Nuevo Laredo: sin avances en investigación sobre desapariciones
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Nuevo Laredo: las investigaciones sobre las desapariciones atribuidas a la Marina permanecen estancadas

Hasta ahora, solamente tres de 34 carpetas de investigación han sido judicializadas, mientras están pendientes las búsquedas de 20 personas desaparecidas, los pagos de indemnizaciones y las indagatorias sobre la cadena de mando.
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Han transcurrido cuatro años desde que se desató en Nuevo Laredo, Tamaulipas, una ola de desapariciones atribuidas a elementos de la Secretaría de Marina (Semar). Las investigaciones, sin embargo, están en punto muerto: apenas tres de las 34 carpetas abiertas por la Fiscalía General de la República (FGR) han sido judicializadas. De los 30 marinos detenidos en abril de 2021, solo 18 siguen en prisión, acusados de la desaparición de cuatro personas. Ninguno de ellos ha colaborado con la justicia. 

El foco de los investigadores se centró en los elementos navales sospechosos de ser los autores materiales, pero obvió la cadena de mando, y tampoco analizó cada uno de los casos como si formasen parte de un único operativo. Además, se han formalizado acusaciones por desaparición forzada, pero ninguna por ejecución extrajudicial, a pesar de que 19 de las 47 víctimas fueron encontradas muertas. Hay decepción entre las familias de los desaparecidos, que observan cómo pasa el tiempo y siguen sin saber dónde están sus seres queridos. Las desapariciones de Nuevo Laredo, perpetradas presuntamente por oficiales mexicanos en la frontera con Estados Unidos, siguen todavía con más interrogantes que respuestas. 

Margarita Teresa Torres, de 23 años, fue la última víctima cuyo cuerpo fue encontrado. Salió de su casa junto a su compadre, Javier Alfaro Ortega, el 19 de abril de 2018. Querían comprar leche materna, pero nunca llegaron al Oxxo, ubicado a siete cuadras de la vivienda en la que se encontraban. Más de un mes después, el 23 de mayo, sus restos fueron hallados en una brecha por Ericka Castro, quien busca a su esposo José Luis Bautista Carrillo, a quien los marinos capturaron días antes en un yonke —deshuesadero de vehículos— en el que se celebraba un acto de recaudación de fondos. 

“Ellos encontraron los cuerpos encima de la tierra, a simple vista, cuando yo estuve buscando en ese mismo lugar”, explica Ana Esperanza Torres, hermana de la víctima. Cuenta que el día siguiente de la desaparición comenzó a investigar. Y dio con dos pistas: por un lado, el vehículo en el que viajaba su hermana, donde halló una sandalia y restos de sangre. Por otro, testimonios de vecinos que aseguraban que los marinos se los llevaron. “Todos me confirmaron que eran trocas de la marina y unas trocas blancas. Uno ya sabía lo que ocurría, porque en esos meses anduvieron haciendo mucho levantamiento de personas. Sabíamos que aparecían muertos al día siguiente”, explica.

El caso de Torres está plagado de irregularidades. El vehículo en el que capturaron a la joven fue encontrado por su hermana, pero según le dijeron los investigadores, nunca estuvo en ese lugar. Tampoco nadie explica cómo los dos cuerpos fueron hallados en un lugar que la familia ya había peinado durante semanas. 

Desde entonces no hubo un solo avance. Y Torres comienza a cansarse.

Lee: FGR investiga desaparición a manos de Marina en Nuevo Laredo, con AMLO en el gobierno

Desesperación en las familias

“Hay mucha desesperación en las familias por el curso de los juicios. No participan, no tienen información de primera mano. No confían en el sistema de justicia mexicano”, explica Raymundo Ramos, presidente del Comité de Derechos Humanos de Nuevo Laredo (CDHNL), la organización que acompaña a las víctimas. 

En 2021, hubo dos hitos que dieron esperanza a las familias: la detención de 30 marinos a principios de abril acusados de cuatro desapariciones y el acto de disculpa pública celebrado en el municipio fronterizo

En relación a las detenciones, seis marinos fueron señalados y enviados a prisión por la causa 155/2020, que investiga el caso de Julio César Viramontes Arredondo, desaparecido en febrero de 2018. Otros 11 fueron encarcelados por la causa 307/2020, la relacionada con Bautista Carrillo. Existe un tercer expediente, el 308/2020, relacionado a la desaparición de otros dos jóvenes ocurrida el 17 de febrero: Noé Ignacio Alférez Hernández, de 22 años, y Jonathan Ballesteros Loza, de 17. En este caso hubo 13 marinos vinculados a proceso, pero 12 de ellos ya están libres después de que un juez admitiera el amparo presentado por sus defensas.

Animal Político tuvo acceso a las audiencias celebradas contra los 30 elementos de la Armada de México. En los dos primeros casos, los investigadores disponen de pruebas sólidas contra los elementos de Armada de México: los celulares de las víctimas emitieron señal hasta dos días después de la desaparición y los ubican junto al cuartel El Laguito, también conocido como Nuevo Laredo Sur, uno de los destacamentos empleados por la Marina hasta junio de 2018. 

Además, la FGR tiene videos, fotografías y testimonios que apuntan a los oficiales como responsables de las desapariciones. En el tercero de los casos, un juez no dio por válidos los testimonios de dos personas que aseguraron ver marinos en el momento de los hechos, pero no pudieron señalar que ellos se habían llevado a las víctimas. 

Interrogatorios que nunca se hicieron

“FGR está dilatando las investigaciones para que no lleguen a los altos mandos. Esto fue un operativo de Estado, no fue un operativo común”, dice Raymundo Ramos, del CDHNL. Las investigaciones llegaron únicamente hasta el capitán Alfredo Reyes Mondragón, jefe de la Unidad de Operaciones Especiales (Unopes) en Nuevo Laredo. 

Aunque su nombre aparece mencionado en las tres desapariciones llevadas a juicio, solo fue vinculado a proceso por las de Alférez Hernández y Ballesteros Loza. Por eso es uno de los marinos que recuperaron la libertad en noviembre, después de que un juez federal no viese indicios para mantenerlos en prisión. Los testimonios aparecidos en las audiencias prueban, sin embargo, que él estaba al tanto del resto de episodios, ya que muchos de los partes venían firmados de su puño y letra.  

Animal Político quiso conocer la versión de la FGR y de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV), pero al cierre de la edición no había recibido respuesta. 

La cadena de mando es algo que tampoco se analizó en las audiencias. Según la recomendación 36VG/2020 de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), esta apuntaría hasta el entonces jefe de la Unopes, Marco Antonio Ortega Siu. Sin embargo, este almirante no fue nunca interrogado por los fiscales. En 2019, dejó su puesto de mando para pasar a una plaza de oficinas y fue descartado por Miguel Barbosa, gobernador de Puebla, para ocupar la Secretaría de Seguridad Pública. “Debe ser citado a entrevista no solo Ortega Siu, sino el entonces secretario de Marina, Vidal Francisco Soberón Sanz”, asegura Ramos. 

No se trata solo de saber quién iba en la patrulla que, presuntamente, desapareció a una persona. Las familias también quieren saber quién dio la orden y quién diseñó el plan que desembocó en 47 desapariciones forzosas amparadas por la lucha contra la delincuencia organizada. 

Casi un año después del acto de petición de disculpa pública, la compensación también está paralizada. Ni han pagado indemnizaciones ni se ha continuado con las búsquedas. “Una disculpa es un acto moral. La Marina reconoce su responsabilidad pero no ha querido colaborar con FGR. Y la FGR no quiere incomodar a la Marina. El resultado es que llevamos tres años del actual gobierno y el compromiso no se está cumpliendo. Mientras las víctimas entran en desesperación, enferman o en algunos casos no quieren continuar demandando justicia”, denuncia Ramos. 

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El fenómeno que hace padecer los síntomas de COVID, aunque no sea, al hacer una prueba PCR

Algunas personas pueden empezar a sentirse mal con el simple hecho de hacerse una prueba para ver si tienen una enfermedad. La COVID-19 puede haber agudizado este efecto.
23 de febrero, 2022
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Hace alrededor de un año, mientras me duchaba, noté un pequeño bulto redondo en la axila. Era duro al tacto y cambiaba de posición cuando lo apretaba, como si fuera un pedazo de mantequilla fría bajo la piel de un pavo.

No pude evitar buscar en Google sobre la aparición de bultos y, debido a su ubicación, me obsesioné con la idea de que podría ser las primeras etapas de la leucemia.

Fue entonces cuando comencé a tener otros síntomas: descubrí me dolía todo el cuerpo y estaba cansado, y comencé a perder peso inexplicablemente.

Mi médico de cabecera me recomendó que me hiciera una ecografía y, una vez hecha, estaba seguro de que estaba a punto de recibir las peores noticias.

Así que pueden imaginar mi alivio cuando el técnico me dijo que era simplemente un lipoma, un tumor benigno, hecho de células grasas, que no representaba una amenaza grave para mi salud.

Casi tan pronto como me enteré, todos esos dolores y molestias desaparecieron y pronto comencé a volver a mi peso anterior.

Influencia de la pandemia

El episodio fue mi primera, y hasta ahora, única, experiencia de ansiedad por la enfermedad (o la salud).

Según las últimas investigaciones, al menos el 6% de las personas experimentarán la afección en algún momento de su vida.

Aunque todavía no tenemos estadísticas actualizadas, ese porcentaje puede haber aumentado rápidamente durante la pandemia. Con un ciclo continuo de noticias que enfatizan los síntomas y peligros del virus, es natural sentir cierto nivel de preocupación por una posible infección.

Prueba de flujo lateral

Getty Images
Independientemente del resultado de la prueba, muchos sienten antes de hacerla síntomas congruentes con la covid-19.

Pero para algunas personas, el miedo al virus habrá sido abrumador, alcanzando su punto máximo mientras esperan los resultados de una prueba de flujo lateral o PCR.

La pandemia también podría haber exacerbado las ansiedades sobre otras condiciones. “Sospecho que la ansiedad por la salud ha aumentado considerablemente durante la pandemia, sobre todo porque la gente ha tenido más tiempo para rumiar y reflexionar sobre sus síntomas”, dice Peter Tyrer, profesor de psiquiatría comunitaria en el Imperial College de Londres.

Puede que no sea una coincidencia que mi propio episodio haya ocurrido durante un confinamiento, cuando no pude visitar a amigos que podrían haberme distraído y cuando sabía que tendría acceso restringido al tratamiento médico, en caso de ser necesario.

Los últimos dos años han demostrado que nunca ha habido una mayor necesidad de concienciación sobre la ansiedad por enfermedad y su manejo.

Hipocondría

Nuestra comprensión del trastorno de ansiedad por la salud marca un gran alejamiento de la visión histórica de la condición, que alguna vez se conoció como “hipocondriasis o hipocondría”.

A las personas que padecían este trastorno se las llamaba hipocondríacos y, a menudo, se les menospreciaba y ridiculizaba como una pérdida de tiempo.

Mujer

Getty Images
El trastorno era conocido anteriormente como hipondría.

Muchos comentaristas argumentaban que simplemente querían agregar un poco de drama a sus vidas. “Se consideraban una broma”, dice Tyrer. “La suposición era que a estas personas les encantaba hablar sobre sus quejas”.

No fue hasta 2013 que la Asociación Estadounidense de Psiquiatría adoptó formalmente el término “trastorno de ansiedad por la enfermedad” para describir a las personas con preocupaciones desproporcionadas y debilitantes sobre su salud. (En la literatura médica, la “ansiedad por la salud” se usa a menudo como un nombre alternativo).

Aunque se carece de datos concretos, la mayor disponibilidad de información por internet puede haber aumentado la prevalencia de la ansiedad por la enfermedad en las últimas tres décadas, en comparación con la época anterior a internet.

Factores desencadenantes

Contrariamente a la idea de que los “hipocondríacos” simplemente buscan atención, los orígenes de la ansiedad por la enfermedad en una persona suelen ser muy específicos.

“A menudo hay un factor desencadenante“, dice Helen Tyrer, investigadora clínica del Imperial College London y autora del libro Tackling Health Anxiety. (Helen y Peter Tyrer son un matrimonio que investiga la ansiedad por la enfermedad).

“Podría ser que alguien en la familia haya estado enfermo. O que hayan oído hablar de alguien de su misma edad que muere a causa de una enfermedad”.

En otros casos, los pacientes pueden desarrollar preocupaciones excesivas y continuas sobre el regreso de una enfermedad anterior, como el cáncer o un ataque al corazón, o el empeoramiento de una condición actual, como la diabetes.

Mujer consultando internet en su teléfono

Getty Images
Muchos de los afectados pasan horas todos los días investigando posibles enfermedades en internet.

La condición se caracteriza por un control obsesivo de los síntomas. Muchos de los afectados pasan horas todos los días investigando posibles enfermedades en internet.

“Cada minuto del día verifican si tienen esta enfermedad o no”, dice Helen Tyrer. “Realmente está en una escala completamente diferente a las preocupaciones de la mayoría de las personas sobre su salud”.

“Los pensamientos repetitivos son persistentes y generan mucha angustia“, coincide Sophie Lebel, psicóloga clínica de la Universidad de Ottawa, Canadá, que se especializa en las formas en que las personas enfrentan los diagnósticos de cáncer.

Como es de esperar, la preocupación continua da como resultado muchas más visitas a consultorios médicos y hospitales.

Un estudio de pacientes daneses encontró que las personas con ansiedad grave por enfermedad utilizaron entre un 41% y un 78% más de atención médica, durante un período de cinco años, que aquellas con baja ansiedad por la salud.

Claramente, esto tiene un costo financiero y las visitas médicas repetidas pueden no traer mucho beneficio al paciente, ya que se convencen de que los análisis fueron defectuosos.

“El paciente podría pensar que era demasiado pronto para presentarse a una prueba o que los resultados se confundieron en el laboratorio”, dice Helen Tyrer.

Del mismo modo, si tu sufres de gran ansiedad por la COVID-19, un resultado negativo de un test de flujo lateral una PCR puede no ser suficiente para convencerte de que no estás infectado.

(Por supuesto, esto está justificado hasta cierto punto, aunque los resultados positivos de las pruebas laterales tienen una precisión del 99,97%, la tasa de falsos negativos es del 28% en promedio para las personas sintomáticas).

El efecto nocebo

En muchas situaciones, las ansiedades sobre nuestra salud pueden adquirir la apariencia de síntomas, una profecía autocumplida que parece confirmar nuestros temores.

Sala de espera en un hospital

Getty Images
La preocupación continua da como resultado muchas más visitas a consultorios médicos y hospitales.

Este fenómeno es evidente en los casos del “síndrome de la bata blanca”, en los que el estrés de visitar a un médico puede elevar la presión arterial de las personas, de modo que parezca que están experimentando hipertensión.

Por esta razón, algunos médicos pueden proporcionarte un monitor de presión arterial para que te tomes la presión en tu casa, cuando estés relajado.

Pero hay muchas otras formas en que nuestros miedos pueden tomar la forma de una enfermedad. Nuestras expectativas pueden dar forma a nuestra atención y procesamiento sensorial, por ejemplo.

Si sospechas que puedes haberte infectado con covid-19, por ejemplo, puedes estar más consciente de un cosquilleo en la garganta, un dolor en el pecho o una sensación de dificultad para respirar, y cuanto más lo piensas peor te parecerá.

Esto es especialmente probable si alguien cercano a ti ha tenido la enfermedad, por lo que sabes exactamente qué síntomas esperar, y una prueba lateral o una PCR negativa pueden no ser suficientes para calmar tus temores.

Nuestras expectativas pueden incluso provocar cambios fisiológicos, como la liberación de moléculas vasodilatadoras que causan dolores de cabeza. Los científicos llaman a estas reacciones “efectos nocebo” (un contraste directo con los “efectos placebo” beneficiosos).

Y el malestar puede ser tan desagradable como un síntoma con una causa puramente biológica. Esto solo aumentará la ansiedad, creando un círculo vicioso.

Mujer tomándose la presión

Getty Images
A veces es mejor tomarse la presión en la casa y no en el consultorio médico para que la ansiedad no influya en los resultados.

Si no se trata, la ansiedad por enfermedad crónica puede pasar factura al cuerpo.

Peter Tyrer señala un estudio de 12 años con siete mil participantes en Noruega sobre el tema. Después de tener en cuenta otros factores de riesgo potenciales, los investigadores encontraron que los altos niveles de ansiedad por enfermedad aumentaban el riesgo de enfermedad coronaria en un 70%.

Esto es particularmente problemático para las personas que tienen una enfermedad cardíaca preexistente, dice Tyrer, con cierta evidencia de que la ansiedad por la salud tiene un efecto en la tasa de mortalidad general.

“Si te preocupas demasiado después de haber tenido un evento cardíaco, puedes morir antes que si no te preocupas”, dice Peter Tyrer.

Al menos podrías esperar que las preocupaciones excesivas por la salud animen a alguien a cuidar mejor su cuerpo, como hacer ejercicio o comer bien.

Sin embargo, Lebel dice que las personas con ansiedad por enfermedad grave pueden sentirse tan paralizadas por el estrés que tienen dificultad para tomar medidas positivas.

Perspectiva

A medida que el interés por la ansiedad por la enfermedad fue aumentado, también lo hizo la investigación sobre posibles intervenciones. Una de las intervenciones mejor probadas es una forma adaptada de terapia cognitiva conductual (TCC), que ayuda a romper los ciclos de pensamiento negativos.

Según Peter y Helen Tyrer, uno de los mayores desafíos es lograr que el paciente reconozca que su ansiedad es un problema, en lugar de una evaluación racional del riesgo percibido.

Durante cada sesión, el terapeuta trabaja con el paciente para identificar los desencadenantes de sus preocupaciones y cuestionar los pensamientos que vienen automáticamente a la mente, para que pueda ver su situación un poco más objetivamente y poner los riesgos en perspectiva.

Esto podría implicar una mirada más analítica a los supuestos síntomas y los momentos en que aparecen.

El terapeuta también alentará al paciente a que rompa el hábito de examinarse incesantemente los síntomas.

Si su miedo es a tener cáncer, puede pedirle al paciente que pase un día entero o una semana sin buscar bultos, por ejemplo, y luego observe si sus pensamientos recurrentes sobre la enfermedad han disminuido como resultado.

El paciente también aprenderá estrategias como mindfulness (o conciencia plena) y técnicas de relajación para hacer frente proactivamente a los miedos cuando se presenten.

Claramente, estos pasos deberán adaptarse a la situación particular de los pacientes.

Alguien que tenga una mayor ansiedad por una recaída de una enfermedad anterior deberá controlar su salud, por ejemplo, pero se le puede enseñar qué signos son significativos y cuáles pueden ignorarse, en lugar de entrar en pánico por cada cambio potencial. “Muchas personas simplemente no saben qué síntomas buscar”, dice Lebel.

La evidencia hasta la fecha sugiere que la terapia cognitiva conductual puede ser efectiva. En un estudio de 444 sujetos, los Tyrers encontraron que la TCC personalizada redujo significativamente la ansiedad por la enfermedad de los pacientes en el transcurso de tres meses.

Es importante destacar que los beneficios aun podían verse cinco años después.

Y vale la pena señalar que el programa solo involucró seis sesiones con un terapeuta, lo que lo hace muy rentable. “No estamos hablando de un montón de tiempo”, dice Lebel.

Hay incluso sesiones online, con un ensayo reciente de un equipo de la Universidad de Nueva Gales del Sur, Australia, que reveló mejoras significativas en la ansiedad por enfermedad de los pacientes durante las primeras etapas de la pandemia de covid-19.

“En general, el contacto cara a cara es un poco mejor”, reconoce Peter Tyrer. “Porque puedes captar los cambios más sutiles, pero en general el tratamiento en internet es bastante bueno”.

Impacto físico

En última instancia, a los investigadores contactados les gustaría ver una conciencia mucho mayor sobre la ansiedad por enfermedad y las formas de tratarla.

Mujer mirando a frascos de medicamentos

Getty Images

Peter Tyrer ve algunos signos de cambio positivo, pero le gustaría que más personas comprendieran las consecuencias a largo plazo de este comportamiento.

“Es importante enfatizar que la ansiedad por la salud no tratada no solo es mala para la salud mental, sino también para la salud física”, dice. “Cada vez hay más pruebas de que va a acortar su vida”.

Es posible que hayamos recorrido un largo camino desde que descartamos al “hipocondríaco” como un triste simulador, pero muchos todavía enfrentan sus ansiedades solos sin recibir la ayuda que realmente necesitan.

*Este artículo fue publicado en BBC Future. Haz clic aquí para leer la versión original en inglés.


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