Sin dinero público, refugios atendieron a 14% más mujeres víctimas 
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Sin presupuesto público, refugios atendieron a 14% más mujeres víctimas en 5 meses; cada hora recibieron una llamada de auxilio

La demanda de servicios de la Red Nacional de Refugios creció entre enero y mayo respecto de 2021, mientras se mantuvo detenida la llegada de recursos federales que les sirven para operar. Algunos espacios tuvieron que recurrir a préstamos.
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Pese a no haber recibido las transferencias del presupuesto público asignado para su operación, durante los cinco primeros meses de 2022, la Red Nacional de Refugios (RNR) albergó a casi 11 mil 120 mujeres, niñas y niños sobrevivientes de violencias machistas, lo que representó un incremento del 14% en comparación con el mismo periodo de 2021. Además, apoyó vía telefónica a otras 15 mil 987 personas, 18% más de las que se atendieron el año pasado.

Según estimaciones de la red, cada hora una mujer llamó por teléfono para pedir auxilio por distintos tipos de violencia machista en su contra.

Aún hoy, habiendo concluido el primer semestre del año, de acuerdo con la RNR, algunos refugios y Centros de Atención Externa para mujeres víctimas de violencia continúan sin recibir recursos, “en un contexto de emergencia nacional donde más de 11 mujeres, niñas y adolescentes son asesinadas al día, y más de siete son desaparecidas”.

La Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim) asegura que ya se firmaron todos los convenios con los refugios, por lo que aquellos que aún no han recibido la transferencia de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) lo harán en los siguientes días.

Aunque ningún refugio tuvo que cerrar sus puertas por no contar con dinero, Wendy Figueroa, directora de la RNR, afirma en entrevista que para operar varios centros han tenido que pedir préstamos que generan intereses y sigue habiendo personal que labora sin remuneración. Además, en algunos casos, tuvieron que posponer traslados de mujeres e infancias víctimas que requerían cambiar de estado para reiniciar sus vidas lejos de sus agresores.

“Dicho escenario pareciera ser invisibilizado por parte de los gobiernos, pareciera que no se logra comprender la necesidad de tener espacios seguros, ni la importancia del compromiso que tiene el Estado de cumplir con los instrumentos nacionales e internacionales en materia de protección de los derechos humanos de las mujeres e infancias y, por ende, de ejercer el presupuesto etiquetado en tiempo y forma, no a cuentagotas”, señala Figueroa.

De acuerdo con la directora de la RNR, las primeras transferencias con recursos para los refugios llegaron apenas el pasado 9 de junio. Incluso en esos casos, a las dificultades de operar con dinero prestado y sin sueldo para los trabajadores se sumó el reto de ejercer el presupuesto asignado para cinco meses en unos días, lo que “podría interpretarse como falta de capacidad de ejercicio por parte de las organizaciones gubernamentales y de la sociedad civil, cuando en realidad es por los tiempos”.

Lee más: Refugios para mujeres en la incertidumbre: Solo 7 de los 75 centros recibieron los recursos para operar

Un espacio seguro para mujeres sobrevivientes

Entre enero y mayo de 2022, en México se iniciaron 385 carpetas de investigación por el delito de feminicidio y 110 mil 138 por violencia familiar. En el caso de este último delito, en cinco meses se registró un aumento del 56%, al pasar de 17 mil 384 casos a 27 mil 108.

A este panorama de violencia se suma la de índole sexual, que según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), en el mismo periodo también ha ido en aumento en todo el país: el abuso sexual subió 186.7%; el acoso, 273%; el hostigamiento, 227.8%; la violación simple, 166.46%, y la violación equiparada, 152.2%.

De las mujeres que se atendieron en los refugios durante los primeros meses del año, el 24% refirió haber sido víctima de violencia física, 38% de tipo psicológico, 30% reportó haber vivido agresiones sexuales, económicas y patrimoniales, mientras 8% reconoció que fue víctima de todos los tipos de violencia.

Entre las personas se que atendieron, 127 mujeres dijeron haber vivido violencia feminicida, es decir, cuatro de cada 100 llegaron a los refugios porque intentaron asesinarlas por motivos de género.

El 33% de los casos atendidos se dio en la Ciudad de México y el Estado de México, encabezando las solicitudes de apoyo, seguidos de Hidalgo, Morelos, Puebla, Tlaxcala y Veracruz.

Sobre las personas que agredieron a las víctimas, el 67% de las mujeres dijo que tenían algún vínculo afectivo con ellas: 43% fueron parejas actuales, 23% esposos y 1% exparejas.

Tres de cada 10 mujeres sobrevivientes que se comunicaron con la RNR para pedir ayuda tienen hijas e hijos, de los cuales el 56% dijo haber sufrido violencia física y emocional, principalmente por parte de su padre.

En el 21% de los casos, según los reportes de las mujeres víctimas, los agresores cuentan con vínculos militares o políticos, 15% tienen relación con grupos criminales y el 27% de ellos posee armas de fuego.

Para la RNR, estos datos dan cuenta de la importancia que tiene el trabajo que realizan los refugios, que cuentan con instalaciones en las que las mujeres sobrevivientes, sus hijas e hijos encuentran un lugar seguro, y en el que reciben atención especializada en temas de salud emocional y física y de generación de oportunidades para que retomen su vida.

En palabras de la directora de la Red, “los refugios restituyen los derechos humanos de las mujeres y de las infancias, previenen feminicidios y son un mecanismo eficaz y articulado de acompañamiento para todas esas mujeres que han sido ignoradas por un Estado y una sociedad omisa e indiferente ante las violencias que ponen en riesgo sus vidas”.

Por ello, insiste en que, aun cuando algunos centros que forman parte de la RNR ya han recibido recursos, se exige a las autoridades “garantizar la vida y dignidad de todas las mujeres, niñas y adolescentes, y les demandamos que contemplen a las mujeres como eje de incidencia en su agenda, que arranquen al patriarcado y la impunidad de las instituciones de los tres órdenes de gobierno, porque requerimos de acciones diarias, materializadas en realidades y no solo enunciadas en discursos”.

“No podemos brindar atención integral a las mujeres que están en búsqueda de un lugar seguro con discursos demagógicos y buenas intenciones, ni con procesos burocráticos que aletargan la entrega de presupuestos. Lo personal es político y la economía lo es también”, subraya Figueroa.

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Iquitos, ciudad escondida en la selva que se convirtió en 'isla bonita' de la población LGTB de Perú

En un país que no reconoce la unión entre personas del mismo sexo ni el cambio de identidad, el colectivo LGTB ha encontrado un colorido refugio en la selva amazónica.
29 de junio, 2022
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Ser una persona LGTB no es fácil en Perú.

Según muestran varios informes internacionales y el testimonio de personas homosexuales, la situación de este colectivo puede mejorar mucho.

Las leyes peruanas impiden el matrimonio y cualquier unión civil entre personas del mismo sexo y no se permite el cambio de identidad legal a las personas trans.

Un estudio de la ONG Promsex realizado en 2016 encontró que ocho de cada 10 estudiantes LGTB dijo sufrir acoso verbal por su condición sexual en la escuela, mientras uno de cada cinco refirió agresiones.

Y Perú ocupaba el puesto 71 en el índice global de igualdad que publica Equaldex, una red estadounidense que comparte datos de asociaciones LGTB en todo el mundo. Solo Bolivia y Paraguay mostraron una opinión pública más hostil a los no heterosexuales en Sudamérica.

Pero hay un lugar en el que las cosas son un tanto diferentes, según cuentan sus propios habitantes.

Es Iquitos, una ciudad de cerca de 150.000 habitantes, capital del Departamento de Loreto, en mitad de la Amazonía peruana y a la que solo se puede llegar en avión desde Lima.

“Aquí uno puede ser quién realmente es”, cuenta en conversación con BBC Mundo Carlos Vela, homosexual residente en Iquitos.

“En general, la aceptación es muy buena. Muchos visitantes europeos dicen cuando vienen que hay tanta tolerancia como en Europa”, corrobora Silvia Barbarán, activista que lleva años trabajando con personas LGTB en la ciudad.

Qué hace diferente a Iquitos

No es casualidad que la marcha del Orgullo Gay de Iquitos haya ganado fama como una de las más concurridas y coloridas de Perú.

“Aquí celebramos el Orgullo con mucho calor”, comenta Carlos. El calor húmedo de la Amazonía anima a los participantes a mostrar un desparpajo difícil de imaginar en otros lugares de Perú en los que el clima social no es tan abierto.

Valery La Mas es una mujer transexual que se mudó a Iquitos hace cinco años desde Leticia, la ciudad colombiana en la que nació. “En Colombia estamos mejor que en Perú, pero en Iquitos se ha avanzado mucho en los últimos años”.

“Aquí las mujeres trans tenemos alternativas a trabajar en la prostitución”, indica.

En esta ciudad rodeada de vegetación y flanqueada por dos afluentes del Amazonas, no es difícil encontrar negocios de peluquería y estética regidos por personas LGTB y la hostelería local emplea a mujeres trans en sus cocinas.

Map

Es un ambiente muy distinto al que reflejan los informes de Promsex o el que retrató la película “Retablo” en 2017.

En ella, el cineasta Álvaro Delgado Aparicio contaba a través de la historia de un artesano la crueldad que a veces pueden alcanzar los comportamientos homofóbicos en las pequeñas comunidades montañosas de los Andes.

El ambiente cálido y exuberante de la selva contrasta con el frío y la austeridad del paisaje andino, una diferencia que a menudo se refleja también en el carácter de la gente.

La riqueza de la selva amazónica y la sensualidad de sus culturas ancestrales, así como los contactos frecuentes con poblaciones de Brasil, han sido algunos de los factores a los que se ha aludido para explicar la mayor tolerancia de Iquitos.

“Siempre fue más fácil ser LGTB en la selva, quizá porque allí hay una cultura prehispánica que tolera mejor la idea de los tres géneros”, comenta Jorge Chávez, del Movimiento Homosexual de Lima.

No en vano, Iquitos y otros lugares de la selva se convirtieron en el refugio de las personas LGTB que en la década de 1980 huyeron de las campañas de “limpieza social” lanzadas contra ellas por los grupos armados de extrema izquierda MRTA y Sendero Luminoso, que dejaron decenas de muertos en matanzas aún recordadas como la de Tarapoto en mayo de 1989.

Campesinos con sus mulas, en la época de Sendero Luminoso.

MARIE HIPPENMEYER
La violencia de Sendero Luminoso y el MRTA contra los no heterosexuales desplazó a muchos de sus hogares.

Norma Muller, antropóloga de la Pontífica Universidad Católica del Perú, apunta que “la población de la selva es más abierta al amor y a la diversidad sexual, porque no lo asocian con el pecado, como ocurre en la tradición cristiana”.

Quizá el menor peso de la religión en estos territorios sea una de las razones por las que este lugar se convirtió en refugio para los perseguidos por la homofobia y hoy sea en palabras de Valery La Mas, la “isla bonita para los LGTB peruanos”.

Pero a sus 64 años, Silvia Barbarán recuerda que las cosas no siempre fueron fáciles. “Incluso en los medios locales era frecuente escuchar alusiones despectivas a los no heterosexuales”.

“Todo empezó a cambiar a partir de 2002, cuando comenzó a desarrollarse un movimiento con muchas asociaciones y un gran trabajo de educación y concienciación”.

Barbarán cuenta como la unión hizo la fuerza. “Una de las claves fue que todas las asociaciones íbamos juntas a protestar cada vez que se producía un episodio de discriminación. Cuando a una mujer trans le negaban la atención en el centro médico, salíamos todas las asociaciones con protestas en las calles y denuncias en los medios”.

“Así se fue ganando espacio, y ahora gais y trans tienen mucha visibilidad”.

Indígenas junto a una choza en la selva amazónica.

Getty Images
La diferente actitud ante la vida de los pueblos de la selva ha sido citada como una de las razones de la mayor tolerancia en Iquitos.

La bandera del VIH

Silvia Barbarán es una de las heterosexuales que se ha convertido en uña y carne con las personas LGTB.

En 2001 contrajo el virus del VIH y decidió lanzarse a concienciar a sus vecinos de los riesgos de una enfermedad que todavía hoy muestra una alta prevalencia en la región de Loreto.

Así montó Lazos de Vida, la asociación en la que atiende a niños portadores del virus, lo que la puso en contacto con muchos activistas LGTB comprometidos en la misma causa.

“El movimiento gay fue muy activo en educar a la población en que había que protegerse del virus. Eso ayudó mucho, porque la gente empezó a ver que no eran personas dedicadas solo a la fiesta, sino vecinos implicados en su comunidad”.

Su labor presionó además al gobierno en Lima para extender los tratamientos antirretrovirales contra el VIH, que entonces eran muy difíciles de encontrar en Iquitos.

Años de activismo y movilización desembocaron en la aprobación en 2010 de una ordenanza regional que reconocía una protección especial y una participación reforzada del colectivo LGTB. Más tarde se acompañó de una estrategia para la prevención del acoso escolar por motivos de género en las escuelas.

Barbarán concluye satisfecha que “hoy hay un movimiento LGTB muy fuerte”.

Un movimiento que en los años de la pandemia, cuando Perú era uno de los países que más sufría el golpe de la covid, recurrió a la imaginación para celebrar la fiesta del Orgullo sin violar las restricciones de las reuniones públicas y organizó una marcha que, en lugar de discurrir en carrozas por el centro de la ciudad, lo hizo en pequeñas embarcaciones por el río Itaya, uno de los que rodean Iquitos.

En 2022, tras una larga espera, el Orgullo volvió a tierra firme. “Vienen muchas familias, como antes de la pandemia”, celebra Barbarán.

Retos pendientes

Pero incluso desde dentro de la comunidad LGTB iquiteña hay voces que advierten de que no se deben lanzar las campanas al vuelo.

El panorama general en el país no invita al optimismo.

Pedro Castillo y Keiko Fujimori, en un debate electoral.

Getty Images
Pedro Castillo y Keiko Fujimori coinciden en su rechazo a las uniones no heterosexuales.

Tras una larga batalla judicial, el Tribunal Constitucional volvió a rechazar recientemente el recurso presentado por Susel Paredes, una congresista que reclama que se reconozca su matrimonio con otra mujer celebrado en Estados Unidos.

Y el Congreso aprobó en mayo un proyecto de ley que según sus detractores impedirá el enfoque de género y la educación sobre la igualdad y la diversidad sexual en las escuelas peruanas.

El rechazo a la unión entre personas del mismo sexo es uno de los aspectos en los que coinciden el presidente Pedro Castillo y la que fue su rival en las últimas elecciones, Keiko Fujimori, una coincidencia en la que muchos aprecian el peso que tienen en Perú visiones conservadoras de la sociedad y la familia defendidas por las iglesias católica y evangélicas.

BBC Mundo trató de recabar la visión del Gobierno, pero el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables no respondió inmediatamente a una dolicitud de comentarios.

En la región de Loreto la prevención del VIH sigue siendo asignatura pendiente.

Es la segunda región con más casos del país solo superada por Lima Metropolitana.

Carol Carobi, funcionaria del Gobierno Regional y una de las pocas mujeres trans que ocupa un cargo público en el país, destaca que “los trans todavía estamos peor que los gais y seguimos conviviendo con el estigma también en muchos lugares de Iquitos”.

“Hemos empezado a ganar espacios, pero aún estamos en un proceso”.

Silvia Barbarán señala cuáles deben ser los próximos desafíos: “En los últimos años en Iquitos hemos avanzado muchísimo, pero el reto es ahora ocupar otros espacios en la sociedad, también los cargos políticos. Y para eso hay que estudiar”.


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