IMSS-Bienestar busca más atención de primer y segundo nivel en estados
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Modelo IMSS-Bienestar busca fortalecer atención de primer y segundo nivel en los estados; tercer nivel, aún pendiente

Para atender a la población sin seguridad social en las entidades, se plantea contar en los hospitales de segundo nivel hasta con 60 especialidades y subespecialidades, expuso el director del instituto, Zoé Robledo. 
Diputados de Morena
25 de abril, 2022
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La apuesta del gobierno federal para brindar atención a la población sin seguridad social, a través ahora de IMSS-Bienestar, es fortalecer en los estados el primer nivel de atención y, sobre todo, el segundo, para evitar que las personas deban canalizarse a los institutos nacionales y hospitales de alta especialidad, de los que hay muy pocos en las entidades. 

Así lo explicó Zoé Robledo, director del IMSS, en una conferencia magistral en la Cámara de Diputados durante la Semana de Seguridad Social. El funcionario precisó que todavía se está analizando cómo se dará la atención de tercer nivel o alta especialidad a la población que no es derechohabiente. 

Pero de entrada, el planteamiento no es operar el modelo en los estados solo con las cinco especialidades troncales que tiene el IMSS-Bienestar, más tres que lo complementan. La reforma que se hizo en 2019 a Ley General de Salud, explicó Robledo, estableció “que la Secretaría de Salud tiene que plantear un programa estratégico, que es el que estamos trabajando, y ese programa estratégico tiene que tener tres elementos: el modelo, la cobertura y la progresividad”. 

Por cobertura, se entiende cuántas especialidades son el piso mínimo y no van a ser, recalcó, las del IMSS-Bienestar. “Serán las especialidades que se atienden en segundo nivel en un hospital regional del Seguro Social, que puede llegar a tener hasta 60 especialidades y subespecialidades”, dijo. 

Lo más importante de este planteamiento, aseguró, es que no se puede seguir en la lógica de atender las enfermedades de alta especialidad con el fondo de gastos catastróficos, como lo hacía el Seguro Popular. 

“Estos padecimientos deben tener protocolos y guías de práctica médica desde el primer nivel, incluso desde acción comunitaria para la detección. Cuántas personas hay en sus casas con esclerosis múltiple sin detectar, que se pueden detectar con un modelo de ir casa a casa, incluso en coordinación con instituciones como la coordinación de programas sociales del bienestar”, argumentó Robledo. 

Respecto de la falta de infraestructura en los estados, aseguró que lo primero es tener personal capacitado que pueda atender a los pacientes. “Por falta de personal no se usan todas las instalaciones, hay espacios muertos en quirófanos, cuando hay una necesidad de atención enorme. El punto es cómo hacemos más eficiente la infraestructura. En Nayarit, donde el modelo ya opera, lo más importante ha sido hacer las residencias para los médicos, porque no había en los hospitales urbanos de segundo nivel, el de Tepic y Santiago”. 

Los residentes (médicos que se están formando en una especialidad) serán en buena medida la respuesta para dar atención a los pacientes sin seguridad social. Robledo dijo que muchos hospitales comunitarios se construyeron para 12 camas y no pueden tener médicos residentes porque la norma establece que para eso es necesario tener por lo menos 30 camas. “Fue un error haber construido esos hospitales porque no puedes tener médicos especialistas”, aseveró. 

También mencionó que una opción pueden ser los Centros de Atención Temporal, que durante la pandemia le permitieron al IMSS crecer hasta en mil 700 camas y que podrían ser la solución para atender lo más apremiante en cada estado. 

Por qué recayó el modelo en el IMSS Bienestar

Respecto del cambio de estafeta que se hizo, después de que el Insabi se creó para dar atención a la población sin seguridad social, pero al final se eligió para esto al IMSS-Bienestar, Robledo explicó que previo a la pandemia ya había un planteamiento de federalización del sistema de salud y se pensó que el Insabi podría convertirse no solo en un actor concurrente con los gobiernos estatales, sino incluso operador del sistema. Sin embargo, “la pandemia llegó y ese esfuerzo no se interrumpió, pero sí se pospuso, y la misma crisis sanitaria demostró que se debía partir de un modelo ya creado, el IMSS-Bienestar”. 

Hasta el momento, la ruta que se ha seguido en 14 estados, a los que probablemente se sume San Luis Potosí este año, es plantear la federalización de los servicios de salud a los gobiernos de los estados; después, se ha estado trabajando en cédulas de levantamiento de datos sobre la operación. 

Estos trabajos, en más de 4 mil 200 unidades médicas, no son evaluaciones ni auditorias, dijo Robledo; lo que se está haciendo es verificar, por ejemplo, las brechas en personal en los diferentes días y turnos, cómo es el programa de enfermería y los contratos de servicios, entre otros aspectos. 

Esas cédulas de información sirven, agregó, para establecer qué hace falta en ese sistema en atención médica y a partir de ahí saber qué recursos e inversiones se necesitan para cubrir las brechas. 

A partir de ese diagnóstico, el siguiente paso es la firma de convenios con los estados respecto de cómo es la implementación, todo sin excluir a los trabajadores de salud de los gobiernos de los estados. La garantía es que no se va a despedir a nadie, afirmó Robledo. 

El objetivo es que para 2024 en los estados que así lo hayan decidido, porque la federalización del sistema de salud es voluntaria, ya esté operando la atención a la salud para la población sin seguridad social a través del IMSS-Bienestar. 

“Es difícil pensar que el acceso a la salud se iba a resolver con 32 sistemas diversos que tenían alguna rectoría de la Federación, pero que está comprobado que hicieron una fragmentación, por eso la respuesta ahora es federalizar”, dijo Robledo.

En Nayarit, el único estado donde este modelo ya arrancó, el 1 de abril de 2022, en 221 clínicas de primer nivel y 16 hospitales, Robledo presumió que, para solventar la falta de personal, se puso en marcha la Operación Aztlán. “Se convocó a 125 médicos y médicas especialistas provenientes de hospitales y unidades de Baja California, Baja California Sur, Centro Médico Siglo XXI y La Raza de la CDMX, Colima, Edomex, Jalisco, Puebla y Sonora”, dijo.  

Para garantizar la atención y los medicamentos, añadió, se pusieron en marcha cinco estrategias: abasto emergente de medicamentos y material de curación, jornada de abatimiento del rezago en estudios de diagnóstico, consultas y cirugías, sustitución y mantenimiento de equipo, capacitación y supervisión en la operación, y ampliación de horarios en el primer nivel de atención.   

En la primera jornada de recuperación de servicios en Nayarit al mando del IMSS-Bienestar, se realizaron 131 consultas en unidades médicas, 44 en hospitales y 203 acciones de prevención. 

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Cómo es el kawésqar, el idioma que solo hablan 8 personas en el mundo

¿Qué particularidades tiene el idioma nativo de los kawésqar? ¿Cuál es su origen y sus características más importantes? Aquí te lo contamos.
27 de abril, 2022
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Entre laberínticos archipiélagos australes —donde los vientos, las lluvias y el frío no dan tregua—, vivían los kawésqar.

El grupo nómada pasaba gran parte del día en sus canoas (o hallef) recorriendo los canales entre el golfo de Penas y el estrecho de Magallanes, rodeados de densos bosques y en busca de lobos marinos, nutrias, aves y moluscos para alimentarse.

Los hombres eran los responsables de la caza terrestre (que incluía el icónico huemul) y marítima, mientras las mujeres recolectaban mariscos mediante el buceo, para lo que cubrían su piel con grasa de lobo marino.

Al igual que el resto de los pueblos originarios que poblaron América hace miles de años, los kawésqar tenían su propia lengua, marcada profundamente por su geografía. Eso explica, por ejemplo, por qué tenían 32 maneras de decir “aquí”.

Pero con el paso del tiempo y la llegada de los colonos a esta zona austral de Chile, denominada Patagonia Occidental, el grupo étnico sufrió una transformación brutal: no sólo abandonó su vida nómada —estableciéndose en Puerto Edén, una pequeña villa situada al sur del golfo de Penas—, sino que también relegó a segundo plano su idioma.

Kawésqar

Internet Archive Book Images
Según el Museo Chileno de Arte Precolombino, los kawéskar (también llamados “alacalufes” por algunos investigadores) fueron vistos por primera vez en 1526 por la expedición del marino español Francisco José García Jofré de Loaysa.

Y es que aprender español se volvió una necesidad para ellos y, así, poco a poco se llegó a un punto crítico: hoy, solo ocho personas hablan su lengua originaria.

Cuatro de ellas son ancianos. Tres nacieron en la década de 1960 —la última generación que adquirió la lengua desde la infancia—, y solo uno, que no es miembro del grupo étnico, lo habla: Oscar Aguilera.

El etnolingüista chileno de 72 años lleva casi 50 intentando salvar este idioma, registrando el vocabulario, grabando durante horas archivos sonoros y documentando el léxico.

Ahora hay otra persona que no es de la comunidad interesada en aprender su gramática: la pareja del próximo presidente Gabriel Boric y futura primera dama, Irina Karamanos.

La dirigenta feminista se ha comunicado con Aguilera con el fin de investigar más del tema. Para ella, los chilenos tienen una relación “deficiente” con sus comunidades y pueblos indígenas, y aprender de su léxico es una forma de acercarse a ellos.

Pero ¿qué particularidades tiene este idioma nativo? ¿Cuál es su origen y sus características más importantes?

Aquí te lo explicamos.

¿Cuál es el origen del kawésqar?

Los lingüistas e investigadores siempre intentan responder la misma pregunta: ¿de dónde vienen las lenguas de los pueblos, cuál es su verdadero origen?

Kawéskar

Oscar Aguilera
Mujer kawéskar en Puerto Edén.

En el caso del kawésqar —así como de muchas otros hablas indígenas—la respuesta aún no está clara.

Esto se explica en parte porque se le considera una lengua “aislada” o “no clasificada”.

Es decir, no forma parte de una familia lingüística ni tiene vínculos con ninguna otra lengua viva (como sí lo tiene, por ejemplo, el español, que procede del latín y es parte de las lenguas romances).

Al ser “aislada” es más difícil descubrir de dónde vienen sus palabras, su estructura o su gramática.

Aunque se cree que los kawéskar habitan la Patagonia Occidental hace unos 10 mil años, el primer testimonio que se conoce de su lengua aparece recién entre los años 1688 y 1689, elaborado por el aventurero francés Jean de la Guilbaudière.

Según el Museo Chileno de Arte Precolombino, hacia el siglo XIX su población alcanzaba las 4 mil personas, y la mayoría hablaba el idioma ancestral.

A fines del siglo XIX, sin embargo, su población descendió abruptamente a 500 personas y luego a 150 en la década de 1920.

Actualmente, hay cerca de 250 kawéskar en la región de Magallanes, pero son monolingües —hablan solo español— y no dominan la lengua de sus antepasados.

¿Qué características tiene?

Por sus características morfológicas, el kawéskar es una lengua aglutinante (al igual que el turco y otras) y polisinética; es decir, tiene “palabras, oraciones o frases” que no se pueden traducir con una sola palabra al español.

“No hay una equivalencia de uno a uno, como por ejemplo, el table inglés y el ‘mesa’ español. En kawésqar tenemos palabras como jerkiár-atǽl, un verbo que significa ‘el movimiento que hace el mar de flujo y reflujo'”, le explica Oscar Aguilera a BBC Mundo.

Puerto Edén.

Oscar Aguilera
En Puerto Edén viven unos 200 kawéskar actualmente.

A pesar del amplio contacto de los kawésqar con los colonos, se resisten a aceptar préstamos del español. Así, han creado sus propias palabras para llamar, por ejemplo, a los aparatos han ido adquiriendo (como el televisor o el teléfono).

Las pocas palabras que se han adoptado del español han sufrido una “nativización”; es decir, una transformación a la fonética kawéskar.

Es el ejemplo de “barco”, que se dice jemmáse pero también wárko. La “b” en castellano se reemplaza por la “w”, pues no existe el sonido “b” en kawésqar.

Además, hay un lado cultural que, según Aguilera, “difiere notablemente de la manera en como nosotros nos expresamos”.

Si el kawésqar no tiene certeza de lo que dice, no lo dice. Siempre usa el condicional. Culturalmente ellos rechazan la falta de veracidad, es sancionada por el grupo. La persona que miente se la señala con el dedo”, explica.

Así, por ejemplo, los kawésqar nunca dirían que tal persona los llamó desde Londres. Como no tienen seguridad de que esa persona estaba en Londres (porque no lo ven), dirían “me habría llamado” desde Londres.

¿Por qué está en peligro de extinción?

Al ser hablado solo por ocho personas, está entre las lenguas que la Unesco considera en vías de extinción.

“El problema es que, en términos generales, no es una lengua práctica. Es mejor aprender español o estudiar inglés”, dice Aguilera.

Según el experto, entre las razones que explican por qué el español penetró tan fuerte entre los kawésqar está la comercialización de sus productos con los nuevos habitantes de la zona.

Oscar Aguilera

Oscar Aguilera
El etnolingüista Oscar Aguilera se mudó a Punta Arenas en 2015. Hoy es profesor de la Universidad de Magallanes.

Además, de acuerdo al especialista, se sentían discriminados por los pueblos aledaños, como los chilotes (habitantes de la isla de Chiloé).

“Los chilotes los miraban en menos e incluso se reían de cómo hablaban su idioma. Entonces ellos decidieron no hablar más su idioma en público, sino que solamente en la casa”, explica el lingüista.

El Estado de Chile tampoco ha priorizado su rescate o sobrevivencia. Hasta el día de hoy no hay suficientes incentivos para revitalizar el idioma. La única escuela que hay en Puerto Edén, por ejemplo, enseña en español.

“Hay algunas personas que están haciendo esfuerzos por aprender la lengua, pero la falta de continuidad y persistencia, además de tratarse de una lengua gramaticalmente tan diferente del español, lo hace difícil para ellos”, cuenta Aguilera.


La fascinante historia de Oscar Aguilera

En el invierno de 1975, Oscar Aguilera emprendió una aventura que cambiaría su vida para siempre.

Siendo un joven inexperto, recién egresado de Filología Clásica, Germanística y Lingüística de la Universidad de Chile, decidió viajar a Puerto Edén, el lugar donde viven actualmente los kawésqar.

“Quedé muy impresionado porque me habían pintado un cuadro completamente distinto. Me imaginaba que me iba a encontrar con personas vestidas con pieles, casi con harapos, y viviendo en chozas icónicas. Pero no, ellos vivían en casas común y corrientes, y se vestían igual que yo”, dice.

En ese viaje —que se extendió por todo el invierno— conoció a la familia Tonko, quienes lo ayudaron a comenzar con el registro de la lengua, compartiendo con él largas jornadas de grabación.

Al año siguiente, publicó un primer léxico que perdura hasta el día de hoy.

Oscar Aguilera (operando la grabadora) junto al equipo de investigación y un miembro kawésqar (el de más a la derecha) en Puerto Edén, 1975.

Oscar Aguilera
Oscar Aguilera (operando la grabadora) junto al equipo de investigación y un miembro kawésqar (el de más a la derecha) en Puerto Edén, 1975.

La fascinación de Aguilera con los kawésqar fue tal que siempre encontró razones para volver.

Y así es como decidió embarcarse en una segunda expedición, de la cual volvió con dos miembros de la comunidad a su casa en Santiago, donde vivía con sus padres y su abuela.

Estuvieron viviendo con nosotros durante cuatro meses. Mi familia los recibió bien, los aceptaron”, afirma.

Aguilera era en ese entonces profesor del Departamento de Filosofía de la Universidad de Chile.

Cada tarde, cuando se acababan las clases, se quedaba con los dos kawésqar grabando parte de su léxico y registrando información etnográfica.

Luego, regresaron todos juntos a Puerto Edén.

“A mí me gustaba ir porque la lengua de una comunidad tiene un componente cultural muy importante. Así que me dediqué no solo a salvar el idioma sino también al rescate cultural que implica mucho más, toda la forma de vida y el testimonio propio de ellos”, explica.

La mayoría de los kawéskar que conoció en esos viajes hablaban español pero con distintos grados de competencia. Los más ancianos, por ejemplo, solían tener más interferencia de su lengua materna, cometiendo errores como la no diferenciación entre el singular y el plural.

Oscar Aguilera grabando el idioma kawéskar con uno de sus hablantes en 2009.

Oscar Aguilera
Oscar Aguilera grabando el idioma kawéskar con uno de sus hablantes en 2009.

El académico reconoce que se enamoró de su gente.

“Hice todo lo contrario a lo que los libros de texto le recomendaban a un investigador: ‘Usted saque información, describa la lengua y váyase’. Yo me involucré con la comunidad”, dice.

“Adopción mutua”

En los años 80, la relación entre Oscar Aguilera y los kawésqar se profundizó aún más cuando decidió adoptar a dos niños de la comunidad para que recibieran una buena educación en Santiago.

Los niños pertenecían a la familia de los Tonko. En total, eran ocho hermanos. Uno de ellos, José, amaba la lectura.

“Con el permiso de sus padres, le compré un pasaje a Puerto Montt y lo fui a buscar para irnos a Santiago. Ingresó a la escuela, al Liceo Alessandri, donde yo también había estudiado”, cuenta.

José Tonko

Oscar Aguilera
José Tonko.

Cuatro años después, el hermano de José, Juan Carlos, también se fue a vivir a Santiago con Aguilera. Vivían todos juntos en una casa que el académico arrendaba en la comuna de providencia.

“Yo los adopté. Es que su familia había sido muy buena conmigo, me recibieron siempre como si fuera parte de ellos. Así que en realidad fue una adopción mutua”.

Cuando cumplieron 18 años, José y Juan Carlos ingresaron a la universidad. El primero, estudió Trabajo Social y Antropología, y el segundo, periodismo.

“Ellos son mi familia”

Actualmente, los hermanos —que bordean los 60 años— viven en la ciudad de Punta Arenas, al igual que Aguilera, quien dicta seis cursos en la Universidad de Magallanes.

“Hasta el día de hoy ellos son mi familia. Es como si fueran mis hijos, me cuidan y yo los cuido”.

Ambos han trabajado con él en la ardua tardea de rescatar el idioma.

José es coautor de distintas publicaciones —como “Gente de los canales” (2019)—, y ha colaborado en la creación de un diccionario kawésqar-español, que aún no logran terminar.

Además, entre 2007 y 2010, redactaron un texto y un archivo sonoro que se encuentra hoy en la Universidad de Texas, en Austin, Estados Unidos, y en la Universidad James Cook, en Australia.

Sin embargo, el lingüista cree que aún falta mucho por hacer.

José Tonko y Oscar Aguilera en Puerto Edén, año 2009.

Oscar Aguilera
José Tonko y Oscar Aguilera en Puerto Edén, año 2009.

“Detrás de las lenguas hay un gran conocimiento y por eso se deben preservar, porque albergan información única sobre el medioambiente donde vive la gente que lo habla”, dice.

De cara al futuro del idioma, su esperanza está depositada en la futura primera dama, Irina Karamanos.

Quizás su interés —dice— ayude a revitalizar realmente la lengua de quienes considera su verdadera familia.


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