espacio. Varios otros hospitales suizos tuvieron que hacer lo mismo.

Durante el verano en Suiza, el VRS significó un problema mayor que el coronavirus.

“Casi no tuvimos casos de covid durante ese período”, dice Berger.

Los pocos niños que llegaron al hospital con covid se recuperaron relativamente rápido. “Aquellos con RSV se quedaron más tiempo”, dice.

Tratamiento

Una infección por VRS no es en sí misma un motivo de alarma.

Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE.UU., la mayoría de los niños habrá tenido VRS a la edad de 2 años.

Para casi todos ellos será una enfermedad similar a un resfriado, con secreción nasal y tos, y se recuperarán por sí mismos.

Pero en algunos bebés y niños pequeños, el VRS puede causar bronquiolitis, una inflamación de las partes inferiores del pulmón.

También pueden tener dificultades para respirar y alimentarse.

Médico atendiendo a una niña.

Getty Images

Aproximadamente entre el 1% y el 2% de los bebés menores de 6 meses con VRS deben ser trasladados al hospital y recibir oxígeno adicional a través de una máscara, o tubos en la nariz para ayudarlos a recuperarse.

Algunos también pueden requerir una sonda de alimentación. Con ese tratamiento, la mayoría mejorará en unos pocos días.

Antes de la pandemia de coronavirus, los hospitales se preparaban de forma rutinaria para los aumentos repentinos del VRS antes del invierno.

Los pacientes con mayor riesgo, como los bebés prematuros y aquellos con problemas pulmonares y cardíacos, pueden protegerse con palivizumab, una inyección de anticuerpos que ayuda a combatir el virus.

La inyección debe administrarse todos los meses durante los meses en los que el VRS está activo, otra razón por la que prepararse para el aumento de casos es tan crucial.

Saltarse una temporada

La pandemia ha interrumpido el ritmo estacional del VRS y su papel en el desarrollo habitual de la inmunidad de los niños.

“Con las medidas que teníamos para el covid, la gente no se reunía, no viajaba y eran cuidadosos con el distanciamiento y el uso de la mascarilla”, dice Agha.

“Eso realmente ayudó a mantener a raya al covid y a todos los demás virus. Por lo tanto, fue como saltarse una temporada de VRS. Y si te saltas una temporada, no estás produciendo anticuerpos contra el virus, y las madres tampoco están produciendo anticuerpos que luego pueden transmitir a sus bebés”.

Como resultado, esos bebés pueden ser particularmente vulnerables al VRS cuando el mundo se vuelva a abrir.

Los datos de diferentes países respaldan la idea de una brecha de inmunidad causada por una temporada sin VRS.

“El mayor aumento relativo de casos se da en niños de un año, que ‘perdieron’ una temporada de VRS durante el otoño-invierno pasado”, explicaron funcionarios de la oficina de Salud Pública de Inglaterra en un correo electrónico a la BBC, refiriéndose al aumento repentino de casos en algunas partes de Inglaterra durante el verano.

Saltarse una temporada aumenta el grupo de bebés y niños vulnerables, ya que incluye a los que estuvieron protegidos durante el invierno, así como a los nacidos desde entonces.

Eso puede hacer que las oleadas virales sean más fuertes.

En Tokio, los investigadores han informado del mayor aumento anual de casos de VRS desde que comenzó el monitoreo en 2003.

Sus datos sugieren que la acumulación de personas vulnerables durante la pandemia puede haber contribuido al brote inusualmente grande de este año.

Preguntas sin respuesta

Otros aspectos del nuevo panorama viral aún no están claros.

Uno de ellos es por qué el VRS resurgió una vez que se relajaron las medidas contra el covid, pero no ocurrió lo mismo con la gripe, que se ha mantenido bastante moderada.

El patrón del aumento repentino de VRS también ha variado de un país a otro.

Agha y su equipo en Brooklyn observaron que su aumento fue inusualmente severo, afectando a niños mucho más pequeños de lo habitual y enviando una mayor proporción a cuidados intensivos.

En Australia, en cambio, afectó a un grupo de mayor edad que antes.

Una menor con asistencia para respirar.

Getty Images
Otros aspectos del nuevo panorama viral aún no están claros.

Berger dice que los brotes de verano en Suiza no habían sido más severos que las típicas oleadas virales de invierno.

Una gran pregunta es qué significa este nuevo patrón para los próximos meses.

Un aumento repentino de casos durante el verano no significa necesariamente que no habrá más casos en el invierno. Y en algunas áreas, los casos solo están comenzando a aumentar ahora, a principios de otoño.

“El VRS, y la bronquiolitis que causa es definitivamente el aspecto clave para el cual los hospitales infantiles se están planificando“, dice Sophia Varadkar, subdirectora médica y neuróloga pediatra del Hospital Infantil de Great Ormond Street, en Londres.

En ese hospital, los casos han comenzado a aumentar y esperan más en las próximas semanas.

Para quienes atienden bebés, el VRS puede ser una preocupación mayor que el covid-19, advierte Varadkar.

“El covid para los niños, en general, no fue una enfermedad significativa. No hizo que muchos niños se sintieran realmente mal”.

“El VRS es una enfermedad potencialmente mayor, a muchos más niños, y definitivamente sabemos que puede hacer que esos bebés se sientan mal”, señala.

Medidas de cuidado

Con la reapertura de las escuelas, los virus, incluido el VRS, tendrán más oportunidades de propagarse.

Pero el comportamiento de los adultos puede ser aún más crucial.

En Suiza, las guarderías y las instalaciones de juego permanecieron abiertas durante todo el invierno y los niños pequeños no usaban mascarillas.

Casi ningún niño contrajo infecciones virales como el VRS y la gripe ese invierno, presumiblemente porque las medidas de higiene de los adultos ayudaron a protegerlos.

“La gente siempre dice que los niños infectan a los adultos, pero si lo piensas, ese no fue el caso en absoluto aquí, fue al revés”, apunta Berger.

“Cuando los adultos y los niños mayores usan mascarillas, mantienen el distanciamiento social y se lavan las manos, no vemos ni gripe ni VRS. Y cuando relajan esas medidas, el virus circula nuevamente y más niños pequeños terminan en el hospital”.

Incluso después de la oleada de verano, su hospital permanece en guardia. “No tengo idea de cómo continuará esto, y si esos fueron todos los casos, o si veremos otra ola en invierno, no lo sé”, dice Berger.

Lavarse las manos y mantener a los bebés vulnerables alejados de las personas con secreción nasal y tos puede ayudar a evitar la propagar de la infección.

También puede aplanar el punto álgido de una epidemia de VRS, garantizando que los hospitales tengan la capacidad de cuidar a todos los niños que necesiten ayuda.

“Para la mayoría de los niños será una enfermedad leve, podrán ser atendidos por sus padres, solo necesitan cuidado, alimentarse de manera más frecuente, reposo, algo de paracetamol si tienen fiebre, y eso es todo”, dice Varadkar.

Pero si el bebé tiene dificultades para respirar o alimentarse, o si los padres sienten que algo no está bien, deben buscar ayuda, aclara la experta.

Lección para el futuro

En el Hospital Infantil Maimónides en Brooklyn, ha pasado el punto álgido de VRS.

Pero Agha extrae una lección para los hospitales que se adaptan al mundo post covid-19.

“Lo que nos enseñó fue que hay que estar preparados“, destaca. “Estos no son los mismos tiempos que hace dos años: la vida ha cambiado, el mundo ha cambiado y estos virus están evolucionando y comportándose de formas inesperadas”.


Puedes leer la versión original de este artículo en inglés en BBC Future.


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