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Pobladores de colonias aún claman por ayuda en Acapulco, pese a llegada del Ejército
Pobladores de colonias aún claman por ayuda en Acapulco, pese a llegada del Ejército
En colonias populares la población sigue clamando por ayuda. | Foto: Manu Ureste
6 minutos de lectura
Pobladores de colonias aún claman por ayuda en Acapulco, pese a llegada del Ejército
Ejército, Marina y Guardia Nacional han tomado el control tras el paso del huracán Otis, pero en las colonias de Acapulco, en los cerros que rodean la zona hotelera, la población sigue clamando por ayuda.
28 de octubre, 2023
Por: Manu Ureste
@ManuVPC 
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Acapulco, Guerrero.- “Necesitamos al Ejército, a Protección Civil, o a alguien que nos ayude. Porque aquí arriba, en las colonias del cerro que no son turísticas, estamos abandonados y olvidados”, relata doña Esther, habitante de la colonia Providencia, donde el paso del huracán Otis dejó una escena propia de una película bélica.

Las calles empinadas que llegan a la parte alta del puerto están arrasadas por el lodo, las piedras, regueros de agua negra y un incontable número de postes de luz quebrados y tirados sobre las modestas viviendas que perdieron los techos de lámina. Como en el resto de la ciudad, no hay luz, ni agua, ni tampoco están llegando víveres ni medicamentos para una población que, en su mayoría, es adulta mayor. El olor fétido de animales muertos y de basura fermentando al sol ante la falta de servicios municipales lo impregna todo.

“Los hombres de la misma colonia son los que se están organizando para ayudarse y retirar los árboles y los cables de los postes de luz. Porque aquí aún no ha llegado nadie con ayuda. Y nadie es nadie”, dice con el ceño fruncido Doña Esther, que es madre de tres hijos.

“Solitos es que nos estamos ayudando. Estamos muy abandonados”, insiste la mujer, que cuenta que ella y sus niños sobrevivieron al devastador paso del huracán refugiados en el único cuarto que tiene techo de concreto. El resto del inmueble con techo de lámina fue arrasado por las ráfagas de viento de más de 200 kilómetros de fuerza que arrasó al puerto turístico.

Leer más: “La casa era de adobe y se hizo barro”; el devastador impacto del huracán Otis en las colonias de Acapulco

En la tercera jornada del paso del huracán, el Ejército mexicano tomó el control de la ciudad, después de unas primeras 48 horas donde la ausencia de autoridades derivó en múltiples escenas de caos y descontrol en grandes supermercados y tiendas departamentales, donde los pobladores se llevaron todo lo que encontraron.

La desolación no sólo era visible en el bulevar de la Costera Miguel Alemán. En un recorrido, el jueves por la noche rumbo a la zona diamante, a varios kilómetros de distancia, Animal Político constató idénticas escenas de carreteras repletas de personas deambulando cargadas con víveres y otros productos. Mientras que en la zona hotelera de lujo predominaba un silencio absoluto en los enormes edificios que estaban completamente a oscuras y vacíos.

“Parece una ciudad fantasma”, decía uno de los empleados que aún quedaban cuidando un hotel completamente vacío.

El viernes ya era notorio el desembarco masivo del Ejército: se desplegaron numerosas brigadas para retirar los árboles caídos en las vías de comunicación y se instalaron puestos de control por toda la ciudad. Pero la ayuda aún no comienza a fluir bien.

Cientos de personas hacían fila en las inmediaciones del monumento de la Diana Cazadora en busca -sin éxito- de información acerca de los puntos donde podrían recibir agua, comida, o un espacio en un albergue para pasar la noche, pero a lo mucho lograban cargar el teléfono celular en algunas de las unidades móviles de los medios de comunicación.

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Damnificados hacen fila para poder cargar su celular ante la falta de electricidad | Foto: Manu Ureste

También hubo filas kilométricas para intentar recargar combustible en las gasolineras del malecón turístico, que solo dejaban cargar garrafones de 10 litros para racionarla. En el malecón, algunas personas comenzaban a barrer y a intentar quitar algunos escombros, como síntoma del comienzo de una reconstrucción que tardará mucho tiempo en culminar por la magnitud de los daños.

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“Tenemos que levantar un nuevo Acapulco”

La llegada del Ejército es evidente en la zona hotelera, pero todavía no se ha dejado notar en las colonias de alrededor de la línea de playa. Además de la Providencia, vecinos y vecinas de la colonia Vista Hermosa también lamentan que ninguna autoridad ha hecho presencia en sus calles; ni para brindar ayuda humanitaria básica, ni para cuidar a la población ante la falta absoluta de luz cuando cae la noche.

“Estamos abandonados”, dice la profesora Sofía Catalina, de 68 años, en uno de los lamentos más escuchados y repetidos en las calles del puerto. La mujer explica que, en su modesta vivienda, donde los fuertes aires también arrancaron las láminas y derribaron árboles, todos se refugiaron en un cuarto con la única esperanza de que Otis pasara lo más rápido posible.

“Ya nos temíamos lo peor, pero no podíamos hacer más que esperar. Se escuchaban muchos rumores de que venía un huracán fuerte, pero nunca imaginamos que sería así”, comenta Sofía Catalina, que admite que, quizá, hubo un exceso de confianza por parte de la población acapulqueña sobre la intensidad del fenómeno natural.

“Muchos pensábamos que era una tormenta más, y como luego se fue la luz ya no hubo tanta información”, señala.

En otra colonia de la parte alta del puerto, la Laja, la señora Marisol Salinas dice ―nada más ver las cámaras de la prensa― que están “devastados”.

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Las colonias alejadas de la parte turística de Acapulco lucen devastadas y sin ayuda | Foto: Manu Ureste

“Fue mucho aire, mucha lluvia, mucha tierra y láminas volando. El huracán nos devastó. Y pues se ve que la gente quiere ya abastecerse de lo que no hay, y desde ayer empezaron a buscarse la vida como sea”, expone la mujer, en referencia a las escenas de saqueos que se vivieron durante la jornada de ayer.

Nos falta luz, comida, agua y gas, pero sobre todo luz, energía eléctrica, porque sin eso nada funciona. La comida que teníamos guardada en el refrigerador ya se echó a perder, y ahora estamos sin comida, y sin saber qué hacer”, añade Marisol.

En la misma colonia La Laja, en una vivienda donde la cocina está totalmente al descubierto, Diana, de 29 años, dice angustiada y con lágrimas, que no sabe qué va a hacer en los próximos días y semanas sin sus medicamentos para el trastorno de ansiedad.

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“Ayúdennos, por favor. Queremos agua, comida, y medicamentos. Todo se nos mojó, lo hemos perdido todo”, clama. “Hasta ahora no ha venido nadie en nuestro auxilio. Yo cada vez que escucho un helicóptero de la Marina pasando por aquí cerca salgo con un trapo blanco para hacerle señales de ayuda, pero nada. Nadie nos da respuesta”, lamenta Diana.

En otra casa, en la parte más alta de la colonia Linda Vista, desde cuya azotea se aprecia la magnitud de la devastación ―hay lavadoras, refrigerados y colchones que volaron y cayeron como proyectiles en otras azoteas―, la señora Alicia, de 65 años, hace hincapié en que “no hay ni una casa en la colonia que no se haya visto afectada”.

“El huracán arrasó con todo”, dice tajante. “Yo me quedé sin colchones, se los llevó volando”.

La mujer teme que, en los próximos días, ante la falta generalizada de agua potable y de alimentos, la situación pueda complicarse aún más en el puerto de Acapulco, y que eso también desate una mayor inseguridad en la ciudad. Por eso, también pide al Ejército mexicano que se apresure a repartir los víveres, para calmar la situación de necesidad en miles de damnificados.

“Ahora tenemos que armarnos de valor y seguir adelante. Tenemos que luchar todos juntos para levantar un nuevo Acapulco”, dice con una sonrisa y un insólito optimismo.

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Huracán Otis
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Cuáles son los 4 tipos de apego que desarrollamos en la infancia y cómo afectan nuestras relaciones de pareja
9 minutos de lectura
Cuáles son los 4 tipos de apego que desarrollamos en la infancia y cómo afectan nuestras relaciones de pareja
Ejército, Marina y Guardia Nacional han tomado el control tras el paso del huracán Otis, pero en las colonias de Acapulco, en los cerros que rodean la zona hotelera, la población sigue clamando por ayuda.
28 de febrero, 2024
Por: BBC News Mundo
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¿Te has preguntado por qué caes en ciertos patrones en tus relaciones?

¿Por qué en el mejor momento de tu relación sientes que tu pareja te va a dejar? ¿O por qué te dan ganas de alejarte cuando empiezas a sentir que tu pareja está demasiado involucrada?

La teoría del apego puede tener respuestas.

El psicoanalista británico John Bowlby la desarrolló a mediados del siglo pasado para tratar de entender los efectos que tiene en los niños ser separados de sus padres. Y más de seis décadas después sigue siendo uno de los mayores referentes para quienes estudian la forma como nos relacionamos los humanos.

La idea fundamental de esta teoría es que los niños necesitan desarrollar una relación de apego segura con al menos un cuidador principal para poder desarrollarse emocional y socialmente de manera adecuada.

En palabas del mismo Bowlby, ese apego es importante “desde la cuna hasta la tumba”.

¿Por qué? Los psicólogos explican que el vínculo con nuestros padres en la etapa temprana de nuestra vida crea una plantilla con base en la cual construimos e interpretamos nuestras relaciones durante el resto de la vida.

“Las primeras relaciones de apego se interiorizan en representaciones mentales o esquemas cognitivos a lo largo de la infancia. Éstos configuran las expectativas de los niños sobre las relaciones posteriores con sus iguales, sus parejas sentimentales y sus propios hijos”, explica Marinus van IJzendoorn, investigador en la materia de University College of London.

La teoría del apego ha ido evolucionando y dado pie a la definición de cuatro tipos de apego, que se han vuelto parte del vocabulario en la conversación sobre el amor en medios y redes sociales.

Pero, según le explica van IJzerdoorn a BBC Mundo, identificar el tipo de apego de una persona es algo más complejo que llenar un quiz en internet.

El apego en la infancia

John Bowlby se dio cuenta de que los niños y otros mamíferos evitan a toda costa ser separados de sus padres.

Ese comportamiento tiene una razón evolutiva: son los padres quienes les dan a los niños la protección y el cuidado necesarios para sobrevivir.

Padres negligentes
Getty Images
El tipo de apego que desarrolla un niño frente a sus padres depende de qué tan atentos y sensibles a sus necesidades sean estos.

Dependiendo de qué tan atentos y disponibles estén los padres para suplir las necesidades del niño, este va a comportarse de una u otra manera.

“Las diferencias en la calidad de las relaciones de apego de los niños dependen en parte de si la forma en que los cuidadores interactúan con ellos es más o menos sensible y receptiva a sus señales de angustia”, explica van IJzedoorn, quien también es autor del libro Cuestiones de Significancia.

Si en su relación con su cuidador principal el niño se siente amado y seguro, es más probable que explore el mundo que lo rodea, sea sociable y juegue con los demás, argumentó Bowlby.

Si no, es probable que experimente ansiedad y desarrolle comportamientos como buscar permanentemente a sus padres con la mirada o incluso llorar hasta conseguir un nivel de cercanía físico y psicológico deseable con su cuidador.

La psicóloga Mary Ainsworth puso a prueba esta teoría a través de un experimento llamado la situación extraña, que consistía en separar a niños de un año de sus padres y luego volverlos a reunir.

Ainsworth encontró que los niños se comportaron de tres maneras diferentes.

A la mayoría les molestaban ser separados de sus padres, pero al reunirse con ellos se sentían consolados fácilmente.

Otros se sentían extremadamente incómodos al ser separados de sus padres, y luego al reunirse con ellos mostraban comportamientos que sugerían que no solo querían sentirse consolados sino también castigarlos por haberse ido.

Y un tercer grupo de niños no parecía muy angustiado por la separación, y al reunirse con sus padres, de hecho evitaba el contacto con ellos.

Ainsworth encontró que esos diferentes comportamientos tenían que ver con la relación entre el niño y sus padres en casa.

Los niños que lograban ser consolados por sus padres fácilmente tendían a venir de hogares en los que los padres estaban atentos a sus necesidades.

Los niños de los grupos 2 y 3 tendían a tener padres menos sensibles y consistentes frente a las necesidades de sus hijos.

Esa fue la génesis de los tipos de apego que conocemos hoy.

El apego en la adultez

Pareja enamorada
Getty Images
Los psicólogos Phillip Shaver y Cindy Hazan encontraron que el “sistema conductual de apego” aplica también en las relaciones de pareja.

Años después de Bowlby y Ainsworth, la teoría del apego se extendió a los adultos.

Los psicólogos encontraron que otras relaciones más allá de la de los niños con sus padres, como las románticas, hacen parte del mismo “sistema conductual de apego”.

“El amor romántico es un proceso de apego que las personas experimentan de manera diferente debido a variaciones en sus historias de apego”, concluyeron Phillip Shaver y Cindy Hazan en 1987.

Es decir, encontraron que la forma como se había relacionado una persona con sus padres en la infancia se terminaba replicando en sus relaciones románticas, y de allí que existieran relaciones amorosas más y menos saludables.

Por tanto, los tipos de apego que identificó Ainsworth en su experimento también aplican para las parejas amorosas. Estos son: el apego ansioso, el apego evitativo y el apego seguro.

Los adultos con apego ansioso se caracterizan por buscar altos niveles de intimidad y aprobación de sus parejas, al punto de sentirse extremadamente dependientes de ellas.

Suelen sentir temor a ser abandonados o rechazados. Por tanto, buscan intensamente una sensación de seguridad y estabilidad en sus relaciones.

La idea de dejar de estar con su pareja les genera altos niveles de ansiedad, que se ven aliviados por la atención y el cuidado de él o ella.

Cuando perciben que dejan de tener esa atención y ese cuidado, suelen preocuparse, sentirse indefensos, aferrarse aún más a su pareja o castigarla.

En resumen, son personas que valoran mucho sus relaciones íntimas, pero suelen permanecer en un estado de hipervigilancia ante posibles amenazas a la seguridad de sus relaciones.

Pareja tensa
Getty Images
Algunos psicólogos relacionan el apego ansioso con los celos y la baja autoestima.

Quienes tienen apego evitativo, por su parte, se caracterizan por buscar un alto nivel de independencia y evitar la intimidad.

Son personas que se ven a sí mismas como autosuficientes emocionalmente y poco vulnerables.

Por tanto, sienten que no necesitan tener relaciones cercanas con otros y no les interesa construir o mantener esa cercanía con las personas a su alrededor.

Los adultos con apego evitativo suelen sentirse amenazados cuando otra persona se les acerca emocionalmente.

Son personas que tienden a basar su valor es sus logros personales en lugar de buscar la aceptación de otros. No creen que una pareja pueda brindarles apoyo emocional.

Al contrario, las personas con apego seguro se caracterizan por expresar sus emociones abiertamente, buscar apoyo cuando lo necesitan y tener una buena autoestima.

Suelen mostrar capacidad para resolver conflictos, comunicarse eficazmente y sentirse cómodas con la cercanía sin miedo a quedar atrapadas.

En pocas palabras, no temen dar ni pedir.

Tampoco temen estar solas, porque no dependen excesivamente de la aprobación externa.

Años después de estos tres primeros, se definió un cuarto tipo de apego, el apego desorganizado.

Las personas con apego desorganizado alternan rasgos del apego ansioso y el apego evitativo dependiendo de las circunstancias.

Tienen sentimientos encontrados con respecto a las relaciones cercanas, por lo cual tienden a mostrar comportamientos confusos y ambiguos. Desean intimidad y cercanía, y a la vez se sienten incómodos con ello.

Pueden alternar momentos en los que se aferran a su pareja con momentos en los que la alejan.

El apego ansioso, el evitativo y el desorganizado son, según los psicólogos expertos, tipos de apego inseguro, y pueden ocasionar dificultades para cultivar y mantener relaciones sanas.

Más que un cuestionario

El profesor Marinus van IJzerdoorn recalca que identificar uno u otro tipo de apego en la manera que uno tiene de desarrollar sus relaciones no es cuestión de percepción propia ni de llenar un cuestionario.

“Es imposible que los individuos se clasifiquen a sí mismas en una categoría específica de apego, a pesar de que en internet hay todo tipo de cuestionarios”, expresa.

“En realidad es más complicado que eso. Se ha demostrado que el enfoque de la entrevista es la mejor forma de medir el apego en grupos de adultos si se quiere predecir su comportamiento”, agrega.

Pareja gay
Getty Images
Según los psicólogos, el tipo de apego de una persona influye en una relación amorosa desde la primera cita.

Otra de las razones por las que abordar el tipo apego en una persona es más complejo que autoidentificarse con una u otra categoría es que hay posibilidad de que cambie a lo largo de la vida.

“No se trata de leyes inamovibles”, explica van IJzendoorn.

“El apego sólo es modestamente estable a lo largo del desarrollo. Las experiencias con cuidadores alternativos, parejas, compañeros o terapeutas pueden cambiar la forma en que recordamos nuestras experiencias de apego en la infancia y ponernos en un camino distinto del esperado, para bien o para mal”, agrega.

Lecciones para la crianza

Como notó Ainsworth, el corazón de nuestro estilo apego se forma en la primera infancia, más o menos entre los 6 meses y los dos años.

Por tanto, aunque haya espacio para el cambio a lo largo de la vida, los investigadores ven que esta teoría es útil sobre todo para sugerir cómo debe ser la crianza de los hijos.

El profesor van IJzendoorn dice que lo que está más firmemente establecido en este sentido entre la comunidad científica es que hay tres características del cuidado de los padres que impactan en la vida social de los hijos hasta la etapa adulta: que sea seguro, que sea estable y que sea compartido.

“Los niños se desarrollan de forma adaptativa cuando crecen en un entorno seguro, sin malos tratos ni violencia familiar, en estructuras de cuidado estables y continuas, y en una red de figuras de apego que comparten sus cuidados en la que los niños que se convierten en adultos jóvenes pueden confiar en circunstancias estresantes”, explica el investigador.

Estar disponible para atender las necesidades de los hijos, validar sus emociones, involucrarse en sus intereses y pasar tiempo con ellos son algunos de los consejos que los psicólogos dan para forjar un apego seguro con los hijos.

Claro, desarrollar un apego seguro en la infancia es solo uno de los muchos factores que contribuye a tener relaciones sanas y felices. Hay otras variables sociales y emocionales que son tan o más importantes.

Sin embargo, la teoría del apego, el palabras de la psicóloga Coda Derrig, “es un lente que podemos usar para entender quiénes somos y por qué nos comportamos como lo hacemos con las personas que amamos”.

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BBC

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