Reservan 3 años información sobre incendio en el ‘cerebro’ del Metro
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Reservan -hasta fin de gobierno de Sheinbaum- información sobre incendio en 'cerebro' del Metro

Autoridades del Metro señalaron que la información sobre el incendio no puede ser proporcionada, porque de hacerlo se entorpecerían las investigaciones al respecto.
Cuartoscuro
7 de enero, 2022
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Durante 2021 el Metro de la CDMX enfrentó dos de las peores tragedias suscitadas en sus 52 años de operación: el incendio del Puesto Central de Control (PCC 1) y el colapso de una parte del viaducto elevado de la Línea 12.

Sin embargo, mientras que para lo sucedido en la línea dorada se habilitó una página web con toda la información de construcción y mantenimiento de la línea, así como los dictámenes hechos tras la tragedia que cobró la vida de 26 personas, conocer qué pasó en el “cerebro” del Metro -antes y después del incendio que lo consumió el 9 de enero de 2021, incluidos dictámenes y bitácoras, e incluso fotografías- no es posible porque el Comité de Transparencia del Metro decidió reservar toda la información por un periodo de tres años -plazo máximo permitido en la Ley de Transparencia local-, lo que coincide con la conclusión de la actual administración encabezada por Claudia Sheinbaum.

Qué equipos había y resultaron dañados, los reportes de maniobras, fallas y averías de estos; los reportes diarios de trabajo, manuales y reglamentos de operación, los instructivos para la atención de accidentes relevantes, las fotografías después del accidente, los dictámenes parciales y anexos del incendio que consumió el PCC 1, así como los dictámenes posteriores al incendio son los principales documentos y registros que, aunque existen, las autoridades del Metro decidieron reservar.

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Según se expone en el oficio UT/4383/2021 -el cual recibió Animal Político como respuesta a una solicitud de transparencia- esta información no puede ser proporcionada porque de hacerlo se entorpecería el trabajo que lleva a cabo el Comité para la Investigación de Incidentes Relevantes del Metro, esto a pesar de que la Fiscalía General de Justicia de la CDMX -aunque mantiene una carpeta abierta por los hechos- se pronunció 40 días después del siniestro dando cuenta de que -según sus investigaciones- el incendio se debió a un cortocircuito “accidental, fortuito y no previsible”.

El 19 de febrero de 2021, en videoconferencia, expertos de la Fiscalía capitalina subrayaron que el siniestro no estuvo relacionado con falta de mantenimiento al inmueble o equipos, y detallaron que a pesar de que entró en funcionamiento el sistema de supresión de incendios, no fue suficiente por la magnitud del fuego. Según explicaron, en el momento más crítico del incendio se alcanzaron hasta los mil 500 grados centígrados y el fuego se propagó a toda velocidad incendiando cinco de los seis piso del edificio.

Animal Político solicitó conocer los resultados del dictamen estructural del edificio siniestrado y que el Sistema de Transporte Colectivo (STC) contrató el 8 de marzo de 2021 -dos meses después del siniestro-. De acuerdo al contrato SDGM-GOM-AD-1-01/21, el Metro pagó 4 millones 474 mil pesos a la sociedad mercantil Administradora de Ingeniería del Centro S.A. de C.V. para lleva a cabo esta labor, sin embargo, la Gerencia Jurídica del Metro, a través de la unidad de transparencia del organismo, informó que no puede entregar los resultados del dictamen estructural -ni nada relativo al incendio del PCC 1-.

Incluso, se proporcionaron ocho folios de distintas solicitudes de información pública que se hicieron después del incendio, precisando que ni lo que solicitó Animal Político -ni lo que otras ocho personas han pedido- se podrá entregar pues todo se encuentra reservado.

El acuerdo y la reserva

“Después del análisis efectuado a los documentos solicitados (dictamen estructural del edificio siniestrado) se advirtió que se encuentra inmersa información de acceso restringido en su modalidad de confidencial, pues forma parte y está integrada dentro de las investigaciones en curso llevadas a cabo por el Comité para la Investigación de Incidentes Relevantes del Sistema de Transporte Colectivo, información reservada en la Tercera Sesión Ordinaria del Comité de Transparencia del STC realizada el 12 de agosto de 2021”, informó Óscar José Cadena Delgado, gerente jurídico del Metro, en la respuesta de información pública que entregaron.

Según se expone, tras el incendio en el edificio sede del Metro en donde perdió la vida una mujer policía y la mitad de la red quedó fuera de servicio porque la subestación eléctrica y demás controles se quemaron, la unidad de transparencia del organismo comenzó a recibir diversas solicitudes de información pública las cuales fueron remitidas a las áreas correspondientes para darles respuestas, sin embargo, estas mismas áreas solicitaron que se convocara al Comité de Transparencia para proceder a reservar la información por “formar parte y estar integrada dentro de las investigaciones en curso llevadas a cabo por el Comité para la Investigación de Incidentes Relevantes”.

El Comité de Transparencia del Metro se reunió el 12 de agosto de 2021 y en el acuerdo 2021/SO/III/3 quedó enlistada toda la información que será reservada hasta agosto de 2024, -información que hay que subrayar- fue solicitada por particulares a través de ocho solicitudes de información pública.

A fin de evitar que se sigan enviando solicitudes de información pública en las que se pidan detalles del Puesto Central de Control antes, durante y después del incendio, la Gerencia Jurídica del Metro compartió los folios y solicitudes puntuales que se han hecho subrayando que la información que no esté contenida dentro de ellas será considerada como información pública.

Sin embargo, basta revisar el listado proporcionado para confirmar que prácticamente toda la información relativa al Puesto Central de Control -y no sólo al incendio del 9 de enero de 2021- está reservada.

Por ejemplo, en la solicitud que quedó registrada en el folio 0325000003221 se pide conocer de la subestación eléctrica Buen Tono -que fue donde inició el incendio que consumió el edificio central del Metro- la marca, modelo y año de los equipos que la integraban, así como el plan de mantenimiento (diario, semanal, mensual o anual). Según lo aprobado por el Comité de Transparencia esta información deberá permanecer reservada por tres años.

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En otras dos solicitudes -registradas con folios distintos- se pide el inventario de los equipos o máquinas que eran necesarias para la operación y control de actividades, así como los registros de los que resultaron dañados por el incendio, pero también se trata de información no disponible.

Información reservada también son los reportes diarios correspondiente al mantenimiento de los sistemas de red contra incendios entre 2019 y 2020 y que fue solicitada por un particular y quedó registrada bajo el folio 0325000015921.

Directamente sobre el incendio del PCC 1, se ingresaron distintas solicitudes de información en las que se pedían “todos los dictámenes periciales y anexos de la explosión en el centro de mando del Metro”, así como “todas las fotografías de todos los equipos dañados”. También los registros, bitácoras, reportes, libros de fallas o cualquier documento emitido por la Coordinación de Protección Civil durante el incendio del 9 de enero; la tarjeta informativa de atención del incidente, así como el informe general de éste, pero todo ha sido clasificado como información reservada.

“Este órgano colegiado aprueba que la información se reserve por un periodo de tres años quedando la dirección de ingeniería y desarrollo tecnológico y la coordinación de servicios jurídicos, ambas del Sistema de Transporte Colectivo bajo resguardo de los expedientes de investigación del comité para la investigación de incidentes relevantes y de la carpeta de investigación abierta en la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México”, se concluye en el acuerdo 2021/SO/III/3.

Es importante subrayar que en el listado de solicitudes realizadas en las que se pide información del PCC 1 que se determinó estará reservada por un periodo de 3 años no se encuentra la solicitud hecha por Animal Político sobre el dictamen estructural del edificio siniestrado que el Metro contrató después del incendio, sin embargo, la Gerencia Jurídica del organismo determinó adherirse al acuerdo del Comité de Transparencia para no proporcionar los resultados del dictamen en cuestión.

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El enigma de los cubos de uranio que los nazis utilizaban para crear su programa nuclear

La carrera nuclear entre Alemania y Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial tiene un misterioso capítulo. Para algunos es solo una curiosidad histórica, para otros fue el comienzo de la peligrosa era en la que hoy está sumergida la humanidad.
4 de diciembre, 2021
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En la Segunda Guerra Mundial, Alemania y Estados Unidos competían en una feroz batalla para ver quién lograba desarrollar primero un programa nuclear.

En los primeros años de la década de los 40 varios equipos de científicos alemanes comenzaron a producir miles cubos de uranio que serían el núcleo de los reactores que estaban desarrollando como parte del incipiente programa nuclear nazi.

Los alemanes estaban lejos de lograr una bomba atómica, pero confiaban en que estos experimentos les sirvieran para ponerse en ventaja sobre Estados Unidos.

De hecho, la fisión nuclear fue descubierta en 1938 en Berlín.

Fueron los alemanes Otto Hahn y Fritz Strassmann los primeros en saber cómo se podía dividir un átomo, y que al hacerlo se liberaría una gran cantidad de energía.

Años después, sin embargo, el Proyecto Manhattan y su bomba atómica demostró que en realidad los estadounidenses estaban muchísimo más adelantados que los alemanes en tecnología atómica.

Los cubos de uranio, sin embargo, guardan claves sobre el secretismo y el recelo entre ambos países por la carrera nuclear.

Dispositivo para lograr fisión nuclear.

Getty
La fisión nuclear se descubrió en Alemania en 1938.

Hoy es un misterio el paradero de la inmensa mayoría de los miles de cubos que se fabricaron.

“Es difícil saber lo que ocurrió con estos cubos”, le dice a BBC Mundo Alex Wellerstein, historiador especialista en armas nucleares del Instituto de Tecnología Stevens, en Estados Unidos.

“Los registros que hay no son los mejores”.

En Estados Unidos, solo se han identificado una decena de ellos, lo cual los convierte en un preciado tesoro para los investigadores que intentan reconstruir los comienzos de la era nuclear.

Experimento fallido

Uno de los equipos que experimentaban con los cubos de uranio estaba liderado por el físico Werner Heisenberg, pionero de la mecánica cuántica y ganador del Nobel en 1932.

Werner Heisenberg

Getty
Werner Heisenberg lideraba uno de los laboratorios donde se experimentaba con los cubos de uranio.

El proyecto de Heisenberg y sus colegas consistía en atar 664 de estos cubos de 5 cm a unos cables colgantes y sumergirlos en agua pesada.

El agua pesada está formada por oxígeno y deuterio, un isótopo del hidrógeno que tiene el doble de masa que el hidrógeno ordinario.

La idea es que al sumergir los cubos se desatara una reacción en cadena, pero el experimento no funcionó.

Según Timothy Koeth, investigador de la Universidad de Maryland que le ha seguido el rastro a los cubos, Heisenberg habría necesitado 50% más de uranio y mayor cantidad de agua pesada para que el diseño funcionara.

“A pesar de ser el lugar de nacimiento de la física nuclear y tener casi dos años de ventaja respecto a EE.UU., no había una amenaza inminente de una Alemania nuclear al final de la guerra”, dice Koeth en un artículo del Instituto Estadounidense de Física.

Bomba nuclear

Getty
El desarrollo de la bomba atómica demostró que Estados Unidos tenía un programa nuclear mucho más avanzado que Alemania.

Material confiscado

En 1945, mientras los alemanes intentaban refinar sus esfuerzos, Estados Unidos y los Aliados ganaron la guerra.

En ese momento, Estados Unidos conformó una misión para recolectar información y confiscar material relacionado con los avances de los alemanes en materia nuclear.

Así fue como tropas estadounidenses llegaron hasta el laboratorio de Heisenberg en la pequeña población de Haigerloch.

Más de 600 cubos de uranio fueron confiscados y enviados a Estados Unidos, según un informe del Laboratorio Nacional del Noroeste Pacífico de Estados Unidos (PNNL, por sus siglas en inglés).

La idea era conocer qué tan avanzados estaban los alemanes en tecnología nuclear y también evitar que los cubos cayeran en manos de los soviéticos, según explica Wellerstein.

Al final, a los científicos estadounidenses el hallazgo de los cubos les sirvió para darse cuenta de que los alemanes estaban rezagados en materia nuclear.

Perdidos

Hoy todavía se desconoce el paradero de la gran mayoría de los cubos.

Se cree que varios de ellos se utilizaron en el desarrollo de armas nucleares de Estados Unidos.

Según Wellerstein, algunas personas comenzaron a regalar los cubos como souvenires, otros científicos los utilizaron como material de análisis y otros cayeron en el mercado negro.

Otros más permanecen como material de colección.

En 2019, la revista Physics Today logró rastrear la ubicación de 7 cubos que según quienes los tienen pertenecieron a los experimentos nucleares de los nazis.

Tres de ellos están en Alemania: uno en el Museo Atomkeller, en Haigerloch, donde antes estuvo el laboratorio de Heinsenberg; otro está en el Museo de Mineralogía de la Universidad de Bonn; y el tercero en la Oficina Federal de Protección contra la Radiación, en Berlín.

Otros dos están en el Museo Nacional de Historia Americana en Washington D.C.; y otro en la Universidad de Harvard.

La revista indica que al parecer un sexto cubo estuvo Instituto Tecnológico de Rochester, pero debido a un cambio en las normas de almacenamiento de material radioactivo, el cubo fue desechado.

Un séptimo cubo está en manos del PNNL, y aunque se le conoce como “el cubo de Heisenberg”, los investigadores no están 100% seguros de su procedencia.

Otro de los cubos lo tiene el propio Koeth, quien lo recibió como un curioso regalo de cumpleaños en 2013.

Brittany Robertson

ANDREA STARR/PNNL
Brittany Robertson trabaja en la identificación de los cubos de uranio.

Koeth colabora junto con el PNNL para averiguar el paradero de los cientos o miles de cubos que aún permanecen perdidos y para conocer más detalles acerca de cómo llegaron a Estados Unidos.

En busca del pedigrí

Más allá de su valor histórico y simbólico, “realmente los cubos no son muy valiosos, no puedes hacer nada con ellos“, dice Wellerstein.

Tampoco son peligrosos, ya que generan una radiación muy débil. Después de agarrar uno de ellos, “basta con lavarte las manos”, dice el experto.

En agosto de 2021, Jon Schwantes y Brittany Robertson, investigadores del PNNL, presentaron un proyecto en el que describen cómo trabajan para identificar el “pedigrí” de varios de los cubos que se han encontrado.

Según explica Schwantes, la idea es comparar distintos cubos e intentar clasificarlos.

Hiroshima

Getty
Estados Unidos desarrolló su programa nuclear en parte por miedo a los avances de los nazis en esta tecnología. (Foto de Hiroshima tras la bomba atómica de 1945).

Para ello, combinan métodos forenses y radiocronometría, que es la versión nuclear de la técnica que utilizan los geólogos para determinar la edad de una muestra con base en el contenido de isótopos radioactivos.

Miedo

Los expertos coinciden en que Estados Unidos desarrolló velozmente su programa nuclear en gran parte por miedo a que los alemanes lo lograran antes que ellos.

Y aunque algunos ven estos cubos como una curiosidad histórica, otros lo ven como el desencadenante de la peligrosa era de armas nucleares en la que hoy está atrapada el mundo.

“Las armas nucleares, la energía nuclear, la Guerra Fría, el planeta como un rehén nuclear, todo esto fue motivado por el esfuerzo que se generó a partir de estos 600 y tantos cubos” dice Koeth en un artículo de la cadena NPR.

En todo caso las dos grandes preguntas sobre cientos o miles de estos cubos siguen sin respuesta: cuántos existen todavía y dónde están.


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