Madres lanzan brigada por personas desaparecidas en Jalisco
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Siboney Flores

“Venimos a encontrarlos”: madres buscadoras se concentran en Jalisco para rastrear desaparecidos

Madres buscadoras de varios estados llegaron a Jalisco esta semana, donde este miércoles se realizó la primera jornada de búsqueda en campo. Hasta ahora, el rastreo de personas desaparecidas solo se había dado en cárceles, hospitales, albergues y el Semefo.
Siboney Flores
24 de febrero, 2022
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Palas, picos, rastrillos y guantes fueron los materiales que sacaron las madres buscadoras de una camioneta. Minutos antes, rezaron para pedir encontrar sus tesoros —sus personas desaparecidas— y también para que en la búsqueda no les pasara nada. Al terminar de rezar, se preguntaron: “¿A qué venimos?”. Y de inmediato, como en coro, respondieron: “A encontrarlos”. 

La escena se desarrolló este miércoles en Jalisco, donde mujeres de todo el país, encabezadas por el colectivo Madres Buscadoras Sonora, se concentraron para ayudar a las familias en la búsqueda de los desaparecidos que hay en el estado. 

Esta fue la primera jornada de búsqueda en campo que se realiza en Jalisco. Hasta ahora, solo se habían efectuado búsquedas en cárceles, hospitales, albergues y el Servicio Médico Forense (Semefo). 

Las madres —un grupo de aproximadamente 50 personas— se encuentran en el municipio de Villa Corona, a 40 minutos de la Zona Metropolitana de Guadalajara. Llegaron al sitio después de recibir un mensaje anónimo en sus redes sociales, que señalaba que ahí podría haber indicios.

“A veces nos mienten en esos mensajes, pero a veces la búsqueda es positiva y encontramos. Siempre hay que tener esperanza”, señaló una de las buscadoras. 

Llegar al sitio no fue sencillo. Lograrlo implicó que las madres esperaran afuera de la Comisión Estatal de Búsqueda durante seis horas para que elementos de la dependencia y de Seguridad Pública las acompañaran en la jornada. Esto, a pesar de que ellas habían solicitado a las autoridades el acompañamiento con tres días de anticipación y de que en enero hicieron de conocimiento público las fechas en las que se desplegaría la brigada. 

Lee: La búsqueda de desaparecidos no la detiene ni el COVID

Después de ese retraso, una vez en el lugar, pusieron manos a la obra.

“Hay que olvidar el coraje (de la tardanza de las autoridades), ya estamos aquí, hay que buscar”, animó una de ellas. 

En el sitio, rastrearon en cada rincón de un barranco, bajo el principio de que cualquier pequeño indicio puede ser una gran pista: el árbol con una marca amarilla, la roca por encima de tierra removida, los restos de ropa que hay en la zona. 

“Acuérdate de que la tierra, cuando le ponen un cuerpo, con la putrefacción se chupa para abajo”, explicó una buscadora de Sonora a otra de Jalisco, mientras picaba el terreno con una varilla para luego sacarla, oler la punta e identificar si había un olor fétido o no. 

Tan solo cinco minutos después de la llegada, se encontraron los primeros indicios: los restos de un ser vivo. Entonces, algunos fueron removidos de la tierra y revisados, con lo que se descartó que fueran humanos. 

“A veces nos podemos equivocar, que son de animales, pero la idea es seguir buscando”, dijo Cecilia, dirigente del colectivo Madres Buscadoras Sonora.  

Durante el despliegue, mientras recorrían el camino, entre ellas se explicaban las diferencias entre las osamentas y cómo reconocer las humanas

Más adelante, encontraron un pozo y empezaron a mirar: los restos de un armadillo, una lámina, un refrigerador y posibles osamentas. Pensaron que podría ser una fosa.

Mientras removían la maleza, se detenían unas a otras para no caer en el pozo, de un aproximado de tres metros de profundidad. Entonces, preguntaron a los elementos de la Comisión de Búsqueda si había un mecate, algo que los funcionarios ignoraban. Las mujeres también preguntaron si había un perito o un antropólogo, pero los servidores públicos también lo descartaron. 

Por el indicio, personal de Protección Civil y Bomberos y peritos del Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses fueron llamados para hacer la investigación correspondiente. Hasta el cierre de la edición, aún se desconocía si los elementos hallados en el lugar eran o no restos humanos.

Yesenia Lizbeth, madre buscadora de Jalisco, reconoció el aprendizaje que ha tenido y que ahora le permitirá continuar con la búsqueda en otros campos. 

“Son sentimientos encontrados, venimos con la esperanza de encontrar, ya sean los nuestros o los de alguien más. Es triste estar en esta situación, pero cuando son positivos nos da alegría porque sabemos que van a regresar a casa. Ya si no encontramos a los nuestros, nos da la satisfacción de que regresamos a uno a casa”, comentó.  

Para las madres buscadoras, esta brigada abre la esperanza en Jalisco de poder continuar con las búsquedas en campo.

Una de las madres reconoció que no todas las personas buscadoras en Jalisco están de acuerdo con el despliegue. 

“A algunas no les parece porque tenemos una crisis forense, porque ya no hay capacidad de gavetas”, expuso. 

Mientras, las madres buscadoras que acudieron al estado insistieron en que las autoridades no apoyan a la brigada

“Qué casualidad que venimos, que ya sabían que veníamos, y nos obstaculizan todo. Primero nos cambian de lugar, luego nos traen dando vueltas por sitios que no queremos revisar, que no son de los sitios que traemos como prioridad, y hoy nos retrasan seis horas para iniciar”, dijo una de ellas. 

Lee: Casi 100 mil personas están desaparecidas en México, en parte por culpa del Estado: NYT

La búsqueda seguirá durante toda la semana. Las buscadoras encontraron dos osamentas el pasado lunes en el municipio de Tlajomulco. 

Su posición de seguir con las búsquedas se da luego de que el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, desestimara sus acciones, lo que motivó que las activistas presentaran una queja ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH).

“Le hicimos una queja ante la comisión y nos dio una reunión, aunque antes, según él, tenía llena la agenda. Ahora dice que nos ofrece ayuda, pero antes no atendía”, dijo una madre buscadora. 

En Jalisco, a la fecha hay más de 15 mil 819 desaparecidos, de los cuales 8 mil 697 se registraron durante esta administración.

Ahora, en el estado esta semana se abrió una nueva etapa, en la que las familias de esas personas desaparecidas ponen sus esperanzas para poder hallar algún indicio que finalmente permita encontrarlas.

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Quiénes eran las Panteras Negras, el grupo radical de los años 60 en EU que aún tiene integrantes en prisión

La Corte Suprema de Nueva Jersey anunció esta semana que otorgaba la libertad condicional a Sundiata Acoli, el exintegrante de las Panteras Negras de mayor edad que aún queda en la cárcel. El grupo de izquierda reivindicaba los derechos de la minoría afroestadounidense en los 60.
15 de mayo, 2022
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Por casi medio siglo, ha vivido detrás de la rejas en una prisión de Nueva Jersey. Ahora, a sus 85 años, volverá a respirar la libertad.

La Corte Suprema de ese estado anunció esta semana que decidió liberar a Sundiata Acoli, el exintegrante de mayor edad de las Panteras Negras que aún queda en la cárcel. Se trata del controvertido grupo de izquierda que reivindicaba los derechos de la minoría afroestadounidense a finales de 1960.

Acoli era elegible para libertad condicional desde hace 29 años, pero cada vez que sus abogados la solicitaron, se le negó.

Fue considerado sistemáticamente una “amenaza pública”, pese a que su salud, los años y diversos reportes médicos y psiquiátricos sugerían lo contrario.

Lo habían condenado a cadena perpetua en 1974, luego de un extraño incidente un año antes en el que un policía terminó muerto.

Acoli viajaba con Assata y Malik Shakur, otros dos integrantes de las Panteras Negras, cuando dos oficiales pararon el carro para una inspección rutinaria en la autopista de peaje de Nueva Jersey: llevaban una luz rota.

Lo que siguió después nunca ha quedado claro: hubo un tiroteo, Malik y un policía murieron, Acoli y otro agente resultaron heridos.

Acoli y Assata huyeron, pero fueron detenidos pocos días después y condenados a pasar el resto de su vida tras las rejas.

En una de las fugas más memorables de las cárceles de Estados Unidos, Assata logró escapar y se refugió años después en Cuba, donde se cree que todavía vive (sigue aún en la lista de los más buscados del FBI).

Acoli ha pasado su vida en la cárcel, pero no es el único.

Al menos 12 miembros del movimiento siguen todavía presos, con condenas que se acercan o superan los 50 años de cárcel.

Sus sentencias son todavía el testimonio de una época controvertida de luchas por los derechos civiles en EU y una muestra de la brechas raciales y sociales de la sociedad en que se generó.

Pero, ¿qué fue este grupo y por qué sigue generando polémica más de medio siglo después?

El partido

Boinas negras y chaquetas de cuero negro, puños cerrados y pistolas en mano… las Panteras Negras crearon su propia moda que era, a la vez, su símbolo.

Propugnaban la autodefensa armada, especialmente contra la policía, y se definían como un “partido socialista” en una época en la que el comunismo era visto como el mayor enemigo de EU.

El partido fue creado en 1966 por Huey Newton y Bobby Seale, quienes se habían hecho conocidos unos años antes por protestar en un acto en California que obvió el legado negro en la colonización del oeste americano.

Huey Newton y Bobby Seale

Getty Images
El partido fue creado en 1966 por Huey Newton y Bobby Seale.

Desde entonces, se habían envuelto en el activismo político pero hubo dos hechos que los llevaron a dar un paso más allá.

En febrero de 1965, fue asesinado el líder de los derechos civiles Malcom X y, un año después, la policía de San Francisco mató a tiros a un adolescente negro desarmado: Matthew Johnson.

Fue entonces cuando decidieron crear el Partido Pantera Negra para la Autodefensa, cuyas principales metas en un inicio eran monitorear las actividades policiales contra las comunidades negras en Oakland y otras ciudades.

Su activismo y carisma muy pronto multiplicaron la popularidad del grupo: del monitoreo pasaron a crear programas sociales, incluyendo desayunos gratuitos para niños o personas con anemia, a la vez que se involucraron en actividades políticas.

En un par de años, las filiales del grupo se habían multiplicado en más de 30 estados.

En su libro Black Against Empire: The History and Politics of the Black Panther Party, Joshua Bloom y Waldo E. Martin estiman que para 1969 ya tenía más de 5 mil miembros y sus ideas eran populares tanto en comunidades pequeñas como en grandes ciudades, desde Los Ángeles y Chicago hasta Nueva York o Filadelfia.

A diferencia de otros grupos por los derechos civiles de los afroaestadounidenses, las Panteras Negras portaban armas y defendían el derecho a la autodefensa con ellas.

Bloom y Martin señalan en su libro que era una respuesta activa ante la violencia policial que vivía la población negra y que buscaba “empoderar a la comunidad negra frente a un sistema racista”.

Sin embargo, su desafío a las autoridades y su uso de armas fue visto como desafiante y en ocasiones se les describía como pandillas o grupos violentos, algo que sus líderes negaban.

El peligro marxista

Las Black Panthers eran parte de un grupo todavía mayor, el llamado Black Power, que defendía el orgullo negro y la unidad por los derechos de las minorías raciales.

Sin embargo, Newton y Seale no se conformaron con la ideología de esa organización y se basaron en el marxismo.

Creían fervientemente en la “lucha de clases” y pensaban que la organización representaba “la batalla de la vanguardia proletaria contra el capitalismo”.

Fueron estas ideas en las que basaron su plataforma política, a la que llamaron Programa de Diez Puntos, en el que pedían, entre otras cosas, el fin inmediato de la brutalidad policial, empleos para los afroestadounidenses y mayor acceso a tierra, vivienda y justicia para todos.

Su cercanía al marxismo, el enfoque nacionalista negro y una serie de actos violentos que cometieron entonces los pusieron en la mira de las autoridades, en especial del Buró Federal de Investigaciones (FBI) de Edgar Hoover.

El FBI, de hecho, creó un programa secreto de contrainteligencia, COINTELPRO, solo para seguir de cerca a los miembros de las Panteras Negras.

panteras negras

Getty Images

Fue solo el comienzo.

Para 1969, el FBI los declaró una “organización comunista” y “enemiga del gobierno”, y Hoover llegó incluso a considerarlas “una de las mayores amenazas para la seguridad interna de la nación”.

Las rivalidades con la policía

El libro de Joshua Bloom y Waldo E. Martin cuenta cómo la creciente persecución de las autoridades llevó a una rápida radicalización del grupo.

Los enfrentamientos con la policía se hicieron frecuentes y varios agentes murieron en tiroteos que implicaban a las Panteras Negras. El grupo, sin embargo, siempre aseguró que solo usaban las armas como método de autodefensa y que solo respondían a la policía si esta los agredía.

La organización también se volvió un foco de la violencia policial.

En uno de los casos más sonados, en 1969, la policía de Chicago disparó más de 100 tiros a dos miembros del partido que dormían en su apartamento.

panteras negras

Getty Images

Las autoridades aseguraron que había ocurrido un feroz intercambio de disparos, pero luego se demostró que solo una bala provino del arma de uno de miembros del grupo.

En el libro The Black Panther Party , el historiador Charles E. Jones asegura que fue tanta la persecución a la que se vieron sometidos los miembros del grupo que una especie de paranoia colectiva comenzó también a manifestarse entre sus miembros… y a dividirlos.

Esto llevó no solo a numerosas discusiones y temores, sino que hubo también denuncias de que algunas “panteras negras” asesinaron o golpearon a otros del mismo grupo que creían que eran informantes de la policía.

Ciertas partes del movimiento fueron también asociadas con actividades delictivas y una ruptura interna entre sus principales líderes y organizadores pronto los debilitó como fuerza política.

Para mediados de los 70, las Panteras Negras siguieron perdiendo seguidores y popularidad, aunque hicieron esfuerzos por sobrevivir a la debacle, incluyendo crear una rama armada, el Ejército Negro de Liberación.

En las décadas siguientes, el nombre del grupo pasó a quedar como un asunto para investigaciones académicas y libros de historia, mientras algunos de sus principales activistas morían, escapaban a otros países o consumían sus vidas en la cárcel.


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