México rechaza a 200 extranjeros cada día en sus aeropuertos
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México rechaza a 200 extranjeros cada día en sus aeropuertos

Las expulsiones anticipan la imposición de visas: Ecuador, Venezuela, Brasil y Colombia son los países con más denegaciones de entrada y a los tres primeros ya se les obliga a tramitar solicitud de acceso.
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Cuando Yolani Del Carmen Alaña De la Rosa, venezolana de 34 años, aterrizó en la Ciudad de México el 3 de diciembre de 2021 pensó que las cosas iban a ser diferentes. Originaria de Maracaibo, estado de Zulia, en el noroeste de su país, esta era la tercera ocasión en la que aterrizaba en el país para visitar a su familia, residente en Coatzacoalcos, Veracruz. Las otras dos había sido devuelta a Colombia, desde donde viajó, pero en esta ocasión llevaba todo lo que las autoridades solicitaron: pasaporte en vigor y una carta de invitación firmada por sus tíos.

Al llegar a la ventanilla vio que todo comenzaba a torcerse. Le retiraron a un espacio apartado y le dijeron que no le permitirían entrar en México. Ella, que llegaba dispuesta a pelear su caso, presentó un amparo a través de sus familiares. Aquel fue el inicio de 21 días encerrada en las instalaciones del aeropuerto conocidas como La Burbuja, un espacio opaco gestionado por el Instituto Nacional de Migración (INM) pero que, técnicamente, todavía no es México.

“Era demasiado inhumano”, relata desde la guajira colombiana sobre su estancia en un espacio hacinado en el que llegaban a concentrarse hasta 80 personas. Asegura que durante 20 días fue hostigada por agentes migratorios, que le culpaban de haber presentado un amparo. Padece de diabetes, pero nunca le ofrecieron medicinas. Y en muchas ocasiones dependió de la comida de otros pasajeros porque no le ofrecían alimentos a ella. Hasta que un día, después de una subida de tensión que le provocó un abundante sangrado de nariz, decidió desistirse del amparo. “Me dio miedo. Pensé que me iba a morir ahí. Así que llamé al guarda y le dije que firmaría lo que me dijesen”, explica.

La historia de Del Carmen es un reflejo extremo del abuso que sufren muchos extranjeros al aterrizar en México y se ven aislados en dependencias del INM hasta que son devueltos a su país. Nunca reciben explicaciones, más allá de que no cumplen con los requisitos de ingresos al país. El muro migratorio instalado por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador tras sus acuerdos con Washington tiene una extensión en los aeropuertos. Las organizaciones de derechos humanos denuncian que estas medidas son discriminatorias y que violan derechos como el acceso al asilo. Animal Político solicitó comentarios al Instituto Nacional de Migración (INM) y a la secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) pero al cierre de la edición no había recibido respuesta.

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Cuatro veces más devoluciones

En total, México obligó a dar la vuelta a 72 mil 895 personas durante 2021, lo que supone una media de casi 200 expulsiones diarias. El número de extranjeros obligados a regresar a su país es cuatro veces mayor que en 2020 (16 mil 286) y más del doble que en 2019 (31 mil 008). Las cifras crecieron exponencialmente desde 2010, cuando apenas 1 mil 650 personas fueron rechazadas en los aeropuertos por considerar el INM que no cumplían con los requisitos para entrar al país. Con más de 12 millones de eventos de entrada en todo un año, los rechazos apenas suponen el 0,5% de las personas que tratan de llegar a México. Sin embargo, en las nacionalidades más castigadas por este control las cifras se disparan hasta el 10% en el caso de los ecuatorianos el último año.

El aeropuerto de la Ciudad de México, con más de 40 mil rechazos, y el de Cancún, Quintana Roo, con casi 30 mil, concentran casi la totalidad de los casos. El siguiente sería del de Monterrey, Nuevo León, donde apenas fueron obligadas a retornar un millar de personas.

El incremento de las personas a las que no se permite entrar en territorio mexicano tiene que ver con el control para evitar la migración a Estados Unidos. El mayor flujo hacia el norte sigue siendo el centroamericano y llega por tierra, a través de la frontera sur. Sin embargo, hay otras nacionalidades que viajan en avión y para quienes México es una parada más en su ruta hacia la frontera. Es el caso de Ecuador, Venezuela, Brasil y Colombia, los cuatro países con mayor número de rechazos en aeropuerto. A los turistas de los tres primeros México ya volvió a imponer visado “para ordenar los flujos migratorios y combatir el abuso por parte de las redes de organizaciones criminales dedicadas al tráfico ilícito de personas”, según explicó la SRE cuando anunció que reactivaba el trámite para ciudadanos brasileños. Esta medida no se ha vuelto todavía contra la población mexicana, que todavía puede viajar a países sudamericanos sin que le exijan los mismos documentos que sus autoridades solicitan.

Uno de cada diez ecuatorianos

Ecuador es el país con mayor número de personas que fueron rechazadas al aterrizar en los últimos tres años. En total fueron devueltas 27 mil 750 desde 2019, aunque el pasado año fue el que más expulsiones se registraron, con 15 mil 544. Esto supone que uno de cada diez ecuatorianos que aterrizaron en México el pasado año fueron devueltos a su país.

Desde finales de 2018 Ecuador estaba exento de visa para sus turistas. La medida, sin embargo, fue considerada como un aliciente para la migración irregular. De hecho, en el año fiscal de 2021 (entre octubre de 2020 y septiembre de 2021), fueron interceptados en la frontera de Estados Unidos un total de 97 mil 074 ecuatorianos. En septiembre, el gobierno mexicano impuso nuevamente la obligación de acceder a una visa a quien viaja desde Ecuador. Entre los requisitos: probar que tiene 2 mil 593 dólares en la cuenta o disponer de una vivienda en propiedad o un empleo estable. La obligación de la visa expira el próximo 22 de marzo, pero es probable que la cancillería decida mantener la medida. Especialmente, si se toma en cuenta su éxito para frenar el flujo migratorio. En agosto de 2021 fueron interceptados por el CBP (Aduanas y Protección Fronteriza, por sus siglas en inglés) 17 mil 682 ecuatorianos, en septiembre fueron 7 mil 419 y en octubre, con la visa ya en vigor, 817.

Venezuela es el segundo país con más rechazos en aeropuerto. En total, 17 mil 410 en los últimos tres años, con un fuerte pico en 2021, donde fueron expulsadas 11 mil 234 personas, lo que supone el 6,55% de las personas que trataron de ingresar. El país sufre una grave crisis política y humanitaria que ha llevado a 5,4 millones de personas a abandonarlo, según datos del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (Acnur). De ellos, algo más de 6 mil pidieron asilo en México el pasado año y poco más de 50 mil fueron interceptados en la frontera de EU. La SRE impuso la visa para la población venezolana el pasado 21 de enero, argumentando que muchos de los que llegaban en avión buscaban, en realidad, alcanzar la frontera norte. El incremento en las dificultades para llegar a México por avión ha provocado que se observen venezolanos en rutas que hasta ahora no transitaban, como la que recorre a pie todo el continente.

Brasil es otro país con un alto número de rechazos y al que México también ha impuesto visa. En este caso la cifra se disparó en 2021, cuando 9 mil 836 personas fueron devueltas (el 3,3% de las que llegaron), mientras que los años previos fueron 1 mil 128 y 2 mil 425. En este caso es probable que haya tenido impacto la migración masiva de personas de origen haitiano con hijos nacidos en Brasil.

El último país es Colombia. En 2021 fueron rechazadas 9 mil 625 personas; en 2020, 3 mil 693 y en 2019, 5 mil 842. Animal Político documentó una de estas expulsiones el pasado mes de diciembre, cuando relató la historia de Edgar Patiño Hormaza. Se trata de un profesor universitario de 67 años que viajaba a La Paz, Baja California Sur, cuando fue detenido, incomunicado y devuelto a Bogotá.

Lee más: Gobierno de AMLO también militariza la detención de migrantes: en 82% participaron soldados y policías

Quejas ante la CNDH

La política de detención y devolución en los aeropuertos ha provocado quejas de las organizaciones de derechos humanos. El caso más relevante fue el de la pareja afgana que viajó desde Turquía para solicitar asilo pero que fue rechazada en la Ciudad de México. Finalmente, cuando los hechos trascendieron, la SRE autorizó su regreso como refugiados. Sin embargo, no todos los casos llegaron a los medios y se desconoce cuántas personas fueron expulsadas antes de poder pedir protección.

“No hay criterios establecidos que expliquen por qué una persona es rechazada y la otra no”, denunció Gretchen Kuhner, directora del Instituto para las Mujeres en Migración (Imumi). En su opinión, esta política viola el derecho a pedir refugio. Además, cuestionó la opacidad existente en los espacios en los que los extranjeros son incomunicados antes de devolverlos a su país.

“Es insostenible el monopolio del INM en estos espacios”, dijo Ana Saiz, directora de Sin Fronteras. “Debería haber presencia de la CNDH, de Comar, de Conapred”, aseguró. Según informó CNDH, entre el 1 de julio y el 22 de diciembre se registraron diez quejas en relación a estos espacios en los aeropuertos: tres de ellas eran por rechazos y otras siete por devolución. Ninguna tiene todavía recomendación. “Hay que revisar los procedimientos, porque parecen muy distintos según las nacionalidades”, advirtió la activista, que consideró que se pueden estar realizando perfiles raciales.

Por último, Saiz consideró que hay que poner el foco en la posible corrupción. El INM reconoció a principios de año que había puesto a disposición del Órgano Interno de Control a 105 funcionarios y puso como ejemplo un caso en el que unas personas de origen venezolano colocaron billetes de 100 dólares en sus pasaportes, lo que puede apuntar a un modus operandi.

El pasado año cerró como el ejercicio con mayor número de detenciones a manos del INM: más de 252 mil sin contar el registro de diciembre. El incremento de expulsiones en los aeropuertos forma parte de este sistema de control migratorio que México niega que sea impuesto por sus acuerdos con EU.

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¡Salta el cráter si hay más bombardeos!: la feroz batalla dentro de la última línea de defensa de Járkiv

El periodista de la BBC Quentin Sommerville, acompañado del camarógrafo Darren Conway, llegaron al frente de batalla de la ciudad de Járkiv, en el este de Ucrania.
18 de marzo, 2022
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La segunda ciudad de Ucrania, Járkiv, ha sido el objetivo constante de los ataques rusos durante tres semanas. Quentin Sommerville, de la BBC, y el camarógrafo Darren Conway informan desde la línea del frente donde las tropas ucranianas continúan repeliendo el avance enemigo.

Entramos en la casa por donde solía estar la puerta trasera. Ahora solo hay una cortina que se mueve con el viento helado. Los propietarios, desaparecidos hace mucho tiempo, podían ver desde ahí las ricas tierras de cultivo al norte de Járkiv, pero gran parte de esas tierras también están irreconocibles.

En la cochera, junto a una patineta abandonada, hay una docena de cajas vacías de algunas de las mejores armas antitanques del mundo. Un soldado ruso muerto yace boca abajo en el jardín delantero.

La casa se ha convertido en una base de primera línea, y las cajas usadas son un indicativo de que los soldados han peleado aquí por sus vidas: una pelea por la independencia de Ucrania.

Hemos obtenido un acceso excepcional al ejército ucraniano que, después de tres semanas de duros combates, sigue firme en las afueras de Járkiv, impidiendo que las fuerzas rusas capturen la segunda ciudad más grande de Ucrania.

Bombardeos constantes

“¿Quieres ir más adelante?”, pregunta Yuri, un comandante del 22º Batallón de Infantería Motorizada del ejército ucraniano, señalando las ruinas de dos vehículos blindados de transporte de personal rusos y las piezas destrozadas de dos de sus tanques.

El batallón se reconstituyó en 2014 después de que Rusia invadió Crimea y respaldó a los separatistas de Donbas.

“Usaron drones, aviones, helicópteros de ataque, todo”, dice Yuri, mientras se oyen proyectiles rusos retumbando, golpeando las carreteras cercanas y los bloques de apartamentos.

La zona de un ataque en Járkiv

BBC
El lugar de un ataque de cohetes rusos Grad (múltiples cohetes lanzados en rápida sucesión) en un vecindario residencial.

Los rusos han seguido atacando y han sido repelidos muchas veces. En su frustración por fallar en su entrada, bombardean día y noche la ciudad, que alguna vez fue el hogar de 1,4 millones de personas.

El suelo está batido y el lodo espeso succiona las botas. Una mirada hacia atrás muestra las estructuras en ruinas de la hilera de casas por las que acabamos de pasar. Los jardines suburbanos se han convertido en campos de batalla como en el pasado de Europa.

“Los primeros tres días fueron los peores. Estaba lloviendo, estábamos cubiertos de barro, parecíamos cerdos”, dice Olexander, de 44 años, que está parado cerca.

Junto a uno de los vehículos blindados de transporte de personal destruidos -en el que su marca Z ya se ha desvanecido- hay un gran cráter de unos 6 m de ancho. El primer día de la invasión, el 24 de febrero, un ataque ruso mató a seis soldados ucranianos en este mismo lugar. Muchos más murieron aquí desde entonces, pero las cifras oficiales no se han publicado.

Un cráter de una bomba rusa en Járkiv

BBC

Una bota militar verde se alza sobre el borde del cráter, un cadáver ruso más allá. Un gran cuervo negro se sienta cerca, imperturbable por el rugido de los bombardeos y los cohetes Grad desde las posiciones rusas.

Los hombres aquí pueden decirte la fecha y la hora precisas en que llegaron al frente, lo que implica que si no estuviste aquí los primeros tres días, no conociste el combate real. “¡Salta al cráter si hay más bombardeos!”, dice Uri.

“Si pasan por aquí, entrarán en Járkiv”

Constantine, de 58 años, fue piloto de la fuerza aérea ucraniana hasta que se jubiló y se convirtió en periodista. Ahora está de vuelta al frente, camina cojeando y usa un palo de escoba roto como apoyo. La metralla rusa hirió su pierna, pero se niega a abandonar el frente.

“Esta es la última línea de defensa de la ciudad, si pasan por aquí, entrarán en Járkiv. Esta carretera te lleva desde Rusia hasta el corazón de la ciudad”, dice.

Olexander

BBC
Olexander, de 44 años, estaba luchando en Donbás.

Resuena un bum y un zumbido cuando un misil guiado por cable vuela justo sobre nuestras cabezas. Entramos en el cráter. El proyectil golpea cerca de la carretera, un gasoducto estalla en llamas.

Mientras nos refugiamos, un soldado de reconocimiento con una cinta azul en el casco nos dice que nos quedemos abajo. Roman tiene 34 años, aunque bromea diciendo que tenía 24 cuando comenzó la guerra hace tres semanas.

Dice que los rusos no se mostrarán ahora: “Son gallinas. Responderemos bien y de forma apropiada”. Se detiene y quiere un selfie. Más tarde nos enteramos de que transportó los cadáveres de sus compañeros caídos en su propio vehículo desde el frente hasta la morgue de la ciudad.

Cuando nos vamos, Constantine atrapa algo en el aire: un alambre de cobre delgado, que se extiende por millas. Sirvió para guiar el misil ruso que acaba de pasar sobre nuestras cabezas.

Nos espera Olexander, de 44 años, de la cercana región de Poltava. Ha estado con la unidad desde su fundación y ha luchado en Donbás.

“Esto es mucho peor”, dice. “Durante los primeros tres días, no podíamos entender lo que estaba pasando. Estábamos perdidos y no podíamos creer lo que sucedía. Pero después de eso nos recuperamos y nos mantenemos firmes y mantendremos nuestras posiciones”, agrega.

Un edificio habitacional dañado por un bombardeo en Járkiv

BBC

Le pregunto por qué está peleando. Se ríe y responde: “Por una Ucrania libre, por mi familia y por ustedes también. Por nuestra independencia y por la paz”.

“Resistan”

Yuri, el comandante, nos lleva de regreso al bloque de apartamentos de la era soviética aún habitados. Rusia dice que vino a Ucrania para desmilitarizar el país, pero aquí vemos lo que eso significa para los civiles. Un bloque de 20 pisos sigue humeando por un ataque ruso, fue hace dos días, según Yuri.

El número oficial de muertes de civiles en Járkiv se situó en 234, incluidos 14 niños, hasta el 16 de marzo. Los últimos días han sido duros, como se nos recordó en un instante.

Una ráfaga de cohetes rusos Grad cayó sobre el vecindario, golpeando a solo unos metros de distancia. Los soldados que nos rodeaban se habían puesto a cubierto y estaban ilesos.

En el mismo complejo de viviendas viven los esposos Svitlana y Sasha. Svitlana tiene 72 años y nos da la bienvenida a su casa, diciendo que no han hablado con nadie en semanas. “Nos alegra que hayas venido”, dice.

Svitlana

BBC
Svitlana. de 72 años, y su marido duermen dos horas por noche en su piso dañado por una bomba.

Su edificio ya ha sido atacado, las ventanas traseras ya no están y duermen en sofás. Descansan unas dos horas por noche, pues el bombardeo es implacable. “Cuando se detiene, es como la primavera”, dice.

Le pregunto si tiene un mensaje para Vladimir Putin. “No”, responde con firmeza. “Me parece que este hombre ya ha perdido la cordura y no piensa con claridad. Porque un humano cuerdo no puede hacer algo así: bombardear a ancianos, niños, jardines de infantes, escuelas, hospitales. Él no entendería lo que digo”.

Pero luego, cuando le pregunto por los hombres que no están lejos de su casa y que defienden la ciudad, llora. “Sí, les estoy muy agradecida por proteger su patria. Resistan muchachos. Siempre los apoyaremos. Son tan valientes, tanto los chicos como las chicas”.

Un soldado ucraniano

BBC

Todavía hay cientos de miles de personas viviendo en Járkiv, a pesar de los bombardeos. Si Rusia y Ucrania son hermanos, como profesa el Kremlin, entonces esto es un fratricidio.

Cuando salimos del vecindario, gran parte está encendido. La furia de Rusia con esta ciudad se ve y se escucha. Por la noche, todo Járkiv está cubierto por una nube de humo, el incesante golpeteo de las armas continúa, pero los defensores aún mantienen al enemigo alejado de las puertas de la ciudad.


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