‘En México, matar a un periodista es como matar a nadie’: comunicadores
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Ethan M Báez

‘En México, matar a un periodista es como matar a nadie’: comunicadores protestan por agresiones

Hacen un llamado de auxilio ante las agresiones sistemáticas que sufre la prensa en México, donde suman 140 comunicadores asesinados desde el 2000 a la fecha.
Ethan M Báez
Por Manu Ureste, Eréndira Aquino y Siboney Flores
26 de enero, 2022
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Con lemas como “ni silencio ni olvido”, “alto al asesinato de periodistas”, “¡justicia ya!” o “tememos por nuestras vidas”, cientos de comunicadores y de ciudadanos se manifestaron ayer martes en 47 ciudades de 27 estados del país para protestar por los tres asesinatos de periodistas cometidos en tan solo el primer mes del recién estrenado 2022, y para hacer un llamado de auxilio ante las agresiones sistemáticas que sufre la prensa en México, donde suman 140 comunicadores asesinados desde el 2000 a la fecha.

En la capital del país, a las 20 horas, cientos de manifestantes se reunieron con veladoras frente a la puerta principal de la Secretaría de Gobernación, en Bucareli. Ahí, en la fachada del inmueble, se proyectaron las imágenes de periodistas y fotoperiodistas asesinados. Entre el escalofriante carrusel de imágenes, estaban las fotografías de los tres comunicadores asesinados en enero de este año: José Luis Gamboa Arenas, el fotoperiodista Margarito Martínez Esquivel, y Lourdes Maldonado; estos dos últimos, comunicadores de Tijuana, Baja California, que fueron asesinados con tan solo días de diferencia.

Con una cartulina que rezaba ‘No se mata la verdad matando periodistas’, Julio Omar Gómez, comunicador natural de Baja California Sur, gritaba clamando justicia ante el tendedero con fotografías de periodistas y comunicadores muertos a balazos que se instaló frente a las escaleras de la Segob, donde ningún funcionario federal hizo aparición para escuchar y atender los reclamos.

Gómez es un periodista que, como resultado de las agresiones en su contra, tuvo que salir huyendo de Baja California Sur para refugiarse en otra entidad, tras integrarse al Mecanismo de Protección de Periodistas de la Segob. Una instancia, aseguró, que “no está dando resultados”.

“El Gobierno Federal me puso escoltas, cámaras de vigilancia en mi domicilio y un botón de pánico. Pero todo fue insuficiente. Sufrí otra agresión a balazos y tuve que huir de nuevo, luego de que mataran a uno de mis escoltas”, expuso en entrevista el reportero.

“Ni en en el Gobierno Federal pasado, ni tampoco en este, el Mecanismo de Protección no está dando resultados, y la Fiscalía especializada en delitos contra la libertad de expresión, la FEADLE, tampoco”, recalcó el comunicador, que puso como ejemplo más reciente el de Lourdes Maldonado, la periodista de 68 años que fue asesinada a pesar de que estaba inscrita en el Mecanismo estatal de Protección y que contaba, al menos en teoría, con la protección constante de agentes de policía que daban rondines por su domicilio. En cuanto al desempeño de la FEADLE, el periodista recordó que, actualmente, más del 90% de los delitos cometidos en contra de la libertad de expresión permanecen impunes.

“Vemos con rabia e indignación que los crímenes contra periodistas en el país siguen en la impunidad. Matar a un periodista en México es como matar a nadie”, expuso otro grupo de periodistas, que leyeron un comunicado durante la protesta.

En ese grupo estaba Témoris Grecko, quien también expuso el caso de la periodista Lourdes Maldonado como un ejemplo de la inoperancia de los mecanismos para garantizar la seguridad a los trabajadores de la comunicación.

“Casos como el de Lourdes Maldonado, quien notificó al mecanismo estatal que temía por su vida, pone en evidencia no solo la limitada capacidad con la que cuentan los gobiernos para actuar de manera pronta y expedita, e integrar las necesidades y los contextos diferenciados, sino que visibiliza la falta de protección integral”, denunció.

“Ha sido un golpe brutal”

Durante la lectura de posicionamientos y de comunicados, se escuchó la voz de diversos comunicadores de Tijuana, ciudad que está siendo víctima del asedio de la violencia, que está golpeando de manera insistente al gremio periodístico en lo poco que va de 2022.

“Dos asesinatos en cuestión de días ha sido un golpe brutal”, planteó vía telefónica Gabriela Córdova. “No habíamos tenido tiempo aún de procesar el asesinato de Margarito Martínez… cuando asesinan a la compañera Lourdes Maldonado. No nos permitieron ni procesar el dolor”.

Al terminar la participación de Gabriela, los presentes corearon “No están solos” y “Justicia”.

Lee: A Lourdes Maldonado la asesinaron frente a su casa, el lugar donde pidió al Mecanismo de Protección que la cuidara

Isaid Lara Bermúdez, también reportero de Tijuana, insistió en una de las denuncias que más se escucharon durante la protesta: “El Mecanismo de Protección no sirve para nada, como tampoco sirve el botón de pánico”.

“Estamos tristes. Los asesinatos de nuestros compañeros convulsionaron a la ciudad de Tijuana, y también al país y a nuestros corazones”, agregó el comunicador, que hizo hincapié en que se mantendrá la exigencia de justicia.

“No bajaremos la voz -advirtió-. Exigimos que se detengan a los autores materiales de los homicidios, y también de quienes ordenaron los asesinatos de los periodistas”.

Exigen mejores condiciones laborales

Durante la protesta, también se escucharon reclamos para que los medios de comunicación mejoren las condiciones laborales de los comunicadores.

“Estamos aquí porque no puede continuar esta situación de violencia continua, de asesinatos, en todo el país -planteó la periodista Sonia Sierra-. Pero también estamos protestando en contra de la situación de precarización del trabajo de los periodistas, porque esa es otra forma de violencia en contra del gremio”.

Además de periodistas de Tijuana, también se escucharon las voces de comunicadores desplazados de Guerrero y de Tlaxcala, que contaron que tuvieron que salir desplazados de sus estados, huyendo, separados de sus familias, ante las amenazas de muerte recibidas por su trabajo. Otros dijeron que continúan trabajando, pero en condiciones de mucho riesgo.

Todos coincidieron en la necesidad de que los medios de comunicación brinden mayores garantías de seguridad a los trabajadores, les den mejores condiciones laborales -como prestaciones de ley-, y que haya justicia para las víctimas de homicidio o desaparición.

Lee: México y Afganistán son, un año más, los países más peligrosos para los periodistas

Además de periodistas, comunicadores, fotógrafos, y camarógrafos, al evento de protesta convocado ayer frente a Segob también asistieron activistas y ciudadanos que también exigieron un alto a las agresiones.

Víctor Romero, profesor, dijo que acudió a la manifestación en solidaridad con un gremio que considera “clave” para que la sociedad permanezca informada.

“Están viviendo una situación dramática. Y es algo sumamente grave, porque el periodista es el eslabón que permite que una sociedad esté informada. Cuando se calla a un periodista, toda la sociedad se ve afectada”, recalcó el profesor, mientras a su alrededor continuaban los gritos de “¡justicia, justicia!”, al tiempo que sobre la fachada de la Segob transcurrían lentamente los rostros de los comunicadores asesinados.

Protestas en Jalisco y otros estados

En Guadalajara, periodistas, estudiantes y público en general se manifestaron en la Plaza de Armas. Hicieron un pase de lista de los 148 periodistas que han sido asesinados en México.

La periodista Jade Ramírez, fundadora de Perimetral Press y quien ha vivido las amenazas en carne propia, urgió a las autoridades investigaciones serias y contundentes.

“Vemos con rabia e indignación que los crímenes siguen en la impunidad. Matar a un periodista en México, es como matar a nadie. Lejos de que haya investigaciones serias por parte de la Fiscalía de los estados y la Feadle. Lejos estamos de que haya justicia y la cifra va en aumento”, dijo Jade.

Los manifestantes cruzaron la calle para estar en el Palacio de Gobierno, donde colocaron velas, carteles y fotografías de Margarito Martínez, Lourdes Maldonado y Jesús Luis Gamboa.

Lee: Asesinan al fotoperiodista Margarito Martínez Esquivel en Tijuana, Baja California

Pero al ver la presencia de la policía del recinto, decidieron mover nuevamente los cartelones hacia la Plaza de Armas por miedo a que les tirarán el material.

En Jalisco han asesinado a tres periodistas. José Reyes Brambila (septiembre de 2005), José Emilio Galindo Robles (noviembre de 2009) y Jonathan Rodríguez Córdova (mayo de 2017).

Artículo 19 ha documentado que entre 2018 y 2021 hubo 65 agresiones a periodistas en dicho Estado.

De acuerdo con el libro Romper Silencio, medios como Letra Fría, un semanario en Autlán de Navarro, en el sur del Estado y Decisiones, un medio digital en Ocotlán, en la región ciénega, decidieron no abordar a profundidad los temas de seguridad y los vinculados al narco. El primero por amenazas directas a manos del crimen organizado, el segundo como autocensura por seguridad del equipo.

En Puebla, al menos 50 periodistas y activistas se reunieron en la puerta del atrio de la Catedral exigiendo justicia por los asesinatos de sus compañeros. “’¡No se mata la verdad!”, o “sin más periodistas en sus listas”, fueron algunos de los reclamos que se escucharon.

En Playa del Carmen, Chetumal y en Benito Juárez, en Quintana Roo, periodistas también leyeron pronunciamientos para exigir justicia y un alto a la violencia contra la prensa. También hubo protestas en ciudades como Córdoba, Coatzacoalcos, Minatitlán y Acayucan, en Veracruz, y en otros estados como Chiapas, Sinaloa, o el Estado de México, entre otros.

 

 

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¡Salta el cráter si hay más bombardeos!: la feroz batalla dentro de la última línea de defensa de Járkiv

El periodista de la BBC Quentin Sommerville, acompañado del camarógrafo Darren Conway, llegaron al frente de batalla de la ciudad de Járkiv, en el este de Ucrania.
18 de marzo, 2022
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La segunda ciudad de Ucrania, Járkiv, ha sido el objetivo constante de los ataques rusos durante tres semanas. Quentin Sommerville, de la BBC, y el camarógrafo Darren Conway informan desde la línea del frente donde las tropas ucranianas continúan repeliendo el avance enemigo.

Entramos en la casa por donde solía estar la puerta trasera. Ahora solo hay una cortina que se mueve con el viento helado. Los propietarios, desaparecidos hace mucho tiempo, podían ver desde ahí las ricas tierras de cultivo al norte de Járkiv, pero gran parte de esas tierras también están irreconocibles.

En la cochera, junto a una patineta abandonada, hay una docena de cajas vacías de algunas de las mejores armas antitanques del mundo. Un soldado ruso muerto yace boca abajo en el jardín delantero.

La casa se ha convertido en una base de primera línea, y las cajas usadas son un indicativo de que los soldados han peleado aquí por sus vidas: una pelea por la independencia de Ucrania.

Hemos obtenido un acceso excepcional al ejército ucraniano que, después de tres semanas de duros combates, sigue firme en las afueras de Járkiv, impidiendo que las fuerzas rusas capturen la segunda ciudad más grande de Ucrania.

Bombardeos constantes

“¿Quieres ir más adelante?”, pregunta Yuri, un comandante del 22º Batallón de Infantería Motorizada del ejército ucraniano, señalando las ruinas de dos vehículos blindados de transporte de personal rusos y las piezas destrozadas de dos de sus tanques.

El batallón se reconstituyó en 2014 después de que Rusia invadió Crimea y respaldó a los separatistas de Donbas.

“Usaron drones, aviones, helicópteros de ataque, todo”, dice Yuri, mientras se oyen proyectiles rusos retumbando, golpeando las carreteras cercanas y los bloques de apartamentos.

La zona de un ataque en Járkiv

BBC
El lugar de un ataque de cohetes rusos Grad (múltiples cohetes lanzados en rápida sucesión) en un vecindario residencial.

Los rusos han seguido atacando y han sido repelidos muchas veces. En su frustración por fallar en su entrada, bombardean día y noche la ciudad, que alguna vez fue el hogar de 1,4 millones de personas.

El suelo está batido y el lodo espeso succiona las botas. Una mirada hacia atrás muestra las estructuras en ruinas de la hilera de casas por las que acabamos de pasar. Los jardines suburbanos se han convertido en campos de batalla como en el pasado de Europa.

“Los primeros tres días fueron los peores. Estaba lloviendo, estábamos cubiertos de barro, parecíamos cerdos”, dice Olexander, de 44 años, que está parado cerca.

Junto a uno de los vehículos blindados de transporte de personal destruidos -en el que su marca Z ya se ha desvanecido- hay un gran cráter de unos 6 m de ancho. El primer día de la invasión, el 24 de febrero, un ataque ruso mató a seis soldados ucranianos en este mismo lugar. Muchos más murieron aquí desde entonces, pero las cifras oficiales no se han publicado.

Un cráter de una bomba rusa en Járkiv

BBC

Una bota militar verde se alza sobre el borde del cráter, un cadáver ruso más allá. Un gran cuervo negro se sienta cerca, imperturbable por el rugido de los bombardeos y los cohetes Grad desde las posiciones rusas.

Los hombres aquí pueden decirte la fecha y la hora precisas en que llegaron al frente, lo que implica que si no estuviste aquí los primeros tres días, no conociste el combate real. “¡Salta al cráter si hay más bombardeos!”, dice Uri.

“Si pasan por aquí, entrarán en Járkiv”

Constantine, de 58 años, fue piloto de la fuerza aérea ucraniana hasta que se jubiló y se convirtió en periodista. Ahora está de vuelta al frente, camina cojeando y usa un palo de escoba roto como apoyo. La metralla rusa hirió su pierna, pero se niega a abandonar el frente.

“Esta es la última línea de defensa de la ciudad, si pasan por aquí, entrarán en Járkiv. Esta carretera te lleva desde Rusia hasta el corazón de la ciudad”, dice.

Olexander

BBC
Olexander, de 44 años, estaba luchando en Donbás.

Resuena un bum y un zumbido cuando un misil guiado por cable vuela justo sobre nuestras cabezas. Entramos en el cráter. El proyectil golpea cerca de la carretera, un gasoducto estalla en llamas.

Mientras nos refugiamos, un soldado de reconocimiento con una cinta azul en el casco nos dice que nos quedemos abajo. Roman tiene 34 años, aunque bromea diciendo que tenía 24 cuando comenzó la guerra hace tres semanas.

Dice que los rusos no se mostrarán ahora: “Son gallinas. Responderemos bien y de forma apropiada”. Se detiene y quiere un selfie. Más tarde nos enteramos de que transportó los cadáveres de sus compañeros caídos en su propio vehículo desde el frente hasta la morgue de la ciudad.

Cuando nos vamos, Constantine atrapa algo en el aire: un alambre de cobre delgado, que se extiende por millas. Sirvió para guiar el misil ruso que acaba de pasar sobre nuestras cabezas.

Nos espera Olexander, de 44 años, de la cercana región de Poltava. Ha estado con la unidad desde su fundación y ha luchado en Donbás.

“Esto es mucho peor”, dice. “Durante los primeros tres días, no podíamos entender lo que estaba pasando. Estábamos perdidos y no podíamos creer lo que sucedía. Pero después de eso nos recuperamos y nos mantenemos firmes y mantendremos nuestras posiciones”, agrega.

Un edificio habitacional dañado por un bombardeo en Járkiv

BBC

Le pregunto por qué está peleando. Se ríe y responde: “Por una Ucrania libre, por mi familia y por ustedes también. Por nuestra independencia y por la paz”.

“Resistan”

Yuri, el comandante, nos lleva de regreso al bloque de apartamentos de la era soviética aún habitados. Rusia dice que vino a Ucrania para desmilitarizar el país, pero aquí vemos lo que eso significa para los civiles. Un bloque de 20 pisos sigue humeando por un ataque ruso, fue hace dos días, según Yuri.

El número oficial de muertes de civiles en Járkiv se situó en 234, incluidos 14 niños, hasta el 16 de marzo. Los últimos días han sido duros, como se nos recordó en un instante.

Una ráfaga de cohetes rusos Grad cayó sobre el vecindario, golpeando a solo unos metros de distancia. Los soldados que nos rodeaban se habían puesto a cubierto y estaban ilesos.

En el mismo complejo de viviendas viven los esposos Svitlana y Sasha. Svitlana tiene 72 años y nos da la bienvenida a su casa, diciendo que no han hablado con nadie en semanas. “Nos alegra que hayas venido”, dice.

Svitlana

BBC
Svitlana. de 72 años, y su marido duermen dos horas por noche en su piso dañado por una bomba.

Su edificio ya ha sido atacado, las ventanas traseras ya no están y duermen en sofás. Descansan unas dos horas por noche, pues el bombardeo es implacable. “Cuando se detiene, es como la primavera”, dice.

Le pregunto si tiene un mensaje para Vladimir Putin. “No”, responde con firmeza. “Me parece que este hombre ya ha perdido la cordura y no piensa con claridad. Porque un humano cuerdo no puede hacer algo así: bombardear a ancianos, niños, jardines de infantes, escuelas, hospitales. Él no entendería lo que digo”.

Pero luego, cuando le pregunto por los hombres que no están lejos de su casa y que defienden la ciudad, llora. “Sí, les estoy muy agradecida por proteger su patria. Resistan muchachos. Siempre los apoyaremos. Son tan valientes, tanto los chicos como las chicas”.

Un soldado ucraniano

BBC

Todavía hay cientos de miles de personas viviendo en Járkiv, a pesar de los bombardeos. Si Rusia y Ucrania son hermanos, como profesa el Kremlin, entonces esto es un fratricidio.

Cuando salimos del vecindario, gran parte está encendido. La furia de Rusia con esta ciudad se ve y se escucha. Por la noche, todo Járkiv está cubierto por una nube de humo, el incesante golpeteo de las armas continúa, pero los defensores aún mantienen al enemigo alejado de las puertas de la ciudad.


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https://www.youtube.com/watch?v=zCY05LVIK6Y

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