COVID-10 en México: se cumplen dos años del primer caso
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COVID-19 en México: a dos años del primer caso, aún faltan meses para salir de la pandemia

El nivel de contagios registrados diariamente —que en promedio es de 20 mil— señala que el descenso de la enfermedad todavía es lento y que no se deben dejar de lado las medidas preventivas, señalan especialistas en salud.
Cuartoscuro
28 de febrero, 2022
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A dos años de que se detectó el primer contagio de COVID-19 en México, el número de casos va en descenso, pero el nivel de transmisión todavía se mantiene en un rango similar al de la segunda o tercera ola (con 20 mil nuevos contagios registrados al día, en promedio). Estas cifras indican que la disminución seguirá, aunque aún faltan meses para que el país salga de la pandemia, coinciden especialistas en salud. 

Sobre si el control de esta cuarta ola con una variante menos agresiva como Ómicron significa que la pandemia está próxima a su fin y COVID-19 se volverá una enfermedad endémica como la influenza (que se repite con frecuencia pero con pocos casos), los expertos concuerdan en que aún falta tiempo para eso y, por ello, ni las autoridades ni la población deben bajar la guardia. 

“Lo que se esperaría es que (la bajada del pico de Ómicron) ya signifique la salida de la etapa epidémica, pero eso no significa que se va a acabar el problema, ni que vaya a haber un día específico en que se pueda decir ‘ya se acabó la epidemia’; va a haber un cambio paulatino y no todas las regiones del país van a salir al mismo tiempo”, advierte Alejandro Macías, infectólogo y excomisionado contra la influenza en el país. 

En México, el primer caso de COVID-19 se detectó de forma oficial el 28 de febrero de 2020, hace exactamente dos años. Cuatro olas con altos picos de contagios y muertes han afectado desde entonces al país, que hasta ahora acumula 5 millones 506 mil 105 casos y 318 mil 86 defunciones oficialmente reconocidas

De acuerdo con información de la Universidad Johns Hopkins, México se encuentra en el noveno lugar mundial de mortalidad por COVID-19, con 249.28 muertes por cada 100 mil habitantes. El país está solo debajo de Perú (647.20), Rumania (326.99), Brasil (307.60), Polonia (293.06), Estados Unidos (288.88), Argentina (280.49), Italia (256.09) y Ucrania (253.37).

Macías asegura que lo más probable es que en México durante marzo siga aumentando el número de muertes o que este entre en una meseta, porque los pacientes que se ponen graves mueren varias semanas después y hay retraso en el reporte oficial de fallecimientos. 

Este sábado 26 de febrero, la Secretaría de Salud confirmó 331 muertes más por COVID-19 en un solo día, mientras que este domingo se sumaron otras 72.

Aunque la variante Ómicron parece más segura, explica Alejandro Sánchez, maestro en Ciencias Biomédicas e investigador del Instituto de Biotecnología de la UNAM, un mayor número de casos —como el que se ha presentado— impacta en la letalidad y la mortalidad, que están asociadas a la transmisión. “No es lo mismo que muera el 10% de 100 mil personas que el 10% de 1 millón”, expone. 

La vacunación: un desafío pendiente

Por las cifras actuales, el panorama es que no se puede volver a la normalidad todavía. Para cortar la transmisión, dice Sánchez, se requiere que 87% de la población esté vacunada, en todos los grupos, y eso no se ha logrado. 

“No llegaremos a ese porcentaje mientras no se vacune a los niños. Ya hay evidencia científica a nivel mundial para afirmar que es seguro inmunizar a los menores de cinco años en adelante, pero las autoridades no han autorizado la vacuna para menores ni han hecho las gestiones para la compra”, señala Sánchez, también integrante del Consorcio Mexicano de Vigilancia Genómica (CoViGenMex). 

Respecto de la vacunación, México está en un nivel medio alto. En el país, según datos de la Universidad Johns Hopkins, está completamente vacunado el 61.8% de la población. Estados Unidos tiene 65.6%, Canadá registra 82.1%, China lleva 88.3% y Rusia tiene 49.6%, mientras que Nigeria lleva solo 3.8% de su población con esquema completo y Etiopía el 3.3%. 

El otro problema de que sigan los contagios altos es lo que se conoce como COVID largo, las secuelas de la infección que persisten durante varios meses y pueden ir desde fatiga hasta afecciones neurológicas como pérdida de memoria y otras. 

Lee: Long COVID: Las secuelas identificadas por médicos y pacientes tras infecciones de coronavirus

En esta cuarta ola, dice Andreu Comas, epidemiólogo, maestro en Ciencias de la Salud y también integrante del CoViGenMex, se infectó aproximadamente el 34% de la población. Eso hará que aumenten más los casos de COVID largo. “Vamos a tener una gran cantidad de personas que requieran atención por esto y habrá mayor presión en un sistema de salud que de por sí ya está presionado”, alerta. 

Hay evidencia suficiente, explica Sánchez, de que está variante se aloja en las vías respiratorias altas, más que en los pulmones, pero puede invadir otros tejidos y órganos, como el riñón y el corazón, “así que por supuesto que puede dejar secuelas y eso seguirá siendo un problema para el sistema de salud”. 

¿Cuándo COVID-19 será como la influenza?

Macías asegura que todavía no se espera que marzo sea un mes en el que haya un cambio franco hacia una presentación endémica de COVID-19, como la influenza, pero sí que el número de casos vaya siendo menor. 

Este es un año de transición, apunta Comas. En un buen escenario, el próximo brote será en otoño y ya en 2023 habrá brotes anuales y COVID-19 competirá con otras infecciones como la influenza, ahí sí ya en un escenario endémico. 

Aunque Comas anota que aún falta ver cuál será la siguiente variante del virus que se presentará, “si es como Ómicron, si pertenece al mismo subtipo, no hay problema; el problema sería que fuera una variante diferente y más agresiva, pero eso no se puede predecir. Hay lugares de alto riesgo, donde no ha avanzado mucho la vacunación y hay poca vigilancia genómica de los virus circulantes”. 

Además, Sánchez asegura que, aunque COVID-19 se vuelva endémico, esto no debe confundirse con que ya no es preocupante. “El virus no es menos peligroso, solo se tienen casos en valores más pequeños, pero esos pocos casos pueden ser graves, aunque para el país ya no resulten en una epidemia”. 

De esta manera, levantar las medidas de seguridad y volver a la normalidad no se puede realizar todavía. “En Reino Unido, por ejemplo, no es que esté controlada la epidemia, es que la gente ya está harta y el gobierno sucumbe, tanto a la presión social como a la económica, pero hay que encontrar un balance entre esto y la salud, para que el panorama no se vuelva una ruleta rusa. En el caso de México, ahorita no es sensato levantar las medidas”, recomienda Sánchez. 

Para Macías, las restricciones se podrían ir levantando por regiones. “En donde la transmisión sea más baja, el porcentaje de positividad sea menor a 10% y los hospitales no estén presionados, se podría ir evaluando si se puede ir saliendo de las restricciones”, dice. 

Comas subraya que para aquellos que piensen que en unas semanas se podrán dejar el cubrebocas y la preocupación, la realidad es que no será así. “No se puede hablar de volver a la normalidad ya en unas semanas, no se puede bajar la guardia, falta todavía para eso”. 

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Rusia y Ucrania: ¿Funcionan las sanciones económicas? Lo que dice la historia sobre el éxito de estas medidas

El uso de diferentes sanciones para castigar a un gobierno u obligarlo a cumplir ciertos objetivos se ha registrado desde la antigua Grecia y se ha adoptado durante siglos.
21 de marzo, 2022
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Las sanciones impuestas a Rusia por Estados Unidos, la Unión Europea, Reino Unido y otros países en respuesta a la invasión de Ucrania siguen una larga historia de uso de sanciones para forzar cambios en el comportamiento de ciertas naciones.

Pero un análisis de medidas del tipo adoptadas en el pasado muestra que no siempre se logra el objetivo.

Además, en determinados casos, se corre el riesgo de que se produzcan consecuencias no deseadas e incluso que el resultado sea contrario al deseado, fortaleciendo al gobierno al que pretenden debilitar y generando un impacto negativo en los derechos humanos, la democracia y otros aspectos.

“Si miras la historia moderna, verás que casi cada vez que un país violó tratados internacionales, o invadió a otro país, o secuestró a ciudadanos de otro país (entre otros ejemplos), se impusieron sanciones”, le dice a BBC News Brasil el economista Paolo Pasquariello, profesor de finanzas de la Universidad de Míchigan, EE.UU.

“Pero la trayectoria (de los resultados) no es muy buena. En las últimas décadas, por citar solo algunos ejemplos, se han impuesto sanciones contra Cuba, Venezuela y Corea del Norte. Pero, en mi opinión, no han producido el resultado deseado”, observa Pasquariello.

Los estudios estiman que solo alrededor de un tercio de las sanciones suelen tener éxito y lograr sus objetivos. Uno de los análisis recientes más completos sobre el tema fue realizado por investigadores de la Universidad de Drexel, con sede en la ciudad de Filadelfia, y confirma esta estimación.

Los investigadores crearon una base de datos con información sobre 1.101 casos de sanciones aplicadas por países, grupos de países u organizaciones intergubernamentales desde 1950, muchas de las cuales siguen vigentes.

Las sanciones se clasificaron según el tipo (comercial, financiera, asistencia militar, armas, viajes y otros tipos) y el propósito (forzar cambios de política, desestabilizar régimenes, prevenir o terminar guerras, proteger los derechos humanos, restaurar la democracia, combatir el terrorismo, resolver conflictos territoriales, entre otros).

El siguiente paso fue analizar el grado de éxito, medido según declaraciones oficiales de los gobiernos o “confirmaciones indirectas en anuncios de prensa internacional”, y teniendo en cuenta que estas declaraciones “pueden ser subjetivas o sesgadas”.

Cuando se incluyen las sanciones aún vigentes, se estima que alrededor del 30% tienen éxito al menos parcialmente.

“Con el tiempo, más y más sanciones fueron calificadas como parcialmente o completamente exitosas, lo que sugiere que las sanciones se han vuelto más efectivas para lograr sus objetivos”, dice el estudio.

Ejemplos históricos

El uso de diferentes sanciones para castigar a un gobierno u obligarlo a cumplir ciertos objetivos se ha registrado al menos desde la antigua Grecia y fue adoptado durante siglos.

A partir de la década de 1950, el período que abarca la base de datos de la Universidad de Drexel, el número de sanciones “aumentó continuamente, y este aumento se ha acelerado desde 2018″, según el análisis.

“Vemos esta tendencia como evidencia de la creciente popularidad de las sanciones como herramienta de la diplomacia coercitiva”, dicen los investigadores.

En promedio, más del 35% de todas las sanciones entre 1950 y 2019 fueron impuestas por EE.UU, el país que más utilizó este tipo de sanciones. El análisis también revela un “aumento significativo y continuo de las sanciones de la UE y la ONU desde principios de la década de 1990”.

Rusia

Getty Images
Cuba enfrenta un embargo económico impuesto por EE.UU.

Hay varios ejemplos de países sujetos a estas sanciones en el período analizado. Sudáfrica fue objeto de sanciones internacionales en la era del apartheid, el régimen de segregación racial que estuvo vigente desde finales de la década de 1940 hasta la década de 1990.

Cuba es objeto de un embargo económico impuesto por EE.UU desde hace 60 años. Irak fue objeto de sanciones tras la invasión de Kuwait en 1990. Corea del Norte e Irán fueron sancionados por sus programas nucleares.

La propia Rusia ya había sido castigada en 2014 cuando invadió Crimea, y muchas de las sanciones impuestas al país en ese momento siguen vigentes.

Sufrimiento de la población

Las sanciones económicas y financieras son las más utilizadas, según la base de datos de la Universidad de Drexel.

Algunas de las medidas están diseñadas para ser lo más específicas posible, castigando solo a ciertas personas. Pero muchos otros, a pesar de ser una alternativa a la acción militar, también causan gran daño y sufrimiento a la población civil, incluidos los ciudadanos que se oponen al gobierno.

Rusia

PA Media
El multimillonario ruso Roman Abramovich, conocido por ser dueño del equipo inglés Chelsea, también fue objeto de sanciones.

Sin embargo, incluso con el impacto a veces devastador, las sanciones no logran su objetivo en alrededor de dos tercios de los casos.

“Por lo general, las sanciones terminan afectando a la mayoría de las personas que viven en estos países”, dice Pasquariello, de la Universidad de Michigan.

“Creo que, aunque esto no se dice explícitamente, el objetivo es realmente dañar a la población del país (objetivo)”.

Según el economista, el propósito es hacer entender a todo el país que sus gobernantes están haciendo algo que las naciones que imponen sanciones consideran incorrecto.

Las sanciones actuales contra Rusia se consideran únicas en el alcance y la velocidad con la que se adoptaron, solo días después de la invasión de Ucrania el 24 de febrero.

Además, se diferencian en que apuntan a una potencia nuclear y a un país que, pese a no ser considerado un gigante económico, tiene un papel geopolítico crucial.

“Las sanciones generalmente se imponen a pequeños actores regionales”, enfatiza Pasquariello, y señala que estos países no son tan importantes para la economía global.

“El caso de Rusia es diferente. Tiene una magnitud y alcance que nunca he visto en otras sanciones en mis 50 años de vida”.

Entre las sanciones ya adoptadas se encuentran las sanciones a los bancos y miembros del gobierno ruso y élite económica, incluida la congelación de activos, restricciones de viaje y la exclusión de los principales bancos rusos del sistema financiero y el sistema de comunicación utilizado para transacciones internacionales.

Otras medidas incluyen restringir las importaciones de petróleo, gas y carbón de Rusia, prohibir la exportación de varios productos al mercado ruso, incluidos los artículos de lujo, gravar la importación de productos rusos y restringir las aeronaves rusas en el espacio aéreo de varios países.

Rusia

Getty Images
McDonald’s fue una de las multinacionales que suspendió actividades en Rusia tras las sanciones.

Grandes empresas del sector privado, como Coca-Cola, McDonald’s, Starbucks y otras, han suspendido sus operaciones en Rusia.

Estas y otras sanciones no solo están sacudiendo y aislando la economía y el sistema financiero de Rusia y sus élites, sino que también afectan a la población en general. El rublo, la moneda rusa, se ha desplomado y la economía se está derrumbando.

“Estas son sanciones económicas devastadoras, que realmente están perjudicando a los ciudadanos rusos”, dice Pasquariello.

“Estamos hablando de 145 millones de personas, muchas de las cuales no pueden sacar dinero de los bancos”.

Los impactos de la crisis económica rusa deberían afectar al resto del mundo, con su alza global en los precios del petróleo y un impacto en la inflación.

¿Éxito o fracaso?

Pero a pesar de este impacto, Rusia continúa con su ofensiva militar y no se sabe si las sanciones ayudarán a Ucrania.

Rusia prohibió la exportación de algunos productos como represalia, impuso sanciones a miembros del gobierno estadounidense y amenazó con nacionalizar los activos de las empresas que se retiraran del país.

También hay temores de que la crisis provoque una profundización de las relaciones con China.

Pasquariello señala que siempre es muy difícil predecir si ciertas sanciones lograrán sus objetivos.

El éxito o el fracaso depende de una combinación de diferentes circunstancias y factores, entre ellos, el grado de integración económica del país objetivo con el resto del mundo.

“Algunos podrían argumentar que ciertas sanciones impuestas contra Irán fueron efectivas para frenar el progreso del desarrollo de armas nucleares y llevar al país a la mesa de negociaciones”, señala, citando un ejemplo en el que los castigos pueden haber tenido éxito.

Las sanciones contra Irán se levantaron después de un acuerdo nuclear negociado durante la administración de Obama en 2015. Su sucesor, Donald Trump, abandonó el acuerdo y reanudó las medidas punitivas.

A principios de este año, el sucesor de Trump, el actual presidente Joe Biden, anunció que aliviaría las sanciones en medio de nuevas negociaciones sobre un acuerdo.

Pasquariello compara a Irán con Corea del Norte, donde la presión internacional ha fallado.

“Corea del Norte ha sido un país aislado del resto del mundo durante décadas y en el que las sanciones no han logrado impedir el desarrollo de armas nucleares”, asegura.

En el caso de Rusia, Pasquariello enfatiza que no se puede analizar un solo factor de forma aislada. Según el economista, el posible impacto de las sanciones debe ser considerado en conjunto con otros aspectos.

“En combinación con el hecho de que Ucrania está aguantando mejor de lo previsto, y que los rusos han sobreestimado claramente su propia fuerza militar”, subraya.

“Creo que todo esto crea una situación muy precaria para (el presidente Vladimir) Putin y las personas que lo rodean”.

Según Pasquariello, queda por ver cuál será la reacción rusa ante esta situación.

“¿Redoblará (su posición)? ¿O vendrá a la mesa de negociación?”, se pregunta.


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