La panadería como terapia: en ‘Las Panas’, mujeres crean redes solidarias
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La panadería como terapia: en 'Las Panas', mujeres aprenden un oficio y crean redes solidarias

En ‘Las Panas’ no solo se dan talleres y terapia psicológica, sino que también se conecta a las mujeres a una red de establecimientos con causa social.
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Al calor del horno, mujeres se reúnen cada 15 días para conversar acerca de sus vidas, de sus familias, de las violencias que viven y encuentran alternativas terapéuticas en la panadería ‘Las Panas’, donde además se capacitan para aprender y perfeccionar el arte del pan.

Todo comenzó en 2016, en la cocina del departamento en el que vive Rosalía Trujano, fundadora del proyecto. “Cuando me mudé al centro (de la Ciudad de México) llegué a vivir sola y pensé ¿Cómo puedo protegerme? Porque es una zona de mucho comercio, turística, pero también es insegura, sobre todo en las noches. Entonces se me ocurrió invitar a mis vecinas a hacer pan”, cuenta.

Su intención, en principio, era preguntar a sus vecinas acerca de las dinámicas del barrio a donde recientemente se había mudado, y “mapear” -ubicar geográficamente- los sitios que ellas reconocieran como peligrosos para las mujeres.

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“Soy psicóloga y tengo una maestría en trabajo social. Me dedico a hacer programas de intervención en poblaciones vulneradas. Con esa formación, lo primero que se me ocurrió fue hacer un mapeo de lugares inseguros para mujeres, pero no fue así. Como ellas habitaban desde hace mucho tiempo la zona, no les parecía riesgosa, pero me di cuenta que ellas necesitaban hablar de su familia, de cuestiones económicas y de violencias, aunque no las nombraban así”, comenta.

“Y yo, como psicóloga, sentí la necesidad de devolverles algo por esas inquietudes que sacaban en el espacio”.

Panadería solidaria

El proyecto ha tenido diferentes sedes, debido a que la cantidad de mujeres inscritas volvió insuficiente el espacio en el departamento de Rosalía. Actualmente ‘Las Panas’ trabajan en un local ubicado en la colonia Santa María la Rivera.

Gracias a que ha colaborado en organizaciones de la sociedad civil, y actualmente dirige una, Rosalía ha logrado que, desde 2016 a la fecha, el proyecto de panadería y apoyo psicológico para mujeres cuente con presupuesto para operar. Algunas veces con apoyo de financiadoras internacionales, otras de recursos del gobierno capitalino, y también gracias a la venta de los productos que realizan, así como de talleres de panadería.

“Yo no soy panadera, soy aficionada al pan, me encanta comer pan… pero soy psicóloga y lo que hago son metodologías, y dar y apoyar procesos terapéuticos. Por eso busqué a una experta en pan. Con Dari, la primera compañera, empezamos a abrir talleres mucho más estructurados, con ciertos panes y con un programa para hablar sobre autoconocimiento y reconocimiento de violencias”, narra.

Ahora, en ‘Las Panas’ no solo se dan talleres y terapia psicológica, sino que también se conecta a las mujeres que apoyan con otras panaderías, que forman parte de una red de establecimientos con causa social, donde pueden continuar perfeccionando sus habilidades y encontrar trabajo o poner sus propios negocios.

Monserrat, una de las mujeres que participa en el proyecto ‘Las Panas’ , dice que la experiencia en la organización ha sido muy gratificante, porque “no solo se trata del pan, sino del acompañamiento psicológico. Todas las que estamos aquí venimos con alguna situación difícil, o con el estrés de la vida cotidiana”.

Lleva cuatro meses con ellas. Cuenta que llegó al proyecto por una página de Facebook donde se publican sus trabajos y servicios para vender y hacer trueques: “vi que pusieron que tenían un taller de principios de panadería para mujeres del Estado de México con alguna discapacidad visual y apliqué porque soy de Tlalnepantla”.

Antes de eso, la panadería era para ella solo un hobbie: “en mi casa siempre he tratado de hacer recetas, aprender por mi parte, pero no había tenido un curso formal”.

Como traductora freelance, Monserrat se encontraba sin proyectos. Recién había terminado un diplomado y le pareció que la panadería era una oportunidad de buscar nuevas fuentes de ingresos. La terapia fue un extra.

“El trabajo manual, en general, me resulta muy satisfactorio. Me he dado cuenta que aunque siempre es la misma receta y seguimos los mismos pasos, las masas salen diferentes porque cada quien lleva una energía distinta y eso afecta mucho como queda el pan. También es terapéutico estar acompañada de otras mujeres que están pasando por situaciones complicadas”, explica.

“El pan se vuelve un pretexto para juntarnos y darnos un momento para nosotras. Yo no tengo la misma situación que otras mujeres que ya tienen hijos o familias de las que cuidar. Para ellas, es un momento en el que no tienen que pensar en algo más. Solo hacer el pan ya es terapéutico”, dice.

Por el momento, Monserrat es voluntaria en ‘Las Panas’ , y en otra panadería que forma parte de su red. Ahí aprende a hacer nuevas figuras de pan y, a cambio, puede llevar a casa varias de las piezas, para vender o consumir.

“Yo no estoy vendiendo el pan directo, no tengo negocio, pero sí recibo una recompensa. Llevo pan a mi casa y también ayudo a cooperativas. De paso consumo un producto mejor, entonces siento que sí afecta en mi vida y mi economía de forma positiva”.

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 Mujeres que ayudan a mujeres

Además de recibir financiamientos, ‘Las Panas’ trabajan con un modelo de talleres abiertos: algunas mujeres pagan por tomar las clases, y con el dinero que dan ayudan a que aquellas que no cuentan con recursos para costearlas puedan tomarlos también.

Hasta ahora, Rosalía calcula que han pasado alrededor de 500 mujeres a quienes han dado atención gratuita. Además de recibir apoyo psicológico, canalizan a instituciones públicas o con otras organizaciones sociales a quienes requieren de ayuda a largo plazo o de algún tema en particular.

“La mayor pretensión de este proyecto es acompañar a mujeres a que puedan conocer otras formas de relacionarse e ir reconociendo situaciones de violencia. Abrir la posibilidad de que con sus herramientas, y otras nuevas que aprenden, salgan adelante cuando se sientan listas. Que se cree una red de apoyo y que sepan que no están solas”, señala Rosalía.

Actualmente, ‘Las Panas’ anuncian sus talleres y la venta de sus panes a través de redes sociales. Sin embargo, tienen la intención de establecer un local fijo en el que algunas de las mujeres que han pasado por sus hornos puedan encontrar una fuente de empleo.

“Queremos resignificar un espacio que antes era casi obligado para las mujeres, éramos confinadas ahí, pero ahora se sabe que en esos espacios donde se teje y se cocina también se intercambian saberes y emociones. Aparte nos permite resignificar las relaciones entre mujeres”.

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Cómo el estrés puede ser contagioso y qué hacer para evitarlo

El estrés puede alterar los sistemas inmunológico, endocrino y cardiovascular. Y aquellas personas que se enfrentan a situaciones hostiles tuvieron una cicatrización de heridas más lenta, mayor inflamación, mayor presión arterial y cambios en la frecuencia cardíaca.
27 de diciembre, 2021
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Con la avalancha de compras, el gasto de dinero y los viajes para ver a la familia, el estrés puede sentirse inevitable durante las vacaciones.

Es posible que ya sepa que el estrés puede afectar su propia salud, pero es posible que no se dé cuenta de que su estrés, y cómo lo maneja, lo está contagiando. Su estrés puede extenderse, especialmente, a sus seres queridos.

Como psicóloga psicosanitaria, he desarrollado un modelo sobre cómo las parejas y su estrés influyen mutuamente en la salud biológica y psicológica. A través de esa y otras investigaciones, he aprendido que la calidad de las relaciones íntimas es crucial para la salud de las personas.

Un ejemplo: el estrés en las relaciones puede alterar los sistemas inmunológico, endocrino y cardiovascular. Un estudio de recién casados descubrió que los niveles de hormonas del estrés eran más altos cuando las parejas eran hostiles durante un conflicto, es decir, cuando eran críticas, sarcásticas, hablaban con un tono desagradable y usaban expresiones faciales agravantes como voltear los ojos.

Asimismo, en otro estudio, las personas en relaciones hostiles tuvieron una cicatrización de heridas más lenta, mayor inflamación, mayor presión arterial y mayores cambios en la frecuencia cardíaca durante el conflicto.

Los hombres de mediana edad y mayores tenían una presión arterial más alta en momentos en que sus esposas informaron un mayor estrés. Y las parejas que sintieron que no estaban siendo atendidas o comprendidas tenían un bienestar pobre y tasas de mortalidad más altas 10 años después en comparación con aquellas que se sentían más cuidadas y apreciadas por sus parejas.

Hablar, validarse mutuamente.

Getty Images
Hablar, validarse mutuamente.

Conflicto y cortisol

El cortisol es una hormona que juega un papel clave en la respuesta del cuerpo al estrés.

El cortisol tiene un ritmo diurno, por lo que sus niveles suelen ser más altos poco después de despertarse; y luego disminuyen gradualmente durante el día. Pero el estrés crónico puede provocar patrones de cortisol pocos saludables, como niveles bajos de cortisol al despertar o que el cortisol no disminuya mucho al final del día.

Estos patrones están asociados a un aumento en el desarrollo de enfermedades y los riesgos de mortalidad.

Mis colegas y yo descubrimos que el conflicto alteraba los niveles de cortisol de las parejas el día que tenían una disputa: las personas con parejas estresadas que utilizaron comportamientos negativos durante el conflicto tuvieron niveles más altos de cortisol incluso cuatro horas después de que terminó el conflicto.

Estos hallazgos sugieren que discutir con una pareja que ya está estresada podría tener efectos biológicos duraderos para la salud.

Manejando el estrés

Aquí te presentamos tres maneras en que puede reducir el estrés en su relación, durante y después de las vacaciones.

Primero, hablen y valídense mutuamente. Díganle a su pareja que comprende sus sentimientos. Hable de cosas grandes y pequeñas antes de que se intensifiquen.

A veces, las parejas ocultan problemas para protegerse mutuamente, pero esto en realidad puede empeorar las cosas. Comparta sus sentimientos y, cuando su pareja comparta a cambio, no interrumpa.

Recuerde que sentirse cuidado y comprendido por una pareja es bueno para su bienestar emocional y promueve patrones de cortisol más saludables, por lo que estar ahí el uno para el otro y escucharse mutuamente puede tener efectos en la salud tanto para usted como para su pareja.

A continuación, muestre su amor. Abrácense, tomense de la mano y sean amables. Esto también reduce el cortisol y puede hacerte sentir más feliz. Un estudio encontró que una relación satisfactoria puede incluso ayudar a mejorar la respuesta a la vacunación.

Luego, recuerda que eres parte de un equipo. Piensen en soluciones, sean los animadores de los demás y celebren juntos las victorias. Las parejas que se unen para afrontar el estrés están más sanas y más satisfechas con sus relaciones. Por ejemplo: prepare la cena o haga mandados cuando su pareja esté estresada, relajarse y recordar juntos, o probar un nuevo restaurante, baile o clase de ejercicio.

Dicho esto, también es cierto que a veces estos pasos no son suficientes. Muchas parejas seguirán necesitando ayuda para controlar el estrés y superar las dificultades. La terapia de pareja ayuda a los socios a aprender a comunicarse y resolver conflictos de manera efectiva. Es fundamental ser proactivo y buscar la ayuda de alguien que esté capacitado para lidiar con las dificultades continuas de las relaciones.

Entonces, en esta temporada navideña, dígale a su pareja que está ahí para ella, preferiblemente mientras le abraza. Tomen en serio el estrés de los demás y no volteen más los ojos. No es tanto el estrés en sí mismo; es la forma en que ambos manejan el estrés juntos.

Trabajar como un equipo abierto y honesto es el ingrediente clave para una relación sana y feliz, tanto durante la temporada navideña como en el nuevo año.

*Rosie Shrout es profesora adjunta de Desarrollo Humano y Estudios de la Familia en la Universidad Purdue, Estados Unidos.

Esta nota apareció originalmente en The Conversation y se publica aquí bajo una licencia de Creative Commons. Puedes leer el artículo original aquí.


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