En Ecatepec, 10% de las mujeres presas podría salir libre con 8 mil pesos
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En Ecatepec, el 10% de las mujeres presas podría salir libre con 8 mil pesos, pero la falta de recursos alarga su reclusión

Por no tener dinero, muchas mujeres no pueden costear abogados para defenderse y optan por declararse culpables a cambio de penas mínimas. Sin embargo, después se les complican los trámites y el pago de reparaciones de daño.
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Por Marcela Nochebuena 
21 de junio, 2022
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El 1 de diciembre de 2017, Seiba Pérez, médica veterinaria y maestra en ciencias agropecuarias, salió de su casa a hacer compras para su negocio y ese mismo día terminó en el penal de Chiconautla, Estado de México. Sin entender muy bien qué pasaba y sin saber de qué se le acusaba, pensó que era un malentendido que no pasaría a mayores, pero perdió la libertad por poco más de un año.

Ante la perspectiva de que pudieran ser cinco u ocho años más —y de que volvería a ver a su hijo, que en el momento de su detención tenía cinco años, cuando prácticamente fuera un adolescente—, optó por declararse culpable para que el juez le concediera la pena mínima y el beneficio de pasar los meses que le restaban a su sentencia con un brazalete en su domicilio. 

Como ella, muchas mujeres privadas de su libertad, a pesar de ser inocentes o haber cometido delitos menores, permanecen en la cárcel por falta de recursos legales o económicos: alrededor de un 10% de mujeres internas, tan solo en el penal de Chiconautla, en Ecatepec —donde hay cerca de 300—, podría obtener su libertad por un monto promedio de 8 mil pesos (que es el costo de la reparación más los trámites), de acuerdo con un análisis de la asociación La Cana, que puso en marcha un proyecto para la liberación de mujeres en prisión y en su primer año lo ha logrado en 11 casos.

Según el INEGI (2020), a nivel nacional la población penitenciaria es de 211 mil 154 personas, de las cuales el 5.6% son mujeres. Del total de personas, hasta ese año el 40.9% estaba en la cárcel sin sentencia o con una medida cautelar de internamiento preventivo, 14.4% con sentencia no definitiva y 44.7% con sentencia definitiva. Animal Político publicó que, actualmente, en México cada día se encarcela a 300 personas, y en el caso de las mujeres, ya son mayoría aquellas que permanecen privadas de la libertad sin sentencia.

Aun con las pérdidas económicas y familiares, el apoyo de la asociación fue esencial para la liberación y reinserción de Seiba, porque el sistema judicial es ineficiente desde el momento mismo de la detención, en el que nadie le mostró una orden de aprehensión, y después porque se empieza a pagar una pena sin haber tenido un juicio y en condiciones deplorables, relata. Ahí, recuerda, conoció a mucha gente frustrada por ser inocente, no conocer bien su situación y no tener recursos, herramientas o una familia. 

“La gente está ahí frustrada, enojada con la sociedad, y al final salen peor: enojadas por haber estado dentro de esa manera injusta, y ahora sí salen con ese coraje”, lamenta. 

Después de que finalmente supiera que la acusaban de haber robado dinero y de tener acceso a su expediente, donde había múltiples incongruencias en las supuestas pruebas, el juez accedió a optar por un proceso abreviado, que requería que ella confesara y cumpliera solo unos meses más, además del año que ya había cumplido interna. 

“Te preguntas por qué vas a admitir algo que no hiciste, pero al final no hubo opciones porque mi hijo me necesitaba, mi papá se enfermaba, mi esposo con trabajo y peleándose con abogados, mi hijo con mi papá, mi marido trayendo dinero que ya no alcanzaba, y al final tu familia sufre, tú sufres… hubo muchas noches en que pensé que era mejor ya no estar”, relata Seiba. Esos momentos representaron para ella una inestabilidad jurídica muy complicada a pesar de que siempre había tenido sus papeles en regla.

Finalmente, con el acuerdo de reducción, salió del reclusorio el 16 de enero de 2019, y cumplió el resto de su sentencia hasta el 1 de mayo con un brazalete desde su casa. Mediante La Cana, también tuvo la oportunidad de trabajar desde su domicilio, a partir de la labor que empezó a hacer con ellas en los talleres que imparten dentro de Chiconautla, donde se la pasó “bordando y capacitando, hasta que pasó el tiempo”.

Daniela Ancira, directora de La Cana, explica que el Proyecto Libertad surgió luego de conocer muchas historias como las de Seiba, que revelan los verdaderos motivos por los que las mujeres están en la cárcel, pues en muchas ocasiones lo que se criminaliza es la pobreza: “Son mujeres que no tienen acceso a una defensa adecuada, que no pueden pagar un abogado privado; sabemos que los defensores de oficio están rebasados o quizá no llegan siempre a las últimas instancias, o mujeres que están en la cárcel por delitos menores con una sentencia muy alta”.

Otro caso que conocieron como parte del proyecto fue el de una mujer que estaba con su pareja cuando él robó un celular en el Metro y fue sentenciada a 17 años. Para lograr su liberación, argumentaron ante el juez que ella tenía tres hijas, y al final el impacto sería mayor para su familia y la comunidad. Al igual que con Seiba, lograron que saliera con un brazalete para ser monitoreada, pero en libertad. 

“Son ese tipo de casos en los que consideramos que la cárcel no siempre es la mejor opción para esa persona y para su reinserción social. A partir de que los detectamos, tenemos chavas que no podían salir de la cárcel porque no tenían 2 mil o 3 mil pesos (para acceder a los acuerdos reparatorios)”, dice Ancira. 

Lee: Acceso a la justicia según el género

Para el Proyecto Libertad, La Cana trabaja con dos abogadas y una trabajadora social, a partir de ciertos filtros antes de asumir la defensa legal de los casos, por ejemplo, que sean delitos menores, que no tengan acceso a un defensor particular, que tengan una red de apoyo afuera, y que sean candidatas a un beneficio preliberacional, a una amnistía o a un acuerdo reparatorio. Con base en eso, realizan entrevistas, tanto con las internas como con la familia, y se trabaja en la liberación. Más adelante, pretenden llegar a litigios estratégicos, como el amparo directo. 

“Ahorita nos estamos enfocando en despresurizar las cárceles; son procedimientos relativamente cortos en los que puedes tramitar una amnistía o un beneficio, y que las mujeres que están por delitos menores no tengan que pasar tanto tiempo en prisión”, señala. 

Aunque, admite, trabajar con el sistema penitenciario y de justicia de este país es siempre un reto, porque se trata de un sistema sobrepasado, roto, en el que hay “muchísimas injusticias, mucha burocracia, y esto conlleva muchísimos retos, sobre todo porque tenemos recursos limitados: una abogada y una trabajadora social”.

Tras la libertad, otra batalla 

En el caso de Seiba, cuando salió de la cárcel su situación laboral estaba más o menos resuelta, porque pudo seguir elaborando productos en casa como parte de La Cana. Hoy sigue trabajando ahí. En cambio, para ella el primer problema fue recuperar la confianza porque, cada vez que veía una patrulla, temblaba. En principio, tuvo el impulso de irse a otro estado, cambiar de teléfono y empezar de nuevo, pero toda la gente que conocía estaba en Ciudad de México. 

“Después de un tiempo, empecé a generar un poco más de confianza; me decía la psicóloga que tenía que superarlo, pero cómo le vas a decir a mi mente que la ley no es manipulable, cómo le vas a explicar que alguien llega con dinero y hace lo que quiere, que sales de tu casa y a lo mejor no regresas, porque la ley es completamente modificable; aquí la justicia no es ciega, no existe”, reclama. 

Ancira explica que, cuando las mujeres salen, para La Cana no solamente se trata de obtener libertades y ya no volverlas a ver: el objetivo es que no regresen a los contextos de violencia o de pobreza que las llevaron a prisión en primer lugar. Ya sea por el Proyecto Libertad o porque compurguen su sentencia o salgan absueltas, es indispensable que la reinserción sea integral.

Por eso, con el programa Seguimiento en libertad, la asociación da atención psicológica a ellas y a sus familias, o al núcleo que las va a recibir afuera, colabora para que consigan trabajo ahí mismo o con empresas aliadas, e imparte talleres educativos como casa de medio camino, entre ellos, computación, storytelling, amor propio, etcétera. Uno de los aspectos más importantes es que ellas mismas hacen comunidad, se apoyan y comparten experiencias.  

Lee: En 6 años persiste la crisis en las cárceles; la prisión preventiva agrava el hacinamiento

“Se me hace increíble que en el Estado de México no exista un programa de atención postpenitenciaria. La gente sale de la cárcel después de 10, 20 o 30 años sin darles ni siquiera un folleto para acudir a oficinas o un lugar donde puedan pasar una noche. Nosotras nos encargamos de que, si van a salir, las estén esperando afuera, tengan un cambio de ropa —muchas veces ni siquiera tienen eso— o un lugar dónde dormir”, dice Ancira. 

La importancia de acompañarlas a retomar su vida la reconocieron un miércoles que llegaron al penal de Neza Sur, para las actividades que llevan a cabo dentro del centro penitenciario, y una mujer a la que habían conocido en ese contexto estaba sentada en la banqueta con su uniforme. Cuando le preguntaron qué hacía ahí, contestó que había salido desde el lunes, pero no sabía en qué parte del estado estaba, a dónde ir ni cómo ponerse en contacto con su familia. Después de 23 años en prisión y un traslado de reclusorio, era normal que no reconociera siquiera la zona.  

“Qué esperamos de la gente que sale de prisión: si no hubiéramos estado ahí, quizás hubiera regresado a la vida en las calles… Pensamos que mágicamente van a encontrar un trabajo, una casa; hacen muchísima falta esos programas de atención postpenitenciaria y de reinserción social”, subraya Ancira.

Todo empieza con pequeñas cosas tan cotidianas que, a veces, ni siquiera las notamos, por ejemplo, cuando se les consigue trabajo, tienen que desplazarse para llegar a él, y algunas no recuerdan ni siquiera cómo usar el Metro. Durante años no lo han usado, ni se han relacionado con su familia, que también ha crecido o cambiado.  

“Hay muchos retos personales, familiares, profesionales, laborales, económicos a los que se enfrentan las mujeres al salir de prisión, y aquí en La Cana lo que buscamos es eso: acompañarlas en este proceso, darles las herramientas para que puedan encarar los retos de la vida en libertad”, explica su directora. Y aunque es comprensible que algunos empleadores tengan resistencias, es igualmente importante la labor de concientizar acerca de que no todas las personas que están en prisión son culpables y, cuando lo son, es importante conocer los contextos en los que delinquieron. 

“Aquí llegan muchas mujeres que dicen: yo sí vendía droga porque tenía hijos y no tenía forma de conseguir dinero, o una chava que mató a su vecino porque lo encontró abusando de su hija. Hay que ver el contexto, hay que escuchar las historias antes de juzgar a la persona solamente porque estuvo en la cárcel. También conocemos a gente que sí cometió el delito, salió de la cárcel, y simplemente ya no se dedica a eso y quiere cambiar. Debemos estar mucho más abiertos como sociedad, ser mucho más empáticos, y sobre todo, escuchar las historias”, añade. 

La posibilidad de aprender y autoemplearse la trabajan desde dentro en cinco reclusorios del Estado de México: Barrientos, Neza Sur, Neza Bordo, Ecatepec y Chalco, y Santha Martha Acatitla en Ciudad de México. Ahí, mediante su eje de capacitación y empleo, las mujeres pueden formarse en técnicas de tejido, bordado, corte y confección, carpintería y serigrafía. 

Esos productos se venden para que ellas tengan un ingreso incluso si siguen dentro. Eso se complementa con un eje de salud mental para trabajar temas como depresión y ansiedad, pero enfocados sobre todo en la prevención, educación y erradicación de la violencia de género, pues muchas veces las mujeres terminan en prisión a causa de las relaciones desiguales y de sometimiento que tenían con sus parejas.

“La cárcel no es lo que nos dicen, ni podemos juzgar a toda la gente que entra, porque es una realidad que hay muchísima gente inocente; por otro lado, valorar lo que tenemos en casa: que tengas libertad y puedas estar con tu familia y abrazar a tus hijos, eso no tiene precio. No lo valoramos hasta que lo perdemos; puedes ser un profesionista, el presidente, quien tú quieras, pero sales de tu casa y a lo mejor no regresas; esa es nuestra triste realidad”, concluye Seiba.

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'Nos dirigimos a un mundo bipolar': la 'peligrosa' tensión entre EU y China por la invasión rusa y la pandemia

La coincidencia de dos eventos catastróficos está llevando a que se consoliden dos esferas de poder, sostiene Michael Schuman, investigador del Atlantic Council. En entrevista con BBC Mundo explica las consecuencias, que, según él, puede traer este escenario.
12 de abril, 2022
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La guerra en Ucrania y la pandemia están acelerando una peligrosa tendencia entre Estados Unidos y China, los dos países más poderosos del mundo.

Esa es la visión del investigador Michael Schuman, quien sostiene que la coincidencia de estos dos eventos catastróficos están empujando al mundo hacia un escenario en el que ambas potencias acentúan su rivalidad.

Según Schuman, las sanciones que Estados Unidos ha impuesto a Rusia por su invasión a Ucrania sirven de advertencia a China en caso de que decida apoyar a los rusos en la guerra.

El temor a esas medias podría estar empujando a China a acelerar su proyecto de disminuir su dependencia de Occidente, indica Schuman, investigador no residente del centro de pensamiento Atlantic Council para China.

Joe Biden y Xi Jinping.

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Joe Biden, presidente de EE.UU. en teleconferencia con Xi Jinping, presidente de China, el 15 de noviembre de 2021.

Por otro lado, la estrategia de cero covid adoptada por China ha puesto tensión sobre el comercio mundial.

La incertidumbre que generan los confinamientos masivos en China ha generado mayor presión para que los países busquen proveedores distintos a ese país.

En este panorama, sostiene Schuman, China y EE.UU. se están alejando del mundo globalizado que se esperaba tras la caída de la Unión Soviética, y van rumbo a consolidarse como dos esferas de poder.

En entrevista con BBC Mundo, Schuman explica en qué consiste este panorama, y los peligros que representa para el mundo.

Michael Schuman es autor de los libros “Superpotencia interrumpida: la historia china del mundo” y “El milagro: la épica historia de la búsqueda de riqueza en Asia” (por sus traducciones literales al español).

Michael Schuman.

Michael Schuman.
Michael Schuman.

¿Se está dirigiendo el mundo hacia una nueva Guerra Fría?

Creo que la comparación con la Guerra Fría no es exacta.

Por supuesto, hay algunas similitudes generales relacionadas con algunos elementos de lo que se está convirtiendo en la competencia ideológica entre una esfera centrada en Estados Unidos y una esfera centrada en China.

Y se ven elementos de democracia vs autoritatismo.

Pero en varios aspectos es mucho más complejo que la Guerra Fría.

Estados Unidos y Europa obviamente tuvieron alguna interacción con la Unión Soviética y sus aliados, pero no estaban particularmente integrados, especialmente a nivel económico.

Lo que teníamos eran prácticamente dos mundos, uno frente al otro.

Con China y EE.UU. es una historia muy diferente, no solo porque China y EE.UU. están muy integradas, sino porque todos los aliados están integrados y entre ellos son extremadamente importantes a nivel económico.

Además, está este tremendo intercambio cultural, la tecnología es diferente y la gente está más conectada.

Creo que aunque nos dirigimos a un mundo que recuerda al mundo bipolar de la Guerra Fría, las relaciones en este mundo bipolar van a ser mucho más complicadas.

Estas dos esferas van estar conectadas de cierta manera a nivel económico simplemente por la forma en la que funciona la economía global, por la importancia de China en la economía global y viceversa, la importancia de la economía global para China.

Será un mundo bipolar pero será muy diferente al de la Guerra Fría.

Borodianka

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Un edificio residencial en Borodianka, al noroeste de Kiev, durante la invasión rusa a Ucrania.

¿Cómo serían esos dos polos de poder?

Veremos distintos sistemas políticos y sociales.

De un lado estarán EE.UU. y sus aliados que son generalmente democracias abiertas y economías capitalistas liberales.

La otra esfera estará basada en China, con normas y valores distintos.

También estarán separados por la tecnología.

Ya se ve una creciente desconfianza en varias partes del mundo respecto a la tecnología china. Vemos lo que ocurre con Huawei, por ejemplo.

Y China obviamente tiene tremenda desconfianza en la tecnología que viene de Estados Unidos u otros lugares, por eso bloquean tantas redes sociales y compañías de internet estadounidenses.

Entonces, creo que veremos dos esferas basadas en distintas tecnologías.

Y también veremos, sobre todo por parte de China y sus aliados como Rusia, un deseo de disminuir su dependencia y sus lazos económicos con EE.UU. y Europa.

En China está en curso una campaña de autosuficiencia.

Entonces, aunque no estarán completamente separados, creo que habrá un movimiento en dirección a tener conexiones económicas más cercanas dentro de cada esfera.

Estados Unidos vs China.

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¿Cómo se alinearían el resto de países en ese mundo bipolar?

Es difícil saberlo, depende de los cálculos de cada país.

Vietnam, por ejemplo, no es que tenga un buen historial con EE.UU. y es un gobierno comunista, no es democrático.

Pero los vietnamitas están muy preocupados por el creciente poder de China. Estuvieron en guerra con China en el 79, tienen disputas en el mar del Sur de China… entonces uno ve cierto acercamiento entre Vietnam y EE.UU.

Entre Vietnam y EE.UU. hay un estrechamiento de los lazos económicos.

Pakistán es otro ejemplo.

Es técnicamente un democracia y fue aliado de EE.UU. durante la Guerra Fría, pero a nivel económico está cada vez más ligado a China.

Entonces, no será fácil saber cómo se formarán las dos esferas.

En China se ha implementado una política de "cero covid".

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En China se ha implementado una política de “cero covid”.

¿Habrá países no alineados con ninguna de las dos esferas?

Es igual que en la Guerra Fría, incluso los países que preferían mantenerse no alineados, terminaron de cierta manera llevados a inclinarse en una dirección o en la otra.

Algunos de ellos lo lograrán, pero es inevitable que a medida que crece la competencia entre estas dos esferas habrá presión sobre los países para que, al menos, se inclinen hacia un lado o al otro.

Para muchos países será difícil saber de qué lado ubicarse, como ocurrió durante la Guerra Fría.

Habrá muchos países que no querrán tomar partido y tratarán de trabajar con ambas esferas.

Para algunos países será difícil tomar esa decisión.

India, por ejemplo.

India y EE.UU. están comenzado a alinearse más y más en su actitud hacia China, pero históricamente los indios han sido cautelosos de volverse demasiado cercanos a EE.UU..

En África hay varios países que se están volviendo más cercanos a China, se están volviendo grandes aliados económicos.

Pero, al mismo tiempo, los países occidentales, los donantes y las instituciones son extremadamente importantes para algunos de estos países africanos.

Billetes de EE.UU. y China.

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¿Por qué dice que este mundo bipolar es peligroso?

Con el fin de la Unión Soviética pensamos que se había terminado la competencia entre grandes potencias, al menos por un tiempo.

Creíamos en la naturaleza de la economía global, la creciente integración entre países, la manera en la que la tecnología uniría a los países, que habría más interacción entre las personas.

Pensamos que tendríamos un mundo con valores, normas e intereses económicos compartidos.

En los 90 y en los primeros años del siglo XXI pensábamos que nos moveríamos en esa dirección.

Y podría decirse que ese mundo posiblemente sería menos conflictivo y con mayores beneficios económicos.

Pero si el mundo va a volver a estar dividido en dos, entonces tenemos el regreso de la competencia entre las potencias, con todo lo que eso implica.

Incluso si eso no implica una guerra entre ambas potencias, estamos hablando de un elevado nivel de tensión y menos integración económica.

Mira lo que China está haciendo con el internet, básicamente sellaron su internet respecto al resto del mundo, lo que implica menos intercambios entre la gente de China y el resto del mundo.

Nada de esto es positivo para la estabilidad y la prosperidad.

Ajedrez

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La invasión rusa puede estar aumentando las tensiones entre EE.UU. y China, sostiene Schuman.

¿Qué está haciendo China para disminuir su dependencia de EE.UU.?

China considera que el país es muy vulnerable a las sanciones que puedan imponer Estados Unidos y sus aliados.

Creo que China observa lo que está ocurriendo con Rusia en este momento, la forma en que EE.UU. y sus aliados se han unido para imponer duras y dolorosas sanciones a Rusia.

China ve eso y dice “eso es exactamente lo que tememos”.

Entonces quieren protegerse de esta vulnerabilidad, quieren controlar su propia cadena de suministros, tener alternativas a la tecnología extranjera.

Vemos, por ejemplo lo que están haciendo con los semiconductores, que representa grandes importaciones para China.

Si no tienes acceso a estos chips, es un gran daño para tu futuro económico.

También, por ejemplo, están tratando de desarrollar su propia industria de aviones comerciales para competir con Boeing y Airbus.

Entonces China se está reorientando. No se van a cerrar por completo, quieren seguir exportando, y aumentar sus lazos económicos con países como Rusia, pero en otros aspectos están tratando de retraerse del mundo como una forma de defenderse.

Fábrica en China.

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¿Y Estados Unidos qué está haciendo para depender menos de China?

EE.UU. realmente no tiene planes en ese sentido, es un lugar mucho más descentralizado.

Lo que sí hay es un movimiento entre empresarios y líderes del gobierno para tener cadenas de suministros más locales, como ocurre con la industria de autos eléctricos, por ejemplo.

A los empresarios estadounidenses les parece poco inteligente que su cadena de suministro dependa de un país con el que tienen tensión económica.

Eso quedó en evidencia durante la pandemia, cuando EE.UU. necesitaba ciertos productos y se dio cuenta de que debía traerlos de China.

También hay una creciente presión regulatoria para que las empresas estadounidenses no incluyan entre sus proveedores a empresas que incurran en trabajos forzosos, como ocurre en la región de Xinjiang.

Pero aún hay compañías estadounidenses que invierten fuertemente en China, que tienen grandes negocios ahí y no tienen intención de cambiar eso.

En general, los chinos se están esforzando más por disminuir su dependencia de EE. UU. que EE.UU. de China.

Fábrica de autos eléctricos Tesla.

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¿Es posible revertir esa tendencia hacia un mundo bipolar?

Nada es inevitable.

En algún momento habrá un nuevo líder en China. Xi Jinping tratará de asegurarse un tercer mandato, así que hay buenas posibilidades de que esté al frente durante un buen tiempo, pero no puede estar ahí para siempre.

En algún momento habrá otro gobierno en China que pueda tener otra mirada sobre el rol de China en el mundo y su relación con EE.UU.

Y en EE.UU. ya hemos visto diferencias entre el enfoque del gobierno Trump y el gobierno Biden.

Nada es inevitable, en ambos países podría haber cambios en los que se alejen de la competencia, estrechen lazos y mejoren sus relaciones.

Pero creo que si las tendencias que estamos viendo ahora continúan, es menos probable que el mundo no se divida en dos.


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