La Sedena luce su nuevo músculo: la Guardia Nacional
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Presidencia de la República

Entre señalamientos por la militarización, la Sedena exhibe su nuevo músculo: la Guardia Nacional

La corporación, recientemente colocada bajo el mando del Ejército, tuvo un papel protagónico en el desfile por el 212 aniversario del inicio de la guerra de independencia, mientras organizaciones y activistas continúan advirtiendo sobre los riesgos de militarizar la seguridad pública.
Presidencia de la República
Por Alfredo Maza
17 de septiembre, 2022
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Con la mano pegada al pecho y en señal de saludo a la bandera, Esteban, un niño de cinco años, comenzaba a cantar el himno nacional en el momento en que los integrantes de la Guardia Nacional desfilaban frente al Ángel de la Independencia, lugar emblemático de la capital del país.

“Es mi bandera, mi enseña nacional. Son estas notas su cántico marcial…”, recitaba Esteban en medio de los miles de asistentes al desfile cívico-militar de este viernes. De acuerdo con las autoridades capitalinas, acudieron alrededor de 300 mil personas y hubo “saldo blanco”.

—¿Dónde aprendiste a cantar el himno, Esteban? —se le preguntó.

—Lo aprendí en la escuela cuando tenía cuatro años —respondió y contó su edad con los dedos de una mano, al tiempo que tanto él como sus padres sonreían.

Mientras la escena sucedía, los asistentes eran testigos de que la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) exhibía su nuevo músculo, la Guardia Nacional, corporación que conformó más del 40% de la participación en el desfile. Hace justo una semana, el gobierno publicó el decreto que oficializa el paso de la Guardia Nacional al control operativo y administrativo del Ejército.

El movimiento hizo que activistas, expertos y organizaciones civiles acusaran una intención de militarizar más la seguridad pública del país, pero durante el despliegue de este viernes entre la ciudadanía no se comentaba nada sobre esta polémica. 

En cambio, como si se tratara del 27 de septiembre de 1821, cuando el Ejército Trigarante entró a la Ciudad de México, mujeres y hombres aplaudían cada que se mencionaban las características de los agrupamientos que pasaban frente a ellos.

Ya fueran elementos de la Guardia Nacional, del Ejército, de la Marina o de la Fuerza Aérea Mexicana, los aplausos no se detenían.

Las expresiones de apoyo incluso se escuchaban en los lugares donde están los antimonumentos dedicados a los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa, la Glorieta de las Mujeres que Luchan —instalada en honor a las madres de víctimas de feminicidio— o la Glorieta de las y los Desaparecidos, a pesar de que las Fuerzas Armadas son señaladas como responsables en varios de estos casos.

“No al golpe militar”: la manta que ondeó en Reforma

Mientras Esteban cantaba el himno y se emocionaba al saber que más tarde pasarían frente a él decenas de caballos, seis integrantes del Heroico Cuerpo de Bomberos de la CDMX se apresuraban a bajar una manta de la Estela de Luz, parte de una protesta que comenzó desde un día antes del desfile.

Se trataba de un mensaje que por la noche habían desplegado dos integrantes del colectivo Hasta Encontrarte, para exigir al gobierno y a la ciudadanía no olvidarse de las y los desaparecidos del país, símbolo de un problema que se acentuó desde 2006, cuando el gobierno de Felipe Calderón desplegó a los militares para la llamada “guerra contra el narco”. 

En ese sexenio 2006-2012 también se construyó la Estela de Luz, con un costo millonario que ha hecho que muchos ciudadanos se refieran a este monumento como “Estela de corrupción”.

“¡Viva México, viva el país de los 100 mil desaparecidos!”, esa fue la protesta con la que familiares de personas desaparecidas se pronunciaron en pleno festejo por el 212 aniversario del inicio de la guerra de independencia de México, mientras el presidente Andrés Manuel López Obrador daba el grito conmemorativo.

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Pero a pesar de que 17 horas fue el tiempo que costó a los activistas poder escalar la Estela de Luz y desplegar la manta, que decía “16 años de impunidad militar. No al golpe militar”, solo una hora con 40 minutos tomó a los bomberos retirarla, para acabar justo en el momento en que los elementos de la Guardia Nacional desfilaban frente a ella.

Aunque no fue desplegada en su totalidad, la manta —que medía más de 100 metros de largo y pesaba alrededor de 70 kilos— decía en su parte final: “Para cuándo nuestra independencia del Ejército. El pacto militar también es patriarcal. Guardia Nacional en Sedena. Más militarización”.

Humberto González Arroyo, director táctico-operativo de la Secretaría de Gestión Integral de Riesgos de la CDMX, aseguró a periodistas que el retiro se realizó debido al “riesgo de desprendimiento” de la manta, y que la medida fue “independientemente de la concentración masiva de personas” por el desfile cívico-militar.

“La información que nosotros tenemos por parte de la Secretaría de Cultura federal (que pidió el retiro) es que entablaron ya comunicación con ellos (el colectivo). La manta como tal queda bajo resguardo de ellos y ya ellos se harán responsables de entregarla”, dijo, mientras a sus espaldas policías y bomberos quitaban todo vestigio de la protesta.

“Es un orgullo pertenecer a esta institución de seguridad”

Minutos después, cuando la gente apuntaba con sus celulares hacia el desfile para intentar captar a la mayor cantidad de militares saludando, a sus espaldas elementos de la Guardia Nacional también se dejaban fotografiar con sus patrullas, tanques, jeeps y demás vehículos.

Uno de los elementos que acudieron al desfile para coordinar las tareas de convivencia social de la Guardia Nacional fue el inspector Braulio Sánchez Martínez, que desde hace tres años tomó la decisión de cambiar sus tareas castrenses por las de un policía.

“Para mí, es un orgullo pertenecer a esta institución de seguridad. Es la más grande de México y su creación tiene sus principios con unas bases y valores sólidos”, dijo, y aseguró que la población civil la recibió con alegría.

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Roberto Rendón, un hombre de 52 años originario del Estado de México, fue precisamente uno de los miles de ciudadanos que decidieron ir al desfile este año para fotografiarse, en su caso por primera vez, con los elementos castrenses.

Alegre, aseguró que lo que más le gustó fue ver el “increíble armamento”, en especial de la Guardia Nacional.

—Están bien, cómo te diré, están bien equipados. No sé por qué demuestran otra cosa que no son.

—¿Por qué dice que demuestran algo que no son? —se le preguntó.

—Porque tienen el poder para poder vencer, por ejemplo, en este caso al narcotráfico, pero no lo hacen —respondió.

Sin embargo, en medio de toda su alegría, reconoció que el único punto de su día en el que le dio por llorar fue cuando pasó frente al campamento dedicado a los normalistas de Ayotzinapa, donde a manera de nueva protesta fue colocada una gran manta que en letras rojas y negras decía “43. ¡El Ejército lo sabe! Ayotzinapa resiste”, sobre el rostro de los estudiantes.

Justo hacia el final del desfile, en el campamento de los 43 sonaba una canción que recitaba: “En mi jacal alguien llora, mi madrecita querida me quiere ver de regreso como cuando yo me iba, no pierde las esperanzas que me regresen con vida”.

Para Marco Gutiérrez, el hombre que desplegó esta manta, era importante mostrar ese mensaje justo en el momento en el que pasaban los militares, pues ahora se sabe directamente que algunos de sus mandos presuntamente mandaron matar a los estudiantes desaparecidos.

“Sabemos que si esta puerta se abre con el pequeño impulso (de) las órdenes de detenciones de militares (…) se puede abrir para la demás sociedad, para las demás familias de los más de 100 mil desaparecidos en el país. Pero si Ayotzinapa no se resuelve, ellos no tienen ninguna esperanza. Por eso estamos aquí”, dijo, mientras el gobierno federal continuaba exhibiendo su músculo militar.

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Qué es la "renuncia silenciosa" y por qué puede ser buena para trabajadores y empresas

Renunciar silenciosamente puede ser la solución para un mejor equilibrio entre la vida laboral y personal.
22 de agosto, 2022
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En muchas oficinas (y aun más en aplicaciones como Zoom, Teams y Slack), tanto empleados como gerentes cuchichean sobre la “gran renuncia”.

Reino Unido experimentó un fuerte aumento en el número de personas que renunciaron a sus trabajos en 2021, y una quinta parte de los trabajadores en este país europeo aún dice que tiene pensado renunciar el próximo año en búsqueda de una mayor satisfacción laboral y de mejores salarios.

Si no estás feliz con tu trabajo, pero dejarlo no es una opción o no cuentas con alternativas atractivas, puedes intentar “renunciar silenciosamente“.

Esta tendencia de simplemente hacer lo mínimo que se espera de uno en su trabajo ha despegado en TikTok y claramente ha causado ruido entre los jóvenes.

También ha frustrado a gerentes, y algunos parecen estar preocupados por la holgazanería de sus empleados.

Pero renunciar tranquilamente no se trata de evitar hacer tu trabajo, se trata de tener una vida significativa fuera de tu trabajo.

En los últimos 20 años, muchas personas se han sumado a una cultura de exceso de trabajo en todo el mundo, en la que el trabajo no remunerado se ha convertido en una parte que se espera que muchos trabajadores lleven a cabo.

Diferencias generacionales

Después de múltiples recesiones y una pandemia global, los millennials y la generación Z en particular suelen no tener las mismas oportunidades laborales y de seguridad financiera que tuvieron sus padres.

Muchos jóvenes en trabajos profesionales que esperaban una progresión relativamente sencilla en la vida se han enfrentado a contratos precarios, incertidumbre laboral e intentos fracasados de comprar una vivienda.

Hay quienes constantemente dedican horas extra y van más allá en el trabajo para tratar de asegurar promociones y bonificaciones, pero aún así encuentran complicaciones.

Mujer sentada en su oficina.

Getty Images
Muchos millenials y jóvenes de la generación Z rechazan el estilo de vida de vivir para trabajar.

Quizás en respuesta a esta decepción, un estudio reciente de Deloitte descubrió que los jóvenes buscan cada vez más flexibilidad y propósito en su trabajo, además de equilibrio y satisfacción en sus vidas.

Muchos jóvenes profesionales ahora rechazan el estilo de vida de vivir para trabajar. Continúan trabajando pero no permiten que el trabajo controle sus vidas.

Trabajar a una capacidad mínima puede parecer extraño. Pero tú (y tu empleador) no debéis temerle a la renuncia silenciosa. De ​​hecho, podría ser bueno para ambos.

Bueno para la salud mental

Diversos estudios han concluido que el equilibrio entre el trabajo y la vida están conectados a la salud mental en una variedad de trabajos.

Y una encuesta de 2021 en la que se entrevistaron a 2.017 trabajadores de Reino Unido, realizada por Glassdoor, un sitio web que analiza empleadores, encontró que más de la mitad de los entrevistados sentía que le faltaba equilibrio entre el trabajo y la vida personal.

Renunciar en silencio tiene como objetivo restablecer ese equilibrio, en situaciones donde el trabajo ha tomado tiempo de la vida personal.

También puede ayudar a separar tu autoestima personal de tu trabajo. Cuando todo lo que haces es trabajar, es difícil no enfocar tu sentido de valor en él.

Los fracasos percibidos en el trabajo, como no obtener el ascenso que querías o que no te reconozcan tus logros, pueden internalizarse como fracasos personales.

Esto puede aumentar la ansiedad y hacer que te preocupes por cómo mejorar tu rendimiento.

Hombre con su laptop escuchando musica.

Getty Images
Muchas personas ahora rechazan trabajar en exceso para evitar la fatiga, y prefieren elegir un equilibrio y una vida más alegre.

A menudo, las personas responden trabajando más, lo que exacerba aún más el círculo vicioso del exceso de trabajo y baja autoestima.

Los peligros de la fatiga

En el peor de los casos, todo puede terminar en fatiga.

En 2019, la Organización Mundial de la Salud reconoció oficialmente la fatiga como un fenómeno ocupacional caracterizado por sentimientos gotamiento, cinismo, distanciamiento mental del trabajo y bajo rendimiento.

La fatiga es un riesgo significativo cuando se trabaja en exceso y puede tener impactos a largo plazo en la salud física, emocional y mental.

La fatiga es difícil y costosa tanto para las personas como para los empleadores.

Muchas personas con fatiga terminan ausentándose del trabajo, o trabajando a una capacidad inferior a la plena. Renunciar en silencio puede crear un mejor equilibrio entre el trabajo y la vida personal y, por lo tanto, podría proteger contra la fatiga antes de que suceda.

Mejorar las relaciones de trabajo

Las investigaciones muestran que los empleados más felices son más productivos y comprometidos. Esto incluso puede mitigar el hecho de sentirse distraído o no querer estar presente.

Cuando las personas se sienten felices, es más probable que sean más amigables, abiertas y que fomenten amistades en el lugar de trabajo. Muchas personas han asegurado que toman en cuenta esto al estimar cuánto disfrutan su trabajo.

Mujer en su escritorio mirando por la ventana.

Getty Images

El enfoque de la renuncia silenciosa en simplemente enfocarse en hacer su trabajo también elimina el impacto negativo de sentirse constantemente en competencia con colegas.

Tener amistades en el lugar de trabajo alimenta nuestra necesidad básica de un sentido de pertenencia y, a su vez, puede aumentar la lealtad al lugar de trabajo y mejorar el desempeño laboral.

Todo esto puede resultar en una mayor productividad, lo que por supuesto significa mayores ganancias.

Renunciar tranquilamente podría ser una “gran liberación” y una respuesta a la gran resignación.

Las personas ahora rechazan trabajar en exceso para evitar la fatiga, y prefieren elegir un equilibrio y una vida más alegre. Además están poniendo cada vez más límites para que su identidad y autoestima no esté ligada a su productividad laboral.

En lugar de ponerse nerviosos por la pérdida de productividad, los empleadores deben aprovechar este movimiento silencioso de renuncia para apoyar el bienestar de su personal.

Fomentar un mejor equilibrio entre el trabajo y la vida les mostrará a los trabajadores que son valorados, lo que generará un mayor compromiso, productividad y lealtad: todos ganan.

*Este texto fue escrito por Nilufar Ahmed, quien es profesora de Ciencias Sociales en la Universidad de Bristol.

Puedes leer la nota original en inglés en The Conversation..


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