FGR cierra investigación del magistrado Vargas; no hay pruebas de delitos
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FGR da carpetazo definitivo a indagatoria contra el magistrado Vargas; dice que no hubo pruebas de enriquecimiento ilícito

Las autoridades concluyeron que no hubo pruebas que sustenten la denuncia presentada por la Unidad de Inteligencia Financiera respecto a enriquecimiento ilícito y lavado de dinero por parte del magistrado Vargas.
Cuartoscuro
27 de julio, 2022
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La Fiscalía General de la República (FGR) cerró de manera definitiva la carpeta de investigación iniciada en 2020 en contra del magistrado del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), José Luis Vargas, por supuesto enriquecimiento ilícito y lavado de dinero.

Las autoridades concluyeron que no hubo pruebas que sustenten la denuncia presentada por la Unidad de Inteligencia Financiera.

El cierre de la indagatoria se da en seguimiento a la determinación de un juez federal que ordenó dar por concluida la investigación, una decisión que la propia FGR ya había tomando desde el año pasado, pero que momentáneamente se detuvo por una queja promovida por el entonces titular de la UIF, Santiago Nieto.

Tanto los jueces, como los fiscales responsables del caso, ratificaron la versión de Vargas respecto a que las propiedades y recursos que se le cuestionaban pertenecían en realidad a su esposa, la empresaria Mónica Bauer.

Aunque la UIF presentó una segunda denuncia relacionada con el uso de supuestas empresas fantasma, la indagatoria de la FGR tampoco encontró elementos para fincar algún tipo de responsabilidad.

El caso del magistrado Vargas

El caso penal en contra del magistrado José Luis Vargas arrancó en noviembre de 2020, cuando Inteligencia Financiera presentó ante el Ministerio Público una denuncia en la que advertía operaciones financieras inusuales relacionadas directamente con Vargas.

En concreto, se identificaba que en el periodo de 2012 a 2016 acumuló gastos e inversiones que superaban en más de 19 millones de pesos a los ingresos que declaró fiscalmente.

Un mes después, en el diario Milenio se revelaron detalles de la indagatoria de la UIF. Entre otras cosas se reportó que Vargas había realizado operaciones inmobiliarias en Miami por un monto de entre seis y 10 millones de pesos; en Valle de Bravo, por un monto superior a los 7 millones de pesos; y en las zonas de Polanco y Lomas de Chapultepec, en Ciudad de México, por más de diez millones de pesos.

En enero de 2021, Vargas compareció ante la Fiscalía Especializada en combate a la Corrupción (FECC) de la FGR, responsable de la indagatoria, en donde entregó datos relacionados con todas las operaciones denunciadas, así como sus declaraciones patrimoniales.

En síntesis, lo que el magistrado y sus abogados señalaron es que las operaciones eran reales, pero que no habían sido cubiertas con recursos del magistrado sino de su esposa, quien cuenta con ingresos importantes debido a las actividades empresariales que desempeña.

Tras seis meses de investigaciones, los fiscales de la FECC concluyeron que las operaciones denunciadas por la UIF resultaban justificables a la luz de los datos e ingresos de la esposa del magistrado, por lo que no había delito que perseguir.

Además, se concluyó que, a partir de 2017, cuando Vargas ya fue funcionario, no hubo ninguna inconsistencia entre sus ingresos y sus egresos.

En ese contexto, se propuso el no ejercicio de la acción penal en contra del magistrado y el archivo definitivo de las indagatorias

La resistencia de la UIF y el desenlace

La propuesta de cerrar la indagatoria causó molestia en la UIF quien  solicitó el apoyo de un juez federal del Reclusorio Norte para que revisara, y en su caso, revocara la determinación del Ministerio Público.

El 30 de julio de 2021, tras una audiencia que se extendió por más de cuatro horas, el juez que revisó el caso le dio la razón a la UIF y determinó que la indagatoria no debería cerrarse mientras no se desahogaran algunas diligencias pendientes, entre ellas, unos peritajes financieros relacionados con la esposa del magistrado del TEPJF.

Siguiendo la instrucción judicial, la fiscalía ordenó la realización de los peritajes faltantes. Sin embargo, de forma paralela, José Luis Vargas promovió un juicio de amparo argumentando que la decisión del juez de mantener en curso una indagatoria, en donde ya se había probado que no había irregularidades representaba una violación a sus derechos constitucionales.

Tras el análisis de las constancias de la indagatoria, el juez de amparo le dio la razón al magistrado y ordenó que se volviera a realizar una audiencia ante un juez de control en la que, a menos que hubiera nuevos datos, se debería decretar el cierre definitivo de las investigaciones.

Dicha audiencia se realizó el pasado 4 de mayo y en ella se determinó que no ejercer la acción penal, por lo que había optado la FGR, era lo correcto.

Autoridades federales indicaron que, de forma paralela, los fiscales sí llevaron a cabo las revisiones ordenadas en 2021 en torno a las operaciones financieras de la empresaria Mónica Bauer y otros familiares y empresas, sin que se encontraran irregularidades que ameritaran la apertura de otras indagatorias.

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Qué es un "bear market" como el que vive ahora la bolsa y por qué es un indicio de una crisis económica

Los mercados están a punto de entrar en "bear market", según analistas, lo que podría suponer el inicio de una nueva crisis económica.
14 de junio, 2022
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Los índices estadounidenses Dow Jones y S&P500, referentes de las tendencias en los mercados globales, han caído un 15% y casi un 20% respectivamente desde sus máximos históricos en diciembre.

A veces ocurre que las bolsas tienden a la baja por períodos limitados de tiempo: es lo que llamamos “correcciones” del mercado.

Pero ahora muchos analistas pronostican la llegada de un “bear market”, literalmente “mercado oso”, aunque en español se conoce como mercado bajista.

Se considera que hay “bear market” cuando las acciones en conjunto pierden más del 20% de valor en bolsa respecto a su cota más alta más reciente.

Es decir, en ese período de tiempo los inversores han vendido muchos más títulos de los que han comprado, reduciendo la capitalización de las compañías que conforman el mercado.

¿Qué nos dice de la economía?

Para interpretar la señal que nos da un “bear market” es importante saber que la bolsa es un indicador adelantado: anticipa situaciones futuras según la -acertada o equivocada- perspectiva de los inversores.

Estos observan al detalle los datos que revelan la salud de la economía (desde empleo y salarios hasta inflación y tipos de interés) para decidir qué hacen con su dinero.

Si creen que nos aproximamos a una fase de contracción económica, en la que caen los beneficios de las empresas, tenderán a desprenderse de las acciones de estas compañías antes de que pierdan aún más valor.

Así, un “bear market” suele advertir la llegada de tiempos difíciles con reducciones de la demanda de productos, de la actividad empresarial, del comercio y, en último término, del empleo.

Hombre e índices bursátiles

Getty Images

También es más fácil que se produzca un mercado bajista después de un período de crecimiento fuerte en el que se han tocado máximos muy altos.

Es el caso actual: tras los primeros meses de la pandemia, los precios de la mayoría de las acciones se dispararon, especialmente las de las tecnológicas, alcanzando niveles muy superiores a las anteriores alzas de finales de 2019.

De hecho, pese a haber perdido parte de su valor en los últimos meses y estar al borde de un “bear market”, tanto el Dow Jones como el S&P500 superan con creces sus niveles máximos anteriores a la pandemia.

¿Cuánto suele durar?

El S&P500 ha caído en “bear market” un total de 26 veces desde 1929, si bien 14 de ellas sucedieron antes de 1950, principalmente por la volatilidad propiciada por el crash del 29.

En tiempos más recientes los mercados bajistas han sido menos frecuentes y por lo general han sucedido inmediatamente antes o al inicio de épocas de crisis económica o recesión.

Fueron especialmente duros los registrados durante la crisis del petróleo, cuando el índice se desplomó un 48,2% en solo tres meses (noviembre de 1973 a marzo de 1974), y el de la crisis financiera de finales de los 2000, con una caída del 51,93% entre octubre de 2007 y noviembre de 2008.

Entre febrero y marzo de 2020 hubo un “bear market” poco habitual, muy corto y pronunciado (-33% en poco más de un mes) por el miedo de muchos inversores que retiraron en masa sus acciones al creer que la pandemia iba a provocar una debacle económica.

La duración media de los “bear markets” en el S&P500 ha sido de 289 días, con un nivel de descenso promedio del 36%, según datos de la consultora Ned Davis Research.

¿Y un “bull market”?

El término opuesto es “bull market”, literalmente “mercado toro” y en español mercado alcista.

La duración de los mercados alcistas en el S&P500 ha sido de 991 días y los beneficios del 114%, en promedio.

Bull and bear markets

Getty Images

Es habitual que los “bull markets” sean más frecuentes, prolongados y con mayores porcentajes de ganancias, en comparación con las pérdidas en los mercados bajistas.

Esto sucede porque a largo plazo la economía tiende a expandirse mientras el dinero pierde valor, lo que resulta en una trayectoria ascendente con etapas de crecimiento especialmente fuertes (“bull markets”), contracciones temporales y fases de fuertes descensos (“bear markets”) que a la larga se corrigen.

El “bull market” más largo de la historia se prolongó desde 2009 hasta 2020, con ganancias acumuladas de más del 300%.

Comprar acciones en el momento más bajo de un “bear market” y venderlas en el más alto de un “bull market” es el negocio perfecto.

El problema es que es imposible saber cuándo nos encontramos en uno de esos dos extremos.

¿Por qué un toro y un oso?

Existen varias teorías sobre por qué el toro (bull) y el oso (bear) representan los mercados alcista y bajista, respectivamente.

Una de ellas atribuye su origen a los espectáculos de peleas de animales populares en Inglaterra entre los siglos XVI y XIX.

Dos de las variantes de esa tradición (abolida por el Parlamento en 1835) consistían en enfrentar a un toro o a un oso contra jaurías de perros en un recinto cerrado.

Pelea de osos y perros o "bear baiting" en Londres en 1820

Getty Images
Pelea de osos y perros o “bear baiting” en Londres en 1820.

Los toros embestían a los perros con movimientos de cabeza de abajo hacia arriba, mientras los osos lanzaban sus zarpazos de arriba hacia abajo, por lo que los pioneros de la Bolsa de Londres (fundada en 1801) habrían incorporado estos términos a su jerga.

Otra teoría alude a la -hoy todavía usada- expresión “vender la piel del oso”, referida a intermediarios que adjudicaban pieles a clientes sin tenerlas aún en su poder.

A los “vendedores de piel de oso” se les comenzó a llamar simplemente “osos” y el término pasó a denominar un negocio con pérdidas o una tendencia bajista, mientras su opuesto sería el toro, la antítesis del oso en el ya citado espectáculo de peleas.

Otros se decantan por una explicación más sencilla: el toro es un animal que representa el vigor, la agresividad y la fuerza.

El oso, por el contrario, es tímido, parsimonioso y, sobre todo, conocido por sus largos periodos de hibernación.


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