Crecen decomisos de drogas sintéticas, caen los de mariguana
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En este gobierno, crecen los decomisos de drogas sintéticas, caen los de mariguana y la violencia se mantiene

Estadísticas recabadas por México Unido contra la Delincuencia muestran tendencias diferentes en los aseguramientos de drogas como el fentanilo y otras como mariguana y cocaína, mientras que los asesinatos en este sexenio se mantienen arriba de 30 mil al año.
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20 de julio, 2022
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En lo que va del sexenio del presidente Andrés Manuel López Obrador se han disparado los aseguramientos de drogas sintéticas y de fentanilo, se han reducido la erradicación y los aseguramientos de mariguana y de amapola, mientras que, a la par, los índices de violencia letal se han mantenido en los últimos tres años con más de 30 mil víctimas de homicidio anuales.

Estas son algunas de las principales conclusiones expuestas por la organización México Unido contra la Delincuencia (MUCD) en la actualización de su micrositio Datos abiertos sobre acciones antidrogas 2.0, un espacio que a partir de múltiples solicitudes de información a la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y a la Marina (Semar) transparenta las acciones antidrogas que se han realizado en México desde la década de los 90 hasta 2021. 

De acuerdo con los datos obtenidos por MUCD, en los tres primeros años del actual gobierno se han asegurado 75 mil 196 kilos de drogas sintéticas, como metanfetaminas, siendo 2021 el segundo récord histórico con 36 mil 868 kilos, hasta 109% más que en 2020. 

En los tres primeros años de Enrique Peña Nieto, Sedena y Semar aseguraron 71 mil 207 kilos de estas drogas sintéticas, 6% menos, aunque en 2015 se registró el récord histórico de incautaciones con 37 mil 323 kilos. 

Por otra parte, las cifras expuestas en el micrositio revelan que el año pasado se batió en México el récord de aseguramiento de fentanilo, un opioide sintético similar a la heroína, con 991 kilos incautados. En los últimos tres años, las autoridades aseguraron casi mil 500 kilos de esta droga, por los apenas 16 kilos incautados en la primera mitad del sexenio de Peña Nieto y ninguno con Felipe Calderón. 

Por el contrario, las estadísticas reflejan un descenso tanto en la erradicación de hectáreas de mariguana como en los aseguramientos de esta droga. 

Entre 2019 y 2021, las autoridades aseguraron 370 mil 275 kilos de mariguana, 309% menos que en los primeros tres años de gobierno de Peña Nieto, cuando se decomisaron 1 millón 516 mil kilos, y hasta 447% menos que en los tres primeros años de Felipe Calderón, cuando se aseguraron 2 millones 025 mil kilos. 

En lo que respecta a destrucción de hectáreas de cultivos de mariguana, en el actual sexenio también ha habido una reducción: se han erradicado 35 mil 241 hectáreas, por las 61 mil 975 destruidas con Peña Nieto, 76% menos. 

La destrucción de cultivos de amapola también se ha reducido, aunque se trata de una tendencia a la baja que viene desde finales del sexenio de Calderón. Entre 2019 y 2021, las autoridades informaron de la destrucción de 6 mil 611 hectáreas de amapola, muy lejos de las 46 mil 343 erradicadas con Calderón, y más aún de las 75 mil 481 hectáreas destruídas en los tres primeros años de Vicente Fox. Por poner un ejemplo para dimensionar la caída: en 2021, se erradicaron 975 hectáreas de amapola. En 2006, 27 mil 666. 

En cuanto a la cocaína, entre 2019 y 2021 se aseguraron 27 mil 345 kilos, 92% más que en la primera mitad del sexenio de Peña Nieto, pero 99% menos que en los tres primeros años de Calderón, cuando se aseguraron 54 mil 529 kilos. El primer año de Calderón, con 43 mil 014 kilos incautados en 2007, es el que ostenta hasta ahora el récord. 

Drogas sintéticas, en la mira 

Especialistas consultados por Animal Político precisaron que un aumento o descenso de los decomisos en los diferentes gobiernos no implica en automático una política antidrogas más o menos efectiva, pues hay múltiples factores que pueden incidir en esas variaciones. 

Así lo expuso Daniela Osorio, investigadora de MUCD y socióloga egresada de la UNAM, que explicó que en drogas como la mariguana, por ejemplo, puede estar habiendo una menor demanda y, por lo tanto, una menor oferta, y ello podría implicar una menor erradicación de cultivos o menos aseguramientos. 

“O puede ser que las autoridades ahora se están enfocando más en algunas sustancias, como las drogas sintéticas, que implica más aseguramientos y no la erradicación de cultivos. Por eso, estos datos necesitan estar acompañados de una investigación de campo, o del acompañamiento de otras variables para poder sacar más conclusiones”, expuso la investigadora, que participó en la elaboración del micrositio.

Decomiso

Édgar Baltazar, director de Investigación y Políticas Públicas en MUCD, que también participó en la plataforma, coincidió con Daniela Osorio en que es necesario analizar más información y variables para conocer qué tanta droga hay en el mercado informal de México, aunque señaló que los datos actuales “sí son un indicador de dónde está ahora mismo el interés del Estado mexicano” en las acciones antidroga. 

“Esta disminución de aseguramientos (en drogas como cocaína, mariguana o amapola) muestra un indicio de que la política de drogas y las tareas de seguridad en el actual gobierno están más enfocadas a una menor intervención que en gobiernos pasados”, planteó el investigador. 

“Ahora bien —agregó— lo que sí sabemos con los datos de acciones antidrogas es que el Estado mexicano está ahora más interesado en asegurar drogas sintéticas. O sea, los datos sí abren la hipótesis por comprobar de que ahora las drogas sintéticas prevalecen. Y una novedad a destacar sería el caso del fentanilo, que va creciendo cada vez más en aseguramientos”. 

Raúl Zepeda Gil, politólogo por la UNAM y doctorando en el King’s College de London, en Reino Unido, explicó que las fluctuaciones en los aseguramientos de drogas en México también pueden explicarse por “una diversificación” de ese mercado ilegal, no solo en México, sino en Estados Unidos, el principal consumidor. 

“Hay una serie de transformación y diversificación del mercado de drogas, pero no su desaparición o declive”, subrayó el académico, que también es autor del artículo “Las drogas siguen siendo relevantes para el crimen organizado en México”, en la revista Nexos.

En el caso de la mariguana, Zepeda Gil planteó que, aunque las cifras de aseguramientos y de erradicación de cultivos van a la baja, eso no significa en automático que la mariguana ya no sea relevante para el crimen organizado. 

“Hay un declive en kilos de mariguana decomisados por las agencias de seguridad mexicanas, pero eso no significa que haya desaparecido. Desde 2017, cada año son decomisados alrededor de 200 mil kilos. Es decir, quizás los cambios del mercado de drogas ilegales en Estados Unidos ya alcanzaron su máximo de producción, y ahora la producción mexicana es subsidiaria, tomando en cuenta que la mariguana no es legal en todos los estados de EU, y que los consumidores pueden preferir las variantes mexicanas”, apuntó.

En cuanto al aumento reciente de los decomisos de fentanilo en México, Zepeda Gil dijo que esto va “en congruencia con la crisis de opioides en Estados Unidos”, aunque también matizó que se necesitan más datos sobre fentanilo “para tener seguridad de esta tendencia”. 

En cualquier caso, los datos disponibles muestran que la violencia letal no está disminuyendo de manera drástica en México, independientemente del aumento de los decomisos de ciertas drogas: en 2019, sumaron 36 mil 773 víctimas de homicidio; en 2020, 35 mil 644, y en 2021, 33 mil 308.  

¿Estos datos quieren decir que no hay una relación tan directa entre la violencia y el tráfico de drogas?, se planteó al especialista Édgar Baltazar. 

“La violencia se ha mantenido pese a la baja de acciones antidrogas porque, en efecto, esta es causada por múltiples factores”, respondió Baltazar, quien matizó: “Sí hay violencia vinculada al tráfico de drogas y otra que no”. 

“Por un lado, vemos que no hay una relación causal entre acciones antidrogas y más o menos violencia”, dijo el investigador, que puso como ejemplo el caso de Ciudad Juárez, que entre 2009 y 2011 tuvo altas cifras delictivas, sobre todo de homicidios, “y muy pocas acciones antidrogas”, apenas se aseguraron 13 kilos de cocaína en esos dos años. 

“Y, por otro lado, vemos que hay casos en los que sí coinciden violencia y acciones antidrogas en varios momentos, como en los estados de Sonora, Sinaloa, Durango y Guerrero”, donde históricamente se han llevado a cabo importantes operativos de erradicación de cultivos de mariguana (220 mil 410 hectáreas en Guerrero, entre 1990 y 2021) y de amapola (130 mil 209 hectáreas en Sinaloa).

“Es decir, los datos que están disponibles actualmente nos permiten llegar a la conclusión de que aún no hemos encontrado una relación causal directa entre acciones antidroga y violencia”, concluyó Édgar Baltazar. 

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43 mujeres de Sudamérica denuncian al Opus Dei ante el Vaticano por servidumbre y explotación

43 mujeres de Argentina, Paraguay y Bolivia denunciaron ante el Vaticano al Opus Dei, que ha abierto una "comisión de escucha y estudio" de los casos.
2 de agosto, 2022
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Les decían que tenían “vocación de santas”, que estaban llamadas a “servir a dios” y las sometían a jornadas de hasta 15 horas de trabajo, aisladas en residencias, con una rutina de oración y mortificaciones que incluía bañarse con agua fría y autoflagelarse.

Eso es lo que dicen que sufrieron las 43 mujeres de Argentina, Paraguay y Bolivia que en septiembre de 2021 denunciaron a la organización ultraconservadora católica Opus Dei ante el Vaticano por trata de personas, explotación y reducción a la servidumbre.

Ahora, la orden religiosa en la Región del Plata -que incluye Argentina, Paraguay, Bolivia y Uruguay- ha anunciado la creación de una “comisión de escucha y estudio”, aunque dicen hacerlo por “una motivación moral y no jurídica”.

“Creemos que es necesario un ámbito que permita comenzar a sanar lo que haya que sanar”, explica a BBC Mundo la oficina de comunicación del Opus Dei sobre la creación de la comisión. Al ser preguntada por las acusaciones, la orden afirma que no tiene “ninguna notificación de denuncia por parte de las autoridades eclesiásticas”.

“Al finalizar el periodo de escucha y estudio, la comisión presentará sus conclusiones y recomendaciones al vicario regional, para que se tomen las decisiones oportunas”, agregó.

Las mujeres, que no han acudido aún a la justicia ordinaria a la espera de reunir más testimonios, según su abogado, reclaman una reparación económica y un reconocimiento público de la Iglesia.

Sus historias tienen puntos en común: fueron reclutadas entre familias de bajos recursos cuando tenían entre 12 y 16 años y las llevaron a Buenos Aires en las décadas del 70, el 80 y el 90 con la promesa de darles educación.

En cambio, denuncian, recibieron capacitación en tareas domésticas y las hicieron trabajar gratis para miembros de alta jerarquía y sacerdotes de la obra fundada por el cura español y santo Jose María Escrivá de Balaguer.

La denuncia presentada ante el Vaticano asegura que “hubo un plan proselitista” y que “lo hicieron con el conocimiento y consentimiento de las personas que ostentaban las facultades de organización y control”.

“No ha habido ninguna denuncia laboral formal en los últimos 40 años“, replica el Opus Dei al ser preguntado por BBC Mundo. “Y tampoco desde que se han realizado las acusaciones públicas, habiendo transcurrido casi un año (desde las denuncias) y a pesar de que la Prelatura siempre estuvo a total disposición de la Justicia”, agrega.

BBC Mundo no obtuvo respuesta del departamento de prensa del Vaticano ni de otras instituciones de la iglesia católica en Roma.

Alicia Torancio, una de las 43 mujeres denunciantes, se muestra reacia a colaborar con la comisión creada por el Opus.

“¿Cómo esperan que alguien vaya a denunciar el abuso y explotación al que lo abusó y explotó?“, dice a BBC Mundo.

Fernando Ocariz, actual prelado del Opus Dei, en Bolivia junto a numerarias auxiliares en una imagen de archivo.

Alicia Torancio
Fernando Ocariz, actual prelado del Opus Dei, en Bolivia junto a numerarias auxiliares en una imagen de archivo.

Torancio entró a la obra detrás de una hermana mayor que hoy también es una de las denunciantes.

Estuvo 13 años. Entró en 1994 con 16 y salió en 2007, con casi 30. Ahora, a los 44, las marcas de lo que padeció siguen presentes.

“Los últimos seis años estuve sumergida en una depresión terrible, ellos me trataron con psiquiatras de la obra y tuve un intento de suicidio. Me decían que esa era mi cruz, lo que tenía que pagar por los pecadores, y que con mi sufrimiento estaba sosteniendo las labores apostólicas. Sólo me dejaron ir cuando no servía más para trabajar”.

“A partir de ahora tu familia es el Opus Dei”

Torancio nació y creció en Mercedes, a casi 700 kilómetros de Buenos Aires. A los 10 años, mientras los hermanos varones se quedaban a trabajar en el campo con su padre, peón rural, a ella y a sus hermanas las mandaron a casa de unos familiares en la capital argentina para terminar la escuela primaria y después emplearse como servicio doméstico.

Por una de sus hermanas mayores, que ya trabajaba allí, supo de un centro de formación para mujeres. “Te ofrecían algo tentador, porque era una casa donde podías vivir y de paso tener una capacitación”, cuenta a BBC Mundo.

Ahí llegó Élida, la primera Torancio en entrar al Opus Dei como numeraria auxiliar, la categoría más baja de pertenencia a la obra, la de las “mucamas”.

Torancio no quería ser del Opus Dei. Pero a los 15 años y a través de su hermana consiguió trabajo en una residencia de varones perteneciente a la obra. Como estaba sola en Buenos Aires, le ofrecieron alojamiento en la residencia de mujeres donde estaban todas las chicas que estudiaban en el Instituto de Capacitación en Estudios Domésticos, el ICIED, “la escuela de mucamas”.

“Cuando llegas ahí te empiezan a hacer la cabeza. Te dicen que tenés vocación para ser santa, que podés aportar al mundo a través de tu trabajo y que vas a ayudar a cambiar el mundo. Y yo era muy idealista”, se lamenta.

Clase en el Instituto de Capacitación en Estudios Domésticos del Opus, el ICIED, "la escuela de mucamas".

Alicia Torancio
Clase en el Instituto de Capacitación en Estudios Domésticos del Opus, el ICIED, “la escuela de mucamas”.

A los tres meses escribió la “carta de admisión” a las autoridades de la obra: un escrito de puño y letra en el que manifestaba su vocación. Una vez que la aceptaron, dejó de cobrar por su trabajo y tuvo que empezar a vivir de un día para el otro con las reglas del “plan de vida” de los miembros: despertarse a las 6 de la mañana, bañarse con agua fría, rezar, estudiar textos de Escrivá de Balaguer y trabajar el resto del día, pero ya sin pago.

“Te dicen que le ofrecés tu trabajo a dios. A mí me preocupaba que ya no iba a poder mandarle dinero a mis padres. Me dijeron: ‘Ya no tenés que preocuparte por tus padres. Ahora tu familia es el Opus Dei'”.

En ese momento le designaron también una directora espiritual con la que debía charlar a diario, y le sumaron la obligación de confesarse una vez a la semana con un sacerdote.

Recibió también una liga de alambre con puntas, el cilicio, y un látigo con un manojo de sogas trenzadas y enceradas, la disciplina, junto con las instrucciones de uso: llevar el alambre ajustado a la pierna dos horas al día y rezar dándose latigazos en la espalda una vez a la semana. Todavía tiene las cicatrices del cilicio en el muslo.

Disciplina (izquierda) y cilicio.

Getty Images
Disciplina (izquierda) y cilicio.

“Te convierten en una máquina”

Con la admisión tuvo que ir a la “escuela de mucamas”. Era como una secundaria, pero de sólo tres años y sin título oficial. Tenían clases de cocina, limpieza, costura, modales. La escuela era de 2 a 7 de la tarde. Los padres de algunas de las chicas pagaban una pensión. Las que no podían, como Alicia, sentían la responsabilidad de trabajar más para compensar que no pagaban.

“Te cortan los vínculos con tu familia y con el (mundo de) afuera, pero además tenés prohibido hacerte amiga de alguna de tus compañeras. Tampoco podía compartir con mi hermana. Te observan todo el tiempo y enseguida te llaman la atención”.

El control, dice, se ejercía a través de la “corrección fraterna”: todas observan a todas e informan de todo lo que ven a las directoras, que las corrigen. “Te convierten en una máquina”.

Alicia, de uniforme, con su hermana Élida, que también es unas de las 43 denunciantes.

Alicia Torancio
Alicia, de uniforme, con su hermana Élida, que también es unas de las 43 denunciantes.

Cada tanto, una vez al año o cada año y medio, la dejaban viajar dos o tres días a visitar a sus padres. Tenía que hacer un pedido especial; a veces le decían que sí y a veces que no. Cuando le daban permiso, tenía que ir acompañada por otra chica.

“Te infantilizaban todo el tiempo. Tenías que pedir permiso para las cosas más tontas y no tenías dinero para manejarte”. El resto del año se podía comunicar por carta o teléfono. Las cartas, tanto las que mandaba como las que recibía, se abrían y leían primero por la directora espiritual, asegura Torancio.

Los traslados entre centros del Opus Dei eran compulsivos, incluso entre provincias y países. A los 20 años mandaron a Torancio a Laya, la residencia de numerarias auxiliares más grande del país, al lado de la sede central de la organización y “centro de estudios” por el que pasan todos los miembros varones y donde también están las máximas autoridades. Queda en la Recoleta, el barrio más caro de Buenos Aires.

La sede central es un gran edificio de nueve pisos de alto. A un costado está el edificio de la servidumbre. Se pueden ver desde la calle las ventanas tapadas que no permiten mirar el exterior ni que el interior se vea desde afuera.

A través de una conexión en el subsuelo, con doble puerta, pasan a trabajar al edificio de la sede central todos los días -en horarios específicos para evitar cruzarse con los varones-. Allí tienen la cocina, el planchero, la tintorería, la sala de lavado y además limpian las habitaciones y espacios comunes, como el oratorio, salas de conferencia, comedor y living. También cosen, bordan y hacen lo que haga falta.

Clases prácticas en la llamada "escuela de mucamas" del Opus en los años 2000.

Alicia Torancio.
Clases prácticas en la llamada “escuela de mucamas” del Opus en los años 2000.

Allí Torancio cumplió la mayoría de edad y dio el paso definitivo como miembro del Opus Dei: la Fidelidad, que es la incorporación de por vida con compromisos de castidad, pobreza y obediencia.

Ese paso es para todos los miembros célibes, que no pueden casarse y son los que ocupan las casas de la obra: los numerarios y numerarias, que son los de alta jerarquía y son profesionales de clases medias y altas; y las numerarias auxiliares, que son las mujeres de origen pobre que sirven y atienden a los demás. Es el caso de Alicia.

Por encima de todos ellos hay una cúpula de religiosos, pero son sólo un 2% de los miembros en el mundo.

La Fidelidad implica el rito de ponerse un anillo como símbolo de unión a la obra y el compromiso de pobreza, que incluye entregar todo lo que se posee y se recibe: sea un regalo o el salario en el caso de quienes trabajan fuera de las casas.

José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, de visita en Argentina en 1974.

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José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, de visita en Argentina en 1974.

“Si Jesús y los grandes santos soportaron tanto dolor, cómo no lo vas a soportar vos”

A los 22 años, a Torancio la nombraron jefa de cocina de la sede central: era la responsable del menú, las compras y el servicio para los 100 hombres que vivían allí. Ahí empezó su crisis: “Era demasiada presión y empecé a estar mal”, recuerda.

En el Opus Dei hay un manual para todo. Y cualquier cuestionamiento a lo que se vive se aborda como una duda vocacional que tiene respuesta estandarizada: “Cualquier duda vocacional era abordada por la institución como un problema psicológico/psiquiátrico con el consiguiente suministro de psicofármacos para neutralizar la voluntad”, dicen en la denuncia al Vaticano las 43 mujeres.

Los psiquiatras y psicólogos son siempre miembros del Opus Dei. A Alicia la llevaron primero a una psiquiatra que le dijo que no tenía nada y que fingía su depresión. “Lo que te dicen siempre es que si Jesús y los grandes santos soportaron tanto dolor, cómo no lo vas a soportar vos”.

Consiguió que la llevaran con otra psiquiatra que decidió tratarla. “Enseguida me dieron pastillas, pero siempre era algo que hacía efecto al principio pero después volvía a caer. Llegué a tomar siete u ocho pastillas por día. O más. Era una zombi y pesaba 45 kilos porque no podía comer. Caí en un pozo y empecé a tener ideas suicidas”. Fueron seis años así.

“Yo no lograba levantar. Estuve tan mal que en un momento le pidieron permiso a mi familia para tratarme con electroshock, pero por suerte dijeron que no”.

Después de una sobredosis de pastillas, estuvo internada en un psiquiátrico y recién ahí le dieron permiso para irse a casa con su familia. Ahí empezó a madurar la decisión de irse.

“Fijate el lavado de cabeza que te hacen que yo les decía que me iba porque era mala imagen para ellos. Sentía que no servía, que había fallado a dios. Eso es lo que te dicen”.

Cuando volvió de Corrientes escribió la “carta de dispensa”, porque así como para entrar, también se necesita permiso para dejar el Opus Dei. En los dos casos se hace a través de un escrito de puño y letra que se envía al Prelado, la máxima autoridad de la organización, que reside en la sede central, en Roma.

Es un edificio a pocos kilómetros del Vaticano. Allí se centraliza el control de los 68 países en los que la obra está presente.

Fernando Ocariz, actual prelado del Opus Dei.

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Fernando Ocariz, actual prelado del Opus Dei.

Cuando se fue del Opus Dei, con casi 30 años de edad, Torancio sólo tenía una valija y una bolsa con unas pocas cosas personales. Se fue a Corrientes, a casa de sus padres, porque no tenía nada.

De los 13 años que estuvo dentro del Opus Dei, dice que nunca ganó dinero por ni una de las horas trabajadas. No estaba contemplado pagarles. “A nosotras no nos decían que estábamos trabajando. Nos decían que nos estábamos santificando, que lo que Dios nos pedía era servir y que así estábamos ayudando a transformar el mundo”.

“No te podías quedar ni con un centavo”

Recién en 2005, con cambios en la legislación laboral argentina, el Opus Dei empezó a hacer un pago a las numerarias auxiliares: “Nos hacían firmar un recibo, nos mandaban a cobrar por cajero automático y luego teníamos que entregar todo a las directoras. No te podías quedar ni con un centavo”, dice Alicia, que cumplía así el voto de pobreza al que obliga la obra.

Por eso, le quedaron los dos últimos años de aportes jubilatorios. Por los otros 11 años que estuvo no tiene ni registro de su paso por allí.

“Ellas eran miembros del Opus Dei. Los católicos encarnan los valores del Evangelio de diversas maneras. Los miembros del Opus Dei lo hacen desde su trabajo y en la vida diaria. Para las numerarias auxiliares, esa llamada desde el trabajo se concreta en su elección profesional del cuidado de las personas y actividades ligadas a la Prelatura”, explican a BBC Mundo desde la organización.

“Ese trabajo, como cualquier otro, está remunerado”, dice. Respecto del régimen laboral, dicen que “el Opus Dei se adaptó a las leyes vigentes de cada época“.

“El trabajo que desarrollan las numerarias auxiliares en los centros del Opus Dei se ajustó a las leyes vigentes en cada época”.

“Tienen que reconocer públicamente lo que hicieron con nosotras”, reclama Torancio. “Hay mujeres mayores con muchos problemas de salud por tanto trabajo y que ni siquiera pueden jubilarse”.


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