Homicidios de menores suben 2.7%: hubo 728 con armas en 2021
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Homicidios de menores suben 2.7%: se cometieron 728 con armas en 2021

De acuerdo con la Redim, el que desde hace un año el SIPINNA no tenga titular ha generado retrasos en la atención a la violencia armada contra menores de edad en México.
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Entre enero y noviembre de 2021, en todo el país se documentaron 2 mil 240 homicidios de menores de edad -994 dolosos y mil 246 culposos-. En 728 de ellos, es decir, el 32.5%, los menores perdieron la vida a causa de un arma de fuego.

“La violencia armada es una de las agendas que más nos preocupan y donde pensamos que el Ejecutivo federal y todos los estados deberían estar poniendo todo su interés y atención”, subraya Tania Ramírez, directora de la Red por los Derechos de la Infancia (Redim).

De acuerdo con el Balance Anual 2021 de la Red -el cual se nutre con las cifras oficiales reportadas por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad (SESNSP)- con respecto al 2020, los homicidios de menores de edad en México tuvieron un incremento del 2.7% al pasar de 2 mil 182 a 2 mil 240.

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Se trate de homicidios dolosos o culposos, en ambos casos los datos apuntan a que se trata de más hombres que mujeres. En 2021 se registraron 841 homicidios dolosos de hombres y 153 de mujeres, en tanto, se reportó el homicidio culposo de 906 hombres y 340 mujeres.

“Niñas y niños viven en México todas las formas conocidas de violencia ocasionadas por la guerra y también mueren por ellas. Pareciera no haber espacio público o privado en el que puedan verse libres de las expresiones más extremas y deshumanizadas de la violencia armada y el adultocentrismo.

“La sindemia generalizada por la pandemia del Covid-19 y las inequidades sociales agravó las tensiones desde los hogares y paradójicamente fortaleciendo al crimen organizado que alcanzó todos los otros espacios posibles de su desarrollo y convivencia”, subraya la Redim en su balance anual.

Cuestionada sobre qué podría explicar el incremento de homicidios de menores de edad -particularmente relacionados a la violencia armada-, Ramírez expuso que parte de ello se debe al reclutamiento de menores tanto en las llamadas autodefensas comunitarias, como por parte de grupos criminales.

“El reclutamiento en niños también está detrás de estas cifras. No se sabe mucho porque poco se investiga”, asegura.

“Supimos de este llamado de una comunidad en Guerrero que decía que iba a tener que incorporar a niños y adolescentes a las filas de autodefensas si el gobierno local y el Estado mexicano no ponía manos a la obra en la detención del avance de la delincuencia organizada”.

Ramírez se refería al municipio de José Joaquín de Herrera (Hueycantenango) en donde habitantes y miembros de la policía comunitaria aplazaron a la gobernadora del estado, Evelyn Salgado, a que en un plazo no mayor de 8 días atendiera sus demandas en materia de seguridad educación y salud pública, o de lo contrario armarían a niños y mujeres de su comunidad, según informó El Heraldo.

Para la directora de la Redim, el que desde hace casi un año el Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (SIPINNA) no tenga titular ha generado retrasos en la atención -entre otros temas- de lo referente a la violencia armada en contra de menores de edad en México, pues ya se había delineado una estrategia para atender este tema.

“Con el debilitamiento que vivió el SIPINNA y la falta de comprensión que ha habido hacia el sistema, no están ayudando a que la atención de la violencia armada contra niños esté cambiando”, lamentó Ramírez.

Y es que, agregó, no ha habido avance en el cumplimiento de los compromisos adquiridos por la Comisión para poner fin a toda forma de violencia contra niños, niñas y adolescentes, mismos que presentaron las Secretarías de Gobernación y Seguridad Ciudadanas el 17 de diciembre de 2020.

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“Es urgente que se retomen e implementen, con total seriedad y respaldo del más alto nivel, los trabajos y propuestas que en el seno del SIPINNA han surgido como parte de la Comisión para poner fin a toda forma de violencia contra niñas niños y adolescentes para desarrollar la estrategia para la protección de niñas, niños y adolescentes frente a la violencia armada”, expone la Red.

Según se informó, el plan de acción 2019-2024 estaría enfocado en la atención de cuatro principales estrategias: seguridad pública y participación social de niñas, niños y adolescentes, protección de derechos humanos de víctimas de violencia, prevención de violencias en entornos y territorios, y la erradicación de la violencia de género para la igualdad sustantiva.

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Los desconocidos casos de bebés y niños secuestrados durante el régimen militar de Brasil

A diferencia de países vecinos como Argentina, donde las causas judiciales por apropiación de niños durante los gobiernos militares llevan años, Brasil aún no parece haber explorado esta parte de su pasado.
4 de mayo, 2022
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Desde hace al menos una década, Rosângela Serra Paraná busca a sus padres biológicos.

Es víctima de un crimen de Estado poco conocido: el secuestro de bebés y niños de activistas que se opusieron al régimen militar en las décadas de 1960, 1970 y 1980 en Brasil.

Rosângela fue apropiada ilegalmente por una familia militar en la década de 1960 y solo descubrió su condición mucho después, durante una discusión con miembros de la familia.

Once de los 19 casos conocidos de secuestros de niños durante el régimen militar están vinculados a miembros de Araguaia, un movimiento guerrillero de oposición que se desarrolló entre fines de la década de 1960 y 1974 en la región amazónica, en la confluencia de los estados de Pará y el actual Tocantins.

Estas 11 víctimas son hijos de guerrilleros y campesinos que dieron cobijo al movimiento.

Los secuestros de niños ocurrieron en la primera mitad de la década de 1970, durante los gobiernos de los generales-presidentes Emílio Garrastazu Médici y Ernesto Geisel.

Los 19 casos están enumerados en el libro de reportajes Cativeiro sem fim (“Cautiverio sin fin”), escrito por mí.

Contactados en el momento de la escritura del libro, el Ministerio de Defensa y los comandos del Ejército y Fuerza Aérea no respondieron a la solicitud de información.

En una entrevista en un libro publicado el año pasado, el general Eduardo Villas Bôas dijo que los informes sobre los secuestros de bebés durante el régimen militar “carecen de verosimilitud“.

En busca de padres biológicos

“Vivo en una pesadilla todos los días, pensando que mi madre podría estar viva, necesitándome”, dice Rosângela Serra Paraná.

“Hoy vivo con la angustia de no saber quién soy, cuántos años tengo y ni siquiera saber quiénes fueron mis padres”, agrega.

La mujer fue apropiada por Odyr de Paiva Paraná, miembro de una familia militar en Río de Janeiro.

La familia dice que la bebé fue adoptada en 1963.

Un acta de nacimiento da como fecha de nacimiento el 1 de octubre de 1963. Pero la inscripción se hizo en el registro civil el 22 de septiembre de 1967.

En el documento elaborado en el Registro Civil de Catete, Rio de Janeiro, consta que Rosângela es hija ilegítima de Odyr y Nilza.

El documento no proporciona el nombre de los padres biológicos. Nilza, según su familia, no podía tener hijos.

Rosângela Serra Paraná en la actualidad.

Archivo personal
Rosângela Serra Paraná en la actualidad.

Odyr es conductor de profesión.

Según Rosângela, su padre adoptivo trabajaba como chofer del general Ernesto Geisel.

“Tenía un gran auto negro que siempre estaba limpiando”, recuerda.

El acta de nacimiento de Rosângela da como lugar de nacimiento una propiedad en Rua Marquês de Abrantes, 160, Flamengo, Rio de Janeiro.

La propiedad pertenece a Rio Previdência, una entidad de empleados estatales, que la compró en 1958, según consta en el certificado de propiedad.

La misma partida de nacimiento tiene dos testigos. Uno de ellos es Alcindo Quintino Ribeiro, propietario de un inmueble donde vivía la familia Serra Paraná.

El otro es Paulo Cardoso de Oliveira, chofer de profesión, como Odyr. La dirección de residencia del testigo, sin embargo, no existe.

El padre de Odyr, Arcy Paraná, estaba en el ejército. Según el Boletín Oficial, alcanzó el grado de sargento. En la década del 50 fue ascendido y comenzó a trabajar en el sector administrativo de las fuerzas militares.

Los casos de Juracy y Miracy

En la región guerrillera de Araguaia, a principios de la década de 1970, los militares secuestraron a dos niños de una misma familia.

El primero, Juracy Bezerra de Oliveira, fue un error de las fuerzas militares.

El objetivo era Giovani, hijo de uno de los líderes guerrilleros, Osvaldo Orlando da Costa, alias Osvaldão, con una mujer llamada María.

En 1972 o 1973, Juracy tenía unos 7 años. Los militares pensaron que era el verdadero hijo del guerrillero Osvaldão con Maria Viana da Conceição. Pero la madre de Juracy era Maria Bezerra de Oliveira y su padre, Raimundo Mourão de Lira.

La confusión en el secuestro se habría dado porque los militares buscaban a un niño moreno, de entre 6 y 8 años, hijo de una mujer blanca, de cuerpo grande y ojos claros, de nombre María.

José Vieira es hijo de un campesino al que mataron los militares.

Eduardo Reina/BBC
José Vieira es hijo de un campesino al que mataron los militares.

Encontraron a la madre de Juracy con las mismas características y se llevaron al niño.

Terminó siendo apropiado por el teniente del Ejército Antônio Essílio Azevedo Costa, quien lo inscribió en una notaría como si fuera su hijo legítimo y vivió con la familia del militar durante muchos años.

“Un día llegaron y me llevaron. Mi madre ni me acuerdo qué hizo. Yo era un niño cuando me llevó el Ejército. Estuve 15 días en el bosque”, contó.

El secuestrado quedó con una mano deformada debido a las quemaduras que sufrió. Dice que los soldados decidieron castigarlo por pensar que su padre había matado a un militar.

Más tarde, en la ciudad de Fortaleza, Juracy fue criado por la madre del teniente Antônio Essílio.

A principios de la década de 2000, decidió regresar a la región de Araguaia, todavía pensando que era el hijo de Osvaldão.

Al llegar, conoció a Antônio Viana da Conceição y descubrió su verdadera historia.

Se reencontró con su madre biológica, Maria Bezerra de Oliveira, cuando descubrió que su hermano, Miracy, también había sido secuestrado por militares.

Hoy vive en una isla en medio del río Araguaia.

Juracy Bezerra de Oliveira con su madre biológica, María Bezerra de Oliveira.

Archivo personal
Juracy Bezerra de Oliveira con su madre biológica, María Bezerra de Oliveira.

El hermano de Juracy, Miracy, tenía piel clara y ojos claros, a diferencia de su hermano.

Fue llevado por el sargento João Lima Filho a la ciudad de Natal, en Rio Grande do Norte, también en 1972 o 1973.

Años después, Juracy y su madre, Maria Bezerra de Oliveira, fueron a buscar a Miracy. Pero no encontraron rastro del sargento que se lo llevó; tampoco obtuvieron información en el cuartel del ejército en Natal sobre el paradero del militar.

Otros secuestros

Después del secuestro por error de Juracy, los militares encontraron a Giovani, hijo de Osvaldão y Maria Viana da Conceição.

El niño tenía entre 4 y 5 años cuando fue secuestrado, según otro de los hijos de Maria, Antônio Viana da Conceição.

El secuestro ocurrió en 1973, en la ciudad de Araguaína, actual Tocantins.

La existencia de este hijo de guerrillero en Araguaia también es revelada por Sebastião Rodrigues de Moura, Mayor Curió, ahora militar retirado y responsable de la cacería de guerrilleros a partir de 1973 en Araguaia.

Se desconoce el paradero de Giovani.

También en Araguaia fue secuestrada Lia Cecília da Silva Martins, hija del guerrillero Antônio Teodoro de Castro, conocido como Raúl.

Lia fue llevada a un orfanato que pertenecía a un teniente de la Fuerza Aérea en Belém do Pará. Fue adoptada por una pareja que trabajaba en la entidad.

Seis niños campesinos también fueron separados de sus familias biológicas y llevados a cuarteles del ejército, de donde luego fueron liberados: José Vieira; Antônio José da Silva, Antoninho; José Wilson de Brito Feitosa, Zé Wilson; José de Ribamar, Zé Ribamar; Osniel Ferreira da Cruz, Osnil; y Sebastião de Santana, Sebastiãozinho.

Solo se localizó a José Vieira. Es hijo de Luiz Vieira, agricultor de subsistencia y residente de la región de São Domingos do Araguaia. Luiz fue asesinado por las fuerzas militares.

Gente caminando en São Paulo

Getty Images
Se desconoce el número de bebés que fue secuestrado.

También hubo casos de secuestro de bebés y niños en Paraná, Pernambuco y Mato Grosso.

Las respuestas de los militares

Cuando investigaba en 2018 para mi libro, el Ministerio de Defensa, el Ejército y la Fuerza Aérea no respondieron a las preguntas enviadas.

El Ministerio de Defensa sugirió que se enviaran nuevas solicitudes a dichas instituciones, alegando que la información solicitada debía estar custodiada bajo el mando de estos cuerpos militares.

El Ejército respondió: “La Institución aclara que no tiene nada que informar al respecto”.

La Fuerza Aérea afirmó que “el 16 de noviembre de 2009, la Procuraduría General de Justicia Militar manifestó interés en analizar los documentos producidos y acumulados por el Comando de la Fuerza Aérea, desde 1964 hasta 1985”.

“En ese sentido, el 3 de febrero de 2010, la colección, que contiene 212 cajas con 49.867 documentos, fue recolectada de la Coordinación Regional del Archivo Nacional del Distrito Federal (COREG), donde se encuentran en dominio público”, agregó.

El año pasado, en una entrevista publicada en el libro “General Villas Bôas-Conversación con el Comandante”, de Celso Castro, de la Fundação Getúlio Vargas, el militar cuestionó que realmente ocurrieran secuestros de niños durante la dictadura.

“Recientemente alguien vinculado a los derechos humanos trajo un tema que yo nunca había escuchado, que un centenar de niños habían sido secuestrados y arrebatados a sus padres”, afirmó Villas Bôas.

“Esta y otras narrativas, como una supuesta masacre de indígenas, en la apertura de la carretera que une Manaus con Boa Vista, carecen de verosimilitud y contribuyen a la falta de exención en la conclusión de las investigaciones”, agregó.


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