Madres buscadoras de Nayarit exigen a jueces atender sus casos
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Madres buscadoras de Nayarit exigen a jueces agilizar las tareas para localizar a sus hijos

Un colectivo de madres del estado presentó una queja para evitar que jueces obstaculicen las tareas de búsqueda de sus hijos. Los jueces pidieron que sean los propios jóvenes desaparecidos quienes ratifiquen una demanda para que sus casos avancen.
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El 6 de febrero de 2018, Bryan Eduardo Arias Garay, de 19 años, no volvió a su casa después de terminar su trabajo en un puesto de hamburguesas, en Nayarit. Desde ese día, Virginia Garay, su madre, no ha dejado de buscarlo. Recientemente, la mujer y los familiares de otros dos jóvenes desaparecidos presentaron un “amparo buscador”, a través del cual pidieron a la Judicatura de Nayarit que se sumara a las labores de búsqueda de los tres varones. Sin embargo, los jueces suspendieron el procedimiento durante un año porque —argumentaron— los jóvenes desaparecidos no acudieron a ratificar la demanda de amparo.

“Es ilógico, les estamos pidiendo que los busquen, ¿y cómo van a ratificar ellos?”, reprocha Virginia, en entrevista telefónica con Animal Político.

“Los jueces se están deslindando y nosotros queremos que nos ayuden a buscar porque ya no sabemos qué más hacer. Los jueces tienen la obligación de buscar también a los desaparecidos, no solamente la Comisión de Búsqueda, no solamente la Fiscalía, sino que ellos también tienen una obligación de buscar por sus medios a los desaparecidos, y que nos hayan contestado que primero tienen que ratificar ellos, imagínate cómo nos sentimos (…) Nuestro coraje, nuestra impotencia es que una autoridad más nos cierre las puertas”.

La respuesta que recibió Virginia es la misma que se notificó a los familiares de Jonathan Félix Peña González y Francisco Galindo Cruz, quienes también desaparecieron en Nayarit. Sin embargo, la mujer informó que tienen conocimiento dentro del colectivo Guerreras en Busca de Nuestros Tesoros —el cual fundó— de que en total son ocho familias las que han recibido respuestas similares o simplemente han sido ignoradas.

“No son casos aislados. Por ejemplo, existe un amparo vs la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa respecto del cual el juez tiene suspendido el procedimiento, pues no han ratificado la demanda. En otro caso, se apercibió a 2 adolescentes migrantes desaparecidos a ratificar la demanda presentada a su favor”, escribió Karla Quintana, titular de la Comisión Nacional de Búsqueda, en su cuenta de Twitter.

“Uno de los mayores problemas frente a la desaparición de personas es la falta de análisis y toma de decisiones de manera estructural y contextual”, añadió el 25 de febrero pasado.

La desaparición de Bryan

Virginia relata que diariamente su hijo Bryan llegaba a casa de madrugada, luego de que había cerrado y lavado el puesto de hamburguesas y hot dogs en el que trabajaba. Por ello, raramente lo esperaba despierta. “Siempre que llegaba, iba a mi cuarto y me avisaba que ya había llegado”, recuerda.

El 6 de febrero de 2018, Virginia despertó hacia las 6:00 horas y se dio cuenta de que no escuchó cuando su hijo le avisó que había regresado a la casa, así que se levantó a buscarlo. El joven no estaba en su cuarto ni en la sala ni en la cocina. No estaba en la casa.

Tomó el teléfono y comenzó a marcarle. El celular estaba encendido porque sonaba y sonaba, pero nadie atendía. Virginia dice que ahí fue cuando más se empezó a preocupar porque las actividades rutinarias de su hijo no se habían realizado y, además, no contestaba su celular. 

Durante una semana, fue todos los días a la Fiscalía de Nayarit para levantar una denuncia por la desaparición de Bryan, pero nadie le hizo caso, solo hasta cuando se cumplió una semana de la desaparición.

“Me decían que ‘está joven’, que ‘se fue con los amigos’, que ‘se le hizo fácil no avisar’, que ‘al rato va a aparecer’ y que ‘nomás les hacemos hacer papeleo’”, reprocha la mujer.

Al paso de los días en los que visitaba la Fiscalía para preguntar si había información de su hijo, conoció a otras madres y padres que también buscaban con desesperación ayuda para encontrar a sus hijos. Al igual que ella, iban de una ventanilla a otra y a otra sin obtener respuestas.

Así fue como fundó el colectivo Guerreras en Busca de Nuestros Tesoros, que actualmente está conformado por 35 familias que buscan a 36 personas desaparecidas en Nayarit y Guadalajara.

“Notoria ineptitud y descuido”

Tras recibir la respuesta de los jueces, quienes pedían que las personas desaparecidas acudieran a ratificar el amparo promovido por sus madres para que las autoridades los busquen, con apoyo de las comisiones de Búsqueda federal y estatal, las madres de los tres jóvenes ingresaron una queja administrativa en el Consejo de la Judicatura Federal (CJF), en contra de Laura Margarita Sepúlveda Castro, titular del Juzgado Segundo de Distrito de Amparo en Materia Penal, así como de Óscar Márquez Torres, secretario del Juzgado Primero de Distrito de Amparo en Materia Penal en funciones de juez de distrito, ambos en Nayarit.

En el texto, firmado por las tres madres buscadoras —así como por la comisionada Karla Quintana y por Gerardo Baltazar Serrano, titular de la Comisión de Búsqueda estatal—, reclaman que, derivado de la desaparición de sus hijos, no solo han tenido que enfrentar estigmatización, falta de respuesta y obstaculización de las investigaciones, sino que ahora las autoridades en Nayarit tomaron una decisión alejada del sentido común, carente de seriedad y ética, lo que demuestra “notoria ineptitud y descuido”.

“Exigir que una persona desaparecida ratifique una demanda para buscarse a sí misma no solo es absurdo, sino que contraviene la urgencia de cumplir con las obligaciones de búsqueda de manera rápida y efectiva”, sostienen en la queja. 

“Las decisiones de las personas juzgadoras referidas negaron a nuestros hijos desaparecidos forzadamente y a nosotras la protección constitucional violando diversos derechos humanos, empezando por el derecho a ser buscados, a la verdad y a la justicia”.

Además de atender su queja, las madres buscadoras solicitaron al CJF tomar medidas de política judicial para capacitar a todo su personal en relación con la desaparición de personas, no solo respecto de la búsqueda como autoridad primaria, sino frente a todas las consecuencias jurídicas de una desaparición para quienes la padecen y sus familiares.

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Quiénes eran las Panteras Negras, el grupo radical de los años 60 en EU que aún tiene integrantes en prisión

La Corte Suprema de Nueva Jersey anunció esta semana que otorgaba la libertad condicional a Sundiata Acoli, el exintegrante de las Panteras Negras de mayor edad que aún queda en la cárcel. El grupo de izquierda reivindicaba los derechos de la minoría afroestadounidense en los 60.
15 de mayo, 2022
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Por casi medio siglo, ha vivido detrás de la rejas en una prisión de Nueva Jersey. Ahora, a sus 85 años, volverá a respirar la libertad.

La Corte Suprema de ese estado anunció esta semana que decidió liberar a Sundiata Acoli, el exintegrante de mayor edad de las Panteras Negras que aún queda en la cárcel. Se trata del controvertido grupo de izquierda que reivindicaba los derechos de la minoría afroestadounidense a finales de 1960.

Acoli era elegible para libertad condicional desde hace 29 años, pero cada vez que sus abogados la solicitaron, se le negó.

Fue considerado sistemáticamente una “amenaza pública”, pese a que su salud, los años y diversos reportes médicos y psiquiátricos sugerían lo contrario.

Lo habían condenado a cadena perpetua en 1974, luego de un extraño incidente un año antes en el que un policía terminó muerto.

Acoli viajaba con Assata y Malik Shakur, otros dos integrantes de las Panteras Negras, cuando dos oficiales pararon el carro para una inspección rutinaria en la autopista de peaje de Nueva Jersey: llevaban una luz rota.

Lo que siguió después nunca ha quedado claro: hubo un tiroteo, Malik y un policía murieron, Acoli y otro agente resultaron heridos.

Acoli y Assata huyeron, pero fueron detenidos pocos días después y condenados a pasar el resto de su vida tras las rejas.

En una de las fugas más memorables de las cárceles de Estados Unidos, Assata logró escapar y se refugió años después en Cuba, donde se cree que todavía vive (sigue aún en la lista de los más buscados del FBI).

Acoli ha pasado su vida en la cárcel, pero no es el único.

Al menos 12 miembros del movimiento siguen todavía presos, con condenas que se acercan o superan los 50 años de cárcel.

Sus sentencias son todavía el testimonio de una época controvertida de luchas por los derechos civiles en EU y una muestra de la brechas raciales y sociales de la sociedad en que se generó.

Pero, ¿qué fue este grupo y por qué sigue generando polémica más de medio siglo después?

El partido

Boinas negras y chaquetas de cuero negro, puños cerrados y pistolas en mano… las Panteras Negras crearon su propia moda que era, a la vez, su símbolo.

Propugnaban la autodefensa armada, especialmente contra la policía, y se definían como un “partido socialista” en una época en la que el comunismo era visto como el mayor enemigo de EU.

El partido fue creado en 1966 por Huey Newton y Bobby Seale, quienes se habían hecho conocidos unos años antes por protestar en un acto en California que obvió el legado negro en la colonización del oeste americano.

Huey Newton y Bobby Seale

Getty Images
El partido fue creado en 1966 por Huey Newton y Bobby Seale.

Desde entonces, se habían envuelto en el activismo político pero hubo dos hechos que los llevaron a dar un paso más allá.

En febrero de 1965, fue asesinado el líder de los derechos civiles Malcom X y, un año después, la policía de San Francisco mató a tiros a un adolescente negro desarmado: Matthew Johnson.

Fue entonces cuando decidieron crear el Partido Pantera Negra para la Autodefensa, cuyas principales metas en un inicio eran monitorear las actividades policiales contra las comunidades negras en Oakland y otras ciudades.

Su activismo y carisma muy pronto multiplicaron la popularidad del grupo: del monitoreo pasaron a crear programas sociales, incluyendo desayunos gratuitos para niños o personas con anemia, a la vez que se involucraron en actividades políticas.

En un par de años, las filiales del grupo se habían multiplicado en más de 30 estados.

En su libro Black Against Empire: The History and Politics of the Black Panther Party, Joshua Bloom y Waldo E. Martin estiman que para 1969 ya tenía más de 5 mil miembros y sus ideas eran populares tanto en comunidades pequeñas como en grandes ciudades, desde Los Ángeles y Chicago hasta Nueva York o Filadelfia.

A diferencia de otros grupos por los derechos civiles de los afroaestadounidenses, las Panteras Negras portaban armas y defendían el derecho a la autodefensa con ellas.

Bloom y Martin señalan en su libro que era una respuesta activa ante la violencia policial que vivía la población negra y que buscaba “empoderar a la comunidad negra frente a un sistema racista”.

Sin embargo, su desafío a las autoridades y su uso de armas fue visto como desafiante y en ocasiones se les describía como pandillas o grupos violentos, algo que sus líderes negaban.

El peligro marxista

Las Black Panthers eran parte de un grupo todavía mayor, el llamado Black Power, que defendía el orgullo negro y la unidad por los derechos de las minorías raciales.

Sin embargo, Newton y Seale no se conformaron con la ideología de esa organización y se basaron en el marxismo.

Creían fervientemente en la “lucha de clases” y pensaban que la organización representaba “la batalla de la vanguardia proletaria contra el capitalismo”.

Fueron estas ideas en las que basaron su plataforma política, a la que llamaron Programa de Diez Puntos, en el que pedían, entre otras cosas, el fin inmediato de la brutalidad policial, empleos para los afroestadounidenses y mayor acceso a tierra, vivienda y justicia para todos.

Su cercanía al marxismo, el enfoque nacionalista negro y una serie de actos violentos que cometieron entonces los pusieron en la mira de las autoridades, en especial del Buró Federal de Investigaciones (FBI) de Edgar Hoover.

El FBI, de hecho, creó un programa secreto de contrainteligencia, COINTELPRO, solo para seguir de cerca a los miembros de las Panteras Negras.

panteras negras

Getty Images

Fue solo el comienzo.

Para 1969, el FBI los declaró una “organización comunista” y “enemiga del gobierno”, y Hoover llegó incluso a considerarlas “una de las mayores amenazas para la seguridad interna de la nación”.

Las rivalidades con la policía

El libro de Joshua Bloom y Waldo E. Martin cuenta cómo la creciente persecución de las autoridades llevó a una rápida radicalización del grupo.

Los enfrentamientos con la policía se hicieron frecuentes y varios agentes murieron en tiroteos que implicaban a las Panteras Negras. El grupo, sin embargo, siempre aseguró que solo usaban las armas como método de autodefensa y que solo respondían a la policía si esta los agredía.

La organización también se volvió un foco de la violencia policial.

En uno de los casos más sonados, en 1969, la policía de Chicago disparó más de 100 tiros a dos miembros del partido que dormían en su apartamento.

panteras negras

Getty Images

Las autoridades aseguraron que había ocurrido un feroz intercambio de disparos, pero luego se demostró que solo una bala provino del arma de uno de miembros del grupo.

En el libro The Black Panther Party , el historiador Charles E. Jones asegura que fue tanta la persecución a la que se vieron sometidos los miembros del grupo que una especie de paranoia colectiva comenzó también a manifestarse entre sus miembros… y a dividirlos.

Esto llevó no solo a numerosas discusiones y temores, sino que hubo también denuncias de que algunas “panteras negras” asesinaron o golpearon a otros del mismo grupo que creían que eran informantes de la policía.

Ciertas partes del movimiento fueron también asociadas con actividades delictivas y una ruptura interna entre sus principales líderes y organizadores pronto los debilitó como fuerza política.

Para mediados de los 70, las Panteras Negras siguieron perdiendo seguidores y popularidad, aunque hicieron esfuerzos por sobrevivir a la debacle, incluyendo crear una rama armada, el Ejército Negro de Liberación.

En las décadas siguientes, el nombre del grupo pasó a quedar como un asunto para investigaciones académicas y libros de historia, mientras algunos de sus principales activistas morían, escapaban a otros países o consumían sus vidas en la cárcel.


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