Noh Bec, hogar de caobas centenarias, busca un futuro más allá del árbol
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Juan Mayorga

Noh Bec, el hogar de las caobas centenarias, busca un futuro más allá de su árbol emblema

Los muebles no son lo único en el horizonte. El ejido también prepara su incursión en el mercado de bonos de carbono para sacarle provecho al dióxido de carbono que sus árboles capturan de la atmósfera y que ayuda a combatir el cambio climático.
Juan Mayorga
Por Juan Mayorga / Mongabay Latinoamérica
14 de mayo, 2022
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La reina del ejido forestal de Noh Bec, ubicado en el estado de Quintana Roo, no tiene corona y vive en el corazón de la selva maya, en una reserva sagrada para esta comunidad del sureste de México.

Se trata de una caoba (Swietenia macrophylla king) que tiene al menos 700 años de edad, asegura el ejidatario e ingeniero forestal Bernabé del Ángel de pie ante esta monarca. El sobrenombre de este árbol monumental se debe a su aspecto regio de más de 25 metros de altura y más de 2 de diámetro en su tronco. Es tan grande que su copa se extiende sobre el dosel de la selva, haciendo empequeñecer a otros árboles gigantes a su alrededor. Tan antigua que dio sombra a los antiguos mayas antes de la conquista española.

La Reina, como le llaman, es uno de los raros ejemplares centenarios de caoba (kanan ché en maya), probablemente la más célebre de las maderas tropicales finas en el mundo. Pero la rareza de La Reina no se debe solo a su edad o su tamaño, sino a que forma parte de uno de los últimos bosques antiguos de la península de Yucatán, un espacio que ha logrado sobrevivir el desarrollo industrial y la explotación intensiva de madera de los últimos siglos.

Vista de la zona El Huasteco. Foto: Juan Mayorga.

El corazón forestal de Noh Bec

Este lugar, conocido como El Huasteco en honor al sitio de origen de los colonos veracruzanos que fundaron el ejido en 1936, fue designado por Noh Bec como reserva ejidal forestal, por lo que es intocable para actividades como cortar madera o cazar animales. En sus 700 hectáreas, los ejidatarios de Noh Bec tienen mapeadas y referenciadas unas 120 caobas y cedros (Cedrela odorata L.) que por sus más de 60 centímetros de diámetro se consideran árboles centenarios.

“Esto es el corazón de Noh Bec, aquí late culturalmente nuestro corazón como ejido y por eso estamos comprometidos a cuidar estos bosques”, explica Bernabé del Ángel, mientras muestra una semilla mordisqueada por un tepezcuintle, mamífero insignia de la biodiversidad local.

Fuera de El Huasteco, en el territorio selvático de más de 24,000 hectáreas de Noh Bec, existe una densidad exorbitante de especies apreciadas por sus maderas finas (tzalam, cedro, katalox, chacte viga, chakte kok), sin embargo las caobas han ocupado históricamente un lugar central en la economía del ejido, alcanzando una producción de más 2,000 metros cúbicos anuales en los noventa.

Ejidatarios de Noh Bec. Foto: Juan Mayorga.

La industria maderera comunitaria ha llevado a este ejido a desarrollar un manejo forestal sustentable —un uso del bosque que consiste en tomar recursos de flora y fauna de manera calculada y cautelosa, sin alterar su función ecológica ni comprometer el acceso de generaciones futuras a estos recursos— que le hizo merecedora de un hito internacional:

En 1997, gracias a su buen manejo forestal, Noh Bec se convirtió en la primera comunidad en el mundo en recibir un certificado del Forest Stewardship Council (FSC), instancia certificadora más importante a nivel internacional. Actualmente, del total de su superficie, Noh Bec destina 18 000 hectáreas al manejo forestal sustentable, equivalente a más de 20 veces el bosque de Chapultepec de la Ciudad de México.

El camino de Noh Bec hacia la sustentabilidad forestal no ha estado libre de obstáculos. Uno de ellos, el huracán Dean que devastó la zona en 2007. La tormenta diezmó los inventarios de caoba, al grado que ha reducido la extracción de esta madera a su mínimo histórico. Pero el ejido no se amilana y, aunque mantiene el dedo en el renglón de las caobas, también voltea la vista hacia otras maderas y otras actividades económicas derivadas del manejo forestal sustentable.

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El ejidatario Bernabé del Ángel, en la entrada de zona forestal de Noh Bec. Foto: Juan Mayorga.

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Caoba, especie CITES

La caoba, conocida en inglés como mahogany por el nombre científico de la caoba cubana (Swietenia mahogani), ha sido de gran interés comercial desde la conquista europea de las Américas. Su explotación industrial siguió el camino de la ocupación colonial: se inició en Cuba, Dominicana, Jamaica y luego se extendió a la península de Yucatán, Centroamérica y Sudamérica. El agotamiento de las poblaciones de caoba siguió la misma ruta.

Actualmente, la mayor producción de esta especie se concentra en Perú y  Brasil. En países donde se explotó primero, como Cuba y Honduras, ya es inviable la extracción comercial debido al agotamiento de las poblaciones nativas de árboles.

Entrado el siglo XX, el declive de la caoba en sus ecosistemas originales en las Américas habían hecho que el grueso de la producción se mudara a países de África occidental, como Costa de Marfil y Nigeria, aprovechando la presencia natural de una especie similar a la Swietenia: el caobo africano (Khaya senegalensis). La caída en la viabilidad comercial de las caobas americanas encendió los focos de alarma, y varios países del continente atendieron el problema a través de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES).

Tablas de caoba en el aserradero del ejido. Foto: Juan Mayorga.

En 1975 entró en vigor CITES y con ello la protección para las primeras especies de flora y fauna bajo su amparo, entre ellas la caoba de Honduras (Swietenia humilis). Le siguió la caoba cubana (Swietenia mahogani) en 1992. En 1995, por iniciativa de Costa Rica, la especie más abundante, la Swietenia macrophylla, fue inscrita en el Anexo III de la convención —el menos estricto—, pero por presión de varios estados latinoamericanos con poblaciones de caoba y los principales países importadores del momento (Estados Unidos, Reino Unido y Argentina), esta caoba fue transferida en 2003 el Anexo II de la CITES, con lo que se acordó la protección de su venta internacional.

Para Noh Bec y otros ejidos forestales productores de caoba, la protección de CITES implica un papeleo adicional para el comercio, que ha contribuido a reducir el interés de los compradores.

“La madera se sigue cortando, siguiendo nuestro plan de manejo, pero el interés del comprador es menor porque se les ha complicado la emisión de los permisos CITES, necesarios para exportar. Entonces al comprador eso le genera más gastos”, afirma , explica José Antonio Tadeo Mezo, abogado y presidente del comisariado de bienes ejidales de Noh Bec, quien recuerda que tan solo el año pasado un cargamento de caoba tardó 9 meses en ser recogido del aserradero por la lentitud de los trámites para exportación.

Una de las caobas emblemáticas del ejido. Foto: Juan Mayorga.

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La devastación del huracán

A fines de los noventa, bajo las certificaciones otorgadas en 1991 por SmartWood y en 1997 por FSC, Noh Bec mejoró el precio de sus maderas y engrosó su cartera de clientes, exportando a Estados Unidos, Alemania y Japón. Entre 1984 y 1998, el ejido extrajo 31 304 metros cúbicos de caoba, un promedio de más de 2000 metros cúbicos anuales, buena parte del cual iba al mercado de exportación.

En 2007, el destino del ejido cambió con la fuerza de un huracán categoría 5. Era el 21 de agosto y el huracán Dean ya había causado estragos en el Caribe antes de entrar por la bahía de Chetumal y atravesar la península de Yucatán, causando efectos devastadores. En el camino golpeó a Noh Bec y redujo su selva a añicos. Fue un golpe brutal para el ejido, que en unas pocas horas vio derribada una buena parte de su superficie forestal y con ella el trabajo de varias décadas.

Bernabé del Ángel, su familia y colegas apenas pudieron recuperar la esperanza cuando, en sobrevuelos de helicóptero, descubrieron que los árboles centenarios de la reserva El Huasteco seguían milagrosamente en pie. “Por eso varios aquí nos vemos como esas caobas: puede pasarnos un huracán categoría 5 y quién sabe cómo, pero aquí seguimos”, bromea el ejidatario.

El ejido conserva sus árboles monumento. Foto: Juan Mayorga.

La deforestación causada por Dean implicaría un contratiempo histórico. El ejido tuvo que suspender su programa de manejo, por lo que no pudo mantener su certificación forestal. “Con eso se perdió también toda la cartera de clientes (de exportación de caoba)”, recuerda Abraham González, ejidatario y técnico forestal de Noh Bec.

Lo que siguió fue sacar la madera derribada mediante autorizaciones extraordinarias otorgadas por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) para 2008 y 2009. Los árboles eran jóvenes y delgados, por lo que no ofrecían madera de buena calidad y eso se reflejaba en el precio de venta, recuerda Abraham González. El huracán también devastó el aserradero que con tanto trabajo se había logrado construir para añadir valor a la madera y no solo venderla en rollo.

No fue sino hasta 2010 que el ejido volvió a tener un plan de manejo con un ciclo de 15 años, programado para terminar en 2024. A raíz de los nuevos trabajos, se recuperó en 2015 la certificación FSC, lo que le ha permitido a Noh Bec diversificar su economía: el aval de un tercero al buen manejo forestal del ejido ha facilitado el interés de visitantes en actividades como la caza cinegética o el ecoturismo.

El avistamiento de aves es una de las actividades que se pueden realizar en el ejido. Foto: Juan Mayorga.

Pese a los avances, el aprovechamiento de la caoba cayó debido a que el huracán arrasó con buena parte del arbolado que se contemplaba para corta. No quedaban caobas maduras que cortar sin afectar más la selva. En consecuencia, el nuevo plan de manejo solo aprobó extracción por un promedio de 350 metros cúbicos anuales, casi una quinta parte de lo que planteaba el plan anterior.

En 2022 Noh Bec alcanzará uno de sus niveles históricamente más bajos en la producción de caoba, ya que tienen autorizada la extracción de solo 320 metros cúbicos, que equivale a menos de 1000 árboles.

Mientras elaboran el nuevo plan de manejo que seguirán a partir de 2025, los 216 ejidatarios que integran Noh Bec se apegan a otra actividad contemplada en su plan actual: la reforestación. Cada año, plantan entre 25 000 y 30 000 arbolitos de distintas especies, con un porcentaje de supervivencia de al menos el 70 %. “La caoba es la especie que más se dio en la plantación”, explica Tadeo.

Semilla de caoba. Foto: Juan Mayorga.

“Ver más allá de la caoba”

Por muy apreciada que haya sido históricamente, la caoba no es ni la más elegante ni la más cotizada de las maderas de la selva maya disponibles en Noh Bec. Por ejemplo, el tzalam (Lysiloma latisiliquum) guarda una apariencia muy parecida, incluyendo el color rojizo derivado de la oxidación al contacto con el aire. En cuanto a precio, el ciricote (Cordia dodecandra) o el granadillo (Platymiscium yucatanum) pueden incluso duplicar el de la caoba, alcanzando entre 20 000 y 30 000 pesos (1000 a 1500 USD) el metro cúbico, lo que ha detonado un grave problema de tala clandestina de estas especies en zonas no protegidas por ejidos forestales como Noh Bec.

Si bien el aprecio de la caoba viene en buena medida de aspectos técnicos que permiten trabajarla cómodamente tanto en carpintería como en ebanistería —como su grano fino, la casi ausencia de nudos, su alta densidad y la homogeneidad de sus vetas de crecimiento—, existe una parte del apego a esta madera que se trata de una simple inercia del mercado. Pero a medida que ha disminuido su disponibilidad y aumentado las regulaciones para su comercialización, otras maderas han comenzado a ganarse el interés de los clientes. Una de ellas, el chicozapote (Manilkara zapota), ha acaparado las ventas del ejido Noh Bec debido a su precio asequible y a su buena resistencia para la construcción de estructuras ligeras.

“Ahora la caoba solo está representando en nuestra base económica el 20 %, lo que nos está sosteniendo es el chicozapote”, explica José Antonio Tadeo. ”Y en precio, ya ni es tanta la diferencia, porque el metro cúbico de chicozapote ya anda hasta en 4500 pesos (225 USD), mientras que la caoba está entre 6000 y 7000 pesos (300 y 350 USD)”, añade Abraham González.

Chicozapote antiguo con heridas de chicleo. Foto: Juan Mayorga.

La corta del chicozapote debe realizarse cuidadosamente, ya que esta especie es la fuente de la producción de goma de chicle, la otra actividad histórica de Noh Bec y de otros ejidos forestales en Quintana Roo. Para evitar un conflicto con esta industria, se autoriza la corta de Manilkara zapota para madera solo en árboles a partir de 35 centímetros de diámetro, mientras que los ejemplares a partir de 25 centímetros pueden ser usados para extraer látex de chicle.

“De las especies de gran tamaño, el chicozapote es la especie más abundante en la selva, por eso es compatible con la extracción de chicle”, explica Hugo Galletti, director técnico forestal de la Asociación de Productores Ejidales de Quintana Roo. “El chicozapote es más económico, pero mucho más abundante que la caoba”, agrega.

La diferencia entre la caoba y el chicozapote se aprecia mejor en los volúmenes de corte autorizados por el programa de manejo de Noh Bec. Mientras que solo es posible extraer 320 metros cúbicos de caoba, en el caso del chicozapote la autorización es de 5520. “Estamos hablando de más de 90 % de chicozapote. Entonces ya no dependemos de la caoba porque ya no es negocio, ahora el chicozapote es el que viene a darnos de comer”, explica José Antonio Tadeo.

Noh Bec ha logrado mostrar que buen el manejo forestal permite conservar el bosque tropical y su fauna. Foto: Juan Mayorga.

Para Eva Fernández, coordinadora de desarrollo de cadenas de valor del FSC, no se trata solo de qué maderas cortan en Noh Bec, sino de qué hacen con ellas, por ello celebra la reciente ampliación de la certificación del ejido para incluir muebles producidos en la comunidad.

“Esto le permitirá al ejido desarrollar su cadena de valor e ir un paso más allá de la venta de madera en rollo o en tablas, y competir en el mercado de productos acabados para cliente final”, explica Fernández.

Los muebles no son lo único en el horizonte. El ejido también prepara su incursión en el mercado de bonos de carbono para sacarle provecho al dióxido de carbono que sus árboles capturan de la atmósfera y que ayuda a combatir el cambio climático.

Lee el artículo original publicado por Mongabay Latam aquí.

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Cuál es el sistema económico ruso y por qué se le acusa de ser un "capitalismo de compinches"

Con el fin de la Unión Soviética, Rusia abandonó el comunismo y sus líderes la embarcaron en un sistema que ha dado origen a una élite de milmillonarios.
17 de marzo, 2022
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El colapso de la poderosa Unión de la Unión Soviética en 1991 marcó el fin de una era comunista. Y fue también la entrada de Rusia, el principal estado de la unión, al que fuera su mayor enemigo: el sistema capitalista.

Rusia tiene un sistema bancario, reconoce la propiedad privada, hay acceso al mercado de capitales… “todo lo que normalmente atribuiríamos a un país capitalista”, le dice a BBC Mundo Carlos Sieglel, profesor en la División de Economía y Asuntos Globales en la Universidad Rutgers.

Es el país más grande del mundo, y obtiene grandes ingresos por la exportación de gas y petróleo.

La Agencia Internacional de Energía (IEA, por su siglas en inglés) sostiene que Rusia “juega papel descomunal en los mercados petroleros mundiales”.

Y en 2021, la revista Forbes lo ubicó en el quinto puesto de países con más milmillonarios.

Gazprom

Getty
Rusia tiene una potente industria gasífera.

Rusia es un país capitalista,pero varios expertos coinciden que tras la caida de la URSS, los líderes de Rusia, primero Boris Yeltsin y luego Vladimir Putin, alimentaron un modelo económico que favorecía a unos pocos cercanos al gobierno.

“Capitalismo de compinches”, lo llaman algunos analistas como Anders Åslund, autor del libro “El capitalismo de compinches de Rusia: el camino de la economía de mercado a la cleptocracia” (por su traducción literal al español).

¿Cómo funciona la economía de Rusia y por que sus críticos la asocian con la creación de oligarcas y corrupción?

Cambio de sistema

Según Sieglel, para entender la economía rusa de hoy hay que remontarse al derrumbe de la Unión Soviética.

Yate de Alexei Mordashov

Getty
El yate confiscado a Alexei Mordashov, acusado de ser un oligarca cercano a Putin.

Las empresas que antes pertenecían al Estado iban a ser privatizadas.

“La cuestión era cómo privatizarlas”, dice el experto.

Lo que ocurrió, dice el analista, fue que muchas de las compañías más grandes que fueron privatizadas quedaron en manos de antiguos funcionarios del gobierno o de personas que estaban bien conectadas.

A este grupo de personas, que por ser cercanas al gobierno lograron privilegios para hacerse con las empresas, hoy se les conoce como los oligarcas.

“Son élites empresariales ultrarricas con un desproporcionado poder político“, según los describe Stanislav Markus, profesor de Negocios Internacionales en la Universidad de Carolina del Sur, en un artículo de The Conversation.

Oleg Deripaska junto a Vladimir Putin en 2017

Kremlin/EPA
Vladimir Putin junto a Oleg Deripaska, uno de los llamados “oligarcas” que le son cercanos (2017).

Según Markus, los oligarcas emergieron en dos oleadas.

La primera fue a partir de 1990, cuando durante el gobierno de Boris Yeltsin se vendieron grandes compañías estatales a un bajo precio a un selecto grupo de magnates a cambio de beneficios.

La segunda oleada fue impulsada por Putin a través de contratos con el Estado, explica Markus.

El modelo era que empresas privadas de infraestructura, defensa y atención de la salud vendían sus servicios al gobierno a un precio mucho mayor que el del mercado, a cambio de sobornos a los funcionarios que hacían posible la transacción.

“Así, Putin enriqueció a una nueva legión de oligarcas que le debían sus enormes fortunas”, dice Markus.

Putin y Yeltsin.

Getty
Putin y Yeltsin.

Esa confabulación es lo que algunos califican de “capitalismo de compinches”.

“Rusia es un país con capitalismo de compinches, es muy similar a lo que tendrías en economías fascistas, donde el Estado y algunas industrias colaboraban entre sí”, dice Siegliel.

“En este caso colaboran mediante mecanismos de corrupción”.

Eszter Wirth, profesora de Economía Internacional de la Universidad Pontificia Comillas, describe a Rusia como “sistema aparentemente capitalista”.

“Donde la mayor parte de la riqueza se genera en sectores caracterizados por el rentismo, nepotismo y la compra de favores”, según le dice Wirth a BBC Mundo.

Wirth explica que Putin implementó un modelo basado en el modelo soviético caracterizado por grandes empresas estatales y lo combinó con el sistema oligarquista de Yeltsin, renacionalizando algunas entidades que habían sido privatizadas en la era Yeltsin.

“Dichas corporaciones estatales controlan un 55% de la economía rusa (las PYMES un 20,6%), que recuerdan a la época socialista”, dice la experta.

“Sistema cleptocrático”

Ese mecanismo, dicen los expertos, está basado en que los oligarcas no se meten en asuntos políticos, y el Kremlin no se mete en los negocios de estos magnates.

“Los oligarcas han ayudado a Putin a mantenerse en el poder a través de su inmovilidad política y su apoyo económico a las iniciativas internas del Kremlin”, dice Markus.

La ONG Transparencia Internacional califica a Rusia de tener un “sistema cleptocrático”.

“La gran riqueza que los cleptócratas rusos han acumulado, y siguen disfrutando, ha ayudado al presidente Putin a reforzar su control sobre el poder…” sostiene la organización en un artículo del 4 de marzo.

El semanario The Economist ubica a Rusia en el primer lugar de su Índice de Capitalismo de Compinches.

Roman Abramovich

Getty
Roman Abramovich es uno de los magnates rusos señalado de ser un oligarca.

El índice mide la cantidad de multimillonarios cuyas fortunas pueden estar asociadas a su cercanía con el gobierno, especialmente a través de negocios como bancos, casinos, defensa, industrias extractivas y construcción.

La publicación sostiene que en Rusia hay 120 milmillonarios, de los cuales el 70% cumple las características de un “capitalista compinche”.

“El 28% del PIB ruso corresponde a la riqueza de multimillonarios (oligarcas) rusos que operan en sectores rentistas (del Estado)”, indica Wirth.

Sin competencia

Sieglel sostiene que ese mecanismo corrupto también afecta el avance de la industria rusa.

“Normalmente estas compañías tendrían que competir entre ellas, esa competencias las llevaría a ser más eficientes, a contratar al personal idóneo”, dice el profesor.

“Pero lo que ocurrió fue que el gobierno, y esto también ocurre en otros países, protegió a muchos de estos individuos de la competencia directa”.

“Como resultado, lo que tienes en Rusia son una serie de compañías que no son tan eficientes en términos de producción, porque han sido aisladas de la competencia”.

El Kremlin.

Getty
El Kremlin.

Montaña rusa

A nivel global, Rusia es el segundo mayor exportador de petróleo, después de Arabia Saudita; y el tercer productor de petróleo, detrás de Estados Unidos y Arabia Saudita, según la IEA.

Tiene la segunda mayor reserva de carbón, después de EE.UU.

El 40% del gas natural que consume Europa proviene de Rusia, producido por el monopolio estatal Gazprom.

Además, el país es rico en tierras raras y productos agrícolas como trigo, maíz y aceite de girasol.

Esa riqueza natural, especialmente el gas y el petróleo, le han ayudado a superar varias crisis y vaivenes económicos en las últimas décadas.

Cuando Putin subió al poder, el país venía cerrando una década de hiperinflación, en la que había caído el PIB y había aumentado la desigualdad.

A nivel económico, los 90 en Rusia fueron “una década perdida”, según la describe Wirth en un artículo de The Conversation.

Pero la llegada de Putin al poder le dio un nuevo rumbo al país.

Rusia.

Getty
Rusia se enfrentó a una crisis económica en la década de los 90.

Durante los primeros 8 años de gobierno de Putin, Rusia tuvo un repunte que según Wirth se atribuye al alza mundial de los precios de los hidrocarburos, el principal producto de exportación ruso.

La crisis de 2008 y 2009 frenó ese crecimiento, pero en 2013 un nuevo alza en los precios del crudo los ayudó a recuperarse.

Luego, en 2014 y 2015, los precios volvieron a caer, el rublo perdió valor y aumentó la inflación.

“La dependencia excesiva de la exportación de petróleo y gas natural durante la era Putin pasó factura a la economía rusa”, escribe Wirth.

“Rusia sigue siendo un país con grandes superávits comerciales cuando los precios de las materias primas son altos, y podría invertirlos en la modernización de la maquinaria e infraestructuras obsoletas”, dice Wirth.

“Pero, al concentrarse las exportaciones en manos de pocos oligarcas, estos prefieren invertir los fondos en el extranjero, por lo que Rusia pasa desde años por un proceso de fuga de capitales hacia paraísos fiscales, Suiza o Londres”.

Sieglel concuerda en que la economía rusa no es muy diversificada, y añade que “no tienen un incentivo para innovar”.

“A pesar de los recursos, no tienen la instituciones adecuadas para innovar en términos de nuevos productos o tecnología”, dice.

El profesor también indica que, a diferencia de otros países capitalistas, en Rusia no hayleyes antimonopolio y no existe un ambiente legal que enfatice la competencia.

Planta de gas ruso

Getty
Rusia depende en gran parte de la industria de gas y petróleo.

Sanciones

Durante los últimos tres años Rusia ha tenido un crecimiento económico moderado.

En Rusia el impacto de la pandemia fue menor que en otros países, según indica el Banco Mundial.

Según el banco, esto pudo deberse a su política de ayudas fiscales por parte del Estado, así como a que tiene un sector de servicios relativamente pequeño y un sector público grande que amortiguó el desempleo.

Aún así, la profesora Wirth califica de “decepcionante” las tasas de crecimiento económico de Rusia para ser uno de los países BRIC (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica).

Además, desde que Putin invadió Crimea en 2014, Rusia enfrentó sanciones que lo tienen cada vez más aislada de los mercados occidentales.

Y el país se enfrenta ahora a un másduro paquete de sanciones internacionales como respuesta a su invasión a Ucrania.

Estas medidas incluyen que los mayores bancos rusos hayan sido expulsados del SWIFT, la red de pagos internacionales, con lo cual se les dificulta procesar transacciones que vengan del extranjero.

Putin ya ofreció ayuda estatal a los bancos sancionados.

También se han congelado cientos de miles de millones de euros de la reserva del banco central de Rusia.

Mc Donalds en Rusia

Getty
Varias marcas anunciaron que dejarán de operar en Rusia.

Cerca de 300 marcas han suspendido sus operaciones en Rusia.

Y también se han aplicado sanciones individuales a decenas de multimillonarios que EE.UU., Reino Unido y Europa considera oligarcas cercanos a Putin.

En el último mes, el rublo ha perdido más del 40% de su valor frente al dólar.

Con base en estas sanciones, el banco de inversiones Goldman Sacks calcula que este año el PIB de Rusia podría caer 7%.

La firma de análisis de mercado Oxford Economics calcula que la presión sobre los mercados financieros rusos podría tener un impacto de 6% en el PIB, respecto a los pronósticos que habían hecho antes de la crisis.

La apuesta de Occidente es que esas sanciones aíslen y ahoguen la economía rusa, como medida de presión para que Putin suspenda los ataques.

Wirth, sin embargo, se muestra escéptica frente a la efectividad de estas sanciones.

“En regímenes autoritarios las sanciones económicas han sido poco efectivas, ni en Irán, ni en Corea del Norte han generado cambios políticos”, dice. “Putin tampoco parece querer escuchar a nadie que no fuese él mismo”.

Mientras tanto, Ucrania sigue bajo el implacable fuego ruso.


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