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Acapulqueños defienden con barricadas y machetes lo que les queda tras el huracán Otis
Acapulqueños defienden con barricadas y machetes lo que les queda tras el huracán Otis
En varias colonias de Acapulco se formaron brigadas de autodefensa ante el temor de que continúen los saqueos. Foto: Cuartoscuro
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Acapulqueños defienden con barricadas y machetes lo que les queda tras el huracán Otis
Los habitantes de diversas colonias de Acapulco forman brigadas de autodefensa por el temor a que continúen los saqueos en casas ante la falta de energía eléctrica y la ausencia de autoridad.
02 de noviembre, 2023
Por: Manu Ureste
@ManuVPC 
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“¿No te llega el olor a muerte?” Pedro no se llama así, pero pide que no se dé a conocer su verdadero nombre. Es delgado, de estatura media, tiene la piel cobriza por el sol y el mar, y sobre el hombro desnudo lleva apoyado el filo de un largo machete oxidado.

Tras hacer la pregunta al periodista que lo acompaña por el recorrido, el hombre de mediana edad se lleva el dorso de la mano a la nariz parar tratar de protegerse del hedor rancio a basura y de restos, probablemente de animales putrefactos, que emana de las calles de todo Acapulco tras el paso del devastador huracán Otis.

Son las siete de la tarde en punto del martes 31. Estamos en la colonia Hogar Moderno, anclada a unos pocos minutos del viejo zócalo del puerto, donde el vendaval de aire, primero, y el de la maña, después, arrasó con todo a su paso. La oscuridad densa de la noche cae sobre la ciudad como un manto y el empalagoso aroma de llantas ardiendo en barricadas se mezcla con el de la basura fermentada.

La peste hace el aire casi irrespirable.

“¡Órale, carnalito. ¡Échale con todo!”

A la orden, otro hombre de mediana edad que lleva una radio en el bolsillo de sus bermudas agarra una trompeta y tras hinchar ambos carrillos de aire suelta unas primeras sentidas notas musicales que dan al ambiente un aire solemne.

A su lado, Jorge, un tipo corpulento de torso desnudo y sudoroso, brazos enormes, que viste una gorra tipo militar y luce una barba de chivo que le da un aspecto rudo, lo acompaña tarareando el himno nacional mexicano.

“… Uuuuuun soldado en cada hijo te dio…”.

Éste es el ritual, explica Alberto, el hermano de Carlos, de que tal y como advierten varios letreros pegados a unos tinacos inservibles que el huracán arrancó de alguna azotea y que ahora están a la entrada de la colonia, a partir de las 19 horas las ‘brigadas’ ciudadanas de ‘autodefensas’ comienzan a dar rondines a pie por las calles completamente a oscuras, y que toda aquella persona que no sea vecino o que no pueda dar una buena explicación de por qué está en el lugar será tratado como una potencial amenaza.

“Hasta cierto punto, sí nos consideramos unas autodefensas, porque esta organización entre vecinos surge de la necesidad de darnos seguridad a nosotros mismos, de defendernos”, explica Carlos con voz rugosa y un cigarrillo ente los labios, sin separarse ni un instante del largo machete que porta sobre el hombro bien visible a modo de advertencia.

Carlos, que es músico de profesión, explica mientras comienza a caminar con otro grupo de cuatro hombres de mediana edad y una mujer, que también llevan hachas y machetes, que al día siguiente del paso de Otis varios grupos de personas no solo vaciaron los centros comerciales y tiendas departamentales que encontraban a su paso, sino que, ante la falta total de autoridad de cualquier tipo, también comenzaron a meterse a robar en las casas de los vecinos de ésta y muchas otras colonias en busca de comida y agua, sí, pero también de otros bienes como la gasolina, muy codiciada en estos días tras la tragedia, así como electrodomésticos y dinero en efectivo.

“No nos quedó de otra más que unirnos entre los vecinos”, expone el acapulqueño, que niega que pertenezcan a algún grupo delincuencial, o a algún partido político. “Nos unimos”, subraya, “porque vemos que va para largo la falta de luz en las calles y porque la ausencia de autoridades es total”.

Por ejemplo, hace unos días dice que llegó un convoy de elementos de la Guardia Nacional a bordo de varios camiones, con quienes tuvieron un desencuentro. Los agentes no traían víveres ni agua, pero querían quitar las barricadas donde las brigadas queman llantas a modo de advertencia lanzada al cielo. Los vecinos salieron rápidamente para impedirlo.

“Nos dijeron que los habían mandado a limpiar los escombros de las calles, pero no a darnos protección. Entonces, les dijimos que nosotros mismos les ayudábamos a limpiar, pero que primero nos dieran seguridad”.

A continuación, Carlos da una calada profunda del cigarro y encoge los hombros antes de llegar a la primera barricada del recorrido, donde otros vecinos organizados hacen guardia y lo saludan.

“Pero no quisieron y se fueron. Y, hasta ahora, no han vuelto a pararse por aquí. Nos dejaron solos”.

Ante los saqueos, vecinos se organizan en colonias de Acapulco para defender sus casas.
Ante los saqueos, vecinos se organizan en colonias de Acapulco para defender sus casas. Foto: Cuartoscuro

Lee: Huracán Otis: Habitantes de comunidades rurales de Acapulco caminan hasta tener señal para hablar con sus familias

“Molesta mucho la ausencia de autoridades”

A las 9 de la noche, sin un poco de luz que atenúe algo la oscuridad, la sensación de soledad se acentúa en la colonia, que comienza a ver cómo, muy lentamente, los pocos vecinos que quedaban a esa hora tomando el fresco con la escasa luz de unas velas se meten a sus maltrechas viviendas, muy afectadas por el paso del huracán que, ocho días después, suma 46 personas fallecidas y al menos 58 desaparecidas, además de más de 270 mil viviendas afectadas y una falla genérica en todo el alumbrado del puerto, que apenas ayer miércoles comenzaba a ver un poco de luz en algunas calles y negocios de la costera marítima.

Carlos se echa de nuevo el machete al hombro y pide a sus “carnales” que estén “buzos”. Desde las radios se comienzan a escuchar los cuchicheos de quienes están en las azoteas vigilando agazapados el vecindario. Todos hablan en clave, pero hasta ahora nadie ha dicho LA clave con la que todo el barrio se activaría de inmediato a sacar las armas para defenderse de los robos y asaltos.

“Tenemos machetes, hachas, y también armas de fuego… Aquí se ocupa todo lo que se tenga disponible”, dice Carlos alzando levemente el machete, mientras otro vecino de la brigada dice que también pusieron algunas de las incontables láminas que el huracán arrancó de los techos en varias zonas estratégicas para que, ante la falta de luz, quien las pise delate su presencia y puedan detenerlo para interrogarlo.

“¡Buenas noches! ¡Somos de la calle Río Grande! Estamos dando la vuelta”, exclaman los integrantes de la brigada a los vecinos que se van encontrando a su paso para evitar que, por equivocación, alguien pueda lanzarles “un cohetazo” pensando que son delincuentes que se organizaron para saquear casas.

“¡Ánimo, carnalitos! Aquí está presente toda la banda”, gritan a su paso otros vecinos, que, agradecidos con los rondines que hacen los voluntarios para cuidar las calles desde las 7 de la tarde hasta las 6 de la mañana, les ofrecen agua, refresco y un poco de café que hierve en un par de grandes ollas de peltre.

“Hay mucha gente que está agradecida con nosotros”, dice otro integrante de la brigada, cuyo rostro queda iluminado al trasluz de la hoguera de otra de las barricadas que cortan el acceso y la salida a la colonia.

“Aunque también hay otra que no, que dicen que esto que hacemos es una exageración. Pero la realidad es que los robos y los saqueos sí han sucedido y que sigue sucediendo todos los días. Y antes de que pase algo grave, mejor nos organizamos para proteger lo poquito que nos dejó el huracán”.

“¿Y qué opinas de que ustedes mismos sean los que se estén organizando para hacer la labor de la policía o del Ejército y las fuerzas armadas?”, pregunta el periodista de Animal Político.

Carlos, que no ha dejado de acariciar el filo del machete, se detiene junto a la barricada y se queda mirando hacia el suelo, hacia sus muy desgastados tenis.

“Pues hay varias formas de verlo”, dice tras reflexionar unos segundos mesándose la escasa barba que le sale del mentón. A su lado, un hombre que es profesor, lo escucha atento y en silencio, pero sin dejar de observar cómo una camioneta con el motor rugiente se va acercando. A lo lejos, una detonación seca hace que los integrantes de la brigada intercambien miradas inquietas. No saben si son petardos, “o si son cohetes de los malos”.

“Por un lado, creo que lo que estamos haciendo los vecinos para organizarnos es admirable. No todos tienen armas, ni forma de defenderse, así que lo que estamos haciendo me parece muy importante, y al mismo tiempo se siente un clima muy chido de solidaridad y de apoyo”.

“Pero, por el otro lado -contrapone Carlos-, molesta mucho la ausencia de autoridades, porque ellos siguen cobrando un sueldo, mientras nosotros, que lo hemos perdido todo, y que ya no tenemos trabajo, somos quienes nos arriesgamos con la maña y les hacemos su chamba”.

Con machetes, los vecinos se organizan en brigadas para proteger sus colonias en algunas zonas de Acapulco.
Con machetes, los vecinos se organizan en brigadas para proteger sus colonias en algunas zonas de Acapulco. Foto: Cuartoscuro

Lee: Otis devastó Acapulco en 9 horas: así fue su formación, vientos y velocidad

Muy cerca de la barricada, en una de las laberínticas y oscuras calles de la colonia, otro grupo de vecinos come garnachas alrededor de un comal alimentado por una fogata y unas brasas. Alguien puso en su celular música de Peso Pluma y el ambiente, al menos en ese punto de la colonia, es más distendido.

“Aquí la gente mantiene el ánimo, a pesar de todo”, dice Jorge, el hombre corpulento de la barba de chivo.

“Y si lo piensas, la alegría es de lo poco que nos queda”, murmura ahora un tanto lacónico, con un tono reflexivo. “Porque, cuando sucede una tragedia como esta, el dinero no te sirve de mucho. Porque necesitas comida y no tienes dónde comprarla. Necesitas agua, y tampoco. Necesitas medicina y la farmacia está saqueada. Necesitas pañales, y el supermercado fue arrasado”.

Lee: Ante la falta de avisos, hoteleros seguían laborando a las 11 de la noche, una hora antes de que Otis golpeara Acapulco

“Si nos uniéramos, saldríamos mucho más rápido de esta catástrofe”

Aún no dan las diez de la noche, pero hace rato que ya no queda casi nadie por las calles de la colonia Hogar Moderno, ni de las otras aledañas, como la Progreso, donde también los vecinos se han organizado en improvisados grupos de autodefensa. Todo el mundo se fue a encerrar bajo llave y a dormir con un ojo abierto. Mientras, afuera, con el único amparo de la luz anaranjada que ofrecen las hogueras ardiendo de las barricadas, las pequeñas brigadas continúan dando rondines hasta que lleguen los primeros rayos del sol que traiga el alba. A lo lejos, por la larga avenida que desemboca en el zócalo, unas sombras violáceas de solitarias patrullas de policía se mueven erráticamente.

“¿Qué mensaje le darías a las personas que estén pensando en venir a robar a esta colonia?”, se le cuestiona a Carlos para finalizar el recorrido.

El músico por fin deja caer el machete del hombro, y apoya la afilada punta sobre el suelo a modo de bastón.

“Yo, lo que les diría es que tenemos que apoyarnos como acapulqueños en lugar de estar haciéndonos daño a nosotros mismos, porque ya bastante daño nos hizo este huracán”, reflexiona conciliador tras encender un nuevo cigarrillo y exhalar una bocanada azulada de humo hacia el cielo oscuro de la noche cerrada.

“Me gustaría que esto, organizarnos con barricadas, no fuera necesario; que nos uniéramos no solo entre calles y colonias, sino todo el puerto. Porque entonces -dice por primera vez con algo parecido a una sonrisa en sus labios-, seríamos increíblemente fuertes y saldríamos mucho más rápido de esta catástrofe”.

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Las dos caras del ajustazo sin precedentes de Milei en Argentina
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Las dos caras del ajustazo sin precedentes de Milei en Argentina
Los habitantes de diversas colonias de Acapulco forman brigadas de autodefensa por el temor a que continúen los saqueos en casas ante la falta de energía eléctrica y la ausencia de autoridad.
22 de febrero, 2024
Por: BBC News Mundo
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La semana última Argentina vivió dos hitos: por primera vez en más de una década, el ministerio de Economía anunció que hubo superávit fiscal. Es decir, que se recaudó más de lo que se gastó, algo que ha ocurrido en poquísimas ocasiones en este país sudamericano.

Poco tiempo después, el prestigioso Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) dio a conocer una cifra que dejó helados a muchos: estimó que la pobreza en enero superó el 57%, el peor índice desde la crisis de 2001/2.

Estos datos reflejan las dos caras de la Argentina de Javier Milei, el economista libertario que asumió en diciembre pasado prometiendo sanear la economía del país, que lleva décadas entrando y saliendo de crisis, y reducir la inflación, que hoy es la más alta del mundo.

En apenas dos meses Milei ha logrado cumplir con su meta de “déficit cero”, es decir, dejar de tener las cuentas en rojo. Y los mercados muestran su satisfacción:

Los bonos y acciones argentinos están en alza, el dólar libre (o “blue”) se ha estabilizado y el llamado “riesgo país” -un índice que muestra la confianza en la capacidad de un Estado para pagar su deuda- está en su nivel más bajo en dos años, todas señales de que el rumbo macroeconómico va por buen sendero.

Pero el remedio que ha aplicado Milei para lograr estas mejoras –un ajustazo sin precedentes– tiene severas consecuencias en una población que ya llevaba seis años consecutivos de caída del salario real, con un sueldo mínimo que equivale a apenas US$160, el más bajo de la región después de Venezuela.

Motosierra + licuadora

Milei se hizo famoso durante la campaña por blandir una motosierra, un símbolo de cómo pensaba arrasar con el gasto público, el motivo que ha llevado al país a estar constantemente en déficit (112 de los últimos 122 años).

Según el economista, las soluciones que aplicaron hasta ahora los distintos gobiernos -emitir más billetes o pedir dinero para cubrir esos gastos- llevaron a que el país tenga una inflación que supera el 250% anual y sea el principal deudor mundial del Fondo Monetario Internacional (FMI).

En vez de esas recetas, este outsider, que ingresó a la arena política hace menos de tres años, propuso una solución más drástica: cortar el origen del problema -el gasto excesivo-, para llegar al “déficit cero”, que ha definido como su principal meta de gobierno.

Y en noviembre pasado, en la segunda vuelta electoral, casi el 56% de los argentinos apoyó la idea, que supuestamente -según Milei- se iba a centrar en cortar los gastos de la “casta”, como él llama a la clase política tradicional.

Pero pocos imaginaron lo rápido y profundos que serían los cambios que traería el nuevo presidente. Ni tampoco cuánto les afectaría a ellos directamente.

Milei dando su discurso de asunción en las escalinatas del Congreso el 10 de diciembre de 2023.
Reuters
El día que asumió, Milei prometió reducir 5 puntos del PIB -un ajuste sin precedentes- y en enero ya cumplió su meta.

El día que asumió, el 10 de diciembre, Milei declaró que su objetivo era recortar 5 puntos del Producto Interno Bruto (PIB), un ajuste pocas veces visto en la historia, no solo de este país, sino del mundo.

No detalló que planeaba aplicar ese mega recorte en menos de dos meses, algo también inédito.

Para lograr su objetivo no solo prendió la famosa motosierra, reduciendo a la mitad los ministerios y secretarías, frenando nuevas obras públicas, recortando subsidios y gastos en publicidad institucional y eliminando las transferencias discrecionales a las provincias (lo que ha generado una pelea con los gobernadores de esos distritos).

También encendió la licuadora, que ha sido en realidad su principal herramienta de ajuste.

Emitió un decreto para que este año se aplique el mismo Presupuesto que en 2023, haciendo que las partidas presupuestarias queden por debajo del índice de inflación (lo que, en efecto, las redujo fuertemente).

Pero su medida más contundente fue quitarle la mitad de su valor al peso contra el dólar, lo que hizo desplomar -o “licuar”- el poder adquisitivo de salarios y jubilaciones.

Según el economista Martín Polo, de la consultora Cohen Aliados Financieros, las medidas de Milei recortaron en más del 38% las jubilaciones y pensiones, el principal gasto del Estado.

También se achicó un 27% los salarios públicos, un 64% los subsidios económicos (principalmente a la energía) y 86% la obra pública. Todo de golpe.

Además, la fuerte devaluación aceleró aún más la inflación, que se duplicó entre noviembre y diciembre, alcanzando el 25,5% mensual a fin de año.

Caída del consumo

El resultado de estas medidas ha sido tan impresionante como dramático.

Por un lado, el gobierno celebra que en tiempo récord logró su meta de “déficit cero”, destacando que es la primera vez desde 2012 que el sector público no dio pérdidas.

(Por el contrario, en enero tuvo un sobrante (o superávit) de más de US$580 millones).

Paquetes de yerba con sus precios, en enero.
Getty Images
Argentina hoy tiene la inflación más alta del mundo, del 254% anual.

Milei también resalta que la inflación, que parecía estar entrando en un proceso irreversible de hiperinflación, se ha desacelerado, bajando cinco puntos en el primer mes del año (al 20,6%).

La mayoría de los pronósticos privados anticipan que la tendencia continuará a la baja, con una inflación que rondaría el 15% en febrero.

Sin embargo, el costo humano de estas mejoras económicas ha sido enorme.

Según el Observatorio de la Deuda Social, entre diciembre y enero la pobreza pegó un salto, pasando del 49,5% al 57,4%, una cifra que se acerca a la de la peor crisis que vivió Argentina hasta el momento, la de 2001/2, cuando se alcanzó una cifra récord del 65,5% de personas pobres.

Y, aunque la baja de la inflación genera expectativa, la triste realidad es que el principal motivo por el que bajan los precios es que la gente ya no tiene suficiente dinero para gastar.

“Hubo una caída del consumo en el mercado interno. Las ventas minoristas cayeron el 26,8% en el mes de enero, de acuerdo con la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) y continúan cayendo en febrero”, señaló a BBC Mundo Damián Di Pace, director de la consultora económica Focus Market.

“Y el consumo masivo bajó un 18,5%, así que lo que se ve es una caída de la actividad”.

En otras palabras: una profundización de la recesión que ya arrastraba Argentina, o más bien la “estanflación” -como explicó el propio Milei-, ya que se combina el estancamiento económico con una inflación astronómica, el peor de los escenarios.

Este proceso llevó al FMI a recortar drásticamente sus proyecciones de PIB para Argentina.

Mientras que en octubre había pronosticado para 2024 un crecimiento del 2,8%, a finales de enero cambió el signo de positivo a negativo, estimando que, con las nuevas medidas anunciadas por el flamante presidente, la economía argentina se contraerá un 2,8% este año.

El tsunami Milei

Los argentinos, de todos los estratos sociales, no olvidarán fácilmente estos primeros dos meses de gobierno de Milei.

Un carnicero argentino
Reuters
Los salarios, que ya eran los más bajos de la región, después de Venezuela, se desplomaron con el ajuste de Milei.

Por un lado, sus sueldos sufrieron una marcada caída del poder de compra, por la devaluación y la aceleración de la inflación, que superó el 50% acumulado entre diciembre y enero (la inflación en alimentos fue aún superior).

Pero, al mismo tiempo, sus bolsillos sufrieron -y siguen sufriendo- un verdadero bombardeo por el “sinceramiento de precios” que ha llevado que tanto productos como servicios -que durante los años de gobierno kirchnerista estuvieron “pisados”, por intervención del Estado- de golpe se liberen.

Por la quita de subsidios, el transporte público aumentó más del 200% en la región más poblada del país y la tarifa eléctrica subió entre el 65% y el 150% (según niveles de ingreso).

Las “prepagas” de la Salud (empresas privadas de medicina de las que dependen millones de argentinos) aumentaron sus cuotas más del 100% luego de que el nuevo gobierno desregulara el sector.

“Los aumentos han sido demenciales. Es la primera vez en mi vida que no puedo pagar la prepaga”, le dice a BBC Mundo Andrés, un consultor privado de 60 años que prefiere no dar su apellido.

“Voy a tener que pedir un préstamo al banco para pagarlo porque tengo un problema de salud crónico y no puedo cambiar de plan, soy rehén del sistema privado”, afirma.

“Espero que solo sea por unos meses, hasta que la economía mejore”.

Los del medio

El temor es que muchas personas de clase media que ya no pueden pagar la salud privada empiecen a acudir a la pública, que ya está desfinanciada y sobrepoblada.

Algo similar podría ocurrir con la educación. En marzo empiezan las clases, después del receso de verano, y muchas familias tendrán que hacer cuentas para ver si pueden costear los colegios privados de sus hijos, que anunciaron aumentos importantes luego de que el gobierno de Milei los habilitara a fijar el valor de sus cuotas “sin límites”.

El mandatario ha señalado que está trabajando en “un mecanismo de asistencia” para afrontar este problema (“si caen los ingresos y tenés que cambiar a los chicos del colegio, es traumatizante para padres e hijos”, afirmó en una entrevista con Radio La Red).

Una mujer mayor en su casa en Buenos Aires
Reuters
Los jubilados y la clase media han sido los más perjudicados por el ajuste.

Pero aún es temprano para saber si esta posible ayuda puede paliar los efectos del ajuste económico en la clase media, la gran perjudicada junto con los jubilados.

Así lo muestran las cifras del Observatorio de la Deuda Social, que señalan que mientras que, en los hogares más humildes, que reciben asistencia social, la pobreza aumentó 9 puntos desde el tercer trimestre de 2023, el incremento más grande se dio entre las familias que no califican para recibir ayuda del Estado, donde la pobreza saltó del 27% al 44% (17 puntos).

Este aumento puede verse en los comedores populares, donde, según los movimientos sociales, la cantidad de personas que asiste diariamente aumentó al menos un 50% desde diciembre.

“A mí me sirve mucho llevar un plato de comida para que mis hijos estén más llenos mientras mi mujer cocina, y aguanten un poco hasta la merienda”, señaló Daniel Barreto, un albañil que asiste al comedor Las Hormiguitas Viajeras, en el municipio de San Martin, al norte de la provincia de Buenos Aires.

“Lamentablemente la plata no sirve y todo es plata”, afirmó a la agencia AFP.

Los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) muestran por qué “la plata no sirve”: hoy el salario mínimo argentino representa menos de un tercio del precio de la canasta básica, el conjunto de bienes y servicios que necesita una pareja con dos hijos para no ser pobre.

Y eso no incluye el alquiler, uno de los gastos más grandes para muchas familias que no son propietarias de una vivienda.

El gobierno asegura que está pendiente de los más necesitados.

Si bien recibió muchas críticas por su decisión de frenar el envío de alimentos a los comedores y merenderos populares, mientras realiza una auditoría que busca sacar del medio a las organizaciones intermediaras a las que acusa de clientelismo, el gobierno destaca que aumentó la ayuda directa, duplicando la Asignación Universal por Hijo y aumentando la tarjeta alimentaria en un 50%.

Mujeres cocinando en un comedor popular en Villa Fiorito, Buenos Aires
Reuters
Los comedores populares dejaron de recibir insumos del Estado nacional en diciembre y enero, cuando la inflación se disparó más del 50%.

En febrero, el ministerio de Capital Humano también firmó convenios de asistencia alimentaria con las iglesias evangélicas y la asociación católica Cáritas, por un total de US$600.000 millones.

Pero por el momento no hay medidas para aliviar la situación de los estratos medios y de las personas de la tercera edad, quienes más vieron licuados sus ingresos.

Lo peor está por venir

En medio del escozor que aún producen sus medidas, el propio Milei advirtió que “el momento más duro será entre marzo y abril“.

Sin embargo, también dijo que luego habrá una recuperación en forma de V: “A partir de ahí, tocaste fondo y empezás a rebotar“, predijo en diálogo con Radio Rivadavia.

“Las estimaciones del FMI dicen que podemos abrir el cepo a mitad de año”, detalló, en referencia a levantar las restricciones al acceso de dólares que se impusieron hace años en Argentina por la falta de reservas del Banco Central (que hoy siguen en rojo, aunque vienen en aumento y se abultarán en abril gracias a las exportaciones del campo).

“Cuando abrís el cepo, la economía se dispara para delante”, auguró el mandatario.

Cartel en una protesta contra Milei
EPA
Milei ha enfrentado decenas de protestas e incluso un paro general en sus primeros dos meses.

No todos comparten este pronóstico optimista. Pero incluso quienes sí lo hacen se preguntan dos cosas.

¿Cuánto caerá el empleo y cuántas empresas deberán cerrar como consecuencia de este período de fuerte estanflación? (uno de los pocos índices “positivos” de Argentina es su baja tasa de desempleo, que ronda el 6%).

Y, más acuciante aún: ¿hasta cuándo aguantará la tolerancia de la gente a esta realidad sin precedentes?

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BBC

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