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‘Me puse en marcha por necesidad’: jornaleros y albañiles, los migrantes víctimas del accidente de Chiapas
‘Me puse en marcha por necesidad’: jornaleros y albañiles, los migrantes víctimas del accidente de Chiapas
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‘Me puse en marcha por necesidad’: jornaleros y albañiles, los migrantes víctimas del accidente de Chiapas
13 de diciembre, 2021
Por: Alberto Pradilla
@albertopradilla 
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Santiago Bolom tenía 46 años y estaba a punto de jubilarse como maestro en Río Dulce, una pequeña comunidad del departamento de Izabal ubicada junto al océano Pacífico. Los últimos meses, sin embargo, no dejaba de pensar en su hijo de 17 años, que cruzó a Estados Unidos en mayo, pero últimamente sufría problemas de salud.

Por eso, el pasado lunes 6 de diciembre se despidió de su esposa y su otro hijo para ponerse rumbo a Las Vegas, Nevada, EU. Cuatro días después murió aplastado por el peso de varios de sus compañeros al interior del tráiler que volcó cuando se acercaba a Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. 

“Tanta gente le cayó encima que lo aplastaron. Lo sacamos nosotros, pero ya no respiraba”, dijo su cuñado, Florentín Yallat Yatro, de 32 años. Ambos viajaban con otro familiar, Andrés Coc, quien resultó también herido.

El caso de Bolom ejemplifica que la migración a Guatemala es algo que pasa de padres a hijos. En comunidades humildes como Río Dulce apenas hay oportunidades y la ruta hacia EU es la única alternativa.

Lo explica Yallat Yatro, quien dice que trabajaba como albañil de 7 de la mañana a 4 de la tarde por 75 quetzales diarios (algo más de 200 pesos).

“Es un pueblo pequeño y no siempre hay trabajo”, lamentaba, sentado en un colchón en el piso y llorando por la muerte de su cuñado.

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Yallat Yatro es un ejemplo del perfil de las personas que resultaron afectadas por el accidente del jueves. Personas jóvenes, la mayoría en sus veintes y sus treintas, trabajadores en el campo o albañiles, que apenas cobran el salario mínimo cuando tienen suerte de disponer de un jornal.

Casi todos son de Guatemala, aunque en las víctimas también hay dos personas de República Dominicana. Ellos, hombres y mujeres que apenas ganan lo justo para salir adelante, son quienes alimentan la rueda de la migración y los que se juegan la vida por un futuro al otro lado del Río Bravo.

Yatro tuvo suerte y es uno de los 101 heridos que sobrevivieron a la colisión. Su cuñado, Santiago Bolom, que dejó la vida en la ruta como otras 54 personas.

Hasta el momento no se ha hecho público el listado oficial de fallecidos y muchas familias siguen con la incertidumbre de si su ser querido está entre las víctimas.

Servin Ganuza, de 18 años, es otro de los heridos. Viene de Casillas, un municipio ubicado en el departamento de Santa Rosa, a poco más de dos horas de la capital de Guatemala.

Se trata de una zona cuya vida vino marcada por la instalación de la mina San Rafael, una explotación que recibió fuertes protestas y que, finalmente, fue prohibida por la Corte de Constitucionalidad de Guatemala.

Durante años, un plantón cortó el paso de los camiones que se dirigían a la mina y la comunidad estuvo fuertemente dividida entre quienes apoyaban la mina, propiedad de una empresa canadiense, y quienes alegaban que era un peligro para el medio ambiente.

Cuenta Ganuza que él nunca estuvo involucrado en este pleito, que trabajaba como campesino por 50 quetzales (135 pesos) la hora y asegura que dejó su casa en soledad porque quería otro futuro. “Vine por las economías que tenemos en nuestro país”, explica.

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El joven, que vive con su padre y su hermano, dice que “hay chamba, pero no pagan”. Por eso buscaba una alternativa en EU. Al contrario que muchos compatriotas, dice que no tiene familia al otro lado de la frontera.

Martín Méndez Salvador tuvo que vender un mototaxi para ponerse en marcha. Le pagaron 20 mil quetzales (cerca de 55 mil pesos), una quinta parte del costo total del viaje en el tráiler. Vive con su madre, tres hermanos y dos hijos en Chichicastenango, un municipio del Quiché, el departamento más pobre de Guatemala.

“Me puse en marcha por necesidad”, dice, con voz apagada. Su rostro está muy golpeado y el ojo derecho lo tiene completamente amoratado. Trabaja en el campo y dice que no le alcanzaba para sacar adelante a sus dos hijos.

El trabajo precario se convierte en muchas ocasiones en explotación infantil. Es el caso de Byron llevaba trabajando en el campo desde los 10 años. Ahora que tiene 15 decidió marchar de Tecpán, una aldea del departamento de Chimaltenango, ubicada en la región del Altiplano. A pesar del dolor y de ver a sus compañeros morir asegura que volvería a intentarlo.

La mayor parte de los migrantes accidentados procedían de Guatemala, un país duramente castigado por la pobreza.

Según datos del Banco Mundial, el 47% de los guatemaltecos es pobre y la desnutrición crónica infantil afecta al 47% de los niños, lo que le convierte en el cuarto país del mundo con mayores tasas de menores que no tienen para comer.

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Además, es el segundo país en número de detenciones migratorias en México, solo superado por Honduras.

En lo que llevamos de año 64 mil 733 guatemaltecos fueron detenidos por el Instituto Nacional de Migración (INM). En total, las autoridades mexicanas interceptaron a más de 228 mil y deportaron a 82 mil, de los que 32 mil 427 eran guatemaltecos.

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