¿Realmente cumplen su propósito los cañones antigranizo?
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Carlos Pérez dice que su cañón antigranizo ha ayudado a proteger las huertas de manzanas que han pertenecido a su familia por tres generaciones. El gobierno de Cuauhtémoc le prohibió usarlo. Foto: Lilette A. Contreras, Global Press Journal México

¿Realmente cumplen su propósito los cañones antigranizo?

Quienes se dedican a la agricultura dicen que los dispositivos antigranizo protegen sus cultivos, pero las personas ambientalistas argumentan que esos artefactos son los culpables de la disminución de las lluvias. Ninguna de las dos partes ha presentado suficiente evidencia científica, lo que complica su regulación.
Carlos Pérez dice que su cañón antigranizo ha ayudado a proteger las huertas de manzanas que han pertenecido a su familia por tres generaciones. El gobierno de Cuauhtémoc le prohibió usarlo. Foto: Lilette A. Contreras, Global Press Journal México
Por Patricia Zavala Gutiérrez, Lilette A. Contreras
19 de junio, 2022
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Cuauhtémoc, México — Desde principios de la década de 1980, el agricultor Carlos Pérez cuenta con un cañón antigranizo para proteger las huertas de manzanas que han pertenecido a su familia por tres generaciones.

Apoyado en una letrina de metal corrugado, el cañón antigranizo de Pérez es un artefacto de 3 metros (10 pies) que parece un embudo de metal. Cuando se enciende, emite estruendos explosivos, que lanzan ondas expansivas a la atmósfera. El dispositivo está diseñado para interrumpir la formación de bolas de hielo potencialmente dañinas antes de y durante las tormentas.

Durante décadas, personas que se dedican a la agricultura y a la fruticultura, como Pérez, han dependido de estos dispositivos para conservar sus cultivos, a pesar de que no hay evidencia científica de que funcionen. Por otra parte, activistas ambientales afirman que existe un vínculo entre el uso de estos cañones y la disminución de las lluvias, también sin tener prueba suficiente. Mientras tanto, algunos gobiernos locales y estatales se muestran renuentes a decidir si deben permitirse, por lo que muchas personas no saben con certeza si deben usarlos.

En 2019, el presidente municipal de Cuauhtémoc le dijo a Pérez, de 65 años, que no podía usar su cañón antigranizo hasta que costeara y presentara un estudio de impacto ambiental, un gasto que el propietario de la huerta no está dispuesto a tener cada vez que desee usar el cañón. Tres años después, las autoridades de Cuauhtémoc aún exigen que quienes usan los cañones antigranizo detengan sus máquinas y financien sus propios estudios. Mientras tanto, dice Pérez, con el cañón antigranizo sin funcionar, sus huertos están en riesgo.

Pérez recuerda una ocasión cuando su cañón “funcionaba perfecto”.

“Yo andaba muy apurado, estuvo muy dura la granizada”, señala, y añade que se apresuró a prender el cañón y vio que el granizo “se desapareció” conforme se acercaba al perímetro del cañón: “era aguanieve”.

Las personas que se dedican a la agricultura han puesto a prueba los métodos de control del clima durante cientos de años para proteger sus medios de vida. Los cañones antigranizo siguen evolucionando, a pesar de la falta de voluntad de algunas autoridades para tomar una postura firme con respecto a las máquinas.

Lee:Sembrar manglares en el desierto: la Nación Comcaac protege del cambio climático a la isla más grande de México 

Una tormenta de granizo puede dañar miles de hectáreas de cultivos. En julio de 2019, más de 5000 hectáreas (19 millas cuadradas) de cultivos resultaron dañadas después de que una tormenta de granizo azotara Zapotlán del Rey, Jalisco, en el centro occidente de México, y 2500 hectáreas (10 millas cuadradas) se consideraron una pérdida total.

Pérez, que vive en el estado de Chihuahua, donde el riesgo de granizadas es variable, ahora depende de mallas antigranizo, que son redes de un material que brinda una capa protectora sobre los cultivos. Implica un costo adicional y es frustrante mientras su cañón antigranizo permanece inactivo.

La imprevisibilidad del clima devastador es un temor constante para quienes siembran, pero estos dispositivos pueden ser una solución extrema y costosa. Pérez dice que su abuelo compró el cañón antigranizo en 1983 en Alemania. Pérez no recuerda cuánto costó, pero un fabricante de Nueva Zelanda, que suministra los equipos a granjas y empresas de todo el mundo, los vende por unos $40 000.

No se sabe exactamente cuántas personas tienen estos cañones. Marcial Reyes Cázarez, consultor permanente de la Secretaría de Medio Ambiente, Cambio Climático y Desarrollo Territorial del estado de Michoacán, en el occidente de México, dice que hay 1200 en su estado.

Con más de 100 años de antigüedad (se cree que los agricultores franceses los utilizaron por primera vez para proteger sus viñedos), los cañones antigranizo resurgieron a fines de la década de 1990, a pesar de que no había “bases científicas ni una hipótesis creíble para respaldarlos”, según un informe de 2001 de la Organización Meteorológica Mundial. Ese mismo año, la Comisión de Desarrollo Rural, que depende de la legislatura del estado de Chihuahua, determinó que no había suficiente evidencia científica para prohibir o restringir el uso de los cañones antigranizo. Más de dos décadas después de este informe, muchos órganos de gobierno en todo México, incluido el municipio de Cuauhtémoc, aún no han decidido si permitirán los cañones antigranizo.

Irma de la Peña, titular de ecología del municipio de Cuauhtémoc, dice que ha analizado los puntos de vista a favor y en contra, y no puede tomar una postura, ya que admite que ambas partes carecen de evidencia científica.

“Todos, todos dijeron lo mismo. No hay un estudio que lo compruebe; o sea, no hay un estudio que sea científico”, comenta de la Peña.

En 2017, sin embargo, Reyes Cázarez utilizó un instrumento de medición de lluvias, llamado pluviómetro, y un sonómetro, que mide la intensidad de las lluvias, para demostrar que existía una relación entre las explosiones de los cañones antigranizo, provocadas por una combinación de gases, y la disminución del volumen de lluvia.

El vínculo potencial entre el uso del cañón y la disminución de las lluvias se ve agravado por una sequía intensa y generalizada en casi el 85% del país, según el Observatorio de la Tierra de la NASA, una

organización dirigida por el gobierno de Estados Unidos, con la recuperación afectada por un enero más seco de lo normal este año.

El Colectivo Ambiental Diente de León, grupo de defensa de los derechos ambientales fundado por residentes de San Salvador el Seco, Puebla — una zona con una de las mayores amenazas de granizadas — estaba tan preocupado por la posible relación entre el uso de estos cañones y la disminución de las lluvias, que sus integrantes presentaron una denuncia oficial ante la Secretaría de Medio Ambiente, Desarrollo Sustentable y Ordenamiento Territorial del estado de Puebla.

Los cañones antigranizo ya están prohibidos en ese estado, así como en los estados occidentales de Michoacán y Colima, pero el colectivo afirma que en Puebla se siguen usando, a pesar de la prohibición.

Lee: Cañones antigranizo, el dispositivo que puso en conflicto a campesinos de Puebla con Volkswagen

Gerardo Romero Bartolo, miembro del colectivo, dice que luego de su denuncia, dos funcionarios de la Secretaría de Medio Ambiente visitaron las zonas donde el colectivo dijo que se usaban cañones antigranizo. No se detectó su uso, algo que el colectivo atribuye a que la inspección se hizo en otoño, cuando es improbable que granice.

La Secretaría de Medio Ambiente, Desarrollo Sustentable y Ordenamiento Territorial del estado de Puebla no respondió a las solicitudes de comentarios.

Tres años después de que se vio obligado a dejar de usar su cañón antigranizo de más de 40 años, Pérez se compromete a no darse por vencido en su lucha por poder utilizar el dispositivo del que él y su familia han dependido durante décadas.

Patricia Zavala Gutiérrez es una reportera de Global Press Journal radicada en México.

Lilette A. Contreras es reportera de Global Press Journal, y se encuentra en Cuauhtémoc, México.

 

Esta historia fue publicada originalmente por Global Press Journal.

 

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Cómo aumentar la vida útil de las prendas y ayudar a salvar el planeta

La reutilización creativa, organización y remiendos decorativos son algunas de las soluciones para extender a vida útil de las prendas. Cuidar de tu ropa significa cuidar también del planeta.
3 de mayo, 2022
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En su libro de 2021 La ropa que amas dura (Loved Clothes Last), Orsola de Castro, fundadora de la campaña mundial Fashion Revolution, lanza una apasionada súplica.

“Pasé años hurgando en tiendas de ropa de segunda mano y vi cientos de piezas perfectas abandonadas simplemente por una cremallera rota”, dice.

“Después de todo, ¿por qué gastar tiempo y dinero arreglando una cremallera rota cuando es más rápido, más barato e infinitamente más divertido comprar un nuevo atuendo con una cremallera que funciona?”.

“Pero, ¿podemos detenernos y analizar qué estamos haciendo cuando despreciamos una prenda por la cremallera que se rompió? ¿Qué pasaría si decidiéramos reemplazarla?”, pregunta.

El cuestionamiento de Castro es uno de los muchos a los que se enfrenta la industria de la moda en el siglo XXI.

Cada vez es más difícil ignorar el daño social y ambiental causado por la fabricación de ropa.

Las tasas de consumo de recursos naturales son estratosféricas, sin mencionar los niveles de contaminación y desperdicio, mientras que las cadenas de suministro globales están marcadas por la explotación.

Y el sector también es responsable de entre el 2% y el 8% de las emisiones globales totales de gases de efecto invernadero, según el estudio.

Cremallera rota

Getty Images

Productos no esenciales

Estas son cifras impresionantes considerando que, hasta cierto punto, esta es una industria de productos no esenciales.

Muy pocas personas en las capitales de consumo de moda de todo el mundo realmente necesitan más ropa.

Aun así, se producen entre 80 mil y 100 mil millones de prendas al año, y esta estimación es conservadora.

La industria de la moda está luchando para enfrentarse a este desafío con planes y minuciosas investigaciones que incluyen una variedad de proyectos que van desde aumentar la eficiencia energética en las cadenas de suministro, cambiar a materiales renovables, invertir en innovación de materiales para evitar los sintéticos, promover iniciativas de justicia social o combatir la crueldad a los animales.

Pero aunque estos esfuerzos tienen buenas intenciones, se enfrentan a una industria que ya tiene un impacto ambiental masivo.

Basta decir que la mayoría de estos 80 mil y 100 mil millones de prendas terminan siendo incineradas o arrojadas a los vertederos con muy poco uso.

Orsola de Castro

Penguin Books
Para ayudar al medio ambiente, debemos ser creativos con la ropa que ya tenemos, en lugar de comprar siempre ropa nueva, dice Orsola de Castro.

Cuida para durar más

La pandemia ha sacudido las ventas mundiales de ropa.

Ahora, están en camino de volver a alcanzar niveles ligeramente superiores a los de 2019, según los informes State of Fashion de la consultora estadounidense McKinsey & Company.

Cada vez más activistas argumentan que una de las maneras más fáciles de reducir el impacto de la industria de la moda es comprar menos.

O incluso mucho menos.

Solo tres prendas nuevas al año, según el grupo activista británico Take the Jump, y hacer que la ropa que ya tienes dure más.

La idea básica es que la industria de la moda necesita reducir sustancialmente su tamaño.

Desfile de moda

Getty Images

Prolongar la vida útil de una prenda

Para una generación de compradores alimentados por deseos construidos artificialmente y gratificación instantánea, este puede ser un objetivo difícil de imaginar, pero los números son irrefutables.

Una investigación realizada por la organización ecologista británica Wrap indica que prolongar la vida útil de una prenda en tan solo nueve meses podría reducir su impacto medioambiental hasta en un 10%.

Imagina lo que podríamos conseguir durante décadas.

Los factores que contribuyen a lograr este objetivo incluyen la compra de ropa de buena calidad, la disposición de los usuarios a usar la misma ropa muchas veces y su capacidad para cuidarla.

Puede sonar fácil, pero si eso fuera cierto, ya lo habríamos hecho.

Es solo que, en este momento, los riesgos parecen demasiado abrumadores como para no intentarlo.

Ha pasado poco más de una generación desde que perdimos el arte del mantenimiento de la ropa.

Mientras que la vida de nuestros abuelos era de ahorro y reparación, la mayoría de los consumidores de hoy se han acostumbrado al sistema de usar, romper y tirar.

Las prendas perfectas de Castro con cremalleras rotas son síntomas de una profunda falta de conexión con la forma en que se hacen las prendas.

Cosiendo ropa

Getty Images

Pero ahora es más importante que nunca preguntarse por qué tanta ropa está hecha con materiales derivados del petróleo.

Hay que preguntarse si la viscosa de esa camisa fue extraída de bosques milenarios, si hay piel de animal en ese pompón o por qué solo una pequeña fracción de los trabajadores de las industrias de la confección gana salarios decentes.

Y también si todavía queremos seguir provocando caos.

El subtítulo del libro de Castro es Cómo la alegría de remendar y ponerse la ropa puede ser un acto revolucionario.

Es un hecho. Necesitamos una revolución.

¿Qué hacer?

El primer paso es visitar tu guardarropa.

En 2019, la organización británica TRAID lanzó la campaña “23 Percent” (23%) para resaltar la proporción de prendas que los londinenses guardan sin usar en el armario.

El diseñador de moda estadounidense Sam Weir es el fundador de Lotte.V1, un servicio personalizado de combinación de ropa y accesorios que tiene como objetivo revitalizar nuestra relación con la ropa.

Armario

Katrina Hassan/Spark Joy London
Si la ropa está organizada, es más fácil saber exactamente lo que tienes y aumenta la disposición a usarla y cuidarla.

Weir tiene una amplia experiencia en campañas de alto perfil y dice que “muchos de nosotros no usamos lo que tenemos porque nos han enseñado a encontrar soluciones para combinar la ropa según el consumo”.

“Combinar ropa permite que las personas se expresen y se diviertan con la ropa, sin comprar (piezas) nuevas; fuerza la creatividad y (hace) que las personas realmente usen su ropa. Implica aprender a interactuar con la moda, sin consumismo, y establecer una relación con nuestras cosas”, explica Weir.

¿Por dónde podemos empezar?

“Reserva dos horas y abre tu guardarropa”, enseña.

“Busca piezas que no hayas usado en meses o más. Una de ellas podría ser una camisa de vestir. Aquí es donde la ropa a juego puede ayudar”.

Weir continúa: “Póntela con unos jeans casuales, algo que solo usarías el fin de semana. Agrega un par de zapatos de tacón bajo y un blazer. Al combinar la ropa, has convertido una pieza que solo usaste en un ambiente en algo para usar en innumerables ocasiones“.

“Con la combinación creativa, los vestidos pueden convertirse en faldas o tops, lo viejo vuelve a ser nuevo. Es como si acabaras de ir de compras, sin haber salido nunca de tu guardarropa”, concluye.

Las buenas compras son un buen punto de partida, según Mikha Mekler, profesora de gestión de producción en el London College of Fashion. Para ella, “la forma en que compramos es el problema. Si compramos calidad, (la ropa) durará más”.

Comprando ropa en internet

Getty Images

Empieza por evitar las marcas de moda de consumo, con sus gigantescas campañas publicitarias, llenas de celebrities.

Busca marcas con conducta ética que se enorgullezcan de ser artesanales.

Y aun así, compruébalo tú mismo: el peso del producto y la calidad de sus detalles pueden decir mucho.

“Pruébate la ropa”, aconseja Victoria Jenkins, tecnóloga de ropa y fundadora de la marca de ropa ajustable Unhidden.

“Tira, tira, examina la costura. ¿Está limpia y ordenada o llena de hilos sueltos? ¿Puedes ver líneas visibles en los puntos de tensión de la costura? ¿La camisa tiene tiras sobre los hombros para que no se deforme cuando se cuelga? ¿El dobladillo es fuerte o puede desprenderse con facilidad? ¿La tela tiene puntadas descoloridas o más defectos de impresión de los esperados?”, dice.

El siguiente paso es tener cuidado.

Lavar menos la ropa

En su estudio de 1954 titulado Jabones en polvo y detergentes, el semiótico francés Roland Barthes escribió sobre el uso de espuma, que no es estrictamente necesaria en el proceso de limpieza, en la publicidad del detergente.

Para él, “lo importante es el arte de disfrazar la función abrasiva del detergente con la deliciosa imagen de una sustancia, a la vez profunda y aireada, que puede controlar el orden molecular del material sin dañarlo”.

Persiste la idea de que el lavado de alguna manera renueva y refresca, pero en realidad es muy destructivo, como señala Barthes.

La mayoría de los expertos en ropa sostenible están de acuerdo: lava menos la ropa y lávala con detergentes naturales suaves.

Hazlo del revés para evitar que los colores y estampados se desvanezcan.

Planeta

Getty Images
Para ayudar al medio ambiente, debemos ser creativos con la ropa que ya tenemos, en lugar de comprar siempre ropa nueva.

La diseñadora Stella McCartney dijo en una entrevista con el periódico británico The Observer en 2019: “La regla es no limpiar. Dejas que la suciedad se seque y la cepillas. Básicamente, en la vida, la regla general es: si realmente no necesitas limpiar algo, no limpies”.

“No me cambio el sostén todos los días y no tiro las cosas en la lavadora solo porque han sido usadas. Soy increíblemente higiénica, pero no soy una fanática de la limpieza en seco, o cualquier tipo de limpieza, en realidad”, añadió.

Para Mekler, “cuidar la ropa sigue siendo algo que la gente hace mal a diario. Yo lavo mucha ropa, especialmente la más fina e incluso los jeans, en el ciclo de lavado de prendas delicadas, a menos que estén muy sucias”.

Considera colgar la ropa ligeramente sucia en el baño mientras se ducha y deje que el vapor haga el trabajo de limpieza. Evita el secado en secadora.

Agita la ropa y cuélguela para que se seque. Y celebra los beneficios ambientales de tus nuevas rutinas.

Ropa tendida

Getty Images

Según Energy Star, el programa de eficiencia energética de la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA), una lavadora promedio usa más de 93 mil litros de agua al año.

Es decir, aproximadamente la mitad de lo que una persona bebe en su vida.

Además del agua, cada vez que lavamos la ropa, arrojamos productos químicos y microfibras de telas sintéticas a cursos de agua ya sobrecargados.

Y finalmente, la mayoría de las emisiones producidas durante el periodo de uso del ciclo de vida de una prenda se generan durante el lavado y secado a máquina.

Reduce este proceso y estarás a la moda de forma sostenible.

Puedes leer este texto publicado originalmente en inglés en BBC Future.


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