Lorena murió después de que le dejaron una compresa tras una cesárea
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Lorena murió después que le dejaron una compresa en el vientre y tras otras negligencias en hospitales de Chiapas

La joven de 20 años falleció siete meses después de una cesárea, le dejaron una compresa, y luego en otro hospital le causaron daño cerebral después de un procedimiento mal hecho para colocarle un catéter.
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14 de marzo, 2022
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El 21 de julio de 2021, Lorena de Jesús Padilla Victoria, de 20 años, tuvo a su hija, Anayanci Jhoselin, por cesárea, en el Hospital de la Mujer de San Cristóbal de las Casas, Chiapas. Siete meses después, la joven madre falleció. En un hospital privado le encontraron en el intestino una compresa. La única intervención que había tenido la mujer antes de eso fue justo la cesárea.

Por el absceso y la infección que le causó la compresa tuvieron que retirarle, en el centro médico privado, parte del colón y del yeyuno. Pese a eso su estado se agravó. La ingresaron en el Hospital de las Culturas de San Cristóbal de las Casas, donde, acusa su esposo, Hugo Sántis Hernández, le causaron daño cerebral después de un procedimiento mal hecho para colocarle un catéter y le rompieron cuatro costillas al reanimarla.

Lee: 1 de cada 3 mujeres sufre maltrato en el parto; México rebasa nivel de cesáreas que aconseja la OMS

Hugo Santiz interpuso una queja, de la que Animal Político tiene copia, ante la Comisión Estatal de los Derechos Humanos, el pasado 1 de marzo, y también ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) por las presuntas negligencias cometidas con su esposa en estos dos hospitales de Chiapas, y que, asegura, la llevaron a la muerte, el 13 de febrero de 2022.

El joven está considerando también poner una denuncia ante el ministerio público, pero está en busca de acompañamiento legal: por el momento no tiene para costear los honorarios de un abogado.

Marcos Arana Cedeño, secretario técnico del Comité Promotor por una Maternidad Segura y Voluntaria en Chiapas, señala que en 2013 hubo otro caso de muerte materna por negligencia médica en el Hospital de la Mujer de San Cristóbal.

Susana Hernández, indígena tsotsil de la localidad de Cruztón, Chamula, falleció el domingo 6 de octubre de ese año. La joven de 26 años llegó el viernes al Hospital de la Mujer en trabajo de parto. Al ingresar, personal del hospital le comentó a su familia que presentaba presión arterial alta. La madrugada del día siguiente les dijeron que le habían practicado una cesárea y que todo había sido un éxito. Fue hasta las 11 de la mañana del mismo día cuando les comunicaron que Susana había fallecido por una complicación durante la cirugía.

Los médicos realizaron tres procedimientos: cesárea, extirpación de una piedra de la vesícula biliar y ligadura de trompas. Los familiares no dieron autorización para que estos se le practicaran.

El caso se judicializó, con el acompañamiento de Gire (Grupo de Información en Reproducción Elegida). El 19 de noviembre de 2014, el gobierno de Chiapas, a través de su entonces secretario de Salud, Carlos Eugenio Hernández Ruiz, se disculpó públicamente con los familiares por la muerte de Susana y se ofrecieron medidas de no repetición.

“Este hospital debió implementar medidas para que otra muerte por negligencia no volviera a ocurrir. Pensamos que las cosas iban a cambiar, pero vemos que estas medidas no se han instrumentado”, acusa Marcos Arana.

Por medio de solicitudes de acceso a la información, Gire cuestionó a las comisiones locales de derechos humanos, así como a la CNDH acerca del número de quejas presentadas por casos de muerte materna en el periodo comprendido entre el 1 de enero de 2010 y el 1 de enero de 2020. En total se obtuvo registro de 754 quejas y 59 recomendaciones.

Sin embargo, en las respuestas recibidas se observaron deficiencias que se han detectado desde años atrás en la elaboración de otras investigaciones. Por ejemplo: las comisiones de Chihuahua, Sonora, Veracruz y Tamaulipas proporcionaron el supuesto número de recomendaciones por muerte materna, pero al revisarlas se verificó que varias de ellas en realidad correspondían a muertes neonatales o a violencia obstétrica.

Como respuesta de la CNDH a la misma solicitud, Gire obtuvo información poco precisa debido a la configuración de los filtros de búsqueda de su base de datos.

Muertes maternas, de acuerdo a información del Observatorio de Mortalidad Materna, basados en los registros de los boletines de la Dirección de Epidemiología de la Secretaría de Salud, en 2021 hubo mil 063 en todo el país, mientras que en 2020 se presentaron 921 y en lo que va de 2022 se han registrado 118.

En Chiapas, hubo 54 muertes maternas en 2021 y 64 en 2020. En tanto que en 2022 se han contabilizado cuatro.

El Observatorio de Mortalidad Materna ha hecho un seguimiento durante la pandemia a la muerte materna. Su secretaria técnica, Hilda Argüello, señaló en una conferencia de prensa, que si antes esto era ya un problema de salud pública, con la emergencia sanitaria se ha retrocedido 15 años.

“Es un grave problema el que estamos enfrentando y debemos recordar que la mortalidad materna es un indicador de justicia social y de cómo funciona el sistema de salud, porque la mayoría de las muertes maternas son prevenibles”, afirmó Argüello.

También enfatizó que Chiapas ha mostrado una disminución de la mortalidad. “Pero llama la atención esta reducción en el estado cuando en el resto de país el número de muertes maternas ha crecido. Y es que quizá no están registrando los fallecimientos como deben. En el caso de Lorena se asentó en su certificado y acta de defunción que había muerto por choque séptico y absceso abdominal”.

Animal Político solicitó una entrevista a la Secretaría de Salud del Estado de Chiapas para saber qué sucedió en el caso de Lorena, pero hasta el cierre de esta edición no hubo respuesta.

Mala atención desde el principio

La mala atención para Lorena, cuenta Hugo, inició desde que empezó con la labor de parto. En el Centro de Salud de Villa Las Rosas, el municipio donde viven, y en el de Comitán, no la atendieron cuando llegó con fuertes contracciones.

En el primero le dijeron que todavía le faltaba para el parto y la hicieron dar vueltas a la clínica por días. En el segundo les dijeron que no había espacio para atenderla, estaban saturados y además no le correspondía ahí por región.

“El 21 de julio volvimos a ir al Centro de Salud de Villa Las Rosas, después de que habíamos ido varias veces y la habían regresado a la casa, y nos dicen que la iban a referir al Hospital de La Mujer de San Cristóbal de las Casas porque ella ya tenía un choque séptico”, dice Hugo Sántis.

El traslado se hizo en ambulancia. Llegaron al Hospital de la Mujer a las 6:30 de la tarde y a las 9 de la noche, Hugo firmó el consentimiento para que le practicaran una cesárea a su esposa. Parecía que todo había salido bien, con la madre y la bebé. A los tres días, las dieron de alta.

“Fuimos a sus chequeos al centro de salud y no notaron nada raro. Pero a mediados de septiembre -narra Hugo- ella empezó con molestias en el lado izquierdo del vientre, decía que sentía como algo incómodo. Le hicimos un ultrasonido en un laboratorio particular y la doctora nos dijo que eran gases o inflamación. Le mandaron medicamentos y analgésicos para los dolores”.

Las molestias se le calmaron a Lorena por unos días, pero en octubre volvieron. Su esposo la llevó al Centro de Salud de Villa las Rosas, pero le dijeron que necesitaban hacerle un ultrasonido y no tenían aparato, que la llevara a un particular.

El 22 de noviembre, Lorena y Hugo fueron al Hospital de la Mujer en San Cristóbal de Las Casas. La joven llevaba ya no solo dolor, también tenía vómito. Le dijeron en esa institución que tenía gastritis. Aunque le hicieron estudios de sangre y un ultrasonido, no detectaron ni la compresa, ni la infección que ya le estaba provocando en el intestino, asegura su esposo.

Como Lorena seguía con dolor y vómito, la pareja peregrinó por el Centro de Salud de Villa Las Rosas y el de Comitán, y por el Hospital de la Mujer. El diagnostico era que tenía gastritis, colitis o una inflamación en la vesícula biliar. Le mandaban fármacos para esos padecimientos y la regresaban a su casa.

Para el 24 de diciembre, la joven ya tenía dolores más fuertes en el vientre y seguía con el vómito. “Fuimos al Centro de Salud de Villa Las Rosas y nos dijeron que no había ningún doctor, porque era festivo. Ya no teníamos dinero ni para ir a Comitán. Nos regresamos a la casa y se siguió tomando los medicamentos que le habían recetado”, dice Hugo.

El 25 de diciembre, la familia de Lorena juntó sus ahorros y fueron por ella para llevársela a un hospital particular. En el ultrasonido que le hicieron ahí apareció un cuerpo extraño en el intestino. Les dijeron que necesitaban hacerle una cirugía para ver qué era.

“Cuando terminó el procedimiento -recuerda Hugo- el doctor salió y nos dijo que le habían encontrado una compresa y habían tenido que retirarle una parte del intestino por la infección que ya tenía”.

El secretario técnico del Comité Promotor por una Maternidad Segura y Voluntaria en Chiapas, dice que para evitar dejar compresas en el organismo de los pacientes, el personal que hace los procedimiento debe contarlas antes de terminar. “Parece que esto no se hizo en el caso de Lorena, en el Hospital de la Mujer de San Cristóbal”.

Animal Político tiene una copia del resumen clínico del hospital particular donde atendieron a la joven, en el que se señala en los hallazgos: “absceso con material de aspecto purulento que involucra colón y yeyuno, secundario a Gossypiboma (compresa)”.

Este portal también tiene un resumen clínico del Hospital de Las Culturas de San Cristóbal, donde consta que Lorena estuvo hospitalizada aquí y aunque no se hace referencia a la compresa quirúrgica ni se da un diagnóstico conciso, si hay constancia de que la joven tuvo un puerperio quirúrgico tardío, de sus problemas en la cavidad abdominal, de la alimentación parental que le suministraban y de que estuvo en cuidados intensivos.

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Sin alimentación especial

A Lorena la dieron de alta del hospital privado a los cuatro días, a pesar de que estaba vomitando un líquido verde. Los médicos le dijeron a Hugo que era normal. La familia de ella tuvo que pagar una cuenta de 30 mil pesos.

Pero la joven no mejoró. Al día siguiente, el 30 de diciembre, empezó a tener dolores más fuertes en el estómago y a drenar un liquido con mal olor de un tubo que le dejaron. Ni su esposo ni su familia tenían dinero para volver a llevarla al hospital privado, así que Hugo la llevó al Centro de Salud de Villa Las Rosas. Le dijeron que ahí no podían hacer nada por ella y la trasladaron al Hospital de Las Culturas de San Cristóbal.

Lorena estuvo del 30 de diciembre al 5 de enero en una sala de observación. “Nos dijeron que necesitaba otra cirugía para limpiarle el estómago. Salió en coma de esa intervención. Estuvo cinco días en terapia intensiva. Para el 10 de enero ya estaba consiente”, narra Hugo.

Como la joven no podía ingerir alimento, le pidieron a la familia que comprara alimentación parental (por vía intravenosa) y la bomba para suministrársela, porque en el hospital no tenían. Hugo tuvo que pedir prestado a familiares, amigos y vecinos. Gastaba 3 mil pesos diarios.

Después de nueve días ya no había quién le prestara. No pudo seguir comprando la alimentación parental (Kaviven). En el hospital le dijeron que intentarían darle dieta líquida. Pero Lorena la vomitaba. Fue hasta después de unos días que toleró un poco de ese alimento. Le empezaron a dar dieta sólida, pero la toleraba muy poco. “Mi esposa se estaba desnutriendo -acusa Hugo- cada vez estaba más delgada y pálida”.

El joven habló con el director del hospital para pedirle que le ayudaran a conseguir la alimentación parental. Pasó una semana y no le dieron ninguna solución. Los familiares de Hugo fueron a pedir apoyo al DIF. Les dijeron que iban a hablar con la jurisdicción sanitaria para solicitar la dieta especial.

“El 30 de enero me avisaron del Centro de Salud Las Rosas que de allá habían mandado ya el Kaviven al Hospital de La Mujer. El 1 de febrero le fui a decir al director que me avisaron que estaban ya las bolsas para mi esposa. Me dijo que sí, pero me dio a entender que él las consiguió”, asegura Hugo.

El 2 de febrero se presentó una nueva complicación. El esposo de Lorena afirma que una doctora jaló por accidente el catéter que tenía la joven. “Me dijeron que era necesario hacer un procedimiento para colocarle otro. Entraron muchos médicos, jóvenes, y una doctora, que después salió con una bolsa con gasas llenas de sangre. Una hora después me llama un médico y me dice que pase a ver a mi esposa porque se estaba muriendo, que le estaba dando un paro cardiaco. Después un enfermero me dijo que firmara un consentimiento por si la tenían que reanimar. Sí la reanimaron, pero quedó inconsciente. Ya nunca me habló”.

Hugo narra que después de reanimarla, le volvieron a quitar el catéter. Al otro día llegaron dos médicos que se identificaron como anestesiólogos y en 20 minutos lo dejaron puesto. El joven acusa que en cinco días, entre los que se atravesó un puente, no pasó ningún médico a visitar a Lorena.

“Hasta el 8 de febrero – afirma Hugo- pasó un doctor y pidió que la bajaran a terapia intensiva, porque estaba en piso. A las 5 de la tarde de ese día, nos llama a mi mamá y a mí, el doctor Raúl Daza y nos dice que Lorena había muerto. Empezamos a llorar. De pronto, unos dos minutos después, el doctor nos dice que había fallecido, pero que habían podido revivirla. Ya en la noche me comunican que durante la reanimación se le habían fracturado cuatro costillas”.

El 13 de febrero por la tarde, Lorena falleció. Hugo se quedó sin su esposa y con una deuda de 70 mil pesos para costear los gastos de los hospitales.

Marcos Arana, del Comité Promotor por una Maternidad Segura y Voluntaria en Chiapas, dice que el Estado debe hacer un análisis profundo del caso para saber lo que ocurrió. “Que se deslinden responsabilidades, tanto de los hospitales como de las autoridades, para que esto no siga pasando. Estos hospitales, donde se atiende la gente de menores recursos, no están funcionando bien. No hay supervisión. No hay materiales. No todo el personal trabaja bien”.

Arana asegura que hasta el momento no le han entregado a Hugo Sántis el expediente médico de su esposa, en ninguno de los dos hospitales, solo resúmenes clínicos. “A él le han negado esa documentación. Le dicen que tiene que solicitarla una autoridad. Ya hemos pedido a la CNDH que lo solicite y el Observatorio de Mortalidad Materna lo pedirá a través del INAI, para conocer los detalles del caso”.

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Rusia y Ucrania: las extremas medidas de seguridad que buscan proteger al presidente Putin

Cientos de guardaespaldas que lo vigilan día y noche, un chequeo exhaustivo de lo que come y toma, y la ausencia de los teléfonos inteligentes son algunas medidas que se toman para resguardar la seguridad del presidente ruso.
23 de marzo, 2022
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Nada es improvisado en la vida de Vladimir Putin.

Cada paso que da el presidente de Rusia es vigilado de cerca por cientos de guardaespaldas que lo acompañan las 24 horas del día.

Su comida es preparada sigilosamente y todo lo que bebe debe ser chequeado previamente por sus asesores más cercanos.

Y es que el antiguo oficial de la KGB —el servicio de seguridad soviético— sabe muy bien de las amenazas que hay a su alrededor, sobre todo en tiempos de guerra.

Putin está liderando la invasión de su país a Ucrania y esto supone algunos riesgos adicionales hacia su seguridad.

Pero… ¿Quiénes están realmente a cargo de protegerlo? ¿Y cuáles son las algunas de las medidas que se toman para mantenerlo a salvo? Aquí te contamos lo que se sabe al respecto.

Extenso equipo de seguridad

Dentro de los múltiples servicios de seguridad que operan actualmente en Rusia, hay uno que está especialmente dedicado a proteger al presidente y a su familia: el Servicio de Seguridad Presidencial de Rusia.

Este escuadrón depende del Servicio Federal de Protección de Rusia (FSO), que tiene su origen en la antigua KGB, y que también protege a otros funcionarios de alto rango rusos, entre ellos, al Primer Ministro, Mikhail Mishustin.

De allí vienen los hombres vestidos de negro con auriculares en las orejas que le hacen sombra al presidente día y noche.

Según Russia Beyond, un medio de propiedad del gobierno ruso, cuando estos agentes lo acompañan en actividades al exterior, se organizan en cuatro círculos.

El círculo más cercano está compuesto por sus guardaespaldas personales.

El segundo círculo está integrado por guardias que pasan desapercibidos entre el público. El tercero, rodea el perímetro de la multitud, evitando que entren personas sospechosas.

Y el cuarto y último, son francotiradores situados en los techos de los edificios circundantes.

Un francotirador del FSO ubicado en una de las paredes del Kremlin, en el centro de Moscú.

Getty Images
Un francotirador del FSO ubicado en una de las paredes del Kremlin, en el centro de Moscú.

Estos agentes también lo acompañan cuando Putin se traslada de un lugar a otro.

“A Putin no le gustan los helicópteros; se suele trasladar con una caravana masiva, con motociclistas, muchos autos grandes negros, camiones, etc. Para este tramo, se bloquea cualquier dron que pueda haber en el espacio aéreo y se detiene el tráfico”, explica a BBC Mundo Mark Galeotti, experto en seguridad rusa y director de Mayak Intelligence, una consultora que se dedica a analizar los asuntos de seguridad de este país.

El Servicio de Seguridad Presidencial de Rusia es apoyado por la Guardia Nacional de Rusia, o Rosgvardia, que fue formada por el propio Putin hace solo seis años y que algunos la han calificado como una suerte de “ejército personal” del mandatario.

Es independiente de las Fuerzas Armadas rusas y, aunque su misión oficial es asegurar las fronteras, combatir el terrorismo y proteger el orden público, entre otras, en la práctica una de sus tareas más importante es proteger a Putin de eventuales amenazas.

“Todos saben que son en gran medida guardaespaldas personales de Putin”, dice a BBC Mundo Stephen Hall, académico experto en Rusia de la Universidad de Bath, Reino Unido.

“Y el presidente está muy protegido por ellos y por el resto de los servicios de seguridad”, añade.

Viktor Zolotov, un antiguo guardaespaldas de Putin, dirige la Guardia Nacional.

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Viktor Zolotov, un antiguo guardaespaldas de Putin, dirige la Guardia Nacional.

Actualmente, quien dirige la Guardia Nacional es Viktor Zolotov, un antiguo guardaespaldas de Putin. Él es un aliado leal al presidente y en los últimos años ha aumentado en alrededor de 400.000 los efectivos que forman parte de esta fuerza de seguridad.

“Es un número enorme, las unidades de seguridad para presidentes como el de Estados Unidos no están ni cerca de esa cifra”, indica Hall.

¿Qué medidas se toman para proteger a Putin?

Aunque es difícil saber hasta qué punto llegan las medidas que buscan proteger a Putin, el propio Kremlin y expertos en seguridad rusa han entregados algunas luces al respecto.

Uno de los asuntos que es tratado con más precaución es la comida.

De acuerdo con Mark Galeotti, ante el temor de envenenamiento, Putin cuenta con un catador personal que chequea todo lo que el mandatario va a comer.

El presidente Putin en una cena oficial.

Getty Images

“Es parte de un estilo que más se acerca a un monarca medieval que a un presidente moderno”, le dice a BBC Mundo.

Además, cuando viaja fuera de Rusia, el equipo del presidente se encarga de todo lo que consume.

“Se llevan toda la comida y bebida que él va a consumir. Así, por ejemplo, si hay un brindis oficial con champaña, él toma de la botella que su equipo le trae, no de la del resto”, explica Galeotti.

Stephen Hall, por su parte, afirma que sus guardaespaldas personales observan de cerca cómo le cocinan para evitar cualquier riesgo.

Teléfonos inteligentes

Otra de las medidas que buscan protegerlo es el bloqueo de los teléfonos inteligentes dentro del Kremlin.

El propio presidente ruso ha confirmado que no usa estos aparatos.

En 2020, en una entrevista con la agencia estatal de noticias rusa TASS, lo admitió señalando además que, si se quería conectar con alguien, existía una línea oficial para hacerlo.

Sus asesores también lo han admitido. El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, ha dicho en repetidas ocasiones que Putin no usa móbiles pues “no tiene demasiado tiempo”.

Pero lo cierto es que entre las razones que explican la reticencia de Putin a usar esta tecnología es que desconfía profundamente de Internet.

En el pasado, de hecho, ha indicado que Internet es un “proyecto de la CIA” —la agencia de inteligencia estadounidense— y ha llamado a los rusos a no realizar búsquedas por Google pues considera que los norteamericanos están monitoreando toda la información.

“Putin apenas usa Internet, es bien sabido que no le gustan los teléfonos. Y bueno, seamos honestos, desde el punto de vista de la seguridad, Putin tiene toda la razón. Los teléfonos inteligentes no son muy seguros”, señala Galeotti.

Ante esto, el académico afirma que Putin se informa a través de archivos de papel que le entregan sus asesores.

El presidente ruso no usa teléfonos inteligentes.

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El presidente ruso no usa teléfonos inteligentes.

“Comienza su día con tres documentos informativos de seguridad. Uno es de lo que está pasando en el mundo, otro es de lo que está pasando en Rusia y, el tercero, es sobre lo que está sucediendo dentro de la élite”, comenta.

“Para él, esta es la información más importante y la que va a definir su día”.

“Recuerdo haber hablado con diplomáticos y personeros del ministerio de Relaciones Exteriores que me dijeron estar frustrados porque si ellos tienen una información que choca con la de sus servicios de inteligencia, Putin tenderá a asumir que sus espías tienen la razón y que los diplomáticos están equivocados”, agrega.

Aislamiento y pandemia

Actualmente, el acceso a Vladimir Putin es extremadamente limitado.

Los pocos líderes que se reúnen con él, deben hacerlo respetando varios metros de distancia. Recordada es la cita con su homólogo de Francia, Emmanuel Macron, quien debió sentarse en el otro extremo de una larga mesa.

Parte de estas medidas son herencia de la pandemia de coronavirus que terminaron por aislarlo aún más.

La reunión entre Putin y Macron

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Según el servicio ruso de la BBC, entre las medidas que se han implementado durante este período se encuentran: una cuarentena obligatoria de dos semanas a cualquier persona que quiera verlo; riguroso régimen de control médico, que incluye periódicos test PCR, para todos quienes lo rodean; y la reducción casi total de su asistencia a eventos públicos.

El 15 de marzo recién pasado, el secretario de prensa del gobierno ruso, Dmitry Peskov, confirmó que todas las medidas anti-covid relacionadas con la seguridad de Putin continúan intactas hasta que los “expertos” lo “consideren apropiado”.

Y es que en Rusia su salud personal es vista como un asunto de seguridad nacional.

En entrevista con el programa Today de BBC Radio 4, el general James Clapper —que supervisó la CIA, el FBI, la NSA y se desempeñó como uno de los principales asesores del presidente Barack Obama— confirmó que Putin ha estado aislado.

“Putin ha estado en gran medida aislado, particularmente en los últimos dos años con la pandemia, y lo que agrava es el hecho de que tiene muy pocas personas que realmente tienen acceso a él, lo que hace que sea muy difícil recopilar inteligencia en la que tienes fe y confianza”, dijo.

Una visión similar tiene Galeotti. “Putin vive muy aislado. El círculo de personas que lo rodea ha disminuido drásticamente“, indica.

Vladimir Putin bajándose de un auto junto a su guardaespaldas.

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“Ya no viaja por el país y su aparición en eventos públicos es bastante inusual. Los guardias de seguridad son de las pocas personas con las que Putin tiene una relación personal”, señala.

Según Galeotti, esto explica, en parte, por qué muchos de ellos han sido nombrados posteriormente en altos cargos (como es el caso de Viktor Zolotov, en la Guardia Nacional).

Algunos analistas en inteligencia afirman que las extremas medidas de seguridad que rodean a Putin se explican en parte por una “paranoia” genuinamente rusa.

Otros, dicen que el mandatario, con su experiencia en la KGB, sabe mejor que nadie lo importante que es resguardar su propia seguridad.

Sea como sea, todo indica que su protección y aislamiento solo va en aumento. Y que, tal como dice Galeotti, en el Kremlin se hacen las cosas “como Putin quiere que se hagan”.


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