Obras sin permiso y daño ambiental, claves de demanda contra Tren Maya
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Cuartoscuro

Obras sin permiso, daños a la selva y afectación a especies protegidas, las claves de la demanda contra el Tren Maya

El megaproyecto del presidente López Obrador enfrenta un nuevo recurso legal. Se trata de una demanda promovida por la ONRE, una organización civil, que acusa a cinco empresas de violar la ley y de daños al medio ambiente.
Cuartoscuro
18 de mayo, 2022
Comparte

Una organización civil demandó a cinco constructoras del Tren Maya por realizar las obras sin contar con todos los permisos ambientales y por daños en miles de hectáreas de selva, así como por la afectación de especies protegidas de fauna, como el jaguar y el puma, y por perjuicios a la cuenca hidrológica de la Península de Yucatán. 

La demanda, ya aceptada a trámite desde el 13 de mayo por el juez federal Luis Alberto Ibarra Navarrete, exige a las constructoras el pago de 27 mil millones de dólares en concepto de reparación de todos los daños ecológicos. 

Dicha demanda quedó radicada en el expediente 22/2022, en el Juzgado Octavo de Distrito en Materia Civil, en la Ciudad de México, y fue interpuesta por la Organización Nacional de Responsabilidad del Estado (ONRE), en representación de 53 personas y colectivos ecologistas de la zona del sureste de México que pidieron resguardar sus identidades, luego de que denunciaron que fueron objeto de amenazas.  

En Animal Político, exponemos las claves de esta demanda. 

¿Quiénes son los demandados?

Jesús Alberto Guerrero, director de la ONRE, detalló que, en una primera fase, han demandado a cinco constructoras: Grupo México, la compañía española Acciona y tres razones sociales de la constructora ICA. 

Aunque Guerrero señaló que, en una próxima fase, la lista de constructoras demandadas podría ascender a 32. 

¿Por qué los demandan?

Además de los daños ecológicos ya ocasionados por tala y desmonte, la ONRE también está demandando a estas compañías por la realización de las obras sin tener todos los permisos ambientales, como la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA), y sin tener tampoco los permisos en materia de “impacto urbano”. La demanda por falta de estudios y permisos se concentra principalmente en las obras de los tramos 4 y 5 del Tren Maya. 

“Si el juez da por acreditado que (las empresas) no tienen los permisos, entonces la ley obliga a suspender todos los actos de ese desarrollo. Y la ley dice que ellos (las constructoras) están obligados a reparar el daño, la infraestructura ecológica de los árboles que llegaron a tirar y el agua que llegaron a contaminar”, dijo Guerrero, quien hizo hincapié en que la falta de permisos y de estudios ambientales en un solo tramo de los ocho que tiene la obra a lo largo de mil 500 kilómetros ya sería motivo suficiente para parar la construcción en su totalidad. 

“Estamos hablando, de origen, de detener absolutamente toda la obra”, enfatizó el abogado. 

Cuestionado acerca de por qué la demanda es en contra de las constructoras y no contra las dependencias de gobierno implicadas en este megaproyecto de infraestructura, como el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur) o la Secretaría de Medio Ambiente (Semarnat), el integrante de ONRE explicó que, aunque las compañías estén trabajando con la anuencia de las autoridades federales, estas lo están haciendo sin contar con los permisos ambientales que exige la ley, como la MIA en el Tramo 5 del Tren, situación que fue incluso reconocida por la autoridad en la conferencia mañanera del pasado 2 de mayo. 

“Vamos sobre los autores materiales directos, sobre quienes están tirando los árboles. Las constructoras son las responsables del ecocidio”, apuntó el abogado.

Por ello, en la demanda de la ONRE también se está solicitando que los contratos asignados a estas cinco constructoras sean considerados como nulos, “pues agreden a las premisas legales de orden público en interés social relacionadas con el cuidado del medio ambiente al no contar con los requisitos y permisos necesarios en la materia, tal y como lo exige el artículo 8 del Código Civil Federal”. 

¿Qué les exigen para reparar el daño?

Guerrero explicó en entrevista que, para presentar la demanda ante el juez, la ONRE elaboró un amplio estudio en el que participaron 60 científicos. 

En dicho estudio se establece que, entre daños directos a 780 hectáreas de selva y daños indirectos a otras 2 mil 400 hectáreas de selva, la afectación de los ecosistemas donde habitan animales de especies protegidas, como el jaguar y el puma, daños al sistema hídrico subterráneo, daños al arrecife en el Caribe Mexicano, así como los costos de reposición por hectárea de selva afectada, suman hasta el momento un total de 572 mil 174 millones de pesos o 27 mil millones de dólares. 

Aquí puedes checar el documento con el desglose que la ONRE calcula por los daños ecológicos. 

  

“Estas cifras no son algo que nos hayamos inventado. Se trata de un estudio muy serio, amplio, y que tiene sustento”, insistió el abogado, quien matizó que, en caso de que el juez sentenciara a favor de la ONRE, ese dinero sería vigilado directamente por el Consejo de la Judicatura con el fin de que, en efecto, fuera aplicado en la reparación del daño ambiental ocasionado por las obras del tren en la selva y en los acuíferos.

“Vamos a pegarle a estas empresas en la cartera. Es una demanda de tú a tú en contra de cinco compañías para dejar muy claro que nadie va a hacer negocio cortando árboles, contaminando el agua ni matando animales, porque se trata de actos ilícitos”, expuso Guerrero.

¿Y el decreto presidencial?

Animal Político también preguntó al abogado de la ONRE si el decreto para obras prioritarias —a partir del cual se busca agilizar construcciones de interés nacional, como el Tren Maya— emitido por la administración de López Obrador no facultaría a las cinco compañías demandadas para construir sin todos los permisos ambientales. 

En respuesta, Guerrero dijo que “un decreto no puede estar por encima de las normas ambientales, que son de interés público y de observancia general, ni puede estar por encima de la ciudadanía” y del derecho a un medio ambiente sano. 

Otros recursos legales contra el Tren Maya

El pasado 13 de mayo, en un recurso legal distinto, un Tribunal Colegiado confirmó una suspensión provisional que frena las obras del Tramo 5 del Tren Maya, que va de Playa del Carmen a Tulum. 

Con esto, el tribunal avaló la resolución de un juzgado que puso en pausa la construcción, luego de considerar que el Tramo 5 no tiene la MIA correspondiente. 

Esta suspensión provisional se deriva de un amparo promovido por diversas organizaciones civiles, entre ellas, Defendiendo el Derecho a un Medio Sano (DMAS). 

Integrantes de DMAS dijeron a Animal Político que aún falta que el juzgado determine si dará o no una suspensión definitiva. El pasado viernes, la audiencia en la que se definiría esto fue diferida hasta el próximo viernes 27 de mayo.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Cómo es el kawésqar, el idioma que solo hablan 8 personas en el mundo

¿Qué particularidades tiene el idioma nativo de los kawésqar? ¿Cuál es su origen y sus características más importantes? Aquí te lo contamos.
27 de abril, 2022
Comparte

Entre laberínticos archipiélagos australes —donde los vientos, las lluvias y el frío no dan tregua—, vivían los kawésqar.

El grupo nómada pasaba gran parte del día en sus canoas (o hallef) recorriendo los canales entre el golfo de Penas y el estrecho de Magallanes, rodeados de densos bosques y en busca de lobos marinos, nutrias, aves y moluscos para alimentarse.

Los hombres eran los responsables de la caza terrestre (que incluía el icónico huemul) y marítima, mientras las mujeres recolectaban mariscos mediante el buceo, para lo que cubrían su piel con grasa de lobo marino.

Al igual que el resto de los pueblos originarios que poblaron América hace miles de años, los kawésqar tenían su propia lengua, marcada profundamente por su geografía. Eso explica, por ejemplo, por qué tenían 32 maneras de decir “aquí”.

Pero con el paso del tiempo y la llegada de los colonos a esta zona austral de Chile, denominada Patagonia Occidental, el grupo étnico sufrió una transformación brutal: no sólo abandonó su vida nómada —estableciéndose en Puerto Edén, una pequeña villa situada al sur del golfo de Penas—, sino que también relegó a segundo plano su idioma.

Kawésqar

Internet Archive Book Images
Según el Museo Chileno de Arte Precolombino, los kawéskar (también llamados “alacalufes” por algunos investigadores) fueron vistos por primera vez en 1526 por la expedición del marino español Francisco José García Jofré de Loaysa.

Y es que aprender español se volvió una necesidad para ellos y, así, poco a poco se llegó a un punto crítico: hoy, solo ocho personas hablan su lengua originaria.

Cuatro de ellas son ancianos. Tres nacieron en la década de 1960 —la última generación que adquirió la lengua desde la infancia—, y solo uno, que no es miembro del grupo étnico, lo habla: Oscar Aguilera.

El etnolingüista chileno de 72 años lleva casi 50 intentando salvar este idioma, registrando el vocabulario, grabando durante horas archivos sonoros y documentando el léxico.

Ahora hay otra persona que no es de la comunidad interesada en aprender su gramática: la pareja del próximo presidente Gabriel Boric y futura primera dama, Irina Karamanos.

La dirigenta feminista se ha comunicado con Aguilera con el fin de investigar más del tema. Para ella, los chilenos tienen una relación “deficiente” con sus comunidades y pueblos indígenas, y aprender de su léxico es una forma de acercarse a ellos.

Pero ¿qué particularidades tiene este idioma nativo? ¿Cuál es su origen y sus características más importantes?

Aquí te lo explicamos.

¿Cuál es el origen del kawésqar?

Los lingüistas e investigadores siempre intentan responder la misma pregunta: ¿de dónde vienen las lenguas de los pueblos, cuál es su verdadero origen?

Kawéskar

Oscar Aguilera
Mujer kawéskar en Puerto Edén.

En el caso del kawésqar —así como de muchas otros hablas indígenas—la respuesta aún no está clara.

Esto se explica en parte porque se le considera una lengua “aislada” o “no clasificada”.

Es decir, no forma parte de una familia lingüística ni tiene vínculos con ninguna otra lengua viva (como sí lo tiene, por ejemplo, el español, que procede del latín y es parte de las lenguas romances).

Al ser “aislada” es más difícil descubrir de dónde vienen sus palabras, su estructura o su gramática.

Aunque se cree que los kawéskar habitan la Patagonia Occidental hace unos 10 mil años, el primer testimonio que se conoce de su lengua aparece recién entre los años 1688 y 1689, elaborado por el aventurero francés Jean de la Guilbaudière.

Según el Museo Chileno de Arte Precolombino, hacia el siglo XIX su población alcanzaba las 4 mil personas, y la mayoría hablaba el idioma ancestral.

A fines del siglo XIX, sin embargo, su población descendió abruptamente a 500 personas y luego a 150 en la década de 1920.

Actualmente, hay cerca de 250 kawéskar en la región de Magallanes, pero son monolingües —hablan solo español— y no dominan la lengua de sus antepasados.

¿Qué características tiene?

Por sus características morfológicas, el kawéskar es una lengua aglutinante (al igual que el turco y otras) y polisinética; es decir, tiene “palabras, oraciones o frases” que no se pueden traducir con una sola palabra al español.

“No hay una equivalencia de uno a uno, como por ejemplo, el table inglés y el ‘mesa’ español. En kawésqar tenemos palabras como jerkiár-atǽl, un verbo que significa ‘el movimiento que hace el mar de flujo y reflujo'”, le explica Oscar Aguilera a BBC Mundo.

Puerto Edén.

Oscar Aguilera
En Puerto Edén viven unos 200 kawéskar actualmente.

A pesar del amplio contacto de los kawésqar con los colonos, se resisten a aceptar préstamos del español. Así, han creado sus propias palabras para llamar, por ejemplo, a los aparatos han ido adquiriendo (como el televisor o el teléfono).

Las pocas palabras que se han adoptado del español han sufrido una “nativización”; es decir, una transformación a la fonética kawéskar.

Es el ejemplo de “barco”, que se dice jemmáse pero también wárko. La “b” en castellano se reemplaza por la “w”, pues no existe el sonido “b” en kawésqar.

Además, hay un lado cultural que, según Aguilera, “difiere notablemente de la manera en como nosotros nos expresamos”.

Si el kawésqar no tiene certeza de lo que dice, no lo dice. Siempre usa el condicional. Culturalmente ellos rechazan la falta de veracidad, es sancionada por el grupo. La persona que miente se la señala con el dedo”, explica.

Así, por ejemplo, los kawésqar nunca dirían que tal persona los llamó desde Londres. Como no tienen seguridad de que esa persona estaba en Londres (porque no lo ven), dirían “me habría llamado” desde Londres.

¿Por qué está en peligro de extinción?

Al ser hablado solo por ocho personas, está entre las lenguas que la Unesco considera en vías de extinción.

“El problema es que, en términos generales, no es una lengua práctica. Es mejor aprender español o estudiar inglés”, dice Aguilera.

Según el experto, entre las razones que explican por qué el español penetró tan fuerte entre los kawésqar está la comercialización de sus productos con los nuevos habitantes de la zona.

Oscar Aguilera

Oscar Aguilera
El etnolingüista Oscar Aguilera se mudó a Punta Arenas en 2015. Hoy es profesor de la Universidad de Magallanes.

Además, de acuerdo al especialista, se sentían discriminados por los pueblos aledaños, como los chilotes (habitantes de la isla de Chiloé).

“Los chilotes los miraban en menos e incluso se reían de cómo hablaban su idioma. Entonces ellos decidieron no hablar más su idioma en público, sino que solamente en la casa”, explica el lingüista.

El Estado de Chile tampoco ha priorizado su rescate o sobrevivencia. Hasta el día de hoy no hay suficientes incentivos para revitalizar el idioma. La única escuela que hay en Puerto Edén, por ejemplo, enseña en español.

“Hay algunas personas que están haciendo esfuerzos por aprender la lengua, pero la falta de continuidad y persistencia, además de tratarse de una lengua gramaticalmente tan diferente del español, lo hace difícil para ellos”, cuenta Aguilera.


La fascinante historia de Oscar Aguilera

En el invierno de 1975, Oscar Aguilera emprendió una aventura que cambiaría su vida para siempre.

Siendo un joven inexperto, recién egresado de Filología Clásica, Germanística y Lingüística de la Universidad de Chile, decidió viajar a Puerto Edén, el lugar donde viven actualmente los kawésqar.

“Quedé muy impresionado porque me habían pintado un cuadro completamente distinto. Me imaginaba que me iba a encontrar con personas vestidas con pieles, casi con harapos, y viviendo en chozas icónicas. Pero no, ellos vivían en casas común y corrientes, y se vestían igual que yo”, dice.

En ese viaje —que se extendió por todo el invierno— conoció a la familia Tonko, quienes lo ayudaron a comenzar con el registro de la lengua, compartiendo con él largas jornadas de grabación.

Al año siguiente, publicó un primer léxico que perdura hasta el día de hoy.

Oscar Aguilera (operando la grabadora) junto al equipo de investigación y un miembro kawésqar (el de más a la derecha) en Puerto Edén, 1975.

Oscar Aguilera
Oscar Aguilera (operando la grabadora) junto al equipo de investigación y un miembro kawésqar (el de más a la derecha) en Puerto Edén, 1975.

La fascinación de Aguilera con los kawésqar fue tal que siempre encontró razones para volver.

Y así es como decidió embarcarse en una segunda expedición, de la cual volvió con dos miembros de la comunidad a su casa en Santiago, donde vivía con sus padres y su abuela.

Estuvieron viviendo con nosotros durante cuatro meses. Mi familia los recibió bien, los aceptaron”, afirma.

Aguilera era en ese entonces profesor del Departamento de Filosofía de la Universidad de Chile.

Cada tarde, cuando se acababan las clases, se quedaba con los dos kawésqar grabando parte de su léxico y registrando información etnográfica.

Luego, regresaron todos juntos a Puerto Edén.

“A mí me gustaba ir porque la lengua de una comunidad tiene un componente cultural muy importante. Así que me dediqué no solo a salvar el idioma sino también al rescate cultural que implica mucho más, toda la forma de vida y el testimonio propio de ellos”, explica.

La mayoría de los kawéskar que conoció en esos viajes hablaban español pero con distintos grados de competencia. Los más ancianos, por ejemplo, solían tener más interferencia de su lengua materna, cometiendo errores como la no diferenciación entre el singular y el plural.

Oscar Aguilera grabando el idioma kawéskar con uno de sus hablantes en 2009.

Oscar Aguilera
Oscar Aguilera grabando el idioma kawéskar con uno de sus hablantes en 2009.

El académico reconoce que se enamoró de su gente.

“Hice todo lo contrario a lo que los libros de texto le recomendaban a un investigador: ‘Usted saque información, describa la lengua y váyase’. Yo me involucré con la comunidad”, dice.

“Adopción mutua”

En los años 80, la relación entre Oscar Aguilera y los kawésqar se profundizó aún más cuando decidió adoptar a dos niños de la comunidad para que recibieran una buena educación en Santiago.

Los niños pertenecían a la familia de los Tonko. En total, eran ocho hermanos. Uno de ellos, José, amaba la lectura.

“Con el permiso de sus padres, le compré un pasaje a Puerto Montt y lo fui a buscar para irnos a Santiago. Ingresó a la escuela, al Liceo Alessandri, donde yo también había estudiado”, cuenta.

José Tonko

Oscar Aguilera
José Tonko.

Cuatro años después, el hermano de José, Juan Carlos, también se fue a vivir a Santiago con Aguilera. Vivían todos juntos en una casa que el académico arrendaba en la comuna de providencia.

“Yo los adopté. Es que su familia había sido muy buena conmigo, me recibieron siempre como si fuera parte de ellos. Así que en realidad fue una adopción mutua”.

Cuando cumplieron 18 años, José y Juan Carlos ingresaron a la universidad. El primero, estudió Trabajo Social y Antropología, y el segundo, periodismo.

“Ellos son mi familia”

Actualmente, los hermanos —que bordean los 60 años— viven en la ciudad de Punta Arenas, al igual que Aguilera, quien dicta seis cursos en la Universidad de Magallanes.

“Hasta el día de hoy ellos son mi familia. Es como si fueran mis hijos, me cuidan y yo los cuido”.

Ambos han trabajado con él en la ardua tardea de rescatar el idioma.

José es coautor de distintas publicaciones —como “Gente de los canales” (2019)—, y ha colaborado en la creación de un diccionario kawésqar-español, que aún no logran terminar.

Además, entre 2007 y 2010, redactaron un texto y un archivo sonoro que se encuentra hoy en la Universidad de Texas, en Austin, Estados Unidos, y en la Universidad James Cook, en Australia.

Sin embargo, el lingüista cree que aún falta mucho por hacer.

José Tonko y Oscar Aguilera en Puerto Edén, año 2009.

Oscar Aguilera
José Tonko y Oscar Aguilera en Puerto Edén, año 2009.

“Detrás de las lenguas hay un gran conocimiento y por eso se deben preservar, porque albergan información única sobre el medioambiente donde vive la gente que lo habla”, dice.

De cara al futuro del idioma, su esperanza está depositada en la futura primera dama, Irina Karamanos.

Quizás su interés —dice— ayude a revitalizar realmente la lengua de quienes considera su verdadera familia.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=BruUEhcKx-I&t=3s

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.