1 de 3 personas en prisión no tiene sentencia; 8% se culpó bajo amenaza
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Archivo Cuartoscuro

1 de cada 3 personas en prisión no cuenta con sentencia; 8% se declaró culpable bajo amenaza

El 8% de las personas que se declararon culpables confesó haberlo hecho bajo amenaza. Por otro lado, del total de personas privadas de la libertad, 72% cuenta con sentencia dictada, mientras que 27.8% sigue en proceso.
Archivo Cuartoscuro
7 de diciembre, 2021
Comparte

De las 220.5 mil personas que durante 2021 estuvieron privadas de libertad, el 48.8% se declaró culpable en su declaración ante el Ministerio Público y de estas, 8.2% confesó hacerlo porque recibió presiones y amenazas.

Así lo constató el Inegi en la Encuesta Nacional de Población Privada de la Libertad (ENPOL) 2021, que también señaló que el 42.1% de las personas fue golpeada o maltratada para asumir la culpa de los hechos durante el interrogatorio por autoridades del MP.

ENPOL 2021

Además, del total de personas privadas de su libertad, casi el 44% señaló que el motivo de su reclusión actual es por haber sido acusada falsamente o ser implicada en la comisión de un delito.

Esto se ve reflejado en los resultados sobre el momento de la detención: el 23% de la población señaló que fue detenida en la calle, sin orden previa.

Por otro lado, del total de personas privadas de la libertad, 72% cuenta con sentencia dictada, mientras que 27.8% sigue en proceso.

Te puede interesar: Principales víctimas de la prisión preventiva: indígenas, mujeres, personas con discapacidad y migrantes

“Hay una violencia estructural más amplia, la encuesta muestra que 1 de cada 3 personas que están en los centros penitenciarias se encuentra sin sentencia y que una cuarta parte de ellos ha esperado más de dos años para recibir sentencia”, señaló Adrián Franco, subdirector del Inegi, durante la presentación del ejercicio.

En comparación con la ENPOL pasada, publicada en 2016, la cifra de personas con sentencia fue de 70.1%, lo que significó un aumento actual; sin embargo, las sentencias en proceso de entonces fue de 29.6%, lo cual muestra que hubo una disminución.

A nivel nacional, 23.5% de la población sentenciada que llevó su proceso en reclusión obtuvo su sentencia en seis meses o menos, mientras que el 23.9% de dicha población esperó más de dos años en obtener su sentencia.

La ENPOL 2021 detectó que del total de población que contó con sentencia dictada, el 39% obtuvo una condena de 21 años o más, le sigue el 21.3% con una condena de 6 a 10 años y el 15.2%, con un periodo de 1 a 5 años.

Lee también: Datos viejos, contradictorios, inexistentes: la opacidad que satura las prisiones en México

La justicia para mujeres llega tarde

La población privada de la libertad durante 2021 fue de 220.5 mil personas, de las cuales 94.3% se identificó como hombre y 5.7% se identificó como mujer.

El ejercicio señaló que de la población de hombres privados de la libertad, 73.1% contaba con sentencia dictada y en la población de mujeres, la cifra fue de 53.7%.

“En el caso de las mujeres, el 46.1% de las mujeres se encuentran en la situación de sentencia en proceso, eso quiere decir que para las mujeres la justicia dentro del centro penitenciario llega más tarde”, indicó Adrián Franco.

Asimismo, de la población de hombres privados de la libertad, 49.1% mencionó haber sufrido algún tipo de agresión física después de la detención. En el caso de las mujeres, la cifra fue de 39.8%.

ENPOL 2021

No obstante, del total de mujeres que sufrió agresiones físicas, el 15.5% señaló haber recibido agresiones sexuales por parte de la policía o autoridad que la detuvo y 4.8% denunció haber sido víctima de violación sexual.

Y durante su estancia en el Ministerio Público, el 11% de las mujeres reportó haber recibido agresiones sexuales y 3.8% violencia sexual.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

'Fui antivacunas y ahora me arrepiento. La COVID casi me quita la vida'

No quería vacunarse por miedo a los efectos secundarios, pero después de experimentar la covid-19 en carne propia y pasar 18 días internada, cambió radicalmente su postura.
13 de enero, 2022
Comparte

Indira Jáuregui era antivacunas.

Pero después de pasar 18 días internada junto a su familia por covid-19 en Lima, Perú, cambió radicalmente su forma de pensar.

Conectada al oxígeno en un centro asistencial, esta mujer de 49 años, sintió que su vida estaba llegando a un punto de no retorno.

Para mí fue como enfrentarme a la muerte. Estaba boca abajo y me puse a pensar en mi vida. Pensé en lo que no hice y en lo que debí hacer. Me puse a pensar en mi familia, en el tiempo que no pasé con mi familia por estar trabajando. Pensé en los abrazos que no di, en las llamadas que no hice”.

Como los hospitales estaban colapsados, Indira fue internada en un lugar habilitado para atender pacientes en medio de la emergencia. Hasta ahí llegó con su madre de 72 años, una hermana, su cuñado y su sobrino. Todos contagiados con el virus.

Ella nunca creyó en teorías conspirativas como aquellas que señalan que las vacunas son un complot para exterminar a la humanidad, o que son hechas con inhumanos procedimientos en los que se utilizan fetos, o que al vacunarte te implantan un chip en el brazo para espiarte.

Más bien tenía miedo a los potenciales efectos secundarios de la vacunación. Y su profunda convicción en los métodos de sanación natural, la llevaron a creer que no era necesario vacunarse.

Este es su testimonio contado en primera persona.


Soy terapeuta alternativa. Cuando comencé a estudiar aprendí la técnica japonesa del reiki y ahora estoy trabajando con biomagnetismo, que es una terapia con imanes.

En mi círculo nos interesa todo lo que es natural, todo lo que tiene que ver con una visión holística de los seres humanos. Como me gusta aprender, he leído muchos libros sobre las vacunas y los efectos negativos que tienen en la salud.

Pero nunca fui de los que se dedican a satanizarlas, llevando las cosas a un extremo. En las redes sociales como Facebook o los grupos de Whatsapp, he visto muchos mensajes y videos de personas que se van al extremo y que hablan del uso de fetos en las vacunas, de que nos quieren dominar y convertirnos en zombies, o esa teoría de que cuando te vacunan te ponen un chip en el brazo.

Hombre recibiendo vacuna en Lima, Perú.

Getty Images
Jáuregui cuenta que las vacunas le daban miedo por sus potenciales efectos secundarios.

También hay otras personas en las redes que se dan cuenta que la ciencia y lo natural se complementan para que el ser humano tenga una vida saludable y equilibrada.

Yo era antivacunas porque conocía casos de personas que, antes de que llegara la covid, se habían vacunado contra otras enfermedades y habían sufrido efectos secundarios.

No quise vacunarme cuando hace años atrás apareció el virus del H1N1 y aquí en Perú hicieron campañas de vacunación. Pensaba que, como las vacunas tienen metales pesados, podían causar muchos efectos secundarios. Creo que por ahí viene el miedo. Las vacunas me daban miedo.

También pienso que influyeron todas las publicaciones que salían en las redes, cada una más fantástica que la otra, especialmente esa teoría de que la pandemia era un invento.

“Los hospitales estaban colapsados”

Al principio, cuando recién comenzó la covid en China y después en Europa, pensaba que era como algunos virus de transmisión sexual.

Pero cuando llegó aquí, empecé a tomar conciencia de lo que estaba pasando. Yo era muy cuidadosa con la desinfección y todos los cuidados que hay que tener para no contagiarse y no contagiar a otras personas.

Pacientes saliendo de la Villa Panamericana, Lima Perú.

Getty Images
Estas sobrevivientes de covid-19 van de regreso a su casa desde la Villa Panamericana en Lima, donde estuvo internada Indira Jáuregui.

Hice todo lo posible para evitar el contagio, incluso he sido exageraba con el tema del cuidado y de seguir los protocolos, pero al final me contagié en mi casa, con mi familia. Era julio del año pasado.

Cuando dimos positivo, llamamos a la línea 107 que tenemos aquí en Perú para los que tienen covid. Nos internaron a todos en la Villa Panamericana, unos departamentos que construyeron para los deportistas que vinieron a las Olimpíadas (Juegos Panamericanos de 2019).

Con la pandemia esa villa se convirtió como en un hospital para la gente con covid. Es que como los hospitales estaban colapsados, abrieron otros lugares para los enfermos. La Villa Panamericana era un lugar bien equipado y los médicos nos trataban muy bien.

El problema es que cuando me internaron, al tercer día empecé con una fiebre alta y se me elevó la presión. No comía, no podía comer. Un médico me dijo que si quería vivir, tenía que comer.

Como estaba empeorando, al sexto día me tuvieron que bajar a un lugar como un hangar donde tenían a los pacientes conectados al oxígeno. Ahí fue cuando trajeron un balón y me pusieron el oxígeno.

A medida que pasaba el tiempo me iban aumentando el oxígeno porque no mejoraba, hasta que el médico me dijo que tenía que pasar 17 horas boca abajo.

Yo, la verdad, es que soy gordita. Entonces para mi estar boca abajo era un suplicio. Todo se fue complicando en ese momento.

“Fue como enfrentarme a la muerte”

Para mí fue como enfrentarme a la muerte. Estaba boca abajo y me puse a pensar en mi vida. Pensé en lo que no hice y en lo que debí hacer. Me puse a pensar en mi familia, en el tiempo que no pasé con mi familia por estar trabajando. Pensé en los abrazos que no di, en las llamadas que no hice.

Toda mi vida pasaba por mi mente, desde la niñez hasta ese momento. Decía… “Dios mío, dame otra oportunidad”.

Indira Jáuregui

Indira Jáuregui
Pensé en los abrazos que no di, en las llamadas que no hice. Decía… “Dios mío, dame otra oportunidad”.

Mi mamá, en cambio, estaba vacunada con las dos dosis. Mis hermanas la llevaron a vacunarse y yo creo que a mi mamá la salvó la vacuna. Es que si no, mi mamá no hubiese superado la covid y no estaría aquí con nosotros.

Con esa experiencia me di cuenta de lo que estaba pasando y entendí que hay cosas que la ciencia sabe por qué las hace. Fui antivacunas y ahora me arrepiento. La covid casi me quita la vida, pero nunca fui como esas personas antivacunas extremas. Nunca fui una fanática que cree todo lo que le dicen.

Cuando volví a mi casa estaba convencida de vacunarme. Esperé los tres meses que hay que esperar y lo hice. Y ahora estoy esperando el tiempo para la vacuna de refuerzo. Aquí en Perú ya estamos con la tercera dosis.

Con el tiempo, creo que Dios me ha dado la razón de que fue bueno que cambiara de opinión, porque hace tres meses falleció mi tío Félix por covid y él nunca quiso vacunarse.

Conozco a varias personas que no quieren vacunarse. Cuando conversamos les pregunto, “¿qué es lo peor que te puede pasar?. Lo peor que te puede pasar es tener efectos secundarios, les digo, pero no te vas a morir”.

También les pregunto si quieren a su familia, a sus hijos. Les digo que si no quieren vacunarse por ellos mismos, que lo hagan por sus seres queridos.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=ua0Aeej9Cnk&t=31s

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.