Sargazo inunda playas de Quintana Roo pese a acciones de autoridades
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El sargazo aumenta e inunda las playas de Quintana Roo, pese a las acciones de autoridades

Aunque la Marina ha recolectado una mayor cantidad de sargazo en los últimos años, la problemática real se centra en la forma en que las autoridades atacan el fenómeno.
20 de abril, 2022
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El señor José Burgos lleva varios días más pendiente del cielo que del mar que le da de comer. Es lunes 18 de abril y el hombre dice aliviado que, por fin, el fuerte viento que viene del norte del estado de Quintana Roo ha comenzado a amainar después de semanas sin tregua en las que arrastró hacia el sur toneladas de sargazo.

Aunque más que aliviado, el veterano pescador que es presidente de la cooperativa pesquera Xaman Ha, de Playa del Carmen, parece más bien resignado, pues con viento o sin viento, lo cierto es que la postal ha sido casi idéntica en los últimos siete años: playas llenas de sargazo, un alga marrón que al descomponerse en la orilla ha originado, especialmente el corredor que va de Playa del Carmen a Puertos Morelos y Tulum, escenas de embarcaciones chapoteando sobre un caldo denso de color chocolate. 

Ese es el caso de la playa El Recodo, la bahía donde el señor José tiene su base y las embarcaciones turísticas permanecen amarradas flotando sobre aguas pestilentes, en buena parte debido a que la forma geográfica del lugar favorece la concentración de algas. 

“Antes teníamos arenales muy amplios, pero con la operación del personal y de las máquinas se ha ido perdiendo toda esa arena blanca”, lamentó José, quien como muchas otras personas lleva años advirtiendo que las medidas para evitar que se repitan una y otra vez las mismas postales de playas fangosas no están dando resultados, aunque hay que matizar que no todas las playas de los más de 90 kilómetros de litoral están en la misma situación.

“En administraciones pasadas no resolvieron este asunto y ahora seguimos a la espera de que sí hagan algo, porque esto nos afecta a todos: a los restauranteros, a los hoteleros, a quienes dan masajes en la playa y a los que tenemos embarcaciones turísticas. Acá, por ejemplo, abordamos a los turistas en otros puntos porque en El Recodo ya está feísimo y la gente de fuera, el turista extranjero, no está acostumbrado a estas condiciones y se pueden hasta enfermar por respirar ese aire”, contó el pescador. 

Elizabeth Ruiz/Cuartoscuro

Recales nunca vistos

Esteban Amaro es hidrobiólogo y director de la Red de Monitoreo del sargazo de Quintana Roo,kjkk v una organización civil que cuenta con acceso a imágenes de satélite y de un equipo de drones que tiene desplegados por el litoral, así como de cientos de fotografías y videos que a diario mandan turistas, asociaciones de hoteleros y pescadores. Esto, señala Amaro, les permite analizar el avance del sargazo por las aguas caribeñas casi en tiempo real. Y la perspectiva para este 2022 no es nada alentadora.  

“La naturaleza no tiene palabra de honor y en este año lo que estamos viendo es que los recales masivos de sargazo se adelantaron mucho más que otros años”, dijo en entrevista para Animal Político.

“En años pasados, la llegada fuerte empezaba hasta junio o julio. En cambio, ahora empezó desde enero, mientras que en marzo y abril estamos teniendo unos recales nunca vistos. Para el mes de febrero llegaron a nuestras costas unos 4 millones de toneladas de algas y para marzo subimos a 6 millones, es decir, hubo un gran incremento y seguramente para abril el aumento será todavía mayor. Las cifras nos indican que este año va a ser un año muy fuerte de sargazo”, explicó Amaro.

La Red de Monitoreo publica diariamente un ‘semáforo del sargazo’ en el que se muestra que, salvo la zona norte de Quintana Roo, en lugares como la zona hotelera de Cancún, Holbox, Isla Contoy, Isla Mujeres, Chiquilá y una parte de la isla de Cozumel, el resto del litoral de la Riviera Maya se ha visto muy afectado durante el arranque del 2022. 

Elizabeth Ruiz/Cuartoscuro

Las acciones gubernamentales

El 15 de abril, las autoridades de los tres niveles de gobierno dieron por instalada en Playa del Carmen, la Mesa de Coordinación para la Atención del sargazo en las costas de Quintana Roo, en la que Efraín Villanueva, titular de la Secretaría de Ecología y Medio Ambiente, anunció que en pocos días llegarían al estado 11 buques sargaceros costeros, 16 embarcaciones menores y tractores con barredoras. Además de que comenzaría la instalación de nueve kilómetros de barreras antisargazo. 

El contralmirante Alejandro López Zenteno, coordinador de la Estrategia de Contención de Sargazo, informó que ya se habían instalado 97 anclajes y 500 metros de barreras en la zona de Mahahual, así como casi tres kilómetros de barreras para proteger las playas públicas de Playa del Carmen. Además de que ya se estaban desplegando brigadas de limpieza en los municipios.

Todo esto forma parte de la estrategia tripartita para combatir el fenómeno del sargazo que, básicamente, consiste en que la Secretaría de Marina recolecta el sargazo en mar abierto con el buque Natans, especialmente habilitado para ello, mientras que los municipios se hacen cargo de la recolecta en las costas de las playas públicas y los hoteles hacen lo propio en las playas privadas y concesionadas. 

Esfuerzos insuficientes

La recolecta de sargazo ha ido en aumento año con año, pues de acuerdo con una solicitud de información realizada por este medio, en 2019 la Marina recolectó 542 toneladas, en 2020 aumentó a 808 y en 2021 sustrajo 1 mil 483, esto es hasta 173% más que en 2019. Pese a estos resultados, los esfuerzos parecen insuficientes, pues hay que sumarle que la puesta en marcha del operativo antisargazo llegó tarde este año. 

“Pusieron las barreras ya cuando vamos por la tercera oleada de sargazo y cuando la ciudad está otra vez muy lastimada”, lamentó José Burgos, de la cooperativa pesquera Xaman-Ha.

Amaro coincide con esta afirmación: “Esta temporada ha sido muy prematura y quiero pensar que eso ha pillado desprevenido a las autoridades, aunque nosotros, desde inicios de este 2022, advertimos que el sargazo venía en cantidades muy importantes, y aun así no se hizo nada para prevenir esta situación”, denunció.

Más allá de que se reaccionó tarde, el hidrobiólogo advierte que la estrategia antisargazo continúa sin dar resultados a gran escala, luego de que fuera anunciada en 2019 por el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador. 

“Llevamos años viendo que la estrategia no funciona, que ha mostrado una y otra vez las mismas deficiencias. Por ejemplo, ya vimos que las barreras no sirven porque el sargazo pasa por encima, son barreras diseñadas para la contención de manchas de hidrocarburos”.

Amaro plantea que en lugar de dedicar buena parte de la estrategia a recolectar el sargazo ya en la arena, lo cual está generando la contaminación de las playas por los gases que emiten cuando se pudre, se deberían focalizar los esfuerzos en instalar barreras más extensas y robustas en mar adentro y que ello facilite a los buques de la Marina la recolecta de una manera más eficiente. 

“Hay que instalar las barreras en la misma orientación que la corriente marina y que sea esta la que se lleve el sargazo mar adentro. Yo siempre digo: ‘al mar lo que es del mar’. Porque, ¿para qué estamos queriendo sacar una cantidad tremenda de biomasa de algas? ¿Para contaminar las playas, la selva y el mar? Ya hemos visto que eso no está funcionando. Hay que replantear la estrategia”. 

Laura Artemisa Patiño, presidenta de la organización civil ambientalista Moce Yax Cuxtal, coincide con Amaro: “Lo que pedimos es que el sargazo se recolecte mar adentro porque el impacto es mucho menor; el sargazo en la costa se convierte en lodo y la arena blanca deja ser arena, ya es fango que provoca que todo el ecosistema de alrededor se muera. Por eso la primera alternativa tiene que ser la recogida en mar adentro”. 

Rosa Elisa Rodríguez, maestra en Ciencias de la UNAM, lo resume así: “La respuesta de las autoridades frente a la problemática del sargazo continúa siendo reactiva”. En parte, porque la prevención de un fenómeno como el del sargazo es prácticamente imposible. “O sea, de que va a llegar sargazo, va a llegar. Porque para erradicarlo tendrías antes que resolver el problema del cambio climático y eso es francamente difícil”. 

Para la académica, el verdadero problema es cómo se le hace frente a este fenómeno, y la respuesta tampoco está en el uso de barreras y de buques. 

“Los kilómetros de barrera antisargazo son muy pocos. Son como 15 kilómetros por 800 de litoral en Quintana Roo. Por eso solo se están abocando a las playas públicas. Pero aun así, utilizar un barco, dos o tres para recolectar del mar una cantidad tan infernal de sargazo… pues es nada”, expuso Rodríguez.

Pese a esta realidad, la experta concede que en estos últimos tres años se han producido algunos avances. Por ejemplo, la creación de una plataforma en línea por parte de la Secretaría de Medio Ambiente (Semarnat) que va a permitir recabar información en tiempo real de cuánto sargazo llega y en qué zonas de Quintana Roo. Esta plataforma aún se encuentra en la fase de pruebas, pero se espera que la puedan utilizar investigadores, empresarios y autoridades.

Otro avance, recalca la investigadora, es el nacimiento de una incipiente industria del sargazo a partir del surgimiento de empresas que recolectan en tierra toneladas de estas algas para convertirlas en fertilizantes y combustibles e incluso en materiales de construcción. 

Laura Artemisa Patiño, de Moce Yax Cuxtal, añade otro avance a la lista: la Secretaría de Marina solicitó un muelle en Playa del Carmen para que ahí puedan atracar sus buques y sacar por esa zona el sargazo recolectado. 

“Para nosotros es mejor que la Marina tenga un muelle específico para estas labores y que ya no utilicen las llamadas ‘playas de sacrificio’, donde entra la maquinaria pesada a sacar el sargazo, provocando graves afectaciones al ecosistema”, resaltó la activista.

También hizo hincapié en una petición ya añeja de la sociedad civil quintanarroense: se necesita una nueva normativa que regule el uso integral del sargazo. 

Elizabeth Ruiz/Cuartoscuro

“Seguimos hundidos en sargazo”

En julio de 2021, numerosas organizaciones civiles, entre ellas la propia Moce Yax, y otras como el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (Cemda), o el Colectivo Ciudadano Voces Unidas de Puerto Morelos, lanzaron a través de la plataforma change.org la campaña ‘SOS Nos hundimos en sargazo’, que recabó casi 25 mil firmas, en la que solicitaron a autoridades de los tres niveles de gobierno la atención de 10 puntos básicos para atender la crisis del sargazo, entre los que se encontraba la creación de una Norma Oficial Mexicana para el Manejo Integral de Sargazo, así como la solicitud de “recursos económicos suficientes” para que cada municipio pueda instalar barreras de contención y comprar maquinaria marina y terrestre, así como contratar a más personal de limpieza para las playas. 

Entre esos puntos también se pedía a las autoridades de la Secretaría de Salud federal, así como a la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), que analizaran el riesgo para la salud que puede suponer el manejo del sargazo putrefacto en las líneas de costa y que dicho manejo del sargazo se considerara una tarea “de alta prioridad”. 

Sin embargo, Fabiola Sánchez, del colectivo Ciudadano Voces Unidas de Puertos Morelos, lamentó que a pesar de la gravedad del tema, ninguna autoridad de ningún nivel les dio una respuesta satisfactoria.

“Se dedicaron a aventarse la bolita unos a otros”, aseguró en entrevista para Animal Político.

Por ello, el sentimiento que permanece en buena parte de la ciudadanía de Quintana Roo y en la sociedad civil es que el problema continúa siendo igual o más grave y que año con año las mismas postales se repiten ante lo que consideran es una estrategia “insuficiente e ineficiente”.

“El sentimiento es que seguimos hundidos en sargazo. Que los avances son muy pocos y que, por el contrario, hay mucha palabrería, mucho ruido, y pocas nueces”, dijo Sánchez. 

“Apenas estamos en abril y nos preocupa que no hay las condiciones de infraestructura en los municipios, ni tampoco en la Secretaría de Marina. Vemos que hay muchas notas de prensa de que van a invertir aquí y allá, que van a traer buques. Pero el tema es que, desde hace un año, las autoridades ya sabían que para febrero de este 2022 tenían que estar completamente listos y preparados con todo el equipo, para no tener que reaccionar ahora, cuando ya estamos con el sargazo otra vez encima”, concluye la activista.

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Wilson: la rara enfermedad que convirtió mi cerebro de 30 años en uno de 70

La periodista Carolina Roatta cuenta su historia con la rara enfermedad de Wilson. Se trata de "una rareza genética" que impide al cuerpo procesar o digerir el cobre.
6 de abril, 2022
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El paso del tiempo suele ser evidente en nuestro cuerpo cuando aparecen arrugas y canas, también cuando los músculos se desmarcan y los dientes se oscurecen.

Lo que le pasa a nuestro cerebro, en cambio, suele notarse menos.

Pero, ¿Qué pasaría, si ocurre lo contrario?

La periodista Carolina Roatta se enfrenta a una enfermedad rara que afectó su cerebro al punto de envejecerla el doble, aún cuando su cuerpo es joven.

BBC Mundo cuenta su historia:


Cuando cumplí 32 años me sentía la reina del mundo.

Era noviembre de 2012. Había terminado mi tesis de maestría y estaba de regreso a la soltería. Dictaba clases en una universidad y acababa de conseguir el trabajo de mis sueños como periodista.

El día que fui a firmar el contrato laboral, llegué tan segura de mí misma que logré controlar el temblor que tenía en mis manos desde hacía un tiempo.

Esa firma fue lo último que pude escribir.

El diagnóstico de Wilson

Empecé a temblar cada vez más fuerte. Primero mis manos y brazos se batían como alas de mariposa, luego les siguieron mi cabeza y mis piernas.

Opté por modificar mi rutina. Dejé de usar blusas de abotonar y zapatos de amarrar, me hice amiga de los pitillos y hasta llegué a contratar a un asistente para que escribiera por mí.

En algún punto también empecé un diario en audio para registrar todo lo que me pasaba.

Resistí como pude, pero al cabo de seis meses la situación se hizo insostenible.

Pasé por varias citas médicas que duraban 15 minutos. Es lo normal. En el sistema de salud colombiano, hay que pasar por un médico general para que éste ordene exámenes o remita al paciente a consulta con algún especialista.

En medio de eso me vio un neurólogo primerizo que me diagnosticó erróneamente con temblor esencial y me mandó unos medicamentos para esa condición. Esa medicina me relajaba, pero no me quitaba el temblor.

Irónicamente, después de haber consultado médicos, psicólogos, neurólogos, fue una médica bioenergética la que pensó en ordenarme un examen que mostrara imágenes de mi cerebro.

Mi papá y mi mamá me acompañaron al examen de resonancia electromagnética. Al otro día, mientras esperábamos los resultados, el técnico llamó preguntando si en mi trabajo manipulaba químicos. Las imágenes mostraban que mi cerebro estaba intoxicado.

El resto de mi familia prendió las alarmas. Me ayudaron a conseguir una consulta privada con un neurólogo reconocido. No fue barato, pero por primera vez sentí que alguien entendía lo que pasaba.

La cita duró tres horas, el doctor me hizo todo tipo de pruebas: debía tocarme la punta de la nariz con el dedo índice, dibujar un espiral, hacer marionetas con las manos, sostenerme en un solo pie. En todas me rajé y terminé sudando como si hubiese corrido una maratón.

Fue como haber perdido el examen de admisión al kínder, pero con un diagnóstico como premio de consolación.

Gracias a la cita y otros exámenes especializados, el neurólogo confirmó que tengo la enfermedad de Wilson. Es una rareza genética que lleva el nombre del neurólogo que la investigó, Samuel Alexander Kinnear Wilson, e impide que mi cuerpo pueda procesar o digerir el cobre.

¿Cobre? ¿el mismo metal naranja que hay en los cables?

Sí, el mismo.

Resulta que el cobre es un elemento que nos ayuda a tener nervios y huesos sanos, también contribuye con el colágeno y la melanina en la piel. El cuerpo humano no lo produce, pero lo adquiere por medio de un montón de alimentos.

Lentejas, almendras, chocolate, aguacate, langosta.. La lista sigue.

El cuerpo descompone esos alimentos, el hígado procesa el cobre que le sirve y elimina el que no necesita, usualmente por la orina.

El problema es que quienes sufrimos de Wilson, en vez de procesar y digerir el cobre, lo acumulamos hasta que el cuerpo no resiste más y colapsa. Lo usual es que el hígado sea el más afectado, después el cerebro, los ojos y los riñones.

Pero mi caso es aún más raro. A pesar de llevar 32 años acumulando cobre, mi hígado estaba sano. Mi cerebro, en cambio, envejeció el doble. El neurólogo dijo que parecía el de una persona de 70 años.

También tenía un aro de cobre alrededor de las pupilas de mis ojos, otro signo típico de la enfermedad.


Sobre la enfermedad de Wilson*:

  • La mayoría de las personas son diagnosticadas entre los 5 y los 35 años, pero también puede afectar a personas más jóvenes y mayores.
  • La enfermedad está presente al nacer, pero los signos y síntomas no aparecen hasta que el cobre se acumula en el cerebro, el hígado u otro órgano.
  • Los signos y síntomas varían según las partes del cuerpo afectadas por la enfermedad. Pueden incluir: Fatiga, falta de apetito o dolor abdominal – Una coloración amarillenta de la piel y el blanco de los ojos (ictericia) -Decoloración de los ojos de color marrón dorado (anillos de Kayser-Fleischer) – Acumulación de líquido en las piernas o el abdomen – Problemas con el habla, la deglución o la coordinación física – Movimientos incontrolados o rigidez muscular.
  • Para padecer la enfermedad se debe heredar una copia del gen defectuoso de cada progenitor. Si se recibe un solo gen anormal no se padece la enfermedad, aunque la persona se considerará portadora y es posible que sus hijos hereden el gen.
Un ojo con un aro de cobre alrededor

CRMR Wilson Paris
El aro de cobre en los ojos es uno de los síntomas de Wilson

Enferma de por vida

Ahora debía someterme a una desintoxicación. El tratamiento consiste en tomar durante toda la vida un medicamento quelante que literalmente “pela” el cobre que se acumula en los órganos para después eliminarlo a través de la sangre y la orina.

El médico me explicó que pasaría un tiempo antes de mejorarme, sin precisar si serían meses o años. Me recomendó no mirar Internet para no asustarme y precisó que de pronto los síntomas se agravarían durante el inicio del tratamiento.

Llegué a creer que iba a ser breve y que en poco tiempo retomaría mis actividades. La realidad es que en mi cotidianidad parecía una especie de “bebé grande”.

Pasé de ser una mujer super autónoma a depender de otros en cada aspecto de mi vida. Lo entendí poco después del diagnóstico, cuando mi mamá tuvo que ayudarme a lavar los dientes porque yo ya no podía. Recuerdo perfecto que mis ojos se llenaron de lágrimas cuando abrí mi boca y ella cuidadosamente comenzó a limpiar con el cepillo.

Lloraba porque sentía que ya no tenía dignidad. No podía ser una adulta, un individuo, una persona. Así me sentía cada vez que requería de su ayuda: me limpiaba cuando orinaba, me bañaba, me ayudaba a cambiarme la toalla higiénica cuando tenía la regla, me vestía.

Después de casi un año había llegado al límite de incapacidades médicas permitidas. No mostraba mejoría. El siguiente paso era que me dieran una pensión por invalidez. Al principio me sonaba hasta atractivo: tener 32 años, un salario de por vida, y poder dedicarle tiempo a mis hobbies.

Pero el espejismo tenía otra cara: ser así de joven y sentirme inútil, descartada para el mundo laboral, relegada y sentenciada a ganar un salario mínimo en Colombia, que para ese entonces era como 150 dólares americanos. Una cifra que, igual, me condenaba a depender de otros.

Carolina Roatta

Carolina Roatta
Carolina Roatta

El privilegio

Estaba lejos de imaginarme que Roatta, mi apellido, me salvaría. Mi familia paterna es francesa y gracias a esa herencia, yo recibí la doble nacionalidad, pude estudiar en un colegio bilingüe y hablo el idioma.

Por eso Francia empezó a sonar como una opción cuando entendimos que en Colombia no podía hacer nada más que esperar y depender sin mucha esperanza.

Una de mis hermanas ya vivía allá, se puso a investigar y encontró un centro de referencia en la enfermedad de Wilson que está ubicado en París.

Mis padres, mi hermana menor y yo decidimos emigrar para juntarnos con ella. Fue una decisión difícil, pero necesaria.

En el CRMR Wilson hay un equipo de especialistas que nos dio todas las respuestas. Como Wilson es una enfermedad genética, lograron diagnosticar a mis dos hermanas antes de que los síntomas aparecieran.

Las tres tenemos citas de seguimiento, con exámenes incluidos, cada seis meses. También tenemos acceso privilegiado a medicamentos y yo recibo una ayuda económica para compensar mi situación de discapacidad.

Desde que llegamos, a finales de 2014, estoy intentando crearme una nueva vida. Ha habido avances. Ahora tiemblo mucho menos, el aro de mis ojos desapareció y volví a ser totalmente autónoma.

Han sido ocho años en proceso de aceptación de mi diferencia: enferma, rara, mitad colombiana, desempleada y ahora con 40 años. Nada fácil. Intenté varios proyectos laborales pero no progresaron. Intenté varios proyectos amorosos y de vida en pareja pero tampoco funcionaron.

Hoy sigo en modo construcción. Estoy haciendo una nueva Maestría (mi revancha porque en Colombia nunca pude sustentar la tesis y nunca me dieron el diploma), tengo un nuevo amor, cambié el proyecto de tener hijos por el de tener gatos y me mudé a una ciudad cerca al mar, luego de aceptar que París es muy dura para vivir cuando eres vulnerable.

Pero claro, el desenlace de mi historia también es una rareza. Que yo tenga diagnóstico, tratamiento y acompañamiento, está lejos de ser la norma para quienes se encuentran en los países de América Latina.

En Colombia tuve suerte: La enfermedad de Wilson aparece en la lista de enfermedades raras del Ministerio de Protección Social, gracias a los esfuerzos de la Federación Colombiana de Enfermedades Raras (Fecoer), y por fortuna para el bolsillo de los pacientes, uno de los medicamentos está cubierto por el sistema de salud público.

El problema, en ese caso, es que las personas sean diagnosticadas a tiempo, por eso obtener estadísticas sobre el número de casos es difícil, aunque desde 2020 ha habido progresos gracias a un equipo de la Universidad de Antioquia.

Si yo no hubiera tenido cómo consultar a un especialista que conocía la enfermedad, es muy probable que ya hubiera muerto y mi familia aún estuviera buscando respuestas.

He sido consiente de mi privilegio y tengo mi lado activista, por eso desde que llegué a Francia me vinculé como voluntaria con la asociación de pacientes de Wilson y ahora soy la Presidenta.

Carolina Roatta con su bicicleta

Carolina Roatta
Carolina hoy vive en Francia, en donde recibe tratamiento completo

Esta red de apoyo es lo que me ha mantenido en pie. En ella he podido seguir compartiendo lo que sé hacer: comunicar, crear lazos, ayudar, empoderar a los pacientes y a sus familiares.

También milito para que en otras partes del mundo, incluida Latinoamérica, un diagnóstico rápido, el acceso al tratamiento y un seguimiento de calidad, sea posible.

Durante un tiempo gestioné un grupo en Facebook para conectar con pacientes hispanoparlantes.

Hubo mucha interacción, incluso me contactaron varias personas a mi cuenta personal, una de Cuba, una asociación de Costa Rica, otra paciente de Chile, una de Argentina, dos de Colombia. Todas con historias durísimas de falta de acceso a los medicamentos y larga espera para el trasplante de hígado, la solución extrema en los peores casos de Wilson.

Tres de esos pacientes murieron mientras estábamos en contacto.

La experiencia que más me marcó fue una mujer de Perú. Su esposo tenía la enfermedad y falleció a comienzos de la pandemia.

Durante varios meses no tuvieron acceso al medicamento y murió mientras esperaban un trasplante. La acompañé vía messenger durante tres días mientras su esposo agonizaba, con la tristeza de saber que los finales felices de pacientes con Wilson son más raros que la misma enfermedad.


* Fuente: Mayo Clinic

Si tienes dudas sobre esta enfermedad, necesitas orientación, o si eres un profesional de salud interesado en crear una red de apoyo en América Latina, puedes escribir a:[email protected]


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