En 8 años, las solicitudes de asilo en México se disparan 100 veces
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En 8 años, las solicitudes de asilo en México se disparan 100 veces, mientras el sistema para atenderlas se ve rebasado

De mil 296 solicitudes de asilo que se registraron en 2013, la cifra pasó a 130 mil 627 en 2021. Personas principalmente de Centroamérica y el Caribe hacen sus peticiones, mientras deben esperar meses y son desmotivadas por las propias autoridades, señalan activistas.
Cuartoscuro
Por Marcela Nochebuena y Manu Ureste
2 de junio, 2022
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En los últimos ocho años, las solicitudes de asilo han crecido más de 100 veces en México. Con ello, mientras que en 2013 fueron mil 296, alcanzaron 130 mil en 2021, de las cuales cerca de 90 mil se presentaron en la ciudad fronteriza de Tapachula, Chiapas. En los primeros cuatro meses de este año, las solicitudes siguen aumentando, pues ya suman 40 mil. 

Mientras tanto, el sistema de asilo del país está rebasado y sin los recursos y la capacidad suficientes para dar respuesta, lo que provoca retrasos y sufrimientos innecesarios, según documenta la organización WOLA (Advocacy for the Human Rights in The Americas) en su reporte Luchando por sobrevivir: la situación de personas solicitantes de asilo en Tapachula, México.

La reticencia de las autoridades mexicanas para facilitar el acceso a otras soluciones legales tiene el efecto de relegar a las personas al sistema de asilo como si fuera la única opción para buscar un estatus legal de permanencia en México, añade el documento. 

Los migrantes y solicitantes de asilo que llegan a la frontera de Tapachula, la ciudad fronteriza de México donde se realiza la mayoría de solicitudes, se enfrentan a servidores públicos que frecuentemente son descritos como parte de “un sistema para desmotivar a las personas”, lo que se conoce como “política de desgaste”.

Esto no se refiere a una política escrita, sino a los efectos combinados de una serie de acciones y omisiones del gobierno mexicano, que provocan que las personas tengan que luchar para sobrevivir, de la misma manera que las dejan expuestas al abuso y trato arbitrario de las autoridades mientras tratan de resolver múltiples procesos legales. 

“Estas condiciones no contribuyen a atender la migración forzada hacia o a través de México, sino que únicamente incrementan el sufrimiento y riesgos que las personas en movilidad enfrentan”, señala el reporte. 

En 2021, cuando México registró el récord de 130 mil 627 peticiones de asilo, las tres nacionalidades que más aplicaron fueron haitianos, hondureños y cubanos. Los primeros fueron los que representaron el crecimiento más grande de 2020 a 2021, al pasar de 5 mil 917 a 51 mil 337. Hijos e hijas de padres haitianos también representaron un alto número de solicitantes de asilo provenientes de Chile y Brasil, que pasaron de mil 170 en 2020 a 10 mil 749 en 2021.

Lee: “Estoy destrozada”: el infierno de ser mujer, migrante y negra en México

El “boom” de las solicitudes a partir de 2019

De acuerdo con el informe de WOLA, aunque las solicitudes de asilo se han incrementado año con año desde 2013, fue entre 2018 y 2019 cuando crecieron a más del doble, al pasar de 29 mil 574 a 70 mil 327, y aunque durante 2020, año de la pandemia, tuvieron un registro a la baja (40 mil 954), en 2021 alcanzaron un crecimiento, de nuevo, casi del doble respecto de 2019, pues sumaron 130 mil 627.

Cuestionada acerca de los motivos de este “boom” en las solicitudes de asilo, Stephanie Brewer, directora para México de WOLA, explicó en entrevista que hay “un conjunto de factores” que pueden explicar esta situación: en primer lugar, durante 2021, luego del cierre de fronteras en muchos países de la región en 2020 al inicio de la pandemia, los flujos migratorios volvieron a los niveles “prepandémicos”, e incluso se incrementaron precisamente por los efectos de la crisis sanitaria. 

“Estamos viviendo un momento de elevados niveles de migración, y de migración forzada provocada por la violencia y también por los impactos económicos de la pandemia”, expuso Brewer. “A eso hay que añadir que los desastres climáticos están teniendo un papel cada vez más relevante en la decisión de las personas a migrar”.

Estos aumentos en los flujos, recalcó la directora de WOLA en México, es lo que en buena medida explica el disparo en las solicitudes de asilo, pues buena parte de la población migrante que sale de los países del Triángulo Norte de Centroamérica está huyendo de la violencia. Aunque Brewer precisó, igualmente, que dentro de esa población que migra también hay personas con “otras necesidades”, que no necesariamente encajan en la definición de una persona refugiada.

“Sin embargo, la falta de disponibilidad de otras vías legales, y la reticencia de las autoridades a otorgar, por ejemplo, visas humanitarias, empuja también a esas personas a querer recurrir al sistema de asilo para regularizar su estancia en México. Y este factor también explica el aumento de las solicitudes”, apuntó. 

La respuesta de las autoridades

En 2021, la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) resolvió 38 mil 054 casos de asilo, con un nivel de 72% de peticiones otorgadas, por encima del promedio de aprobación nacional de Estados Unidos, que alcanza el 37%. Sin embargo, hubo disparidades significativas en la tasa de aprobación según los diferentes lugares de los que provenían las personas.

Las nacionalidades en las que se observó el mayor porcentaje de aprobación de solicitudes de asilo el año pasado fue entre los venezolanos (97%), hondureños (85%) y salvadoreños (85%). La Comar regularmente evalúa las aplicaciones de personas originarias de esos países como parte de los criterios de la Declaración de Cartagena. En tanto, entre los haitianos se registró la tasa más baja de aprobación con 23%.

El informe Luchando por sobrevivir: la situación de personas solicitantes de asilo en Tapachula, México también describe que las personas solicitantes de asilo generalmente deben esperar a que sus casos se resuelvan en el estado donde tramitan su petición, por lo que cientos de solicitantes se ven obligados a vivir en Chiapas —un estado con un porcentaje de pobreza de 75.5%—, donde se localiza Tapachula.

En la práctica, “las autoridades mexicanas buscan confinar estas familias e individuos no solo al estado, sino a la ciudad de Tapachula; por eso, es conocida como la ‘ciudad cárcel”. Esta política de contención ha llevado a una serie de consecuencias negativas, que incluyen la falta de acceso a servicios básicos y a medios de supervivencia, lo que orilla a las personas solicitantes de asilo a tratar de encontrar maneras de abandonar la ciudad. 

A esto se suma que, según el documento, aunque las Fuerzas Armadas no son responsables de definir el proceso de asilo, tienen un papel relevante en la contención de la migración, así como contacto directo con familias y personas que llegan a México, con consecuencias que pueden impactar en el acceso de las personas a solicitar asilo. 

Lee: “Temblaba de miedo”: la historia de ‘Natalie’, migrante extorsionada por la Guardia Nacional

Hasta abril de este año, 28 mil 542 integrantes de las Fuerzas Armadas han sido desplegados en las fronteras del país. La Guardia Nacional tiene, en particular, un papel relevante en las detenciones en contexto migratorio, lo que priva a cientos de migrantes de la libertad que tenían en años recientes. 

Una vez expuesto este panorama, Brewer señaló que uno de los grandes objetivos del informe que publica hoy WOLA es transmitir el mensaje a las autoridades mexicanas, estadounidenses y centroamericanas de que  esa es la realidad, y que no va a solucionarse a corto ni mediano plazo, por muchas iniciativas positivas y programas sociales que se estén implementando para abordar las causas de la migración desde la raíz. 

“A corto y mediano plazo, los niveles de llegada de personas migrantes y solicitantes de asilo van a ser los que estamos viendo ahora mismo. Y, por ello, el sistema de migración y de asilo tiene que adaptarse a esos niveles y dar una respuesta a miles de personas. Esto no puede ser a través de un modelo que solo busca la contención de miles de personas en una sola ciudad, en Tapachula”, agregó. 

Sobre la situación en esa ciudad, la activista explicó que, de acuerdo con los testimonios recabados en el documento, existe una especie de política no oficial entre las autoridades de migración para generar “un desgaste” en los solicitantes de asilo para que se desistan de su petición y acaben siendo deportados. 

“Es un sistema de desgaste hacia las personas, que las mantiene en un limbo jurídico durante meses, en la incertidumbre de cuándo resolverán sus casos, sin poder acceder a un empleo, viviendo en condiciones precarias, con problemas para acceder a servicios básicos y corriendo el riesgo de ser detenidas, a pesar de que son solicitantes de refugio”, detalló Brewer, y precisó que si bien esta “política de desgaste” no es nueva en México, sí se “agravó” en la administración de Andrés Manuel López Obrador y el gobierno del estadounidense Donald Trump. 

Por eso, la directora de WOLA dijo que en el marco de la próxima Cumbre Iberoamericana, que se celebrará entre el 6 y el 10 de junio próximos en la ciudad de Los Ángeles, en Estados Unidos, el mensaje a enviar para los gobiernos de la región es que “reconozcan que las políticas que ponen más obstáculos y sufrimientos a las personas migrantes no solucionan las causas de la migración ni de la migración forzada, ni ofrecen soluciones a las personas solicitantes de asilo, ni les conviene a los propios estados”.

“La única solución para estabilizar a la población desplazada en la región es facilitar el acceso al refugio, y otras vías legales complementarias para ofrecer soluciones duraderas a las personas en movilidad”, concluyó Brewer.

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Elecciones en Colombia: el país decidirá cuán profundo es el cambio que desea (y quién lo representa mejor)

Todos los candidatos de las presidenciales de este domingo, incluidos aquellos cercanos al gobierno saliente de Iván Duque, hablan de un cambio para Colombia. El favorito, Gustavo Petro, propone una ruptura en la historia. Esto es lo que está en juego.
29 de mayo, 2022
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Elecciones en Colombia

Getty Images

Todas las elecciones son históricas, pero unas más que otras. Todas las elecciones buscan un cambio, pero unas más que otras.

Lo que vive Colombia este domingo en las presidenciales promete ser histórico por la dimensión del cambio que puede significar.

Todos los candidatos, incluidos aquellos cercanos al gobierno saliente de Iván Duque, proponen un cambio; sea este moderado, profundo o conservador. Pero cambio.

Más del 85% de los colombianos piensa, según la encuesta Invamer, que el país va por mal camino. Desde los años 90, el momento más agudo del conflicto armado, no se reportaban números de pesimismo tan altos.

La política colombiana, a pesar del récord de violencia, se ha destacado por ser una de las más estables de América Latina: acá no hubo golpes de Estado, ni regímenes de facto, ni un gobierno que marcara una ruptura con los anteriores.

Pero esa estabilidad, también manifiesta en una economía sin altibajos, tiene sus críticos. O es considerada una “farsa” por una gran cantidad de colombianos que aluden a la violencia y a la desigualdad, una de las más altas del mundo, como resultados de gobiernos “oligárquicos” y “corruptos”.

Esos colombianos, la mayoría de ellos jóvenes, ahora parecen empoderados. Muchos de ellos llenaron las calles en 2019 y 2021, en olas de protestas inéditas para un país ensimismado por la guerra durante décadas.

El proceso de paz firmado con la guerrilla en 2016 parece haber abierto una caja de pandora de demandas sociales, económicas y culturales.

Elecciones en Colombia

Getty Images

Al sentimiento de indignación hacia lo que acá llaman “el establecimiento” se añaden dos elementos sensibles: la crisis económica heredada de la pandemia, que aumentó el desempleo, la pobreza y la informalidad laboral, y un conflicto armado que amenaza con resurgir.

Todo esto ha hecho que los colombianos, en contra de todo pronóstico, se hayan puesto de acuerdo en algo: que hay que cambiar.

La pregunta, y eso es lo que tendrán que definir en estas presidenciales, es cómo y cuánto.

Alexander Vega

Getty Images
Por primera vez en muchos años el registrador, Alex Vega, es protagonista central de las elecciones. Y eso se deba a que el sistema electoral está cuestionado.

Los tipos de cambio

Las encuestas vaticinan que la de este domingo será la primera de dos rondas electorales. Para ganar en primera vuelta se necesita la mitad más uno de los votos, una ventaja que, según las encuestas, ningún candidato tiene a su favor.

En el tarjetón habrá ocho opciones, pero dos de ellas ya se retiraron.

Para sumar a las facetas inéditas de esta elección está que por primera vez existe un manto de dudas sobre el proceso electoral: los candidatos han declarado estar preocupados por la falta de garantías del sistema de votación. El terreno, quizá en como ninguna otra elección reciente, está embarrado.

El líder de las encuestas es Gustavo Petro, un viejo conocido de la política nacional cuyo triunfo, sin embargo, significaría una ruptura en la historia. La larga campaña ha estado marcada por su figura, que desafía a los gobernantes “de siempre”. Incluso existe la mínima posibilidad de que gane en primera vuelta.

Un gobierno de izquierda como el que él propone sería un hito histórico para un país sin experiencias realmente progresistas o revolucionarias en el poder. Muchos lo ven como “un salto al vacío”.

Exguerrillero del M19, valiente congresista y polémico alcalde de Bogotá entre 2012 y 2016, Petro ha hecho una carrera política a partir del enfrentamiento con la clase política gobernante y de la denuncia de la corrupción y la violación de derechos humanos.

Gustavo Petro

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Petro hace campaña con un enorme esquema de seguridad. Da los discursos con escudos antibalas. Candidatos como él en el pasado han sido asesinados.

Esta es la tercera vez que se lanza a la presidencia. Ahora propone un “pacto histórico” que congregue “diferentes”, al que se han adherido políticos de todas las ramas, incluidos algunos cuestionados en el pasado por el mismo Petro.

Su personalidad, catalogada por algunos como de “déspota” y “megalómana”, le genera un rechazo y una desconfianza que pueden pasarle factura en segunda vuelta.

El economista, especializado en medio ambiente, propone profundas reformas en pensiones, salud, educación, impuestos y subsidios. Promete una reforma agraria, pendiente por décadas en un país de enorme desigualdad en la propiedad de la tierra. Asegura que va a transformar la economía extractiva basada en exportaciones por una industrialista y agrícola con altos aranceles a las importaciones.

Su programa, de ser ejecutado, supondría un shock para un modelo económico que no sufrió grandes cambios por décadas. Un programa que asusta a algunos e ilusiona a otros. Y que vaticina un choque de poderes que puede traducirse en ingobernabilidad.

“Llegó el momento”, pregonó Petro en su cierre de campaña en Bogotá. “No necesitamos fusiles como ellos ni apuntar con una escopeta de gases lacrimógenos a nadie. Ni todos los fusiles juntos podrían cambiar la historia como sí lo puede cambiar un esfero (un bolígrafo). Un esfero es más importante que un fusil y lo vamos a demostrar”.

“El domingo cambiaremos la historia de Colombia”, dijo.

Federico Gutiérrez

Getty Images
Federico Gutiérrez se muestra como un colombiano común, que habla y trabaja como el común. Es la carta del establecimiento gobernante.

En el segundo lugar de las encuestas está Federico Gutiérrez, mejor conocido como “Fico”.

Alcalde de Medellín entre 2016 y 2019, Gutiérrez es el candidato más cercano a la derecha gobernante, aunque él se percibe como una opción de “cambio responsable” que busca “cambiar lo que no sirve y mejorar lo que sí sirve”, sobre todo en términos de seguridad y creación de empleo.

El ingeniero civil de 47 años se presenta como el “presidente de la gente” y usa un lenguaje simple e informal para sustentarlo. Dice haber ejecutado el 95% de su plan como alcalde. Su gran ventaja es el apoyo de los partidos tradicionales y las grandes élites regionales ligadas al empresariado. Esa es la fuerza que ha definido quién es presidente prácticamente toda la vida.

“Sí necesitamos el cambio”, exclamó en su arenga de cierre en Medellín.

“Un cambio que signifique un país sin hambre, sin odios, sin discursos de lucha de clases, sin corruptos y sin violentos”.

“Unamos a Colombia”, clamó, en lo que ha sido una de sus principales líneas de campaña: la unión.

Rodolfo Hernández

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Rodolfo Hernández está rodeado de jóvenes, pero tienen 77 años. Hizo una fortuna construyendo vivienda social. Es un enigma político.

El tercero en la mayoría de las encuestas es Rodolfo Hernández, una de las revelaciones de la elección.

De 77 años, el empresario de finca raíz y exalcalde de Bucaramanga ha hecho una campaña novedosa a través de TikTok, ejecutada por decenas de jóvenes que él llama “la muchachada” y en la que se presenta como un arrollador de la corrupción. Un personaje del común hastiado con quienes gobernaron este país.

No es claro si es de derecha o de izquierda, si votó sí o no por el acuerdo paz de 2016 con la guerrilla, pero promete reducir el gasto público, bajar impuestos, condonar deudas estudiantiles, modificar las prisiones y negociar con las guerrillas vigentes.

Desconocido a nivel nacional hace seis meses, el discurso chabacano y vehemente de Hernández parece seducir a la gente, de edades y clases diversas, sin ideología política pero preocupada por la corrupción y el clientelismo históricos. La gente que ve atractivo un candidato diferente, un “outsider”.

Si avanza a la segunda vuelta, como revelaron algunas encuestas justo antes de la veda electoral hace una semana, sería un sacudón para la campaña. El timing de su subida pudo haber sido perfecto.

Sergio Fajardo

Getty Images
Sergio Fajardo, el candidato profesor, usa la educación como principal carta para cambiar el país.

El último candidato que en las encuestas tiene cierta chance de calificar a la segunda vuelta es Sergio Fajardo, quien hace cuatro años no entró por apenas 200.000 votos de diferencia con Petro.

El también exalcalde de Medellín, crítico de la derecha y de la izquierda, representa un “cambio sin rabia” que acabe con la polarización y una a los colombianos. Fajardo es un obsesivo de las formas, de la ética, de la decencia, del perjuicio de los atajos y el utilitarismo: “Como se llega al poder, se gobierna”, suele decir.

El doctor en Matemáticas ha sido uno de los grandes impulsores de la educación como base de los cambios económicos y políticos que pide Colombia. Tiene de su lado a economistas, ingenieros y gestores culturales de reconocimiento internacional.

La diferencia del Fajardo de ahora con el de hace cuatro años no es grande en términos discursivos ni programáticos. Su campaña ha estado plagada de errores y divisiones. Eso en parte explica una caída en las encuestas que él pide no tener en cuenta, sino “votar a conciencia”.

Colombiano votando

Getty Images

Un país distinto

Aunque históricamente la abstención en Colombia ha sido alta, hasta ahora los colombianos nunca eligieron una opción de cambio tan drástica como la que podrían significar Petro o Hernández.

Solo el hecho de que ellos tengan opciones de ganar ya es un desarrollo histórico.

El hartazgo con el estado de las cosas es notable e inédito. Pero además se da tras una profunda transformación de las prioridades y preocupaciones de la gente.

Durante décadas los presidentes fueron elegidos por su postura ante el conflicto armado, las guerrillas, el terrorismo. Eso explica la inmensa popularidad de Álvaro Uribe en los últimos 20 años.

Pero este año la cosa cambió. Uribe, de hecho, está casi ausente en la campaña. El silencio sobre la guerra asombra. En su lugar se habla de pensiones, racismo, desigualdad, corrupción, medio ambiente.

Los colombianos, por primera vez, esperan cambios de fondo en estos temas. Y ahora irán a las urnas en busca de alguien que pueda ejecutarlos.

El país ya cambió. Ahora veremos si sus gobernantes también.


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