Las fallas del programa Jóvenes construyendo el futuro en Honduras
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Trabajar gratis por el retraso en pagos: las fallas de Jóvenes construyendo el futuro en Honduras

Dos años y medio después de anunciar el programa, casi 4 mil jóvenes reciben becas del gobierno mexicano en Honduras y 130 empresas los emplean. AMLO promueve este modelo para que EU lo financie como un incentivo para que los jóvenes desistan de migrar hacia el norte.
Por Alberto Pradilla y Allan Bu
9 de diciembre, 2021
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Cuando Jennifer Salgado, de 19 años, quiso cobrar su primera paga como becaria del programa “Jóvenes Construyendo el Futuro” en San Pedro Sula, la segunda ciudad de Honduras, comprobó que su cuenta seguía en cero.

Llevaba un mes empleada en un local de Diunsa, una cadena de almacenes por departamentos con establecimientos por todo el país, y esperaba un aviso del banco con un código para poder recibir los 4 mil lempiras (unos 180 dólares) que debía pagarle el gobierno de México. Pero el dinero no llegaba.

Había comenzado su trabajo en mayo y las semanas pasaban mientras que ella se veía obligada a trabajar gratis, mientras esperaba una cantidad que no llega ni al valor de un salario mínimo establecido en Honduras para esa industria, unos 12 mil 990 lempiras (538 dólares).

Como Jennifer vive con su madre en Cofradía, un municipio ubicado a más de 30 kilómetros de San Pedro Sula, llegar al trabajo le tomaba más de una hora en transporte público. Cuando ya no tenía para pagar más el transporte, sus compañeros juntaban dinero para pagarle el autobús, para que ella no fallara en el trabajo.

“Hace poco que me pagaron”, explica. Fue en septiembre, cuando recibió su primera mensualidad, cuatro meses después de haber comenzado a trabajar. Para entonces, su supervisora le había ofrecido un trato: dejar de acudir a su puesto hasta que llegase el dinero desde México. Por suerte para ella se abrió una plaza en la empresa, por lo que dejó la beca y se incorporó a la plantilla. Ahora cobra casi 13 mil lempiras, el triple de lo que recibía del gobierno mexicano, un salario que le ayuda a seguir estudiando Contabilidad y Finanzas en la universidad.

“En algún momento pensé en migrar a Estados Unidos, pero el miedo no me dejó”, afirma. De doce becarios que tuvo Diunsa, cuatro se quedaron con un contrato y actualmente son empleados fijos. También hay otros dos en espera. Tienen que decidir si entran en la beca sabiendo que deberán pasar al menos dos meses trabajando gratis esperando un estipendio que no cubriría sus necesidades y no les frenaría a tomar la decisión de migrar.

Frenar la migración hacia Estados Unidos es el objetivo de la expansión de los programas “Jóvenes construyendo el futuro” y “Sembrando Vida” en Honduras, El Salvador y Guatemala.

Lee: Becas a fallecidos y centros de trabajo que no existen: las irregularidades de Jóvenes Construyendo el Futuro

El canciller Marcelo Ebrard anunció en julio de 2019 que se ofertarían 20 mil puestos de trabajo en cada uno de los países del Triángulo Norte de Centroamérica y que contarían con una inversión de 30 millones de dólares.

En el caso de las becas juveniles, tienen una duración de un máximo de 9 meses y los beneficiarios reciben 180 dólares mensuales, igual que ocurre en México. Trabajan un máximo de ocho horas al día durante cinco días por semana por la mitad del salario mínimo del país, que corre a cuenta de la Amexcid.

El pago se efectúa a través de una plataforma acordada con bancos locales que elimina los intermediarios gubernamentales. Ninguna dependencia hondureña toca un peso.

La ciudad de San Pedro Sula, ubicada en el departamento de Cortés, conocida como la capital industrial de Honduras debido a su fuerte actividad económica, es la ciudad más importante del Valle de Sula, que en 2020 fue afectado por dos tormentas tropicales que devastaron uno de los valles más productivos del país. San Pedro Sula, Cortés, 17 de noviembre de 2021. Foto: Antonio Gutiérrez.

La ciudad de San Pedro Sula, ubicada en el departamento de Cortés, conocida como la capital industrial de Honduras debido a su fuerte actividad económica, es la ciudad más importante del Valle de Sula, que en 2020 fue afectado por dos tormentas tropicales que devastaron uno de los valles más productivos del país. San Pedro Sula, Cortés, 17 de noviembre de 2021. Foto: Antonio Gutiérrez.

Dos años y medio después de aquellas promesas, los programas operados por la Agencia Mexicana de Cooperación para el Desarrollo (Amexcid) avanzan lentamente, con algunos problemas operativos y también con casos de éxito parcial.

Animal Político y Contracorriente recorrieron diversas empresas en los municipios de San Pedro Sula y El Progreso, en el norte de Honduras; así como en Comayagua, zona central del país, donde se concentra la mayor parte de ofertas laborales por ser uno de los territorios más expulsores.

Entre las fallas detectadas está el retraso en los pagos que obliga a los jóvenes a trabajar gratis durante varios meses o la existencia de plazas que quedan vacantes porque ningún becario solicita un puesto de trabajo en las empresas beneficiadas. A pesar de esto, en Honduras, un país con una alta tasa de desempleo, este apoyo se ha convertido en un recurso para que jóvenes sin trabajo dispongan de un ingreso.

A pesar de las fallas detectadas, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador apuesta por este modelo como base para promover el desarrollo en Centroamérica. Recientemente convenció al presidente Joe Biden para lanzar “Sembrando oportunidades”, un proyecto que estaría basado en los programas sociales ya existentes y que sería operado por Amexcid y USAID, la agencia de cooperación de Estados Unidos.

Lee: Jóvenes Construyendo el Futuro: lejos de municipios marginados y sólo la mitad termina la beca

Según el comunicado hecho público el 1 de diciembre, el objetivo es crear medio millón de empleos, aunque la propuesta todavía viene sin cronogramas ni dotaciones económicas. No se especifica cuáles serían las condiciones de estos trabajadores ni qué salario podrían recibir. En el caso de los becarios reciben un ingreso que apenas llega a la mitad del salario mínimo y no existe relación contractual con la empresa más allá de la inscripción en una plataforma digital.

Este programa vino en paralelo con el anuncio de que México recibiría nuevamente a solicitantes de asilo procedentes de Estados Unidos, dentro del denominado “Protocolo de Protección a Migrantes” que operó entre 2019 y 2021 por orden del expresidente Donald Trump.

La insistencia de Amlo en vincular control migratorio e inversión en Centroamérica hace pensar que ambas iniciativas forman parte de la misma negociación.

La victoria de Xiomara Castro en las elecciones hondureñas del pasado 28 de noviembre añaden una nueva pieza a la negociación. La candidata izquierdista prometió negociar con Biden un programa de apoyo social para evitar la migración y habrá que ver si se suma a los acuerdos previos entre Washington y México.

México culpa a los servicios financieros

“El pago era un problema. Estuve dos meses trabajando y no me habían pagado. Me aguanté a ver qué pasaba. Ya me iba a salir porque no era rentable, pero me dijeron que igual me contrataban. Aguanté cuatro meses y me contrataron”, dice Eddy Alejandro González Hernández, de 19 años, trabajador de Auto Repuestos S.A. de CV, una franquicia con establecimientos en las principales ciudades de Honduras.

Explica que llegó al programa de becas a través de la responsable de recursos humanos de la compañía, que es su familiar. Dice que pudo aguantar porque tenía apoyo en casa, pero que hubo otros compañeros que abandonaron porque no les compensaba. “Muchos de mis amigos se han marchado a Estados Unidos o España. Yo también quería, pero mis abuelos me dijeron que no lo hiciese”, dice el joven.

Teresa (18 años), Adriana (19 años), Onix (20 años) y Jenny (19 años) desde hace cuatro meses son parte del programa mexicano «Jóvenes construyendo su futuro» que ayuda a pagar los salarios de jóvenes para que no decidan migrar hacia Estados Unidos. El Rosario, Comayagua, 3 de diciembre de 2021. Foto: Martín Cálix.

Teresa (18 años), Adriana (19 años), Onix (20 años) y Jenny (19 años) desde hace cuatro meses son parte del programa mexicano «Jóvenes construyendo su futuro» que ayuda a pagar los salarios de jóvenes para que no decidan migrar hacia Estados Unidos. El Rosario, Comayagua, 3 de diciembre de 2021. Foto: Martín Cálix.

Cuestionada por estos retrasos en los pagos, la secretaría de Relaciones Exteriores, que es la responsable del programa, apunta a los “servicios financieros” provistos por instituciones bancarias de Honduras. “Al incorporarse al proyecto, el beneficiario es el único responsable de registrarse a los servicios financieros del banco para recibir su pago mensual. En caso de no realizarlo en el tiempo establecido antes de realizar la dispersión de recursos, la Amexcid no tiene posibilidad de dirigir los recursos a estos beneficiarios”, respondió en una nota aclaratoria.

“La Amexcid ha detectado que parte de los beneficiarios no tenía acercamiento previo a servicios financieros, por lo que se ha promovido la inclusión financiera al momento de incorporarse al proyecto. Se informa a los beneficiarios sobre los procesos necesarios que deben realizar para que puedan recibir su pago puntual”, dijo la SRE, que señaló que los centros de trabajo no tienen obligación de proveer a los jóvenes con incentivos económicos y que los becarios no reciben su salario si no realizan las actividades encomendadas.

Lee: Gobierno usó a 322 mil becarios de Jóvenes Construyendo el Futuro para suplir a funcionarios

El sistema de cobro funciona de la siguiente manera: el joven trabaja y recibe el ingreso desde México a través de un banco local. Cuando el pago está listo, le llega un código al celular y debe acudir al banco a retirar sus fondos. Ni Jennifer Salgado ni Eddy Alejandro González Hernández refirieron haber tenido problemas con la aplicación, sino que únicamente esperaban para recibir su apoyo económico.

Casi 4 mil jóvenes trabajando según Amexcid

La lentitud en la implementación del programa es uno de los principales problemas a los que se enfrentó el gobierno federal. López Obrador anunció los proyectos en junio de 2019, tras sendas reuniones con los presidentes Nayib Bukele (El Salvador) y Juan Orlando Hernández (Honduras). Posteriormente, el canciller Ebrard puso fecha a la primera evaluación: marzo de 2020. Llegó esa fecha y no se dio a conocer ningún avance. La irrupción de la pandemia de COVID-19 y el cierre de las fronteras obligó a Amexcid a posponer la operación.

Actualmente, según datos proporcionados por Amexcid, hay 3 mil 942 jóvenes trabajando y recibiendo su beca en Honduras, 6 mil 058 en proceso de verificación de los documentos y 783 que ya habrían cumplido su ciclo de trabajo. No hay datos sobre cuántos fueron contratados finalmente por las empresas. La dependencia niega que existan jóvenes que abandonen el programa, aunque los datos de México revelados por Animal Político señalaban que solo la mitad terminaba la beca.

Selvin Orellana de 19 años, como muchos jóvenes de su comunidad, es becario del programa mexicano «Jóvenes construyendo su futuro», un programa del Gobierno mexicano que busca evitar la migración de jóvenes hondureños. El Rosario, Comayagua, 3 de diciembre de 2021. Foto: Martín Cálix.

Selvin Orellana de 19 años, como muchos jóvenes de su comunidad, es becario del programa mexicano «Jóvenes construyendo su futuro», un programa del Gobierno mexicano que busca evitar la migración de jóvenes hondureños. El Rosario, Comayagua, 3 de diciembre de 2021. Foto: Martín Cálix.

El presupuesto destinado a esta operación es de 31 millones de dólares, de los que 11 corresponden a Jóvenes Construyendo el Futuro y 20 a Sembrando Vida, el otro programa social que también se extendió a Centroamérica. Actualmente solo se ha ejercido el 29% del total, es decir, apenas 9 millones de dólares.

A través de una solicitud de transparencia, Amexcid entregó el listado de 130 compañías que están inscritas en el programa. Para que las cifras se cumpliesen y casi 4 mil estuvieran ahora mismo trabajando cada una de las empresas debería contar con 30 empleados. Sin embargo, muchas de ellas son abarrotes o pequeños comercios e incluso personas individuales que solicitaron dos, tres o cinco becarios.

Además, hay compañías que se inscribieron cuando el programa se dio a conocer en Honduras pero que nunca llegaron a recibir ningún becario. Es el caso del restaurante Las Brasas, ubicado en El Progreso, departamento de Yoro. Su gerente, Sergio Portillo, confirmó que después de meses esperando nunca llegó algún becario

Sobre esta cuestión, la SRE explicó que “se brinda a los jóvenes la posibilidad de elegir el centro de trabajo y plan de capacitación que se ajusta a sus objetivos profesionales y habilidades que aspira a desarrollar”, y que “cada empresa, asociación u organización recibe solicitudes de aspirantes interesados en los planes de trabajo que ha propuesto”. “La Amexid no interviene en el proceso de selección de centro de trabajo y plan de capacitación por parte de los jóvenes, únicamente promueve la importancia de la vinculación a estos para recibir los beneficios del proyecto”, dijo.

El listado entregado por Transparencia recoge las empresas solo con su nombre y repartidas por municipio y departamento. A pesar de que se le requirieron, Amexcid no proporcionó dirección ni identificación fiscal, lo que dificulta constatar la existencia de las empresas. Según explicó la dependencia, ellos no tienen obligación de corroborar que existe como entidad fiscal por no tener competencias en otro país. Así que la forma de asegurarse de que la empresa existe realmente es a través de la documentación que esta presenta en la plataforma web.

En sus recorridos, Animal Político y Contracorriente no pudieron confirmar la existencia de empresas como Inversiones de Desarrollo Arquitectónico y Modernización Sostenible, supuestamente ubicada en San Pedro Sula, Cortés, y que pidió 56 becarios. Su único registro está en la Cámara de Comercio del departamento, pero sin una dirección en la que localizarla.

Vista general de El Rosario ubicado en el departamento de Comayagua, un municipio con una economía sustentada en los comercios pequeños y la agricultura. El Rosario, Comayagua, 3 de diciembre de 2021. Foto: Martín Cálix.

Vista general de El Rosario ubicado en el departamento de Comayagua, un municipio con una economía sustentada en los comercios pequeños y la agricultura. El Rosario, Comayagua, 3 de diciembre de 2021. Foto: Martín Cálix.

Un caso de éxito parcial: la apuesta por Comayagua

Comayagua, un departamento del centro del país, es el objetivo prioritario del programa por su alto nivel de migración hacia Estados Unidos. Según el Instituto Nacional de Estadística hondureño (INE) la Tasa de Desempleo Abierto en el año 2020 en este departamento alcanzó el 10.9%, mientras que el subempleo visible (trabajan menos horas) llegó al 27%. Por eso Amexid centró sus actividades en esta zona.

De los casi 4 mil jóvenes que actualmente están empleados en todo el país, 2 mil 157 trabajan en Comayagua y 1 mil 052 en el municipio de El Rosario. Este es uno de los municipios más expulsores del país centroamericano.

Además, vecinos de la zona perdieron la vida en algunas de las masacres perpetradas contra migrantes en suelo mexicano, como las fosas comunes de Cadereyta, en 2012, o los asesinatos de Guanajuato en 2021. En otros lugares la oferta es más limitada. En San Pedro Sula por ejemplo, el municipio del que partieron las caravanas migrantes desde 2018, apenas fueron 201.

“Aquí lo más que consiguen los muchachos es trabajo en la construcción, cortar café o trabajar en la siembra de maíz y frijol, pero la mayoría del tiempo no hay trabajo, son bien pocas las opciones. No hay donde puedan desempeñarse jóvenes que estudiaron”, explica Ivis Alvarado, dueño de una pulpería (como se le llama a las tiendas pequeñas) en la comunidad.

Lee: Programas sociales de AMLO en Centroamérica: en dos años no llegan a la mitad de beneficios prometidos

Aquí el principal promotor de Jóvenes construyendo el Futuro es la alcaldía. Nancy Padilla, coordinadora de la Oficina de la Niñez y Juventud de la Municipalidad, explica que El Rosario fue seleccionado para albergar este proyecto por ser uno de los municipios donde los jóvenes más migran rumbo a Estados Unidos. “Había muy pocas oportunidades, pero con el proyecto muchos jóvenes decidieron no irse”, dice, aunque reconoce que el éxodo todavía se mantiene.

En las calles de la comunidad cualquier persona conoce del programa. En este municipio el pago por un día de trabajo oscila entre 100 y 150 lempiras (5 dólares), pero el proyecto del gobierno mexicano es visto como una solución temporal. Existen unos 50 pequeños negocios que están recibiendo jóvenes como becarios. En realidad es una solución temporal, porque los dueños de los comercios reconocen que no tienen recursos para mantenerlos, que los emplean porque México les paga el estipendio.

“Este pueblo no tiene gran comercio, el negocio da para sobrevivir, pero no da para emplear”, explica Ivis Alvarado, dueño de una pulpería.

Durante un máximo de 9 meses los jóvenes tienen un incentivo para no hacer las maletas y ponerse en marcha rumbo a Estados Unidos. Alejandra Montoya tiene 26 años y gracias al proyecto tiene algo parecido a una experiencia laboral. Cumple su rol como becaria en el Centro de Salud de la comunidad donde escribe las fichas a los pacientes y también colabora en otras actividades asignadas por el equipo de salud. Ella es madre soltera y se graduó de bachiller en Ciencias y Letras. Aquí los pagos llegaron más puntuales, explica. Solo se retrasaron el primer mes.  “A mí me ha ayudado bastante”, dice.

“Aquí hay una gran cantidad de jóvenes y es raro que haya oportunidad. Muchos caminan de ayudantes de albañil y gracias a este programa les ha ido bien”, dice Onix Zepeda, de 19 años y becado para trabajar en una pequeña purificadora de agua. Junto a él, otros cuatro jóvenes más tienen cuatro meses recibiendo la beca desde México. Por el momento, Zepeda dice que no tiene intención de migrar.

Una familia que viajaba en el grupo más rezagado de la caravana migrante de octubre de 2020, pide un aventón para poder avanzar con mayor velocidad hacia el punto fronterizo de Corinto, donde la caravana fue brevemente detenida por las autoridades guatemaltecas. Omoa, Cortés, 1 de octubre de 2020. Foto: Martín Cálix.

Una familia que viajaba en el grupo más rezagado de la caravana migrante de octubre de 2020, pide un aventón para poder avanzar con mayor velocidad hacia el punto fronterizo de Corinto, donde la caravana fue brevemente detenida por las autoridades guatemaltecas. Omoa, Cortés, 1 de octubre de 2020. Foto: Martín Cálix.

Huir al norte es la salida para miles de hondureños. Solo este año, 97 mil 968 personas procedentes del país centroamericano fueron detenidas en México cuando migraban hacia Estados Unidos. Son casi la mitad de las 228 mil 115 arrestadas en los últimos 11 meses, lo que convierte a Andrés Manuel López Obrador en el presidente mexicano que más extranjeros interceptó en un año.

“Creo que todos lo mencionamos, yo también quería irme. Es que creo que casi de todos los jóvenes de Honduras ese es el sueño, irse para Estados Unidos”, dice Selvin Orellana, de 18 años. En su opinión, el único problema de la beca es que “dura muy poquito”. Explica que, ahora, sus amigos no piensan en hacer las maletas. Pero que no sabe qué ocurrirá cuando el fondo se termine.

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'Los recolectores de cocaína' de Rotterdam: la vida de los jóvenes que descargan droga que viaja de América Latina a Europa

Delincuentes juveniles arriesgan sus vidas para descargar la droga que se envía desde el otro lado del Atlántico.
2 de diciembre, 2021
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Es un negocio criminal al alza.

El aumento en el volumen de cocaína enviada desde América Latina hacia Países Bajos, a través del puerto de Rotterdam, ha incrementado también el número de jóvenes empleados por las organizaciones delictivas para recoger la droga oculta en los fletes.

La BBC ha podido ver el peligroso trabajo de los llamados “recolectores de cocaína”, que actúan como enlace con las cadenas de suministro de droga en Europa.

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BBC

El monitor muestra una docena de figuras oscuras que corren en fila con precisión militar hacia un contenedor de carga en el puerto de Rotterdam.

El cargamento de fruta tropical colombiana quizá haya sido ya descargado, pero esta caja de metal de 12 metros de largo entre los miles de contenedores idénticos aún tiene mercancía en su interior: 80 kilos de cocaína ocultos en un refrigerador, con un valor en el mercado de alrededor de 4 millones de euros (US$4,52 millones).

La misión de los recolectores es sacar la droga del contenedor y alejarla de los muelles. Luego será enviada a capitales europeas como Ámsterdam, Berlín o Londres.

“El puerto es una mina de oro”, asegura un hombre encapuchado cuando lo entrevista el periodista Danny Ghosen en la cadena holandesa VPRO.

“Puedo ganar un buen dinero cerca de casa… y siempre hay trabajo”.

Es uno de los jóvenes empleados por poderosas bandas criminales.

“Cada encargo es diferente”, afirma. “Un jefe te dice ‘vais a ganar tanto a repartir’; otros dicen ‘os quedaréis parte de la droga para venderla vosotros'”.

2.000 euros por kilo

Un recolector puede ganar alrededor de 2.000 euros (US$2.260) por cada kilo de cocaína que descarguen. Y el negocio está en alza.

“Los descubrimos hace unos dos años”, afirma Andre Kramer, propietario de una compañía logística en el puerto.

“Había uno o quizá dos y los veías un par de veces al año. Pero en los últimos seis meses los grupos han crecido. Son 10 ó 12 personas y actúan 3 ó 4 veces por semana”.

El aumento en el tráfico está haciendo los métodos de los recolectores más sofisticados.

A veces, no sacan la cocaína del puerto, sino que la trasfieren a otro contendor señalado por las bandas con la ayuda de alguien de dentro. La mercancía saldrá entonces del recinto portuario en un camión. En otras ocasiones, las bandas esperan dentro del puerto los cargamentos de droga.

“Recientemente encontramos tres contenedores hotel”, cuenta Kramer. “Los recolectores pueden pasar días allí. Comen, beben y hacen sus necesidades dentro. Encontramos colchones, botellas de agua vacías y envases de comida.

Un contenedor vacío con botellas vacías y otros restos de la presencia de los recolectores.

BBC
Los restos de la presencia de los recolectores de droga.

Pero ocultarse en un contenedor a la espera de que el camino esté despejado puedes ser extremadamente peligroso.

A comienzos de septiembre, nueve jóvenes se vieron atrapados después de que se atrancara la puerta del contenedor en el que se ocultaban, en parte lleno con troncos.

“Si te encierras con cosas como madera o fruta, que consumen oxígeno, quedará menos aire para la gente dentro”, explica Jan Janse, jefe de la policía de puerto de Rotterdam.

Pese a que normalmente las bandas se aseguran de que los contenedores se pueden abrir desde dentro, esta vez algo salió mal y los recolectores quedaron atrapados.

En medio del pánico los recolectores llamaron al 112 para pedir ayuda.

“Teníamos esa información de que nueve personas iban a morir en un contenedor, pero en una terminal con 100.000 contenedores, y los propios recolectores no sabían exactamente dónde estaban”, dice Janse.

“Tuvimos que buscar en todas las instalaciones, con helicópteros, un montón de policía, agentes de aduanas, bomberos y ambulancias. Tuvieron suerte de que los encontráramos a tiempo”.

Tardaron 4 horas en encontrarlos. Algunos de los hombres tuvieron que ser hospitalizados por dificultades respiratorias. Por motivos de seguridad, Janse, que lleva siete años como jefe de policía del puerto, prefiere no revelar cómo encontraron a los recolectores.

“Dejémoslo en que hicimos algunas cosas inteligentes”, dice.

Un negocio al alza

En 2014 las autoridades interceptaron más de 5.000 kilos de cocaína en el puerto. En 2020 esa cifra había crecido hasta los 41.000 kilos.

Droga incautada.

Getty Images
La cantidad de droga interceptada no deja de aumentar.

“Estimamos que este año van a ser 60.000”, pronostica Janse. “Cada año batimos el récord. No estoy orgulloso. Está bien que aprehendamos la cocaína, pero llega una enorme cantidad”.

Y la que se descubren en el puerto representa solo una mínima parte de este tráfico ilícito.

En septiembre, 110 recolectores fueron capturados en el área portuaria en solo una semana. Pero, a menos que los pillen con las manos en la masa, el único riesgo para ellos es una multa de menos de 100 euros (US$113). Algunos llevan el dinero en efectivo para pagar al instante en caso de que los atrapen.

“Decimos que estamos dando un paseo, que nos fascinan los contedeores”, confiesa el joven que vive de descargar la droga que llega.

Rotterdam

Getty Images

Con sus 42 kilómetros de largo, el de Rotterdam es el puerto marítimo más grande de Europa. Más de 23.000 contenedores de carga se procesan aquí cada día.

Hay algo imprescindible para los recolectores de cocaína y las redes del narcotráfico que llegan aquí: la corrupción.

“Si viene aquí mañana, le garantizo que puede hacerse con uno de los pases de seguridad. Solo dígale a un trabajador que le pagará 500 euros (US$565) si le presta el suyo”, dice el recolector de droga.

“Es difícil hacer nuestro trabajo sin alguien de dentro, como un agente de aduanas. Puede que saque de la lista un contenedor que debía ser inspeccionado”.

Con quienes se rehúsan a cooperar, los recolectores usan la intimidación.

“Cuando un agente de aduanas dice que no, amenazas a sus hijos. Entonces dice que sí muy rápido”, cuenta el joven encapuchado.

Kramer asegura que sus empleados están bajo presión porque están a la vista de quienes trabajan para el crimen organizado.

“Hay gente a la que se han acercado en su casa para decirles que coloquen contenedores en un lugar concreto, como junto a una valla”, cuenta. “Y he tenido gente que ha renunciado. No quieren trabajar aquí más; están asustados”.

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BBC

El fiscal jefe de Rotterdam, Hugo Hillenaar, está familiarizado con estas historias.

“Gran parte de la delincuencia en la ciudad guarda relación con el problema de la droga en los muelles”, afirma. “Tenemos un tiroteo casi cada día. La violencia está aumentando”.

Y las sangrientas repercusiones del tráfico de cocaína en todo el país también aumentan, incluida el asesinato a plena luz del día en Ámsterdam de Peter R de Vries, el más famoso periodista de investigación holandés.

“Las mafias están muy bien organizadas. Tienen su CEO, sus recursos humanos, personal y captadores”, dice Nadia Barquioua, fundadora de JOZ, una organización de apoyo a los jóvenes.

JOZ desarrolla su labor en la orilla sur de Rotterdam, una de las zonas urbanas más deprimidas del país y hogar de muchos de los recolectores de droga. Más de una cuarta parte de su población tiene menos de 23 años y más de la mitad es de origen inmigrante.

En las décadas de 1960 y 1970, migrantes se instalaron aquí atraídos por las oportunidades de empleo en el puerto. Pero cuando la actividad industrial se desplazó al oeste y el trabajo aquí se acabó, quienes pudieron permitírselo se marcharon, dejando un vecindario en el que muchos hogares son ahora de bajos ingresos.

JOZ se centra en escuelas, clubes y centros comunitarios en un intento de alejar a los jóvenes de la delincuencia.

“Debemos enseñarles que ganar dinero de una manera normal es mucho más seguro y que tienen oportunidades en la ciudad”, expica Barquioua.

“Es mas fácil criar niños felices que enderezar a hombres rotos”.

Y en el puerto de Rotterdam hay cada vez más recolectores de droga.

“Tenemos chicos de 14 y 15 años haciendo ese trabajo y eso es preocupante”, dice Hillenaar. “Son cada vez más y más jóvenes”.

A shipping container lift in the Port of Rotterdam

BBC

Ahora que se acerca la Navidad y en la ciudad se habla de una “blanca Navidad”, no precisamente por la nieve, Hillenaar tiene un mensaje para los consumidores de cocaína.

“Cada día se esnifan 40.000 rayas de cocaína en la ciudad. Cada raya que esnifas tiene una detrás una historia de extorsión, violencia y muerte”.

El fiscal confía en que un cambio legal que está previsto para 2022 sirva como disuasión para los recolectores.

Prescinde de las multas e impone una pena de prisión de hasta un año a toda persona no autorizada que se encuentre en la zona portuaria. Pero, dadas las grandes cantidades de dinero en efectivo que se pueden ganar como recolector, no todos están convencidos de que vaya a funcionar.

“Honestamente, no creo que vaya a detenerse la llegada de droga hacia el puerto de Rotterdam”, dice Kramer.

Contenedores en el puerto de Rotterdam.

Getty Images
El puerto de Rotterdam es el mayor de Europa.

También le preocupa que aumentar el castigo y amenazar con penas de prisión pueda conducir a un aumento de la violencia.

“Hoy los recolectores se retiran silenciosamente. Pero va a ser duro cuando usen cuchillos, armas o lo que sea para escapar. No queremos esa especie de salvaje oeste en nuestra terminal”.

Para algunos jóvenes, el riesgo de acabar en la cárcel puede hacer que se lo piensen dos veces antes de enfundarse en la ropa oscura de los recolectores y colarse en los depósitos de contenedores. Pero dado lo mucho que se ofrece, otros no serán disuadidos tan fácilmente. Saben que son un eslabón vital en la cadena del negocio del narcotráfico hacia Europa. Y ese negocio no tiene visos de agotarse pronto.


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